Imperium 18

Fic Toll de Namyukaulitz

Capítulo 18

Desde que Bill le había confesado a Tom que lo había visto desnudo, el doncel se encontraba inseguro.

Repensando una y otra vez en ese hecho.

Si había algo que odiaba de sí mismo, era dudar de Bill, luchaba por no hacerlo, pero las actitudes de su hermano menor era lo que lo hacían dudar.

Nuevamente se había tornado distante y quizás hasta apático, con el César.

No lo ignoraba, pero evitaba su mirada a menos que fuera realmente necesario sostenerle la mirada.

Era consciente que Bill y él habían estado demasiado ebrios cuando sucedió todo, pues de lo poco que recordaba, era que Bill también pasaba de una copa a otra.

Aun así, intentaba recordar qué era lo que había pasado exactamente, pero no podía, su mente no se había esforzado en guardar ese momento.

Por lo que, de manera discreta mandó a llamar a Ciro, aquel doncel que lo había acompañado, comenzando a sospechar que, quizás su salida del palacio no había sido una casualidad, pero Ciro ya no estaba en Roma, había dejado pasar demasiado tiempo, días.

Podría haber movido a un par de personas para encontrarlo, aunque hubiera salido de Roma, pero prefiero no hacerlo, pues Ciro se había marchado con su familia, así que Tom no considero prudente el hostigar a una familia.

&

El complejo del palacio era demasiado amplio como para poder evitar ver a Bill estando en otra punta o sala, pero claro, había momentos que no podía evitar.

Como compartir las comidas o el palco en el coliseo.

Pero, ya estaba por anochecer, por lo que regresaron al palacio.

Bill se marchó por separado, cosa que, aunque Tom agradeció, pues era él quien siempre se iba unos momentos antes que Bill, también le pareció un poco extraño, pero decidió no darle mayor importancia, pues Bill también había estado distraído durante esos días, porque los juegos se habían vuelto más sangrientos y violentos, con lo que el César estaba encantado y enfocado en eso.

En cuanto llegó al palacio, Tom fue primero a los aposentos de su hijo, dejándolo a cargo de sus nodrizas, para después irse a sus propios aposentos y despojarse de la ropa ostentosa, decoraciones y accesorios que, en ese momento ya las sentía demasiado pesadas por lo agotador.

Se dio cuenta que el pasillo en el que sus aposentos se encontraban estaban demasiado solitarios, únicamente estaban los candelabros que ya estaban encendidos, sus fuegos era lo único que se movía en ese lugar.

Lo observó por unos segundos, creyendo que sus sirvientes ya estarían adentro, esperándolo para ayudarlo a ponerse más cómodo.

Pero en cuanto empujó las puertas de sus aposentos, percibió un intenso aroma floral colándose en su nariz.

Encontrando el suelo repleto de flores recién cortadas por todo el suelo, se quedó perplejo, hasta que su mirada recorrió el resto de las flores, hasta llegar a los pies de su leche, donde para su sorpresa había alguien esperándolo.

—¿Qué es esto? —cuestionó Tom, viendo a su hermano con un ramo de flores finamente diseñado, tanto que se notaba el esmero de quien lo había armado a metros de distancia.

Bill alzó la mirada, notablemente cohibido, hasta nervioso, todavía vestido con la armadura y corona que había usado ese día durante los juegos.

—Necesito disculparme apropiadamente contigo —dijo Bill con voz suave.

Tom se movió entre las flores, con cuidado, incluso recogiendo un poco de la tela de su vestido para poder moverse mejor.

Era un escenario encantador, hablando visualmente, pero el doncel se sentía un tanto abrumado, intentando no lastimar a ninguna flor para llegar hasta Bill.

—¿Y piensas que llenar mis aposentos como si fuera un festival de abril es una buena forma? —inquirió Tom, no con desprecio, sino con decepción como se había sentido hacia Bill durante esos días.

—Nunca has rechazado una flor de mi parte —masculló Bill, extendiendo el ramo al doncel.

Tom observó el ramo y luego miró a Bill, y resopló.

—A mi hermano, a mi hermano menor nunca le rechazaba una flor, aunque estuviera marchita porque sus manos no pudiera tratarla con cuidado hasta dármela, pero a tí, no sé cómo aceptar una flor aunque la haya escogido y preservado cuidadosamente —acotó Tom, viendo como ambos estaban rodeados de flores, incluso en los muebles habían jarrones llenos de ellas.

—Todavía sigo siendo tu hermano menor, Tom —insistió Bill, comenzando a desesperarse.

Tom cerró los ojos y negó con la cabeza.

