
Fic Toll de Namyukaulitz
Capítulo 17
Regresaron al palacio al día siguiente de ese, por la mañana, en un carruaje acomodado.
Tom se mantenía ignorando la nueva forma de llamar a Bill de Lucian, no lo afirmaba ni lo reprochaba.
Pero se daba cuenta que Bill esperaba que él dijera algo, pero eso claramente no pasó.
Tom se sentía un poco invadido, pues ahora su villa ya no sería un secreto en el cual se sintiera seguro, pues ahora era un lugar que incluso pretorianos conocían cuando los escoltaron de regreso al palacio.
Una vez en el palacio, y de considerar que todo estaba bien, Bill inició con lo que venía semanas guardando.
Los juegos que eran para honrar a su padre, aunque era más para el deleite personal de Bill, ya que, él era fanático las batallas del coliseo y los gladiadores.
Entonces, ¿si todo estaba bien por qué no celebrarlo?
&
Recién habían iniciado los juegos, siendo anunciados por todo lo alto en Roma, como un espectáculo digno.
Roma amaba las batallas, y más si podrían deleitarse con ellas viendo recreaciones de ellas, así que eso, fue bien recibido por el pueblo.
Tom prefirió quedarse al margen, enfocándose más en otra cosas, que en la decisiones de esa magnitud que tomaba Bill, no era que no le importase, sino que no quería discutir, mucho menos por un tema que involucra al coliseo.
No podía velar todo el tiempo por las decisiones de Bill, ni tampoco era una responsabilidad suya al final del día. Bill seguía siendo el César y si él quería llenar el anfiteatro de agua para batallas navales, podía hacerlo.
Igual en ese momento, por esas semanas, Tom no se sentía capaz de reprochar algo, más allá de la vergüenza que sintió cuando fue inevitable ganarse miradas por desaparecer y que Bill no fuera discreto con su búsqueda.
Por el resto, Bill se mantenía respetando el límite.
Habían vuelto a ser cercanos, pero no lo suficiente como para incomodar al ojo de personas víboras.
Esa noche se realizaba una fiesta, como celebración del buen inicio de los juegos, Bill estaba emocionado.
Tom decidió asistir, a pesar de que la última fiesta en la que había estado, había sido casi una humillación, pero no podía demostrar frente al resto que sus rumores lo habían derrotado y hecho sentir inseguro, no, tenía que asistir con una buena actitud y dignidad limpia.
Esta celebración no era tan privada como la vez anterior, era más pública y habían más personas.
Desde que había iniciado la fiesta, Bill había disfrutado con una gran sonrisa y actitud relajada.
Así que Tom decidió hacer lo mismo, disfrutar, pero de manera más tranquila, bebiendo vino y hablando con un par de personas.
Pero conforme anochecía, fue perdiendo la cuenta de cuantas copas de vino al igual que el resto de presentes.
Esa noche el vino estaba especialmente fermentado, haciendo que eventualmente varios acabarán reposando sobre los muebles.
Bill todavía se mantenía en pie para casi el final de la fiesta, mientras que Tom se había recostado sobre un lectus triclinaris.
El doncel alzó su mano débilmente, ebrio y somnoliento, deseaba irse a descansar a sus aposentos, así que ese gesto era para sus siervos que estaban atentos a lo que necesitare.
Con el corto gesto de la mano, un doncel se acercó.
—¿Qué desea, alteza? —preguntó el siervo.
Tom se levantó con torpeza y poco equilibrio, a lo que se sostuvo de los hombros del contrario.
—Quiero ir a descansar a mis aposentos —manifestó Tom, ladeando la cabeza hacia el doncel.
—Está bien, alteza, ¿puede caminar o desea que lo ayude? —preguntó el siervo.
—Sí… Necesito ayuda, dudo poder mantenerme en pie sin tropezarme con mi vestido —Tom sonrió ladino, sonrojado por la embriaguez, con una actitud dulce y mansa.
