Imperium 23

Fic Toll de Namyukaulitz

Capítulo 23

Bill apretaba el cálamo con fuerza, leyendo y firmando papiros sobre asuntos que, aunque no eran sumamente importantes, requerían su aprobación, por lo que los firmaba con tinta roja.

Su mente apenas y se concentraba realmente en lo que decían los papiros, únicamente había algo en su cabeza.

«¿Por qué él está vivo?», pensaba repetidas veces, intentando darle una respuesta a cómo un hombre que se suponía muerto, estaba vivo y amenazando todo lo que había conseguido en esos tres meses.

No sabía si estaba molesto porque le mintieron, impotente por cómo había quedado ante un simple esclavo, o temeroso porque lo que significaba el que Willem estuviera vivo.

Willem sabía demasiado, por eso lo necesitaba muerto, cuando lo envió a ejecutar, ni siquiera fue porque realmente lo hubiera ofendido realmente el que rechazara servirle, no, pero fue la excusa perfecta para deshacerse de él, incluso había ordenado ejecutar a su familia, para que no quedara rastro de él.

Asesinarlo ahora sería imposible, sin que él quedara como un desalmado, y Willem como un mártir ante todos, su fama como gladiador lo había hecho ganarse el aprecio de las personas, y Bill era más que consciente que eso le daba cierto poder.

Su amenaza política era demasiada, ya que Willem de seguro era consciente de que Aurelius lo deseaba a él como el sucesor, conociendo a su padre, probablemente ya se lo había dicho a Willem cuando se lo dijo a él.

No había ninguna prueba que autentificara su palabra, si decidía reclamar lo que su padre había decidido que era para él, sin embargo, después de recordar y repasar la última conversación de su padre, encontró algo que, en su momento, no le prestó mucha atención y su padre tampoco fue explícito en a que se referian sus palabras..

«Es lo que le corresponde» dijo su padre.

¿Por qué le correspondía? ¿Qué le daba derecho al poder? A eso no le encontraba respuesta.

Su ansiedad era tanta que, ni siquiera sintió apetito, necesitaba hablar con alguien, pero no podía hacerlo sin confesar lo que había hecho.

Lo que Willem podía significar políticamente, no era lo único que lo tenía atormentado. Lo que el rostro de Tom al ver a Willem reflejo le hacía sentir zelo, pero el zelo que sintió cuando Tom le confesó sobre todavía tener amantes, sino el zelo que sentía cuando era más joven, y Tom conoció a Willem.

Incluso si su hermano mayor había tenido más amantes que Willem, sabía y recordaba muy bien que Willem había sido el primer varón que le robó la atención de su doncel.

Necesitaba hablar con Tom, preguntarle cómo se sentía, si aún lo amaba a él.

No iba a dejar que nadie, ni los amantes que Tom pudiera tener, ni un esclavo gladiador, destruyeran los avances que había conseguido con su hermano mayor, aunque él ni siquiera aceptara pasar una noche con él.

¡Era suyo y nadie iba a quitárselo! Frunció el ceño, y no midió la fuerza con la que presionaba la punta del cálamo, por lo que la tinta roja terminó salpicado el papiro blanco, se quedó quieto, viendo como la tinta se asemejaba demasiado a la sangre.

La sangre nunca lo había intimidado, pero en ese momento, incluso la simple tinta le parecía desagradable.

No podía más, y mandó a llamar a su hermano mayor.

Tom caminó con prisa,a decir verdad, había esperado que Bill lo llamara, por lo que se apresuró al tablinum, incluso si ya estaba vestido con una túnica sencilla la cual acentuaba a su torso con una cinta.

Entró al tablinum, viendo inmediatamente a su hermano menor sentado frente a una amplia mesa, con dos consejeros acompañándolo en silencio, tomando cada papiro que firmaba.

El humo tenue del incienso le invadió la nariz, Bill rara vez usaba demasiado incienso, a menos que estuviera estresado por algo, así que desde ese momento ya podía asumir cual era el estado de su hermano en ese momento.

Tom caminó hasta ponerse al lado del costado de la mesa, y Bill ni siquiera tuvo que alzar la mirada para saber que estaba ahí.

Los consejeros se inclinaron ante la presencia de Tom, antes de que Bill les diera un último papiro y los despidiera con un gesto de manos, indicando que era todo y podían retirarse, lo hicieron, dejando solos a los hermanos.

—¿Por qué sigue vivo? —preguntó Bill, todavía sin alzar la mirada de la mesa, aunque ya no firmaba nada.

Tom apretó los labios ante la inesperada pregunta, él era quien menos podría saber la respuesta.

—No sé, Bill —respondió el doncel con honestidad.

—No debería estarlo —afirmó Bill, frunciendo el ceño, soliviantado. —Eso me ofende, terriblemente…

Bill suspiró, y se recostó sobre el respaldo de la silla, dirigiendo su mirada a su hermano

—Cuando lo viste… ¿Qué sentiste? —preguntó directamente Bill, con cierto temor en la voz al preguntar.

