
Fic Toll de Namyukaulitz
Capítulo 6
Los siguientes días, Bill se mantuvo tranquilo, pues le informaron de que Willem había sido ejecutado como lo ordenó, pues ahora no había nada que lo detuviera en sus planes. Se realizó una ceremonia fúnebre en el campamento romano, antes de que junto con Tom volvieran a Roma para darle una despedida a su padre digna, ya se había extendido la noticia del fallecimiento del Emperador Aurelius y que su sucesor era Bill, levantando opiniones divididas incluso antes de que estuvieran en Roma.
Durante el viaje hacia Roma, Tom se sentía intranquilo, manteniéndose apartado y apagado. Algo dentro de él le decía que la muerte de su padre no había sido natural como dijeron los médicos, y la actitud de Bill solo se lo reforzaba esa idea, no quería pensar en mal de él, no, no podía permitírselo, sabía que su hermano no era perfecto, pero no quería pensar que era un asesino, que su tan querido Bill era un asesino.
Él pensó que solo eran pensamientos intrusivos debido a lo repentino que estaba siendo todo, hasta que Bill le informó que Willem había sido ejecutado por su falta de respeto. Willem estaba muerto. Tom no se dio el tiempo a lamentarse y guardar luto por él, aunque le dolió, le dolió saber que lo había vuelto a perder, aunque esta vez era para siempre.
—¿De qué te lamentas tanto? —preguntó con seriedad Bill, sentándose junto a su hermano, cuando ya faltaba poco para llegar a Roma.
Tom con las piernas contra su pecho, le dirigió la mirada a su hermano menor. A lo que Bill le acarició el rostro.
—Te he visto más decaído desde que te conté sobre el fallecimiento del general Willem… —comentó Bill, tranquilo, aunque en su voz se notaba ese tono celoso tan característico en él. —Recuerdo que él había sido uno de tus amantes cuando eras joven. ¿Lo apreciabas? —preguntó.
Tom negó con suavidad. Bill intentó acercarse más, pero Tom apartó el rostro hacia otro lado.
—Sólo pensaba en lo pronto que se fue nuestro padre —respondió Tom, no era una mentira completamente, pues también lamentaba haber perdido a su padre, pero claramente no podría ser sincero con Bill sobre los lutos que llevaba.
Bill apretó los dientes por un instante, no por la culpa, sino porque aquello afectaba tanto a su hermano mayor, por lo que se puso frente a él, inclinándose y tomándolo por los hombros para hacer que lo viera a los ojos.
—Cuando estemos en Roma, y tenga que recorrer las calles para que el pueblo sepa que soy el nuevo emperador, quiero que estés conmigo, en el currus triumphalis —comunicó Bill.
Tom tragó saliva, entreabriendo los labios, perplejo por lo que Bill le decía.
—Es en contra de las tradiciones que un doncel esté en un currus triumphalis, Bill —le recordó Tom, negando con la cabeza. —Los donceles nunca hemos sido dignos de acompañar a los emperadores en ese tipo de ocasiones.
Bill lo tomó por la cabeza, y negó con una suave sonrisa.
—Soy el nuevo emperador, hermanito, ¿lo recuerdas? —Bill le beso en la frente y luego en ambas mejillas, deteniéndose junto a centímetros de sus labios. —Además, no eres un simple doncel, eres mi… Eres el hermano del nuevo emperador, y como emperador, quiero que me acompañes mientras reconozco mi título frente a Roma. Cuando se trata de ti las costumbres o reglas no me son impedimento.
Tom observó los labios de Bill, antes de volver a verle a los ojos.
—Ni los antiguos emperadores hicieron eso por sus augustas. ¿No crees que sería extraño para todos? —replicó el de rastas rubias.
—Porque ninguno de ellos sabía lo que era amar a alguien como para desear que esté contigo en un momento tan importante como lo es tomar el poder de Roma —Bill resto más centímetros entre ellos. —¿No quieres que nos vean juntos por miedo a lo que pueden pensar?
—Sólo creo que todos pueden pensar que es un acto demasiado… inapropiado —dijo Tom, notando como se acercaba más, tanto que sus labios casi podían rozar. —Pero está bien, si es lo que desea el César.
Bill sonrió en grande al ser llamado así por su hermano.
—Quiero que te pongas la túnica más preciosa que tengas, que deje al descubierto tus hombros y acentúe tu figura, me gustaría ver eso —confesó Bill emocionado.
Las mejillas de Tom se tiñeron de rojo y sonrió torpemente.
—Eso es muy osado de tu parte —y aún así, Tom quería complacerlo, por lo que terminó asintiendo.
—Y también que uses las joyas que te regale por tu cumpleaños —continuó Bill.
—¿Las que tienen nuestras iniciales grabadas? —inquirió Tom.
—Si, creo que sería un detalle lindo de lo que somos. El futuro de Roma —susurró Bill, antes de volver a besarle la comisura de los labios.
&
En cuanto llegaron a Roma, tal y como se lo había pedido Bill, juntos estuvieron en el currus triumphalis, recorriendo las calles de Roma. Donde Bill fue recibido entre abucheos y ovaciones a partes iguales.
Tom se había vestido con una túnica especial para la ocasión: finas telas de un púrpura profundo que caían en pliegues desde los hombros hasta el suelo, dejando al descubierto los costados en cortes atrevidos que mostraban más de lo que insinuaban, sus hombros y espalda brillaban bajo el suave sol, ceñido al cuerpo con una cintura bordada en hilos de plata. Con el cuello adornado con un broche ornamentado, una de las joyas que Bill le había regalado, en forma de hojas de laurel, símbolo de su nobleza, que en la parte del medio, tenía grabada las iniciales de ambos hermanos, una junto a la otra.
