I am here 29

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Fic de Xim_Alien. Temporada II

Capítulo XXIX

Durante todo el camino a casa, se van tejiendo mil ideas sobre cómo abordar el tema del viaje con Bill. Quizás no debería ir al contemplar todos los problemas, pero… tengo que hacerlo, he hecho mucho para conseguirlo, haría lo que fuera por llevarlo conmigo y, sé también, que se negará a esa idea. Ha faltado ya a muchísimas clases, ha perdido varias lecciones que si bien Lorain se las ha explicado, no es su deber hacerlo y mucho su menos su responsabilidad.

He esperado por un negocio así de grande por mucho tiempo, al fin lo tengo y es cuando pienso en que no debería ser este el momento para tenerlo.

Entro al departamento y desde la cocina, me da la bienvenida un aroma delicioso, un aroma que me arrebata todos los inicios posibles de mi conversación.

—Hola, mi amor. ¿Cómo te fue? —Bill se acerca a mí para recibirme con un abrazo y un beso en la boca.

—Hola… ¿Qué-qué cocinas?

—Una pasta… Estás nervioso —sabía que no sólo era pasta, quería evadir mi pregunta para preguntar sobre mi pálido rostro.

—Sí es que…

—Dime, vamos a la sala.

Me toma de la mano para llevarme hasta el sofá de la sala. De repente, el aroma que me recibió comienza a causarme otro efecto totalmente contrario, mi estómago empieza a dar vueltas y por alguna razón, mi sudor se siente frío.

—Tom, ¿qué te ocurre? ¿Estás bien?

No sabía cómo decir cinco palabras, que al parecer son insignificantes palabras, morfemas tan pequeños, sin embargo, al juntarlos, significaban una eternidad sin él, eso era. No importaba el tiempo que pasaría lejos de su lado, no importaba si era el tiempo más corto, sé de sobra que aunque sea así, lo sentiré como un siglo. No quiero irme y dejarlo aquí, no después de lo que pasó, no con lo que está pasándole en la universidad, no podía irme y dejarlo solo. Pero… es mi sueño.

¿Cómo le dices a esa persona tan importante, que tienes que irte cuando sabes que no debes y, no por obligación, sino porque no quieres dejarlo?

—Nada…

Me levanto del sofá para ir al baño y mojar mi cara. Siento que mis pasos son los de un muerto en vida, siento mis piernas como dos piedras. Entro al baño y abro el grifo del lavamanos, el agua fría corre por mis dedos, queriendo irse y lo hace, no se preocupa por quedarse o por si mi piel necesita que se quede.

—¿Por qué no me dices lo que te pasa?

Me sorprendo al escuchar su voz cerca, está en el marco de la puerta, esperando una respuesta válida de mi parte.

—Bill… Tengo que… tengo que ir a Italia.

Fue como sentir un gran tapón dentro de la garganta y, luego de haberlo sacado, poder respirar, sólo que, aunque esperaba que desapareciera, el que creo ahora tiene ese mismo problema, es él, quien me mira como si su vida fuera a terminarse, como si después de hoy, ya no tuviera futuro.

Un silencio reina en todos los rincones, hasta donde nosotros no podemos tener alcance. Es ilógico que el silencio aturda, pero así lo siento. ¿Estaré perdiendo la cordura?

—No te preocupes, no quiero dejarte solo, me quedaré aquí.

—No.

Su voz, seca, fría, me impide seguir como hasta ahora, inerte en un espacio desconocido e indiferente. Me acerco hasta él pero huye de mi mirada.

—Me quedaré, es mi última palabra. Me necesitas y yo te necesito cerca, te llevaría pero…

—Vete, no pretendas hacerme creer que no es una oportunidad tan importante, no quieras ocultar todo el trabajo que has hecho para llegar hasta donde estás ahora. Trabajaste duro y conseguiste eso, eso por lo que no te rendiste. Ve a Italia, yo estaré bien.

—No podré estar en paz lejos de ti, estaré impaciente y no podré hacer nada bien.

—Vamos, amor —camina dejándome atrás para ir nuevamente al sofá y yo junto a él—… Tienes que ir, has trabajado con mucho empeño para conseguirlo, ¿ahora que lo tienes quieres desperdiciarlo?

—No pero… Me quedaría si me lo pides, me quedaría porque se trata únicamente de ti. Como pareja, podemos hacer algunos sacrificios, sacrificaría eso por quedarme y cuidarte.

—Eres un estúpido, no funciona de esa forma. Cuando se ama, se sacrifica, pero no para mal, haces sacrificios que valen la pena, que te hacen crecer, que te llenan y te hacen mejor. Debes ir, tienes que aprovechar esta oportunidad, yo estaré bien.

Lo único que pasaba por mi mente, era querer abrazarlo y hacerle el amor hasta que mi cuerpo supiera que no lo iba a extrañar en demasía. Esa sensación crecía cada segundo más al ver su rostro, el suave roce que le provocaban aquellos cabellos sueltos a su piel blanca, sensación que aumentó repentinamente cuando dejó de estar sentado en el sofá para pasar a mis piernas.