Tom se tenso un poco ante la pregunta, bajando la mirada por unos instantes, esa pregunta no era simplemente curiosidad, podía verlo en sus ojos y en sus manos inquietas sobre la mesa.

—No sentí nada —respondió Tom, viéndolo fijamente a los ojos.

Bill apretó uno de sus puños, esa respuesta no lo convencía claramente.

—Te ves demasiado conmocionado como para decir que no te provocó nada verlo —murmuró el azabache, agachando la mirada.

Tom se acercó a él, poniendo su mano sobre el puño cerrado de su hermano menor.

—Estoy tan conmocionado como tú por ver a un hombre que se suponía estaba muerto volver a caminar entre nosotros —explicó Tom, intentando tranquilizarlo.

—Me mintieron allá en Germania, dijeron que estaba muerto —Bill no se inmutó al contacto de su hermano, todavia seguía molesto. —Si me mienten, no me respetan y si no me respetan, no me aman.

Tom sonrió levemente, y le acarició el antebrazo con suavidad, antes de apartarse, para ponerse frente a él, dejando la mesa entre ellos, obligando a Bill a verlo.

—Debes decirle a las legiones que la traición no quedará impune —acotó el doncel con severidad, apoyándose sobre la mesa con ambas manos.

—Hermano, no quisiera ser tu enemigo —respondió Bill ante la severidad de las palabras de su hermano, parecía que Tom estaba igual de inconforme con el hecho de que le hubieran mentido.

Bill suspiró, y se pasó las manos por el rostro, sus actos le carcomía más la conciencia al tener a Tom frente a él, hablando sobre castigar a los traidores. No podría lidiar con esa severidad pero hacia él.

—Has estado demasiado tiempo aquí, vamos a la terraza, tienes que despegarte, Bill —consideró Tom, no le gustaba ver a Bill tan desasosegado.

Bill asintió antes de retirarse las manos del rostro.

En una tensión inevitable, ambos subieron hasta la terraza más alta del palacio, la que daba una amplia vista al horizonte nocturno y los jardines.

Tom se acercó hasta la balaustrada, poniendo sus manos sobre el mármol, inhalando el aire frío que movía las hojas con delicadeza.

Bill se quedó detrás de él, en silencio.

—Tom… —llamó Bill, en voz baja, después de un rato.

—¿Sí? —Tom giró primero la cabeza, antes de voltearse para verlo fijamente, y se impulso con ayuda de sus brazos para sentarse al borde de la balaustrada, dejando sus pies colgando sin importar si era peligroso.

Como cuando era más joven y se sentaba en los bordes de las terrazas para sentir que el viento lo atravesaba.

—¿Vas a quedarte siempre conmigo? No lo digo como tu amante, o como tu hermano… Lo digo como alguien que simplemente te necesita —masculló el azabache, viéndolo a los ojos, acercándose hasta a él.

Tom no respondió de inmediato, toda la vida habían estado juntos, y honestamente, nunca se había planteado una vida donde Bill no estuviera cerca de él, sin enfatizar de qué forma.

—Incluso… He permitido que sigas viendo a tus amantes, aunque eso me haga hervir la sangre —continuó Bill.

—Siempre estoy contigo y tú conmigo —respondió el de rastas, viendo hacia otro lado.

Hasta que sintió como Bill se colaba entre sus piernas y lo abrazaba por la cintura, hundiendo su cabeza en el escote de su pecho.

El contacto tan invasivo e inapropiado de Bill ya no le sorprendía, dejó que se aferrara a él, apretandolo con sus muslos, y pasando su mano por las hebras negras, pero, su mente estaba ausente, el rostro de Willem no se disipaba de su cabeza.

Su mirada se fijó en cómo su mano acariciaba el cabello de su hermano, ese cabello largo tan propio de Bill, totalmente diferente al cabello corto de Willem, que incluso ahora, como gladiador seguía manteniendo.

Bill y Willem tenían el cabello azabache, nunca se había puesto a pensar demasiado en eso como hasta ahora, los dos únicos varones que habían alojado su corazón.

Su hermano seguía ahí, en su corazón, pero en ese momento Tom se sentía demasiado alejado de ese sentimiento, volver a ver a Willem, se sintió como una intromisión, como el aguijón de una abeja, dolía y eso le hacía saber que sus sentimientos por Willem estaban vivos.

—Tu corazón está agitado —notó de inmediato Bill.

—Ya sabes que siempre se pone así cuando estoy contigo —murmuró Tom, dándole un casto beso sobre la cabeza, antes de hacer la cabeza ligeramente hacia atrás, inhalando profundamente más aire frío.

En ese momento, ni siquiera el abrazo de Bill lograba reconfortarlo, probablemente porque sabía que no podía ser honesto con él sobre cómo se sentía en ese momento respecto a Willem.

Su historia con Willem… nunca se cerró realmente, y con volverlo a ver se daba cuenta, que el abandono era algo que todavía lo lastimaba, y que necesitaba una respuesta, una explicación.

Parecía que la única forma en la que él se pudiera olvidar de Willem, y darle cabida a alguien más en sus sentimientos, era con la muerte, pero Willem no estaba muerto, nunca lo estuvo evidentemente.

