Imperium 24

Fic Toll de Namyukaulitz

Capítulo 24

El palacio nunca se había sentido tan frío como cuando Tom volvió, desolado después de hablar con Willem.

Su caminar era lento, tan silencioso que la llama de las lámparas alumbrado el pasillo oscuro hacía más ruido.

Su corazón latía con fuerza, con un sentimiento de vacío inexplicable.

Las náuseas habían cesado, pero, aún se sentía inquieto.

Su corazón se negaba a creer lo que sus oídos habían escuchado, pero su mente no podía callar lo innegable.

—No… Bill… no —murmuró, derrumbándose contra una de las paredes del pasillo, sosteniéndose con una mano, apretando los labios temblorosos.

El que Bill le hubiera salvado de la vida de caer por la terraza parecía ya no tener valor alguno.

Su hermano no era un hombre perfecto, ni el más correcto, pero no podía imaginarlo como el asesino de su padre y el de una familia inocente.

Eso era demasiado….

Willem no mentía, él nunca mentía, nunca le mintió, no tendría motivos para hacerlo ahora, él no era esa clase de hombre, lo cual solo significaba que hablaba con la verdad.

Pero era como si le hablaran de otra persona, de un César sanguinario y cruel, y no de su hermano.

Pero todo tenía sentido, en cada mirada culpable, cada vez que desviaba la mirada cuando hablaba, en cada silencio repentino de Bill.

En las últimas palabras que Bill le dijo cuando estaba cediendo al opio…

Caminó con prisa hasta los aposentos de su hermano, y entró en silencio, no se acercó al lecho, dejó al menos un metro de distancia.

Lo vió al rostro, totalmente dormido, aunque no parecía realmente tranquilo bajo el sueño.

Esa belleza oscura que ahora veía con más claridad en el rostro del varón.

El opio lo había hecho ser honesto…

Apartó la mirada por unos instantes.

Su hermano le había arrebatado a su padre… ¿Por qué? ¿Por los desprecios? ¿Por la falta de amor? ¿Por los golpes? ¿Por el poder?

Intentaba aún encontrar una razón, una oportunidad silenciosa para su hermano menor…

Ni siquiera el golpe más fuerte ni el grito más ensordecedor que su padre podría haberle dado a Bill justificaba el haber dado la orden de ejecutar a la familia de Willem… a su hijo…

Su respiración comenzó a irregularizarse…

Un niño había muerto por orden de Bill, el hijo de Willem… hermano de Lucian…

Y, por primera vez… sintió miedo por el César que tenía enfrente.

Incluso si Bill no lo sabía, y creyera que Lucian era producto de un encuentro que Tom tuvo con uno de sus «tantos amantes», eso no quitaba la realidad.

Que el padre real de Lucian era Willem, que su sangre corría en su venas, y que… Su padre, Aurelius lo suponía.

¿Por qué su padre estaba tan seguro de que Lucian era hijo de Willem como para decir que él tenía derecho a ser sucesor del Imperio?

Había algo, una pieza que le faltaba.

De repente se sentía tan perdido, como si todo lo que hubiera estado viviendo en los últimos años de su vida hubiera sido una farsa o manipulado, que había una parte de la que no sabía nada.

Donde los involucrados no iban a poder darle una respuesta, su padre estaba muerto, Willem iría a morir hoy o mañana en la arena, y Bill… ¿Él sería capaz de ocultarle algo por años?

Él le había mentido a Bill, pero parecía que Bill era quien mejor le había estado mintiendo y ocultando cosas.

¿Quienes más suponían o estaban seguros de que Lucian era de Willem?

Bill decía y demostraba amar a Lucian como si fuera su propio hijo… Pero el verdadero padre de ese hijo era el hombre que más odiaba en ese momento.

Su padre iba a utilizar a Lucian para que Willem pudiera tener derecho al Imperio, ¿por qué? Aurelius no tenía idea de quién era el padre de Lucian, incluso se mostró decepcionado cuando se enteró de que estaba en cinta y se apresuró a casarlo con un Senador.

¿Por qué utilizar a su nieto de esa manera? Quizás sólo iba hacer pasar a Lucian como hijo de Willem, aunque él supiera que no podría serlo, únicamente para que Willem pudiera ser el siguiente Emperador.

Pero eso no encajaba con su padre… Pero, si no quería que Bill fuera su sucesor, entonces sí hubiera sido capaz de incluso de asignarle un hijo a otro hombre.

En ese momento ya no le importaban los rumores, los toques que disfrutaba de más por parte de Bill, el dilema del incesto, sus celos hacia Georg.

Sólo importaban tres cosas:

Saber quién era y de que era capaz el César, su propio hermano Bill.

Proteger la vida de su hijo Lucian.

Y… Intentar salvar al único hombre justo que le quedaba, aunque ese hombre le hubiera fallado en el pasado, y ahora lo odiaba por creer en su promiscuidad.

Willem tenía un derecho al Imperio, era el deseo de su padre Aurelius, y eso era así, era porque Willem era la mejor opción que Roma podía tener como Emperador.

Ya no se trataba únicamente de mantener estable a Roma, cuidando y manteniéndose cerca de su hermano menor, se trataba de ser justo y tomar la mejor decisión para el Imperio.

Si antes temía que por su relación incestuosa con Bill el pueblo tomara represalias y por ende el imperio se volviera inestable y enemigos externos podían aprovecharse, ahora temía que Bill comenzara destruyendo el Imperio empezando por deshacerse de quienes le significaban una amenaza política, o sea a su propia familia.

Ya no podía volver en ese momento al ludus, lo unico que podia hacer en ese momento era rezarle a los dioses porque Willem sobreviviera a esta noche, si es que Bill le hubiera mentido y enviado asesinos, que honestamente, no lo creía probable, pero definitivamente ahora, era consciente de que Bill planeaba algo para mañana en la arena.

Volvió a ver fijamente a Bill al rostro, lo comprendía y lo incomprendia a partes iguales, aunque en ese momento solo veía al César.

Era como si el César hubiera matado al hermano menor, y ahora usaba su rostro, cuerpo y voz, haciéndose pasar por él.

Amaba y deseaba a su hermano, pero no si ese hermano era este César, este hombre del cual ahora se sentía ajeno.

Se retiró de los aposentos de Bill cuando la cabeza comenzó a dolerle y las nauseas volvieron, y se encerró en sus propios aposentos, a intentar descansar, confiando y suplicando a los dioses por ser escuchado.

Si Willem no sobrevivía mañana, iba a quedar totalmente solo, sin nadie en quien realmente confiar.

Porque no se sentía capaz de volver a confiar en su hermano menor, en los besos, abrazos, lágrimas y palabras de amor de Bill.

&

Tom no pudo descansar apropiadamente, apenas y logró dormir algo, aunque su mente no estaba calmada, por lo que al despertar se sentía cansado.

Mientras lo arreglaba sentía una gran aflicción, y apenas había visto al resto cuando llegaron al Anfiteatro Flavio, Bill también parecía concentrado en otra cosa, distante incluso de Georg.

Hasta que, en el palco, Bill se dio cuenta de que Tom no lo observaba, a nadie en realidad, únicamente se enfocaba en Lucian.

—¿Qué tienes? —inquirió Bill, con voz suave, preocupado.

Tom movió la mirada de Lucian para ver al César, sin expresión alguna, aunque sus ojos demostraban su falta de descanso.

