
Fic de Xim_Alien. Temporada II
Capítulo XL
Las semanas pasaban lentamente, así asfixiándome cada vez más lento. El doctor a cargo del caso de Tom, entraba y salía de su habitación. No había noticias y mi preocupación crecía cada minuto. Nunca salía del hospital. Todos los días esperaba a que hiciera algo. Qué despertara y pronunciara mi nombre, un susurro en el que llevara un te amo, un apretón de su mano con la mía o simplemente un parpadeo.
Cada hora que pasaba con nosotros en el hospital —alternadamente—, eran las peores. Al menos yo era quien más tiempo pasaba sentado afuera de la habitación, adentro o esperando a que el médico encontrara cambios positivos y que me dijera que pronto podría ir a casa con él, pero entre más imaginaba ese momento, era más la espera para que eso llegara.
—Deberías ir a descansar —volteo sorprendido a aquella voz masculina. Me encuentro con Roger, quien me mira como si yo tuviera un rostro con el que espantaría a cualquiera.
—No. No quiero irme de aquí.
—Si quieres yo me quedo te llamo por cualquier cosa que llegue a pasar.
—Es que no, no me voy a ir.
—Bill, escucha. No tiene caso que estés aquí. Te haría bien descansar en lo que el médico encuentre algunas señales para empezar a tratarlo. Por ahora nadie puede hacer nada. Además, ya donaste la sangre que puedes donar.
Era cierto, yo mismo lo sabía y lo comprendía, pero a veces no hacemos nada de lo que es lógico porque una parte de nosotros, no se resigna a lo que ya sabe. Esa parte es la que permanece quieta, a la espera de cualquier cambio, aunque sepa que nunca va a cambiar nada.
—Debes descansar. Anda hazlo.
—Está bien. Pero por favor, llámame cuando pase algo, aunque sea algo mínimo.
—Lo haré. Duerme y trata de no pensar en esto.
Abandono el hospital y camino por las calles desiertas en pleno amanecer de domingo. Algunas personas están afuera con el propósito de pasear al perro y, otros cumplen con la rutina de correr. Yo, como me lo pidió Roger, trato de que al caminar por las calles se me olvide un poco lo que pasó en aquél salón.
Al llegar al departamento, es claro que nada de lo que he podido olvidar en la calle, sirve de algo. Cuando entro al departamento, mis ojos se enfocan únicamente en las cosas que le gustan, en su sofá favorito, en la habitación y, me asaltan los recuerdos de cuando me tomaba y terminábamos haciéndolo en todos lados.
Harto, entro a la habitación, lo cual fue peor que sólo haber venido, en esta, se encuentra él, lo peor de todo es que no físicamente hablando, sino de forma emocional, olfativa y en mi cabeza, pasan todos aquellos recuerdos.
La cama me invita a recostarme, pero nada de esas opciones es la mejor. Miro al techo tratando de dejar mi mente en blanco, después de unos segundos cierro los ojos y otra vez, me equivoco. No tardan en derramarse mis lágrimas, en recordar el inicio de esta historia, no tardo en culparme de todo. Como hace años lo hice con la muerte de mis padres, todo lo que había quedado atascado, no tarda en explotar.
Cuando llegué con él, no era mi idea de enamorarme, lo único que quería era que ellos regresarán y que me sacaran de la casa que supuestamente, mantenía un tipo sin el conocimiento del significado de responsabilidad. Sólo con el tiempo, me daba cuenta que me atraía físicamente y, más que eso, sexual. Todo se agravó cuando me inscribió a la escuela, todo lo malo que está pasando ahora empezó ahí. Pero no fue lo único, sólo aquello era el inicio, pues Georg había terminado por empeorarlo todo. Si bien ahora es diferente con él, en su momento fue una pesadilla. Aún recuerdo aquellas sesiones de sexo en línea. Pero después, llegó lo que nunca nadie hubiera podido imaginar. Un bebé.
Era lo peor y a la vez, lo mejor que me pudo haber pasado, aunque lo entendí tarde fue algo que cambió mi vida. Pero era suficiente dolor como para experimentar de nueva cuenta. No podía creer que mi vida diera giros a cada segundo, con cada vez que pensaba «todo está bien ahora, ya nada puede hacer que nos separe y que nos haga daño» pero justo en el final de ese pensamiento, algo nuevo pasaba y como final inesperado, llegaba Cameron.
De no ser por las personas a nuestro alrededor, todo sería más difícil, no habría apoyo y todo quedaría en tinieblas. Pero sólo hay un final, nadie puede manejar la vida a su antojo, nadie puede ir por ahí y hacer que pasen las cosas que quieren que ocurran. De no haber altibajos, las personas se volverían locas, desquiciadas al tenerlo todo y a la vez nada. El único problema de la vida, es que los acontecimientos duelen en lo más hondo. Ellos no se limitan y uno tiene que aprender a superarlos. Así es este juego.
La llamada de Roger llega después de la noche, cuando he dormido lo suficiente y cuando el agua caliente de la regadera ha hecho magia en mi cuerpo. La noticia que me tenía esperando cada día en el hospital. Sin duda me dejó sin aliento, con las piernas temblándome y con la necesidad de perder toda esperanza.
Él no estaba ahí. Estaba rompiendo su promesa. No estaba aquí. Conmigo.
Continúa…
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