
Fic Toll de Namyukaulitz
Capítulo 7
Tom se encontraba visiblemente incómodo, bajo la mirada de Senadores y otros hombres en la sala del Curia Julia, era el único doncel. Evidentemente muchos no estaban felices con que él estuviera ahí, pero era algo que Bill quería, así que no podían reprochar, al menos no mientras el nuevo César estuviera cerca y pudiera escucharles.
—Para orientarte, el senado ha preparado una lista de problemas que abruman a la ciudad —comenzó Graco, dirigiéndose a Bill, quien jugaba con una espada, realmente poco interesado. —Comenzando por la salubridad del barrio griego, para combatir la peste que ya se ha desatado ahí.
—Shhh —Bill lo interrumpió, callando al anciano. —¿Qué no ves, Graco? Ese es el problema —le dijo mientras se levantaba de su asiento. —Mi padre pasaba todo su tiempo en el estudio, con libros, leyendo filosofía. Pasó sus últimas horas leyendo documentos del Senado, mientras el pueblo era olvidado —contó mientras daba vueltas por el lugar, ante la atenta mirada de todos.
—Pero el Senado es el pueblo, César —acotó Graco con seriedad.
—Dudo que el pueblo coma como tú, Graco —respondió casi de inmediato Bill. —O que tenga amantes hermosas y donceles hermosos como tú, Gauis. Parece que a ustedes se les olvida que no fueron escogidos por el pueblo, no, simplemente fueron escogidos por ser parte de familias nobles. Creo que entiendo a mi pueblo.
—Bueno, quizás el César podría enseñarnos algo, de su gran y extensa experiencia —contestó Graco, con cierta burla, provocando la risa de alguno de los presentes.
—Yo le digo amor. Soy su padre, el pueblo es mi hijo. Lo sujetare a mi pecho y lo abrazare…
—¿Haz abrazado a alguien que muere de peste, César? —interrumpió Graco.
Bill se dio la vuelta con lentitud, viendo directamente a los ojos al Senador.
Graco tragó saliva al darse cuenta de lo que había hecho. Y Bill comenzó a caminar hacia él con lentitud, en ese momento Tom se levantó de su asiento, al ver que las cosas estaban demasiado tensas.
—No, pero si vuelves a interrumpirme de nuevo, te aseguro que tú lo harás —espetó Bill con una suavidad agresiva, con la espada todavía en su mano.
—Bill —lo llamó Tom, poniéndose a su lado. —Creo que mi hermano está muy cansado, Senador.
Graco vió al doncel de arriba hacia abajo, sin ánimos de tratar con alguien como él, pero pensando que era mejor dejarlo hasta ahí y tratar con el doncel a con el César.
—Está bien, príncipe —dijo a regañadientes el anciano.
—Deme esa lista, él hará todo lo que Roma requiere —aseguró Tom con suavidad.
El mayor le dio la lista.
Tom le dio una mirada a su hermano menor, quien estaba claramente irritado.
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Ya de noche, nuevamente en el palacio.
Tom observaba a su pequeño Lucian, luego de que este se quedara dormido, mientras que Bill entraba en los aposentos de su sobrino, quedándose detrás de su hermano, aunque no hiciera ruido, Tom sabía que él estaba ahí.
—Él todavía no entiende porque su abuelo ya no podrá jugar con él —comentó el de rastas en voz baja, giró su cabeza para ver a su hermano.
Bill se acercó, posando la mirada en su sobrino.
—En algún momento entenderá el concepto de la muerte, por mientras… Él duerme tranquilo porque lo amas —susurró el más alto.
—Yo también te amo, hermano —respondió Tom.
Bill apretó los ojos al ser llamado de esa manera, levantando su mirada para ver directamente a Tom a los ojos.
—¿Por qué de esa manera? —le preguntó.
Tom no respondió a eso, solamente lo tomó de la mano.
—Vamos, hay que dejarlo dormir, y tú también tienes que descansar —murmuró el doncel, saliendo junto a su hermano de los aposentos de su hijo, cerrando las puertas detrás de ellos.
Una vez afuera, bajo la luz de fuego de las lámparas de aceite, Bill lo detuvo, atrayendo a Tom hacia él, tomándolo del rostro, juntando sus frentes.
—¿Tú crees en mí, Tom? —inquirió Bill con los ojos cerrados, cerca de su rostro.
—Siempre lo he hecho, Bill —respondió Tom, con la respiración lenta por la cercanía.
—Quiero hacer de Roma una maravilla, pero parece que nadie cree realmente en mí —expresó Bill con cierta frustración en la voz.
—Creo que estás demasiado cansado para pensar en eso ahora, apenas llegamos a Roma hoy —replicó Tom, acariciando las manos de Bill sobre su rostro. —Ve a descansar, hermano.
El azabache abrió los ojos, sin alejarse ni un poco de su hermano mayor.
—¿Te quedarás conmigo? —preguntó de repente Bill.
—¿Todavía le temes a la oscuridad? —Tom sonrió con dulzura.
Bill desvió la mirada por unos segundos. —Si… —sonrió en un pestañeo. —Siempre —y volvió a verlo a los ojos. —Pasa la noche conmigo, Tomi —pidió.
Tom abrió los ojos ante la petición, y se alejó un poco, teniendo en mente lo mal que estaba eso.
—Ya sabes que no… —masculló Tom, negando con la cabeza.
—Entonces, bésame —Bill volvió a acercarse, tomándolo de la cintura.
Ambos hermanos se vieron, bajaron desde sus ojos, por sus narices, hasta posar la vista en los labios del otro. A Bill le temblaron los labios, ladeando un poco su cabeza, esperando que Tom lo besara.
Tom por un segundo dudó, al ver en los ojos de su hermano eso que no quería admitir, eso prohibido. Antes de que algo pudiera pasar entre ellos, Tom lo tomó del rostro y le beso la frente con suavidad, para después apartarse de su hermano menor.
—Duerme, hermano —dijo por último Tom, sin verle.
Bill se quedó ahí en medio, sintiéndose de algún modo, lastimado por la indiferencia de su hermano mayor.
Continúa…
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