
Tom. Temporada II
Epílogo/Anexo (P.2)
Por Tom
Oímos que tocaban a la puerta y ambos nos volteamos. Repentinamente, el recuerdo de que Miki iría a verme porque estaba interesado en mí y quería conocerme, me azotó de manera abrupta. Tomé al pequeño con ambas manos a los lados de sus brazos y lo hice verme otra vez.
—Pequeño, necesitas saber que quien toca a la puerta es probable que sea un joven que Geo envió para conocerme, porque él insiste en que yo… —colocó un dedo sobre mis labios.
—Shh… tranquilo, mi amor —su mano derecha se posó en mi mejilla izquierda y sonrió con calidez—. Soy yo… Ese chico que Georg envió para verte, era yo. Él me contó toda la verdad e ideó esa mentira blanca para que nos reencontremos.
—Pero… son más de las ocho, el horario que él me dio fue el de las seis treinta.
—Sí, es que mi vuelo se retrasó y no pude llegar antes —explicó con calma y oímos tres nuevos toques.
—¿Quién toca ahora, entonces? Él y yo somos los únicos que tenemos la llave de la oficina.
Metió la mano en su bolsillo y me enseñó el juego de llaves de mi hermano.
—¿Quién crees que tiene las suyas? —rio—. Ábrele, por favor. Debe necesitarlas.
Abrí la puerta y sí, era Geo. Me miraba con una media sonrisa y una de sus cejas en alto.
—Vengo por mis llaves, hermano —dijo extendiendo su mano a palma abierta. Se la entregué y susurré un gracias. Él me guiñó un ojo y se marchó.
Volví a cerrar.
El pequeño estaba tras de mí, entonces me abrazó una vez más. Yo lo envolví con mis brazos, sin embargo, se separó escasos centímetros para ver poco más arriba de mi pecho.
—Me di cuenta de que no te has quitado la cadenita y que incluso has agregado tu propio anillo de compromiso. ¿Dónde estaba?
—Geo lo guardó todo este tiempo, mi amor, y me lo devolvió cuando llegué aquí, a Los Ángeles. Estos meses, fue mi forma de mantenernos unidos.
—Ahora mismo se me ocurren otras maneras de unirnos en carne propia, Coach Trümper… —soltó de pronto y sus ojos llorosos de emoción se oscurecieron de lujuria.
Ya no iba a luchar ni a ocultarme. Lo amaba como jamás había amado a ninguna otra persona y estaba dispuesto a responder a todo tipo de insinuaciones que me hiciera a partir de ese instante.
—¿Crees que aún puedas romperme… —hizo una breve pausa y miró en dirección al escritorio. Se devolvió a mí— …en tu escritorio? ¿O acaso el tiempo que pasó te ha despojado de aquella habilidad? —agregó en tono lascivo sabiendo que me hundiría en nuestro febril pasado, cuando finalmente consumamos nuestro amor.
Reí y me mordí el labio sin poder creer lo fácil que me encendía.
—¿El tiempo que pasó? Todo este tiempo lejos de ti, sin sentirte, sin tenerte, sin poder besarte… no ha hecho otra cosa más que incrementar todo aquello que sería capaz de hacerte, pequeño.
Se atrapó el labio con los dientes y fijó su atención en mi boca.
*
*
*
—Así, Tom… eso es… Todo… lo quiero todo… en mí… —gimió agitado y la voz entrecortada en perfecto compás con mis embestidas al tenerlo sobre mi escritorio totalmente desnudo de la cintura hacia abajo. Yo, por mi parte, tenía desabrochada mi camisa azul y los pantalones abiertos, ya que no quisimos perder más tiempo en desnudarnos por completo. Nos urgía la necesidad de sentirnos, por lo tanto, rodeé el mueble con él trepado en mí y tiré al piso todo lo que tenía sobre la madera barnizada, para enseguida cargarlo allí. Me desabrochó el pantalón para sacar mi pene desbordado de excitación, lo lubricó con su saliva mientras yo me encargaba de lubricar rápidamente su entrada, entonces, comencé a penetrarlo ardiendo en deseos de volver a hacerlo mío.
—Mmm…, ahh, ahh…
La puerta de la oficina se abrió.
Miré de inmediato, aunque sin detener mis movimientos, y me anoticié de que se trataba de Georg. Por una breve milésima de segundo, sus ojos se abrieron de par en par, para enseguida hacer su cabeza a un lado sin cambiar la expresión.