Bill alzó la cabeza, y a la aparto del pecho del doncel, ese beso en su cabeza, lo había sentido diferente.

—¿Por qué encontraste gracia en él cuando eras más joven? —preguntó Bill de repente, posando una de sus manos sobre el muslo cubierto por la tela delgada de la túnica de su hermano mayor. —Entre todos los varones que presumían haber estado contigo, sé que él fue el primer varón en el que te fijaste.

Bill estaba más entrometido en sus sentimientos esa noche que de costumbre, y honestamente, lo comprendía.

Tom recordaba muy bien las rabietas que Bill hacía cuando se marchaba para ver a Willem, en ese momento, lo atribuyo a que, estaba celoso como hermano.

Ya que era común que los varones fueran celosos con sus hermanos donceles y hermanas mujeres, parecía que era parte de su naturaleza, así que Tom creía eso, incluso lo consideraba tierno, pero ahora era más que consciente que esa posesividad nunca fue por ser hermanos.

—¿Te ofende que cuando éramos más jóvenes nunca te ví como varón? —preguntó Tom, con una leve sonrisa melancólica, incluso aunque su piel estaba cubierta, podía sentir lo helada que estaba la mano de Bill sobre su muslo.

—Entiendo que en ese tiempo yo era demasiado pequeño aún, pero ahora, ¿por qué no me aceptas como tal? No quiero ver en tus ojos que ves a tu hermano menor —pidió Bill, con necesidad, ladeando la cabeza y curvando hacia abajo sus cejas. —Mírame, he crecido, mi cuerpo ha madurado como una fruta en época de estío, quiero que me tomes como el varón que soy y olvides a cualquier otro varón del que te hubieses apasionado.

Tom tomó su rostro con las manos suavemente, acariciando sus mejillas con los pulgares delineando esos pómulos marcados con la yema de los dedos.

—Bill —murmuró Tom, inclinando su rostro sobre el de su hermano. —¿No te das cuenta que al ser mi hermano tú fuiste el primer varón al que ame? Contigo aprendí amar y cuidar.

Esa era la verdad, el primer varón que amo fue a su hermano, pero no fue un amor de amante, simplemente fue amor sin signatura.

Los primeros varones que un doncel o una mujer aprenden a amar son a su padre y a sus hermanos, la familia más cercana.

A Bill lo había amado desde que él nació, aunque a los dos años no puedas tener una conciencia real de todo lo que abarca amar y cómo se divide.

—Te centras únicamente en el amor de amante, despreciando el resto de amor que puedo sentir por tí —acotó el doncel, sobre el rostro del varón. —Amarte como un varón es algo que todavía estoy aprendiendo, pero como mi hermano menor he sabido amarte toda desde que naciste.

—Pero me deseas, quieres mi cuerpo como un hombre —insistió Bill, ladeando su cabeza sobre una de las manos de su hermano.

—Lo sé, mi cuerpo desea fundirse con tu calor, pero es insostenible e impensable porque somos hermanos —continuó Tom, relajando su cuerpo, por lo que la punta de su nariz de frotó con la de Bill.

—¿Piensas que vivamos así hasta nuestra muerte? —cuestionó Bill, y la mano que sostenía a Tom se la cintura perdió fuerza, mientras los ojos se le cristalizaron. —No es justo, Tom, lo sabes, ni para ti ni para mí…

—Yo también sufro porque es injusto, y me recriminó a mi mismo… y dejo de culparte, porque sé que incluso si tú no sintieras esto por mí y sólo me vieras como tu hermano mayor, yo presumiblemente me hubiera enamorado del varón que eres —se sinceró Tom. —Porque eres un varón hermoso, estar tan atento a mí quizás no te permita ver cuantas personas te desean. No eres perfecto, lo sé, no es sólo tus actitudes, sino porque eres mi hermano.

Bill apretó los ojos, dejando salir lágrimas amargas, agachando la cabeza, cubriéndose el rostro con ambas manos.

Tom suspiro lastimero, entreabriendo los labios para continuar hablando pero, el roció de la noche que había caído sobre balaustrada de mármol y la tela de su túnica fueron traicioneros.

Su cuerpo se deslizó al vacío que quedaba detrás de su espalda, como si fuera arrastrado a una gravedad que no considera ni perdona.

Sus ojos se abrieron lentamente al sentirse de pronto tan flojo y liviano, no pudo ni siquiera emitir un sonido, lo único que alcanzó a hacer su boca fue inhalar aire, dejando de respirar por la impresión.

Su cabeza no lo proceso a tiempo, pero cuando lo hizo, su espalda era golpeada por un viento frió que le traspasó hasta la espina dorsal.

Parpadeó aunque no quería cerrar los ojos, dejar de ver su vida, a su hermano menor.

En esos instantes, microsegundos en los que sus ojos se cerraron para parpadear, lo sintió, un agarre a su mano tan fuerte que dolió.

Al abrir los ojos nuevamente, vió esos ojos parecidos a los suyos, los de su hermano.

Ojos devastados y asustados, que había presentido antes que él lo que un desliz a esa altura significaba.

