
Tom. Temporada II
Capítulo 3
Por Tom
—¡Cuando termines de usar algo de la cocina, lávalo y sécalo para guardarlo! ¡Ya te lo he dicho miles de veces! —escuché exclamar al pequeño con obvio cabreo en su tono de voz.
«Aquí vamos de nuevo…».
—¡Tan solo es una estúpida taza! —contestó mi hijo elevando el tono también, entonces me apresuré a abandonar mi tarea en el cuarto para ir a apaciguarlos.
—¡Una estúpida taza que luego debemos lavar tu padre o yo, porque tú simplemente usas algo y luego lo dejas botado por ahí!
Llegué a la cocina y los vi discutiendo enfrentados. Fruncí el entrecejo algo cansado de que su relación no pudiera dar un vuelco a la amistad y continuase en enemistad desde que mi hijo regresó a nuestras vidas. Al principio todo parecía marchar bien, pero, día tras día, el vínculo entre ellos comenzó a tornarse cada vez más caótico. Entendía que Thomas no era el joven más ordenado de la ciudad, pero tampoco daba vuelta la casa.
—¡Bueno, perdóname por no ser tan ordenado como tú, Bill, pero he estado en una cárcel hasta hace poco y allí las cosas son diferentes!
—¡Has estado en la cárcel por imbécil! —lo empujó tras colocar ambas manos en su pecho.
—¡Hey! —lo regañé, ya que sabía perfectamente que comenzaba a decir cosas hirientes a causa de su enojo. Lo conocía demasiado y él no era así. Se encontraba sometido a mucho estrés y su comportamiento impulsivo lo gritaba por todos lados.
Ambos me miraron de inmediato.
—Me gritaste… —sus ojos se abrieron de par en par. Enseguida arrugó su frente en señal de molestia—. Me gritaste a mí, en lugar de gritarle a él ¡quien es el que deja todo tirado en el maldito apartamento! —acabó alzando la voz nuevamente y pasó entre medio de mi hijo y yo para enfilar hacia la habitación.
Thomas lo cogió del brazo antes de que se alejara y mi pequeño se volteó completamente cabreado. Yo hice un paso hacia ellos temiendo que mi hijo finalmente hubiera alcanzado su límite de paciencia con Bill.
—Deja de comportarte como un chiquilín. ¿Tanto escándalo por una puta taza? ¿En serio? —dijo y su expareja se soltó de un movimiento.
—No vuelvas a tocarme, maldito vio…
—Bill —corté lo que iba a decir inmediatamente. Me miró un segundo sin relajar su expresión de enojo.
—Déjalo, papá. Que diga lo que le venga en gana y se desahogue de una maldita vez a ver si así deja de armar tanto circo cada vez que estoy presente y nos trata como hombres en lugar de como basura.
—¿Yo te trato como basura? —indagó con indignación y apuntándose a sí mismo con el dedo índice—. ¿Crees que mi enojo contigo es puro circo? —hizo unos pasos hacia Thomas hasta que estuvo tan cerca de él que juraría que sentía el calor de la furia que le recorría el cuerpo—. ¡Puro circo fue nuestra relación de seis años, maldito infeliz!
Cuando sus manos se fueron otra vez hacia mi hijo con claras intenciones de empujarlo nuevamente, este lo cogió con fuerza por los lados de los brazos para enfrentarlo a él.
—No olvides que en ese circo tú actuaste voluntariamente desde un principio —dijo viéndolo fijo a los ojos y mi pequeño frunció ambas cejas.
Supe de inmediato que se refería a que Bill le mintió respecto a su amor, todos esos años, ya que él continuaba enamorado de mí.
—Chicos, basta —dije. Cuando ambos me miraron, mi pareja se soltó y salió del lugar enfilando hacia nuestra habitación. Segundos después, se oyó el portazo al encerrarse.
Respiré con profundidad.
—Lo siento mucho, hijo… Estas últimas semanas todo ha sido de esta manera aquí. Créeme que no tiene que ver contigo, sino con la presión que Bill recibe por parte de Heidi y su padre biológico —me disculpé con franqueza y coloqué ambas manos a los lados de mi cadera, en forma de astas, sin saber ya de qué manera manejar la situación.
—Está bien, papá, entiendo. Me gustaría poder hablar con él para ayudarte a tranquilizarlo, pero realmente es insoportable —dijo caminando hacia la sala de estar en donde buscó su abrigo y lo recargó en su brazo—. Perdóname, pero hoy no estoy de humor para cuidar de Bill. Deberás llevártelo al Club. Adiós.
Se marchó. Cerré mis párpados, cansado.
Thomas iba cada tarde a cuidar de mi pequeño, al salir de su trabajo, para que yo pudiera ir al mío en paz, sabiendo que tendría compañía y estaría a salvo. Pero el último tiempo sus peleas se acrecentaban y cada vez que yo regresaba del Club, mi hijo me entregaba la llave del departamento y se marchaba sin decir mucho. Ahora lograba entender por qué exactamente. Lo más probable era que sus discusiones fueran bastante subidas de tono durante mi ausencia, lo cual me demostraba también que Thomas en verdad había cambiado, ya que, a pesar de todo eso, en ningún momento descubrí una marca en mi pequeño a causa de un golpe, como tampoco él me había dicho que mi hijo le hubiera querido pegar o lo hubiese amenazado de alguna manera. De hecho, Bill se mostraba mucho más agresivo y confrontativo cuando Thomas andaba en la casa.
