
«Imposible» Fic de Earisu
Capítulo 10
Andreas había hecho la reserva en un restaurante de lo más pijo.
Ya en la recepción me incomodó un poco el comprobar que mientras que Bill y Andi llevaban unas ropas que más o menos daban el pego, yo iba como siempre, deportivo.
Por supuesto, aunque hubiera sabido a qué tipo de lugar iba, no hubiera cambiado mi estilo, pero no dejaba de estar un poco a disgusto al principio.
Una señora, mientras nos dirigíamos a nuestra mesa, me echó una mirada como de »pobrecito, debería darle una limosna»…
Pero decidí pasar de todo.
Echamos un vistazo a la carta, pedimos a saber qué en francés y Andreas comenzó a contarnos qué era de su vida.
Yo hacía como que le escuchaba mientras que analizaba en mi plato qué era comestible y qué era adorno.
Un buen rato después, Andreas cambió brusco su tono de voz, llamándonos la atención a Bill y a mi.
-¿Sabéis? El candelabro éste me está dando más conversación que vosotros dos esta noche. ¿Qué os pasa, por Dios?
-Nada. – Contestamos los dos al unísono.
-Pues el que nada no se ahoga. – E hizo un gesto a el camarero, para encargar los postres. Estaba con toda la razón, molesto.
A partir de entonces, Bill participaría, aunque fuera muy superfluamente en la conversación y Andreas ya con eso, se volvió a animar.
Yo me alegré por que cuando esos dos se enfrascaban en sus cosas, no necesitaban mucha más colaboración.
Me sorprendí a mi mismo mientras tomaba mi helado pensando que Bill estaba muy guapo a la luz de las velas. Por favor, ¿cómo podía ser tan patético? Ahí, mirándole a hurtadillas…Me faltaba suspirar apoyando mi mano en mi barbilla y mi codo en la mesa o algo así.
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-¿Qué película vamos a ver? – Preguntó Bill mientras comprábamos palomitas.
-No sé…Pedí entradas para el cine de verano, me daba igual qué peli pusieran.
-Pero pondrá el título en la entrada… – Observó Bill.
-En el cine de verano, será una antigua, de reposición…- Yo no soy un gran fan del cine de verano.
-Voy a ver…¡AAAAH! – Andreas gritó al leer el título.
-¿Qué? – Preguntamos Bill y yo a la vez, alarmados.
-‘El Grito 2’, jaajajaja…
-Ah, bien, no la he visto. – Dije y cada uno cogió su cartón de palomitas.
-… – A Bill le cambió la cara. No le gustan las películas de miedo. Y menos de japoneses.
Andreas iba a la cabeza entusiasmado para elegir un sitio, ya que estábamos cuatro gatos y las entradas no eran numeradas.
Cuando se decidió por uno, se metió en una hilera y Bill tras él. » Oh, oh»… Pensé. Ahora tendría que sentarme al lado de Bill.
La película comenzó. Debo reconocer que se estaba bien. El cine estaba en medio de una alameda, veías frondosos árboles alrededor, y el aire era puro.
Sin embargo cuando empezó a pasar el tiempo, comenzaría a refrescar.
Yo estaba con los ojos como platos viendo a el niño japonés paliducho de la película haciendo de las suyas, cuando sentí frío en mi brazo y pegué un bote de el susto que me llevé.
Resulta que Bill y yo estábamos luchando por el reposa-brazos y lo que me había rozado sin querer era el suyo, totalmente helado. Bill estaba en manga corta.
Cuando pegué ese salto me di cuenta de que Bill se aguantó una risa por que se dio cuenta de que me había asustado, yo lo miré agarrándome el pecho, recuperándome y después cogí mi plumas, que lo tenía a mi derecha en el asiento vacío de al lado y se lo coloqué por encima de sus piernas.
Él se puso serio de nuevo.
-¿Por qué? – Me susurró.
-Por que no quiero morir de un infarto…Estás helado. – Le contesté.
Él se mordió el labio y aceptó ponerse mi plumas, que a él le quedaba enorme. Se abrochó la cremallera hasta arriba, escondiendo cuello y boca dentro y metió sus manos en los bolsillos.
Vi como temblaba un poco como primera reacción. El pobre había pasado bastante frío de verdad.
Daban ganas de abrazarle, de darle un buen achuchón y de mandarlo todo al maldito infierno.
El inesperado grito de una japonesa provocó que derramara medio cartón de palomitas, y me sacó de mis pensamientos.
