
Fic Toll de Namyukaulitz
Capítulo 25
Tom volvió al palacio del ludus, ya no con aquel sentimiento de desolación del día anterior, aunque el momento con Willem había sido muy reconfortante e incluso la sensación cálida de sus labios siendo besados nuevamente después de años lo calentera inmensamente a pesar del frío de la noche.
Todo de lo que era consciente ahora, lo hacía sentir un poco vacío, hueco como una fruta podrida…
Desde que su padre había muerto lo extrañaba, había días donde deseaba que estuviera vivo para poder recibir un consejo o una caricia suave en su cabeza de él, pero ahora se daba cuenta que su padre no era perfecto…
Había entrado de nuevo al complejo del palacio por un punto ciego, al estar nuevamente dentro, se quedó afuera, en uno de los jardines, se retiró su capa y la dobló.
Incluso si Willem había vuelto a creer en él, y volvía a ser cálido, Tom no se sentía del todo feliz.
¿Por qué los varones más importantes de su vida le habían fallado?
Su padre lo había usado para que Bill fuera correcto, sacrificando su reputación, provocando que Willem lo despreciara y lo dejara.
Willem lo había abandonado, creyendo ciegamente en la palabra de Aurelius; podía entenderlo un poco, la palabra del Emperador era ley, no podía ser cuestionada, pero aun asi, el que creyera en otra persona dolía.
Y Bill, su hermano menor, sentía el pecho pesado al pensar en él, una mezcla de culpa y remordimiento por lo que estaba orquestando a escondidas y en su contra, enfado porque era un parricida y no tenía piedad con inocentes, por su codicia al poder.
Ya había decidido que Bill tenía que morir, que no era alguien digno de nada… Entonces, ¿por qué le dolía tanto?
El viento movió las hojas y flores del jardín, por consiguiente también la tela de su ropa de movió en la misma dirección indecisa del viento.
Si Willem había vuelto a creer en él, incluso que con sus labios selló para que hasta su cuerpo fuera consciente de esa alianza, ¿por qué se sentia tan solo?
Como nunca antes se había sentido, era una soledad que hacía que el frío del ambiente pareciera una nimiedad, que hacía que el complejo del palacio pareciera más grande, más alto.
Pasó mucho tiempo preocupado porque Bill pudiera morir, y ahora era él quien ya había decidido eso.
¿Qué irónico no? Bill no era el único que tenía ironías.
Si algo saliera bien o mal su plan, de todos modo iba a haber muerte, alguien iba a morir.
Estaba decidido, pero tenía miedo y estaba cansado.
Tenía miedo por Lucian, su hijo, su vida era la única que no era debatible, se sentía una pésima madre porque su hijo estuviera en vuelto en estos enredados, en medio de los hilos que Aurelius movió, y ahora Tom tenía que desenredar o cortar.
Su padre había sacrificado todo por Roma, incluso a sus propios hijos. Su deber iba por encima del amor o protección que les debía.
Bill no estaba interesado en Roma, más que para utilizar su poder en sus propios intereses. ¿Su codicia iba por encima de su amor? No lo sabía, se daba cuenta de lo poco que conocía a su hermano menor.
Willem aunque era leal a Roma, era consciente de que su intención y verdaderos deseos no eran liderar todo un Imperio.
Y Roma. Roma no perdona, a Roma no le interesa quienes tengan que morir mientras este bien, no importa si son inocentes o no, si sus crímenes merecieran la muerte como castigo, y aun así, Roma lo era todo.
Tom se abrazó a sí mismo, y agacho la mirada al piso.
Todo se sentía tan hostil, frío, ajeno. Lo sentía como si fuera la primera vez que experimentaba eso…
Quizás porque si lo era. La primera vez que realmente se sentía solo, con tanto peso sobre sus hombros y pecho, como miles de piedras.
—¿Adónde estabas? Te mandé a llamar —la voz de Bill se hizo presente, suave, temerosa, sin siquiera verlo podía saber que había estado llorando.
Tom apenas reaccionó girando la cabeza en dirección de donde Bill estaba parado, con la túnica entreabierta del pecho, desordenado.
No respondió de inmediato, la pesadez en su pecho no le permitió hablar, e incluso sintió dificultad para tragar saliva.
—Te ves preocupado… —reconoció Bill, pero no se acercó a su hermano mayor.
El doncel siguió callado, detallando su rostro, sus cejas, sus ojos, sus pestañas, su nariz, sus labios, la marca debajo del labio inferior que era idéntica a la que él tenía en su mejilla derecha.
Probablemente esta noche sería una de las últimas en las que pudiera verlo directamente a los ojos.
Tom sonrió levemente, aunque sus ojos se volvieron brillosos y desvió la mirada hacia otro lado.
No pudo sentirse enfadado con él, con sus ojos, en cambio sintió una profunda tristeza.
La de un hermano y amante.
—No podía dormir —respondió Tom por fin, dándole una mirada al cielo, a la Luna que era hacía ver el jardín como un lugar sacado de historias de dioses que viven entre nubes, tragándose su tristeza, antes de volver a ver a Bill. —¿Y tú? ¿Otra vez tienes miedo a la oscuridad y no puedes dormir?
Bill no respondió, en cambió agacho su mirada, Tom tomó eso como una respuesta, podía deducir que sus pecados lo atormentaban.
Tom suspiró, y buscó un lugar para sentarse, caminando hasta un asiento de piedra blanca grande, que tenía leones tallados, pero estaba rodeado de arbustos llenos de rosas.
Al sentarse, vió directamente a Bill, sin expresion, pero aun asi, movió su mano y dió una palmadas a su lado sobre la piedra.
Bill lo entendió y se sentó a su lado, en silencio, pero finalmente dejó posar su cabeza en los muslos de su hermano, acostándose.
Tom no dijo nada, dejó que se acomodara sobre sus piernas, incluso paso su mano por sobre su cabello azabache, Bill no llevaba la corona en ese momento, por lo que era más facil acariciarle la cabeza.
—¿Recuerdas lo que nuestro padre dijo algún día?… Es un sueño, un funesto sueño, es la vida, ¿crees que así sea? Yo creo que sí, y sólo estás tú para compartirla, sólo debemos ser tú y yo en este Imperio, en Roma… —habló Bill, manteniendo su tono suave, con la mirada fija en otro lado.