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Por Thomas
Acababa de salir del trabajo e iba camino al departamento de mi padre como cada tarde desde que hablamos y acordamos que lo haría con el fin de cuidar de mi expareja mientras él estuviera en el Club. No voy a mentir que lo había pensado mucho durante el día y todo el fin de semana, ya que, la última vez, las cosas con Bill no habían quedado nada bien. Sin embargo, ya era lunes de nuevo y necesitaba ver a mi ratoncito…
Desde que dejé las drogas y quedé completamente libre de sustancias, veía todo con mayor claridad. Podía razonar y tomar decisiones por mí mismo sin perjudicar a nadie y ya no tenía comportamientos impulsivos. Según lo que había hablado con los profesionales de la salud mental mientras estuve en prisión, al parecer, con las drogas, yo había construido una segunda personalidad que era violenta e inhumana, tras la cual escondía todos mis temores ejerciendo el mal. Ahora que hacía dos años estaba limpio, no podía hacer otra cosa más que pensar en ser una mejor persona cada vez, ya que había cometido demasiados errores en mi pasado y acabé por perjudicar a quienes me querían. Sobre todo, había dañado y perdido a Bill… eso era algo que jamás me perdonaría.
Cuando llegué a la cuadra donde estaba el apartamento de mi padre, llamó mi atención que un tipo de cabello rubio y recogido en una coleta baja, con ropas de cuero, estuviese tratando de ingresar al edificio con una llave que parecía no ser la de allí, ya que la colocaba en una posición y en otra, sin resultados.
—Hey, amigo, ¿tienes problemas para entrar? —le pregunté a aquel tipo que estaba de espaldas a mí y, cuando volteó a verme, su aspecto me hizo retroceder como si hubiera visto una serpiente venenosa a punto de atacarme—. Dios mío…, Bill…
—¿Cómo sabes mi nombre, muchacho? —interrogó alzando la ceja en la que portaba un piercing, y frunció el ceño. Su voz era grave, pero suave.
—¿Bill? —cuestioné e inmediatamente conecté a ese sujeto con mi expareja. No pude ocultar mi asombro—. Eres tú… ¿tú eres el padre de mi ratoncito?
—¿De quién? ¿Quién diablos eres tú?
—Yo soy la expareja de tu hijo Bill.
Alzó ambas cejas, sorprendido, y una media sonrisa encrespó el lado derecho de su boca.
—Ohh… entonces tú eres el hijo de Tom, ¿cierto?
—¿Cómo sabes eso?
—Mi esposa y yo sabemos todo sobre vosotros. Más precisamente, que tú has estado en la cárcel, niño bonito. Y ahora que te veo mejor… en verdad te pareces mucho a Tom. Eres como una versión joven de él —dijo acercándose a mí y acomodó mi cabello tras mi oreja. Aparté su mano de un guantazo.
—No te atrevas a tocarme otra vez.
—Oye… pero qué carácter —rio y sacó una cajetilla de cigarros del bolsillo frontal de su chaqueta de cuero para extraer un cigarro y prenderlo—. ¿Y por qué mi hijo te dejó, Tom junior? ¿Acaso solo le gustan mayores como a mí? —interrogó con el pitillo colgando de sus labios, con obvias intenciones de provocarme, lo cual estaba logrando, ya que un fuego se desató desde mis pies hasta mi rostro.
—Bill y yo terminamos por razones personales.
—¿Y tan tranquilo te has quedado con que te haya cambiado por tu padre? —indagó luego de exhalar el humo y suspiró haciendo la mirada a un lado con el entrecejo fruncido en una falsa mueca triste.
—Bill no me cambió —contesté con molestia y miré a mi derecha, movilizado por los recuerdos—. Lo nuestro simplemente no funcionó y él rehízo su vida con mi padre, es todo.
—Eso suele decir la gente cuando no quiere aceptar que fue abandonado.
Escupió con todas sus malas intenciones plasmadas en cada palabra, entonces, me acerqué a él, le arrebaté el puto cigarro de esa asquerosa boca para arrojarlo al piso, y le apunté con mi dedo.
—No te pases de listo, amigo. Ya que sabes tanto sobre mí, de seguro debes conocer también la razón por la que me encerraron durante dos años —dije viéndolo a los ojos. Él entrecerró los suyos—. Créeme que me he esforzado por ser un tipo distinto a aquel que casi asesina a su propio padre, pero tu repentina aparición comienza a tentar a mi lado oscuro.
Se quedó viéndome en silencio por unos segundos.
—Me agrada esa oscuridad… Yo puedo ayudarte a recuperar lo que te han quitado —sonrió de lado—. ¿Te interesaría saber un poco más?
Lo miré sin entender una coña. ¿Qué le pasaba a ese tipo?
—Lárgate de aquí o llamaré a la policía. Estás obstruyendo el paso en la entrada del apartamento donde vive mi padre y, sumado a lo que acabas de decirme, es razón suficiente como para creer que lo estás acosando e intentas algo en su contra —lo miré con recelo—. Así que, si no quieres problemas, vete.
—Pero qué mal genio te cargas, chaval… tu padre me cae mejor —respondió echándome una despectiva mirada de arriba abajo y se marchó.