—No lo eres, porque un hermano no se comporta como lo haces tú —Tom se tomó de los brazos, abriendo los ojos, manteniendo una expresión seria pero no hostil. —Me has hecho sentir violado, y eso, no puedo dejarlo pasar porque no me deja tranquilo…. —masculló.

La respiración de Bill es exaspero, pero busco mantenerme tranquilo, porque sabía que alterarse sería contraproducente.

—Tom, por favor —musitó el azabache, no podía reclamarle a Tom el sentirse de esa manera, aunque si lo lastimaba y ofendía en el fondo que fuera capaz de verlo capaz de aquello.

Tom volvió a negarse.

—Sé que mi exceso de vino no es una excusa, pero, te juro que yo no te hice nada, lo máximo que mis manos tocaron fueron tus brazos, antes de que tu cuerpo cediera y cerraras tus ojos, incluso en ese momento, no toque, no pude, no soy capaz, me preocupo ver tus ojos cerrarse tan de repente que todo pensamiento lascivo se apartó de mi mente y instintos —explicó Bill, apretando el ramo entre sus manos. —Te lo juro, Tom, por favor, tienes que creerme.

Al ver que Tom no cambiaba su expresión, Bill hizo que sus rodillas cedieran y se arrodilló.

—¿De verdad ves mis sentimientos hacia a tí de esa manera? Deseo tu cuerpo, tocarlo y sentirlo, pero sólo si tú me lo permites, no podría ni siquiera imaginar tocarte sin que tú respondas y me mires sintiendo lo mismo que yo. Te quiero, te amo, te deseo y tal vez eso es lo que me hace ser débil ante mis impulsos, pero mi intención no es hacerte daño —continuó Bill.

Tom se quedó en silencio, con la mirada hacia otro punto de la habitación, sobre cualquier flor, evitando ver la mirada suplicante de su hermano menor, pero con sólo escuchar su voz podía saber que no le estaba mintiendo, había vivido toda su vida con Bill para saber cuando era realmente honesto y cuando no, cuando mentía, y en ese momento, no lo estaba haciendo.

—Ningún varón romano niega cualquier clase de acusación por haber tomado por la fuerza y vulnerabilidad a una mujer o a un doncel, pero tú hasta te has arrodillado… —reconoció Tom sin verlo. —¿Qué hice antes de cerrar los ojos…? —preguntó, con temor en el fondo de la voz.

La pregunta hizo que Bill se quedará estupefacto por unos segundos.

—Me confundiste con tu sirviente, cuando te diste cuenta que era yo te acercaste, no parecías incomodo porque te viera asi o me acercara, me mirabas demasiado mientras tu mano estaba puesta sobre mí —relató Bill, antes de sonrojar, por llegar a un detalle en específico.

Tom también se sonrojo, evitando verlo, sintiendo como su corazón se agitaba, como si predijera que era lo que continuaba.

—Sentiste mi cuerpo reaccionar al como me haces sentir, otra vez…—murmuró Bill, consciente de que, era la segunda vez que Tom sentía la presión de su entrepierna tocarle.

Tom dejó escapar un jadeó, horrorizado y apenado hasta el punto que sus orejas estaban de color rojizo.

—Ah… yo… —titubeó el doncel, cerrando los ojos con fuerza, sin saber que era adecuado decir en ese instante. —¿Por qué decidiste que se derrame sangre de verdad en el coliseo en lugar de una simple interpretación de violencia? —preguntó, cambiando la dirección de la conversación antes de que la tensión caliente quemara los pétalos de las flores a su alrededor.

—Déjame al menos el deleite de tener sangre verdadera en la arena de mi coliseo, si no puedo tenerte a tí de la manera por la que lucho conmigo mismo constantemente —rogó Bill, como si no fuera un acto cruel sacrificar vidas en el coliseo por capricho y una frustración sexual que no sabía cómo canalizar.

—¿Esa es tu manera de desfogarte? —inquirió Tom con desdén, era consciente que la violencia era algo normal en la vida de los romanos, a lo que estaban expuestos desde pequeños, él, Bill y ahora Lucian, habían seguido esa línea, sin embargo, consideraba que esto era demasiado sanguinario por las razones que tenía Bill. —Preferiría verte con una concubina, sería menos atroz —estaba mintiendo en ese momento, ver a Bill con otra persona en ese acto frente a él sería incluso más atroz que presenciar muerte en el coliseo.

Bill se puso de pie al escucharlo, el ramo cayó de sus manos, pues estás buscaron la cintura de Tom.

Al sentir el contacto, Tom buscó apartarse rápidamente turbado, cayendo junto con Bill sobre las flores esparcidas sobre el piso, lo cual fue como caer en un colchón.