Bill lo había alcanzado a tomar por la mano, Tom instintivamente se aferró a su agarre.

Se observaron a los ojos en esos segundos que Tom quedó suspendido sobre el aire, no había un hermano, no había un amante, simplemente había un muchacho que tenía miedo del verdadero significado de la muerte, antes de que Bill lo jalara sin cuidado alguno hacia arriba, hacia a él.

Sus cuerpos chocaron y el viento los azotó a ellos al igual que a una plata que obliga a mover sus flores y hojas.

El cabello azabache de Bill se movía en la misma dirección que las rastas doradas de Tom, mientras retrocedía, envolviendo a su hermano en un abrazo.

Tom se aferró a la tela de su túnica oscura, intentando clavar sus dedos en la piel de Bill.

El sonido de los guardias que habían visto desde abajo la posible tragedia, subieron a la terraza alarmados.

Pero ni el sonido de un grupo de hombres armados acercarse ni el frío que se había vuelto insoportable, los hizo inmutarse del abrazo.

Los guardias esperaban encontrarse con lágrimas o escándalo por el susto al llegar a la terraza, pero únicamente encontraron silencio, y a dos hermanos abrazados de tal forma, que si no fuera por sus túnicas de diferentes colores y el movimiento de sus cabellos, serían una sola estatua.

Una imagen devastadora y conmovedora a partes iguales.

—César —se atrevió a decir uno de los guardias.

El sonido de la voz, los hizo sacar su rostro del hombro del otro, para buscar sus ojos.

Se observaron en silencio y, de no ser porque la mirada de un grupo de al menos ocho guardias los estaban viendo fijamente, muy probablemente sus ojos no hubieran sido lo único que se hubieran buscado, sino también sus labios.

Bill sorbió su nariz, y sin soltar el cuerpo de su hermano se giró para ver a los guardias.

Su semblante abandonó toda suavidad, para endurecerse en ese momento.

—¿César, todo está bien? Vimos desde abajo que el Principe Tom estuvo en peligro de caer, ¿se encuentra bien? —continuó con preocupación el guardia.

Bill observó a los guardias con el semblante serio, antes de dirigir su mirada a su hermano, con la mirada suave.

—Estoy bien —manifestó Tom, dándole una mirada a los guardias, antes de ocultar su rostro en el cuello de su hermano, del lado que los guardias no podrían verlo, respirando el aroma de su piel.

Ante su respuesta, Bill volvió a ver a los guardias con el rostro serio y asintió.

—Creo que sería mejor si vuelven adentro, César, parece que el frío de la noche va a arreciar más —sugirió el guardia.

Tom se separó del cuello de su hermano, pero sin romper el abrazo.

—Tiene razón, es mejor si volvemos adentro, Bill, ya es demasiado noche y tienes que descansar —señaló el doncel, dejando de ejercer fuerza a sus brazos aferrados a su hermano, no quería soltarlo, pero tenía que hacerlo, lo que se alejó, cuando Bill también lo soltó.

Caminaron de regreso al interior del palacio, en silencio pero cerca del otro, dejando unos centímetros entre ambos.

Al estar nuevamente dentro, y que algunos guardias se disiparan para volver a sus posiciones, quedándose únicamente dos cerca de ellos, una uno a sus costados.

La mano de Tom buscó el calor de Bill, por lo que dos de sus dedos tocaron el dorso de la mano de su hermano.

Bill rápidamente respondió tomando sus dedos con la mano.

Tom lo observó de reojo, su mano nuevamente estaba helada y tensa, sólo que ahora no sabía si era por Willem o por el susto que acababan de pasar.

Después de unos segundos, Bill se detuvo en seco, soltando los dedos de Tom, para dirigirse a los guardias que los acompañaban.

—Mi hermano y yo estamos bien, pueden dejarnos solos para ir a descansar a nuestros aposentos —ordenó el César, que incluso sin una corona de laurel en ese momento y con una túnica para descansar, seguía siendo autoritario.

Los guardias asintieron, y se despidieron deseándoles buenas noches.

Tom suspiro cuando se quedaron solos en medio del pasillo, iba a tener que irse a sus aposentos, aceptando que probablemente esa noche no podría ir al ludus, aunque, durante el momento de su casi caída y su abrazo, el rostro de Willem se desvaneció de su mente, aún tenía la intención y el deseo de poder verlo y hablar a solas con él.

Estaba por tomar camino hacia sus aposentos, cuando Bill lo tomó por los dedos de su mano nuevamente, haciendo que Tom se girara y alzara la vista para verlo.

—¿Puedes acompañarme para que pueda dormir? —inquirió Bill.

Tom estaba por negarse, como lo hacía siempre ante las peticiones de Bill de dormir juntos, pues lo habían dejado de hacer cuando su padre se dio cuenta que habían vuelto a dormir juntos cuando Lucian nació, por lo que le pidió a Tom que no volviera a dejar que Bill durmiera con él, argumentando que Bill ya estaba grande para seguirse comportando como un niño que le tiene miedo a la oscuridad.

—Creo que esta noche le tendre miedo a la oscuridad —musitó el azabache.