Lo observó fijamente, la armadura de Bill ese dia parecia más oscura, incluso su corona de laurel, su oro parecia haberse vuelto negro, esa misma corona que sabia que habia sido usurpuda y realmente le correspondía a un hombre que en momentos iba a luchar en la arena como gladiador.

—Me siento enfermo, quizás es un suspiro de la muerte porque casi caer de la terraza —respondió Tom con naturalidad, agradeciendo que su mirada se viera tan cansada que no transmitieran todo lo que ahora sentía por Bill. —Ayer, no te agradecí por salvarme, Bill…

Bill le sonrió levemente, ese tipo de sonrisa que hace que sus ojos se entrecierren, Tom tuvo que parpadear y obligar a sus ojos mantenerse cerrados por unos microsegundos más, para no caer ante eso.

Y los abrió cuando de repente, sintió el dorso de una mano acariciarlo con cuidado, tocando su frente y mejillas.

—Estás bien, vivo… Aunque no tienes la piel caliente —mencionó Bill.

Los anillos en la mano de Bill apenas lo rozaban, pero a Tom le pareció desagradable.

Nunca le había tenido tanto asco al oro, despreciaba el oro en sus dedos pero no podía despreciar realmente la caricia de su mano.

Parecía que lo único realmente honesto que le daba Bill era ese amor y devoción marital, y eso hizo flaquear por unos instantes.

—Estaré mejor… ¿descansaste bien? —preguntó Tom, poniendo su mano sobre la de Bill en su rostro, pero no la acarició, simplemente la dejó sobre la de él.

Bill se quedó callado por unos segundos, aunque mantuvo su sonrisa suave, pero en sus ojos se disipó por unos instantes el cariño, para volverse preocupación al recordar lo que había intentado confesarle a Tom para arrepentirse cobardemente de inmediato.

—Sí…. Hiciste que incluso dormir bajo el opio fuera más agradable —acotó el azabache, no había olvidado que su hermano mayor le había olvidado a dormir la noche anterior.

Tom inhaló aire, al menos Bill no se había visto afectado por haberle dado más opio de apropiado, de hecho, se veía realmente agradecido.

—¡Pueblo de Roma, en el cuarto día de antioquia celebramos el sextagecimo cuarto día de los juegos, y con majestuosa caídas el emperador ha designado este día para regalar al pueblo de Roma una histórica lucha final, regresando al Coliseo después de cinco años de retiro, César! —informó Cassius en voz alta, y señaló a Bill con su dedo desde su posición, a lo que Bill le respondió con una sonrisa. —¡Se place en traerles al único campeón invicto de la historia romana, el legendario Tigris de la Galia!

Tom le dio una mirada a Cassius antes de volver a ver a Bill, esta era su idea para deshacerse de Willem.

Traer de nuevo a la arena a un gladiador experimentado con muchas victorias.

Era ciertamente, una estrategia bastante inteligente por parte del César, debía reconocerlo.

El pueblo clamó por el gladiador en cuanto entró a la arena sobre un carro, saludando orgulloso como si ya hubiera ganado.

—Sabe muy bien como manipular a la plebe —dijo Próximo viendo a Willem antes de que saliera. —Pero ya has llegado hasta aquí, así que también puedes hacerlo, y mejor que él.

Willem balanceaba su espalda cerca de una pared, preparándose para salir, aunque estaba molesto, pero agradecido con los dioses por haber sobrevivido la noche.

—¡Esto no es lo que Aurelius quería para Roma! —espetó Willem, consideraba un insulto para la memoria del Emperador los juegos, en especial estos.

—Lo sé, Aurelius fue quien nos clausuró y prohibió los juegos, pero ahora, esto mismo es lo que te está acercando a tu objetivo, ¿no es así? —replicó Próximo, con un grupo de sus gladiadores detrás de él.

—¡El Emperador tenía un sueño y te aseguro que no era esto! —Willem señaló con su espada la entrada por la que dentro de unos momentos entraría a la arena.

—¡Los mortales no somos más que sombras y arena! —le gritó Próximo a Willem mientras esté subía a la entrada, él sabía muy bien que ante la familia imperial y en especial frente al Emperador personas como ellos no eran más que pulgas. —¡Sombras y arena, Willem!

Willem se puso frente a las puertas, inhalando aire antes de entrar por fin a la arena mientras era presentado, ya no como El Septentrio, sino con su nombre.

El cuanto su nombre fue pronunciado la gente clamó por él, pero eso solo era ruido de fondo mientras caminaba por la arena.

Tom se mantuvo sereno, inexpresivo cuando Willem entró, aunque a su lado, Bill aplaudía con el rostro serio viendo fijamente a Willem.

—Lo adoptan como si fuera uno de ellos —manifestó Bill, a lo que Tom lo observó de reojo.

—La plebe es voluble —le respondió Tom, dejando sus brazos por debajo de su pecho, aferrando sus dedos a la capa rojiza de su vestimenta, que dejaba caer por sus hombros y abrazaba por enfrente.

Algo menos modesto y cubierto que lo del día anterior, pero que, para la vista de Bill sería más satisfactorio, y tenía que mantenerlo contento por mientras.

—Lo olvidarán en un mes, Bill —suspiró Tom viendo a Willem, seguro en sus palabras, para que Bill se convenciera de ellas.

Bill sonrió al escucharlo, aunque en sus ojos demostraba el recelo hacia Willem.

—No… Será en menos, ya está arreglado —reveló Bill con simpleza.

Tom giró su cabeza para verlo, intentando descifrar qué era lo que había planeado exactamente entonces, si no era traer de nuevo al Tigris de la Galia, ¿qué era?

Bill también giró su rostro para verlo, sonriéndole ampliamente, totalmente ajeno al sentir de su hermano mayor, Tom no pudo corresponderle al gesto, y eso pareció notarlo, pero Tom fue más rápido antes de que pudiera cuestionar.

Centrando su mirada en el palco de los Senadores.

—Graco y sus amigos han asistido… —masculló Tom, viendo detrás del hombro del César, intentando disimular su falta de emoción con una incertidumbre por ver a todos los Senadores reunidos ese día, aunque igualmente si lo estaba.

Bill observó disimuladamente por detrás de su propio hombro, y frunció el ceño.

—Es realmente curioso verlos aquí —murmuró el César viendo a los Senadores, antes de volver a fijar su mirada en la arena.

Tom tardó un poco más en desviar su mirada de nuevo a la arena, pues su instinto le decía que el que los Senadores estuvieran ahí, en especial Graco y Gaius, no era una búsqueda de ocio por parte de los hombres.

—¡Los que vamos a morir te saludan! —exclamó el Tigris de la Galia, levantando y cruzando sus espadas.

Willem se quedó callado, plantando su espalda en la arena, para después arrodillarse, pero no frente a Bill, sino de lado, para tomar un poco de arena y frotarlas en sus manos.

Bill vió esto y le hizo un gesto suave con la cabeza al Tigris de la Galia, antes de sentarse en su tono.

Aunque tomaron asiento, Tom no dejaba de ver cada tanto a los Senadores, los cuales aunque no hablaban directamente, podía notar que se comunicaban entre ellos con miradas cómplices.

De pronto, unos hombres entraron en la arena, corriendo en grupos hasta ciertos puntos en la arena, tomando y jalando cadenas que estaban enterradas.

