
«Imposible» Fic de Earisu
Capítulo 16
Abrí la puerta y entré. Bill estaba sentado en el centro de su cama leyendo aquel libro con el que le había encontrado muchos días antes.
Nada más mirarme, Bill se dio cuenta de cuales eran mis intenciones. Le cambió la cara. Me dio la impresión de poder leer la palabra ‘pánico’ en su frente…Y que hasta podía oír su corazón acelerarse en la distancia.
Dejó el libro y dio un golpecito a un lado de la cama para que me sentara con él.
Lo hice.
Me di cuenta de que toda su paciencia los días anteriores no era del todo gratuita. Él también quería alejar esta conversación en el tiempo, lo más posible… Le daba miedo enfrentarse a ella. Como a mi.
-No sé ni por dónde empezar. – Solté, más para mi mismo que para él.
Me tumbé en su cama, tapándome la cara al principio y mirando a el techo después. Bill no tardó en seguirme e imitarme. Nos quedamos así un rato, el uno al lado del otro.
Era verdad, no tenía ni idea de cómo decirle todo lo que tenía que decirle, qué palabras escoger.
Al final, me decidí por las más rastreras, las más estúpidas.
-Lo siento…
No me atreví a mirarle, pero sé que él lo hizo en ese momento. Como sé que fue el momento en que sus ojos se empezaron a empañar.
-…No puedo, Bill. Lo siento… Lo he pensado mucho, de verdad. Pero no puedo yo, y mucho menos puedo arrastrarte a ti a…Pfff…
-…Pero…
-No, no me contestes por que entonces me pierdo, ¿vale?… Bill… Ahora nos va bien, ahora funciona por que es el principio, por que es lo nuevo… Es muy fácil decir que somos conscientes de que sufriremos toda la vida cuando todavía no hemos ni empezado a hacerlo, cuando no sabemos ni qué es eso en verdad, ni lo que nos espera. Bill… Ahora podemos escondernos y decir que merece la pena. Hasta he llegado a pensar que tiene su emoción. Pero dentro de, yo que sé…Diez años, estaremos hasta los cojones de tener que hacerlo…Quemados, si es que no nos quemamos antes.
Giré un poco la cara para observarle. Lágrimas escapaban en silencio de sus ojos, clavados en el techo y empezaban a mojar su pelo. Sus labios contraídos en una fina línea.
Volví a centrar mi mirada arriba también.
-…Y sé lo que estás pensando, Bill. Que podríamos seguir y que dentro de diez, veinte años, ya veríamos lo que pasaba. Pero con eso sólo estaríamos alargando esto…Y empeorándolo. Por que hoy tenemos dieciocho años, Bill. Tenías razón en lo que decías de que lo que sentimos no vamos a olvidarlo y que lo vamos a tener dentro siempre… Pero tenemos dieciocho años. Somos jóvenes, conoceremos a otras personas, seguro que algunas maravillosas…Con las que podremos… Empezar de cero. Dentro de veinte años, ¿crees que nos quedarían tantas fuerzas para hacerlo?… Sería muchísimo más difícil rehacer nuestras vidas…Estaríamos mucho más cansados, sin ganas… Acabaríamos solos, amargados y…Bill, yo sé que nunca sentiré por nadie lo que siento por ti…Pero también sé lo que quiero. – Mi voz se quebró en ese momento, intenté luchar por no ponerme a llorar. – …Lo que quiero es que tengas una vida normal…Y yo también… Quiero tener…Eso… Y ahora estamos a tiempo aunque nos cueste verlo…
Bill seguía llorando en silencio. Yo tuve que parar unos instantes para desahogarme también.
Al final, Bill hizo un único intento por conseguir que yo me retractara.
-Pero eso…¿Es lo que tú quieres…O lo que el mundo espera que quieras? ¿El tener una vida »normal»…?
-Es lo que yo quiero, Bill. Quiero que un día conozcas a un tío de puta madre. A un tío yo que sé, guapo, inteligente…A un…Modelo o a un diseñador de moda… – Conseguí que Bill sonriera un poco, pero era una sonrisa en medio del dolor. De hecho, su rostro estaba contraído en dolor. – …Y que te guste y que te sepa hacer feliz. Que te pueda hacer feliz… Que os caséis… Que… Adoptéis a un niño o a una niña, y que lo veáis crecer, y quiero que le consientas, y yo quiero que me llame ‘tito’ y darle la paga…¿Sabes?… Y quiero que me regañes cuando le dé más de lo que debo…
Ahora sí, Bill explotaría a llorar amargamente, sin contenerse.
