
«Ich hasse dich» Fic de Earisu
Capítulo 17
Andreas no había terminado de aparcar el coche cuando Tom ya estaba saliendo de él, corriendo como alma que lleva al diablo.
-¡¡¡Llama a una ambulancia, Andreas!!! – Gritó mientras se dirigía a los servicios. Sus deportivas chirriando contra el asfalto mojado.
-…¿A una ambulancia?
-¡¡¡Tú hazme caso!!!
Andreas salió del coche también y mientras marcaba el número siguió los pasos de Kaulitz, a través de la lluvia.
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La luz de la simple bombilla ahora parecía más brillante. Para Bill no existía más mundo que el encanto de esa luz ya…Esa luz que adormecía sus sentidos.
Sus pestañas se volvieron mucho más pesadas…
Estaba acabando de desangrarse…
De repente, la puerta del servicio se abrió estrepitósamente. Tom entró en el cuarto berreando.
Sin embargo Bill ahora estaba como en el interior de una burbuja…Todo el escándalo parecía estar sucediendo lejos…Muy lejos de él.
-¡¡¡BILL!!! – Tom no se sorprendió en exceso al ver a su hermano tirado en el suelo, en mitad de un reguero de sangre. Algo en su interior ya le había preparado para la imagen.
Siempre había sido muy hipocondríaco… De los que se marean con facilidad por ver mucho menos.
Pero cuando el coraje aflora no se sabe de donde, es conciso y directo.
No vaciló ni un segundo. Se quitó su plumas, lo tiró de cualquier manera sin importarle dónde caía. Despues se quitó su enorme camiseta, quedándose con el torso desnudo. La agarró entre sus dos manos y tiró de ella hasta que la rompió rasgándola…Quedó con dos piezas de tela en cada mano.
Se arrodilló junto a Bill, tomó uno de sus brazos y con el primer retazo de su camiseta se dedicó a intentar taponar la herida. La anudó con toda la firmeza que pudo. Le angustió sobremanera el darse cuenta de que su hermano no se quejaba, y eso debía doler. Así que comenzó a darle palmaditas en la cara…Tenía los ojos abiertos, pero no parecía ver.
-¿Bill?…
Andreas llegó en ese mismo instante. Tuvo que taparse la boca y apoyarse en la pared para no caerse redondo al suelo.
-…¿Has llamado? – Tom se había puesto ahora a vendar el otro brazo y ni siquiera le miró…
-S…S…Sí. Ya… Están en camino…
Cuando Tom hubo terminado se las apañó para dejar a Bill sentado; Él tenía que mantenerle así agarrándolo de la nuca y espalda de todos modos.
-Ya has oido, Bill…La ambulancia está al llegar…Tienes que aguantar…¿Vale? – A pesar de su pánico atroz, se dirigió a Bill con toda la dulzura que le fue posible.
Bill tenía los ojos y la boca abierta, la cara ausente…Estaba ya en un estado crítico. Sus párpados comenzaron a querer cerrarse.
-¡NI SE TE OCURRA! – Tom tomó con una mano el rostro de su hermano y lo sacudió – ¡Ni se te ocurra cerrar los ojos!
-…A..h…¿Tomi? – La voz de Bill podría haberse descrito como ronca , pero hablaba demasiado bajo para eso…Al parecer era ahora cuando había recaido en la presencia de su hermano.
-Sí…Soy yo…Estoy aquí. Contigo.
-…A..h…¿Cómo has…salido… Del espejo?
-¿Qué?
Párpados de nuevo pesados.
-¡BILL! ¡No!
Andreas seguía en una esquina, encogido. Tenía el estómago hecho un nudo. Se martirizaba pensando que si hubiera tenido la boca cerrada, ésto no estaría pasando. Bill seguiría enfermo…De acuerdo. Pero…Al menos su vida no estaría pendiendo de un hilo por su culpa.
-To…mi…
-Dime, habla…
-Per…dóname…
-…Psstt…Tranquilo…
-Yo no… Quería…- Bill empezó a llorar, aunque no tenía fuerzas – …destro…zarte la…vida. Yo no que…ría…
Tom suspiró, miró al techo mientras se mordía el labio inferior y aguantó como pudo el impulso de ponerse a llorar de nuevo…Debía inspirar tranquilidad a su hermano, y no creía que derrumbarse ante él fuera la mejor táctica.