El sirviente asintió y pasó su mano por la cintura del de rastas, mientras este mismo seguía aferrado a sus hombros.
Bill observó como a unos metros de él, Tom se retiraba agarrado de uno de sus sirvientes, visiblemente ebrio.
El azabache sintió una punzada de curiosidad y celos, por lo que los siguió, por más que sus pasos eran lentos y torpes, tratando de imitar la firmeza con la que caminaba cuando estaba sobrio.
Su mirada se mantenía fija en el brazo alrededor de la cintura de su hermano mayor, tanto que dudaba que el siervo no hubiera sentido su mirada.
Hasta que el siervo y Tom entraron en los aposentos de este último.
Aun sin notar la presencia vigilante de Bill.
Bill se quedó afuera cuando las puertas se cerraron detrás de ellos, dudoso de entrar. No era que antes no hubiera entrado sin permiso a los aposentos de Tom, no, pero, en ese momento, se sintió inseguro por alguna razón que el vino fermentado en su sistema no le dejaba asimilar.
Pero, finalmente empujó una de las puertas con la mano, solo un poco y suave, para poder ver por un pequeño espacio.
El siervo le había retirado el calzado a Tom, mientras el de rastas estaba sentado sobre la cama, con el ceño fruncido.
—Hace demasiado calor… —se quejó Tom, con los ojos cerrados. —Por favor, desnúdame —ordenó.
El doncel asintió y se puso de pie, ayudando a Tom a hacerlo también, y dirigió sus manos para soltar los broches de los hombros, dejando al descubierto la parte superior del torso, y luego soltó la cinta que acentuaba la cintura, y con eso, el resto de la tela se deslizó por la el cuerpo el Tom, dejándolo desnudo en cuestión de segundos.
Bill tragó saliva con dificultad, observando la silueta desnuda de su hermano, iluminada únicamente por la luz de la luna que entraba por las ventanas y balcón, sin necesidad de fuego, sólo la luz bañando su cuerpo desnudo.
El siervo terminó de retirar la poca tela que cubría el cuerpo de Tom, dejando toda la extensión de su piel descubierta.
—Traeré un paño y agua para limpiarlo, alteza —avisó el siervo.
Bill se sentía celoso, pero también notaba que el siervo apenas tocaba y miraba a Tom, a menos que fuera necesario, así que cuando este avisó que saldría, Bill se movió rápidamente, no escondiéndose, pero no interfiriendo de la salida del siervo de los aposentos.
Una vez el siervo salió, Bill no pudo evitarlo y entró.
Tom movió su cabeza y mirada en dirección a las puertas, viendo a la sombra negra que se aproximaba.
—Has vuelto pronto —comentó Tom con una sonrisa, hasta que mientras la sombra se acercaba la luz de la luna descubrió de quién se trataba, y el doncel se vió sorprendido. —Bill… —murmuró.
El nombrado se acercó lentamente, hasta estar a un metro del doncel desnudo.
El César se sonrojo, examinando cada parte de su desnudes. No podía hablar, su garganta estaba tan apretada que las palabras no salían.
—¿Por qué me miras así? —preguntó Tom, restando distancia entre ellos, olvidando su desnudez por ese momento.
Bill subió la vista desde sus piernas hasta su rostro, viendo la mirada suave de Tom.
—¿No crees que hace demasiado calor…? —continuó el doncel, dejando su cuerpo caer sobre el de Bill.
—Sí… —balbuceó Bill como un idiota.
—Lo siento… —se disculpó Tom, riendo, poniendo una mano sobre el torso de Bill, para poder apoyarse. —Tomé demasiado vino y ahora soy un desmañado que tropieza incluso con el aire.
Bill lo tomó por los brazos con las manos calientes, demasiado, tanto que incluso Tom se sobresaltó al sentir su tacto.
—Estás hirviendo… —vaciló Tom, alzando la mirada para verlo a los ojos.
