Imperium 9

Fic Toll de Namyukaulitz

Capítulo 9

Por los siguientes días, Tom había optado un comportamiento drástico con Bill, rechazando cualquier muestra de afecto que podría acercarlos demasiado y dirigiéndose la palabra únicamente cuando fuera necesario, se sentía mal por comportarse de tal forma con su hermano, pero sabía que era lo mejor, pensaba que quizas asi Bill iba a entender que el cariño que se tenían mutuamente no podía escalar a otro tipo de amor. Aunque en el fondo, Tom sabía que eso era lo que se repetía él mismo constantemente.

Igualmente Bill estaba muy ocupado, aunque Tom honestamente ya no sabía si era la forma de su hermano menor por sobrellevar lo que ocurría entre ambos. Pues pasaba horas organizando los juegos de gladiadores en el Anfiteatro Flavio, intentando tener buena relación con los Senadores, aunque era consciente de que no les agradaba, además de las celebraciones funerales de Aurelius y las celebraciones que se realizaban como el nuevo César, todo esto se había mezclado, eso sin contar que trataba ayudar a su pueblo realmente, pero le era difícil al nuevo emperador. Por lo que Tom solo veía a Bill ingresando y saliendo de lugares como el estudio y biblioteca del palacio, donde pasaba horas encerrado o pasaba haciendo recorridos a distintos lugares de Roma.

Tom estaba en sus aposentos, mientras era atendido y arreglado por sus siervas y siervos donceles, ya que no tenía permitido ser atendido por un varón, únicamente por mujeres y donceles podrían verle en la vulnerabilidad de su desnudez mientras se vestía con su estola de seda blanca, no quería nada muy ostentoso para esa noche, aunque sabía que era especial, pues se iba realizar una fiesta privada para Bill, una de las muchas celebraciones para el nuevo César.

El doncel soltó un suspiro, mientras un doncel comenzaba a manipular su cabello, haciéndole un recogido, decorando sus rastas rubias con pequeñas flores talladas en plata. Viendo su propio reflejo sobre el metal pulido que servía como espejo, viendo con cierta tristeza la pequeña marca que había quedado de la herida que Bill le había provocado cuando lo golpeó.

—¿Mi hijo ya comió? —preguntó Tom con lentitud, dirigiendo su mirada a la mujer que se dedicaba a teñirle los labios con un pincel y minio, con sumo cuidado de no salirse de la comisura de los labios, dejando un aspecto natural pero bonito en los labios.

—Sí, su alteza, el joven Lucian ya comió, ahora se encuentra jugando en el jardín. ¿Gusta que lo llame? —respondió la mujer.

—No, está bien, déjenlo jugar hasta que sea su hora de dormir, yo iré a arroparlo —acotó Tom.

Tom se quedó callado luego de eso, esperando paciente a que terminaran de arreglarlo.

—César —dijo de repente uno de los siervos con sumisión y respeto, haciendo que rápidamente Tom volteara a la entrada a sus aposentos, viendo a su hermano asomarse por ahí.

Tom lo vió por unos segundos, antes de girar nuevamente su cabeza e indicando a una sierva que le trajera su cofre con sus joyas para decidir cuáles usar.

—¿Deseas algo, hermano? —inquirió Tom, fingiendo concentrarse en el cofre lleno de joyas que le trajo la sierva.

Bill tardó en responder, debido a que se quedó prendado de la belleza de su hermano mayor en ese momento, viéndolo tan delicado y precioso a pesar de la indiferencia que este le expresaba en silencio. Terminando por adentrarse en los aposentos del doncel, ignorando a los sirvientes, enfocándose únicamente en su hermano.

—Quería asegurarme de que estuvieras listo… —replicó Bill con la cabeza en alto y rostro neutral. Aunque aquello sonaba como una excusa rebuscada del momento.

—Lo estaré, no te preocupes —Tom tomó un brazalete plateado con piedras preciosas incrustadas.

—Ese es uno de los obsequios que te trajo nuestro padre de uno de sus tantos viajes… Esperaba que usaras las joyas que yo te regalé —expresó Bill con cierto recelo.

—Es un buen recuerdo de nuestro padre —contestó Tom, ignorando lo que su hermano quería darle a atender con aquellas palabras. —¿Tú ya estás listo?

—Tal vez te darías cuenta si me dirigieras la mirada aunque fuera por unos segundos —el azabache se cruzó de brazos, sin atreverse a acercarse a él.

Tom movió su mirada ligeramente, manteniendo su rostro serio, notando su apariencia. Bill vestía con una toga negra hasta las rodillas, con una capa roja con detalles bordados en oro corta cubriendo parte de sus hombros, un cinturón dorado y la corona de oro en forma de laurel, la cual estaba mal acomodada, como si se la hubiera puesto con prisa. Le había dado su estilo propio a las togas imperiales, eso le agrado a Tom, aunque no lo dijo abiertamente.

—Te ves bien. Respetable y grandioso —halagó Tom, volviendo a apartar la mirada de él.

Bill se quedó callado, bajando su cabeza, intentando buscar algo más para decirle, hasta que de imprevisto, Tom se levantó, y se acercó a él en silencio, acomodando la corona de laurel con ambas manos, al igual que un par de mechones negros.

—Un emperador siempre tiene que verse digno de admiración —le dijo Tom en voz baja y calmada, apartándose de él.

—Gracias —musitó Bill, que al tenerlo de cerca por unos breves segundos, vió la pequeña cicatriz en su mejilla, y su corazón se contrajo en dolor, al saber que él había sido el culpable de dañar la impecable piel de su hermano. —Te espero en el atrium —manifestó el azabache, antes de salir de los aposentos de su hermano.

Continúa…

*Anfiteatro Flavio es como se conocía al Coliseo Romano en esos tiempos.

Gracias por la visita. No olviden dejar un comentario 🙂

por Namyukaulitz

Escritora del Fandom

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