Antes de tocar el timbre del departamento de mi padre, mantuve mi atención en él hasta que me aseguré de que hubo desaparecido de mi vista. Había sido un encuentro de lo más extraño.
*
*
*
—¿De qué diablos estás hablando, papá? —pregunté levantándome del sofá inmediatamente y él me pidió que bajara la voz mientras que a sus manos las mantenía en el aire, en dirección hacia mí, frente a su torso. A pesar de mi molestia, apreté los párpados y hablé en un susurro tras haberme aproximado un poco más a él—. ¿Por qué demonios me dices esto?
—Ambos sabemos que soy mucho mayor que Bill y estas personas son realmente peligrosas.
—Solo se trata de una exenfermera y un músico de mala muerte que da shows para no morirse de hambre, es todo.
—No, hijo… ojalá fuera tan patético como eso —dijo haciendo su rostro a un lado y suspiró. Se devolvió a mí—. He estado investigándolos y sus antecedentes lograron ponerme en alerta.
—¿Qué? ¿Tanto?
—Sí. Heidi no es una exenfermera porque haya dejado de ejercer a voluntad propia, sino que le han revocado la matrícula por sobremedicar a muchos de los pacientes que cuidaba en un asilo para ancianos en donde trabajó durante diez años —abrí los ojos sobremanera—. La echaron y debió ponerse a trabajar de forma independiente fuera del país, en donde casi mata de una sobredosis a esos pobres viejos, porque, al reconocerla aquí en Alemania, nadie quería contratar sus servicios; mucho menos ser cuidados por ella —respiró con profundidad antes de continuar hablando—. Y William, tras regresar aquí, sí comenzó a dar algunos shows en distintas ciudades para ganarse unos dólares. Sin embargo, ha sido enjuiciado en dos oportunidades por comercialización de fármacos para pacientes de la tercera edad. Si bien no he encontrado información que relacione esto con los delitos de Heidi, no me caben dudas de que son el uno para el otro y han estado involucrados ambos, juntos, sin delatar al otro, en diversos delitos.
Todo lo que estaba diciéndome, era una maldita locura. Parecía sacado de una película de ciencia ficción. Realmente Bill había estado lejos de las personas equivocadas durante muchos años y había sido lo mejor que le pudo haber pasado.
—Hijo —me llamó y lo miré de inmediato. Sin darme cuenta, me había quedado flotando en mis propios pensamientos—, ¿lo harás?
—Papá, no quiero que pienses así.
—Necesito tener la tranquilidad de que, si algo me pasa, tú cuidarás de Bill —fruncí el entrecejo con el dolor de imaginar que algo malo pudiera ocurrirle a mi padre rasguñando mi pecho y consiguiendo que me sintiera culpable por todo el mal que le había hecho años atrás—. Por favor… Acabas de toparte con William en la entrada del edificio y te he dicho que ha tratado de conseguir que lo hiciera pasar, sin resultado. Por ello te dije que hoy decidí, a último momento, no ir al Club. Sé que seguirá insistiendo y algo deberé hacer al respecto. Necesito alejar a Bill del peligro y tú bien sabes que somos la única familia que tiene.
Me quedé en silencio por unos momentos, entonces, asentí con la cabeza. Él cerró los párpados y respiró con profundidad, como si mi silenciosa respuesta le hubiera quitado un gran peso de encima.
—¿Tienes prisa?
—No, ¿por qué?
—Quédate un momento con Bill, debo ir al Club. Ayer olvidé mi computador —soltó de pronto y cogió su abrigo del perchero junto a la puerta para colocárselo con rapidez.
—¿Por qué no la buscas mañana? Es muy tarde y dijiste que hoy no irías…
—Ya vuelvo —fue su respuesta y se marchó.
Me mantuve quieto, pensando en por qué le urgía tanto ir a buscar su computador a esas horas, si al otro día debía regresar… cuando una voz rompió el silencio en el que me sumergía.
—¿Tom? —dijo mi expareja, entonces me hice ver tras hacer un par de pasos en dirección hacia donde él estaba. Arrugó la frente—. ¿Thomas? ¿Qué haces aquí? ¿No te dijo tu padre que hoy no debías venir? —miró tras de mí al estirar un poco el cuello, como buscando algo o a alguien. Retrocedió—. ¿Dónde está Tom?
—Me dijo que debía ir al Club.
—Pero si decidió tomarse la tarde… ¿Y a esta hora fue? —enarcó una ceja—. ¿Por qué?
—A buscar su computador y regresará enseguida. Fue todo lo que dijo.
—Pero, ¿por qué ahora?
—Es que…
—¿Por qué diablos debió salir a esta hora de la noche? —me interrumpió manifestando su descontento con la situación.
—No lo sé, ratoncito —se me soltó de los labios aquel apodo al prestarle un poco más de atención.
A pesar de que su expresión era la viva imagen del enfado mismo, sus ojos se veían cansados al igual que la manera en la que se sostenía en pie, a unos metros, frente a mí. Vestía un pijama blanco y su cabello rubio estaba todo alborotado como siempre lo había llevado. Estilo que, asimismo, le quedaba jodidamente bien. Fue entonces… que lo supe.
( PLAY ► Не смогу забыть – JONY)
Yo aún no había podido olvidarlo. Su mirada me tenía atado a la pureza de su alma; un alma que yo mismo me había encargado de ensuciar y destruir por ser un maldito imbécil inmaduro que solo pensó en sí mismo.