Tom observó a Bill con su peso sobre él, las puntas del cabello azabache le rozaba el rostro de lo cerca que estaban.

Se quedaron viéndose fijamente en silencio.

—¿De verdad preferirías verme con una concubina, Tom? —preguntó Bill, con los ojos bien abiertos, en un susurro, que demostraba que él sabía la verdadera respuesta a esa pregunta.

La armadura de Bill era pesada y fría, le presionaba tanto el vientre y el pecho que la respiración de Tom se le volvió rápidamente insostenible, aunque eso también podría deberse a que sentía el aliento caliente de Bill tan cerca del rostro que era peligroso por lo tentativo.

—Sí… —sostuvo Tom, endureciendo su rostro.

—¿Entonces puedes imaginarlo? —replicó Bill, sus manos se movieron por los costados de la cintura de Tom, hasta llegar a la cadera, moviéndose como una serpiente para abrirse espacio entre sus piernas. —En esta misma situación con alguien más, un doncel, una mujer, no importa, pero alguien que no fueras tú. Esta es la segunda vez que dices que debería de tener a otra persona, que debería desnudar a alguien más —detalló, mientras subía con las manos la tela que cubría las piernas del doncel. —Dímelo, sé honesto, ¿realmente deseas que acaricie a alguien más? —cuestionó acercando sus labios a los del doncel, pero sin juntarlos, mientras una mano se aferraba y movía al interior del muslo de su hermano mayor.

Tom no quería cerrar los ojos, no quería imaginar esas caricias en otra persona, porque se sentía tan estúpidamente bien, sólo eran sus muslos pero era suficiente para que la humedad comenzará a aflorar.

—Pero, aunque yo estuviera con alguien más, tú te sentirías todavía seguro, ¿no?, sabrías qué estaría pensando en tí, en mi cabeza seguirías siendo tú, entonces no te sentirías tan devastado, porque sabes que sigues siendo tú, pero que hay otra persona disfrutando de esto —continuó Bill, apretando la piel carnosa del muslo con su mano. —Tú quieres que esté con una concubina, pero yo no quiero, por eso prefiero desfogarme solo, ¿haces lo mismo, Tom? ¿Te tocas después de que yo te toco o también vives frustrado pero sin derramar sangre de otras personas? De seguro eres mejor que yo…

El doncel se esforzaba por mantener los labios sellados desconfiando de sí mismo que era lo que podía salir de entre ellos, y manteniendo la mirada fija, firme y retante en los ojos oscurecidos de su hermano.

—¿Quieres que deje de tocar a esa persona, verdad? No puedes vivir tranquilo sabiendo que toco asi a alguien más, pídelo y haré lo que quieras, que tenga una concubina, que deje de tocarla, que deje de usar mis manos, que únicamente te utilice a tí.

—No es necesario que sea yo quien me toque o tú quien me toque, ya antes he tenido otras manos alrededor de mi cuerpo, siempre he tenido opciones, y las he tomado —acotó Tom, los rumores de tener diversos amantes nunca le había servido realmente, al contrario, le habían hecho perder a su primer amor, pero en este momento, podría usarlo. —Yo no me guardo para nadie, Bill, nunca he usado mis manos, mis amantes se encargan de eso, saben como tratarme.

Bill se quedó callado y su fuerza en el agarre del muslo incrementó, aquello le dolió a Tom, pero más que sufrir por la excitación tortuosa, lo usó para continuar.

—No me llenan los aposentos de flores, no se esfuerzan tanto en ser respetuoso conmigo, sólo no son tú, y eso me basta —agregó Tom, suavizando su mirada, con una sonrisa asomándose en sus labios. —Sí, soy mejor tú, no pienso en nadie cuando estoy con ellos, sólo con ellos disfrutando de mi cuerpo.

El cuerpo de Bill comenzó a temblar ligeramente, conteniendo su impotencia.

—Eso siempre lo has sabido, ¿no?, lo has imaginado, ¿puedes imaginarlo ahora, Bill? —cuestionó Tom, sentía adrenalina en ese momento, y sus piernas presionaron el cuerpo de Bill. —Ellos encima de mí, tocándome en los mismos lugares que tú ahora tocas, demostrando su virilidad en mi interior, mientras yo no puedo hacer más que suplicar por ellos.

Y, Bill se quebró, sus ojos se cristalizaron, poniéndose rojizos, apretando los dientes.

—No… Estas mintiendo —balbuceó Bill, con la voz quebradiza.

—No son mentiras, ellos son hombres, no niños caprichosos y llorones —dijo Tom, a lo que rápidamente se arrepintió.

