Imperium 15

Fic Toll de Namyukaulitz

Capítulo 15

Lucian no había tardado en despertar luego de que Bill llegara, alegrándose de inmediato al verlo ahí, Tom tuvo que inventar una explicación para su repentina aparición, aunque estaba seguro de que su hijo no lo había escuchado por apresurarse a abrazar a su tío.

Bill había tomado un baño caliente durante el resto de la tarde, para limpiar su sudor y tristeza.

La noche ya había caído en la villa, todo estaba demasiado calmado y el viento que meneaba los viñedos era frío.

Pero esa noche en particular dentro de la villa se sentía cálido, acogedor y familiar.

La cena transcurría con normalidad, era Lucian quien hablaba sobre todo.

—Lucian, no  me gusta que hables con la boca llena —reprochó Tom a su pequeño, tomando un trozo de tela suave para limpiarle el rostro.

—Hazle caso a tu madre, Lucian —replicó Bill, con una pequeña sonrisa, llevándose una copa de vino recién preparado a los labios.

—¡Ya termine de comer, mamá! Mira me comí todo —exclamó Lucian orgulloso, el pequeño no era un entusiasta del farro con verduras, aunque Tom siempre presionaba para que comiera bien y variado.

—Perfecto, ahora puedes comer postre, pero trata de no ensuciarte —acotó Tom, a lo que Lucian asintió y se dispuso a comer.

Desde que se había acomodado, Bill no paraba de ver con detalle el interior de la villa, era la primera vez que estaba en ese lugar, que hasta entonces había sido desconocido, sin ningún registro.

—Yo no tenía idea de este lugar —masculló Bill, dirigiendo su mirada a su hermano.

El doncel dió un trago a su propio vino antes de responder, agachando la mirada. —Era un secreto que le prometí guardar a nuestro padre… —confesó el doncel.

Los labios de Bill se torcieron ligeramente, odiaba los secretos, y no tenía idea de que su padre y su hermano compartían secretos a los que él era ajeno.

—¿Por qué….? —cuestionó Bill, dejando su copa sobre la mesa. —¿Desde cuándo?

Tom alzó la mirada, apenado. —¿De verdad quieres hablar de eso en este momento?

—Quiero saber —insistió su hermano menor.

Tom asintió y suspiró, sonrojándose antes de hablar: —Digamos que fue como un regalo que me dio cuando mi cuerpo comenzó a madurar…

Bill frunció las cejas, sin comprender a qué se refería.

—Cuando mi cuerpo comenzó a sangrar cada cierto tiempo —susurró Tom de manera discreta para que únicamente Bill lo escuchara, aunque honestamente Lucian parecía más enfocado en el postre que la conversación de ellos, pero aun así, era un tema que le era vergonzoso de tocar. —¿Recuerdas esos viajes repentinos que yo solía tener cuando era más joven, antes de quedarme en cinta?

Bill asintió, ahora comprendía a qué se refería, eso hizo que su inseguridad por ese secreto se calmara por el momento.

—Sí, cuando te ibas repentinamente, y no podías ni llevarme ni explicarme, padre solo se limitaba a decir que irías a un viaje corto de compras fuera de la ciudad, decía que eran cosas de donceles y que yo como varón no debía entrometerme, aunque me daba cuenta que nunca volvías con nada nuevo, porque cuando de verdad hacias compras me traias regalos —recordó Bill, esos “viajes” que hacía Tom eran los únicos dias donde estaban completamente separados.

Tom se rió bajo, cubriéndose la boca con los dedos. —¿Por qué nunca me reclamaste tu falta de regalos?

—Porque no me importaba las cosas materiales que me dabas, no estaba feliz por los regalos, estaba feliz porque otra vez estabas junto a mí… Aunque ahora que me confiesas esto, debí haber insistido más —expresó Bill, suavizando su rostro y ladeando la cabeza hacia un lado. —No me gustaba cuando te ibas del palacio, todo se sentía tan solitario y ajeno a mí, pasaba rezando a los dioses por tu regreso, tal y como lo he hecho estos días que no estuviste conmigo, fue un poco como revivir el pasado pero de peor manera.

Los labios de Tom se curvaron en una sonrisa inevitablemente enternecida, esa parte honesta y dulce de Bill era algo que amaba de él, una de sus pocas caras que no era violenta ni agria.

