Ich hasse dich 11

«Ich hasse dich» Fic de Earisu

Capítulo 11

Andreas dejó el bote de aceite corporal en el suelo.
Sabía que Bill no estaba para tonterías. Pero no estaría mal hacerle rabiar un poco.
Se acercó a él, que estaba cara a la pared apoyando sus manos en ella.
Y empezó a restregar su entrepierna contra el trasero de Kaulitz. Ambos llevaban aún la ropa puesta, pero ésto sólo añadía más morbo a la situación.
Andreas agarró del pelo a Bill y tiró de su cabeza hacia atrás, ganándose un gemido de su compañero. Recorrió con sus dientes un lado del cuello de Bill, después hizo lo mismo con su lengua, para acabar fundiéndose en sus labios.
La respuesta de Bill fue positiva, ya que le seguía el juego sin quejarse.
Pero no tardó mucho en darse la vuelta con toda la pinta de ir a intentar lo que estuviera en su mano para acelerarle.
Bill apoyaba ahora su espalda en la pared, pero sólo la parte más superior, ya que con su cintura empezó a arquearse, moviéndose hacia adelante para que esta vez los dos miembros se rozaran de lleno y hambrientamente.
Bill cogió la mano de Andreas y la atrajo hacia su cara. Se metió su dedo índice en la boca y comenzó a chuparlo mientras que sus intensos ojos marrones desafiaban a los de Andreas. Éste supo que ya estaba perdido.
Cuando terminó con el índice, empezó con el dedo corazón. Repitió la misma operación, de abajo a arriba y con ganas.
Andreas se preguntó cómo era posible que pudiera resultarle tan erótico un tío en esa tesitura (moviendo su cintura como una stripper…Pero a la vez con una delicadeza o fragilidad felina). Cualquier otro hombre en esa situación resultaría ridículo. Bill era Sexo En Estado Puro.
Cuando Bill terminó de humedecer los dedos de Andreas desabrochó y bajó sus pantalones y se dio la vuelta de nuevo.
Esta vez la orden estaba implícita.
Andreas agarró con un brazo la cintura de Bill y con su mano libre comenzó a hacer lo que tenía que hacer.
Tanteó con extremo cuidado y con su dedo corazón mojado la entrada de Bill.
Otra cosa que le resultaba curiosa era, de hecho, esa.
Si Bill era tan frágil…¿Cómo podía infundirle tanto respeto? En el sentido de que, era tan sumamente delgado y sin aspecto de poseer una gran fuerza física… Andreas podría tumbarle si quisiera. Andreas, o cualquiera.
Y sin embargo, la sola idea de poder hacerle daño le aterraba. Le aterraba y por dos razones. La primera por que nunca querría herir a alguien que le importa. La segunda, por que en el caso de Bill, no querría estar vivo para sufrir las consecuencias si se le ocurriera hacerlo.
Pero llegamos al mismo punto…¿Por qué? Si…
-Andreas… – Bill le sacó de sus pensamientos.

Andreas supo qué era lo que Bill quería, así que introdujo el dedo por completo.
Era raro, pero al no encontrarse con demasiada resistencia, decidió introducir el otro también y tras ésto Bill ahogó un gritito, mordiéndose los labios. Su cuerpo dio una sacudida involuntaria. Pero trató tranquilizarse.
Andreas empezó a mover los dedos en su interior.
-Oye, si te duele…Me lo dices…
Kaulitz no respondió, así que Andreas siguió.
Siguió hasta que Bill le dijo que ya estaba listo.

Andreas tomó el bote de aceite corporal y embadurnó su intimidad con él.
Entró en Bill todo lo despacio que pudo pero aún así, a la primera sacudida a Bill empezaron a saltársele las lágrimas, que caerían al suelo sin remedio. El dolor era desgarrador, como cristales raspando la carne. Pero cuando el dolor daba paso a un eclipse de placer, éste era más intenso que cualquier otra cosa que pudiera sentir.
Así que intentó que los gritos no escaparan de su garganta…Y aunque a veces creía que no podría soportarlo más…No pidió ni una sola vez que parara.