—Lo siento… —me apresuré a hablar cuando sus cejas se alzaron muy levemente al escucharme, suavizando su expresión de enojo—, no quise llamarte así…
—Está bien, Thomas. No me molesta que lo hagas —me interrumpió empleando su más sincero tono de voz—. Creo que es a Tom a quien no le agrada.
—¿Puedo llamarte así cuando no estemos en presencia de él, entonces?
Una tierna, aunque vaga mueca se dibujó en sus suaves labios al sonreír.
—Sí, por supuesto que puedes.
Noté que se acercaba adonde yo estaba, pero pasó de mí para abrir la puerta y salió un momento. Su dulce perfume acarició mi olfato, pero lo seguí de inmediato, ya que me percaté de que estaba buscando a mi padre con la mirada.
—No debiste permitir que saliera, Thomas.
—No me dio tiempo a hacer mucho. Él solo me pidió que me quedara y se fue.
—Lo único que tenías que hacer era negarte —agregó en un nuevo tono molesto y se abrazó a sí mismo, frotando sus brazos entre sí—. Ni eso puedes hacer bien.
Me di cuenta de que me hablaba de ese modo cuando estaba nervioso por algo y la noticia que acababa de darle, evidentemente, era suficiente motivo para que se estresara.
Me quité la chaqueta y lo cubrí con ella sin responder a su comentario. Giró su rostro para verme. Tragué saliva, nervioso, al tenerlo tan cerca y mi mirada se clisó en sus labios por un efímero instante.
—Puedes terminar de odiarme adentro del departamento. Aquí hace mucho frío, ratoncito… solo traes puesto tu pijama; te enfermarás —dije con tranquilidad viéndolo a los ojos—. Mi padre dijo que volvería pronto.
Se devolvió a mirar hacia el ascensor para después hacer su rostro a un lado y asentir.
—De acuerdo…
Entramos.
Pasó hora y media y mi padre no volvía.
—Es tarde, ¿no prefieres ir a dormir? —sugerí tras ver que se esforzaba por mantener los ojos abiertos—. Yo me quedaré a esperarlo despierto.
—No, estoy bien. Prefiero permanecer aquí.
—Bill…, estás que te caes del sueño. Vamos, ve a descansar.
Insistí, pero negó con la cabeza y se reacomodó en el sillón. Sabía que estaba cansado, mi padre me había contado que él se quedaba hasta altas horas de la madrugada preparando el tema de su tesis. Eso, sumado a la situación con Heidi y William, su descanso era casi nulo y empezaba a notarse en sus ojeras, no solo en su comportamiento explosivo.
—Ódiame si quieres, pero no soportarás mucho más tiempo despierto.
—Yo no te odio, Thomas —soltó de repente y aguardé a que continuara—, solo estoy…
—Estresado y preocupado —lo interrumpí para que no continuara hablando sobre un tema del cual prefería no saber más—. Lo imagino. Han pasado muchas cosas en muy poco tiempo y es entendible que todo ello te tenga nervioso y explotes; pero está bien. También acepto que yo te traté muy mal años atrás y, el modo en el que me tratas desde que volvimos a vernos, es una forma de saber cómo te sentiste. Lo merezco.
—Oh, no, Thomas, yo no lo hago por venganza ni para mostrarte nada.
—No importa, Bill —volví a interrumpirlo viéndolo fijamente—. Realmente no me importa. Sabes que no soy un tipo sentimental.
—No, no lo sé.
—¿De qué hablas?
—De ti —dijo en tono calmo. Entrecerré los ojos sin comprender—. Durante nuestro tiempo juntos años atrás, en ocasiones, al menos conmigo, fuiste sentimental… De hecho, creo que era esa parte de ti la que no podía dejar ir, porque creía que había algo realmente bueno en tu interior que solo yo era capaz de ver. No todo entre nosotros fue oscuro, ¿sabes? Por momentos, aunque pocos, pero momentos al fin, te mostrabas bueno conmigo. Conozco tu historia, Thomas, y nunca antes habías tenido una relación de pareja; siempre eran ligues pasajeros para saciar tu sed de sexo de aquel entonces. A pesar de que al final me engañaste… me mantuviste a tu lado por seis años, ¿por qué? ¿Por qué, luego de usarme, no me botaste como al resto?
Lo miré unos segundos antes de responder.
—Tal vez porque solo tú intentabas hacer algo con eso bueno que veías en mí, a diferencia del resto, que siempre se enfocó en mi oscuridad y dejó que me hundiera en ella. Tú no eres como el resto.
Un incómodo silencio nos abrazó a ambos mientras ninguno apartaba la mirada del otro.
—A ver, muévete —dije al cabo de otros largos segundos sin hablar. Alzó las cejas, sorprendido, pero se movió hacia un lado cuando yo me acomodé junto a él y lo ayudé a recostarse sobre mi regazo.
—¿Qué haces?
—No se necesita ser un genio para notar el agotamiento en tu rostro —respondí enarcando una ceja y desviando completamente el tema del cual hablábamos instantes atrás. Él me miró con sorpresa otra vez e iba a decir algo, pero no lo dejé—. No quieres ir a tu habitación y yo estoy muy incómodo en esas sillas, así que, si no te molesta, compárteme un poco del sofá así mañana no amanezco con la espalda hecha trizas, y tú te duermes tranquilo mientras ambos esperamos aquí a que mi padre llegue. ¿Estás de acuerdo?
