Ich hasse dich 9

«Ich hasse dich» Fic de Earisu

Capítulo 9

16 años

Tom se »arreglaba» frente al espejo de su habitación. Arreglaba entre comillas, por que en realidad él vestía igual para salir de noche que para ir a comprar el pan: Camiseta enorme, pantalones anchos y deportivas. Sus rastas, sujetas en una coleta alta.
Hizo una recopilación mental. Señaló con sus dos dedos índice hacia la derecha, pero sin apuntar nada en verdad. Era un simple gesto involuntario mientras se preguntaba qué se le estaba olvidando.
Entonces, dio con la tecla: Desodorante. No se había puesto desodorante.

Rebuscó en el único cuarto de baño de la casa. Pero no lo encontró.
-¡¡¡BIIIILL!!!
Gritó. Como no obtuvo respuesta, fue hacia la habitación de su hermano.
Se lo encontró echado boca abajo en su cama, escribiendo algo: Posiblemente, alguna letra de alguna canción.
-Bill, ¿dónde coño está el desodorante?
-¿Y a mi qué me cuentas? – Contestó éste sin ni siquiera mirarle.
-Dudo que mamá lo haya cogido. – Resopló el otro.
-¿Vas a salir?
-Sep…He quedado con Ann Katrin.
-¿Con esa? ¿Otra vez?
-Sí, bueno…¿Y tú qué? ¿No sales? – Tom se sentó en el borde de la cama. Bill seguía escribiendo.
-No…Me quedaré estudiando para el examen de francés.
-¿Estudiando un sábado por la noche?…Billy, por Dios…

Tom se levantó.
-Deberías despejarte. – Dijo.
-De todos modos, no tengo ganas de nada.
-…Mmmm…Si le echaras el ojo a alguna…Podríamos salir los cuatro por ahí.

Bill, por primera vez, se voltearía para observar a su gemelo.
-¿Ah sí? – Preguntó realmente interesado.
-Claro…Seguro que nos lo pasaríamos de puta madre.
Bill empezó a planteárselo.
-Mmm. – Y volvió a su cuaderno – …El desodorante está entre los calcetines del cajón del armario.
-¿Y cómo coño ha llegado hasta…?
-Lo dejé olvidado ahí mientras decidía qué ponerme esta mañana. Me he acordado ahora.

Era mentira.
Lo cierto era que Bill lo había escondido, albergando la estúpida esperanza de que si su hermano no lo encontraba, se cabreara y dijera de no salir. Estúpida por que él mismo tenía clarísimo que si no lo hubiera encontrado, habría salido sin ponerse desodorante sin más.
Pero ahora decidió dar su brazo a torcer por que de repente, una bombillita se había encendido en su cabeza.
Si lograba camelarse a alguna chica, entonces podría pasar más tiempo con Tom, por que podría acompañarle incluso cuando éste quedara con la niñata esa.
Empezó a analizar la situación muy seriamente.
No le gustaba ninguna chica de su clase. Todas le parecían estúpidas, pavas, nada interesantes.
Sin embargo, había oído conversaciones en los pasillos, conversaciones de otros chicos. A ninguno de ellos ésto parecía suponerles un problema. Lo que importaba, según ellos, era que »se dejase».
Aunque Bill nunca había salido con nadie, no era tonto. Sabía lo que eso significaba.
Pero no entendía a los de su propio género. La sola idea de »estar» con una tía en »determinadas actitudes», le asqueaba sobremanera.
Tenía dieciséis años. Por supuesto, de un tiempo a esta parte había comenzado a sentir deseo sexual, curiosidad por el tema…Pero…En realidad, nunca despertado por alguien del sexo contrario.
Resopló.
Decidió no comerse tanto la cabeza. Lo que él quería era estar con Tom, ¿no? Poder acompañarle en sus salidas y no tener que estarse preguntando toda la noche dónde estaba, con quién y sobre todo, haciendo qué.
Cualquiera serviría. Por que a él lo mismo le daba una que otra…Todas iban a resultarle igual de insufribles…Pero…
Merecería la pena.

Cual fue su sorpresa que él no tuvo que esforzarse demasiado para ligarse a una.
Un par de días después de la charla con su hermano, mientras que rebuscaba algo de ropa en una tienda de segunda mano, una chica se acercó a él por voluntad propia. Fue bastante directa.
»Hola…Tú no me conoces, pero te he visto mucho por aquí por los alrededores y bueno… Siempre me has llamado la atención. Me llamo Mandy…»

&

Tokio Hotel iba a ofrecer una serie de conciertos en Rusia.
El tour-bus llevaba a el grupo rumbo a Moscú…
Aunque el auto estaba provisto de calefacción, Manme tenía las manos, pies y nariz helados.
Estaba sentada sola junto a una ventana mirando al exterior reflexiva y con un abrigo de plumas por encima a modo de manta.
Tom se acercó a ella de repente con las manos en la espalda.
Manme le miró desganada una milésima de segundo y luego volvió a centrar su atención al horizonte.
-¿Sigues enfadada? – Preguntó Tom.
Manme no contestó.
-Bueno…Si estás enfadada, entonces no querrás…Ésto tan rico que acabo de hacer. – Manme le miró de nuevo. Tom ahora tendría sus manos a la vista – … Un deliciosísimo café capuccino calentito, con una nube de suave, cremosa espuma y canela por encima… ¡Mmmm!…
Manme no pudo evitar que una media sonrisa se le escapara.
-…Trae, por Dios.
Tom le tendió la taza, triunfante. Acto seguido se sentó a su lado.
-¿Me perdonas?
Manme bebió un sorbo de café.
-Sé que tuve que avisarte con tiempo, pero es que te prometo que se me olvidó por completo que tenía que…
-Está bien, Tom…
-Entonces…¿Me perdonas?
-Qué remedio…- Y Manme puso los ojos en blanco, pero volvió a esbozar una leve sonrisa.
-¡¡¡VIVAAA!!! – Tom se abalanzó a abrazar a su novia con ímpetu.
-¡Tom! ¡Mi café, que lo tiras! ¡Jajajaja…!

