
Fic de Xim_Alien. Temporada II
Capítulo IX
Al llegar a la empresa, me encuentro con Georg afuera del elevador en el piso donde se encuentra la oficina de Gustav.
—Hola, Tom.
—Hola, hace varios días no te he visto.
—Tengo bastante trabajo y casi no salgo de mi oficina.
—Sí, te entiendo. Bueno, necesito hablar con Gustav, te veo luego.
—Bien, saludos a Bill.
—Saludos a Markus.
Camino dejándolo atrás, esto de trabajar en la misma empresa no me parecía correcto, pero no fue así, desde hace mucho tiempo hemos trabajado juntos, además, no estamos en el mismo piso pero… Somos adultos, así que hemos aprendido a convivir como si nada del pasado hubiera ocurrido.
¿Tendrá problemas? No se veía como siempre y no hay asuntos pendientes para arreglar con Gustav.
—Hola, Haide —saludo a la chica y secretaria de Gustav.
—Hola, Tom. ¿Vienes a hablar con Gus?
—Sí. ¿Podría pasar ahora?
—Permíteme un segundo.
Levanta la bocina del teléfono y marca dos números. Empieza a hablar con el jefe y pronto me sonríe para decirme que puedo pasar.
Golpeo la puerta un par de veces hasta escuchar un varonil y respetable adelante.
&
—Hola, cariño. ¿Cómo éstas?
—Bien, pásate.
Cierro la puerta cuando Lorain ha entrado. La invito a sentarse en el sofá y así lo hace.
—¿Y Tom?
—Fue al trabajo. Se le vino la idea de no ir más para cuidarme, pero no nos conviene, viene un gasto muy alto —le respondo mientras reviso todos los estudios que me han hecho para llevarlos a la escuela.
—Tienes razón, ¿qué va a pasar con la universidad?
—No lo sé, quería que me acompañaras para ver ese asunto con la coordinadora. Tal vez me den una baja temporal o sólo un plazo… Tal vez pueda presentar los exámenes finales desde aquí. No sé.
—Oye… Si quieres puedo venir a darte los temas nuevos.
—Lo que menos quiero es molestarte, eres mi mejor amiga pero no quiero abusar.
—Bah, no vas a terminar con mis integridad o algo peor.
—Pero tendrás cosas que hacer.
—Mientras entiendas todo, no creo llevarme más tiempo de lo que gastamos en la escuela en explicarte un tema.
—Bueno, te pagaré de algún modo.
—Ok. Ahora vamos a la escuela.
Ambos salimos del departamento. El cielo es azul y la tarde fresca, así que en prendemos marcha a la universidad. En lo que caminamos por las calles transitadas por muchas personas ya, Lorain me pregunta algunas cosas que no había contemplado antes, dejándome con una preocupación más 《¿Sabes si Tom cuenta con el dinero suficiente para la hospitalización y todo lo demás?》 Se quedó callada cuando mi rostro le dio la respuesta.
Al llegar a la escuela, entramos directamente a la oficina de nuestra coordinadora de carrera.
—Adelante —nos responde con una dulce voz. Lorain y yo entramos después de su orden.
—Buenos días, profesora —saludo a una profesora de unos 30 años, de piel morena, con algunas arrugas y ojeras bajo esos ojos color miel, lleva gafas y está sentada frente a su escritorio.
—Buenos días. Dime en qué puedo ayudarte, Bill.
—Vengo a pedirle asesoría por… cuestión de salud.
—Traes alguna receta.
—Sobre eso… quisiera que no… es delicado… —no sabía como decirlo, mi mirada no la veía a ella sino al suelo.
—Mí ética me prohíbe decir algo que tú quieras mantener entre nosotros. Voy a respetar lo que sea que esté ocurriendo, no debes de preocuparte.
—Bueno.
Eso me hace sentir un poco mejor, sin embargo, aún me preocupa. Le hago entrega del diagnóstico del doctor Hamilton, junto los resultados de sangre y un sobre con el ultrasonido que me practicó. Me siento muy nervioso al ver su reacción cuando ha terminado de leer los papeles.
—Vaya… pues me siento orgullosa de que aceptes continuar con esto, no debió ser fácil —niego con una sonrisa no forzada pero tampoco sincera—. No sé cómo puedo ayudarte en cuanto las clases, quedas exento de venir, claro, pero sabes que cada maestro tiene un plan de clase.
—Maestra, le dije a Bill que yo puedo ir a su casa para mostrarle los nuevos temas, en cuanto a los exámenes que ya vienen… no sabemos —intercede mi amiga, mostrando una sonrisa de complicidad con la maestra.