Se quedó viéndome unos momentos, parpadeando incrédulo, hasta que finalmente asintió sin decir nada y se acomodó, de lado, para apoyar la cabeza en mis piernas. Colocó ambas manos bajo mi muslo y respiró con profundidad. Yo tragué saliva y lo cubrí con mi chaqueta. Acaricié su cabello con sutileza notando cómo, poco a poco, su respiración se hacía cada vez más pacífica y todo su cuerpo se relajaba hasta que cayó en sueños. Me dediqué a observarlo desde mi posición, recordando los años que habíamos pasado juntos y cuánto de ellos quería borrar por completo. Los pocos momentos de felicidad que habíamos vivido no bastaban para reparar todo el daño que le había causado.
Había hablado en mi terapia acerca de lo que hice en lo que llevaba de vida, que era lo mismo que me había llevado a donde estaba en ese instante, y jamás me perdonaría todo el dolor que le había ocasionado a la única persona que me quiso y trató de hacerme un hombre diferente.
Bill conoció todas mis facetas. A pesar de que yo entendía que él siempre había amado a mi padre, jamás dejó de intentar ayudarme a ser un mejor hombre, pero yo no valoré aquella parte de él que me obsequió. Ahora me daba cuenta de todo cuanto había perdido.
Yo no me perdonaba haberlo perdido a él.
Se movió levemente y se reacomodó rodeando mi cadera con sus brazos al cambiarlos de posición. Suspiré.
«Jamás voy a olvidarte, ratoncito».
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Por Tom
Entré a mi apartamento y las luces estaban encendidas. Caminé hacia la sala y me encontré con mi pequeño y mi hijo dormidos en el sofá. Thomas estaba con una mano sobre el hombro de Bill, y el otro estirado en el espaldar del sillón al igual que su cabeza. Mi pequeño tenía la suya, y casi medio cuerpo, encima de su regazo acurrucado de espaldas a mí. Cerré los párpados un instante y respiré profundamente. Mi hijo estaba cuidando de él y, al parecer, comenzaban a llevarse mejor, de lo contrario, Bill no habría permitido que su expareja se le acercara de esa forma.
Thomas estaba haciendo un buen trabajo consigo mismo; al fin se había convertido en un hombre de fiar.
Me acerqué a ellos y moví levemente a mi hijo para despertarlo sin que se asustara. Abrió los ojos con pesadez y, cuando me vio frente a él, los abrió aún más al igual que sus cejas se alzaron. Le hice un gesto con mi dedo sobre mi boca para que permaneciera en silencio.
—Hey, shh… ya estoy aquí…
—Papá… ¿qué hora es? —preguntó en un susurro y miró su reloj de pulsera inmediatamente. Sus ojos se abrieron sobremanera de nuevo—. ¿Qué mierda? Son las cuatro de la mañana, ¿dónde estabas?
—Hijo, por favor, shh…
Lo ayudé a ponerse de pie alzando un poco el cuerpo de mi pequeño sin llegar a despertarlo. Igualmente, sabía que no despertaría con facilidad. Hacía semanas dormía muy poco y, que se hubiera dormido de esa manera con mi hijo, me indicaba que en verdad había llegado a su límite de aguante.
Salimos del apartamento para hablar más tranquilos.
—Siento mucho haberte dejado hasta esta hora, sé que mañana debes trabajar, no me di cuenta del tiempo… —dije apenado, ya que no creí que demoraría tanto en regresar.
—Y una mierda —me interrumpió y alcé ambas cejas—. Me la pela el trabajo. Dime, ¿qué demonios está pasándote? ¿Adónde te habías metido? No vi que hayas traído tu laptop contigo, como tampoco que la hubieras dejado sobre la mesa —me miró con recelo y yo hice mi cabeza a un lado.
—Estoy tratando de resolver la situación.
—¿Resolver la situación? ¿Qué situación?
—Te hablé de eso estos días. Sobre todo, antes de irme anoche…
Parpadeó como si su razonamiento lo hubiera abofeteado tras atar los cabos sueltos.
—No me digas que vas a liarte con esos dos… dijiste que eran muy peligrosos.
—Debo enfrentarlos.
—¿Tú solo? ¡No puedes! ¡Déjame ayudarte!
—¡No!
—¿¡Por qué!? —alzó la voz una vez más y yo cerré los párpados preparándome para darle la explicación que llevaba guardando hacía semanas.
—Ellos creen que Bill ha cobrado la herencia que Jörg le dejó y que el dinero lo tiene escondido en alguna parte. Están desesperados por hallarlo y me amenazan a diario con hacerle daño. No importa de dónde se contacten, no dejan rastros luego que pueda usar para dar aviso a la policía —frunció el entrecejo sin comprender—. Yo tengo dinero de inversiones que he hecho a lo largo de mi vida y estoy tratando de apaciguarlos con eso. El problema es que no se detienen. Todo lo que estoy haciendo, sé que se ve extraño y hasta descabellado por los horarios con los que debo manejarme últimamente, pero, créeme, es lo mejor para Bill.
—¿Y para ti? —me miró fijamente—. Contesta. Es lo mejor para Bill, ¿pero es también lo mejor para ti?
