
«Ich hasse dich» Fic de Earisu
Capítulo 6
Bill entró en la habitación de Tom y Manme a la mañana siguiente sin ni siquiera llamar a la puerta.
No hacía falta: Sabía con lo que se iba a encontrar.
La cama estaba deshecha, pero vacía.
Manme se daba una ducha en el cuarto de baño contiguo. Bill estaba completamente seguro de que era ella, por supuesto.
Había oido cada maldita cosa que ellos dos habían estado haciendo durante toda la noche.
Sabía la hora exacta en la que habían empezado a hacer el amor…El momento exacto en el que habían acabado…El segundo en el que Tom se había levantado horas después, dando un traspiés con una silla que estaba por el medio:
Se había duchado, puesto sus zapatillas deportivas… Y había oído sus pasos al marcharse temprano.
No había pegado ojo.
En realidad estaba acostumbrado… Nunca podía llegar a habituarse a un horario determinado por que no pasaba más de un día en el mismo lugar.
Se sentó en el sofá de la habitación y cogió una revista que yacía allí olvidada. Debía ser de ella, por que era una revista de moda.
Empezó a ojearla mientras esperaba a que Manme saliera.
Tenía muy claro que iba a empezar a actuar. A llevar a cabo su plan.
Por que no podía soportar la situación mucho más.
Bill oyó que el grifo de la bañera se cerró.
Así que, deliberadamente, dejó de pestañear. Mucho rato…Hasta que empezó a escocerle:
Un pequeño truquito que aprendió de pequeño.
Los ojos se le acabaron humedeciendo. Eureka.
Una lágrima de cocodrilo estaba a punto de derramarse, pero intentó mantenerla ahí: No tenía que ser tan evidente. La sutileza es mucho más efectiva. Eso también lo sabía bien.
Manme abrió la puerta de el cuarto de baño. Tenía su abundante cabellera pelirroja y rizada mojada, así que se estaba secando con una pequeña toalla. Se veía que se acababa de poner un veraniego vestido verde estampado…Ni siquiera se lo había abrochado por detrás… Sus pies estaban descalzos.
Se encontró con que Bill estaba sentado frente a ella: No se lo esperaba, por lo que se asustó.
-¡Bill…! – Y se agarró el pecho.
-¡Oh! Perdona…Estaba esperando a mi hermano. No sabía que estabas aquí…
-…Em…Tom se ha ido esta mañana temprano… Quería afinar su guitarra y hacer no sé cuántas cosas más.
-Ah, bueno…No pasa nada. – Bill se levantó del sofá.
Manme se dio cuenta entonces de que Bill parecía preocupado por algo…Triste. Se dio cuenta de que tenía los ojos húmedos.
-Querías…¿algo? – Preguntó con delicadeza.
-Hablar con él. Pero no importa…Me voy… – Y Bill hizo ademán de irse a echar a andar.
-Oye, Bill…Que si necesitas…No sé, cualquier cosa…Y yo te puedo ayudar…Que sepas que…
-Lo sé… – Bill le lanzó una estudiada triste sonrisa – …Pero no es nada. En serio.
-Bueno…
Kaulitz se dirigió hacia la puerta. Pero se dio la vuelta una última vez.
-Ah…Estás muy guapa , Manme.
Ella se puso roja de inmediato.
-Emm…Gracias. – E instintivamente, se agarró de los tirantes de el vestido. No lo tenía abrochado y tras el comentario y aunque fuera estúpido se sintió igual que si estuviera desnuda ante él.
Bill abandonó la habitación sin más.
Manme seguiría preguntándose qué era eso que necesitaba contar a su hermano y ella no podía saber.
&
-¿Por qué siempre me toca el lado de la ventana? – Se quejaba Tom, que acababa de acomodarse en su asiento de aquel avión.
-No me digas que tienes miedo a las alturas… – Rió Manme señalándole con el dedo con sorna.
-Em…¡Pues claro que no! ¿Qué dices?…Es sólo que…Que…
-Que… ¿Qué?
-Pues que si tengo que ir en mitad de la noche a mear pues te despertaría y luego vas y te quejas…Y no me apetece oírte
-Sí, sí, seguro…
-¡No tengo miedo!
-Ya…Ya…
-¡Ahora verás!
Y Tom y Manme empezaron a darse manotazos, peleándose en broma, sin hacerse daño.
A Bill, sentado tras ellos, empezaron a entrarle náuseas y puso los ojos en blanco.
Andreas, que estaba a su lado, le echó una mirada furtiva…
-¿Qué te pasa? – Preguntó.
-Odio los aviones.
-…
Minutos después…
-Vamos a jugar a algo… – Tom, molestando a Manme, que tenía el libro que le había regalado abierto en su regazo.
-Ay, ¡no me muevas! ¡Estoy intentando leer!