&

Bill buscaba sus botas. En un momento dado se las había quitado y tirado de cualquier manera en la habitación…Cuando las divisó fue a cogerlas.
Ya con ellas en la mano, se dirigió a la cama. Se sentó en ella despreocupado y una oleada de un repentino dolor le sacudió el trasero. Su cara se contrajo. Había olvidado que en las próximas horas tendría que sentarse extremando el cuidado. Pero intentó mantener la dignidad, fingiendo que ahí no había pasado nada.
Andreas no le quitaba ojo de encima. Estaba echado en la cama.
-Por cierto, Andreas.
-…Dime.
-¿Te acuerdas de lo que te dije hace unos meses? Quiero que instales una cámara en mi habitación.
-…¿Todavía sigues con esa estúpida idea tuya en la cabeza? – Andreas se incorporó hasta quedar sentado también. Bill se voltearía para mirarle con los ojos achinados. Después volvería a ‘pelearse’ con su bota, que no quería entrar.
-Andreas, no me calientes, no me calientes…
-¿Por qué ahora?
-Por que ha llegado el momento…
-…Bill…No creo que…
-Corta el carrete, ¿quieres?… No puedes negarte. Dijiste que me ayudarías. Y yo he cumplido con mi parte del trato… – Bill le miró de nuevo y le repasó de arriba a abajo como diciendo »acabo de acostarme contigo, ese era el acuerdo, ¿no?».

Andreas suspiró audiblemente. Se tapó la boca mientras cerraba los ojos. Pero después los abrió para mirar a Bill. Era una mirada profunda y con un claro tinte de frustración.
Kaulitz sin embargo estaba de nuevo intentando con todas sus fuerzas conseguir ponerse el estrecho botín.
-Bill, mírame.
Bill lo hizo con humos.
-Yo haría cualquier cosa que tú me pidieras…Aunque no me dieras nada a cambio.

La bota por fin encajó y Bill se levantó al instante.
Lanzó una mirada difícil de descifrar a Andreas, pero segundos después, empezaría a reírse con maldad.
-¿Qué coño te parece tan gracioso?
-Jajajaja…Por favor, Andreas…No sueltes todo tu romanticismo de golpe…Que vas a hacer que me tiemblen las rodillas… – Soltó sarcásticamente.
-… – Andreas le escudriñó realmente quedándose de piedra ante su actitud.
-Lo que tienes que hacer es instalar la puta cámara y dejarte de gilipolleces.

Y Kaulitz fue camino hacia la puerta.
-…Me das mucha pena, Bill.
Éste se paró en seco. Pero no se giró.
Andreas pudo contemplar la espalda de Bill durante un buen rato. El silencio casi pesaba en la habitación.
Al fin, Bill le lanzó una mirada. Su cara era mitad asco, mitad odio…Pero no dijo ni una sola palabra.
Y se fue.

&

Días después…

Bill recorría el pasillo que le llevaría hasta su habitación de hotel…
Llevaba unas enormes gafas de sol, el pelo suelto y liso, un bolso grande de Prada, cazadora de cuero negro y vaqueros estrechos azules. Los tacones de sus botines resonaban a cada paso que daba.

Rebuscó en su bolso la llave y entró en su cuarto.
Se encontró con un montón de paquetitos envueltos en papel de regalo y cartas sobre el escritorio donde tenía un ordenador y una webcam. Toqueteó el último aparato mientras deducía que Andreas habría recibido una nueva avalancha de correo de los fans y que se había dedicado a repartirlo.
Le llamó la atención una caja de bombones que no estaba envuelta, pero que sobre ella tenía una carta pegada con celo.
El sobre no podía ser más pasteloso. Un enorme corazón fucsia en cuyo interior con letras negras se leía »Ich Liebe Dich, Bill!»
Despegó la carta, la arrugó e hizo una bola despreciándola y la tiró al suelo sin miramientos.
Cogió y abrió la caja de chocolates, descolgó el bolso de su brazo y se tiró boca abajo en su cama, entrelazando sus pies en el aire.
Cogió el mando de la tele que estaba estratégicamente colocado sobre el edredón.
Hizo algo de zapping hasta que encontró algo que parecía entretenido. Dejó el mando.
Hizo un scanner a la caja para visualizar el bombón más apetecible. Al final cogió uno de forma triangular y se lo llevó a la boca.

Tras unos minutos de relax, tocaron a la puerta.
-¿Quién es?
-…¡Manme!…

Bill sonrió cínico.

»Como una polilla va hacia la luz…»

-¡Pasa! ¡Está abierta…!

La chica entró con semblante tímido. Le saludó agitando las dos manos como una niña. El rostro de Bill ya se había transformado en ‘el rostro del ángel’.
-Hola.
-… – Bill le sacó la lengua como única respuesta.
-Hala, ¿qué estás celebrando? – Manme, refiriéndose al atracón de dulce que Bill parecía ir a darse.
-… – Bill dio unas palmaditas en el lado de cama que quedaba libre para que Manme le acompañara.
-Dame unoo… – Pidió Manme mientras se acostaba a su lado imitando su postura.
-No. – Y Bill cerró la caja y la protegió entre sus brazos haciendo una mueca divertida.
-¡BILL! No seas egoísta Además la amistad es compartir.
-»El AMOR es compartir»…De la amistad no hay nada escrito. – Bill no dejó escapar la oportunidad de oro que Manme le había dejado a punto.