—Shhh… —lo interrumpió Tom, aborreciendo que mencionara a su padre y a Roma, acunó el rostro de Bill con su mano, haciendo que lo viera.
Bill conectó su mirada con la suya, se vieron, ambos tenían los ojos brillosos, igual de aguados.
Tom no pudo más, inhaló y soltó aire, se inclinó sobre Bill, y…
Lo besó.
Presionó su labios en los de él.
«Dime por qué, Bill, ¿por qué en tus ojos puedo ver el dolor que te encadena?», pensó Tom, con los ojos cerrados. «¿Por qué no puedo terminar de odiarte?»
Bill no supo responder al gesto, se quedo congelado, con los ojos bien abiertos debido a la sorpresa, no se sintió bien.
Tom se separó después de unos segundos, no había una sonrisa, no había alegría, el brillo que sus ojos reflejaban era de alguien que se está despidiendo de alguien a quien no quiere soltar.
El silencio se hizo entre ambos, viéndose fijamente.
«¿Por qué no me siento feliz..?», pensó Bill, mientras su pecho comenzaba a subir y bajar, con ganas de quebrarse por no comprender, porque no se sentía bien.
Tom apretó los ojos por unos instantes, sintiendo asco por sí mismo, hacía un rato había besado a Willem, y ahora sus labios habían buscado a los de su hermano.
La textura era distinta, no había suavidad, no había calidez, no había exigencia… Era vacío, asqueroso para Tom, y aun así, quiso repetirlo, por lo que apretó los labios negándose a repetir lo que acababa de hacer.
Ni siquiera Bill se lo estaba pidiendo en ese momento, fue él quien quiso hacerlo, no podía culparlo por un gesto que nació de él.
Quiso vomitar.
Por lo que apartó a Bill de su regazo y se levantó del asiento, pasándose el dorso de la mano por los labios.
Bill se quedó consternado sentado en el asiento, viendo como Tom se alejaba.
Ninguno había disfrutado el beso, lo sabían.
—No… no tenías que hacer eso, si no querías —masculló Bill, con nudo en el estómago debido a lo incómodo que se sentía.
Algo no estaba bien, lo sabía, pero, ¿por qué? Tenía a Tom con él, Tom lo había besado y aun así, no le sabía a nada.
Su respiración perdió el control, y se pasó las manos por el rostro, recordando las palabras de su padre.
«Tom nunca te amara como realmente lo deseas».
Se apretó la cabeza y las lágrimas rodaron por sus mejillas.
¿Por qué ese beso, ese maldito beso por el que tanto había rogado a los dioses no sabía bien? ¿Por qué no sabía a amor? ¿Era él o era Tom?
Tom se dió la vuelta al escuchar la respiración de Bill volverse desesperada, por lo que, dió un paso para volver a acercarse.
Pero Bill se levantó abruptamente y lo tomó por los brazos, juntando sus labios, buscando felicidad y sabor a amor.
Tom se quedo quietó por unos microsegundos, hasta que con sus manos tomo el rostro de Bill y profundizó más en el beso, dejando escapar unas lagrimas traicioneras.
Bill retrocedió, el peso de Tom contra sus labios, la fuerza con la que le correspondió lo hizo tambalear, cuando el hueco de sus rodillas chocó con el borde del asiento, guió a Tom hacia el asiento, empujándolo hacia abajo para recostarlo, posicionándose sobre él.
Tom intentaba besar bien a Bill, pero él era torpe, exigente, demasiado inexperto, dejó a Bill entre sus piernas cuando se acostaron sobre el asiento de piedra.
No era deseo, era desesperación por sentir algo.
Bill fue quien se separó del beso esta vez, con la respiración errática, como la de un hombre que se está ahogando en medio del mar.
—¿Me amas, Tom? —preguntó Bill, su respiración húmeda y caliente golpeaba el rostro del doncel.
—Toda mi vida… —respondió Tom, acariciándole el rostro, mientras seguía lagrimeando. —Desde antes de que nacieras.
Esas palabras sí sabían a algo, pero Bill ya no se atrevió a besarlo, no pudo, suspiro, y su cuerpo cedió, cayendo en el pecho de Tom y su mano busco el vientre, lo acaricio por encima de la tela.
—Extraño cuando Lucian se movía cuando le hablaba… —confesó Bill de repente, recordando los momentos donde su vida, aunque no era perfecta, se sentía bien, unido a Tom.
Tom tuvo que reprimir con toda la fuerza de su cuerpo un sollozó, y abrazó a Bill.
¿Cómo podía desear muerto a la única persona que había estado siempre con él?
Bill se quedó en silencio, y Tom supo que estaba vagando en sus recuerdos, de esos momentos cálidos, y él también lo hizo:
Tom observa su vientre, cada día más abultado y redondeado, en ese momento, no tenía forma de saber qué sería su bebé, aunque estaba seguro de que iba a ser un niño, un varón.
No sabía cómo, simplemente lo sabía.
—¿Qué piensas, Tomi? —le preguntó su hermano de quince años recién cumplidos, llegando con fruta picada en las manos, pues se le había antojado al doncel.
—Creo que será un varón —manifestó Tom, acariciándose el vientre.
Bill dejó la fruta sobre una mesa de metal, cerca de Tom y frunció el ceño.
—¿Cómo estás tan seguro? Todavía falta para que nazca —Bill parecía realmente confundido.
—Porque soy su madre, simplemente lo sé —dictaminó Tom con seguridad, alzando la mirada para ver a su hermano menor.
Bill se quedó quieto, si su hermano hablaba con esa seguridad, entonces no tenía nada que cuestionarle.
—Pero…¿Y si es una niña o un doncel? —inquirió Bill con cuidado.
Tom estaba por responderle, cuando sus cejas se alzaron y sonrió, había sentido que el bebé se movía.
—Creo que el bebé te quiere responder personalmente —Tom se rió, y tomó la mano de su hermano, guiándola a su vientre de siete meses.
Bill acarició el vientre de su hermano y se inclinó, pegando su oreja, sonriendo al sentirlo moverse.
—Hola… Soy Bill, bebé —saludó Bill. —Tu madre dice que serás un varón, pero yo no estoy seguro.
