Imperium 2

Fic Toll de Namyukaulitz

Capítulo 2

Tiberius camino por la sala, con ambas manos entrelazadas. Había tenido un llamado imperial, por lo que tenía que ir directo al palacio, lo cual le parecía extraño, pues sabía que el emperador Aurelius estaba muy ocupado, además, no había nada de qué hablar, pues ya se había casado con Tom como habían quedado, aunque el doncel no viviera con él, pues prefería quedarse en el palacio.

Al llegar a donde en le indicaron que tenía que ir, la sala imperial. Solo se encontró al joven príncipe, sentado sobre el asiento designado a su padre el emperador, quien al notar su presencia dejó de jugar con lo que tenía en sus manos, dejándolo entremedio de los pliegues de su túnica.

—Sualteza, su padre me ha mandado a llamar —informó Tiberius, inclinando ligeramente su cabeza en señal de respeto al príncipe.

Bill ladeo su cabeza, haciendo que sus mechones azabaches se movieran, dejando libre su mirada.

—No fue mi padre quien te llamó, fui yo —reveló con tranquilidad.

—¿Ah? —el mayor frunció el ceño confundido. —¿Qué es lo que desea, alteza? —cuestionó intrigado.

—Solo quiero asegurarme de que entienda algo. Sé que como legítimo esposo de Tom, usted tiene el poder sobre él, a pesar de que mi hermano es un príncipe al igual que yo, confío mucho en su palabra de que no busca un lecho ni afecto por su parte. Sé que no se atrevería a tocar a mi hermano. Pero si piensa tan siquiera hacerlo… —Bill saco con suavidad un pequeño puñal, no lo levanto, solo lo mostró. —Yo mismo me asegurare de destriparlo mientras duerme —amenazó sin titubear, completamente serio.

Tiberius, trago saliva, quedándose quieto ante la amenaza del príncipe. El niño no estaba dudando, no estaba bromeando. Lo decía muy en serio.

—Yo… No tengo ninguna intención de faltarle el respeto a su hermano, príncipe Bill —aclaró el anciano luego de unos segundos en total silencio.

Al escuchar aquella respuesta, Bill sonrió, volviendo a ocultar su puñal.

—Bien. No lo olvide, este matrimonio solo es una farsa —Bill se bajó del asiento y se marchó sin ver atrás, dejando atónito y un tanto nervioso a Tiberius.

&

Pasaron los meses, donde con el cariño pegajoso de su hermano menor, Tom pudo llevar su embarazo, de la forma más tranquila y acogedora posible, aunque en su corazón todavía le dolía Willem, pero de nada servía pensar en él, después de todo, ya estaba casado con otro hombre.

Así que en el día del parto, el único que se mantuvo a su lado fue Bill, como si fuera su esposo, pues se negó a dejarlo solo, estando con él en todo momento, además no había nadie más que pudiera acompañar a Tom en ese momento, pues la madre de ambos había muerto al poco tiempo de dar a luz al menor. Así que aun si estaba rompiendo una tradición, como lo era que los hombres nunca estaban presentes en los partos pues consideraban que eran cosas solo de mujeres y donceles, nada le importo.

Bill tenía miedo de perder a Tom en el parto, por lo que mandó a llamar a las mejores matronas del imperio para que fueran ellas quienes atendieran a Tom, además de que también llamó al medicus de su padre para que estuviera atento a cualquier anomalía.

—¡AAH! —Tom apretó los ojos con lágrimas mientras soltaba otro grito desgarrador debido al dolor.

—Vamos, Tomi, ya casi —alentó Bill viendo el agarre tan fuerte que tenía Tom a su mano. —Tú eres fuerte, sólo puja un poco más…

—¡No puedo, me duele demasiado! —expresó Tom con dolor viéndolo a los ojos. —Tengo miedo…

El primer parto siempre era difícil, lo sabía, pero lo sentía como un completo infierno a pesar de que su cuerpo en teoría estaba diseñado para eso, quizás era por su tan temprana edad o porque era un doncel débil.

—Lo sé, pero vamos, tú eres la persona más fuerte que he conocido —Bill se acercó a su rostro y le beso la frente con todo el amor del mundo. —Todo estará bien, yo estoy aquí contigo —aseguró, apretando el agarre de sus manos.

Tom apretó los ojos, esforzándose más, dejando salir otro grito de dolor.

