
Fic Toll de Namyukaulitz
Capítulo 11
Después del desafortunado hecho, Tom no volvió a sus aposentos prediciendo que Bill estaría buscando ahí, por lo que luego de asearse y cambiar sus ropas, se fue a los aposentos de su hijo Lucian, donde se quedó a dormir con él.
Al día siguiente, no se sentía preparado para verle el rostro a su hermano por vergüenza, así que le pidió a la servidumbre que le trajeran el ientaculum hasta los aposentos de su hijos, para no tener la necesidad de salir.
—Mamá, ¿podemos ir a jugar a las fuentes? —preguntó Lucian, levantando la cabeza para ver a su madre mientras se llevaba un trozo de naranja a la boca.
—Tienes tantas energías, Lucian —sonrió Tom, acariciando el cabello de su hijo, para luego soltar un suspiro; Lucian era un niño, uno que solo quería jugar y divertirse, no quería decirle que no únicamente por su sentir. —Lo pensaré —terminó por decir.
—Es hora del baño del joven Lucían, alteza —pronunció Andreas haciendo una pequeña reverencia al entrar a los aposentos.
—Tienes razón, este retoño necesita un baño —Tom le dió una pequeña sonrisa a Andreas, para luego ver a su hijo que se había ensuciado mientras comía. —Por favor, usa las nuevas esencias que compre para él —indicó, tomando a su hijo en brazos para dárselo al doncel. —Sé un buen niño, Lucian, y podremos ir a las fuentes —dijo dirigiéndose a su pequeño.
Los ojos de Lucian brillaron y sonrió en grande.
—¡Sí, sí, sí, vamos a las fuentes! ¡Que el tío Bill venga con nosotros, quiero jugar a los gladiadores con él! —exclamó Lucian con emoción.
A lo que Tom se tenso un poco, pero no dejó que su hijo percibiera su incomodidad.
—Sí… quieres jugar con el tío Bill… —masculló Tom, desviando la mirada.
Andreas se dirigió al niño en sus brazos, más que enterado de lo que había pasado la noche anterior, como un cercano a Tom, Andreas no se sentía con el derecho de juzgar lo que fuera que estuviera pasando entre el nuevo César y el doncel de rastas, dispuesto a apoyarlo en lo fuera que decidiera Tom, aun si eso significaba aceptar una relación inapropiada entre hermanos de sangre.
—Joven Lucian, no perdamos más el tiempo o el agua se enfriará —acotó Andreas, comenzando a caminar en dirección a la puerta. —En un momento vendrán a limpiar los restos de comida y desorden, alteza, con su permiso —avisó el doncel viendo por última vez al de rastas, antes de retirarse de los aposentos.
—Gracias, Andy —agregó Tom, realmente agradecido con la actitud de Andreas hacia él, manteniéndose amable y atento, casi como un amigo confidente.
Tom se quedó solo, esperando a la servidumbre que no tardó en llegar a limpiar, para no interferir se apartó hacia un lado, quedándose cerca de un balcón donde había una amplia vista de la ciudad de Roma.
—Salgan, quiero hablar con mi hermano a solas —la voz de Bill golpeó de repente en los aposentos de Lucian, como si de un viento brusco se tratara.
Los sirvientes no pudieron ni formular una palabra, asintiendo con la cabeza mientras se retiraban en silencio.
Tom no se sentía capaz de verlo a los ojos, limitándose a quedarse en su lugar, manteniendo un semblante tranquilo, para no demostrarle lo nervioso que se sentía realmente al quedarse solos.
—¿Por qué te escondes de mí? —cuestionó Bill con voz suave, cambiando su actitud severa a una apenada, pero que trataba de mantenerse firme en la situación.
—No me estoy escondiendo —respondió Tom rápidamente, acariciando su propio brazo.
—No me mientas, desde que huiste ayer te has escondido de mí —reprochó Bill. —Tom, mírame —ordenó, a lo que el de rastas levantó la mirada, viéndolo directamente a los ojos. —Ayer estuve buscándote… quería disculparme por lo que ocurrió cuando…
—No es necesario que te disculpes, hermano, yo…—interrumpió Tom, para luego bajar la voz al igual que su mirada al recordar lo que había hecho en soledad, sintiéndose nuevamente avergonzado. —Yo comprendo que fue un descuido, es normal a tu edad…
—Sí, pero me hirió un poco el que te marcharas así, me dejaste sólo e incluso Vesta busco ayudarme con mi necesidad —masculló el azabache, recordando con fastidio a la mujer.
Al escuchar el nombre de la mujer, Tom la recordó, el como pasaba su mano descaradamente por el brazo de Bill y se acercaba como si tuviera algún derecho, sintió el mismo malestar de la noche anterior.
—Oh… Si ella pasó la noche contigo no veo porque tenías que buscarme, ya tenías compañía —Tom se dio la vuelta, en dirección a la vista de la ciudad para que Bill no notará su descontento.
—¿Qué? Ella no pasó la noche conmigo —aclaró rápidamente Bill e intentó acercarse, pero Tom se alejó más de él. —Me tocó, sí, pero…
—Bill, creo que es momento de que busques a una concubina… —sugirió Tom en voz baja, volviendo a interrumpir a su hermano, mientras acariciaba sus brazos. —Para que pueda hacerte compañía ¿no crees? Vesta es una mujer atractiva, joven, soltera, sin hijos… Creo que podría ser una buena opción.
