Imperium 16

Fic Toll de Namyukaulitz

Capítulo 16

A pesar de verse frustrado por no poder dormir junto con Tom, Bill se había acomodado en los que por esa noche serían sus aposentos, al menos en la villa había espacio suficiente.

Después de dejar a Bill en sus aposentos, Tom se dirigió a donde Lucian se encontraba, pero para su sorpresa, Andreas lo esperaba fuera de los aposentos del menor.

—El joven Lucian se quedó dormido casi de inmediato, aunque preguntó en qué momento el César y usted estarían con él, parece que el que su tío esté aquí lo tranquiliza y lo hace sentir seguro —comentó Andreas con una pequeña sonrisa.

Tom agacho la mirada al suelo por unos segundos, y luego sonrió levemente.

—Sí, eso parece —asintió el rastas. —Puedes irte a descansar, Andreas, yo me quedaré pendiente de Lucian está noche.

Andreas asintió e hizo una ligera reverencia. —Gracias, alteza, tenga una agradable noche —se despidió.

Tom lo observó irse por el pasillo hasta que esté giró por otro pasillo, desapareciendo de su vista, suspiró al quedarse en soledad, cansado.

Y entró en los aposentos de su hijo, lo vió dormido.

Descansaba tan tranquilo y apacible, que incluso temió acercarse y causar algún ruido que lo hiciera despertar.

Pero, terminó acercándose, sólo para cerciorarse de que estaba bien, antes de irse él a sus propios aposentos y poder descansar.

Contempló el rostro de su hijo, que era tenuemente iluminado por el fuego de las antorchas en la alcoba.

Lucian, su pequeño regalo del cielo, ese pequeño ser que amaba y protegía tanto desde que nació.

Aún estaba demasiado tierno, pero su rostro tenía rasgos que ni la tenuidad del fuego podía ocultar.

Se parecía a él.

A Willem.

Sólo hacía falta su cabello color ébano, para que no hubiera dudas de que fuera hijo del General Willem.

Tal vez si Willem lo viera visto, nunca hubiera puesto en duda su innegable paternidad. Pero, no tuvo la oportunidad de conocerlo, otro niño hijo de una mujer de la tierra de él había disfrutado del efecto de padre que Tom esperaba para su propio hijo.

No debía de pensar en muertos, pero era inevitable hacerlo cuando su hijo era fruto de la persona que le enseñó lo que era el amar, pero que también lo destruyó.

Lucian nunca había sufrido por la falta de un padre, Bill cumplía ese papel por voluntad propia.

Lucian no sabía que tenía un hermano de parte de padre en otra tierra, que de seguro sí sufrió al saber que su padre, quien lo reconoció había sido ejecutado.

También sentía lástima por una mujer que, aunque no conocía, ni sabía cómo se veía y que por mucho tiempo sintió celos, había perdido a su esposo, el hombre que Tom deseaba como esposo.

Eran desafortunados por haber perdido a un padre y a un esposo, pero al menos habían sido afortunados al tener aquello por lo que Tom lloró durante varias noches por no poder poseerlo, y sentirse abandonado, tirado sin importancia, sin una explicación.

Pensaba en el sufrimiento que debió pasar el pequeño hijo de Willem, al saber que este ya no volvería a verlo.

Tom nunca había permitido que su hijo sufriera de esa forma, aunque no le hablara de Tiberius, quien había reconocido a Lucian como su hijo antes de morir, más por obligación y compromiso que por deseo propio.

Tiberius aunque era su esposo y “padre” reconocido de Lucian, no significaba nada, Tom nunca llegó a sentir nada por él, incluso después de volverse viudo, pues al final era más que consciente que su matrimonio era por conveniencia.

En la última conversación, esa que tuvo con Willem como un reencuentro incómodo entre ambos, había tenido la oportunidad de decirle que Lucian era su hijo.

¿Pero eso hubiera cambiado algo?

Incluso el hijo de Willem tenía la misma edad de Lucian, lo cual significaba que Willem lo había olvidado en cuestión de semanas, o menos, días.

Sí en cuanto se marchó, conoció a una mujer y la desposó, para luego dejarla en cinta.

Willem era desconfiado, no lo comprendía, ¿por qué dudo tanto de él? Sí Tom estaba realmente comprometido con él, ¿cómo era que unos rumores hubieran destruido lo de ellos?

