
Fic de Xim_Alien. Temporada II
Capítulo XXVII
Llego a casa con un montón de planes en mi mente, queriendo llegar y que al verlo, mis brazos se puedan extender en su dirección, que mis labios puedan unirse a los suyos para que de esa manera, pueda borrar las huellas que él pudo haber dejado. La noche que se forma en mi mente es una hermosa noche estrellada, una noche llena de arrumacos y, termina con una íntima plática de lo que significan nuestros sentimientos. Sin embargo, la razón siempre discute por obtener un lugar antes de la decisión final.
Abro la puerta y entro para sentarme con él, que está sentado en el sofá.
—Todavía sigues aquí.
—Sí, quiero hacerte entender que lo que hice fue sólo un error. Nunca más volverá a pasar.
—Iré a dormir —finjo un bostezo al tiempo que me dirijo a la habitación, sólo sus brazos son los que me detienen a mitad del pasillo, sus brazos, aferrándose a mí desde atrás. Me hace sonreír—. Dije que tengo sueño, Bill. Con tu permiso.
Me deshago de su fuerte abrazo y entro a la habitación sin mirarlo más, sin decir nada más.
—Tom, escucha, no me voy a rendir, yo te amo y quiero que sigamos siendo novios, quiero que seas parte de mi vida. Perdón por traicionarte.
Volteo para ver sus ojos, pero mis ojos enfocan la cocina, donde el comedor yace preparado y las velas en el medio, hacen un espectáculo digno de degustar. Veo como Bill voltea para seguir mi línea de atención.
—Preparé una cena con los platillos que te gustan, si prefieres ir a descansar lo entenderé.
Supongo que mi sonrisa me delató porque de un segundo a otro, me toma de la mano para llevarme hasta el comedor.
—¿Cómo está Alex y Jim? —me pregunta mientras sirve algunas pequeñas raciones de toda la comida que ha servido.
—Bien —me limito a responder.
—Genial —responde decepcionado de volver a escuchar mi tono frío y una respuesta corta—. Hace un momento me llamó, le dije que no quería volver a verlo —lo escucho y pongo atención, pero finjo lo contrario metiendo el tenedor con spaghettis enrollados—. Dime qué hago para recuperar tu confianza.
—No tengo porqué decírtelo.
—Tienes razón. Lo siento.
Tomo la copa que ha servido minutos atrás y con el pequeño sorbo que he dado, sé que eligió la opción correcta de vino tinto.
—Pero vas bien.
Me levanto del comedor después de limpiarme con la servilleta que ha dejado a mi lado.
Me retiro después de observar en su rostro una sonrisa. Una sonrisa que no había visto desde hace algunos días.
—Bill —le llamo estando a sus espaldas, él voltea y espera algo de mí, sus ojos brillan tanto como cuando me vio por primera vez después de mi arresto—… Buenas noches.
—Buenas noches.
Duele la garganta cuando se reprime lo que en realidad se quiere decir, como un sincero y necesario «Te amo».
&
Al día siguiente, despierto a causa de un cierto aroma, aroma que se apodera de todos mis sentidos y, con cada segundo que pasa hasta despertar por completo, noto más aromas dentro de la habitación. El primero, es de un desayuno que espera a ser devorado; el segundo, es una colonia que yo mismo compré hace poco más de un año; la tercera, un aroma fresco de shampoo que se cuela por alguna parte. Lo cual no entiendo, porque el baño queda afuera de la habitación.
Como sea, me levanto de la cama sintiendo que ha sido suficiente, saldo de la habitación y sigo los peculiares aromas mezclados, fusionados crean algo… interesante. Todo viene de la cocina.
—Buenos días, ¿cómo dormiste?
—Bien. Me despertó lo que estás cocinando.
—Oh, quería llevártelo a la cama, pero bueno, ya estás aquí.
—Hace mucho tiempo no te veía como antes —me mira confuso dejando los guantes de cocina a un lado—. El maquillaje —señalo con mis manos sobre mi cara.
—Ah, eso… Supongo que es tiempo de volver a lo que era antes. Antes de que todo esto pasara.
Sabía que no se refería a lo de ayer, sino a lo del bebé. Supongo que eso quería y eso tenía en cuanta al querer operarse, quería dejar atrás esa posibilidad y volver al Bill de siempre, el chico que se sentía común y corriente, aunque por una parte, el chico que era diferente a todos los demás.
—¿Son galletas? —pregunto al ver que el horno está funcionando y al ver los ingredientes regados por la barra de la cocina.
—Sí, encontré la receta de mamá y quise aprovecharla hoy. Ya casi están. Siéntate, te serviré un poco de leche.
—Bill, tenemos que hablar —me causa un poco de gracia su reacción, no lo veía sonrojado desde aquella vez que lo ví con el plug que yo mismo compré para él.
—Sí, claro.
Comienzo a comer las galletas teniendo todo mi desayuno frente a mí y él, sentado en la silla contigua, me da indicios que puedo empezar a hablar.
—Lorain me dijo lo que pasó en la universidad, lo que pasó con esa nota o algo así.
—No importa, no es relevante ahora, no después de lo que yo…
—No, no quieras quitarle peso a algo tan grave. Toda la universidad se enteró y temo que alguien pueda hacerte daño. No sabemos si pueda existir otro Marcus como el que casi te mata.