—Vete, hermano —dije con la respiración de un toro embravecido a causa de lo encendido que estaba luego de años sin tener de esa manera a mi pequeño—. Déjanos.
Una de las piernas de Bill pasaba por encima de mi antebrazo derecho flexionado, ya que lo sostenía con esa mano por la espalda baja, y con la otra lo impulsaba hacia mí para generar un impacto más duro contra su cuerpo en cada embestida que le proporcionaba. En ese momento, no me importó absolutamente nada. Tenía a mi pequeño otra vez conmigo, era lo único importante en toda mi vida.
—Ohh, mi amor… Más profundo…, por favor… —pidió aferrado a los bordes del escritorio, y volví a verlo a la cara.
Oí la puerta cerrarse inmediatamente.
Cambió de lugar sus manos para cogerme fuertemente del cuello (por la nuca) y empezó a jadear con los labios entreabiertos sin deshacer el contacto visual. Lo veía pelear consigo mismo para no cerrar los ojos, ya que, tras mis estocadas, su parpadeo se hacía cada vez más prolongado manifestando su placer.
—Mmm, tan grande… Oh, oh, así… —gimió y se mordió el labio con saña. Sus cejas estaban fruncidas a causa del placentero dolor que nos envolvía a ambos, y su respiración se hizo más ruidosa—. Sé mi esposo… —agregó de repente en un jadeo y el asombro se apoderó de toda mi cara.
—¿Qué…? —cuestioné atónito y no pude evitar aminorar mis movimientos hasta que me detuve.
Me miró aún agitado e intentando adaptarse al giro abrupto que yo acababa de darle a toda la febril escena. Se relamió los labios y tragó saliva.
—Quiero que seas mi esposo. Quiero que nos casemos… ¿Tú quieres, Tom? —preguntó y supe que me proponía matrimonio de la misma manera en la que yo lo había hecho casi once años atrás. Sin embargo, nuestras circunstancias actuales eran otras.
—Por supuesto que quiero casarme contigo, ¿qué clase de pregunta es esa? —respondí reacomodando mis manos para cogerlo del rostro y verlo más directamente—. Pero, ¿qué hay de tu matrimonio con mi hijo? Seguís casados…
—Te dije que ya hablé con él antes de venir aquí, mi amor. Se encargará de todo el papeleo del divorcio durante mi ausencia en Alemania —sonrió moviendo la mano que tenía en mi nuca para acariciarme con suavidad acompañado de aquel brillo en sus ojos que hacía muchos años había desaparecido. Ahora entendía por qué—. Thomas siempre supo que esta sería mi elección, porque yo solo te amo a ti, Coach Trümper, desde el principio —su mentón temblequeó un poco y sus ojos se aguaron mientras recorría cada rasgo de mi fisonomía con ellos—. Me enamoré de ti desde el primer momento en el que te vi en aquel club de Básquet… con tu cabello negro peinado con trenzas africanas, en ese entonces, notoriamente sudado y vistiendo una gran playera blanca con detalles en azul que portaba el número 89 en medio y unos pantaloncillos y calzado que acompañaban el estilo de tu playera —continuó y mis cejas se alzaron hasta el cielo—. Sí, Tom… yo presté atención a cada detalle de ti que tuve enfrente desde el instante en el que te atravesaste en mi vida con la intención de protegerme.
Una nueva lágrima descendió por su mejilla derecha y finalmente sonrió con esfuerzo, ya que trataba de contener las ganas de llorar. Todo su rostro brillaba a causa de la sudoración por el ritmo salvaje que habíamos adoptado al hacer el amor después de tantos años separados y su rubio y ondulado cabello estaba afectado por la misma razón.
Relajó sus piernas y salí de su interior para permitirle sentarse en el escritorio y así yo poder abrazarlo y besarlo a la vez.
Nos separamos y me quité la cadenita para coger nuestros anillos de compromiso. Inmediatamente me extendió su mano para que se lo colocara, y él tomó el otro para ponérmelo a mí.
—Te amo con todo de mí, Coach Trümper.
—Y yo te amo con todo de mí, pequeño mío.
—Oh, aguarda un momento —dijo tras apartarse y se bajó del escritorio para ir a por su jean. Me causó ternura ver cómo le colgaba todo en su parte inferior desnuda, mientras que, de la cintura hacia arriba, continuaba cubierto con una polera negra y no le importaba.