—Yo no importo, hijo. Tengo quince años más que él, he vivido lo suficiente. Mi pequeño no, y no permitiré que su vida se acabe con premura solo por la codicia de esas dos lacras.
—No seas estúpido, papá. Necesitas de mi ayuda. Sabes que puedo brindártela. Basta con que haga un par de llamados a Leipzig para que vengan aquí y los desaparezcan del mapa.
—No —lo interrumpí de inmediato alzando la mano en un gesto de casi apuntarle con mi dedo índice—. Tú no puedes meterte en problemas, porque tu problema más grave se encuentra en pausa hasta que se cumpla tu condena. Además, no quiero que vuelvas a contactarte con gente de tu pasado. Por caminos muy fangosos te han hecho caminar esas personas y casi te hundes —abrió la boca para hablar, pero no lo dejé—. Me prometiste que serías un hombre nuevo y estoy comprobándolo día tras día al observarte, por eso deposité mi entera confianza en ti al dejarte a cargo de la seguridad de Bill.
Lo miré con tristeza, debido a que omitía el detalle de que no solo me amenazaban con dañar a Bill, sino que también conocían la forma de involucrar a mi hijo en ello, lo cual lo desfavorecería frente a la Justicia y lo llevaría a una cadena perpetua asegurada.
—Por favor, no me decepciones. No permitiré que arruines tu vida por ayudarme a solucionar algo que no tiene que ver contigo, hijo —mis ojos se llenaron de lágrimas tras pensar en lo próximo que le diría—. Sé que quieres a Bill, lo he notado —hice un gesto tratando de sonreír—. Si algo de todo lo que estoy haciendo, sale mal, solo tú lo sabrás y quiero que seáis felices juntos. Si él te acepta y tú quieres construir algo sano con él, hacedlo en mi ausencia. Dale a Bill todo lo que yo no pude… debido a que el tiempo corrió más rápido que mi vida.
—Papá… —dijo en un quebrado susurro y lo abracé. Él me correspondió y ese fue el primer abrazo que le daba a mi hijo… y, aun así, fue el más doloroso, ya que presentía que podía ser el último.
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07 de Mayo de 2018, 02:15 a. m.; Wiesenerstraße, Berlín.
Por Thomas
—¡Un momento! —grité asomando la cabeza por la puerta del cuarto de baño, ya que estaba a punto de ducharme. ¿Quién rayos era a esa hora de la madrugada? No podía ser el viejo de la renta, porque ya la había pagado hacía dos días; un tanto tarde, pero estaba paga. Abonaba de manera semanal por políticas del dueño, cosa que no me molestaría en lo absoluto de ser ese tipo un tío sensato. Sin embargo, no era el caso.
No tenía razones para regresar luego de la charla acalorada que tuvimos la semana anterior. A menos que el depósito se hubiera demorado en llegar… Maldita sea, no otra vez.
Rodeé mi cintura baja con una toalla y me dispuse a abrir. Me encontraba descalzo, desnudo —a excepción de la toalla que me cubría— y sudado, ya que había estado haciendo ejercicio hasta tarde en la noche luego de que mi padre me avisara con anticipación que no debía ir a su apartamento. Abrí la puerta sin importarme que ese viejo me viera en tales condiciones. Si él era tan inoportuno y descarado en molestar a esa hora como ya lo había hecho en otras oportunidades, entonces no me importaba recibirlo de esa manera.
Vaya sorpresa la mía cuando vi realmente quién estaba al otro lado.
—¿Ratoncito? —pregunté asombrado y me abrazó con fuerza—. Hey…, ¿qué pasó?
—Me dejó… —apretó más fuerte su cuerpo contra el mío—. Tom, me dejó… —agregó y comenzó a llorar. Yo lo rodeé con mis brazos y lo ayudé a ingresar a mi apartamento sin entender nada.
—Ven, cuéntame —hablé mientras nos dirigíamos hacia el sofá—. ¿Cómo que te dejó? ¿Por qué?
Se limpió las lágrimas al enderezarse en su lugar, ya sentado, y yo le extendí un puñado de servilletas —que fui a buscar de manera rápida luego de hacer que se acomodase en el sillón—, y me senté a su lado. Las cogió y se sonó la nariz.
—Más bien, la pregunta acertada es “¿Por quién?”.
—¿Cómo dices?
—Esto va a sonar como una tomadura de pelo o quizás sea el sabor del karma —comenzó a decir aún sin mirarme—, pero tu padre se acuesta con el mío —continuó y alzó la cabeza para verme directo a los ojos.
Me fue inevitable levantar las cejas, completamente asombrado, ya que hubiera esperado cualquier respuesta, excepto aquella.
¿Mi padre se acostaba con un tipo de su edad? ¿Acaso no le iban los menores?
«No lo juzgues, Thomas… tranquilízate», me corregí de inmediato en mi mente. Ese era el pensamiento del Thomas del pasado, el prejuicioso y que siempre buscaba todo lo negativo en las personas de su alrededor, porque no sabía convivir con nadie; pero ya no era más ese tipo. Además, que lo que me decía, no coincidía con lo que mi padre me había dicho días atrás.
—Puedes burlarte, estás en tu derecho —dijo agachando la mirada, de seguro ante mi demora en responder. Lo cogí por el mentón con suavidad e hice que me viera otra vez.