Willem apartó la mirada por unos segundos, confundido, momento que el otro gladiador aprovechó para lanzarle arena a la cara, a lo que el azabache se cubrió con su escudo rápidamente, siendo atacado de inmediato por el otro gladiador.

Intentó cubrirse, pero tropezó cayendo al suelo, cerca de la compuertas que se abrieron cuando jalaron las cadenas, de donde salieron tigres encadenados por el cuello.

Se deslizó de espalda sobre la arena apartándose, volviendo a incorporarse.

Tom abrió los ojos, tigres… Bill había añadido tigres a la batalla de ese día, por eso el saludo también había sido diferente.

Con un gladiador experto y tigres, Willem tenía dos enemigos en contra.

Por lo que las manos de Tom se aferraron al mármol de su asiento.

El tigris de la Galia intentaba patear y empujar a Willem hasta uno de los hoyos donde salían los tigres, mientras lo seguía atacando con sus espadas.

Todos podían notar con Willem le daba batalla, cubriéndose con su escupo y haciendo que las espadas chocarán por ver quien derribada al otro, intentando ver hacia atrás y sus costado para evitar los tigres.

Cuando un tigre estuvo por tocar a Willem, Tom instintivamente volteó a ver a su hermano y Bill tenía una sonrisa de satisfacción retorcida, pero tampoco parecía realmente divertido.

Ver esa sonrisa en él le hizo volver a sentir náuseas.

Pero todos jadearon cuando un tigre alcanzó a Willem por la espalda, quien lo golpeó con su escudo para quitárselo, haciendo que el animal gruñera.

Tom no pudo fijarse si había resultado herido por el animal, pues después de quitarse al tigre, Willem aprovechó un momento que el otro gladiador tomó para regocijarse y le golpeó la mano, haciendo que soltara su espada.

Willem alcanzó a sonreír por unos segundos, creyendo que su rival y él estaban en igualdad, hasta que detrás de él un tigre se abalanzó gruñendo ferozmente, Willem cayó al suelo con el tigre encima, apartando su rostro para no ser mordido.

Empuño con fuerza su espada en el animal, dos o tres veces, hasta que lo pudo lanzar a un lado de él, pero no tuvo oportunidad de levantarse cuando el Tigris de la Galia lo atacó aprovechando su desventaja en el suelo.

Tom apretó las piernas al ver a Willem matar al tigre que se le fue encima, e intentó no sonreír ante su fuerza admirable para aun así no dejar de luchar.

Aún sobre el suelo, Willem golpeó al Trigis de la Galia con el borde de su escudo debajo del mentón, aturdiendolo, y le clavó su espada en el pie, haciendo que el gladiador gimiera del dolor y escupiera sangre.

Willem se puso de nuevo de pie y le dio una patada al Tigris de la Galia para que cayera al suelo.

Bill cerró los ojos al ver como Willem había innegablemente derrotado al Tigris de la Galia, su puño comenzó a temblar aunque su rostro aparentaba una falsa serenidad.

Todos gritaban muerte para el Tigris de la Galia, y Willem con su espada en mano se acercó al gladiador, poniendo la punta de su espalda en su cuello.

El gladiador aún vivo, lo vió con ojos suplicantes.

El aire mezclado con el polvo de la arena se volvió tenso, y Bill se levantó el silencio de su asiento, acercándose a la orilla, observando como todos exclamaban la misma palabra.

¡Muerte, muerte, muerte!

Apretó la mandíbula, impotente porque esas palabras iban para quien creía era su mejor movimiento, y no para la cucaracha de la que intentaba deshacerse.

Tom observó fijamente a su hermano, sintiendo a pesar de la distancia su tensión y furia contenida.

Bill alzó la mano en alto, cerrándola, dejando únicamente el pulgar a la vista, y vió directamente a Willem, quien ya lo miraba a él.

El César apenas sonrió, descontento y bajó su pulgar abruptamente para decretar.

Muerte.

Willem debía terminar de matar al Tigris de la Galia.

Todos se exaltaron todavía más ante la decisión, Willem se dio la vuelta lentamente, su cuello sangraba, pero no sabía si era su grande o la de tigre, no importaba, alzó su espada y viendo a los ojos del Tigris de la Galia….

Tiró su espada.

Todos, incluso los Senadores se quedaron atónitos, por unos segundos.

Hasta que alguien de entre la plebe grito:

—¡Willem el misericordioso!

Bill apretó los labios y se giró, le dio una mirada al General Gustav, eso significaba que iba a bajar a la arena.

Al ver Lucian que su tío iba a bajar a la arena, intentó irse detrás de él, pero Tom lo detuvo, a sabiendas que algo no muy bueno iba a disputarse entre Bill y Willem.

Bill bajó a la arena a paso decidido y pesado, mientras la guardia pretoriana rodeaba a Willem, que no puso resistencia y espero de pie al Emperador.

Bill caminó sobre la arena, alzando la mirada a todos quienes coreaban el nombre de Willem, eso lo hacía sentir más ofendido.

Tom le pidió a uno de los sirvientes que sostuviera a Lucian, y no lo dejara bajar a la arena, mientras él se asomaba a la orilla del palco, viendo directamente a Bill y Willem.

El César se acercó hasta el gladiador, dejando menos de un metro de distancia entre ellos, dando pasos a su alrededor, con actitud calmada.

—¿Qué voy a hacer contigo? —preguntó Bill, viendo al gladiador, caminando de un lado a otro frente a él. —Simplemente no mueres… —masculló, deteniéndose frente a Willem. —¿Somos tan diferentes tú y yo? Asesinas cuando debes, igual que yo…

Bill era más que consciente que Willem era conocedor de que él mató a Aurelius.

—Me queda por tomar una sola vida y eso es todo —respondió Willem con una tranquilidad decidida viendo a los ojos del Emperador.

—Hazlo ahora —retó Bill, frunciendo ligeramente el ceño.

Willem miró de reojo a la guardia pretoriana que lo rodeaba, atacar al Emperador en ese momento sería muy estúpido.

Todo el Coliseo se quedó en silencio, expectante ante el Emperador y el gladiador.

El gladiador no dijo nada y le dió una última mirada a Bill, antes de darse la vuelta, ese no era el momento, ya llegaría la hora para vengarse del Emperador.

Al verlo darse la vuelta, Bill apretó los dientes y sus ojos se abrieron más debido al enfado.

—Dicen que tu hijo chilló como un perro cuando lo clavaron en la cruz —soltó Bill, tocando la llaga más sensible del gladiador. —Y tu esposa… gimió como una puta en celo cuando la violaron una y otra, y otra vez…

Escupió esas palabras de forma despectiva, denigrante, tanto que incluso él mismo sintió asco, ni siquiera sabía si era verdad, pero quería provocar a Willem, que él lo atacara primero, asi tendria una excusa válida para que su guardia lo asesinara, y nadie podría reprocharle nada.

Eso era bajo, él era consciente de la infamia y asquerosidad de sus palabras. Pero se sentía desesperado, impotente ante Willem como cuando tenía catorce años, y se comparaba con él.

Willem no podía ser mejor que él, tenían que tener algo en común algo, no buscaba comprensión de parte del gladiador, buscaba que se sintiera igual de vacío que él.

Si no podía aspirar a ser tan misericordioso y honorable como él, entonces iba a arrastrarlo al mismo charco de agua estancada y sucia en el que había estado Bill desde siempre.