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Nos despedimos de Andreas y Bill y yo fuimos andando a casa.
No volvimos a hablar nada más pero al menos ya no estábamos a la defensiva como por la mañana. Aunque reconozco mi parte de culpa por la escenita que le monté la noche anterior… Pero no lo pude evitar…Había estado preocupado y él encima me restregaba su embuste delante de mamá.
Pero bueno, me alegraba de que la cosa no fuera a más, por que ya lo que nos faltaba.
Ya en mi habitación, empecé a ponerme el pijama entre bostezos. La casa estaba en completo silencio y aunque lo negaría delante de un tribunal no me gustaba, por que empezaba a recordar imágenes de la película y me ponía muy tenso.
En un momento dado, mientras terminaba de ponerme una camiseta vieja para dormir, vi a Bill en el marco de la puerta y se me aceleró el corazón. Lo que no sé es si fue por el susto o por otra cosa.
Bill ya estaba en pijama (pantalones de chándal grises y una camiseta blanca estrecha) y traía entre sus brazos mi abrigo.
Sin decirme ni media, lo dejó en la silla que tenía junto a mi puerta y se fue.
Yo me dirigí a la silla y cogí el plumas. Todavía guardaba su calor.
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Me gustaría poder decir que a partir de ese momento las cosas se estabilizaron, o fueron a mejor.
Pero no.
De nuevo, el culpable de que todo eso fuera así sería yo en gran parte.
Un par de días después, Bill volvería a salir sin dar más explicación que ‘se iba con Andreas’.
Aunque mi madre se había mosqueado por que le pilló en una mentira dos días antes, no le pidió más señas. Posiblemente por que confiaba en él después de todo (muchos años de un expediente en comportamiento de hijo intacto como para cargárselo todo en un día)… Pero con más seguridad fuera por que prefería verle saliendo como un chico de su edad normal, aunque no supiera a ciencia cierta adónde iba…A tenerle encerrado en casa como un zombie.
Y se supone que yo debería alegrarme también…¿No era eso lo que yo quería? ¿Que saliera para adelante sin mi?
Pero me descubrí a mi mismo llamando a Andreas para comprobar si era verdad que había quedado con él o no.
Y cuando Andreas me contestó que de qué le estaba hablando, de nuevo, me encendí.
No me entendía ni yo. Pero no lo podía evitar, me cabreaba muchísimo.
Me fui yo también a dar una vuelta, esta vez solo. Estaba que echaba humo por las orejas y no quería que lo notaran mis padres.
Me perdí en mis cavilaciones, otra vez.
El niñato éste…Me iba a volver loco. Pero…¿Por qué?…¿Era en verdad simple preocupación? Me preocupaba que empezara a hacer tonterías o que le pasara algo por ahí en su supuesto ‘estado’ de no muy para tirar cohetes…
¿O…?
Bah, a quién pretendo engañar.
Al final llegué a la conclusión de lo que me pasaba es que…Sí, yo quería que Bill superara la nuestro… Pero no me esperaba que fuera tan pronto…Cuando ni siquiera yo había sido capaz todavía.
Además, ¿de qué iba? Hasta hacía bien poco me había estado diciendo que lo único que yo tenía que hacer era decirle que llevaba toda la razón en lo que me dijo en el coche para que volviéramos, por que él me quería y bla bla bla…
Y de la noche a la mañana…Desaparece mintiéndonos a todos con a saber quién y no asoma por casa hasta las tantas…
Por que estaba seguro de que debía estar con alguien. ¿Adónde iba a ir él solo hasta altas horas de la madrugada?
Lo mismo después de todo le había dado por buscar consuelo en otro. ¿No había hecho yo lo mismo los primeros días?
Sacudí mi cabeza. Joder, no soportaba imaginármelo con otro que…
…No fuera yo.
Ya está, ya lo he dicho.
Ahora además de cobarde, patético, cabrón, inconsciente… Era el puto perro del Hortelano.
Estupendo.
Decidí volver a casa para comprobar si había llegado ya.
Por que rastrero o no…No podía hacer nada por remediarlo. Me ponía enfermo no tener respuestas y saber que no tenía derecho de preguntar siquiera.
Y eso me enfadaba más aún…Por que era frustrante.
Pero necesitaba saber. Así que cuando llegué, me puse la tele y esperé. Esperé a sabiendas que era una mala idea encontrármelo en mi estado.
Continúa…