Sobre mí, con sus piernas abiertas y sus brazos alrededor se mi cuello, comía mi boca con más ahínco cada segundo.

&

No quería pensar en la nota que había leído en la tarde, tampoco en el tiempo que estaría lejos de él, no quería imaginar en la tristeza que sentiría cada mañana y cada anochecer sin estar a su lado, sólo quería disfrutar de todo su cuerpo, de su aroma, su mirada, sus caricias y no podía dejar de probar sus labios. Todo él se trataba de mi más exquisita y adictiva droga.

La habitación se llenaba de nuestros aromas, del vaho que se producía a partir de los jadeos que aumentaban conforme el aumento de embestidas, las paredes podían funcionar de manera que no se filtrara aquello, todo tomaba parte del mejor escenario en el que nosotros podríamos hacer y deshacer a nuestro antojo, a nuestro placer.

Lo mejor llegó pronto, una explosión llena de emociones y sentimientos mezclados, quería llorar al imaginar que pasaría un gran tiempo sin probar sus labios, quería impedir que se fuera por miedo a no respirar su aliento y el aroma de su piel, con cada pensamiento, mi pecho se encoje, pidiéndome que haga algo al respecto. Mis brazos rodean su torso con toda la fuerza de la que soy capaz de usar.

De un movimiento, se queda sobre mí, mirándome fijamente, nuestros alientos se mezclan al buscar el ritmo natural. Poco a poco, sus labios se dirigen a los míos, sellándolos en un beso apasionado, que mas bien parecía de despedida. Me dolía.

—Pídeme que no me vaya.

—No es bueno ser tan egoísta. Tienes que irte.

—Te odio.

Sus brazos me rodean y dentro de sus brazos cálidos, mis ojos consiguen cerrarse, después de pensar una y otra vez en esas palabras sobre el papel, quisiera que fueran sus letras, pero no lo son y, me asusta.

&

—Rápido yo te espero aquí.

—No tardo.

Salgo del auto después de besar sus labios. Corro por un largo y resbaloso pasillo, paso a través de tanta gente que me mira como si fuera prófugo de la justicia. Cruzo los torniquetes hasta la puerta por la que debe entrar mi hermano.

El plan era verlo en su departamento para ayudarlo con todas las cosas, pero como ayer tuve doble turno en el restaurante, Jim y yo nos quedamos dormidos. Por más que he corrido, no he llegado a tiempo.

—Bill… ¿Todo… Bien? —pregunto estando a su lado pero mi respiración es complicada.

—No… Se acaba de ir —me responde llorando, totalmente desconsolado. Me siento mal y triste al ver su expresión.

—Lo siento, se me hizo demasiado tarde. Pero tranquilo, ya verás que un mes pasa muy rápido. Además, no lo notarás, estarás con nosotros y será divertido.

—¿Me quedaré… con ustedes?

Respondo con un movimiento de cabeza, comprendiendo del todo el mensaje de Tom.

—Vamos, te llevo a casa.

El voltea hacia el enorme vidrio que da vista a la pista de aterrizaje, el avión avanza a una velocidad considerable para despegar de un momento a otros. Bill continúa llorando pero no de la misma manera que cuando recién llegué, sino mas bien, en forma de nostalgia y orgullo. Yo conocía a Bill, y estoy seguro que piensa así, está orgulloso de que Tom vaya detrás de aquél sueño que siempre tuvo.

Salimos del aeropuerto después de unos minutos, Jim nos lleva a casa y Bill se mantiene con la mirada en el cielo durante todo el recorrido. El mensaje de Tom llegó a mi celular una vez que llegué a casa del restaurante, Jim había ido por mí, así lo hace desde lo que pasó con Luka. No me detuve a pensar en la respuesta, rápidamente le contesté que haría lo que fuera por él y Bill. Pero, debo mencionar que el mensaje me estremeció.

De: Tom

Hola, Alex. Tengo que pedirte un favor, Bill no puede estar solo, toda la universidad sabe lo de Bill y el bebé, además… Lo han amenazado. Cuida de él y te lo pagaré de algún modo. Espero que comprendas, él no sabe nada. Te amo hermano.

No importaba el favor, se trataba de mi hermano y por él, haría lo que fuera.

—Esta es tu casa, Bill. Espero que te sientas cómodo. No es muy grande pero…

—Gracias… ¿Me puedes mostrar dónde dormiré? —me interrumpe de un momento a otro, sólo en ese momento me pregunto qué tan bien vamos a sobrellevar un mes.

—Claro, de este lado hay una habitación. Es esa.

—Gracias, iré a descansar.

Por el gesto en su rostro, presiento que será un mes demasiado largo.

—¿Quién lo habrá amenazado? —me pregunta Jim al ser, igual que yo, testigo de su rostro.

—No lo sé, pero su mirada está vacía, sé que también tiene miedo, pero no sé de qué forma podamos ayudar.

Tendría que idear un plan para distraerlo de todo, de lo contrario, caería a un abismo de tristeza y miedo. Tom me mataría.

Continúa…

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por Xim_Alien

Escritora del Fandom

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