El azabache no dijo nada, y se inclinó sobre el cuello de Tom, quería asegurarse de que era real al respirar el aroma del perfume que usaba Tom y no una alucinación producto del alcohol.
Al percibir tan cerca de su piel, Tom siseo, cerrando los ojos, y apretó sus manos sobre el torso de Bill.
—Bill… Estas rozándome algo… duro —susurró Tom, separándose un poco, sonrojado, aunque no había rechazo claro en su mirada.
—Perdón… —tartamudeó el azabache, avergonzado, teniendo la certeza de que esa escena ya se había repetido entre ellos antes.
—No, está bien —aseguró Tom, sonriéndole levemente, para después ver la dureza que se alzaba por debajo de las telas de Bill, subiendo la mirada rápidamente.
Bill asintió, no sabía donde tocar o que hacer, y su cuerpo reaccionaba a su excitación. Sus manos se aferraban a los brazos de Tom, manteniendo su mirada fija en los orbes brillosos y grandes del doncel.
Los ojos de Tom no tenían nada que envidiarle a las estrellas que estaban pintadas afuera sobre el cielo, y Bill se dejó guiar, acercando su rostro al del más bajo, con la intención de besarlo.
Pero sus labios no llegaron a tocar ni siquiera un centímetro de piel, cuando Tom se desvaneció, cediendo al sueño y al alcohol, cayendo sobre los brazos de Bill, los cuales los sujetaron de inmediato.
—Tom —lo llamó Bill, alarmado, sosteniendo su cuerpo, moviéndolo, pero su hermano no respondió. Entonces su excitación se evaporó como agua en suelo caliente.
Debido a la posición era un poco complicado cargarlo, pero Bill se las ingenio para hacerlo, cargando su cuerpo hasta el lecho, dejándolo sobre la suavidad de las sabanas.
Acercó el dorso de su mano por debajo de la nariz del doncel, para asegurarse que respiraba, cosa que, afortunadamente, pasaba, Tom estaba bien, sólo había quedado inconsciente.
Bill suspiró aliviado, hasta que el sonido de la puerta abrirse lo hizo recordar al siervo que minutos atrás había salido.
El siervo con una bandeja de plata sobre las manos se quedó congelado, observando una escena que, sabía que no debía haber visto.
Bill se tenso, casi igual o más que el sirviente.
—Yo sólo vine a hablar con él —aclaró Bill en un tono que en un principio fue nervioso, incluso ebrio sabía cómo se veía eso.
Tom inconsciente sobre el lecho, desnudo y Bill inclinado sobre él.
El siervo le dió una mirada a Tom, afligido, y luego volvió a ver al César.
—Te he dicho que sólo vine a hablar con él, no le he hecho nada —explicó con firmeza el azabache, con un semblante que pasó del nerviosismo a uno adusto, acercándose al sirviente. —No vayas a decirle nada de lo que acabas de ver a nadie, ¿está bien? Porque yo me entero de todo, y sabré si has abierto tu boca —murmuró cerca del contrario, provocándole un escalofrío de terror. —Y no creo que quieras que tu bello rostro tenga una sonrisa permanente que alcance tus orejas —amenazó, antes de salir, casi huyendo de la habitación.
Bill se fue a sus propios aposentos, con los nervios a flor de piel y una erección que dolía de forma insoportable, se retiró la tela que cubría su cuerpo, para quedar desnudo.
Tom tenía razón, estaba haciendo demasiado calor.
Vió su miembro erecto, apretó los ojos, frustrado.
Había estado tan cerca. Tan tortuosamente cerca.
Había tenido a Tom desnudo frente a él.
Y aun así, con ese regalo digno de Cupido, no había logrado concretar nada, ni un beso.
Envolvió su miembro hinchado con su mano, masajeándose. Sintiéndose patético, no porque se estaba masturbando al recordar la piel desnuda y bañada en luz de luna de su hermano, no era la primera vez que lo hacía de cualquier forma, sino porque se había congelado, no sabía donde tocar ni que hacer.