Mientras que Bill como nuevo César, vestía una túnica blanca debajo de la armadura marrón, con una corona de oro en forma de hojas de laurel.
A pesar de que Bill sonreía saludando a su pueblo, estaba nervioso, por lo que con su izquierda baja, tomaba la mano de su hermano, la cual apretaba. Tom miraba de reojo a su hermano menor, feliz de acompañarlo en un momento como ese, aunque sus inquietudes no habían cesado.
Soltó un suspiro lento, manteniéndose con el rostro en alto hasta que llegaron al palacio.
Donde los esperaban los Senadores, Generales, Amigos cercanos, Sacerdotes, Prefecto del Pretorio y Guardia Pretoriana , pero para Tom, ahí se encontraba lo más importante esperándolos: su hijo.
En cuanto el currus triumphalis se detuvo, Bill personalmente se encargó de ayudar a su hermano a bajar, para luego subir ambos por las gradas del palacio mientras trompetas y tambores resonaban a sus costados.
Lucian ya estaba emocionado en cuanto los vio acercarse, por lo que, se apartó del doncel Andreas, quien se encargaba de cuidarlo junto a otros donceles, para bajar las escaleras sin ningún cuidado, con una gran sonrisa.
—¡Mamá! ¡Tío! —gritó el pequeño de cabellos rizados de oro, lanzándose sobre ellos.
Tom sonrió al ver a su hijo luego de tanto tiempo lejos. Bill se encargó de tomar al pequeño entre sus brazos, cargándolo con una sonrisa grande.
—¡Tío! —Lucian abrazo a Bill por el cuello con toda la fuerza que un pequeño de su edad podría tener.
El adelanto de Lucian, hizo detener a ambos hermanos en medio de las escaleras.
—¿Te has olvidado de tu madre, Lucian? —inquirió Tom, levantando una ceja con una sonrisa.
Bill le beso la mejilla al pequeño, antes de darle una mirada a Tom.
—No seas grosero con tu madre, Lucian. Te ha extrañado mucho —le dijo, antes de darle su hijo a Tom en brazos, quien lo cargo, siendo lo primero que hizo darle un beso en ambas mejillas.
—Te extrañe, mi rayo de luz —le murmuró Tom, mientras era abrazado por su pequeño.
—Yo también, mamá —respondió Lucian, aferrándose en su abrazo. —No vuelvan a irse así.
Bill extendió su mano, acariciando la espalda de su hermano, volviendo a subir juntos las escaleras, sin apartar la mirada de su hermano mayor con su sobrino.
Los Senadores observaban aquella escena desde lo alto, con rostros serios y escépticos.
—Entra a Roma como un conquistador, ¿pero que ha conquistado? —murmuró uno de los Senadores.
—Dale tiempo, Graco. Todavía es joven. Creo que lo hará muy bien —dijo uno de los más cercanos a Bill, Gustav, un general que se había ganado la confianza de Bill.
—¿Rompiendo las tradiciones? Apenas vuelve a Roma como el emperador y lo primero que hace es subir a su hermano doncel en el currus triumphalis. Me parece de muy mal gusto —murmuró otro, Gaius. —La forma en la que se comporta como el padre de Lucian desde que tiene quince años, hasta ahora, me parece que está de más.
—Quizás desea ser padre —insinuó con una sonrisa ladina Graco. —Una linda muchacha como tu hija podría hacer que deje de tomar el papel de padre de Lucian cuando le de sus propios hijos, ¿no crees? —murmuró dándole golpes con el codo en el brazo al hombre mayor, quien solo rió de forma suave asintiendo.
Volviendo a comportarse en cuanto Bill estuvo a un metro de ellos, siendo recibido por niños con diversos ramos de flores, tomando uno con la intención de dárselo a su hermano en otro momento.
—Senadores —fue lo primero que pronunció Bill, a lo que acto siguiente todos los presentes se inclinaron frente a él.
—Roma saluda a su nuevo emperador —exclamó Gustav. —Tus súbditos te dan la bienvenida, César.
—Gracias, Gustav.
—César —llamó Graco, inclinándose de nuevo frente a Bill.
—Graco.
—Roma se regocija por tu regreso, César —continuó el mayor. —Hay muchos puntos que requieren tu atención.
Mientras su hermano menor hablaba con los Senadores, Tom sintió intensas miradas sobre él, lo cual lo hizo sentir rápidamente incómodo, por lo que bajó la cabeza, dirigiéndose a su hijo.
—¿Qué es lo que hiciste mientras no estábamos, Lucian? —preguntó curioso el de rastas.
—El doncel Andreas me enseñó a tallar en terracota, ¿quieres que te muestre? ¡Hice un par de animales! —contó el menor con emoción contenida.
—Por supuesto, me gustaría mucho ver eso —Tom acarició la nariz de su hijo con la suya, provocando la risa del infante. El de rastas vió a su hermano. —Iré a descansar un poco, estaré con Lucían un rato, pero pronto volveré contigo para ir al Curia Julia —aclaró en voz baja, a lo que el azabache asintió con suavidad mientras un Senador seguía hablándole.
Tom caminó hacia el interior del Palacio siendo seguido por las mujeres y donceles que lo atendían.
Continúa…
Gracias por la visita. No olviden dejar un comentario 🙂