—Hey… esto no es motivo de burla, Bill. Sé que hemos pasado por muchas cosas nada agradables, pero créeme que entiendo cómo te sientes —dije con voz calma y él pestañeó con tristeza—, y jamás me burlaría de ti. ¿De acuerdo? —asintió con cierta estupefacción en su rostro—. Ahora, dime: ¿Cómo estás tan seguro de que mi padre te engaña con el tuyo? ¿Quién te dijo eso?
Se apartó un poco y sacó su móvil del bolsillo de su chaqueta para enseñármelo.
—Él mismo.
Le eché un vistazo y… bien, ahora no me cabían dudas. Estaba mostrándome un chat con mi padre en donde le enviaba fotos con William en la cama, de lo que parecía un Hotel, y debajo había escrito:
“Debes saber que ahora soy el protector de alguien más. Ya no puedo seguir ocultándotelo. William y yo estamos juntos desde hace meses. Todo lo de la herencia no fue más que un show para poder vernos otra vez; pero ya no necesitamos seguir actuando. Tienes dos días para recoger tus cosas e irte de mi apartamento, Bill. Ya no te quiero en mi vida”.
Arrugué la frente, ¿qué clase de mensaje era ese? Aquellas líneas sonaban totalmente ajenas a cómo mi padre solía escribir. Sin mencionar que ese era un medio de comunicación por el cual él jamás transmitiría algo como eso. Si algo tenía claro y de lo cual no me cabían dudas, era que mi padre siempre afrontaba todo tipo de situaciones, cualesquiera fueran las circunstancias. Me lo había demostrado.
Dejó el teléfono en mis manos y se echó hacia atrás para acomodarse en el sofá.
—Todavía no puedo creerlo. Estuve releyendo el mensaje e intentando comunicarme con él más de cien veces, pero pareciera que, ni bien me envió ese texto, apagó su móvil para que no pudiera contactarlo de nuevo —se limpió las lágrimas con la servilleta y me miró otra vez—. Anoche me dijo que había hablado contigo para que no fueras hoy a nuestro departamento, porque no era necesario que me acompañaras. Hoy se fue temprano informándome que haría un turno extra de entrenamiento porque el fin de semana debían competir y sus alumnos necesitaban practicar más. ¿Resulta que todo eso fue un cuento armado para finalmente dejarme? ¿Estuve viviendo una mentira todo este tiempo? —rio insonoro y meció su cabeza para desviar su atención hacia otro lado—. El maldito mentiroso me engañó con mi verdadero padre quién sabe desde hace cuánto.
—Aquí dice que desde hace meses… pero eso me parece absurdo.
Se puso de pie y colocó ambas manos a los lados de su cadera formando astas con los brazos.
—Mi madre eligió a William antes que a mí. Ahora el hombre que amo también lo elige a él antes que a mí. ¿¡Por qué!? —se volteó viéndome con indignación y dolor en su rostro—. Esto debe ser una especie de pago de alguna mierda que hice en mi otra vida.
—Bill… —iba a decir algo, ya que realmente era una jodida locura y todo aquello me recordaba a lo que mi padre me había dicho casi una semana atrás respecto a “si algo de todo lo que estoy haciendo, sale mal, solo tú lo sabrás”, pero mi expareja continuó hablando.
—Siento mucho molestarte con esto, sé que se ve muy hipócrita de mi parte, pero en verdad no supe qué hacer —dejó caer su trasero en el sofá una vez más—. Vi esas fotos, leí ese mensaje y no pude hacer más que salir del departamento de Tom y comenzar a caminar sin rumbo, pensando en miles de cosas y a la vez en nada. Tratando de encontrar una explicación razonable a algo que ya había visto y leído, y que aún no tenía sentido en mi cabeza. Ni me molesté en recoger mis pertenecías como me pidió, todo sigue allí. Todavía me cuesta asimilarlo. Todo es tan confuso e irreal… —otra lágrima trazó un surco por su mejilla izquierda hasta su mentón—. Cuando el frío me envolvió el cuerpo, reaccioné y supe que no podía seguir vagando por las calles, mucho menos regresar al departamento, así que, con el poco dinero que traía encima, tras haber salido del lugar tan solo con lo que tenía puesto, tomé un taxi y le pedí que me trajera aquí —me miró con tristeza—, y durante el camino, toda la situación pareció haberle dado una paliza a mi sistema límbico, porque empecé a llorar de rabia, aunque también angustiado y con miles de dudas…
Su mirada flotó hacia un lado y de pronto se puso en pie y llevó ambas manos a su cabeza, echando todo su rubio y ondulado cabello hacia atrás al arrastrarlo con los dedos. Yo me levanté también aguardando por lo siguiente que diría.
—Dios mío, no puedo ser tan basura —soltó repentinamente y se volteó para mirarme.
—¿De qué estás hablando?
—Perdón, Thomas. Yo no debí acudir a ti después de lo que pasó entre nosotros y de lo mal que me he portado contigo este último tiempo. Lo siento tanto… —agregó y, al darme cuenta de que me daba la espalda para enfilar hacia la salida, lo detuve.
—Hey, hey… aguarda un momento —dije. Cuando conseguí que se girara, busqué su mirada tras colocar una de mis manos en su mejilla—. ¿De qué hablas? ¿Adónde irás?
—No lo sé, por ahí… —respondió intentando esquivarme, pero lo interrumpí y volvió a verme.