—Vaya, ya ni siquiera me acordaba de él, ni porque Georg se casó con un Markus. Pero es que de verdad, siento que puedo sobrellevarlo, después de todo, siempre he estado bajo a la mira de los demás y de sus comentarios.
—No volverás a esa universidad.
—No otra vez. Tom, quisiste hacer lo mismo hace años, no te dejé hacerlo. ¿Qué crees que será diferente ahora?
—Bien, ¿cuál es tu plan? Según entiendo, saliste huyendo ese día y ve todo lo que pasó.
—Y por eso me arrepiento tanto, porque sé que pude tomar el control, porque ahora que lo veo con tranquilidad, siempre he estado en esta posición, todos me han hecho bromas de mal gusto y nunca hago estupideces. Por eso te pido que me perdones.
—No es eso, tengo miedo a que alguien pueda herirte. Dejando atrás lo que tú hiciste, yo necesito saber que estarás bien cuando yo no esté ahí para cuidarte.
—No quiero dejar atrás lo que hice, quiero que lo hablemos y que sepas que te amo, que no volverá a pasar y que…
—Ya sé —me mira confuso y dudo en si es el momento adecuado para comenzar de nuevo—… Yo contesté la llamada de ayer a su teléfono.
Su rostro es insuperable, sus ojos abiertos como platos me hacen querer tomarlo y besarlo hasta que nuestras respiraciones se extingan, hasta que nuestros labios se cansen y que lo único que quede sobre su cuerpo sea el mío y, sus mejillas se colorean de un carmesí casi pasional.
—¿Tú escuchaste lo que le dije a él?
—Prácticamente él estaba en el suelo sangrando, mientras que tú me decías todo. Así que, volvamos al tema principal. Creo que iré a hablar con tu coordinadora y con el direc…
Su abrupto abrazo alrededor de mi cuello, interrumpe lo que iba a ser un gran plan para el siguiente día que tuviera clases.
—Fue cierto todo lo que dije —me susurra al oído y se erizan mis vellos de la nuca y de todo mi cuerpo cuando siento su aliento tan cerca—. Amo a mi novio.
Esas últimas palabras las pronuncia mirándome a los ojos, con una sonrisa que me descontrola por completo.
—Dime qué fue lo que te dijeron para que hayas hecho tal cosa.
Su sonrisa se apaga, no era ese mi deseo, pero necesitaba saberlo, quería saber cuál había sido el detonante principal para que él cayera con alguien que sólo le dijo algo mínimo,
—Nada…
—Dímelo para saber qué iré a decir allá —se levanta del comedor y lleva hasta el lavavajillas mis trastos sucios, queriendo dejar atrás el tema—. No me ocultes algo así, dime lo que te dijeron.
—Nada importante… sólo que nuestro bebé está mejor ahora que si… que si estuviera con nosotros.
Termina sin voz, sus ojos han dejado caer lágrimas llenas de dolor que me piden ser su sustento, ya que puedo ver sus piernas temblar. Su estado me llena de furia y a la vez de venganza pura.
—Sin duda iré a arreglar todo esto. Mañana no irás, yo arreglaré todo y podrás regresar cuando todo haya mejorado.
—¿Crees que todo esto pueda mejorar?
—Sí, así como yo te he perdonado y haré lo que sea necesario para dejar ese error atrás, podremos hacer algo para que nadie pueda molestarte más. Porque sigue en pie la promesa que les hice a tus padres, cuidaré de ti hasta que yo muera y, aún muerto, me tendrás cerca de ti, siempre.
Nuevamente, su rostro se vuelve a iluminar, sus ojos muestran destellos que jamás había visto tan vivo, desde que se hizo a la idea de tener un bebé nuestro. Como sea, tenía que hacer algunos planes, no iba a dejar esto así, no podía permitir que alguien vuelva apagar su sonrisa.
—Te prometo que jamás me iré de tu lado, siempre estaré aquí para ti.
Mi cuerpo deja de obedecer a mi razón, sólo es controlado por la pasión y el amor incondicional que le tengo a Bill. Lo tomo de la cintura aún estando de pie junto al lavavajillas, sus gestos me toman de sorpresa ya que me da a entender que esperaba cualquier cosa, menos que nuestros rostros estuvieran tan cerca del otro como para sentir nuestros alientos y, probar de esa distancia, la ansiedad que se sentía por querer que nuestros labios se juntaran de una maldita vez.
—Tom —pronuncia débil después de un beso—… Hazme tuyo. Por favor.
Mi cerebro sólo pudo procesar algunos movimientos próximos, pues él se roba mi mundo entero cuando sólo se trata de nosotros dos. Mis manos sobre su cuerpo, mi cuerpo cubriendo su piel, era todo lo que necesitaba y lo que me hacía feliz, me hace sentir completo.
&
Aquel día fue sin duda, el primer paso de mi plan, el haberle dejado claro de mi presencia, era algo que tenía que hacerlo; lo próximo sólo fue dejarle en claro que no estoy solo, no soy yo la única persona que le afectó, aunque sea de manera indirecta; y por último, esto no le dejará la mente desocupada, al menos por un tiempo. Un largo tiempo pensará en eso.
Continúa…
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