Su relación había sido frágil, a pesar de pasar incontables noches llenos de suspiros calientes y húmedos donde se decían amar.

Tom no sabía si le había faltado algo o simplemente Willem no lo había amado lo suficiente.

Le agradecía a Bill que amara a Lucian como si fuera su hijo, incluso si tenía detrás de él los reproches de su padre, pero ese no era el futuro que Tom esperaba.

Un hermano obsesionado, que lo reclamaba y amaba como si fuera su esposo y padre de su hijo.
Nunca se lo hubiera imaginado a los quince años, que ese sería su presente.

Él deseaba un hogar con el hombre que amaba, pero no con su propio hermano, aunque a ese punto sus sentimientos no fueran diferentes a los que Bill decía tener por él.

Pero ese sentimiento no debía estar implantado en su corazón, sabía que no había sido firme con Bill en los últimos años, y podría decirse que desde nunca.

Estaba intentando frenar un mar, no un río pequeño que recién se forma, pero al pensarlo bien, aunque si Willem se hubiera quedado y hubieran sido un matrimonio, dudaba que eso hubiera cambiado de alguna forma el sentir de Bill.

Lo más probable hubiera sido que su padre le arreglara un matrimonio a Bill, uno al que Bill se hubiera rehusado completamente.

El doncel suspiró, y extendió la mano con delicadeza, pasándola entre los mechones rubios de su pequeño dormido, que al menos ese detalle tenían en común, por más que el resto se asemejara en lo físico al hombre que lo dejó y en actitud a su hermano.

Tenía que dejar de pensar en eso, tenía que ver fantasmas y sombras de otros sobre su hijo, Lucian sería diferente, se esforzaba por que lo fuera.

Un varón diferente, digno de ser heredero del imperio en un futuro.

Su padre en más de una ocasión los había llamado como las joyas más valiosas que tenía en su imperio, y que esperaba que cuando Lucian fuese mayor fuera un mejor emperador para Roma del que él había sido.

Aurelius estimaba mucho a su nieto, así como a Tom lo estimaba como hijo.

Las últimas semanas, había sido en las que más había extrañado a su padre, pero este ya no estaba en un viaje ni en campañas de guerra, estaba muerto, y de la muerte ni el hombre más honrado regresa.

Pero si estuviera con vida, condenaría todo lo que estaba pasando, la falta de límites de Tom hacia Bill, y seguramente aborrecería a Bill por su actuar tan pernicioso.

Y, probablemente la decepción de saber que él correspondía los sentimientos de su hermano menor, sería suficiente para matar a su padre.

“Deja de pensar en el pasado o en el hubiera…”, pensó Tom, dejando de acariciar el cabello de su hijo, para después inclinarse y besarle la mejilla.

Dándose vuelta en silencio, para salir e ir a sus aposentos.

Necesitaba dejar de pensar, y dormir era la mejor forma de lograrlo.

&

No sabía si había sido el cansancio de recibir la inesperada aparición de Bill en la villa o el de pensar en demasiadas cosas antes de dormir, pero al día siguiente, se levantó considerablemente tarde.

A duras penas abrió los ojos, por la claridad y brisa que se colaba por las ventanas de la alcoba, pero se dio cuenta que no estaba recién amaneciendo, el sol de la mañana ya estaba lo suficientemente alto como para generar calor.

Se sentó sobre el lecho, recordando que sólo se había aseado y se quedó dormido apenas su cuerpo tocó la suavidad de las sabanas.

Afuera de sus aposentos escucho unas risas, las reconoció de inmediato, eran de Lucian, chillidos y risas alegres.

Salió de inmediato para ver qué ocurría, caminó por el pasillo hasta llegar donde provenía aquel sonido tan hermoso para él.

Las risas lo llevaron al mismo jardín en el que él y Lucian habían estado el día anterior antes de que llegara Bill.

Sonrió al ver a su hijo tan contento, hasta que se percató de con quien estaba.

Bill se miraba aun vestido con la túnica que utilizó para irse a dormir, su cabello azabache largo no estaba ordenado, y aquello era una novedad, Bill era vanidoso, por lo que se arreglaba apenas se levantara, pero aun así, en ese momento parecía muy feliz, jugando con Lucian.