Tom sabía que no debía sentirse mal o ofendido de alguna manera si Bill se interesaba en alguien más, eso sería lo mejor, que Bill estuviera con alguien que si pudiera corresponder a su sentir y acompañarlo en sus necesidades carnales, pero no podía evitar sentirse un poco triste al pensar en Bill junto a otra persona…
Bill se descolocó al escuchar sus palabras, y terminó por cortar cualquier distancia entre ellos, tomándolo de los hombros para hacer que se diera la vuelta y estuvieran cara a cara.
—Tom, yo nunca podría estar con alguien más, ni para buscar afectó ni compañía, no la necesito de alguien que no seas tú —acotó Bill con total sinceridad, tomando el mentón de su hermano mayor con la mano, levantando su rostro.
Tom lo vió a los ojos, pero rápidamente negó y lo apartó con suavidad, negándose a recibir esas palabras, recordando lo mal que estaba.
—Hay una razón por la nunca busque una esposa, aunque papá insistía en que buscará una joven noble con la cual tener una familia, ni una concubina para que me ayudará con mis necesidades, porque nadie me llama la atención, nadie despierta sentimientos en mí como los que despiertas tú… Con tu afectó, con tu cuerpo… —continuó Bill. —Sólo puedo pensar en ti para pasar mi vida y para que me hagas compañía cuando tenga descuidos como los de ayer…
Pero Tom no se tomó a bien esas palabras, pues su rostro se sonrojo de la vergüenza que le provocaba la osadía de Bill en decirlo tan explícitamente, por lo que sin pensar bien sus acciones, se acercó rápidamente y le dio una bofetada a su hermano menor.
—¿¡Es por eso que me buscabas ayer!? —cuestionó Tom con el rostro ardiendo y el corazón golpeándolo con fuerza en el pecho.
Bill se quedó en silencio, llevándose la mano con lentitud a su rostro, la abofeteada apenas había sido fuerte y dolorosa físicamente hablando, pero era la primera vez que Tom le levantaba la mano y rechazaba de tal forma.
—Bill…. —Tom bajó la voz, viendo la mejilla roja de su hermano e intentó acercarse, pero se contuvo. —No puedes verme de esa manera, es indecente e inapropiado. No me gusta… —no le gustaba porque lo lastimaba, saber que era deseado con tal intensidad por su propio hermano y que nunca podría corresponderle porque le estaría fallando a su padre, a Lucían y a él mismo.
Bill se quedó unos momentos más en silencio.
—Perdóname por golpearte, hermano —se disculpó Tom en voz baja, pero Bill se acercó nuevamente con prisa, tomando su rostro entre sus manos. —Bill… —musitó Tom con los ojos bien abiertos, sintiendo que la respiración agitada de Bill chocaba con su rostro.
—No me duele el golpe, me duele tu rechazo —susurró Bill con la voz quebrada y sus ojos se cristalizaron. —¿Realmente no te gusta? ¿Entonces, por qué temblabas y estabas caliente entre mis brazos? ¿Me dirás que estabas fingiendo? ¿Qué eso es una reacción normal al danzar con tu hermano?
Tom se sintió atrapado y agitado, con los labios entreabiertos, dejando escapar suspiros que intentaba contener.
—¿Vas a castigarme por el golpe? —inquirió Tom con lentitud, Bill seguía siendo el César, le había faltado el respeto al César.
—¿Puedo realmente castigarte? —respondió Bill y juntó su frente con la del doncel, cerrando los ojos. —Te amo demasiado, puedo soportar los golpes, el que hayas tenido amantes, el que los hombres te vean con deseo, pero no puedo con tu rechazo cuando sé que también me amas de la misma manera, ¿verdad? ¿O vas a mentirme?
—No des por hecho mi amor de esa forma… —masculló Tom, odiándose muy en el fondo por decirle aquello. —Te amo, como mi hermano, pero no puedo ofrecerte mi lecho ni afectó si lo que buscas es el calor de un amante… Lo siento, Bill —Tom no quería cerrar los ojos porque sabía que lloraría, dejando ver su mentira, tenía que mantener su compostura.
Bill contrajo su rostro de dolor, dejando escapar lágrimas, acunando el rostro de Tom entre sus manos, y luego se separó un poco, abriendo los ojos.
—Tengo todo, el imperio, las riquezas, las tierras, los sirvientes, las mujeres más bellas dispuestas para mí cuando se me plazca, pero no te tengo a ti —sollozó Bill, tomando la mano de Tom, para besarle el dorso para demostrar su devoto amor.
—Claro que me tienes —intentó decirle Tom.
—¡Pero no como la calidez durante la noche, como las caricias en la intimidad, como la sensación de los besos sobre los labios! ¡Como mi doncel! Mi más grande amor… ¿por qué yo no puedo tener eso qué algunos han tenido el privilegio de sentir? ¿No merezco qué me toques? ¿Que me beses? ¿Que me ames como yo a ti? —increpó Bill, bajando las manos de su rostro para estrechar a Tom entre sus brazos. —¿No soy suficiente para ti? ¿El hombre de tu vida?
Tom apretó los ojos y labios, Bill se lo hacía tan difícil, tortuoso el rechazarlo. —Eres mi hermano y eso nunca va a cambiar, puedes conformarte con mi amor fraternal o rechazarlo, buscar alguien más qué pueda suplir lo qué buscas, porque yo no te lo daré.
Bill lo soltó abruptamente, dándose la vuelta, sin ver a Tom, cerrando con violencia la puerta al salir de los aposentos de Lucían.
Tom abrió los labios y su cuerpo se estremeció, cerrando los ojos para dejar salir su llanto. Bill siempre hacía las cosas difíciles, moviendo sentimientos en Tom con su amor, qué el doncel no podía controlar ni aceptar.
Continúa…
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