El doncel no fue capaz de negarse, y le tomó la mano completamente.

—Sólo podré acompañarte hasta que te quedes dormido —acotó Tom dándole una sonrisa dulce.

Al entrar a los aposentos del César, Tom observó con curiosidad y asombro la alcoba, nunca, ni siquiera cuando su padre era el Emperador había podido entrar a los aposentos que estaban destinados únicamente al César.

En sus veintiún años de vida, nunca se le había permitido entrar, aunque algunos rumores sobre Bill y él dijeran que se escabullia durante la noche.

No podían estar más equivocados, hacía años Tom había tenido que dejar de entrar a los aposentos de Bill, ahora entraba a los aposentos que tenía como César.

Era, probablemente la alcoba más grande del palacio, y claro, era la del Emperador.

Bill había soltado su mano, dirigiéndose a su lecho, ciertamente, todo lo que había pasado en ese día, aunque lo tenía tenso, también lo tenía muy agotado mentalmente.

Tom exploró todo el aposento con la mirada, fijándose sobre todo, en una réplica exacta del Coliseo que Bill tenía.

—Me siento muy apremiado —expresó Bill, con la mirada baja y cansada, sentado sobre la orilla de su lecho.

El de rastas se giró para verlo, necesitaba que Bill estuviera tranquilo y se durmiera para poder ir a ludus sin complicaciones antes de que se hiciera más noche.

—Puedo prepararte una infusión para que puedas dormir —ofreció Tom, a lo que Bill asintió, y le señaló una pequeña mesa de cristal llena de frascos con diferentes sustancias.

Al acercarse a la mesa, notó que Bill tenía una cantidad considerada de tónicos para dormir, le dió una rápida mirada a su hermano menor distraído, y sintió mucha pena por él.

No era necesario preguntarle el porqué de tanto tónico para poder dormir, Bill siempre había tenido problemas para conciliar el sueño, debido a sus temores nocturnos, así que desde que Tom ya no dormía con él, había tenido que recurrir a cosas que lo ayudarán a dormir.

Entre todas las opciones que Bill tenía, había unos tónicos que eran más fuertes y rápidos para conciliar el sueño.

Pero, la más sedante era el opio, la cual te hacía quedarte dormido en cuestión de minutos.

Tom apretó los labios, viendo por encima de su hombro a Bill, necesitaba que se quedara dormido rápidamente.

Así que, tomó un vaso de cristal pequeño, donde sirvió agua y luego mezcló el polvo de opio, una cantidad más de la que debía usar, no lo suficientemente peligrosa, pero sí para que se quedara profundamente dormido hasta la mañana siguiente.

Para después caminar hacia Bill con el vaso en mano.

—Bill, toma —avisó el doncel, extendiendole el vaso.

Bill lo tomó, y le dió un tragó profundo mientras lo veía, frunciendo el ceño ante el sabor amargo del opio.

Tom observó cómo Bill se bebía todo hasta que el vaso quedó totalmente vació.

—Odio el sabor del opio —manifestó Bill, haciendo una cara de desagrado. —El vino hace que sepa mejor —dijo, dándole el vaso vació a su hermano mayor.

Tom sabía muy bien lo que estaba haciendo, que el darle una cantidad mayor de opio a Bill no era lo más honesto, pero, creía que no le estaba haciendo un daño real, necesitaba hablar con Willem, y cerrar de una vez por todas esa historia, después de todo, volvería al palacio junto a él.

Su vida estaba ahí con Bill, a su lado, como hermano o como amante, tenía que estar al lado del César, porque su hermano era el único que había estado ahí para él siempre, Willem se fue, se olvidó de él y formó otra familia, le dio su amor y calor a una mujer de su tierra, haciéndole incluso un hijo.

Aunque esto último, lo hacía sentir un poco de incertidumbre, ¿por qué Willem había vuelto a Roma? ¿Si estaba vivo, por qué no estaba con su familia? ¿Qué venia a buscar al corazón de Roma como gladiador?

Esperaba que todas sus preguntas pudieran ser respondidas por Willem, y que este deseara hablar con él, si le había dirigido la palabra a Bill, ¿por qué no iba dirigirsela a él? Aunque lo único que tuvo de él en el Coliseo fue una mirada de unos breves segundos…

—Voy a tomar acciones contra los que me mintieron en Germania —soltó Bill, comenzando a sentir los efectos del opio, por lo que se recostó sobre las almohadas de su lecho.

Tom fue a dejar el vaso sobre la mesa de cristal antes de volver de nuevo con Bill, sentándose a su lado. —¿Qué harás? —preguntó.

Bill se quedó callado, viendo al techo de tela blanca de su lecho, la cual estaba sujeta a cuatro extremos de pilares mármol.

—Todavía no sé cuál será su castigo aún, ¿Debería crucificarlos como hice con esas perras? —Bill dirigió su mirada a Tom, y buscó su mano.

—Tienes que ser un castigo acorde a su falta —murmuró el doncel, entrelazando sus dedos con los de Bill. —Tienes que saber qué y cómo castigar, para que te vean como un César justo y no como un tirano.

Bill asintió levemente, soltando un bostezo.