Bill se quedó paralizado, las lágrimas que estaban por rebalsar de sus ojos se deslizaron por su mejillas con frialdad y lentitud dejando surcos brillantes. Soltó su muslo y se alejó de Tom, quedando sentado de rodillas en medio de las piernas descubiertas de su hermano.

—¿Dónde están mis sirvientes? —preguntó Tom, con la respiración agitada después de quitarse el peso de su hermano de encima, sentándose con cuidado, dejando que Bill se quedara entre sus piernas.

—Los mande a retirar, quería estar a solas contigo —respondió Bill, pero sus palabras resultaban incluso lejanas para él mismo, automáticas.

Ambos se quedaron en silencio, viéndose mutuamente, asimilando lo que se acababan de decir y hacer. Abatidos.

—Perdón —susurraron ambos al unísono.

Tom agacho la mirada, viendo la mano marcada sobre la piel de su muslo, dolía un poco, era roja y tan marcada que incluso se miraba la marca de los anillos en los dedos de Bill.

Bill deslizó su mano lentamente y acarició su propia marca sobre la piel del doncel. Ya no lo estaba tocando con malicia y ganas de provocar, no, sino intentando borrar su huella como una marca sobre la arena.

—¿Puedo ayudarte a ponerte más cómodo o quieres que llame a tus sirvientes…? —preguntó en voz baja el azabache, con la mirada baja.

Tom giró sobre su propio hombro, viendo que su palla había quedado sobre las flores cuando cayeron sobre ellas, y luego vió que la corona de Bill se había torcido sobre su cabeza, ambos estaban desalineados.

El doncel fue el primero en acercarse, retirando la corona de la cabeza de Bill, acariciando y acomodando su cabello detrás de las orejas.

Bill alzó la mirada, se sorprendió por el gesto, pero comprendiendo lo que eso significaba, también acercó sus manos al cabello de su hermano mayor, comenzando a quitar los adornos hechos de oro y piedras preciosas, para después soltar las rastas del recogido, dejándolas caer sobre los hombros y espalda de Tom.

Tom bajó las manos por los hombros de Bill, recorriendo cada centímetro de la armadura, y, comenzó a despojarlo de ella, dejándolo únicamente con la túnica que quedaba debajo del frío metal, era pesada, por lo que Bill le ayudó a quitarla.

Cuando estaba por retirar la capa oscura, Tom se quedó cerca del rostro de Bill.

—¿Recuerdas cuando aprendiste andar en caballo y nos escabullíamos durante las noches a recorrer en tu caballo los alrededores del palacio a escondidas de todos? —preguntó Tom, dejando sus brazos descansar sobre los hombros de Bill.

—¿Quieres dar un paseo? —preguntó Bill, esa misma pregunta que hacía cuando buscaba a Tom en sus aposentos y tenían esas escapadas nocturnas.

Tom asintió. —Respiremos un poco de aire.

Ambos se pusieron de pie y Bill tomó la mano de Tom, saliendo de los aposentos.

Ya conocían el camino, sabían cómo evitar a los guardias, para llegar a donde descansaban los caballos.

Bill busco a su equino, dejando a Tom afuera, cuando lo encontró volvió hacia afuera, con la correa del caballo en una mano.

—¿Puedes subirte solo? —preguntó Bill.

Tom sonrió viendo al caballo blanco, acariciándolo.

—Tendrás que ayudarme —informó Tom, desviando su mirada a su hermano.

Bill asintió, subiendo él primero al caballo, para después tomar la mano de Tom y ayudarlo a impulsarse hacia arriba, envolviendo su cintura con un brazo para acomodarlo de lado, enfrente suyo, recostado sobre él.

Tom dejó su cabeza sobre el hombro de Bill, mientras este comenzaba a hacer andar el caballo en un galope lento.

—¿Es verdad lo que me dijiste hace rato? —preguntó Bill viendo hacia adelante, después de unos minutos donde lo único que se escuchaba eran los pasos del caballo.

—Dije muchas cosas en ese momento… —masculló Tom, desviando la mirada al cielo ya oscurecido.

Bill apretó los labios, su silencio era porque su cabeza estaba saturada con lo que Tom le había dicho anteriormente.

—¿Ves a otros hombres? Yo pensaba que, ya no…. —murmuró Bill, inseguro.

Tom suspiró, pensando detenidamente en qué responder, si con la verdad o mantener su mentira. Nunca le había aclarado a Bill que los rumores de su supuesta promiscuidad eran falsos.