Yo tuve que seguir…
-Y yo también…Me casaré…Y tendré hijos…Y quiero que los consientas hasta más que al tuyo o a los tuyos…Y meterme contigo si les compras ropa demasiado cantosa o algo así…
Bill siguió llorando. Mis lágrimas también rodaban por los surcos de mis ojos para dirigirse a mis sienes y después perderse en mi pelo.
Estuvimos un rato así, ahogándonos en nuestra pena, hasta que Bill, secándose la cara aunque no dejaba de sollozar, dejó escapar una risa triste.
-Tomi…¿Sabes que yo odiaré a tu mujer?
-Ya…Y yo odiaré a el puto diseñador de las narices… ¿Pero qué se le va a hacer?
Los dos nos reímos en medio de la angustia.
-Así es como tiene que ser, Bill…Es lo correcto… Joder… Esto…Es imposible, Bill…Y tú lo sabes… Lo sabes, ¿verdad?
-Desde el primer día…
Los dos seguimos secando nuestros respectivos rostros, suspirando.
Acabaríamos abrazándonos sin decir nada más… Buscando un apoyo el uno en el otro.
Esa noche volvimos a dormir juntos.
Sólo dormimos.
&
Y llegó el último día de nuestras vacaciones.
Bill estaba haciendo las maletas en su cuarto por la mañana temprano y yo , a regañadientes, le estaba ayudando a cerrar una de ellas, que estaba llena hasta la bola.
Me estaba sentando en la maleta, sobre la cama, cuando oímos la puerta.
Mamá entró y nos llamó la atención a los dos.
-Quería hablar con vosotros, ahora que no hay Gordons en la costa. ¿Podéis sentaros, por favor?
Yo ya estaba sentado sobre la maleta. Bill lo hizo a mi lado, intrigado. Mamá cogió una silla y se sentó frente a nosotros.
-A ver…¿Cómo digo esto…? Mmm… Bueno, pues supongo que iré al grano. Chicos, lo sé todo.
Bill y yo nos miramos, sin entender. No nos alarmamos en exceso. Todavía.
-¿A qué te refieres? – Preguntó Bill.
-¿A qué me voy a referir? Pues…A lo…Vuestro.
Mi gemelo y yo nos miramos esta vez con los ojos desorbitados.
-A ver, mamá… ¿Qué quieres decir exactamente con lo…’Nuestro’?… – Yo, mientras notaba que empezaba a dolerme la cabeza.
Mamá resopló.
-Pues que sé que…Estáis juntos. Y no como hermanos precisamente…Que lo sé y punto…
Miré a Bill escandalizado. Su boca llegaba a el suelo. Yo quería que la cabeza me explotara para dejar de sufrir. Mi primera reacción, fue ir a negarlo.
-…Mamá…No sé de qué hablas…Pero…
-Tom, que una cosa es que me haga la tonta y otra es que lo sea.
-¿Pero tú…Pero tú cómo…? – No me podía creer lo que estaba pasando.
-Sólo quería que lo supierais. – Mamá se levantó.
-¿Mamá?…¿Lo que quieres dejar caer es que lo sabes…Y que te parece bien? – Preguntó Bill.
Mamá se volvió a sentar, suspirando. Su rostro endurecido ahora.
-No, hijo. No me parece BIEN… No me parece bien… Pero… Yo os he educado de una manera… Siempre he tratado que aprendierais a… No atacar algo por el simple hecho de que no lo entendáis o por que sea diferente. ¿Y qué clase de persona sería si ahora fuera yo la que lo hiciera? No me parece bien, no lo entiendo… Pero precisamente, como no lo entiendo y no puedo estar en vuestra piel para sentir lo que sea que sintáis, no tengo lo que hay que tener para juzgaros… No soy capaz.
Todos nos quedamos en silencio. A Bill se le estaban saltando las lágrimas. Yo estaba demasiado helado como para reaccionar. Mi madre mirando al suelo ahora.
-…¿Cómo…podías saberlo?… – Bill estaba tan impresionado como yo. Mamá sonrió un poco.
-Tú no te acordarás. Eras muy pequeño…Pero hace muchos, muchos años, tú mismo me lo dijiste. Por supuesto, no es eso lo más relevante que me terminara de convencer, pero sí lo que hizo que estuviera pendiente.
Bill se tapó la boca, abriendo mucho los ojos y dejando caer nuevas lágrimas.
-…
-Veo que sí te acuerdas.
-Yo esperaba que la que no se acordara de eso fueras tú.
-…A ver, a ver… ¿De qué demonios estáis hablando? – Hablé yo al fin, flipándolo con todo.
-Fue hace muchos años…Tendríais…No sé, cinco o seis años…
Continúa…
estoy llorando aaah