Tom tragó saliva, por ese instante quiso preguntarle a él directamente que le dijo Willem, aunque Lucian también había estado presente, prefirió no preguntarle nada a su hijo e involucrarlo en cuestiones de adultos.

—¿Por qué no lo mataste? —preguntó Tom con suavidad.

Bill lo vió directamente a los ojos.

—Lo mandaste a ejecutar una vez… ¿Por qué dejarlo con vida ahora? —continuó el doncel con intriga, sobre cuál podría ser el futuro de Willem.

—No voy a convertirlo en un mártir frente a Roma, me dejaría a mí como un bellua, cuando lo envié a ejecutar fue porque me faltó el respeto —explicó Bill, desviando la mirada hacia otro punto de la habitación. —Dejaré que muera en la arena, ya que, El Septentrio es tan buen gladiador, que incluso se salió de lo acordado para la batalla de este día, que los bárbaros ganaron y hubieron muertos.

Tom se quedó perplejo al escucharlo, sabía que Bill no era alguien que simplemente «dejaba morir en la arena», que muy probablemente pensaría en algo para los juegos de mañana.

—Pero, no te preocupes por ese esclavo que hace unos años fue uno de tus amantes —Bill volvió a verlo, dándole una sonrisa cansada, apretando su mano con suavidad.

Tom le correspondió la sonrisa, aunque el gesto no le llegó a los ojos, ahora, con más razón tenía que hablar hoy mismo a Willem.

No sabía si era el efecto del opio, pero Bill ya estaba más que relajado, aunque su cabeza no dejaba de estar intranquila, observó el rostro de su hermano, detallo cada uno de sus rasgos como ya lo había hecho antes millones de veces.

Después del susto por la casi caída al vacío de la terraza, no quería soltarlo, nunca antes había tenido tanto miedo a perderlo como esos breves segundos donde, de no haber sido por reaccionó con rapidez.

Habían estado en una de las terrazas menos altas de todo el complejo del palacio, aproximadamente dieciocho metros… su hermano mayor hubiera muerto inmediatamente al tocar el suelo.

No quería perderlo, la única persona que lo amaba de verdad desde el inicio, que lo conocía… Aunque le ocultaba cosas a Tom, cosas realmente horribles.

Tom siempre decía amarlo aunque con sus defectos, pero Bill era consciente que algunos actos que había hecho no eran defectos.

Matar a su padre no fue un error, tampoco un acto premeditado, fue un momento de irracionalidad, de cólera, por todo lo que había tenido que soportar por años.

Quizás si lo dijera a Tom, él entendería…

No era el ser roto y oscuro que su padre creía que era, ¿verdad…?

—Tom… —musitó Bill.

—¿Uh? —Tom se inclinó sobre él con cuidado, al ser como el agarre a su mano comenzaba a volverse suave, señal de que opio estaba haciendo su efecto.

—Yo… —intentó decir Bill, aunque su cuerpo comenzará a sentirse muy acogido por la suavidad de su lecho, su conciencia aún seguía muy activa, y en ese momento, por un instante sintió valor para decirle a Tom la verdad de sus actos, pero, al verlo a los ojos, no pudo, y bajó la mirada, entreabriendo los labios. —No vuelvas a poner tu vida en riesgo… Nuestro padre siempre te protegió, cuido de ti, preservó tu vida… Porque tú si tienes un valor en esta vida, yo nunca entendí porque como parter él nunca se deshizo de mí… Era claro que no me apreciaba, mi valor era insuficiente para él —se sinceró, aunque no fuera en lo que quería en un principio.

Tom se descolocó al escucharlo.

—¿Qué? —balbuceó el doncel.

—Siempre me dices que él me amó, pero yo sé que no es así, lo he sabido desde que nací, creo que es por eso que lloraba tanto de pequeño, aún en realidad… —Bill sonrió, sintiendo gracia por su propia desgracia, aunque era una sonrisa llena de amargura y cargada de conciencia. —Pero lo sé muy bien, no es algo que crea, él, padre me lo dijo con todos estos casi veinte años de desprecios, unos más evidentes que otros, desde el golpe más fuerte hasta el silencio que parecía más inofensivo que un grito.

Tom no supo qué decir, que negar, atribuyéndolo a que podía ser el sedante.

—Por eso me preguntó, ¿por qué simplemente no se deshizo de mí?, abandonarme o asesinarme… ¿Por qué quedarse con un varón como yo? Sí siempre significaba problemas para él, desde que nací por haberle arrebatado a su esposa —continuó el azabache, pensando en su padre, quizás cuando lo asfixiaba, Aurelius pensó, se arrepintió de no haberlo asesinado cuando nació, o cuando se dio cuenta de su oscuridad, oscuridad que él había creado.

Oscuridad que no era oscuridad, era el miedo e inseguridad de un niño que llegó a la vida llevándose la de su madre. Pero, que seguía siendo un niño que buscaba amor, cercanía y reconocimiento de quienes eran su única familia, su padre y hermano mayor.

—Yo no quería ser malo, Tom —la voz de Bill se quebró, pero de sus ojos cansados y apunto de ceder al sueño del opio, no pudieron brotar lágrimas.