Pero… ¿Por qué sus manos sudaban tanto? Su corazón estaba acelerado, zozobrante.

Ya no era un varón joven, inferior, ahora era un hombre, el César, a la altura de Willem, físicamente no podría el gladiador ejercer más fuerza que él, ya no, estaban al mismo nivel, pero frente al gladiador todavía se sentía intimidado, envidioso de que, incluso como un esclavo su vida siguiera teniendo más valor, más aprecio.

Willem se detuvo en seco al escucharlo, y se dio la vuelta, acercándose nuevamente a él, su rostro aunque estaba apacible, sus ojos demostraban su odio y rencor.

Tom desde lo alto, había ralentizado su respiración, quería saber qué era lo que hablaban ambos varones, pues el aire se había vuelto tan denso e incómodo, que se sentía demasiado preocupado por lo que podía pasar.

—El tiempo de honrarte a ti mismo concluirá… Alteza —estableció Willem, para después darse la vuelta.

La guardia esperó una señal de Bill para abrirle paso al gladiador, cosa que Bill cedió, sonriendo, intentando aparentar estabilidad.

Pero la amenaza de Willem era algo que le hizo temblar las manos, las cuales junto y apretó.

Mientras Willem se marchaba el Coliseo volvió a alabar su nombre, el sonido de esas voces pronunciando su nombre le pareció un sonido más horrible que el de un matadero.

Giró su cabeza, hacia el palco imperial, viendo a su hermano mayor.

El rostro de Tom le hizo recordar la voz y las palabras de su padre, y apretó los ojos, apartando la cabeza, y casi alzando las manos para taparse los oídos, agobiado, pero se contuvo, no iba a mostrarse débil frente a la plebe, y se marchó rápidamente de la arena siendo seguido por Gustav.

Para Tom era necesario estar tan cerca de Bill en ese momento para saber que su cuerpo temblaba debajo de su armadura, se quedó en silencio, con la mirada fija en la arena.

¿Qué tan bajo y cruel era el César que se hacía llamar su hermano?

Mantuvo la mirada fija a algún punto en la arena, sobre la manchas de sangre, pensando en la familia que Bill ordenó ejecutar, hasta que percibió unos ojos sobre él, rápidamente giró la cabeza, al lugar de los Senadores.

Compartió miradas con Graco y Gaius, esas que le confirmaban que acaban de ver lo mismo que él, un César inestable ante un gladiador.

Tragó saliva y desvió la mirada, pensativo.

Willem había sobrevivido a esta batalla, tenía un día más de vida, y aunque le pidió que lo olvidara, Tom no podía, no podía dejarlo morir, tenía que sacarlo del ludus, comprar su libertad de alguna forma, pero de seguro el precio de la libertad de Willem era uno muy alto, debido a que como gladiador ahora su categoría era más costosa por su fama.

No podría comprar su libertad con tanta facilidad sin que Bill lo notara, necesitaba que alguien más pudiera hacerlo… Como un Senador…

Era consciente de que los Senadores era víboras en cuerpos de hombres de familias aristocráticas, pero si quería justicia y libertad para Willem tendría que incluso buscarlos, pero todavía no iba a apresurarse, tenía que buscar a Willem nuevamente en el ludus esa noche, aunque Willem lo despreciara, Tom no iba dejarlo morir sin antes atreverse a luchar por ayudarlo.

Y Bill… Sobre él ya no sabia que pensar, en ese momento solo lo podía ver desde una visión política.

&

Esa esquina del palacio, entre pilares altos y tan gruesos que parecían monstruos colosales, era la zona más solitaria y oscura.

Bill caminaba de un lado a otro, ya con su túnica comoda, en color rojos y negros con detalles dorados, pues la armadura lo asfixiaba, ante la mirada del General Gustav, quien, aunque aparentaba estar más tranquilo que el César, también estaba preocupado.

—¡Ahora aman a Willem por su piedad! —exclamó Bill, con el sonido de su calzado acompañando sus palabras. —¡No puedo matarlo o me hará ver despiadado!

Gustav suspiro y asintió, como lo había estado haciendo todo ese raro, prefería asentir y escuchar al César en ese momento de angustia, a intentar razonar con él estando intranquilo.

—Todo esto es… como una loca pesadilla —manifestó Bill con la voz quebrándose, y los ojos cristalizados, apoyándose de espaldas sobre uno de los pilares, soltando aire por la boca y cerrando los ojos.

—Te está desafiando, cada victoria es un acto de desafío, el pueblo lo ve así y el Senado también, cada día que pasa se tornara peor —acotó Gustav, consciente de que, necesitaba estar sí o sí del lado de Bill, porque si algo le pasaba al César, su propio puesto como General peligraba.

No eran amigos, eran aliados.

—Debes matarlo —dictaminó Gustav en voz baja.

Bill abrió los ojos y giró su cabeza, acercándose a Gustav.

—No, no quiero hacer un mártir de él —respondió Bill.

Tom se movió entre las cortinas blancas, el viento movía la tela de su túnica y la de las cortinas, escuchando en silencio la conversación entre su hermano y el General.

—Claro, no tendrás que hacerlo de manera abrupta… Escucha, me han dicho de una serpiente que tiene un método extraño para atraer a su presa, se queda en el fondo del mar como herida, sus enemigos se aproximan a ella y sigue inmovil, inclusive sus enemigos la muerden un poco y aun asi se queda quieta…—comentó Gustav.

Bill se quedó callado por unos instantes, meditando, calmandose.

Tom observó como la mitad del rostro de su hermano era iluminado por la luz de las lámparas de fuego.

—Nos quedamos quietos, que los enemigos se acerquen y nos muerdan…—masculló Bill, antes de fruncir el ceño. —Pero estoy seguro de que él estará planeando algo…. Era un General respetado por las legiones durante la campaña de mi padre, al menos dos o cuatro, le eran leales.

—Esas legiones tienen nuevos comandantes, Bill, me ordenaste que los reemplazará por personas leales a ti —recordó Gustav.

—Lo sé, pero no voy a subestimarlo, la decisión con la que habla sobre tomar mi vida para venganza me demuestra que está claro en su objetivo, matarme, y no lo voy a permitir no voy a morir para dejarle el acceso a cualquiera al poder, a mi familia, a mi riqueza, son cosas que me corresponde únicamente a mí —expresó Bill, con determinación honesta. —Si yo muero nada me asegura que Tom y Lucian sean protegidos.

—Bill, te estás yendo al extremo…—musitó Gustav, quien creía que la situación todavía podían controlarla.

—¡No! No me estoy yendo al extremo, Gustav, estoy considerando todo… —alegó el azabache, apretando los ojos con fuerza, antes de volver abrirlos, y el odio se disipó por unos instantes de sus ojos, los cuales se fijaron en una de las lámparas de fuego cerca de ellos. —Si solo fuera yo… Mi vida no me importaría, incluso el bronce vale más que yo, ni siquiera mi padre la valoraba realmente más que para ser su sucesor, así que lo único que realmente tengo de valor aparte de la corona son ellos, Tom y Lucian es lo único que me importa en todo este Imperio —se sinceró. —Mientras Willem esté vivo, tendré que poner a parte de mi propia guardia atentos a Tom y a Lucian cuando salgan del palacio, también ordenare a que se vigile a cada Senador, porque conociendo el Senado podrían aprovechar lo que está pasando…

Tom escuchó y detalló cada una de sus palabras entre las cortinas, con un peso pesado en el pecho… Culpa por lo que políticamente estaba planeando.