Ambos estaban comiendo en el mismo lectus, sentados aunque la costumbre era recostarse para comer, y dejando un espació entre ambos.

Aun con ese espació entre ellos, Tom extendió sus brazos y abrazó a su hermano.

—Eres un mentiroso —expuso Tom en medio del abrazo, al cual Bill había correspondido de inmediato. —Te emocionaban los regalos.

Bill sonrió mostrando sus dientes. —No estoy mintiendo, es verdad, yo me emocionaba por tí.

La conversación de los hermanos se vió interrumpida cuando unos pequeños brazos los apretó a ambos, dándose cuenta que Lucian se había unido a ellos en el abrazo.

Tom desvió la mirada a su hijo, quitando uno de sus brazos alrededor de Bill para incluir a su pequeño.

Esos breves y cortos segundos, Bill los observó a ambos, a su Tom y a su Lucian, eran suyos, su familia, Lucian su niño pequeño, aquel abrazó se sintió suave y muy reconfortante.

Antes de poder decir algo, fueron interrumpidos:

—Altezas, es momento de preparar a Lucian para que vaya a dormirse —anunció Andreas con una pequeña sonrisa y las manos detrás de su espalda.

—No… Quiero quedarme con mi mamá y mi tío —se negó Lucian, que ahora había quedado rodeado de los brazos de Bill y Tom, en medio de ellos.

Bill acarició la cabeza del pequeño varón, removiendo su cabello que era del mismo tono que el de Tom.

—Nosotros también queremos quedarnos contigo, pequeño, pero ya es noche y es momento de que te asees para dormir —acotó Bill, usando un tono suave y cariñoso pero autoritario con el niño.

Lucian negó con la cabeza de forma rápida, aferrándose más a ellos.

—No quiero dormir solo —expresó Lucian. —Quiero que mamá duerma conmigo.

—¿Has dormido con él estos días? —preguntó Bill con curiosidad, dirigiéndose a Tom.

El de rastas asintió. —No estaba acostumbrado al lugar así que lo acompañaba hasta que se quedaba dormido…

—¿Recuerdas cuando Lucian todavía era un bebé muy pequeño y dormíamos los tres juntos? —recordó Bill con nostalgia. —Tú llorabas tanto que no podíamos dormir, pero ahí estábamos para cuidarte —reprochó sin seriedad a su sobrino.

Tom asintió con una sonrisa, recordando esos tiempos, él y Lucian necesitaban cuidados durante la noche, y por un tiempo dejó que Bill durmiera junto a él y Lucian.

Lucian observó a Bill con sus ojos grandes y brillosos. —¿Cuando era pequeño dormían conmigo los dos?

—Sigues siendo pequeño, todavía te falta mucho para ser un varón como yo —aclaró Bill riendo. —Pero sí, a veces llorabas tanto que me levantaba a arrullarte mientras tu madre dormía, no te gustaba que las nodrizas te cargaran, y te calmabas cuando te cargaba.

—Lo mimabas demasiado cuando era un bebé —recalcó Tom. —Todavía, le compras los juguetes que quiera.

—¿Está mal que consienta a mi pequeño? —preguntó Bill, envolviendo a Lucian entre sus brazos. —No lo creo, es mi niño y te prometí que iba a protegerlo, ¿lo recuerdas? Lo amo incluso antes de que naciera —dijo besándole la cabeza al niño.

Tom se quedó callado, manteniendo su sonrisa, aunque decayó un poco, al recordar las palabras que una vez le dijo su padre.

“Bill se toma demasiadas atribuciones con Lucian, como si fuera su padre, tiene que saber que cual es su lugar, es su tío no su padre, sobrepasa los límites”.

Bill era… Era un buen padre con Lucian aunque no fuera suyo, sino de otro hombre, de Willem…

Tom suspiró y cerró sus ojos para después abrirlos, tomando con cuidado a su pequeño, dejándolo sobre su regazo, para besarle la cabeza.

—Eres nuestro pequeño, Lucian, eso siempre será asi, mi hijo y sobrino de tu tío, y aunque te amemos eso no nos hace olvidar que ya es hora de que vayas a descansar, para que mañana tengas ánimos para jugar todo el dia, anda, ve con Andreas —sostuvo Tom, volviendo a sonreír, dándole un ultimo beso a su hijo en la mejilla, para que después Andreas lo tomara entre sus brazos.