Tom se quedó callado, no hizo ningún ruido y se quedó detrás de un pilar, observando, ya que ninguno de los dos aún se había dado cuenta de su presencia.

Lucian corría de Bill, gritando que no podía alcanzarlo, mientras Bill lo seguía.

Cuando Bill alcanzó a Lucian, lo tomó entre sus manos y lo alzó por arriba, provocando otro chillido por parte del pequeño.

—¡Te atrape y ahora eres mío, pequeño príncipe! —exclamó Bill, Tom no sabía a qué jugaban, pero podía imaginarse que ocurría en el mundo que su hermano y su hijo habían inventado en ese momento.

—¡No, suéltame, bárbaro! —respondió Lucian, con el ceño fruncido y una sonrisa. —¡Eres muy feo para atreverte a verme!

Bill se rió con tanta fuerza que cerró los ojos.

—Eso es muy cruel, Lucian, ¿confiesas que soy feo? Entonces tú también lo eres, porque te pareces a mí —dijo Bill, haciéndole cosquillas a Lucian.

—¡Papá, basta! —chilló Lucian.

El rostro de Bill cambió por unos segundos, sorprendido por lo que acababa de escuchar, y abrazó a Lucian, mientras se quedaba callado.

—¿Cómo me acabas de llamar? —inquirió Bill.

Tom se apoyó en el pilar en el que se escondía, igualmente sorprendido por lo que acaba de escuchar decir a su hijo.

Eso se sintió como una punzada en el corazón para ambos hermanos.

Lucian dejó de reír y observó fijamente a Bill, con una expresión suave e inocente.

—Papá —repitió Lucian seguro.

En ese momento Bill ladeo la cabeza, al mismo tiempo que Lucian.

—¿Dije algo malo? —inquirió Lucian, confundido.

Bill tardó unos segundos en responder, asimilando lo que escuchaba. —No —respondió. —Está bien —sonrió.

Tío y sobrino se quedaron viendo por unos segundos en silencio, hasta que Bill apretó contra sí a Lucian, abrazándolo.

—Te amo, hijo —musitó Bill, con cuidado. Pronunciando esas palabras que él nunca había escuchado por parte de su propio padre, pero que quería decírselas a Lucian, su hijo, dejarle en claro que lo amaba y apreciaba, aunque era consciente que por su edad el pequeño no sabría del todo el significado de amar, aun así quería que lo supiera.

Desde su lugar, en silencio, Tom sintió algo que, sabía no debía sentir, pero lo hizo, sintió ternura cálida plasmarse en su pecho, tranquilidad de ver a su pequeño tan seguro e inocente. Pero, por otro lado, se sintió devastado.

Era una mezcla extraña y compleja.

No quiso hacerse ver, no se sentía seguro para interrumpir lo que presenciaba.

Para ser consciente de que su hermano menor había tenido una pésima relación con su padre, también tenía que admitir que Bill estaba siendo diferente, un mejor padre con un hijo que no era propiamente suyo.

Tom por mucho tiempo creyó que Bill apreciaba a Lucian porque era su hijo, y lo veía como una extensión suya más, pero ahora, creía que quizás también podría ser porque Bill lo veía realmente como su hijo, su reflejo de propio de un niño que no recibió esa calidez de un padre.

Después de ese pequeño cambio de palabras, Bill y Lucian siguieron jugando, y Bill tenía el rostro más iluminado, más feliz.

Tom siempre había deseado formar una familia así, y ahora, quizás la estaba viendo, viviendo.

¿Qué podía reprocharle a Bill en ese momento? ¿Qué Lucian y él aún seguían con sus túnicas para dormir? Incluso ese reproche parecía muy tonto y hogareño. Demasiado familiar.

Observó fijamente a Bill, examinó de más esa sonrisa pintada en su rostro, era honesta, llena de emoción, orgullosa, pero no con ese orgullo que Tom detestaba, no, sino con ese orgullo tierno de un padre compartiendo con su hijo.

Tom cerró los ojos, inhalando profundamente.

Si ignorara todo, a Roma, a las personas, quizás él y Bill podrían ser una buena familia, una cariñosa, donde la calidez no solo seria de parte del fuego que los ilumine durante las noches, sino de lo que ellos tienen.

Sintió como la calidez de su pecho se deslizaba hasta situarse en su vientre.

