Imperium 4

Fic Toll de Namyukaulitz

Capítulo 4

La noche ya había terminado por caer sobre el campamento romano, y todos celebraban la victoria, Tom no era fan de ese tipo de lugares, por lo que prefirió mantenerse en un lugar más limpio y sobrio, uno donde no tenía que preocuparse por manchar su túnica blanca.

Esperaba a su hermano Bill, en ese lugar separado por unas cortinas de la celebración de los soldados romanos.

—Tom, hijo, ¿por qué no has ido a buscarme como tu hermano? —reprochó Aurelius, entrando entremedio de cortinas, encontrando a su hijo doncel sobre un lecho acolchado, totalmente aburrido.

Al ver a su padre, Tom sonrió, levantándose de inmediato, para acercarse a saludarlo, abrazándolo y besándolo de ambas mejillas.

—Estaba esperando que vinieras a verme, ya sabes que no me gustan estos lugares —rió con suavidad Tom. —Además, sabía que mi hermano te iba a acaparar en cuanto llegamos, preferí darles su tiempo.

Aurelius vió a su hijo mayor a los ojos, con el cariño de un padre, y le acarició el rostro con una mano.

—Eres un doncel muy bonito y noble para un padre tan imperfecto como yo —expresó Aurelius.

Tom sonrió con suavidad, ladeando su cabeza sobre la mano de su padre.

—No digas eso, padre, eres un buen padre, un buen César… —afirmó Tom, sin comprender porque de repente su padre decía esas cosas.

—Si tan solo no hubieras sido un doncel, sino un varón, ¿qué clase de César hubieras sido? —soltó Aurelius en voz baja, casi como un susurro.

—Hubiera sido lo que tú me enseñaste —respondió seguro Tom.

—Hubieras sido duro, pero justo —Aurelius sonrió. —¿Qué tal tu viaje?

—Largo, incómodo, pero Bill lo hizo un poco más fácil —contó Tom, al momento de nombrar a su hermano menor, su padre lo detuvo. —¿Por qué me mandaste a llamar? Es raro que un doncel venga en estas ocasiones.

Aurelius no pudo ocultarlo más, soltando un suspiro pesado, digno de su avanzada edad.

—Es por Bill —señaló su padre. —Él te ama, ¿eres consciente de eso, no? —Tom asintió. —Pero, ¿tú lo amas a él?

Tom frunció el ceño confundido.

—Claro, lo amo, padre. Bill es mi hermano, ¿por qué no habría de amarlo? Él siempre ha estado para mi y yo para él… ¿Hay algo malo en eso? —preguntó Tom con delicadeza.

Pues esas preguntas se sentían extrañas, ¿por qué se le cuestionaba el amor que ambos se tenían?

—Me refiero a…. No, olvídalo —Aurelius se arrepintió de seguir con ese cuestionario, solo estaba pensando mal de su hijo mayor. —¿Cómo está mi nieto?

Tom no estaba muy seguro si de insistir en eso, así que no lo hizo y lo atribuyó a la vejez de su padre.

—Lucian está muy bien, cada día está más fuerte —comentó Tom.

—No me sorprende, considerando que la sangre fuerte y valiente corre por sus venas. Cuatro años ya… Es una lastima que no lo veré hasta convertirse en un hombre.

&

Tom había salido un momento de su praetorium, Bill se había levantado antes de que saliera el mismo sol, y se sentía solo, extrañando más que nunca a su pequeño.

Durante la noche había caído un poco de nieve, cosa con la que Tom quedó maravillado al pisar el suelo de fuera, descalzo.

Había una fina capa de manto blanco sobre todo el campamento. Tom decidió que iba a caminar un poco, únicamente con su túnica y una capa pequeña de piel para proteger sus hombros del frío.

Luego de caminar un poco, lo vió, un hombre apartado del resto, apoyándose sobre un árbol, viendo a la nada. Sus ojos se abrieron y sintió que su corazón se detuvo por un momento, aquella cabellera negra, recortada de forma tan en especifico que era difícil no notarla.

Retrocedió sin saber muy bien que hacer, pues realmente no pensaba que sus caminos nuevamente serían unidos.

Al retroceder, Tom pisó su misma túnica, lo cual lo hizo tropezar e irse de espaldas.

—¡Ah! —exclamó, cerró los ojos, esperando caer al suelo de tierra.

Pero eso no pasó, pues rápidamente sintió como un brazo lo envolvía por la cintura, evitando que tocara el suelo por unos centímetros.

Cuando abrió los ojos, tenía aquellos ojos marrones sobre él.

Willem no dijo nada, simplemente lo ayudó a ponerse de pie.

Ninguno dijo nada, sobre todo Tom, quien estaba más que apenado.

—Es curioso verle en un lugar así —habló Willem luego de unos segundos, incómodo.

—¿Ahora me tratas con formalidades? —inquirió Tom, acomodando su capa de piel.

—Lo siento, tengo que marcharme, Su alteza —Willem estaba por marcharse, pero Tom lo detuvo.

—Detente —ordenó. —Tranquilo, no tienes porque huir de mí —masculló Tom, desviando su mirada. —¿Cómo estás?

—Podría estar mejor.

Tom se mordió el interior de la mejilla, abrazando su propio cuerpo.

—Ha pasado mucho tiempo, creía que ya no eras guerrero de mi padre, pero ahora, te has convertido en un general —Tom sonrió levemente. —Como siempre lo soñaste…

—Prometí servir a tu padre, incluso si eso significaba dejar a mi esposa e hijo en mi tierra —contestó serio Willem.

Tom sintió que algo dentro suyo le dolía al escuchar aquello y asintió.

—Oh… Tienes un hijo, ¿cuántos años tiene? —continuó Tom.

—Cuatro años.

Tom agacho la mirada, viendo al suelo. —Yo también tengo un hijo de esa edad, mi pequeño Lucian.

Willem recordó las palabras de Aurelius, mismas que en toda esa noche no le permitieron pegar un ojo, por más que estaba seguro de que aquello era imposible. Pero lo que Tom le decía, no hacía más que sembrar más dudas, pero rápidamente se negó a sí mismo.

—¿Y es de tu esposo? ¿O uno de tus amantes? —cuestionó Willem.

Era inutil negarlo, el pasado pesaba entre ellos, aun luego de años, pues quedaron cosas no resueltas.

—No lo sé —Tom levantó su rostro, mostrando dignidad. —Lucian está bien con eso, no necesita de un padre, tiene a su tío.

—Tal vez si hubieras sido más cuidadoso lo sabrías, ¿no crees? —Willem se mostraba severo con Tom.

—Varios habían dicho que estuvieron conmigo, pero que curioso que el único que beso cada lunar de mi cuerpo fuiste tú. No tienes de qué preocuparte, estoy seguro que de entre mi larga lista, tú no serías candidato para ser su padre —terminó por decir Tom. —Ya tienes una esposa y un hijo, no tienes por qué preocuparte de otro hijo —aquello último había sido con rencor, con la sombra de aquel amor profundo que en alguna epoca habia sentido por el azabache. —Adiós.

Tom se fue por donde había venido, cuidando no tropezar de nuevo. Willem apreció la silueta que se acentuaba por debajo de las telas.

—Sigue siendo hermoso… —dejó escapar en un susurro. —Pero no hay forma en la que ese hijo sea mío, ya lo dijo él, no soy candidato para padre. De todos modos, no estoy interesado en gobernar, no es lo que deseo —murmuró para él mismo, marchándose para ir directamente a César, y dejarle claro su postura.

Continúa…

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por Namyukaulitz

Escritora del Fandom

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