Bill tomó el silencio de su hermano como un sí, por lo que su cuerpo se terminó de tensar, cosa que Tom percibió en su espalda y alzó su mirada, viendo el perfil del azabache con una expresión devastada y amarga.

—Entonces es verdad, ves a otros hombres que te dan lo que yo no puedo… —aseguró Bill.

—¿Te molesta que haya estado con otros o que lo vuelva a hacer? —preguntó Tom, ambiguo y con la voz monótona, sin aceptar ni negar nada, ya lo había dicho, no podía retractarse. —Siempre lo supiste, desde que te enteraste que estaba en cinta…

Bill asintió en silencio, no podía decir que había sido engañado, pues él sabía, era consciente desde hace años sobre lo que se decía de su hermano, incluso habiendo escuchado a algunos hijos de familias nobles afirmar que habían estado con Tom.

—Me molesta que no me escojas a mí —respondió Bill. —¿Es por qué soy tu hermano o simplemente no soy competente como los otros hombres?

Tom sabía la respuesta de esa pregunta, podría decirla, pero estaba seguro de que muy en el fondo, Bill sabía muy bien cuales eran sus verdaderas razones.

—Tú nunca me has visto como tu hermano, ¿cierto? Es imposible que tu amor se limite a eso —Tom deseaba saber si en algún momento de sus vidas, Bill no lo había visto como un doncel, sino como su hermano mayor, únicamente como su familia, sin otros sentimientos impuros entre ellos. —¿Alguna vez te recriminas sentirte así por mí?

Bill hizo que el caballo se alejara de las luces de palacio, yendo hacia un campo más lejano, donde la única luz que había era la de la luz.

—Creo que, en un punto, muy corto, cuando era niño si te veía de esa manera, pero eso se siente tan lejano y ajeno a mí, gran parte de mi vida te he amado, soñando con desposarte desde que tenía uso de razón, aunque no tuviera en claro que eso era únicamente para dos personas que no compartieran sangre —contó Bill. —No puedo verte de otra forma, soy esclavo de sentir ese tipo de amor hacia tí, cadenas a las que me aferro con la esperanza de que un día me veas. Que me dejes ser el único hombre que necesitas, egoísta, lo sé, también codicioso, por pedirte de más, pero es lo que quiero.

—No sé quien aprenderá primero, Bill… Si tú a verme como tu hermano o yo a verte como hombre —compartió Tom, pasando sus brazos por el torso de Bill, abrazándolo. —Yo amo a mi hermano menor, ese niño llorón, pero no al César en el que se ha convertido.

—¿Algún día seré suficiente hombre para tí? —preguntó Bill, en un hilo de voz. —¿Aunque haya hecho cosas horribles podrás perdonarme? —esa última pregunta era muy compleja, al mover la mirada y ver los ojos de su hermano, Bill pensaba en todas las cosas que le había hecho hasta ese momento, las cosas que Tom sabía y las que no…

Tom pensó que se refería a cosas como verlo desnudo, tocarlo o dejarle su mano marcada en el muslo.

—Puedes ser un buen hombre, Bill —aseguró Tom, y acercó su rostro, besando la mejilla de Bill, para después besarle la comisura de los labios, un beso contenido. —Pero antes que ser un hombre, eres mi hermano —dijo cerca de sus labios.

Un viento frío que movió el monte del campo los golpeó a ambos, Tom se acarició los brazos descubiertos debido al frío que sintió.

Bill detuvo el caballo y lo cubrió con la tela gruesa de su capa, protegiéndolo del frío, luego envolvió a Tom en un abrazo.

—Yo te amo, Bill, gracias por todo lo que has hecho por mí y Lucian, aunque no seas perfecto… —susurró Tom, pegando por completo su cuerpo al de Bill, creando una unión cálida.

—Yo también te amo, Tom —musitó Bill, besándole el rostro, gesto que Tom también imitó, ambos dejando besos por todo el rostro, evitando buscar sus labios ya fuera por error o porque la tentación de besarse era demasiada al estar cerca.

“Quizás ser tu hermano y estar unido a tí por sangre no es tan malo, si pudiera lograr yo volver a nacer, pediría a los dioses volver a ser tu hermano para estar a tu lado”, el pensamiento se mezcló con los besos y calidez de los brazos del otro.

Ambos se habían lastimado, ambos se mintieron, ambos se ocultaban secretos, pero esas últimas palabras eran genuinas.

Tal vez era una esperanza, una de que ambos aprenderían, poder convertirse en algo estable, menos pernicioso… o tal vez eso estaba reservado para otra vida donde todo fuera más propicio.

Continúa…

Gracias por la visita. No olviden dejar un comentario 🙂

por Namyukaulitz

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!