—¡Quiero que mamá y mi tío duerman conmigo como antes! —pidió Lucian, cediendo a los brazos de Andreas, pero mirando fijamente a los hermanos.

—Si te portas bien lo haremos —aseguró Bill, aunque Tom estaba por hablar.

Al ver la sonrisa de su hijo, Tom no pudo negarse y asintió. dándole una última sonrisa antes de que Andreas se retirara con Lucian, dejándolos solos.

Ya en esta soledad, Tom se apartó de Bill con cuidado, tomando un trozo de comida y fijándose en la mesa.

—¿Ya terminaste de comer? Para llamar a los sirvientes para limpiar la mesa y que nosotros podamos ir a asearnos para dormir, has de estar cansado después de todo —comentó Tom sin verle.

—Todavía me falta el postre —respondió Bill buscando su mirada.

Tom asintió, quedándose en silencio por un momento.

—No debiste prometerle eso a Lucian, estoy tratando de que se acostumbre a dormir solo… —masculló el doncel, viéndolo directamente, aquello no era ni una mentira ni una verdad del todo, sí, quería que Lucian aprendiera a dormir solo, pero también no se creía capaz de dormir nuevamente en una misma cama con Bill, tenía que mantener la distancia.

—Hazlo por él, se ve que es algo que realmente quiere…. y por mí, que lo necesito —confesó Bill, aproximándose con cuidado a su hermano mayor.

Tom se removió, apartándose hasta que su espalda chocó con el respaldo izquierdo del lectus que compartían.

—Creo que sería mejor tu descanso si duermes solo, yo puedo dormir con Lucian si llora —continuó Tom.

Debido al movimiento de su cabeza y cuerpo, algunos mechones todavía húmedos por el baño se desplomaron sobre el rostro de Bill, quien ya había acorralado a Tom sobre el lectus, obligándolo a recostarse sobre el respaldo.

Tom se quedó quieto, tragó saliva, dejando que Bill se acercara, aunque temeroso por lo que podía hacer pero sobre todo, porque él mismo no iba a poder negarse a un arrebato por más fuerte que se hiciera. Intentó cerrar las piernas, pero Bill logró colarse entre ellas, restando cada vez más centímetros entre ambos.

Cuando el aire se volvió más denso, Tom estuvo por hablar pero para su sorpresa, Bill sólo se acomodo sobre su pecho, abrazando su cintura, y dejando su cabeza del lado corazón.

—¿Tu corazón siempre late así por mí? —preguntó Bill, con los ojos cerrados. —Por favor, no me evites, al menos por esta noche déjame estar así de cerca de tí.

Era difícil lidiar con Bill y que Tom no terminara derritiéndose por él, por lo que sus brazos se movieron, rodeando a Bill.

—Siempre lo haces latir de esa forma cuando me tratas de esta manera… —confesó Tom, exhalando. —Porque siempre terminamos de maneras en que los hermanos comunes no terminan.

—Yo no nací para amarte con un hermano, Tom, lo sabes —masculló Bill, manteniendo sus ojos cerrados. —Eres el único en esta vida que puede bajarme de mi soberbia. Lo odio, pero te amo.

—Tu devoción hacia mí es un insulto para los dioses y, aun así escuchan tus oraciones —señaló Tom, esperaba que los dioses no se ofendieran por el amor que su hermano le tenía, pues hasta eso podría considerarse como una falta de respeto.

Bill se acomodó de mejor forma sobre el pecho de Tom harto de responder.

—Si a ellos les molestara mi amor por tí, entonces no escucharían mis peticiones —respondió Bill, abriendo los ojos.

—Tu contrato con ellos debe de ser muy fuerte entonces…

—En especial con Cupido, él debe de estar cansado de que mis oraciones giren entorno a tí —reveló el azabache. —¿Quieres saber qué es lo que hablo con él? —preguntó, aunque honestamente no iba a esperar una respuesta. —Él siempre ha sabido de qué maneras te deseo…

—En tu ausencia, mientras estás aquí, ¿quien está a cargo en el palacio en este momento? —interrumpió Tom, tratando de evitar sonrojarse porque podía presentir adonde pararía esa conversación, a algo más íntimo, así que decidió preguntar algo que desde que Bill había llegado deseaba saber con urgencia, pero no encontraba el momento.