El mismo hombre que había enviado a ejecutar a una familia era el mismo que temía por la seguridad de la suya…

Que ironía tan maldita.

Casi parecía que Bill podría llegar a comprender a Willem.

Su padre ya había muerto, la esposa e hijo de Willem también, los únicos que quedaban a la disposición de la muerte eran Bill, Willem, Lucian y él, todo se salía de control.

Si Willem moría, la esperanza, la voluntad y el legado de su padre Aurelius se perdería, y también perdería al único hombre que en algún punto lo dejo amar sin tener miedo a culpas o represalias externas, pero si moría Bill…

Si Bill moría Roma iba a estar bien, en las manos de un hombre justo como Willem, no iba a tener que preocuparse por las represalias crueles de la plebe.

Pero lo perdería a él, a su hermano menor…

Cerró los ojos y controló su respiración, no iba a hacer ruido por dejar escapar un sollozo traicionero.

Si Bill era quien moría perdería a la única persona que estuvo para él, de verdad, incluso cuando el resto lo despreciaba por rumores de su supuesta promiscuidad, Bill nunca le tuvo asco ni rechazo, y más encima, era el único padre que su hijo conocía.

Iba a quitarle el único padre que realmente miraba y amaba a Lucian, pero no podía confiar en Bill ni aunque no supiera que el verdadero padre de Lucian era Willem.

Pero si no titubeó en ejecutar al hijo de Willem, ¿qué le aseguraba que de saber que Lucian era su hijo y por ende el derecho de Willem al Imperio, no iba a hacer nada?

¿Una persona como su hermano podía realmente amar? ¿o su codicia y paranoia eran más?

No iba a poder descubrirlo, tampoco iba a hacerlo de todos modos, ya no quedaba tiempo…

Menos si iba a tener más guardias protegiéndolo y a personas vigilando a los Senadores, quienes era al único recurso que podía recurrir para liberar a Willem.

Si quería ser honesto y noble con Roma, con Lucian, con su padre, con Willem… Tendría que traicionar a su hermano, donde ni siquiera el abrazo más fraternal o el amor más marital iba a poder salvarlo.

Apartó la cabeza para no verlo cuando abriera los ojos, y se dio la vuelta mientras las corridas ondeando lo acariciaban como si quisieran consolarlo por el llanto que estaba conteniendo.

Tenía que apresurarse a salir para llegar al ludus antes de tener a pretorianos viendo cada uno de sus movimientos.

&

Willem limpiaba su hombro herido por el tigre, cuando Proximo llegó a su celda, la que compartía con otro gladiador.

—Levántate, hay alguien que quiere verte —ordenó Próximo dirigiéndose al azabache.

El gladiador cerró los ojos y suspiró levantándose de donde estaba sentado, no podía negarse, después de todo era un esclavo.

—Ni siquiera te he dicho quien es, pero ya parece que su presencia no es de tu agrado —comentó el hombre mayor mientras escoltaba al gladiador a otra celda privada.

—Preferiría no tener visitas, Próximo, y sabes el porqué… —respondió Willem.

—Si te preocupa que ese doncel pueda asesinarte por ser enviado por el Emperador, te sorprenderás cuando lo veas —masculló Próximo sin verlo, hasta que llegaron a la puerta de la celda y se giró hacia Willem. —Pidió que no te encadenaran, así que confió en que no harás algo que haga hoy mismo el Emperador incendie este lugar y nos crucifiquen a todos…

Willem asintió, entonces Próximo lo empujó dentro de la celda y luego cerró.

Tom estaba esperándolo en una esquina, cerca de la luz del fuego, cubierto con una capa oscura, como la noche anterior, y con algo colgando de sus manos… Una canasta de mimbre.

—Te dije que no volvieras a aquí y que me olvidaras, ¿decidiste que vas a matarme tú o Bill por fin te envió? —cuestionó Willem, cruzándose de brazos, dejando al menos dos metros de distancia entre ellos.

El doncel ya esperaba que Willem le hablara de esa manera, por lo que se acercó, dejando a la vista la canasta.

—En mis plegarias he pedido por ti y mi padre —reveló Tom con simpleza, quedándose a unos centímetros del gladiador.

Willem frunció el ceño incrédulo. —¿Haces plegarias por tu padre y por mí mientras dejas que Bill te toque? Sí es así, dudo que los dioses las escuchen y no se ofendan, probablemente todo lo que ha pasado es por tu osadía.

—Quizás no me creas pero nunca he estado en el lecho de mi hermano de esa forma, ni siquiera sus labios conocen el sabor de los míos, no me ha conocido de esa forma como tú…—compartió Tom, con seguridad en sus palabras. —Vine a hablar contigo y ver como te encontrabas después de la batalla de hoy.

Willem no parecía convencido, pero en los ojos marrones del doncel no se asomaba nada más que la honestidad, por lo que, tomó su palabra de que no se había acostado con su hermano, aunque eso no quitó su recelo a su promiscuidad.

—¿Para qué? —masculló el azabache.

—Los dioses te perdonaron, te han dado una segunda oportunidad, ¿no lo entiendes? —replicó Tom, apretando con sus manos la canasta. —Ayer y hoy vi a un esclavo ser más poderoso que el Emperador de Roma.

—¿Me perdonaron? Estoy a su merced con el poder solo para divertir a la plebe —declaró Willem con severidad.

—Eso es el poder, la plebe es Roma, Willem —afirmó Tom, desviando la mirada al suelo polvoso por unos segundos. —La plebe es tan poderosa que es lo único a lo que le tengo miedo, porque Roma no perdona, no perdonaran a mi hijo por ser heredero al trono…

El semblante de Willem se endureció. —¡Mi hijo era inocente!

—Igual que el mío, Willem —respondió el doncel, alzando la mirada.

—A tu hermano no dudo ni un momento en ordenar ejecutar a mi esposa e hijo —reclamó Willem, recordando con reproche las palabras tan infames que le dijo Bill en la arena sobre su familia.

—Lo sé, tampoco dudó en matar a nuestro padre, por eso estoy aquí, arriesgándome porque mientras sigas vivo, yo y mi hijo tendremos a su guardia encima —explicó Tom, inhalando aire antes de seguir hablando. —Escuchame, Willem, mi hermano tiene enemigos en el Senado…—reveló.

Willem abrió los ojos en grande, sorprendido por lo que estaba escuchando, Tom estaba traicionando a su hermano y eso… incluso al gladiador lo dejó sin palabras por unos instantes, pues recordaba que a Tom le importaba mucho Bill, verlo tan decidido en traicionarlo era algo que no podía creerlo.

—¿Confiar en el Senado? Ni siquiera tu padre confiaba en el Senado, Tom —objetó Willem, inseguro de involucrarse con el Senado.

—Sé que son un nido de víboras, ni siquiera Bill confía en ellos, incluso ha considerado disolver el Senado, pero por eso mismo, son la mejor opción, en primera: porque uno de ellos puede pagar por tu libertad, yo no puedo sin que Bill se de cuenta, y en segunda: porque si algo sale mal, Bill culpara al Senado de inmediato, no a mí ni a ti —arguyó el doncel, no confiaba en el Senado, pero podría usarlos.