De inmediato, se escuchó el llanto de un recién nacido.

—¡Es un varón! —informó la matrona rápidamente, tomando al bebé entre sus manos mientras otra mujer se encargaba de cortar el cordón umbilical.

—Tom, tu bebé ha nacido —Bill sonrió en grande dándole una mirada a su sobrino, para después ver el rostro pálido de su hermano con ojos cansados.

—Necesita aire, por favor, hay que dejar que más aire entre en la alcoba —ordenó rápidamente el medicus, acercándose a Tom. —Todo estará bien, simplemente fue mucho esfuerzo —tranquilizó el hombre con una sonrisa suave. —Sólo necesita descansar, es su primer parto, es normal que colapse de esta manera.

Bill en ningún momento soltó la mano de Tom.

—Mi bebé… Quiero ver a mi bebé —pidió Tom con una sonrisa débil.

Luego de limpiar al bebé y envolverlo en tela, la matrona se lo entregó a Bill.

—Es un varón sano y fuerte —dijo la mujer mientras Bill lo tomaba en brazos.

Bill observó a su sobrino con una sonrisa suave y luego se lo pasó a Tom con cuidado, mientras el recién nacido todavía lloraba con fuerza.

Al tenerlo sobre sus brazos Tom lloró, una mezcla de emoción y amargura silenciosa.

—¿Cómo se va a llamar? —preguntó Bill con suavidad, mientras pasaba su brazos por los hombros de su hermano con cuidado.

Tom sorbió de su nariz, viendo a su pequeño.

—Lucian, quiero que mi pequeño se llamé Lucian —reveló Tom, había pensado mucho en aquel nombre, consideraba que era bonito, además de que tenía un gran significado.

—Lucian es un nombre hermoso, Tom —Bill le beso la frente y luego las mejillas. —Lo hiciste muy bien. Te amo.

Tom sonrió ante sus palabras y dejó caer su cabeza sobre el hombro de su hermano.

—Bill —lo llamó luego de unos momentos. —¿Podrías traerme flores? No podré levantarme por un buen tiempo y me gustaría tener flores a mi alrededor.

Bill no esperó a que Tom se lo volviera a repetir, y asintió rápidamente, antes de besarle la frente nuevamente, para después apartarse de él con cuidado.

—¿Quieres algo más? —inquirió.

—Tengo hambre, quiero un poco de fruta.

—Esta bien, le diré a los sirvientes que te lo traigan mientras yo iré por flores —Bill le dió una última sonrisa antes de salir de los aposentos de su hermano.

En cuanto Bill salió se encontró con Aurelius, su padre, quien tenía un rostro serio y sombrío.

—No deberías de ser tan cercano a Tom, Bill —acotó el mayor con las manos detrás de su espalda. —Te has comportado más que como un esposo estando durante el parto, es inaceptable.

La sonrisa de Bill desapareció casi de inmediato, cambiando a un semblante y actitud fría.

—Acabas de tener un nieto varón, sano y fuerte, ¿y lo primero que tienes para decir es eso? —espetó apretando los puños. —¿Qué importa si como hombre de la familia no tenía que estar en el parto? A su esposo ni siquiera le interesaba estar aquí para fingir apoyo, al menos. No iba a dejarlo solo frente a esto.

Su padre soltó un largo suspiro, cerrando sus ojos y negando con la cabeza.

—No está bien, Bill. Tienes que entenderlo, estas sobrepasando límites y no voy a aceptarlo —insistió Aurelius.

—¿Por qué no puedes estar feliz con el vínculo que yo y Tom tenemos? ¿Con el amor que siento hacia él y él hacia mi? ¿Acaso sería mejor que fuéramos enemigos? —alegó Bill, temblando de la rabia. —Dejémoslo así, padre, no puedo seguir discutiendo contigo… Tom me pidió algo y tengo que hacerlo.

Bill se dio la vuelta para ir hacia otra dirección contraria a la de su padre, deteniéndose a los pocos pasos.

—Tom quiere que el bebé se llame Lucian, para que lo tengas en cuenta para la ceremonia del dies lustricus —le hizo saber por último.

—No des por seguro el amor de tu hermano, Bill —pronunció con severidad Aurelius detrás de su hijo.

Bill se quedó inmóvil por unos segundos, antes de continuar su camino. Ignorando las palabras de su padre.

Continúa…

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por Namyukaulitz

Escritora del Fandom

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