Se complació al comprobar que Manme empezó a ponerse nerviosa al instante.

»Ahora o nunca…»

-Aunque…

La chica prestó toda su atención. Bill había agachado su mirada y entristecido su gesto.
-…Si no fueras la novia de mi hermano…

Kaulitz dejó la frase inconclusa. A Manme el pulso se le empezó a acelerar.
-Si no fuera su novia, ¿qué?
-Perdería la cabeza por ti.

La joven se quedó muda y se le olvidó respirar por unos segundos.
Bill ahora le tendió la caja con una sonrisa melancólica.
-Claro que aunque eso fuera así…No me serviría de nada…Tú nunca te enamorarías de alguien como yo…Pero bueno…

Manme ignoró el ofrecimiento. Ahora no estaba para eso. Estaba segura de que si se llevaba algo a la boca en ese momento, no pasaría de su garganta.
-Bill…¿Por qué…Dices eso? – A Manme le costaba articular las palabras.
-Está claro…Tom siempre ha sido mejor que yo…En todo… Fíjate cuántas chicas matarían por estar con él…
-Eh, tú también gustas a las chicas…
-No…A ellas les gusta cómo llevo las uñas, o cómo me pinto. A la hora de la verdad, escogen… ¿Y a quién eligen? Pues a los que son como él, a los machotes. Yo no soy lo suficientemente hombre para nadie, por lo que se ve.
-…Bill…Yo no sabía que tú…Te sentías así…
-Eres la primera persona a la que se lo cuento.

Kaulitz jugueteó ausente con una cremallera en la manga de su cazadora.
-…Pero no tienes que pensar así…Eso no es verdad…Tú eres un hombre marav…
-Déjalo, Manme…No digas todo eso sólo por que te doy lástima…
-¡¡¡No lo digo por eso!!! Tú me gust…

Bill la miró como un león miraría a su presa…
-No es verdad. – Dijo con su voz más profunda. A Manme le entró un escalofrío sólo de oírle.
-Ojalá no fuera verdad…Me siento fatal, Bill… – A estas alturas Manme no pudo evitar ponerse a sollozar – …Yo a tu hermano le quiero mucho…Y yo creía…Yo creía tener claro que sentía algo mucho más fuerte por él…Pero ahora…Ahora no hago más que dudar todo el tiempo…Y sé que no se lo merece…Sé que él es bueno… Pero…No dejo de pensar últimamente que quizá lo que yo busco es otra cosa…Algo…Y creo que tú tienes ese algo…Snif…Soy horrible…Me doy asco a mi misma… – Soltó de carrerilla.
-… – Bill esperó unos minutos antes de hablar – …Manme…Si tú me dices que lo tienes claro y que no vas a arrepentirte…Yo estaría dispuesto a dar la cara por ti…
-…¿A qué te refieres…?
-A que si tú me dices que quieres estar conmigo, yo estaré contigo. Me da igual a lo que me tenga que enfrentar…
-…
-…Incluso puede que él al final acabara entendiéndolo… – Esto lo dejo caer como si él mismo estuviera estudiando la posibilidad. Era mentira, claro.
-¿Serías capaz de buscarte problemas con Tom por…?
-…- Bill no la dejó acabar. – Sí. – Contestó rotundamente.

A Manme la cabeza le iba a explotar. Estaba en medio del dilema más complicado de toda su vida. Y sabía que de su elección dependía el resto de la misma.
Tenía pánico de equivocarse.
Sus cavilaciones se cortaron cuando descubrió que Bill sonreía de nuevo, apenado.
-¿Ves?…A la hora de la verdad…

Pero Manme intuía el comentario que iba a hacer y éste la hizo arder por dentro. Así que no le dejó acabar: Cogió su rostro entre sus manos y le dio un fuerte beso en los labios.
Kaulitz abrió mucho los ojos, por que aunque la estaba provocando, no se esperaba su reacción tan pronto. Pero no tardó en incorporarse, hasta que ambos quedaron de rodillas en la cama y comenzar a acariciarla y abrazarla, prologando el beso.

Se sentía pletórico. Lo había conseguido.

A su plan ya sólo le quedaba el remate final.
Mientras que ambos seguían besándose en la boca apasionada pero lentamente, Bill dirigió sus pupilas hasta el escritorio sin que Manme se diera cuenta, ya que ella tenía los ojos cerrados.
El piloto de la cámara estaba encendido.

»Y todo está saliendo justo como lo había tramado…»

Continúa…

Gracias por leer.

por Earisu

Escritora del Fandom

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