Willem lo escuchó detenidamente, sonrió levemente a lo último.

—Que astuto.. Utilizar al Senado para que Bill se enfoque en ellos —dijo Willem, dejando de sonreir..

Y Tom no supo si su respuesta era sarcasmo o verdad, hasta que el gladiador terminó por acercarse a él, dejando centímetros cortos entre ellos, viéndose fijamente a los ojos.

—Puedo percibir que buscas la mentira en mis ojos… —musitó Tom, sintiendo el aroma a sudor y sangre en el gladiador.

Un aroma que ciertamente era desagradable, claro, por el tipo de higiene que se podía manejar siendo un gladiador esclavo, no era como el aroma limpio y a perfume caro de Bill, ese perfume que se mezclaba con su sudor cuando entrenaba…

—Estoy buscando la razón por la que estás tan decidido a traicionar a tu hermano, porque es algo impropio del Tom que yo conocí hace años —contestó el gladiador, detallando el rostro del doncel, un rostro más maduro, pero que en esencia, seguía siendo el mismo doncel del que se había prendado hacía años, por un instante incluso olvidó su promiscuidad. —¿Por qué? —inquirió cerca de su rostro.

Tom tardó unos segundos en responder, con todo lo que pasó por su cabeza y corazón ante esa pregunta. —Reprochó todo lo que ha hecho mi hermano, no puedo amar a un hombre injusto por más que sea mi propio hermano…

—Incluso en las provincias en las que estuve como esclavo, llegue a escuchar lo que de ti y él se decía…. Me daba asco, hasta que te ví ayer con él, su dedo pasando por tu labio y me di cuenta que no le tenía asco a un rumor, sino a una verdad, otra vez… —relató Willem sin alejarse de su rostro.

Tom no iba a poder negar eso, por primera vez los rumores sobre él no eran solo eso, rumores, esta vez había algo de verdad en ellos, pero eran más infamias que verdades puras.

—Varios se jactaron de haber estado conmigo, era lo que se decía por todo el foro, eran rumores… Y tú les creíste, al menos esta vez, puedo defenderme sobre lo que se dice de mí y mi hermano, y ya te lo dije, yo no he estado en el lecho con él —acotó Tom con tranquilidad, dirigiendo su mirada a la herida en el hombro de Willem. —¿Por qué creerles a otras personas antes de confiar en mí, Willem? Si tú eras el único que beso cada lunar y rincón de mi piel…

Willem apartó el rostro hacia otro lado, no porque no tuviera una respuesta a esa pregunta, sino más bien porque la tenía, y muy clara, pero se quedó callado, dudando si decirla o no.

Tom tomó esos segundos en silencio como incomodidad, por lo que suspiro y con cuidado puso una mano, la punta de sus dedos sobre el medio del pecho del gladiador, haciendo que lo viera directamente, sorprendido por el tacto, tan delicado que parecía temeroso, nada comparado a como hace seis años Tom se aferraba y clavaba sus uñas exigente en su piel.

—Déjame ayudarte, a curar tus heridas y a sacarte de aquí —pidió Tom, no con súplica, sino desde el respeto y el cariño que aún le guardaba.

Willem lo observó a los ojos por unos segundos antes de terminar asintiendo.

Tom lo tomó de la mano y lo guió cerca de la lámpara de fuego en la esquina de la celda, donde Willem se sentó, y el doncel se quedó detrás de él, de rodillas, sin importar si su estola llegaba a llenarse de polvo.

Willem clavó su mirada en las llamas del fuego, al sentir las manos suaves del doncel tocar su herida, pasando un paño húmedo en vinagre por encima

—¿Cómo eran ellos…? —preguntó Tom con tacto, después de unos instantes en silencio.

El gladiador sabía a quiénes se refería con su pregunta, agachando la mirada del fuego.

—Ella se llamaba Gaia, la conocí y despose en cuanto volví a mi tierra en Germania Superior, mi hijo se llamaba Numa… pronto estaría cumpliendo cinco años —contó Willem en voz baja, recordando el rostro de su hijo y de su esposa.

Si Numa estaba por cumplir cinco años, eso significaba que Willem había dejado encinta a su esposa no mucho después de lo que Tom había quedado encinta.

Tom se quedó callado, sin interrumpirlo, terminando de limpiar la herida del tigre en la piel del gladiador.

No podía reclamarle, ni ponerse celoso en ese momento, la vida había seguido, y consciente de que Willem se marchó por creer en su promiscuidad, no podía haberle pedido que no continuara su vida.

—Gaia era una buena mujer, a veces terca, pero comprensiva, siempre con una sonrisa en el rostro, sus manos olían a pan recién hecho, amaba cocinar, Numa heredó el color azabache de nuestros cabellos, amaba los conejos… Tenía uno, al que le llamaba «pequeño Numa» porque era de color negro —la voz de Willem fue apagandose conforme hablaba, pero sus ojos estaban secos de tanto llorar por ellos.

Tom sintió su corazón apretarse al escuchar los detalles, sobre todo al pensar en un niño parecido a Willem, tuvo que contenerse para no soltar lágrimas por la injusta muerte de ese pequeño que amaba los conejos.

Se imaginó cómo hubiera sido ver a Lucian y Numa jugando juntos, como los niños que eran, tenían casi la misma edad, ¿qué diferencias hubiesen tenido? Aparte del color de sus cabellos…

Aunque Numa no era su hijo nacido de su vientre, su muerte le dolía y lo ofendía como si lo fuera, sin ser capaz de asimilar bien como Bill había sido tan desalmado como para ordenar ejecutar a un vida inocente.

Al pensar en Gaia y Numa, Tom comprendía porque Willem guardaba tanto odio y resentimiento a su hermano, Bill había destruido su hogar, reduciéndolo a muerte y cenizas.

—Amabas a tu hijo y…. la amabas a ella —musitó Tom, tomando una mezcla de miel y hierbas para que la herida pudiera cicatrizar sin infectarse. —Cuando te fuiste mi cielo se volvió gris, como si lloviera todos los días, y tenía mucha envidia de la mujer que podría ser tu esposa… —confesó.

Willem lo escuchó, asintiendo lentamente, consideraba que era válido su sentir, pues él no se despidió, ni reclamó ante su promiscuidad, solo se marchó…

—Aprendí a amarla, fui honesto con ella, le dije que yo había estado con alguien, que me había hecho mucho daño alejarme, pero que estaba dispuesto a iniciar con ella, construir un hogar a su lado, no le prometí amor, pues nuestro matrimonio fue más un acuerdo que mi padre moribundo hizo con su padre por tierras —explicó Willem.

Ambos se quedaron en silencio, mientras Tom terminaba de sanar su herida, analizando sus palabras… Willem no lo cambió y dejó como quien tira la fruta vieja por otra diferente recién cortada, no… A él también le había dolido marcharse.

No era incómodo, ni tenso, ni doloroso, solo era silencio.

Willem cerró los ojos, disfrutaba y agradecía el cuidado de las manos de Tom, aunque él solo recordaba sus manos como exigentes, cálidas y húmedas, como en ese día…

Su caballo galopaba con prisa, con una urgencia propia de él a sus dieciocho años, cuando corría del campamento militar para el palacio o a sus puntos de encuentro, donde quedaban de verse a cierta posición del sol.

Pero ese día se le hizo tarde por realizar unas tareas que le asignaron por la mañana.