Al decir eso, hubo más movimiento, el bebé se puso más inquieto, y Tom se rió en alto.
—Para mí eso significa que estás equivocado —acotó Tom, y le acarició la cabeza a su hermano menor.
Bill sonrió con los labios cerrados. —Nos vas a hacer muy felices cuando nazcas, no me importa que seas… —murmuró, y recibió más movimiento por parte del bebé.
Sabía que ese bebé no era suyo, era más que consciente de eso, pero por ese momento, podía sentir que lo era, que él era su padre, el que siempre estaría ahí para su madre.
Aunque no lo dijo en voz alta y se lo guardó, se sintió feliz, porque era su familia, y ese también iba a ser su bebé, no importaba que fuera su sobrino.
Creía que eso era lo que sentían los varones que veía pasando con sus familias en el foro, se sentía envidioso de la felicidad y cariño que los padres le daban a sus hijos con una sola mirada, cuidándolos de no perderse entre la gente.
Tom se quedó en silenció, su risa se calmó y sonrió con melancolía, Bill seguía pegado a su vientre, atesorando a un bebé que todavía no llegaba pero era amado y esperado…
Sabía que la acaricia de Bill en su vientre no era para él, sino para el bebé, pero aun así se sentía reconfortado.
Bill estaba presente, estaba ahí con él, hablando con el bebé… Willem nunca estaba ahí con él, no viviría eso con él…
En el presente, Tom deseo volver a esos momentos, no eran perfectos, pero se sentían mejor que estos.
Se arrepintió por un instante, y apretó a Bill contra él, el peso de su cuerpo encima le resultó reconfortante, estaba ahí con él, como siempre lo había estado, con él.
Pero no estaba bien, no esta correcto, Willem había vuelto, y Tom ya no sentía que pertenecía al lado de Bill, no se sentía merecedor de eso, era cruel, hipócrita, un maldito.
Roma no perdona por más puros que sean los sentimientos, por más lágrimas que se derramaran y más recuerdos que conserven.
«Bill… Lucian… Perdón», Tom cerró los ojos, sin aflojar su abrazo en Bill, en ese momento, ya no le importo si amanecía y los encontraban ahí, abrazados y juntos de una manera que no entenderían pero sí juzgarían.
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¿Cómo iban a saber que irían a terminar en ese momento?
Si hacía seis años atrás todo parecía estar bien…
Tom observaba su reflejo sobre la plata pulida, recogiéndose las rastas, viendo cómo se verían mejor, si como una coleta, sueltas, acomodadas a un lado o al otro.
Finalmente escogió dejar dos de rastas sueltas frente a su rostro y recoger el resto en una coleta, la cual aseguró con un broche de perlas.
Observó su cuerpo reflejado, pensó que poner una cinta alrededor de su torso iba a acentuar mejor su figura, que se iba a ver más atractivo para él….
Con dieciséis años, agradecia que su padre todavía no lo hubiera casado con un varón como sería normal para alguien de la aristocracia romana, para buscar formar una familia, crear alianzas o tener herederos.
Se esparció mucho perfume por la piel, incluso en las rastas, al punto que todo su aposento se impregnó del aroma azafrán, el aroma favorito de él…
De su varón, Willem.
El Extranjero… Su extranjero.
Aunque estaba concentrado en embellecerse para irse a encontrar con su varón, escuchó la puerta abrirse con lentitud, seguido de alguien inhalando, giró la cabeza y se encontró a su hermano menor de catorce años, Bill.
—¿Por qué te pones tanto perfume? —preguntó con curiosidad el menor, ladeando su cabeza para apartar de su vida un mechón de su cabello negro.
Tom se sonrojó y sonrió con timidez, volviendo a ver su reflejo.
—Para nada… Sólo me gusta oler bien —masculló el doncel, soltando una risilla.
Bill hizo un pequeño mohín, no muy convencido por su respuesta. —¿Vas a verte con alguien, verdad? ¿Con el hijo de ese prefecto territorial?
Tom giró el rostro para verlo, y se acercó abruptamente, tomándolo de las manos para dar vueltas.
—Se llama Willem, Bill —acotó el doncel con una gran sonrisa. —No sólo es «El hijo de ese prefecto territorial» o como padre le llama, «El Extranjero», no, tiene nombre.
Bill logró sonreír cuando su hermano lo tomó de las manos, apretando su agarre.
—¿Por qué te causa tanta gracia verlo? —inquirió el azabache, no le agradaba «El Extranjero», desde el minuto uno que llegó a presentarse al palacio, ya que iba a tomar en el corazón de Roma su entrenamiento como guerrero y expresó su intención de servir al Emperador.
Detestaba que Tom le concediera su atención a ese hijo de prefecto territorial, no era alguien tan importante, como él, ellos eran hijos del Emperador, ¿por qué relacionarse con gente inferior a ellos?
—No te lo diré —sonrió Tom, negando con la cabeza. —Sólo es mi amigo, Bill… No seas celoso.
A Tom le parecía muy tierno en que su hermano menor fuera tan receloso con Willem, desde que lo conoció por primera vez a los doce años, él dejó en claro que no le agradaba, pero su desagrado había ido incrementando conforme pasaban los meses, y el año, desde que conocieron a Willem.
—No soy envidioso…. Solo…. —murmuró el azabache, agachando la mirada por unos segundos. —Sólo no confió en él como varón, dicen que en la tierra en la que nació comen ratas y no se asean —mintió.
Tom únicamente se rió, y le soltó las manos.
—Ni siquiera sabes cual es su tierra, nunca te le acercas —el doncel se acomodó la vestidura.
Bill se mordió el interior de la mejilla al verlo arreglarse.
—Quédate conmigo esta tarde, ¿sí, Tomi? —Bill se acercó a él, abrazándolo por la cintura, hundiendo su cabeza en su hombro.
En esa época, casi estuvieron a la misma altura, aunque Tom sabía que Bill sería más alto por ser varón.
Tom soltó aire, correspondiendo gustoso al abrazo, ya conocía muy bien a Bill, que siempre intentaba convencerlo de que se quedara con él, pero el doncel estaba decidido a verse con su varón que de seguro ya lo esperaba en una de las salas del palacio.
—Sólo si me atrapas —susurró Tom, antes de separarse de él abruptamente, saliendo corriendo de sus aposentos.
