Imperium 13

Fic Toll de Namyukaulitz

Capítulo 13

El sirviente fue empujado a los aposentos del César, cuando la claridad apenas se hacía presente en el cielo y todavía estaba helado el ambiente.

El hombre encorvado sobre sí mismo, trago saliva, tenso y nervioso al punto que sentía sus manos temblar, y se acercó con lentitud donde el César descansaba.

—César… —llamó temeroso el sirviente.

Bill abrió los ojos y de inmediato tomó una daga que escondía debajo de una almohada de algodón y plumas, desconcertado por ser despertado a tales horas, cuando al menos sus aposentos todavía se encontraban muy a oscuras, apuntó al sirviente, quien rápidamente palideció.

—Emperador —tartamudeó el sirviente, extendiendo sus manos para que el azabache viera que no estaba armado.

Bill era muy desconfiado, por lo que mantenía una daga debajo de sus almohadas mientras dormía por si alguien quisiera atacarlo.

—¿Qué quieres? —increpó Bill de mala gana, bajando la daga, sentándose sobre su lecho.

El sirviente intentó hablar, pero sólo balbuceaba cosas que Bill no entendía.

—¡Habla! —ordenó Bill después de unos segundos, harto de la poca capacidad del sirviente para decirle lo que tenía que decir en ese momento. —Me encuentro muy cansado de mi recorrido de ayer, lo único que deseo es descansar y has interrumpido mi sueño.

—César… Su hermano y su sobrino… No están en el Palacio, han desaparecido —soltó el sirviente, cerrando los ojos, miedoso.

Bill se quedó inmóvil al escuchar las palabras del sirviente, procesando la información, quedándose en completo silencio.

—¿Qué…? —dejó escapar Bill en un hilo de voz, absorto.

Su respiración se volvió irregular y temblorosa, algo en su pecho crujió, se desesperó.

—No… No puede ser posible —murmuró el azabache, agachando la mirada a algún punto en el suelo. —Tom se fue… Y se llevó a Lucian con él… —un nudo se le hizo en la garganta, pero apretó los ojos y movió su cabeza, levantando la mirada hacia el sirviente, que se estremeció al ver la mirada cristalizada y oscurecida del César. —¡Ve a buscar al General Gustav y todos los guardias del Palacio, en este instante! ¡Y pide a todos que busquen en cada rincón del Palacio y lugares cercanos! —ordenó con voz firme, levantándose de su lecho, pues ahora toda pereza y cansancio se había esfumado de su cuerpo.

El sirviente asintió rápidamente y salió corriendo de los aposentos del César.

Bill dio unos pasos lejos de sus lecho, cuando se quebró, con los mechones de su cabello negro sobre el rostro.

—Se fue… Me abandonó —dijo al aire, dejando salir un jadeo de dolor, tomándose el rostro mientras comenzaba a sollozar. —No… No puedo dejar que se vaya así, tengo que buscarlo. No pudo abandonarme así, no él, no Tom…

Rápidamente se extendió por todo el Palacio y sus alrededores de que, Tom y Lucian habían desaparecido y Bill estaba como loco buscándolos.

Gustav se dirigió al Palacio ni bien se enteró de que el emperador lo buscaba.

—Bill —Gustav entró al estudió privado del César.

El emperador miraba hacia la ciudad, que ya estaba siendo cubierta por el sol cálido de la mañana, pero para Bill todo era frialdad en ese momento.

—Se fue, Gustav… —masculló Bill, sabiendo que Gustav estaba detrás de él.

—No debe de estar muy lejos, pregunté a un par de sirvientes y resulta que no solo Tom y Lucian han desaparecido, sino que también un par de sirvientes más, no más de cinco o cuatro, eso quiere decir que se fueron con él, por lo que no deben de estar muy lejos, incluso pueden estar en Roma todavía, por ahora, todos los guardias y soldados pretorianos están comenzado a buscar y de ser necesario, incluso saldremos de Roma si es que han salido —acotó Gustav con seriedad y tranquilidad, buscando calmar al César, pues era más que consciente que Tom era muy importante para Bill.

Bill ladeo su cabeza, mirando de reojo a Gustav.

Gustav sintió un escalofrío al ver la mirada herida y fría del azabache.

—Voy a alistarme en las búsquedas, no voy a descansar hasta que Tom y Lucian estén nuevamente conmigo —confesó Bill decidido, acercándose al General. —Haz que toda Roma se entere que lo estoy buscando, incluso ofrecer una recompensa a quien tenga información del paradero de mi hermano y sobrino, no es posible que se hayan esfumado como humo. Revisaré hasta debajo de las piedras.

—Bill… ¿No crees que lo mejor sería hacer una búsqueda discreta? Sin hacer tanto alboroto, los rumores entre tú y Tom son fuertes, tanto Senadores, familias nobles y sirvientes no perdieron el tiempo en regar todo tipo de historias entre ustedes. El pueblo te está comiendo vivo, Bill, esto solo haría que hablaran más de ambos —aconsejó Gustav, tratando de ser lo más suave posible.