Su cuerpo estaba tan sedado que ya no podía llorar.

—Descansa, Bill, ha sido un día demasiado pesado —consoló Tom.

Honestamente, no sabía qué pensar de las palabras de su hermano, a veces el opio te hace decir algunas incoherencias, así que pensó que era eso, su cabeza demasiada sedada que no conectaba bien con sus palabras.

Contaba el tiempo meticulosamente, hasta que los ojos de su hermano estuvieron casi completamente cerrados, soltó la mano cuando sintió que Bill ya no tenía fuerza y le terminó de cerrar los ojos, le besó la frente y se quedó cerca de su rostro por unos segundos.

—Perdóname por esto, Bill, pero prometo volver, y estaré contigo para siempre, aunque toda mi vida me limite a ser tu hermano mayor —se disculpó el doncel, cuando estuvo seguro de que Bill estaba profundamente dormido, y le beso la comisura de los labios antes de levantarse del lecho y salir de sus aposentos.

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Willem estaba arrodillado frente a las velas que iluminaban la celda, rezando por su esposa e hijo, como se había vuelto costumbre para él desde que había sido comprado por Próximo, quien lo convirtió en gladiador.

Cuando la reja de la celda se abrió y entraron dos guardias, el otro esclavo con quien compartía la celda se quedó en silencio, mientras observaba al de cabello corto.

—¡Sígueme! —ordenó uno de los guardias, a lo que Willem se levantó.

Siendo dirigido por ambos guardias hacia otra celda, una privada donde había una única lámpara de fuego, la cual iluminaba una parte de la celda.

Lo encadenaron de ambas muñecas, y luego salieron.

Willem se quedó frente a la pared, sin comprender porque lo había llevado ahí, hasta que escuchó el suave movimiento de tela cerca de él, tan sutil que hubiera parecido simplemente un suspiro del viento, pero se volteó rápidamente para ver hacia una esquina oscura, donde había una figura, cubierta por una capa negra.

En cuanto Willem se giró, Tom se descubrió la cabeza, y dió unos pasos hacia a él.

Willem lo vió con recelo y desprecio.

—Las matronas ricas pagan bien por el placer de los grandes campeones —pronunció Tom, viendo de reojo hacia la puerta de la celda, esperando que los guardias se alejaran lo suficiente para poder hablar realmente a solas.

Había tenido que pagar para poder entrar al ludus, luego de evitar a los guardias del palacio, logró que le dieran acceso a Willem argumentando que quería estar con él íntimamente, lo cual no era tan extraño, algunos doncel y mujeres incluso buscaban a los gladiadores para quedar en cinta de ellos y tener hijos fuertes, tal y como Bill lo había dicho.

—Supuse que tu hermano enviaría asesinos, me doy cuenta que envió al mejor, pero me sorprende que haya enviado a su meretriz imperial —reconoció Willem, acercándose al doncel, pero siendo detenido por las cadenas, que no lo permitieron llegar completamente a él.

Los ojos de Tom brillaron al ser llamado de esa forma, su rostro no se mostró ofendido, sino dolido.

Al verlo Willem apartó la mirada, apretando los puños.

—Willem, él no sabe… —masculló Tom, dando un paso más hacia él.

—¿Cómo esperas que crea en tu palabra? —espetó el gladiador, volviendo a verlo.

—¿Crees que mi hermano me enviaría voluntariamente hacia otro varón? —respondió Tom, esperaba que Willem recordara como era su hermano, porque creer que lo enviara voluntariamente resultaba algo impropio de Bill. —¿Recuerdas cuando me escondía de él para verte?

Los ojos de Willem dejaron de ser de resentimiento por unos segundos, antes de volver a endurecer su mirada.

—¿Qué hiciste? ¿Jugar a las escondidas con el César como cuando él tenía doce años para poder venir a verme? —Willem seguía desconfiando del doncel, y su mirada se desvió a sus manos, viendo que estaban vacías, no había daga alguna. —¿A qué has venido?

—Respuestas… —respondió Tom. —¿Por qué estás aquí? ¿Por qué si estás vivo no estás con tu familia?

—¿Me dirás que no lo sabes? —inquirió Willem, acercándose a él incrédulo. —¿Qué él no te lo dijo?

—No sé de qué me hablas —murmuró Tom, frunciendo el ceño ligeramente.

—¡No quieras engañarme! —exclamó el azabache, dándose la vuelta abruptamente.

—Willem… —llamó Tom, acercándose a él, lo suficiente para que Willem se diera la vuelta y lo tomará por el cuello con una sola mano.

Tom observó directamente a Willem a los ojos, su mano no apretaba su cuello, aunque era consciente de que, si el azabache se lo propusiera, pudiera asfixiarlo en ese momento, pero aun con eso, él no sintió temor.

No sabía si era la falta de fuerza en el agarre de su cuello o los ojos oscuros de Willem, que le aseguraba que no iba a matarlo.

—No comprendo cómo eres capaz de odiarme más tú a mí que yo a ti —se defendió Tom, con resentimiento, ofendido y dolido, sin comprender como Willem estaba más ofendido que él.