Por lo que al darse cuenta, el sol ya se había pasado del punto del que habían pactado el día anterior.

Aquella pradera le había parecido más lejana, por lo que con cada galope se preocupaba más, creyendo que Tom no estaría debajo del tholo de Venus.

Ese lugar escondido entre el verde de la naturaleza, lejos, muy lejos del foro o del palacio.

El galope de su caballo se volvió lento al fijar su mirada en el lago al lado del tholo de Venus, viendo esa figura esbelta que ya conocía, desnudo, mostrando su piel pintada por el sol.

Tom tenía las rastas sueltas, cayendo por su espalda húmeda, de rodillas, tocando el agua clara verdosa del lago con las palmas, y al escuchar el caballo acercarse, giró la cabeza, no con temor por estar desnudo, sino con una sonrisa, pequeña pero que demostraba lo ansioso que estaba por verlo.

Antes de terminar de acercarse, Tom se puso de pie y corrió hacia él, pisando con fuerza el césped.

Willem detuvo el caballo, y esperó a Tom.

Cuando el de rastas rubias estuvo cerca de él, se vieron fijamente a los ojos, puso una mano sobre el caballo, impulsándose para subirse, Willem le ayudó, dejándolo sentado sobre su regazo, a horcajadas.

Buscaron sus labios, deseosos y felices por verse, Tom puso sus manos sobre sus hombros, profundizando más.

Willem percibió lo caliente y húmeda que estaba su piel, la excitación que desprendía sus poros mezclado con el aroma a azafrán de su perfume, por lo que hizo que el caballo continuará pero con un galope suave para llegar al tholo, donde debajo de la sombra y de la vista de la figura de Venus iba a unirse a él, como ya lo habían hecho antes.

El calor de ese tiempo contrastaba demasiado con el calor del fuego que tenía enfrente, aquel calor era amplió libre, le recordaba que estaban en un lugar abierto, lejos de cualquier mirada, pero el calor del fuego de la celda era asfixiante, recordandole que ya no podía ver y sentir el sol con la misma libertad de antes.

Abrió los ojos con lentitud, antes de girar la cabeza al lado donde Tom curaba su herida, el rostro estaba cerca, demasiado, pero miraba su herida, más concentrado en eso.

Willem se movió, lento pero sin cuidado, tomando con su mano derecha al doncel por la nuca.

Y lo besó…

Tom abrió los ojos, sorprendido por el contacto repentino unos labios sobre los suyos, sintió que el corazón le azotó el pecho con ganas de romperle las costillas.

Cerró los ojos y correspondió al beso, conteniendo sus manos para no apretar el hombro lastimado de Willem, buscando su rostro para tomarlo de la mandíbula, profundizando.

Podrían decir que muchas cosas pasaron por sus cabezas en esos momentos, pero, no paso nada, sus mentes solo se enfocaron en la sensación de los labios sobre el otro, y como el oxígeno parecía un placer egoísta al que no quería ceder.

Pero tuvieron que ceder eventualmente, Willem fue el primero en separarse sin soltarlo de la nuca.

Se observaron sin decir ninguna palabras por unos segundos, notando como sus labios habían quedando rojizos por la presión que ejercieron.

Ojala Willem pudiera decir que el amor que le tenía Tom murió verdaderamente con su promiscuidad, pero no era capaz de realmente no sentir amor por ese doncel que incluso si era de noche y era un esclavo lo hacía sentir como si volviera a estar expuesto al sol con libertad.

—Willem… —llamó Tom, con sus manos en los costados de la mandíbula del varón, detallando cada uno de sus rasgos al estar tan cerca, los cuales les recordó a los de Lucian.

Se relamió los labios, quiso decírselo, pero no estaba seguro de si era el momento, pero ¿volverían a tener un momento así?

—Tengo que decirte algo —terminó por decir el doncel.

Willem pareció agitarse demasiado con eso y su mano se deslizó desde su nuca hasta el costado de su rostro, Tom se dejó acariciar la mejilla por su mano callosa y áspera.

—Antes de que me digas algo… Yo tengo que explicarte algo, antes de que me arrepienta de esto, de este beso —se apresuró Willem a articular. —Yo me obligue a dejar de amarte, pero ahora me doy cuenta que hay cosas con las que verdaderamente no puedo luchar, aunque me hayas lastimado estando con otros en el lecho, sé que nunca lo ví, en tus ojos todavía puedo notar esas estrellas con las que me mirabas cuando éramos más jóvenes, pero yo tampoco creí únicamente de la boca de las personas en el foro… La opinion de otros no me define mi propia visión, hasta que lo vea por mi cuenta, pero, yo sé que tu promiscuidad no vino de la boca de alguien en la plebe, no… —hizo una pausa, dudando pero, finalmente lo soltó. —Vino de la boca de tu padre, Tom.

La pequeña chispa de felicidad que Tom estaba sintiendo se apagó al escucharlo, entreabriendo sus labios incrédulo.

Willem lo tomó con ambas manos del rostro, para sostenerlo.

—Yo siempre amé y respeté a tu padre, le he sido leal hasta el día de ahora, y mi propósito es vengarme por mi familia, pero también por él, fue como un padre para mí… Por eso, tome su palabra con verdad, yo nunca cuestioné al Emperador Aurelius, jamás, pero en este momento, necesito que me seas honesto… Y me digas, si lo que yo escuche es cierto —prosiguió Willem, que en ese momento, no lograba relacionar como esos ojos que lo veían, eran los mismos de un promiscuo que sólo lo tomo como un amante más.

—Willem… Yo sólo he estado con un hombre, hasta este momento de mi vida todavía, este beso es el primero que doy en casi seis años… —confesó Tom, ni siquiera había cedido a su deseo de ser besado o tomado por Bill, por lo que el único seguía siendo Willem. —Pero… ¿Mi padre…? —el azabache asintió, a lo que el doncel bajó la mirada, sin poder creerlo, con su pecho comenzando agitarse pero esta vez no por emoción y sorpresa, sino por devastación.

—Nadie puede cuestionar la palabra del Emperador, y yo no lo hice, fui leal a su palabra… —repitió Willem, dándose cuenta de que, quizás debió cuestionar a su Emperador.

—Y… y —balbuceó Tom. —¿Por qué nunca me lo dijiste? ¿Por qué si lo sabías no me lo dijiste? —reclamó.

—Porque yo no debía saberlo, Tom… —reveló Willem, ese hecho ni siquiera él debia haberlo sabido, pero lo hizo.

Los ojos de Tom se humedecieron y Willem ejerció una fuerza en su agarre en su rostro, no para para lastimarlo, sino para hacerle saber que estaba ahí, que lo sostenía.

—Escúchame, Tom… —pidió Willem, acercándose a su rostro, tan cerca que incluso sus narices podían rozar. —Cuando los rumores empezaron yo creía que eran habladurías de la gente, pero había demasiados detalles, tan especificos que me resulto extraño, porque confiaba en tí, asi que decidi averiguar por mi cuenta qué era lo que sucedía, y fue cuando di con un sirviente del palacio, después de presionarlo, me confesó que fue el Emperador quien decía eso, y aun asi, no le creí, de hecho, incluso me pareció una ofensa que culpara a Aurelius de eso, porque te amaba, eras su hijo, no tenía razón para hacer eso, no la tiene; entonces lo obligue a que me demostrara que era el Emperador y, lo seguí, quedandome en las sombras como una rata, mientras el sirviente hablaba con tu padre, mencionando los rumores, tu padre demostró que era su palabra, no una habladuría de alguien entre la plebe, era la propia palabra del Emperador, incluso si sólo hubieran sido las palabras de esos nobles y hombres regocijándose de haber tenido tu cuerpo yo no hubiese creído, pero era tu propio padre.