Bill tenso la mandíbula, con un semblante poco amigable, apretando los puños.

—¿Crees que me importa lo que todas esas simples personas pueden pensar y decir de mí y de Tom? —espetó Bill con agresividad, viendo directamente a los ojos al General. —Soy su emperador quieran o no, soy la representación de los dioses en esta tierra, sus palabras no significan nada, que hablen, Gustav, porque lo único que me importa es que Tom y Lucian estén conmigo —dictaminó, antes de alejarse del General, para salir del estudio. —Iré a prepararme para salir a las búsquedas, y tú vas a acompañarme, Gustav.

El General no tuvo más remedio que asentir y hacer lo que el César le pidiera, pues de todos modos, por su amistad con Bill era que Gustav había podido ascender más en su puesto, liderando a toda la Guardia pretoriana, más control, más poder y riquezas a su alcance, el aliado ideal para Bill ahora que era el César.

Antes Gustav no era más que un comandante, pero con la influencia de Bill había logrado ser General, por lo cual tenía que ser un subordinado leal al nuevo emperador.

&

Tres días habían pasado.

Tres días donde Bill sentía que estaba por perder la cabeza, pues todavía no había noticia ni rastro de su hermano y sobrino, nadie sabía nada, incluso si subió todavía más los dígitos en la recompensa por tan solo información sobre el doncel.

—Bill, deberías descansar —masculló Gustav, acercándose al Cesar.

Bill caminaba de un lado a otro en la sala principal del Palacio, luciendo tan fuera de sí mismo.

—¿Cómo quieres que descanse, Gustav? Si siento que me han arrancado una parte de mí —exclamó el azabache, totalmente destrozado, pasando sus manos por su cabello desalineado. —No hay nada, no hemos encontrado nada —susurró, mientras sorbía de su nariz.

—Vas a enfermarte si no descansas y no podrás seguir buscando, ni siquiera has comido adecuadamente, Bill —respondió Gustav, con su casco debajo de su brazo, venían de otra búsqueda sin resultados. —Sólo han pasado tres días, debes calmarte, todo Roma está de cabeza con las búsquedas.

Bill negó rápidamente, frunciendo ligeramente el ceño.

—Sí, Gustav, tres días, tres agonizantes días en los que no sé nada de mi hermano y mi sobrino, no sé si están bien, si necesitaban mi ayuda o si están vivos —espetó Bill, tenso, sin parar de caminar alrededor de la sala. —Trato de pensar en dónde podrían estar, pero no hay lugar que no se me haya ocurrido en el que no hayamos buscado ya.

Gustav suspiro. —¿No podrías estar exagerando? Tom se llevó sirvientes consigo, lo más probable es que ellos se encarguen de su cuidado.

—¡No estoy exagerando, Gustav! —increpó Bill, girando su cabeza para verlo. —¿Acaso no entiendes? Tom y Lucian son la única familia que tengo. Si a ellos les sucede algo, ya sea a Tom o a Lucian incendiaria a Roma con mis propias manos.

—Comprendo tu preocupación, Bill, pero ahora eres emperador, tienes un imperio al cual dirigir, ¿o qué has hecho en casi un mes desde tu llegada como emperador? —señaló Gustav, siendo lo más respetuoso y calmado que podía, porque aunque tenía la confianza del César, enemistarse con él en ese momento no sería un movimiento inteligente.

Bill desvió la mirada. —Eso no importa, tengo mucho tiempo para gobernar, pero el tiempo corre con Tom ahí afuera. Gustav, es un doncel, podrían aprovecharse de él y yo no voy a estar ahí para protegerlo. Nadie, absolutamente nadie puede cuidarlo como sólo yo lo hago, lo he hecho toda mi vida.

—Bill…. Te preocupas demasiado por él, cuando él ni siquiera dejó una carta…—masculló Gustav. —Una persona que no deja una carta o un aviso de su partida no quiere ser encontrada. Tú también eres su única familia aparte de Lucian, pero huyó sin decirte nada, ¿eso no te quiere decir algo?

Bill se quedó en silencio, pensando en las palabras del General.

—No puedo ser yo el problema…. ¿Por qué huiría de mí, Gustav? —farfulló el azabache y apretó los ojos, con el nudo en su garganta intensificándose. —Yo lo amo…. Mi vida siempre ha girado alrededor de él, y Tom me ama, siempre busca mis brazos. He hecho cosas… Realmente impensables por él —confesó, pensando en su padre y se tomó de la cabeza con ambas manos, negando. —Él es como mi propia vida, la única persona que realmente ha estado ahí para mí siempre, me rehúso a perderlo.

Gustav no era ningún tonto, era más que consciente que esas palabras sonaban más como las de un amante herido que las de un hermano preocupado.