—¿Por qué tendrías derecho a odiarme? —cuestionó Willem. —Le fui leal a tu familia, a tu padre, a Roma, pero lo único que han hecho tú y tu hermano es destruir mi vida —recalcó, soltandolo del cuello.

—¿Yo destruí tu vida? —Tom apretó los labios. —¿Yo te lastime? ¡Tú me abandonaste! ¡Te fuiste como si no te importara! —reclamó, señalando con el dedo índice, mientras los ojos se le cristalizaron del enfado y el dolor acumulado por años.

—¡Sí, me fui! ¡Te deje! Pero no me hagas creer que eres inocente, que eres una víctima en todo esto —alegó Willem, tomándolo por la muñeca de la mano con la que lo señalaba.

—¿Qué hice para que me dejaras? ¿Para matar tu amor por mí? —cuestionó el doncel, liberándose de su agarre, empujándolo, apenas haciendo que Willem se tambaleara.

—¡Ser promiscuo, eso es lo que hiciste! ¡Estar con otros cuando cuando yo te amaba! —respondió Willem, dejando que su voz se le quebrara por unos instantes. —Me asesinaste revolcándote en las sabanas de otros.

Tom retrocedió al escucharlo, abatido y anonadado, su rostro se contrajo de dolor y dejó escapar un par de lágrimas.

Willem se quedó agitado, viendo a doncel llorar, con un dolor en el pecho, pero no se acercó.

—Deja de llorar por el pasado, Tom, ya no importa, está enterrado —insistió el gladiador, suspirando. —Vete.

Tom negó con la cabeza, limpiándose las lágrimas traicioneras con el dorso de sus manos, para volver a verlo directamente.

El azabache de cabello corto, suspiró y correspondió a su mirada. —Preguntaste porque no estoy con mi familia… —murmuró, acercándose al doncel. —Mi familia fue quemada y crucificada estando con vida por orden del César, tu hermano, a quien no le bastó con mandar a ejecutarme únicamente a mí… Logré escapar de la ejecución, intenté salvar a mi familia, pero tuve que enterrar a mi propio hijo y a mi propia esposa con mis manos, fui convertido en esclavo, obligado a luchar.

Tom lo escuchó atento, y su labio inferior tembló, sin poder creerlo.

—Yo… yo no lo sabía —balbuceó Tom, consternado. —Bill… Mi hermano… Él no sería capaz…

Willem se enfureció. —Sí, Tom, tu hermano, Bill, el que intentó matarme, asesinó a mi familia y a tu padre —reveló abruptamente. —Bill asesinó a tu padre, quizás así logres entender mi dolor, mis lágrimas.

Tom se tambaleó hacia atrás, no pudo responder, por lo que Willem siguió hablando.

—Tu hermano, ese al que tu hijo Lucian llama padre, y dejas que lo cargue, asesino a tu padre —continuó el azabache.

—No… —negó el doncel. —¡Mientes…! —exclamó, pero rápidamente bajo la mirada al suelo, se negaba a creer que Bill era capaz de eso, de ser tan cruel para asesinar a una familia inocente y a su padre.

—¿Nunca lo supusiste? Siempre has sido una persona inteligente, debiste al menos haberlo supuesto —replicó Willem.

—¿Por qué estás tan seguro de que él asesinó a mi padre? —cuestionó Tom, en algún momento, sí llegó a pensarlo, que Bill lo podría haber hecho por su actitud durante el luto, pero se había convencido de que su hermano menor no sería capaz de eso, nunca…

—Porque es el César, por eso, yo sé cuál era la voluntad de tu padre sobre el poder —Willem bajó la mirada por unos segundos, considerando lo que estaba por decir. —Aurelius deseaba que yo asumiera el poder… Creía que yo tenía derecho por haber dejado mi sangre en un vientre romano… Por lo que, estoy seguro, que la orden de tu hermano para ejecutarme a mí y a mi familia, no vino de mi falta de lealtad y respeto a él, fue para deshacerse de alguien que podía reclamar el Imperio.

Tom sintió náuseas de repente, un nudo en el estómago que lo obligaba a sacar todo. Willem nunca le había mentido, era un hombre justo, aunque lo hubiera abandonado, nunca afirmaría algo tan delicado como esto…

—Así que te dire lo mismo que le dije a tu hermano en el Coliseo: me vengaré en esta vida o en la otra, no he venido a Roma a reclamar un supuesto derecho al Imperio, porque no creo en eso, he venido a vengarme del César, Bill, tu hermano, Príncipe —terminó por decir Willem, que al ver el estado de Tom se alejó. —Ahora vete, olvida que me conociste y jamás vuelvas aquí, porque moriré en esta celda hoy o en la arena mañana…

Tom estaba por articular palabra, pero Willem lo interrumpió:

—¡Guardia, el doncel ya se retira! —gritó el gladiador.

Tom lo vió una última vez en silencio, antes de salir escoltado por los guardias que abrieron la celda, sin siquiera recibir una última mirada de Willem.

Continúa…

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por Namyukaulitz

Escritora del Fandom

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