Bill hizo una mueca al verse interrumpido. —El General Gustav está por el momento, vine solo a buscarte.

Al escucharlo, Tom frunció el ceño, molesto e hizo que Bill lo mirara directamente. —Creí que habías venido acompañado y pediste que te dieran privacidad para entrar, no que viniste hasta acá completamente solo, ¿sabes lo peligroso que es eso? —reprochó el doncel, pero después cerró los ojos, calmándose. —Pero estas bien, no te ha ocurrido nada en el trayecto, pero, por favor, no vuelvas a hacer así de precipitado, ahora que eres el César debes de ser más cauteloso con tus decisiones.

Bill sonrió ante la preocupación de su hermano, y le acarició el costado del acuerdo de arriba a abajo con cariño.

—Nadie se atrevería a hacerme daño, Tom, no creo que nadie se atreva a tratar de sobrepasarse con el César, pero si ese fuera el caso, no me dejaría matar, porque ni la muerte sería capaz de hacer que te dejará —expresó el azabache.

Tom no supo qué responder ante aquella declaración, porque con sus palabras, sólo entendía que Bill tenía mucho que aprender como César, no ser tan confiado en cuanto a su propia seguridad se trata.

—Bill… —flaqueó Tom, sin encontrar palabras.

—Tom…—dijo Bill de la misma manera, alzando la cabeza y acercándose a su rostro, dejando cierta distancia.

—Tienes que enviar a un sirviente a informar que has llegado a salvo y que estas bien, y pronto volverás al palacio —dictaminó Tom, sabía que el palacio no podía quedar sin noticias del César, tenía que haber una advertencia de que volvería pronto, para que todo se mantuviera en orden, por más que alguien estuviera a cargo en ese momento.

Bill rodó los ojos pero asintió. —Lo haré apenas salga el sol, no es seguro enviar a nadie a estas horas.

Tom estuvo apunto de decirle que lo más indicado hubiera sido enviar al mensajero recién llegado a la villa, pero Bill volvió a hablar.

—¿Por qué tanto esmero en ocultar este lugar? De no ser por un antiguo sirviente que sirvió aquí, nunca me hubiera enterado, ¿por qué ocultarme tanto este lugar? —Bill seguía intrigado por aquel lugar, sobre el porqué Tom le ocultaría algo así por tantos años.

—Padre fue muy estricto en que tú no debías saber de este lugar… Decía que era mi propiedad, muy pequeño refugio del mundo, y que la única condición era que nunca te hablara de este lugar, creo que era por respeto, para por tí y por mí, para sufrir mis sangrados en un lugar más privado y completamente mío… Ahora ya sabes de este lugar —explicó Tom, mirando alrededor, los mosaicos detallados que había en las paredes y el suelo.

—¿Por qué dejaste de venir? —continuó cuestionando Bill.

—Cuando me enteré que estaba en cinta, quería que el bebé naciera y creciera en el palacio, pensaba volver cuando Lucian fuera un poco más mayor, pues aún me resulta incomodo pasar esos días tan vergonzosos en el palacio, teniendo que estar gran parte del tiempo en mis aposentos —el doncel se encontraba avergonzado, aunque en los ojos de Bill no había ni un asomo de desagrado, sino más bien de curiosidad. —Siento que no es correcto que yo hable de esto contigo.

—¿Te he dado motivo para que te avergüences frente a mí por cosas naturales y simplemente ser tú? —preguntó Bill, honesto, porque no comprendía porque Tom se sentía tan incómodo y avergonzado frente a él por ese tema.

Tom negó suavemente.

Bill exhalo y su mano se quedó quieta en la cintura del doncel.

—Recuerdo cuando comenzaste a alimentar a Lucian, al principio te daba vergüenza y no te sentías seguro de hacerlo, porque te dolía, así que tú y Lucian terminaban llorando al mismo tiempo —rememoró Bill, con voz suave como un susurro, dejando su cabeza nuevamente sobre el corazón de su hermano, y su mano se movió con lentitud sobre la tela, desde la cintura hasta el pecho del doncel. —Pero no querías que nadie más alimentara a Lucian, estabas encaprichado en hacerlo tú mismo.

Tom comenzó a respirar con lentitud, tratando de que su pecho no se moviera demasiado, conforme los nervios le incrementaron al sentir a Bill mover su mano demasiado, hasta que la dejó quieta sobre su pecho derecho, mientras su cabeza descansaba en el izquierdo.