Bill tardó un poco en reaccionar pero ante lo dicho por su hermano mayor, corrió tras de él.
Tom ya sabía que un doncel de su clase no debía correr como un varón, que saber cómo caminar era parte de su educación, pero en ese momento, estaba huyendo de su hermano menor con una sonrisa en el rostro.
Ya sabía por qué pasillos moverse para evitar que lo alcanzara. Logrando que Bill lo perdiera de vista en el amplió pasillo al meterse entre un grupo de guardias.
Llegó agitado a la sala donde Willem lo esperaba, ahí estaba el azabache de cabello corto, pero no estaba solo, estaba con su padre.
Willem hablaba con el Emperador.
Al ver a su padre Tom, enderezó su postura y entró con lentitud a la sala, evitando sonreír tanto al ver a Willem.
En cuanto notó su sonrisa Willem le sonrió discretamente, sin perder la atención de su Emperador.
—Quizás te necesite en Germania, ya que planeo volver en campaña, dentro de unos meses o unos dos años —comentó el Emperador, viendo al muchacho.
—Yo estaré atento a su llamado, César —respondió Willem, clinando ligeramente su cabeza hacia Aurelius.
—Padre —pronunció Tom, sonriéndole, con ambas manos juntas sobre su abdomen, haciendo una reverencia hacia él.
—Hijo, ¿por qué estás sudando? —inquirió Aurelius, viendo la ligera capa de sudor que su hijo tenía sobre el rostro, no hacía mucho calor ya que estaban en primavera.
Tom se sonrojó y se limpió la capa de sudor en el dorso de la mano, Willem soltó una risa, la cual disimuló con una pequeña tos.
—Tenía mucha prisa por venir —dijo el doncel, parándose al lado de Willem.
Aurelius observó a la pareja, Tom no se lo había dicho explícitamente, pero un padre siempre sabe, sabía que Willem no era un conocido o un amigo, sino su amante, pero fingía no saberlo.
Esperaba que Willem o Tom se lo dijeran directamente, aunque siendo honesto, esperaba que Willem se preparara militarmente, y que luego como todo un hombre le pidiera la mano de su hijo.
Desde ese momento Aurelius ya tenía planes de quizás nombrarlo Co-Emperador a Willem, sí tenía un rango alto como militar y se casaba con Tom, pero tenía que esperar a que Willem se preparara bien.
Pero por el momento, esos solo eran sus ideas, nada que todavía estuviera realmente seguro de concretar.
—Willem, eres el hijo que debí tener, eres un buen varón y dentro de unos años seras alguien de admirar —soltó el Emperador. —Tu padre es muy afortunado por tenerte como hijo.
Willem sonrió sorprendido por el comentario, mientras que Tom apretaba su puño, emocionado de que su padre estimara tanto a su varón.
—Gracias por sus palabras, César, mi padre estará muy feliz de saber que usted me considera tan grato, sobre todo ahora que está tan enfermo —respondió Willem.
Bill observaba por la pequeña brecha de las puertas de la entrada, en silencio, había pensando que se encontraría a Tom en la sala, pero, se encontró con eso.
Su respiración se agitó, de tal forma que rápidamente le costó poder respirar bien.
—Espero tu padre mejore, Willem —continuó el César, con sinceridad, antes de suspirar. —Me retiro, tengo que hablar con el Senado sobre unos asuntos, fue grato verte.
—El honor es mío, César, y otra vez, gracias por sus palabras —Willem le dió una última sonrisa al César.
Willem y Tom despidieron al César, y al ver que se daba la vuelta camino a las puertas, ambos se dieron una mirada.
Al ver a su padre acercarse, Bill se apartó de la puerta, su padre ya lo había regañado antes por ser un entrometido y vigilar a escondida a las personas, por lo que comenzó a caminar por el pasillo..
—Bill —lo llamó su padre, detrás de él.
Bill se giró lentamente.
Aurelius vió su rostro, esa expresión sombría y molesta, no era la primera vez que la veía en Bill.
—¿Otra vez estabas vigilando conversaciones ajenas? —cuestionó el mayor.
—Yo sólo estaba pasando, padre… —respondió Bill, apartando su mirada.
Su padre evidentemente no creyó en su respuesta, por lo que volvió a dirigirle su mirada.
—¿Puedo acompañarte cuando vuelvas a campaña…? —inquirió el menor con suavidad.
Aurelius suspiro frunciendo el ceño, molesto y negó con la cabeza. —Otra vez has actuado como un entrometido, Bill —reprochó, alzando su mano, soltando un golpe secó en el rostro de su hijo.
Debido al sonido del golpe, incluso algunos guardias cercanos voltearon a ver al César y su hijo.
Bill apretó los ojos, y cuando volvió abrirlo ya los tenía aguados.
—No vuelvas a desobedecerme, tienes que comportarte, sé un varón ejemplar, como mi hijo y sucesor del Imperio, ya no eres un niño, me pides acompañarme en una campaña de guerra, pero todavia le temes a la oscuridad, no puedes ni con temores infantiles y te creeré que podrás con bárbaros —dictaminó Aurelius. —No puedes comportarte aquí en el palacio, ¿y esperas que te lleve a una campaña? Si no escuchas terminaras muerto, creo que le diré a tus maestros que sean más estrictos en tu educación.
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Willem estaba frente al estanque, tirando piedras pequeñas al agua, viendo que tan lejos llegaban saltando sobre el agua.
Tom estaba sentado bajo la sombra del tholo, un pequeño templo circular de la diosa Venus, armando una corona con flores.
Aquel lugar en medio de una pradera, un lugar tranquilo, alejado de la mayoría de personas, donde solían pasar el tiempo juntos.
—Yo sé que, no conozco a tu hermano apropiadamente, pero, no puedo dejar de pensar en las palabras de tu padre, me siento realmente halagado, pero suena a que ha perdido la esperanza en Bill —dijo Willem, siendo como una piedra llegaba hasta casi la mitad del lago.
Tom apartó la mirada de la corona de flores que estaba armando, y suspiró, apoyando su espalda sobre una de las columnas de granito.