Aunque sus instintos más bajos, dignos de un animal sin razón, le hubieran gritado lanzarse sobre Tom y devorarlo, para saciar el hambre que ni con toda la buena comida del imperio o el cuerpo de cualquier mujer o doncel podría saciar.
Siseo e hizo su cabeza hacia atrás, moviendo su mano con prisa sobre su falo, facilitando el movimiento su propio presemen.
Esa era, probablemente, la primera vez que observaba completamente desnudo a Tom, y Tom había estado dispuesto.
El «está bien» con aquella voz azucarada de su hermano resonaba en su cabeza como si hubiera sido un gemido de completo placer.
Necesitaba desfogarse o iba a explotar, aunque fuera con su propia mano, que imaginaba como otra cosa.
&
La mañana siguiente se sintió especialmente pesada.
Bill apenas había podido dormir realmente bien después de tener que consolarse a sí mismo, por lo mismo, una culpa inexplicable lo invadió recién se despertó.
Tenía unos muy ligeros recuerdos de lo que había pasado la noche anterior, no estaba seguro de si el vino se había calmado dentro de su cuerpo, y eso era lo que lo hacía no tener una precisión tan clara de lo que había pasado, teniendo más que nada sensaciones.
Pero, decidió que se guardaría eso para él mismo, no demostraría ser un César avergonzado con la cola entre las patas por una noche de demasiado vino, no.
Tenía que seguir el protocolo de ese día, como uno cualquiera.
Tom despertó no mucho después que él, al percatarse de su desnudez, se preguntó en qué momento había pedido que lo desvistieran o si incluso lo había hecho él mismo.
Su cuerpo se sentía húmedo, debido al sudor de una noche que había sido demasiado calurosa incluso si había estado desnudo.
—Uhm, ¿quién me desvistió anoche? —preguntó Tom, mientras se cubría con una sábana y una sierva entraba en sus aposentos para ayudarlo a prepararse.
—Ciro, alteza, él estuvo al tanto de usted durante la fiesta de ayer —respondió la mujer.
Tom se quedó callado, intentando recordarlo, al menos en sus recuerdos de cuando aún estaba sobrio.
—Ah, sí, lo recuerdo, debí haberlo llamado y pedido que me trajera a mis aposentos —recordó vagamente el doncel. —Por cierto, ¿adonde se encuentra Ciro? Siempre te acompaña a prepararme para el día —mencionó al ver la falta de aquel sirviente.
—Él se marchó del palacio, alteza —reveló la mujer.
Tom se quedó con un rostro confundido y sorprendido por la noticia. —¿Por qué?
—No dio explicaciones, al ser un liberti, sólo lo aviso y se marchó —explicó la mujer, acercándose al doncel. —¿Desea que lo mande a llamar?
Tom aunque, sorprendido, pues Ciro había sido un sirviente bueno y atento, y su partida le resultó muy abrupta, pero, al final negó con la cabeza.
—No, está bien, sus motivaciones habrá tenido —aceptó Tom, levantándose del lecho. —¿El balneum está listo? Me gustaría tomar un baño antes de la comida.
—Sí, alteza, el balneum está listo, el agua esta vez está templada, creímos que debido al calor lo preferiría de esa forma.
El baño de agua templada fue perfecto, lo necesitaba después de una noche como la anterior.
Después de vestirse, se dirigió a tomar la primera comida del día, encontrando en el lugar a Bill, sentado en un subsellium con la cabeza agachada y las manos sobre sus piernas abiertas, inclinado hacia adelante, apartado de la mesa, claramente ya había terminado de comer.
—Pareces derrotado —comentó Tom viéndolo, con una sonrisa que contenía gracia.
Bill lo observó con los ojos bien abiertos, sobresalta de que estuviera ahí, se quedó callado, buscando una señal de inconformidad en el rostro de su hermano, pero no, ni siquiera su sonrisa era burlona, sino más bien curiosa.