—¿De verdad piensas que permitiré que vayas “por ahí”? —enarqué una ceja—. Ambos sabemos que no tienes adónde ir, Bill, y no te dejaré a tu suerte a estas horas de la noche. Te quedarás aquí.
—Pero, Thomas, yo no puedo quedarme…
—¿Por qué no? ¿No confías en mí?
Su silencio me gritó en toda la cara que no; definitivamente, él no confiaba en mí. Hice mi rostro a un lado y fruncí el entrecejo sintiendo un dolor muy particular en el pecho.
—Lo siento…, a pesar de lo que hablamos, aún me cuesta confiar en ti…
—Lo sé —me devolví hacia él—, no tienes que disculparte, Bill. He perdido tu confianza porque fui un cretino y lo acepto. Tú quédate aquí en mi apartamento hoy, me iré a un hotel. No quiero que andes solo por esta zona. No es segura; mucho menos para un hombre tan hermoso como tú.
—Thomas… —carraspeó—. eso no pasará —agregó en tono firme y con el ceño fruncido—. Tranquilo, no permitiré que vayas a otro lugar, este es tu hogar. Acepto quedarme esta noche y, al despertar, veré qué hacer. En un par de semanas debo regresar a la Universidad, allí podré focalizarme solo en ello y comenzaré mis pasantías, las cuales serán pagas. Solo entonces, me acomodaré un poco con el dinero y podré mantenerme.
—No quiero que te sientas incómodo por dormir en el mismo lugar que yo.
—Está bien, no te preocupes —dijo colocando una mano a un lado de mi hombro desnudo—. Creo que no solo estoy nervioso y desbordado, sino también un poco paranoico con toda esta situación. En el tiempo que llevas en contacto con tu padre y conmigo me has demostrado haber cambiado. Si tú pudiste cambiar tu forma de verme, yo también puedo cambiar la mía respecto a ti.
Una tierna sonrisa se dibujó en sus labios, sin apartar la mirada de la mía, y mi corazón se aceleró.
—No tienes nada que temer, Bill. De verdad siento mucho todo lo que te hice en el pasado y por ello me he esforzado por cambiar.
—Te creo, Thomas… —me abrazó y yo le correspondí acariciando su cabello con suavidad. Cerré los párpados—. Te creo.
.
Por Bill
Al tener mi cabeza sobre su pecho percibí los rápidos latidos de su corazón, entonces decidí romper la tensa atmósfera que repentinamente se había ceñido a nuestro alrededor.
—Oye, Thomas…
—¿Mm? —preguntó haciendo un leve sonido desde su garganta.
—Hueles muy mal —solté aguantando la risa. El movimiento de su mano sobre mi cabeza, se detuvo.
—Pues… porque todavía no me he bañado —me apartó un poco para que lo viera desde mi posición al alzar la cabeza—. Estaba a punto de hacerlo cuando tú tocaste a la puerta.
Aunque sin ganas, reí.
—Pero hiedes a sudor como si no te hubieras duchado en días —bromeé tapando mi nariz con dos dedos, para fingir que no aguantaba su olor. Necesitaba distraerme o mi presente me comería vivo.
—¡Oh, no exageres! —exclamó divertido y se alejó encaminándose hacia otra habitación—. He estado toda la tarde ejercitándome en el gimnasio y hacía unos minutos había regresado de correr, porque me gusta hacerlo en las noches. Ahora iré a ducharme y tú acomódate en donde quieras dormir —agregó desde aquella habitación y, cuando cerró la puerta, oí el sonido de la regadera tras ser abierta. Supe entonces que acababa de meterse a la ducha tal y como me había dicho.
( PLAY ► Goodbye – Secondhand Serenade)
Respiré con profundidad y volví a sentarme en el sofá.
Bien. ¿Estaba lo suficientemente preparado como para pasar la noche a solas en el departamento de Thomas, mi expareja y quien había abusado de mí en varias oportunidades luego de maltratarme años atrás mientras estuvo intoxicado? ¿Era posible que su comportamiento hubiera dado un giro de ciento ochenta grados y que ya siquiera quedara la sombra de aquel joven violento que me atormentó durante tanto tiempo? Hacía dos meses había salido de la cárcel y, tanto su actitud como su comportamiento, habían sido intachables al relacionarse con Tom y conmigo. Sin embargo, no debía olvidar que nuestro trato siempre estuvo mediado por su padre y ahora él no estaría, porque… me había dejado.
Mis ojos se llenaron de lágrimas una vez más y decidí recostar mi cuerpo en el sillón donde estaba.
¿Acaso Tom también había cambiado y ya no era el mismo hombre del que me enamoré durante mi adolescencia? ¿Por qué habría de cambiar él? ¿Se habría aburrido de mí, un joven de veinticinco años, y ahora se entendía mejor con un tío que era de su edad y que, casualmente, era como una versión de mí, pero en otra etapa de mi vida?
—¿Por qué me cambiaste por William, Tom? Creí que me amabas… —musité en tono ahogado pese a mi tristeza—. ¿Por qué, mi amor…? —cerré los párpados y empecé a llorar hundido en un mar de incertidumbre.
Mi pecho dolió.
Continúa…
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Eso fue una trampa, pero ahora ya no se si quiero que se quede con Tom o Thomas 🥴
Todos fuimos picados por el bichito de esa incertidumbre 🤣 jajaja