—Amo y respeto a mi padre, pero reconozco que es muy duro con Bill —masculló el doncel, dirigiendo su mirada al azabache. —Pero Bill es quien va a heredar el Imperio, mi padre sólo quiere que sea un buen César…
Como doncel, no podía objetar nada sobre cómo su padre era con su hermano, ya antes Aurelius le había pedido que se mantuviera ajeno, y ante eso no podía desobedecer la petición del César.
—Lo será, Bill es hijo del gran Emperador Aurelius —Willem sonrió levemente, y se acercó a su doncel, extendiendo la mano para ayudarlo a ponerse de pie.
Tom tomó su mano y en cuanto se puso de pie, pasó sus brazos por el cuello del más alto y sonrió cerca de sus labios.
—Yo también confío en que Bill pueda ser un buen César, pero dejemos olvidemos esas cosas por un rato —masculló el de rastas, juntando sus labios con los de Willem.
Willem lo abrazó por la cintura, correspondiendo al gesto.
—Sé que no estamos en estío aún, pero siento demasiado calor —musitó Tom sobre sus labios, con la pelvis totalmente pegada a la de Willem.
Sus cuerpos ya se conocían bien, por lo que juntar esas zonas era todavía más íntimo y especial para ambos.
Willem se separó del beso con gracia.
—Deberíamos refrescarnos —contestó el varón, antes de tomarlo por las piernas y cargarlo, dando unos pasos para entrar al lago.
Tom se aferró a él, dejando que lo cargará, apoyando su cabeza sobre su hombro, viendo el perfil de su amado.
A pesar de llevar un tiempo considerado de haberse conocido, Tom aun sentía la emoción implantarse en su vientre cada vez que estaba tan cerca de Willem.
Willem camino hasta que el agua le llevó a la cintura, y Tom siseo al sentir su vestimenta mojarse.
—Me encantaría que mi padre te conociera… Ya que su salud está empeorando cada vez más, y me temo que pronto se reunirá con mi madre en los Campos de Elíseos —reveló Willem con suavidad, sin verlo.
Tom contuvo la respiración al escucharlo, no porque le alegrará el infortunio del padre de Willem, sino porque sabía lo que significaba una promesa de conocer formalmente a su padre.
A los dieciocho años Willem no hablaba como un muchacho que sueña con poder hacer algo en un futuro, hablaba como un hombre que manifestaba lo que iba a hacer, rezando a los dioses en su favor para que el Emperador le cediera la mano de su hijo doncel.
—Pero deseo terminar mi entrenamiento primero, antes de volver a mi tierra, espero todavía siga vivo cuando lo vuelva a ver —continuó el azabache.
—Lo volveras a ver, mi occuli —le aseguró Tom, bajándose de sus brazos, sin alejarse de él, dejando que el agua también le llegará a la cintura.
Tom pasó su mano por el torso cubierto de Willem, delineando los dobleces de su túnica con los dedos, sus manos fueron más atrevidas, deslizando la tela por los hombros de su varón para dejar al descubierto su torso, el entrenamiento lo mantenía con un cuerpo duro, incluso con una leves cicatrices.
—Oh, mi pulchella —susurró Willem con una sonrisa, expectante a como su doncel le retiraba la túnica para desvestirlo. —Tu piel húmeda brilla como la punta de los trigos de mi tierra con los rayos del sol.
Willem pasó sus manos por el agua cristalina antes de llevarla a los hombros del de rastas, desabrochando los broches que sostenían la tela que lo cubrían, dejó caer la tela, dejando al descubierto parte de su torso.
—Siempre me hablas de tu tierra, me imagino como sera vivir en medio de campos de trigo bañados por el sol durante la tarde —confesó Tom, mientras la mano de Willem bajaba hasta su pecho, acariciando la piel suave, con cuidado, como si no hubiera clavado sus dientes antes ahí.
Amaba su brusquedad tanto como su suavidad.
—La vida es sencilla, durante las tardes cuando era pequeño, cuando estábamos a la espera de la vuelta de mi padre de Roma, mi madre y yo nos acostabamos sobre la hierba, dejando que sus puntas verdes y delicadas nos acariciaran la piel, lo único que se escucha es el sonido del viento moviendo las plantas, nada parecido a Roma, Roma es grandeza, mi tierra es sencillez cálida y tierra suave, fértil para verduras y frutas —relató Willem, besando su mejilla, deslizándose por su cuello hasta llegar a sus hombros, pasando su nariz sobre la piel impregnada de azafrán. —Y el aroma del viento es como el de tu piel.
Tom ladeo su cuello, dandole más espació al azabache para que respirara su piel.
—Una vez me contaste que de niño jugabas entre campos de azafrán con tu perro —masculló Tom, cerrando sus ojos, al sentir las manos de Willem tomarlo por la cintura, jalando hacia abajo la tela que lo cubría.
—Amo que tu cuerpo demuestra que me escuchas, mi pulchella —Willem le besó el hombro, antes de buscar sus labios.
Tom correspondió, presionando sus labios con fuerza, como un capricho natural, se aferró a sus hombros desnudos y envolvió sus piernas alrededor de la cintura del azabache.
Willem lo tomó y los llevó hasta la orilla del lago, donde recostó a Tom sobre el suelo húmedo, y la hierba y el agua le rozaban la piel al mismo tiempo.
El varón pasó sus manos por las piernas cubiertas por tela húmeda que se apegaba a su piel, deslizandola hacía arriba, hasta su cintura, retirando el lino que le cubría su entrepierna, viendo como el miembro del doncel estaba tan firme como el suyo propio, por lo que se terminó por retirar la túnica, posicionándose entremedio de las piernas de Tom, dejando que su mano se deslizara por ese camino que ya había explorado antes, más profundo, tocando la entrada el doncel, dándose cuenta que ya estaba húmedo, y no era por el agua del lado.
Tom lo jaló hacia él, para besar sus labios, mientras Willem tomaba su propio miembro para entrar en el doncel.
Al entrar Willem fue lento, delicado, pero las piernas de Tom aferrándose con fuerza a su torso le decía que estaba tan exasperado como él por movimiento.
—Veni, vidi, vici —le susurró Willem contra los labios.
Llegué, ví, conquiste.
Su intención al llegar a Roma no era conquistar, era aprender, formarse como soldado, pero aunque en sus planes no estaba, conquistó el corazón del príncipe doncel en cuanto lo vió.