Esta revelación terminó por quebrar al doncel, que apretó los ojos y comenzó a sollozar en las manos del gladiador.

¿Por qué? No solo su hermano menor le había ocultado las atrocidades que hizo, sino que ahora su propio padre era quien había orquestado su reputación de promiscuo, lo hizo sentir una decepción de una historia que el mismo Emperador había creado.

—¿Por qué…? Willem… ¿Por qué mi padre haría eso? —cuestionó Tom con la voz quebrada.

—No lo sé, no entiende sentido, te amaba, era tu propio padre, la reputación de un doncel o una mujer así, sobre todo de alguien de la aristocracia o de la familia imperial no es más que un problema, que lleva al rechazó de los varones para futuros compromisos por su falta de pureza, incluso hubieron emperadores que asesinaron a sus hijos e hijas cuando resultaban promiscuos —contestó Willem, igual de consternado que le doncel, acariciando su rostro con sus pulgares, limpiando sus lágrimas.

«Lleva al rechazó de los varones», esas palabras en especial le resonaron a Tom, quien dejó de llorar y abrió los ojos, viendo directamente a Willem a los ojos.

Tom se quedó callado mientras en su mente pasaban las cosas que su padre y Bill pudieron haberle dicho en el pasado.

Su padre era consciente de que Bill nunca lo vió como un hermano mayor, sino como un doncel…

—Creo que mi padre hizo eso para que Bill me rechazara… —susurró Tom. —Porque Bill… Él cree, él sufre, ha llorado creyendo que tengo amantes…

Con eso, ambos comprendieron.

—Tu padre era duro con Bill, llegando incluso a despreciarlo frente a mí, tú decías que era porque quería que fuera un buen César… Y un César no puede ser incestuoso… —agregó Willem, apretando los labios antes de continuar. —No fue una accion deliberada para evitar el incesto, Tom… Fue para que Bill fuera ejemplar y digno de respeto como César, porque de otro modo, esa decisión es muy extrema y sin sentido…

—Y aun así, después de hacer esas cosas… Mi padre te escogió a ti como su sucesor, me sacrifico a mí para nada… —continuó Tom, sentía que iba a vomitar.

Se quedaron en silencio viendo sus ojos.

—Por eso mi padre estaba tan seguro de tu derecho a Roma por un vientre romano, él siempre lo supo, sabía que Lucian… —Tom rompió de repente el silencio.

—Era mi hijo… —interrumpió Willem. —¡Lucian es mío, es mi hijo! —exclamó en alto para él mismo, para confirmarselo.

Willem buscó los labios de Tom y lo besó con una fuerza de un hombre que se aferra a la esperanza.

—Eres madre de mi hijo, Tom… —los ojos del gladiador se humedecieron un poco. —Voy a terminar de ganarme a la plebe, voy a salir de aquí y voy a sacarte de esta ciudad, a tí y nuestro hijo, los llevaré lejos de este lugar.

Tom no podía sentirse realmente feliz por eso, no porque Willem estaba dispuesto a proteger y reconocer a su hijo, sino porque Bill no iba a dejarlo ir, ni a él, ni a Lucian, aunque, en ese momento Tom se sintió aliviado de no haberle dado una respuesta aún a Bill sobre adoptar a Lucian, de haberlo hecho, Lucian sería de Bill.

—Bill no va a dejarme ir, ni a mí ni a Lucian, Lucian es un hijo para él —masculló Tom.

—Yo no he dicho que he dado paso atrás a mi plan de vengarme de tu hermano, que seamos conscientes de más cosas, no quita que sigue siendo un tirano que debe morir, al que voy a matar yo mismo —dictaminó Willem.

—¿Qué pasará con Roma? No puedo dejarla desamparada, y tú eras a quien mi padre quería como sucesor —señaló el doncel.

—Ya no estoy tan seguro de que tan leal quiero ser a la voluntad de tu padre, pero le fui demasiado tiempo leal a Roma, te aseguro que no quedara desamparada, pensaré en algo, pero mi prioridad es mantenerlos a salvo y vivos a ti y a Lucian —consoló Willem, besandole nuevamente los labios. —Ya perdí una vez a mi familia, no voy a volverla a perder…

Gaia y Numa seguían en su corazón, pero Tom y Lucian eran como una oportunidad, la primera familia a la que dejó sin saberlo bien, los dioses lo habían perdonado, le habían dado una segunda oportunidad.

—Mañana no lucharé en los juegos, habrán otros gladiadores, no tengo idea de cuando me haga volver a la arena tu hermano, pero no tiene que ser dentro de muy poco, si no hace algo antes para deshacerse de mí —informó Willem, al menos al día siguiente su vida no correría riesgo en la arena, pero eso no lo hacía confiarse. —Habla con los Senadores, que compren mi libertad, y yo me pondré en contacto con mis legiones.

—Las legiones tienen nuevos comandantes, leales a Bill —mencionó Tom, sorbiendo de su nariz.

—Cuando me vean veras con quienes está su lealtad —aseguró Willem con seguridad y calma.

—Entonces tengo que apresurarme, no hay tiempo, tengo que encontrar la forma de hablar con los Senadores —Tom se puso de pie, a lo que Willem también lo hizo. —Sé que el Senado tiene sus propias ambiciones, ellos no cederan con facilidad a que alguien más sea el Emperador.

—Lo sé, tu padre tenía razón en no confiar en ellos y Bill en desear disolverlo, pero sólo serán el cebo si Bill llega a darse cuenta de que conspiramos contra él, Bill se deshará de ellos o lo haremos nosotros, también son una enfermedad de la que Roma debe curarse —declaró el gladiador, escuchando unos pasos acercarse, probablemente Próximo o uno de los guardias.

Tom también los escucho, dandole una rápida mirada a la puerta para después volver a ver a Willem.

—Tengo que irme, Bill pondrá a su guardia pretoriana a estar atentos de mí y de Lucian por un posible riesgo que corramos —Tom acomodó su capa y se cubrió la cabeza. —Intentaré acercarme de alguna forma al Senado mañana. Para tu herida utiliza todo lo que te traje en la canasta.

Willem lo tomó por la cintura con ambas manos antes de que terminaran de acercarse a la celda, y Tom se empujó contra él, besándolo.

Fue un beso corto, pero no por eso menos cargado de todo lo que sentían en ese momento.

—Estoy cansado de ser fuerte, Willem —confesó Tom sobre sus labios, cuando se separaron, pero sin alejarse todavía.

—Lo sé, mi pulchella, pero tienes que ser fuerte por nuestro hijo en este momento, además no estás solo, aunque esté aquí encerrado, la carga es de ambos, no volverás a estar solo en estas cosas —aseguró Willem y le beso la frente. —Por favor, cuídate y cuida de Lucian… —suplicó antes de soltarlo.

Tom asintió y le dió una última mirada, despidiéndose en silenció cuando abrieron la celda y tuvo que salir.

Continúa…

Gracias por la visita. No olviden dejar un comentario 🙂

por Namyukaulitz

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!