En su lugar, empezaría a secar las lágrimas de Bill con sus dedos. Lo que no pudo limpiar sería la sangre salpicada en sus mejillas: Ésta se había secado rápidamente.
-No digas eso…Tú no me has des…
-Tú… Mismo…Lo has dicho…Antes.
Ahora sí que a Tom empezaron a vidriársele los ojos.
-Olvídalo…Olvida eso…Estaba enfadado y…Mira Bill, yo soy joven, los dos lo somos…Vamos a salir adelante, a superar nuestros problemas, vamos a empezar de cero…Pero tenemos que hacerlo juntos, ¿me oyes?… Con que me digas que vas a intentarlo, es suficiente: Yo te perdono…Jamás te sacaré el tema, jamás te lo echaré en cara…Snif…Pero tienes que…
-…Manme… Era… Una chica… Mara…villosa.
Ahora Tom lloraría abiertamente y con amargura. Bill como podía. Andreas estaba a punto.
-…Bill…- Se quejó Tom entre sorbos.
-…Y… Mandy…tam…bién.
-…¿Mandy? – A Tom le extrañó que su hermano saltara con esas de repente – ¿A qué viene…?
-…Yo…Yo… – Bill ahora temblaba visiblemente – …
-…¿?
-…Yo la… Pegué…La pe…gué…Y la amenacé…Le…Le…dije que si no se…marchaba…de Magdebourg…La…mataría. Le…le dije que…No me…importaba pudrirme en l…cárcel… Pero… Que no la dejarí…a viva para que contara…Contara…
-¿Contara qué?
-…Ella se rio de…mi. Descubrió que…estoy enamorado de ti…y…Me asusté…No quería…que se lo contara a nadie, o a ti…que tú te enteraras y que por eso me tuvieras asco…y me odiaras, como a…
Bill iba a decir »Como a papá»…Pero se quedó a medias: Sus últimas energías se estaban desvaneciendo.
Si hubiera acabado la frase quizá el mismo Tom, a pesar de no haber estudiado en su vida psicología, lo hubiera entendido todo. O al menos, intuido.
No era tan complejo al fin y al cabo.
Bill es homosexual. Al igual que su padre.
Su problema derivó en el hecho de que, desde edad muy temprana, en su mente, las reacciones que veía en el exterior, y sobre todo, por el modo que su padre tuvo de proceder (abandonando su casa, a su mujer y a sus hijos) se forjó a hierro la imagen de que ESO era algo malo. No malo: Horrible. Imperdonable.
En su cabeza, llegó a pensar que el que los chicos de su escuela le pegaran por ‘ser marica’ era en realidad algo que merecía. Algo que debía ser así. Lo correcto. Lo normal.
Pero hay ciertas cosas contra las que una persona no puede luchar. Bill no podía dejar de ser homosexual. Por que eso no es una enfermedad…Algo que se pase con el tiempo, o que se cure tomando un jarabe después de las comidas, o hablando con un psicólogo una vez al mes.
No le quedaba otra que reprimir su sexualidad.
Se le juntaron dos factores determinantes, entonces. El primero su homosexualidad reprimida férreamente. El segundo, la ausencia de un referente paterno estable.
Y ocurrió algo tan sencillo como lo siguiente…Y es que la figura de Tom supliría las dos necesidades insatisfechas de Bill.
Por un lado, Bill vería en su hermano a ese ‘padre’ que prácticamente nunca tuvo. Era el mayor, el fuerte…El que le protegía contra viento y marea.
»…Yo os cuidaré a ti a mamá»…
Por el otro, Tom también se convertiría en la vía de escape de esa sexualidad reprimida a cal y canto.
Tom no sólo era su soporte…Cuando éste se inventó su famoso juego de »entonces tendrás que besarme» pero sobre todo, por la metamorfosis que el ‘juego’ sufriría…Sin saberlo, Tom estaba liberando a el verdadero Bill, al que estaba encerrado dentro de él.