Era mutuo, ambos se vieron y se conquistaron, entre sonrisas y toques tímidos, donde antes no podían rozarse las manos, ahora sus cuerpos se buscaban desesperadamente, por una unión donde solo eran uno bajó la sombra del templo de Venus.
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Habían vuelto al palacio antes de que el sol terminara de esconderse, quedándose entre los jardines, esperando que sus ropas dejarán de estar húmedas.
Willem descansaba sobre las piernas del doncel, ambos descansando de su amatoria en las orillas del lago.
Tom le acariciaba la cabeza, llegando incluso a trenzar algunas de sus hebras negras.
Entre arbustos, flores, pilares y estatuas seguían en su propio paraíso, disfrutando el momento antes de que volvieran a ser el príncipe y el soldado en formación.
Bill observaba desde una de las terrazas del palacio, su cabello se movía con el viento que lo alcanzaba en la altura.
Su mejilla ya no estaba tan roja como antes, y sus tutores filosóficos ya habían terminado de enseñarle por ese día.
Había ido a la terraza a respirar, a dejar escapar las lágrimas que contuvo desde que su padre lo golpeó, deseaba buscar consuelo en los brazos de su hermano, cuando los escucho, entre risas que intentaban ser discretas y palabras que desde su posición eran inentendibles para él.
Ver a otro varón disfrutando de la calidez de su hermano mayor lo hacía sentir robado, vacío ante su soledad, y traicionado.
Tom siempre decía que Willem era sólo su amigo, pero Bill fue consciente de que no era cierto.
A pesar de que desde la altura en la que se encontraba, donde Willem y Tom parecían pequeños, Bill era el que se sentía pequeño, tan diminuto que era invisible.
Vió sus propias manos, eran grandes y a la vez pequeñas, si las comparaba con las de Willem.
¿Era eso? ¿Qué todavía no terminaba de desarrollarse como varón?
Deseo ser mayor en ese momento, tener la edad de Willem y demostrarle a Tom que él podía ser su varón.
Uno tan fuerte como Willem.
Quizás si demostraba que ya era lo suficientemente mayor, Tom le daría una oportunidad y lo vería como ve a Willem.
Que lo amaría no solo como hermano, sino también como doncel, porque Bill podía ofrecerle las dos cosas, ¿no? Ser su hermano, su igual, la persona que lo conocía de siempre, y su varón, el que recibe caricias, miradas, amor que sólo los amantes reciben.
Así Tom estaría con él siempre, toda la vida, se casarían y tendría su amor.
Odiaba escuchar la risa de Willem cuando Tom le hacía cosquillas, el sonido le resultaba repugnante, tedioso, pero la risa de Tom, esa que creía que la dejaba salir únicamente con él, cuando estaban solos y Tom no tenía que comportarse ante la vista de otros como príncipe, esa misma que ahora compartían con Willem.
Sabía que Willem era poca cosa, no era alguien tan importante como para que Tom tuviera que mantenerse recto y educado, pero, ¿por qué reírse con él?
¿Qué tenía Willem que él no, que incluso su padre dijo que debía ser el hijo debió tener? ¿Acaso era la fuerza? Bill también podía tomar una espada y dar un buen golpe, ¿era la inteligencia? Bill pasaba horas con sus tutores, ¿era la valentía?…. Bueno, de seguro Willem también tenía sus miedos.
¿Qué era lo que lo hacía tan especial a los ojos de su hermano mayor? Willem ni siquiera era tan atractivo, ni tan rico, ni tan poderoso, ni tan fuerte, había visto a gladiadores con más músculos que Willem, y eso que eran esclavos.
Él un día sería el César, el Emperador que todos admiran, desean y temen, no habrá otro varón como él.
Probablemente tenía que esperar a crecer más, y ser nombrado César para que Tom lo viera como un varón respetable y deseable.
Había visto como algunos donceles y mujeres miraban a su padre, conscientes de que su esposa había fallecido, y solo tenía dos hijos, había escuchado como algunas personas nobles ofrecían a sus hijos e hijas diciendo que eran tan fértiles que podía tener más hijos.
Era consciente de que esas personas no lo hacían por un deseo real y honesto por la calidez de la cercanía de otra persona, sino por codicia de poder.
Aun así, si las personas deseaban así al emperador, Tom iba a poder desearlo, pero él se sería honesto, sin avaricia por poder, pero esperaba que si fuera avaricioso en el amor, Bill estaba dispuesto a dar todo de sí si Tom le pedía que le demostrará cuánto lo amaba.
De seguro Willem no lo amaba tanto como él, no conocía sus secretos más íntimos, aunque… viendo fijamente, y la cercanía que tenían, Bill se daba cuenta que se conocían muy bien físicamente, que sus cuerpos no se veían tensos e incómodos al estar tan cerca.
Acaso… ¿Acaso Willem sentía esa sensación extraña en la entrepierna cuando veía a Tom? Porque en ocasiones, a Bill sí le pasaba, cuando Tom se inclinaba para abrazarlo o besarle la frente, y sus ojos quedaban justo en su escote modesto o cuando el viento le levantaba la túnica dejando ver parte de sus piernas, no veía mucha piel, pero su imaginación hacía el resto.
Le daba vergüenza el bulto que se pronuncia bajo sus túnicas, teniendo que salir huyendo con la cabeza agachada a sus aposentos.
Era consciente de que Tom era un doncel bastante bonito, que su padre decía que se parecía a su madre, Bill había visto figuras de su madre, no creía que la piedra y el mármol fueran justos con su belleza si era similar a la de su hermano mayor.
Cuando su padre hablaba de su esposa, Bill se daba cuenta que amaba a su madre, que eso era amor y devoción, ya que después de que ella muriera no se volvió a casar, Bill creía que su padre entendía que era el amor, así que él hablaba de lo mucho que amaba a su hermano mayor, pero el rostro de su padre demostraba molestia.
¿Por qué su padre no podía entender que él amaba a su hermano? ¿Qué tenia de malo amar? ¿Por qué odiaba todo lo que hacía, decía y sentía?
Quizás su padre consideraba que era indigno de amar porque le arrebató a su esposa al nacer…
Si ese era el caso…. podía entender a su padre, él también estaría molesto con la persona que le arrebate a su hermano de su lado.