A decir verdad, Bill esperaba un reclamo, un grito, pero Tom parecía tranquilo, incluso de buen humor.
—Ayer estabas demasiado emocionado en la fiesta, y ahora parece que has sido derrotado en una batalla, incluso tu armadura sigue con esa idea —continuó Tom, tomando un poco de fruta recién cortada de la mesa, llevándosela a la boca.
Al ver que Bill no hablaba, Tom decidió continuar hablando con normalidad.
—¿Sabes? Mi sirviente Ciro se ha marchado del palacio, me hará falta, me ayudaba a escoger buena seda para vestirme —acotó el doncel, apoyándose sobre la mesa, de frente a su hermano menor. —¿Crees que habrá encontrado una oportunidad mejor que servir en el palacio?
Bill entreabrió los labios y levantó su dedo por unos instantes, para responder, pero se retracto, agachando la mirada, pensativo. Levantándose después de unos momentos, cuando Tom se volteó para tomar más fruta, acorralándolo contra la mesa con una mano.
Tom se sobrecogió al tenerlo tan cerca, Bill ladeo la cabeza, con el ceño ligeramente fruncido, observando fijamente su rostro.
—¿Qué tienes…? —masculló el doncel dejando caer el trozo de manzana cortada que tenía entre los labios, apartando su rostro, provocando que la palla de su cabeza se cayera, mostrando sus rastas recogidas y adornadas con perlas.
—Ayer… ¿No recuerdas nada de ayer? —inquirió Bill con la voz tensa.
Tom alzó los hombros, riendo un poco nervioso. —Bill, ayer bebí demasiado vino, no bebía así desde que era joven, así que no recuerdo nada, ¿hice algo vergonzoso en la fiesta…? —preguntó, temeroso de escuchar la respuesta, recordando el penoso baile que habían protagonizado en la última fiesta.
Bill negó con suavidad. —No…
—¿Te dije algo?…. Ahg, si lo más probable es que debí haber dicho alguna tontería, el vino me nubla el juicio —estableció Tom, intentando calmar sus propios temores de haber hecho algo imprudente. —Si te dije algo no te preocupes, no estaba siendo honesto, era el vino hablando por mí.
Bill suspiro frustrado, agachando la mirada, viendo el lado del cuello de Tom que había respirado la noche anterior.
—Me estas poniendo inquieto —expresó Tom, buscando su mirada, ante el silencio y actitud de Bill. Lo estaba poniendo ansioso.
—Ayer te ví… Desnudo —confesó Bill, presionándose contra Tom, buscando la misma cercanía caliente de la noche anterior, y acercando su rostro.
Tom se congeló y sus ojos se abrieron en grande, sus manos rápidamente buscaron apartar a Bill, tomándolo por los hombros.
—No debí haber visto, perdóname… —susurró el azabache, cerca de su mentón. —No pasó nada, así que no te preocupes, sólo te ví.
Tom cerró el ojo del lado que Bill respiraba sobre su mentón, haciendo hacia otro lado el rostro.
—Eres un…—balbuceó Tom, con la voz entrecortada por la combinación de molestia y sofoco que sentía en ese momento, pero escucho unos pasos acercarse hacia donde estaban. —Habías prometido que te comportarías y ahora me haces esto, sigues siendo insolente —masculló.
Aunque los ojos de Bill se vieron afligidos por sus palabras, no se alejó, en cambio le besó el costado del mentón. —Perdón —musitó contra su piel.
Tom cerró los ojos y alzó la mirada al techo, conteniendo su sentir.
Cuando los pasos estaban por girar a la entrada de la sala, Tom se apartó de Bill, moviéndose hacia otro extremo de la mesa, acomodándose con prisa su palla.
Mientras Bill se quedó encorvado sobre sí mismo, dispuesto a perseguir a Tom, pero eso no pudo ocurrir pues una voz lo hizo dirigir su atención a alguien más.