—Si quieres que sea tu doncel deberías de ser más inteligente —soltó Gustav sin verle. —Siendo honesto, no me importa si es tu hermano o no, siempre supuse que su relación se alejaba de una fraternidad, aunque era más evidente por tu parte, él también corresponde. Quizás no seas el problema principal, pero tienes que entender que no todos piensan como tú, en especial Tom, para él lo que tú tomas a la ligera no es tan sencillo. Tom se fue de manera silenciosa, como humo, sin escándalo, ¿crees que realmente le agradaría saber que has puesto a Roma al tanto de su búsqueda? Es madre, Bill, su prioridad no eres tú. Así que si realmente quieres que eso funcione deja de pensar en ti y piensa que él también razones y motivos, no es un doncel más, es hijo de el gran Aurelius, y al igual que tú, no es tonto, pero sí más precavido y sensato.

Bill se mantuvo meditabundo a las palabras de Gustav por unos instantes, odiaba no tener la razón o que le dijeran que hacer, pero no podía evitar encontrar sentido en lo dicho por el General, entreabrió los labios, dispuesto a hablar pero fueron interrumpidos por unos soldados que entraron a la sala y se dirigieron rápidamente al azabache.

—César, este hombre insiste en que puede saber el paradero del príncipe Tom y el joven Lucian —informó el soldado, tomando por un hombro al hombre mayor que los había acompañado.

Bill volteó a verlos, haciendo un gesto con la cabeza, permitiendo que el hombre mayor hablara.

—César… —el hombre de unos cincuenta años se arrodilló y agacho su cabeza frente al emperador. —Emperador, es un honor estar frente a usted.

—Habla, dime que es lo que puedes saber del paradero de mi hermano y mi sobrino —dictaminó Bill, bajando la mirada para ver al hombre en el suelo.

—Sí, alteza —respondió nervioso el hombre. —Yo hace muchos años fui sirviente para su padre y emperador, Aurelius, trabaje en una villa al sur, casi rozando las afueras de la ciudad, es una villa escondida rodeada de viñedos, en más de una ocasión llegué a ver al príncipe Tom en ese lugar.

—Villa escondida al sur cerca de las afueras de la ciudad… —murmuró Bill, desviando la mirada hacia otro lugar. —¿Gustav, hay alguna villa de mi padre en los mapas que no notamos antes? —preguntó dirigiendo su mirada al General.

Gustav se acercó a una mesa cerca a ellos, donde habían extendidos diversos mapas de Roma y sus alrededores.

—No, hay mención de otras villas, pero ninguna al sur —acotó Gustav, levantando la mirada de los mapas.

Entonces Bill volvió a ver al hombre. —¿Es cierto lo que dices? —le cuestionó alzando una ceja.

El hombre asintió rápidamente. —Por supuesto que sí, César, nunca me atrevería a mentir. Es verdad lo que digo, pero todos los que alguna vez trabajamos como sirvientes en ese lugar teníamos estrictamente prohibido hablar de él, era un lugar que Aurelius protegía mucho.

Bill tuvo una corazonada, algo que le afirmaba que su hermano estaría en ese lugar, y se agachó, apoyándose de una de sus rodillas frente al hombre.

—¿Qué te motiva a romper la regla que mi padre impuso sobre hablar de ese lugar? —inquirió el azabache, ladeando la cabeza.

—Yo respeto al fallecido emperador Aurelius, alteza, pero no puedo ignorar su aflicción en encontrar a su hermano y sobrino, y creí que esa información podría ser de utilidad —se sinceró el hombre, que tenía una gran admiración por la familia imperial.

El César se vio complacido, y le regaló una sonrisa agradecida al hombre, extendiendo su mano, mano que rápidamente fue besada por el hombre.

—Gracias, serás gratamente recompensado por esto —aseguró Bill, antes de ponerse de pie y mirar a los soldados. —Preparen mi caballo, iré solo.

—¿Qué? ¿Planeas ir solo hasta allá? —preguntó Gustav con el ceño fruncido, escéptico de que eso fuera buena idea.

—Sí, necesito hacer esto yo solo, no quiero intimidar a Tom llegando rodeado de soldados —contestó Bill.

—Pero eso es peligroso, un César nunca debe de moverse solo —insistió Gustav. —Además en tu estado de poco descanso, cabalgar hasta ese supuesto lugar no sería ideal, deja que mande a un grupo de soldados a investigar.

—Ya he hablado —decretó Bill, interrumpiendo al General, dándole una corta mirada por encima del hombro. —Quédate y asegúrate de que este maravilloso hombre sea recompensado por su lealtad y ayuda.

Gustav quiso alegar, pero no tuvo más remedio que asentir, no iba a poder hacer cambiar a Bill de opinión.

Bill salió de la sala dejando atrás al resto, dispuesto a ir hasta esa villa por su hermano, si es que este estaba ahí.

Continúa…

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por Namyukaulitz

Escritora del Fandom

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