-Pero me aburrooooo…
-Eres un tramposo…Si no me dejas acabar nunca el libro, nunca…
-Bah… – La interrumpió Tom y se cruzó de brazos. Después le lanzó una sonrisa malvada.
-Eres un fastidio.
-Sí. – Tom se acercó a ella y empezó a besarla muy despacio.
Bill se levantó de su asiento. No podía más. Y se fue a el servicio. Entró en un compartimento donde había un WC. Bajó la tapa y se sentó sobre él, agarrándose de las rodillas y ocultando su cara entre ellas. Empezó a mecerse para tranquilizarse.
&
-Ewww, ¿por qué alguien querría hacer algo así?
Bill y Tom, tras salir de la escuela, se habían tirado en plancha al sofá y habían puesto una película de esas que se supone no deberían ver.
Su madre había tenido que quedarse haciendo unas horas extra en su trabajo, por lo que les dejó unos sandwiches preparados y una nota : »Volveré a las diez»
-Bill, te comportas como un niño.
-…Soy un niño, imbécil. Y tú también.
-Bah…¡Mira, mira! ¡Ahora se ven mucho mejor las lenguas!
-¡¡¡Qué asco!!!
En efecto, en la película se estaba recreando la escena de un demasiado tórrido beso.
-¡Jajajaja…! – Tom , sin embargo, no lo encontraba asqueroso en absoluto. A su corta edad (acababa de cumplir ocho años), ya empezaba a sentirse interesado por las niñas de su clase. – Oye, Bill… – Tom decidió que quería divertirse un poco. Y su juego favorito era incordiar a su hermano – … ¿Me das un besito?
Tom , de rodillas en el sofá, apoyó las manos en el mismo , achinó los ojos y puso morritos, haciendo movimientos de felino para acercarse a Bill, que se alejó todo lo que pudo en el sofá de él con cara de escándalo.
-¿Qué dices? ¡Quita!
-¡Un besito, mua, mua! ¡Con lengua!
-¡Estate quieto!
Bill se llevó las manos hacia su pecho e iba retrocediendo mientras su hermano se acercaba. Podría intentar empujarle, pero le daba miedo.
Además, sabía que Tom era más fuerte que él.
Pero entonces se oyeron unas llaves que empezaban a abrir la puerta. Tom se volvió a sentar bien, riéndose a carcajadas.
Bill todavía le miraba escandalizado.
A partir de ese día…Este ‘juego’ se convertiría en un clásico…Cuando Tom quería algo de su hermano, lo utilizaba para conseguir que hiciera lo que él quisiese.
Si por ejemplo quería que Bill le trajera una Pepsi de la nevera y él se negaba…Volvía a hacer lo de »Ohh, entonces dame un besitooo»… Y entonces Bill se iba corriendo a cogerla asustado y sin rechistar.
Era un chantaje inocente…Al menos para Tom…Además se divertía con la cara que ponía su hermano.
Así que siguió haciéndolo…
…Siguió haciéndolo…
Hasta que un día…
&
Toc, toc, toc.
-Bill, ¿estás bien?
-…
-¿Bill?…Abre.
Bill dejó de abrazar sus rodillas. Respiró hondo. Tenía la mirada perdida, pero se levantó del inodoro y abrió la puerta a Andreas.
Éste entró y cerró el compartimento tras de sí.
-¿Qué te pica ahora? – Andreas, mientras observaba a Bill sentarse de nuevo en su posición anterior.
-…
Andreas sabía que no iba a conseguir que le contara nada. En realidad, pocas veces lo hacía.
Se acuclilló delante de él y le miró a la cara.
No veía en ella tristeza, ni dolor, ni enfado, ni cansancio… Sino algo mucho peor: No veía nada.
Andreas apartó un mechón de pelo que se le iba a meter por los ojos a Bill. Ese día lo llevaba suelto y liso. Su pelo era increíblemente suave. Lo llevó tras su oreja y las yemas de sus dedos rozaron la mejilla de Bill por un instante.
Kaulitz se apartó casi como en un acto reflejo, torciendo el gesto.
-Odio que me toquen la cara…
-…¿Tú te das cuenta de que odias demasiadas cosas?
-Pse…
Bill se levantó y se dispuso a salir del compartimento…
Pero Andreas le agarró de la muñeca y le atrajo hacia sí.
Empezó a besarle en la boca con fuerza mientras le agarraba de la nuca.
Las respiraciones se oían de forma escandalosa.
Cuando se separaron, Bill volvió a poner los ojos en blanco.
-Cuidadito, Andreas. – Dijo con una voz a medias desganada, a medias amenazante.
Le dio la espalda y se fue como si nada.
Andreas se quedaría ahí de pie, reflexionando.
No le seguiría hasta mucho después.
Continúa…