—César, lamento interrumpir su comida, pero a usted deseaba verlo —entró Cassius con una gran sonrisa, el anunciador y líder de las batallas en el coliseo. —La batalla de hoy esta lista y preparada tal y como usted lo desea, habrá sangre real, no sólo actuaciones que buscan imitar la realidad
El rostro de aflicción de Bill, cambió ligeramente ante la noticia, aunque parecía más bien incómodo que realmente feliz.
—¿Sangre real? —preguntó de repente Tom, viendo a Cassius.
El hombre mayor hizo una reverencia al notar la presencia del doncel.
—Lamento no haberlo visto antes, su majestad, me disculpo por eso —se apresuró a decir Cassius. —Y sí, hoy las muertes serán reales. Un espectáculo fuera de lo común, tal y como el César lo ordeno.
Tom apretó los labios, viendo con reproche a Bill, pero no dijo nada. ¿Qué clase de acto sádico fue aquella decisión?
Las batallas en el anfiteatro eran actuadas, rara vez moría alguien en la arena, sólo era un espectáculo para el deleite de los más morbosos… como su hermano menor.
&
—Ellos son frágiles… —murmuró el hombre mayor. —Demasiado. Se confían creyendo que hay momentos donde no hay ojos sobre ellos.
—¿Los consideras fáciles? —inquirió Graco, escéptico.
—Bill es en especial difícil, despreció a mi hija cuando esta intentó seducirlo, está completamente obsesionado con su hermano mayor —respondió Gaius, con el rostro contraído en rabia. —Pero sé que son frágiles, la relación que tienen es inestable, es más claro que el agua, no estoy seguro de qué clase de hermanos son, o si todos lo que se dice de ellos es cierto, pero lo que sí doy por hecho es que no es algo realmente sólido. ¿Tom huyendo de la ciudad y Bill poniendo de cabeza a Roma por él? ¿Cuando se había visto eso?
—Bill se ha comenzado a ganar a gran parte de la simpatía del pueblo con los juegos, aman el espectáculo y el pan, pero sus demandas comenzarán a afectar las reservas de Roma —masculló Graco.
—Además, si el Senado sigue teniendo problemas con él se deshará de nosotros… Así que nosotros tenemos que deshacernos primero de él —Gaius bajó la mirada.
—¿Cómo?
—Utilizando al doncel, durante los juegos de hoy se veía particularmente incómodo, según un par de ojos que tengo en el palacio, pasó algo durante la primera comida del día, un roce con el que el príncipe Tom se veía especialmente ofendido. ¿Recuerdas la fiesta de ayer? Yo estaba ebrio, pero no demasiado como para no notar que Bill siguió a su hermano cuando este se retiró, envíe a uno de mis propios siervos y observó cómo Bill se metió a sus aposentos, se quedó ahí adentro por unos minutos y luego salió huyendo como una rata. ¿No es claro? Si realmente fueran amantes, así fueran únicamente carnales, Tom no evitaría incluso la mirada de Bill durante los juegos de hoy, hay un rechazo por su parte, eso es evidente, podemos usar eso a nuestro favor.
—¿Piensas que Tom se unirá a nosotros para conspirar contra Bill? No estoy seguro, aunque se vea incómodo cerca de él, dudo mucho que lo traicione, sigue siendo su familia.
—Sí, estoy seguro, pero todavía no es el tiempo, como te dije, son frágiles, tenemos que esperar a que su relación se fracture aún más, que la incomodad de Tom incremente hasta convertirse en desprecio, para poder hacerlo. No hay alguien más que pueda sernos tan útil como él, el doncel, porque Bill es capaz de dejar a un lado todas sus tareas sólo por él. Tom tiene en su mano a Bill, entonces nosotros necesitamos tenerlo a él en las nuestras, sólo tenemos que esperar el momento perfecto, cuando los fragmentos de su relación caigan como granizo violento y ceniza de un volcán que está apunto de estallar como en Pompeya, y el imperio volverá a ser del Senado.
Continúa…
Gracias por la visita. No olviden dejar un comentario 🙂