—Muy bien señorita Backer, pero, no puedo permitir, bajo ninguna circunstancia, que un examen salga de esta institución a cargo de una alumna —sonríe la profesora—. Supongo que eso puedo hacerlo yo. Pero voy a hablar con los profesores —otra vez, no quiero que diga nada—. No te preocupes de nada, Bill, no les diré lo que sucede, sólo que no puedes asistir a las clases. Tú encárgate de cuidarte, de alimentarte sanamente, descansa y no hagas nada que pueda lastimarte. Confía en mí, no diré nada a nadie. Puedes llevarte esto para que estés más tranquilo.
Me entrega todos los papeles que le he entregado anteriormente y me sonríe amistosa.
—Bueno, muchas gracias profesora. Hasta luego.
—Bill —me detiene antes de salir—. Toma, es mi número de celular, puedes llamarme para lo que sea.
—Gracias.
Lorain sale conmigo de la oficina y la dejo frente al edificio donde nos tocaría tomar la clase del señor Herrera.
—También puedes llamarme cuando quieras eh, cuídate, cielo.
—Gracias por todo, amiga.
—Anda, ya tengo que entrar.
Nos despedimos con un beso en la mejilla y un abrazo. Doy media vuelta para acompañarme a la salida de la universidad.
Espero que la profesora cumpla con su palabra.
&
—Hola, amor.
—Hola, ¿cómo te fue? —Jim se levanta del sofá siguiéndome a la cocina.
—Muy bien, todos son muy amables, aunque mi jefe es un poco enojón. Le enoja que un cuchara esté al revés o que una copa esté donde no vaya.
—Es un restaurante elegante, debes comprender.
—Supongo… ¿Estuviste despierto?
—Me dormí un poco pero como que no es lo mismo.
—aww, vamos a dormir, entonces.
Dejo el mandil del restaurante sobre la mesa y voy detrás de Jim para ir a la habitación. Me quito toda la ropa pero dejó únicamente mis boxes, al igual que Jim. Entro al baño para lavar mis dientes, salgo y subo a la cama. Apago la lámpara que se encuentra junto a la cama de mi lado.
Vuelvo la cara donde está Jim, quien mira atento el alto techo, ambas manos descansan bajo su cabeza.
—¿En qué piensas? —le pregunto colocando mi cabeza en su pecho y mi brazo derecho en torno a su abdomen.
—Nada, estaba pensando en que estaría bien cambiar mi turno de trabajo.
—¿Por?
—Hoy en la mañana pensaba en ti estando en la fábrica, hace rato pensaba en ti estando aquí, solo.
—Bueno, sí pero… awww ¿estás diciendo que me extrañas?
—Creo que eso es obvio.
Sonrío como idiota y me levanto de la cama para colocarme encima de él. Sus piernas se abren para darme espacio entre ellas. Beso sus labios y bajo por su cuello mordiendo su manzana. Dejo un camino húmedo de besos por todo su pecho, bajando por su ombligo y siguiendo sus líneas en forma de V que culminan en la base de ese algo con lo cual entretener mi boca. Paso mi lengua por toda la hermosa longitud y escucho algunos ruidos salir de su boca.
Retiro mi lengua de su miembro para que pueda sentarse en la cama, vuelvo a acomodarme entre sus piernas y ahora engullo si miembro hasta que este logra tocar lo más profundo de mi garganta. Sólo escucho a Jim gemir muy alto mientras levanta su pelvis para follarme la boca.
Sus jadeos aumentan y me levanto cuando siento el líquido preseminal en mi lengua. Abro mis piernas dejándolas a cada lado de las suyas, para ahora sentarme en su erección.
Sus manos me detienen por mi cintura o por mi trasero para ayudarme a subir y a bajar sobre él.
Mi miembro lo atiende con una mano y mis jadeos se rehúsan a ser menos ruidosos.
Después de algunas penetraciones más, empiezo a sentir un líquido tibio entrar a mi cuerpo, a la vez desbordándose y otro saliendo de mi cuerpo, ensuciando mi pecho y el de Jim.
Los espasmos de mi cuerpo me hacen quedar agotado sobre su hombro izquierdo, sus manos acarician mi cuerpo y aún dentro de mí, tratamos de recuperar el alimento.
—Sí… tengo que cambiar mi turno.
—Bien… supongo que no podemos dejar de hacer esto.
No podía ni siquiera tenerlo en consideración, lo hemos hecho a diario desde que vivimos juntos, es extraño cuando estamos agotados y lo dejamos para el día siguiente.
Ambos volvemos a recostarnos dejando a un lado todo lo que nos rodea.
Continúa…
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