Pero tampoco lo entendía, Bill también le había arrebatado una madre a su hermano, pero Tom no lo despreciaba, siempre lo hacía sentir amado y cálido.
Si Tom no lo odiaba, en cambio lo amaba, ¿por qué su padre lo odiaba tanto?
Su madre estaba muerta, ella no podía darle amor, y de su padre… hacía tiempo dejó de esperar un abrazo, él único que le daba amor era su hermano mayor, su doncel.
Y si quería que Tom lo escogiera y amara a él, entonces tenía que demostrarle que sí podía ser eficiente, un buen varón, mejor que Willem.
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Al día siguiente, Tom descansaba recostado sobre un diván de mármol, cubierto con pieles de animales, en una terraza más privada.
Un sirviente le abanicaba aire y el sol lo bañaba con ligereza, su túnica rosácea parecía transparentarse bajó a luz.
Tenía una pierna flexionada mientras la otra caía a los pies del diván, ese día no podría verse con Willem debido a su entrenamiento, así que solo podía pensar en él, emocionandose de nuevo al recordar el encuentro en el lago del día anterior.
Cerró los ojos, volviendo a repetir la imagen de Willem sobre él, con una sonrisa torcida pero amorosa debido a la excitación y el movimiento, totalmente empapados de sudor y agua.
Escuchó unos pasos acercarse, creyó que era su sierva con fruta picada, pero rápidamente se dio cuenta que esos pasos sonaban más pesados, torpes y decididos, como los de su hermano menor.
Abrió los ojos y lo vió, parado a unos centímetros de él con un pergamino de tono amarillento contra el pecho, Tom se acomodo sobre el diván y le sonrió con curiosidad.
—¿Qué haces aquí, Bill? En estos momentos del día estas con tus tutores —señaló Tom, sentándose sobre el diván, dejando sus manos sobre la piel de animal.
Bill apretaba los labios, con el rostro sonrojado, viéndolo fijamente, notando de más las formas que el sol dejaba ver con luz en la túnica de su hermano.
—Me dieron un pequeño descanso… —balbuceó el azabache, agachando la mirada al pergamino en sus brazos. —Encontré esto en la biblioteca, es una historia.
Tom hizo una pequeña «o» con los labios, demostrando interés por lo que su hermano le había traído.
—¿Quieres que te la lea? —inquirió el doncel, desde pequeños él le leía historias a su hermano menor, así que creyó que eso era lo que Bill deseaba.
Bill negó, y se sentó a pies del diván, cerca de la pierna de su hermano mayor, ante la cercanía, Tom le acarició el cabello.
—Voy a leerla yo —avisó el azabache, preparándose para leer.
Tom inhaló aire y asintió, atento a lo que fuera a leerse su hermano menor.
—Es una obra del poeta Ovidio, sobre dos hermanos, Biblis se enamoró de su hermano Cauno —inició Bill, tomando aire, nervioso, mientras abría el pergamino.
Biblis y Cauno eran hermanos gemelos, hijos de Mileto y la ninfa Cianea, conforme crecían Biblis fue deseando a su hermano Cauno, al punto de sentir celos cuando había alguien más presente, se ponía hermosa para llamar la atención de su hermano, pero al no lograrlo decidió escribirle una carta confesando su amor, al recibir la carta Cauno se sintió ofendido, por lo que huyó.
—Biblis lo busco, pero no lo encontró, porque devastada, lloró y lloró hasta que al ver su dolor, los dioses la convirtieron en una fuente de la cual siempre brotaba agua —terminó de relatar Bill, y busco la mirada de su hermano mayor.
Tom soltó una risa floja cuando Bill lo miró, y se bajó del diván, caminando lentamente frente a él, con los pies descalzos.
—Esas historias son muy trágicas, Bill —acotó el doncel, girando sobre sus tobillos para verlo. —Pobre Biblis, el corazón no pide permiso, ni considera cuando se enamora, pero Cauno no es malvado, porque no puede amar a alguien a quien su corazón no quiere. El amor, por más que sea tan profundo y real, no puede abrir las puertas del corazón de alguien. Creo que es una buena historia para reflexionar, aunque es muy triste.
Bill se quedó en silencio, únicamente viéndolo, Tom pudo percibir su nerviosismo, por lo que le sonrió con dulzura.
—¿Hay alguien te ha encantado y no te corresponde, Bill? —preguntó Tom, acercándose a él, poniéndose de cuclillas frente a Bill.
El varón bajo la mirada, no siendo capaz de responder, pero terminó negando con lentitud.
—No, sólo… Me parece una historia para reflexionar —musitó Bill. —Escribiré sobre eso más tarde…
Tom hizo un mohín con los labios, pensando que su hermano menor le ocultaba algo que le daba verguenza todavia admitir, un amor no correspondido o algo similar, asi que lo tomó por una de sus manos y lo jaló hacia arriba, haciendo que ambos se pusieran de pie, dejando caer el pergamino al suelo.
—Yo te amo, Bill, no tienes que estar triste por historias así —masculló el doncel, besándole la punta de la nariz.
Bill sonrió levemente. —Yo también te amo.
Tomándolo de la mano, Tom lo jaló con él para acercarse a la balaustrada, con jarrones grandes los cuales sostenían arbustos densos de flores.
—¿Sabes? —habló Tom, dejando sus manos descansar en la orilla. —Yo también lloraría hasta volverme una fuente si un dia no estas a mi lado, eres mi hermano, mi mejor amigo.
Bill sonrió todavía más, aunque se sentía incompleto por solo ser llamado «hermano» y «mejor amigo», no despreciaba tanto los títulos, pero falta uno…
Giró su cabeza hacia uno de los arbustos con flores, y jaló una flor, aunque el tallo se rehusó a cortarse en un principió.
Tom lo observó de reojo, fingiendo no darse cuenta de que lo hacía, pero sonrió con gracia al ver a su hermano batallar con el talló de la flor, hasta que finalmente lo corto.
Bill puso la flor sobre la oreja de su hermano mayor, a lo que Tom se dejó, y luego le beso la mejilla con cariño.
—Gracias, Bill —dijo Tom, inclinando su cabeza sobre la de su hermano menor.
Y ambos se quedaron en silencio, viendo la vista que la terraza les permitía.