—Ahora es plano, pero en ese tiempo estaba hinchado, llenos de leche —detalló Bill, con la palma de su mano cubriendo el pecho cubierto por una seda azulada.

—De haber sabido que eras salaz, nunca te hubiera permitido estar en esos momentos privados —reprochó Tom en voz baja, con el serio con las mejillas sonrojadas.

Recordaba que Bill lo acompañaba en esos momentos, para ayudarle con Lucian, pues quería pasar los primeros días de vida de su hijo en un entorno más íntimo, sin nodrizas de por medio a menos que lo necesitara, a comparación de otras madres que desde los primeros días de vida del niño se lo dejaban al cuidado de una nodriza.

—No era con esa intención… —sostuvo Bill. —Me gustaba ayudarte. Pero era cautivador ver cómo las pequeñas gotas blancuzcas que emanaba de tus pechos se deslizaban por tu piel, verte de esa manera, por más que parecías indefenso seguías teniendo control de la situación, con tus brazos firmes acunando a Lucian… En más de una vez me encontré preguntándome en qué posición quería estar, sí en tus brazos o detrás de tí como un esposo y padre feliz.

—Siempre has deseado más de lo que puedes tener —musitó Tom, dándose cuenta que Bill nunca lo había visto como un hermano, incluso en un momento tan vulnerable y maternal para él, quería tener un lugar que no le correspondía.

La mano de Bill se cerró sobre el pecho, pero atrapando la tela, la cual comenzó a tironear con cuidado de no rasgar la seda con su fuerza, pero si para hacer desprender el broche que aseguraba esa parte por sobre el hombro de Tom.

Pero el broche no cedió a su fuerza, así que sus dedos buscaron el espació del escote caido, pero antes de que sus dedos pudieran tocar por debajo de la seda, Tom lo tomó por la mano, evitando que explorara más allá.

Bill suspiro, acatando lo que sin palabras, con un simple agarre en la mano Tom le decía, cerró los ojos y deslizando su mano del agarre, tomó y apretó la mano del doncel con cuidado.
El silencio se hizo entre ambos, Tom no quería decir nada, porque lo más probable que saldría de su boca sería un reclamo, así que cerró los ojos e hizo su cabeza hacia atrás.

Los toques de Bill eran como un río violento que intentaba frenar para que no azotara sus orillas. Una tarea difícil, no porque Bill fuera fuerte, sino porque él mismo se excitaba con la idea de empaparse con ese río.

Abrió los ojos después de unos minutos en los que su mente intentaba mantenerse cuerda y serena, y se dió cuenta que Bill se había quedado dormido sobre su pecho.

Bill estaba tan aferrado a él, como cuando era un niño, que lloraba hasta quedarse dormido en sus brazos.

Hoy, ahora siendo mayores la situación se repetía, otra vez Bill se quedaba dormido entre sus brazos, pero sin lágrimas en los ojos, sino con un deseo que tenían que oprimir.

Tom no podía dejar de ver a su hermano como el mismo niño de antes, aunque entre sus piernas hubiera un hombre más alto que él.

Pasó sus dedos nuevamente por el cabello húmedo de Bill, y suspiró con lentitud, con miedo de despertar a su hermano menor.

Comprendía y al mismo tiempo no a Bill.

Muchas veces Bill había actuado como un hombre, pero la mayoría del tiempo actuaba como un niño temeroso y caprichoso, era una dualidad que constantemente confundía a Tom, no sabía si en un rato iba a encontrarse con el César de diecinueve años o con un niño de diez años.

Bill había prometido que sería más maduro, que no cruzaría los límites fraternales.

Tom esperaba eso, porque aunque no aceptara ser su doncel, no quería a un niño a su lado, quería a un hombre que con errores fuera capaz de reconocerlos y buscar mejorar.

—Bill —lo llamó sin alzar la voz, moviendo su hombro con cuidado. —No puedes dormir aquí, te diré cuál será tu aposento —dijo, mientras los ojos del azabache se abrían con pesadez.

No, esa noche no iban a dormir juntos, ni sólo ellos dos o junto a Lucian, dormirían en lugares separados.

Continúa…

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por Namyukaulitz

Escritora del Fandom

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