Esa misma sensación que había tenido hacía años cuando estaba con Willem. Como si su interior exigiera cargar el bebé del hombre que lo hacía sentir tan bien. Un impulso de parte de sus entrañas por una unión física del amor, una que fuera la mezcla perfecta de ambos.

Se llevó la mano al vientre vacío.

Estaba mal, pero, por ese instante, sintió la necesidad de estar en cinta de su hermano, cargar a su bebé.

Era un instinto muy bajo, el más bajo que había tenido en su vida, y aun así lo hizo.

Se acarició el vientre por encima de la tela como si fuera un hecho, como si lo que estaba pasando era únicamente un viaje familiar, donde Bill juega con su primogénito mientras Tom descansa porque esperan un segundo.

La idea resultaba demasiado acogedora. Apretó los dientes, aborreciéndose a sí mismo y a Bill por hacerlo pensar en una fantasía absurda y despreciable.

No iba a ceder, no iba a pasar nada entre él y Bill, nada iba a concretarse y debía mantenerse ahí.

Apartó la mano de su vientre y su rostro reflejaba una seriedad frágil y forzada.

No iba a decirle a Lucian que llamarle papá a Bill estaba mal, podría lastimar a su hijo, así que dejaría pasar eso, pero haría todo lo posible por dejarle en claro a su hermano que el ser llamado así no le daba ningún derecho, sólo era una palabra, no un permiso total a sobrepasarse más.

—¿Ya han comido algo? —preguntó de repente Tom, saliendo de detrás del pilar, sorprendiendo a Bill y Lucian.

—Tom —sonrió Bill, al verlo. —¿Desde hace cuánto estás ahí?

—Mamá —exclamó Lucian, acercándose a Tom para abrazarle la pierna.

Tom sonrió agachando la mirada para ver su pequeño, y pasó su mano por el cabello revuelto de Lucian.

—Tienes una sonrisa muy hermosa desde la mañana, Lucian —comentó Tom, pellizcando la mejilla de su hijo con suavidad, provocando que el niño se riera. —Acabo de despertar —respondió, viendo a su hermano.

Tom observa que Bill parecía impaciente, contenido y eufórico, probablemente con demasiadas ganas de contarle lo que acababa de suceder minutos atrás.

—Bill, no me siento cómodo estando aquí y que el palacio haya quedado sin una autoridad muy formal tuya, ¿has enviado ya a un sirviente para informar que te encuentras bien y que volverás pronto? —cuestionó Tom.

Bill no ocultó su decepción por la pregunta, pero asintió.

—Lo hice, pero, Tom…

—Muy bien, entonces, volvamos lo más pronto posible, por favor —lo interrumpió el doncel.

—¿Las vacaciones se terminan, mamá? —preguntó Lucian, desanimado, jalando la tela de la túnica de su madre.

—Sí, Lucian, Bill necesita volver, tiene que ser responsable como César, tú también aprenderás a ser responsable para el imperio —acotó Tom.

—Pero, papá es el emperador, mamá, él puede hacer lo que quiera, como que nos quedemos aquí siempre —insistió Lucian, que no aceptaba un no por respuesta tan pronto.

Tom suspiró y se puso a la altura de su hijo, ignorando la palabra “papá”.

—Podremos volver otro día, pero, Bill tiene que volver al palacio —estableció Tom, con dulzura pero severidad. —¿No extrañas tus juguetes? Todos están en el palacio.

La mención de los juguetes hicieron que Lucian cambiara de expresión.

—Lo sabía, los extrañas, entonces volveremos al palacio y podrás jugar todo lo que quieras —continuó Tom, sonriéndole, antes de volver a incorporarse.

—¿Papá podrá jugar conmigo cuando estemos en el palacio? —inquirió Lucian.

—Tendré que organizar mi tiempo —respondió Bill, acercándose, buscando la mirada de su hermano, pero este lo evitaba.

—Bien, no perdamos el tiempo, de seguro la primera comida del día ya está servida, y tú, pequeño rayo de sol, tienes que comer —Tom tomó la mano de su hijo, y se dio la vuelta.

Bill sólo asintió, caminando detrás de ellos. Notando como por unos segundos, Tom se tocaba el vientre plano, como si hubiera algo ahí, pero rápidamente la quitó. De seguro sólo estaba observando de más un simple gesto.

Continúa…

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por Namyukaulitz

Escritora del Fandom

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