Bill movió lentamente su mano por la cintura de su hermano mayor, envolviendola con su brazo, apegándose más a su cuerpo.
Aurelius subió a la terraza, ya era momento de que Bill volviera con sus tutores, pero se encontró con algo que rápidamente no le pareció.
Vió a sus hijos, el brazo de Bill alrededor de la cintura de Tom, y luego vió el pergamino sobre el suelo, leyó lo que estaba escrito, por lo que volvió a alzar la vista.
Tom observaba hacia adelante, mientras que de perfil, Aurelius se daba cuenta de que Bill no prestaba atención al paisaje, sino al rostro de su hermano mayor.
Con esos ojos que ya antes había visto en Bill cuando miraba a Tom.
Aurelius siempre había sido una persona muy observadora y perceptible, sobre analizando de más a su hijo Bill, pues era quien heredaría el Imperio.
Quería que fuera un heredero digno, respetado, como él lo era, pero el varón que estaba viendo, estaba siendo inmoral, aunque no dijera ni hiciera más que tener un brazo sobre la cintura de su hermano y verlo.
Entre todos los varones que pudieran ver a Tom con esos ojos, ¿por qué quién tenía la mirada más intensa era su propio hermano?
De amor y deseo que no era discreto, como el que Willem aparentaba cuando estaba frente a él y Tom estaba cerca.
Willem se controlaba, era discreto, ordenado, equilibrado, escondía bien su sentir y no se dejaba llevar por sentimentalismos.
Podía comprender que Bill, como un varón sintiera atracción a un doncel, pero no que ese doncel fuera su propio hermano.
Tenía que hacer algo, lo que fuera, porque los golpes no parecían corregirlo, las tutorías tampoco.
No quería ni siquiera pronunciar lo que eso era, recordando a antiguos Emperadores que según la historia tenían los mismos comportamientos que su hijo menor.
Bill iba por el mismo camino a ser considerado un Emperador poco apto por su depravación sexual.
No importaba si decía que era amor, Roma no lo consideraría así.
No estaba dispuesto a dejar que su hijo cayera en la perdición cuando iba a ser su sucesor, no era culpa de Tom, pero…. de alguna forma tenía que matar ese deseo de Bill por él.
Tomó una decisión, silenciosa, pero extrema.
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—César… ¿Está seguro? —el sirviente estaba consternado, al igual que los otros cinco.
Aurelius había reunido a seis sirvientes en una sala privada, donde ni siquiera había entradas para la luz del sol, y la única iluminación era a base de las lámparas de fuego.
—Sí —respondió Aurelius. —Quiero que se extienda la voz de que mi hijo Tom es un promiscuo, que llena sus aposentos de amantes, pero que nadie sepa que esto salió de mi boca.
Sería más fácil lidiar con la creencia de que su hijo doncel era un promiscuo para Roma, sería un golpe para el honor de la familia, pero sería algo más leve a comparación de la certeza de la depravación innombrable del futuro sucesor del Imperio.
Como doncel, Tom no era sucesor ni iba a heredar poder, lo que Roma pensara de él, no sería tan importante, como lo que pensaran de Bill.
Todos valoraban las dignitas, reputación y honor de una persona, en especial de un doncel y una mujer noble.
Lo hizo por Roma.
Si disipaba el deseo por Bill, aparentando que Tom era alguien de bajas gravitas, podría incluso rechazarlo por manchar la reputación de la familia con su supuesta reputación.
Era más fácil lidiar con el rechazo que Bill le pudiera tener a Tom, que lidiar con su maldito deseo.
Tenía que convertir en algo indeseable a Tom para Bill.
Y esperaba que el amor que veía en Willem hacia Tom, fuera tan fuerte como para no caer ante unos rumores. Todavía no podía casar a Tom con Willem, ya que, en ese momento era considerado un soldado, necesitaba que consiguiera un título más alto, el de un General, y así autorizaría el matrimonio para que fuera una alianza.
Que el amor fuera más fuerte que el deseo.
Pero no tan importante como la responsabilidad y deber que tenía con Roma.
Roma merecía un sucesor apto, uno que mantuviera en orden y tranquilo al Imperio.
Bill sería que ser apto, no era una opción, era una obligación, todavía, en ese momento, guardaba cierta esperanza en su hijo menor, pero si seguía fallando, tendría que reemplazarlo.
Los rumores se extendieron como se extiende el vino cuando una copa cae al suelo.
Hubieron distintas reacciones en quienes alcanzaron a escucharlos.
Bill sintió náuseas, ante la idea de que su hermano mayor estuviera con otros varones, no porque el honor le importara, estaba dolido de que Tom se entregará a otros, pero siguiera sin verlo a él, su amor y devoción por Tom lo hizo incapaz de rechazarlo, pero sí profundamente de hacerlo insuficiente, como la opción que nadie escoge incluso cuando se escoge al resto.
Tom no le dió mucha importancia a los rumores, su enfoque no era lo que la gente pudiera pensar de él ese momento, sólo le importaba estar con Willem y otras banalidades, creyó que eventualmente cesarían, que eran rumores de algún envidioso. Él estaba seguro de que sólo amaba a un hombre, y lo demostraba a quien le importaba, Willem, el resto no importaba.Incluso llegó a pensar que eran rumores creados por las personas que Willem llegó a no corresponder.
Y Willem… Él fue una hoja que se arrancó del árbol en cuanto el viento se puso demasiado violento, pero una hoja no cedé al viento con tanta facilidad de no ser porque algo logró causarle un corte pequeño a su tallo, que creció hasta obligarlo a ceder al viento.
Continúa…
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Damnit, Tom, how could you do betrayed Bill for Willem, even revealing what you heard while peeping through the curtains!! 😭 Your such a whore!!! Clinging to Willem, kissing, sitting on his lap and etc. and then to Bill after, but less with Bill, you done it with Willem, revealing the truth to Willem even mentioning that Lucian was Willems son. Even Bill was there with you, always!!! 😭😭
How could you choose Bill to be killed, and choose Willem, I hope you’ll regret it if it’s too late!! 😭😭
Can’t Bill have Tom forever? Will he always be looked down by Tom and others!!!
Tom are you that blind!!! Choose Bill, damn it!! 😭😭
If Bill died he will reborn and punish Tom and get revenge, if he gets killed.
Bill need to know the truth!!