—¿Qué buscas, pequeño?
—¡Aquí está! —exclamó contento. Me miró y se devolvió adonde yo estaba—. Mi móvil. Ven, ponte a mi lado así nos tomamos una foto —agregó posicionándose con el teléfono frente a ambos para hacer una selfie.
Su propuesta me cacheteó la realidad.
—Oh, pero, ¿qué? —pregunté trastabillando con mis propias palabras—. ¿Ahora, pequeño?
—Sí, ahora, Tom —volteó su rostro enseñándome su enorme sonrisa.
—Am… bueno… —me acomodé apoyando levemente el lado izquierdo de mi rostro en su cabello y sonreí algo confundido aún, pero él habló de nuevo.
—Oh, vamos. ¡Sonríe ampliamente, Coach Trümper! —me instó divertido moviéndose el cabello para alborotarlo un poco como solía llevarlo—. O haz un pico así, como yo…
—Ohh, pequeño… —dije y no pude evitar estallar en carcajadas al verlo por el reflejo del móvil.
Clic.
Apoyé mi mentón en su hombro y ambos observamos la foto.
—Mi felicidad lleva tu nombre.
F I N
Ahora sí: Fin. ahre
Holuuu. ¿Cómo están? Hoy les hago el cierre yo: Leonela Paredes. Aunque díganme Leo, en confianza jaja
Bueno. Déjenme confesarles que: TARDE. Ya muy tarde, me di cuenta de que este, más que un epílogo, es un anexo. Le pifié, lo sé. Pero son cosas que pueden pasar cuando sos un simple mortal(? se me mezclaron los conceptos. En fin. Final real: Helo aquí.
Y no, mis amores. No l@s iba a dejar con un final devastador. Demasiado con lo cruda que es la vida. Muchas veces, uno se pega una escapadita para venir a leer y salirse un poquito de esa parte de la realidad que nos atormenta o nos tiene tristes y, si bien con esta historia sé que les removí muchos sentimientos y emociones, la finalidad siempre fue la misma: Sacarles una bella sonrisa.
Bien. ¿Lloraron? Sé que sí. Para bien y para mal. Imagínense yo, que lo iba escribiendo…
Escribía, borraba. Escribía, me parecía muy cruel y seguía escribiendo para después archivarlo en «Fragmentos quitados». Y así. Tal vez haga un par de one-shots en algún momento (más adelante) de ese fic con esas partes que decidí no agregar.
Es que esta pareja me encanta.
No podía dejarlo sufrir a Tom, es mi personaje preferido xd y pensar que este iba a ser un one-shot…
pero, gracias a sus devoluciones durante todo este tiempo, mi imaginación siguió volando y terminamos en dos temporadas.
Gracias a tod@s y cada un@ de ustedes por haber sido parte de esta bella historia, siendo la primera que escribo luego de 18 años sin escribir otra cosa que no sea «Peligrosa obsesión». Créanme que, para mí, «Tom», fue un nuevo comienzo y me enternece el alma haber visto lo bien recibido que fue. Así que, espero que hayan disfrutado de cada capítulo tanto como yo al escribirlos con todo mi cariño para ustedes.
Por supuesto, mil gracias a mi Mizuky querida que, luego de tantos años, me recibió con toda su buena onda y excelente predisposición como si la vida adulta nunca nos hubiera separado por tanto tiempo.
Bueno, bellezas. Nos seguiremos leyendo muy pronto con nuevas historias…
Les mando un enorme abrazo TOLL al corazón. MUAK.
Buenos, ya los perdoné 🤣🤣
Qué bueno que todo haya terminado bien.
Un saludo para ti hermosa Leonela, espero no vuelvas a abandonarnos 🥺 y por favor termina la saga de Peligrosa obsesión.
Ai, qué susto(? pensé que te habías enojado por allá 👀 jajajajaja
Gracias por tu devolución, tesoro 🥹 y no, no volveré a ausentarme por tanto tiempo otra vez, porque ahora volví para quedarme, así que me aguantan 🤣 jajajaja
«Peligrosa obsesión» tiene continuación, tranqui 🫶🏻 Estaré avisando cuando publique la segunda parte. ✨
Te mando un abrazo enorme, bella 🫂