Era con Tom con la única persona con la que Bill se sentía seguro en ese aspecto. Con el que podía mostrarse tal y como era (o casi, ya que después a todo ésto se le sumaría el terror de Bill a que como reflejan sus palabras, que Tom llegara a tenerle asco, odiarle…
Bill creía y de forma erronea que Tom odiaba a su padre por ser gay…Erronea por dos motivos: Tom solía decir que le detestaba…Pero la razón por la que lo hacía era por el hecho de que los hubiera abandonado…Le daba igual el motivo por el que lo hubiera hecho en realidad…Motivo número dos: Tom no odiaba a su padre en verdad. Le quería. Por eso le afectó tanto su marcha…) ,con el único con el que Bill podía sentir esas cosas que se supone todo el mundo experimenta de un modo natural, pero que él se había ‘prohibido’.
Por todo ésto…Bill pasaría el resto de su vida creyendo que estaba enamorado de su hermano. Creyéndolo a pies juntillas…Lo demás sólo era sombra y fantasmas…Seres siniestros que le aterraban y contra los que tuvo que alzarse un muro, creándose un personaje…Uno que difería bastante en lo que él era en realidad.
El resto es historia.
-…Dios mío…Bill…Pero tú…¿No estabas enamorado de ella? – Le preguntó Tom.
-…No…Lo fingía… Para poder salir contigo… Y Ann K…
-…Snif…Bill…¿Pero cómo pudiste…?
-…Fuimos al cine…Y…me compraste…una bolsita de Gummy bears…
Tom jadeó al casi ahogarse con su propio llanto y abrazó a Bill con fiereza. Sus frentes tocándose.
-Snif…Andreas…¿Cuándo viene la puta ambulancia? Snif… – Preguntó Tom sin despegarse de su hermano pequeño. La voz se le rompía.
Andreas simplemente no estaba en posición de contestar. Seguía tapándose su boca, y con las piernas temblorosas.
-…Te quiero, Tomi…
Tom volvió a agarrar de la barbilla a su hermano para intensificar sus palabras, su mirada.
-…Yo también, ¿me oyes?…
-…No quiero…Estar solo…
A Tom el corazón le dio un vuelco. Por que sabía lo que esas palabras significaban: Ya las había oido antes.
Bill cerró los ojos completamente.
-¡NO, BILL, NOOO! ¡¡¡NOO!!! – Ahora tomaría la cara de su hermano con sus dos manos, la sacudiría, y en medio de su desesperación, no se le ocurriría otra cosa para intentar retenerle con él y despierto que darle rápidos y contundentes besos en los labios. Cuando era pequeño funcionaba, ¿no?
Y funcionó. Aunque fuera por unos segundos, los párpados de Bill se entreabrieron.
»Pero voy a hacer que cambies de opinión…De alguna manera…De algún modo»
Hubiera sonreido incluso si hubiera tenido suficiente control.
Tom pudo ver en sus ojos algo que no sabía si tomárselo como una buena señal, o todo lo contrario. La duda no le duró demasiado. Tuvo claro que era todo lo contrario. Para él, la paz que se reflejaba en ellos en ese momento era aterradora, por que sólo podía significar una cosa.
La ambulancia llegó en ese instante. Andreas se las apañó para ir corriendo fuera y mostrarles el camino.
-…Bill…Por favor…- Tom no había besado con tanta ansia a nadie jamás. Claro que sus intenciones eran bastante más especiales… Acarició las mejillas de Bill…
Y Bill iba a decir algo. Pero fuera lo que fuera se quedó en el aire. Su voz se congeló en su garganta.
Aún así murió sintiéndose arropado y feliz entre los brazos de Tom…Todavía sintiendo la calidez de sus besos.
-¡¡¡BIIIIILL!!! ¡¡¡BIIIIILL!!! – Las lágrimas corrían como mil mares por sus mejillas, se aferró a su hermano, como si así pudiera evitar que se le escapara y volvió a besarle, una, dos, tres y más veces …Sólo que esta vez sabía que no serviría de nada. Y saberlo era lo que hacía que se sintiera como si fuera a perder la cabeza, volverse loco…No podía aceptarlo…
Siguió llorando y acunándole…El dolor era agonizante…
Cuando Andreas regresara, no necesitaría elucubrar demasiado para darse cuenta de que ya era demasiado tarde.
Continúa…
Gracias por leer.