Tom le guiñó un ojo, extendió sus brazos y Manme entendió lo que quería, así que se echó en su regazo. Ahora tenía la cara en su pecho, estaba fuera de su campo de visión. Y dejó de sonreír.
Tom era un chico estupendo. Una buena persona. Y su pareja. ¿Por qué demonios de un tiempo a esta parte no podía dejar de compararle con Bill?…
Y lo peor, lo preocupante del asunto era que por más que intentara lo contrario, Tom siempre salía perdiendo.
Por que sí…Tom es un buen chico…Pero como pareja, aunque de vez en cuando tiene sus detalles… En realidad su tipo se asemeja más al estilo de Bill.
Tom bromea contigo todo el tiempo, como si fueras un colega más. Y eso estaba bien hasta cierto punto. Pero a la hora de la verdad, Manme se daba cuenta de que había tenido conversaciones mucho más profundas con su hermano que con él. Y eso es lo que ella llevaba buscando en un hombre durante mucho tiempo. Alguien con quien se sintiera segura, estable…
En realidad, con Bill es tan fácil hablar de cualquier cosa…
Parecerá una tontería…Pero Manme pensó que a Tom nunca le interesaría saber que ella de pequeña tenía una ranita que se llamaba Cro-Cro-Cro.
-¿En qué piensas? – Kaulitz le sacó de sus cavilaciones.
-En nada…

¿En nada?…
Manme empezó a darse asco a sí misma. ¿Qué le estaba pasando?
Ahora lo veía claro: Tom aún es un crío y se comporta como tal…Bill tiene la templanza de alguien que ha madurado (quizá por que no le ha quedado más remedio) hace mucho tiempo ya.
Y empezaba a darse cuenta de que en este momento de su vida…Lo que ella quería encontrar era algo así.
Pero…Por Dios…¿Por qué todo había cambiado tan repentinamente?
Hacia unos meses, cuando Tom le había regalado aquel libro (libro que por cierto ahora tenía abandonado, ya que el tiempo libre que tenía para leer, normalmente lo pasaba en compañía de Bill) y había dejado en el aire la duda de que fuera a pedirle algo…Importante y compremetedor… ¡A ella le había hecho ilusión!
Y ahora…Ahora…

Manme y Tom se miraron a los ojos. Los ojos de la primera parecían angustiados.
Sólo con mirarlos, Tom supo que algo iba mal.
Y supo que no era por la pequeña discusión que habían tenido días atrás.

&

-»Podemos quedar Mandy y tú…y Ann Katrin y yo…Salimos los cuatro por ahí, ¿qué te parece?»

Bill, victorioso, asintió aunque intentó resultar lo más casual posible.
En cuanto su hermano mayor supo que Bill había salido un par de veces con una chica, corrió a proponerle que salieran todos juntos.
Él no podía evitar sentirse feliz por el hecho de que Tom le incluyera en sus planes de nuevo.
Bill no soportaba a Mandy. Era como todas las demás. Pero iba a mantenerla a su lado fuera como fuera, ahora que sabía que al menos una utilidad tenía.

Aquella noche fueron al cine de verano. Las dos parejas se sentaron en la última fila.
No habían acabado los trailers cuando Tom y Ann Katrin empezaron a enrollarse.
Bill y Mandy vieron los trailers unos minutos más. O al menos, Bill fingiría prestarles atención.
Vale. Ahora podía estar junto a Tom, pero en contrapartida tenía que ver como le metía la lengua hasta la tráquea a La Lagarta.
Se preguntó si se había equivocado afirmando que merecería la pena tener que sufrir todo eso por unas horas más con él.
Pero entonces recordó cómo en la entrada su hermano había invitado a palomitas a todos, y para su sorpresa también había comprado una bolsita de Gummies sólo para él.
-¡Creía que ya no hacían Gummies! Cuando eras pequeño te encantaban.

Sí… Merecía la pena. Sin duda.

Los trailers eran interminables. O parecían interminables.
Mandy miró a Bill titubeante.
Tom y Ann Katrin seguían con lo suyo.
Bill entendió perfectamente el mensaje.
Un nudo se le formó en la garganta.
Pero sabía lo que estaban esperando de él, como sabía que tenía que hacerlo obligatoriamente si no quería fastidiarlo todo.
Así que sacó fuerzas de flaqueza…Y cogió con toda la dulzura que le fue posible fingir la mano de Mandy.
Acto seguido, ella se acercaría más a él. Bill empezaría a besarla segundos después. Intentó transmitir que realmente le apetecía hacerlo, cuando en realidad preferiría estar en una sala de tortura con alguien clavándole agujas bajo sus uñas.
Pero se ve que lo consiguió. El beso se volvió cada vez más húmedo y apasionado, y Mandy incluso hacía soniditos de aprobación tales como »mmm» de cuando en cuando.

En un momento que pararon para recuperar el aliento, Bill se atrevería a mirar discretamente a su derecha, hacia su hermano y la niñata. Los dos estaban increíblemente entrelazados el uno al otro, y Bill se volteó rápidamente cuando descubrió dónde tenía Tom las manos…: Masajeando eróticamente el trasero de Ann Katrin.
Mandy tomó la iniciativa esta vez y comenzaría a acariciar el estómago de Bill.
Bill tuvo la certeza de que si quería quedar bien, iba a tener que imitar a su hermano.

Iba a ser una noche larga…

Continúa…

por Earisu

Escritora del Fandom

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