Imposible 4

Imposible 4

«Imposible» Fic de Earisu

Capítulo 4

Pero el infierno no estaba en mi casa. El infierno lo llevaba yo por dentro. Acompañándome fiel fuera a donde fuera.

No sé cuántos cubatas había bebido ya…Sé que demasiados. Aún así, tampoco eran suficientes.
No eran suficientes por que tenía a una morenaza conmigo. Una morena espectacular, de impresión. Pero cada vez que me besaba, lo único que se me repetía una y otra vez en mi sesera con tanta insistencia que parecía una grabación rayada, es que no le llegaba ni a la suela de los zapatos a Bill. …Que Bill besa mejor. Que Bill esto… Que Bill lo otro…Bill, Bill, Bill, Bill…
No tenía ganas ni de seguir… Tenía la certeza de que Bill no sólo besaba mejor. Seguramente también fuera mejor en la cama que esta chica , a pesar de que experiencia no le faltaba.
Suena enfermizo. Supongo que para el resto del mundo, hasta repulsivo…
Pero sí…Yo sé cómo es en la cama mi propio hermano.

No voy a decir que Bill es un dios del sexo sin más… Si sé que nunca encontraré a alguien que le haga sombra no es sólo por sus habilidades…Sino por cómo te hace sentir cuando estás con él.
Y que en tus oídos se repita esta afirmación una y otra vez sin que tú puedas hacer nada por remediarlo, puedo asegurar que es triste. Muy triste.

-¿Tom? ¿Me estás escuchando? – La morena comenzó a acariciar mi estómago por debajo de la ropa.
-…Perdona, ¿decías?
-Decía que por qué no vamos a un sitio más tranquilo. – Y lamió mis labios, provocativa.
-…Claro. Vamos.

Pero antes me aseguré de darle otro buen trago a mi bebida…Por que lo iba a necesitar.

&

Una mañana, en el hotel de algún país que no soy capaz de recordar, me despertaron unos golpecitos.
-¿Mmmm? – Comprendí que estaban llamando a la puerta. – ¿Quién es?…
-…¡Bill…!

Me levanté, abrí la puerta y sin saludarle ni echarle una primera mirada siquiera me tiré de nuevo boca abajo en la cama, gruñendo.
-Buenos días…¿eh? – Dijo con ironía , pero sé que sólo se estaba haciendo el ofendido.
-Es muy temprano. – Aunque con la almohada contra mi cara más debió sonar como un ‘Efu frano’. – ¿Por qué me despiertas tan pronto? – Más bien, ¿’qué ‘fertas fronto’?.
-¡Encima que me he jugado la vida para traerte tortitas, que Georg las había visto y iba a comérselas todas!

Levanté la cabeza y me giré para mirarle. En efecto, traía un plato con tortitas en una mano y dos cucharas en la otra.
-¡Mmmm! ¿Con nata? – Empezaron a sonarme las tripas.
-¡Ah! Ahora sí me haces caso , ¿no? – Pero se acostó a mi lado, también boca abajo y me dio una cuchara. Puso el plato entre medias, y empezamos a desayunar juntos.
-…Dios, qué rico.
-Sí, aunque a mi me saben mejor por habérmelas ganado con esfuerzo, derramando sudor y sangre por ellas.
-Mmmmm, jajajaj…Exagerado.
-¿Exagerado? Tú no te has topado nunca con un Georg hambriento…

No podía parar de reír, pero me las apañé para agarrar de la nuca a Bill y arrastrarle para que nuestros labios se encontrasen. El beso fue corto y espontáneo. Me había salido del alma.
Todavía se hacía un ambiente extraño cuando terminábamos de besarnos.
Pero eso era lo que lo hacía bonito, supongo.
A Bill se le ruborizaron un poco las mejillas y agachó la mirada. De nuevo centró su atención en el plato, e iría a tomar otro trozo de tortita. Yo me dispuse a hacer lo mismo y ambos elegimos el mismo trozo de torta, así que iniciamos una autentica batalla de cucharas mientras nos partíamos de risa.
-¡ARG! ¡Cuidado Tom, que vas a manchar las sábanas de nata!…
-Da igual: No son mías. – Y seguí combatiendo.
-¡Jajaja…!

Pronto, las cucharas serían armas que se nos quedaron cortas y empezamos a forcejear cuerpo a cuerpo…A veces besándonos para hacer trampa y pillar al otro desprevenido, y entonces atacarle por sorpresa.

No recordaba haber sido tan feliz con nadie, nunca.

&

-…¿Qué te pasa? – La chica empezaba a perder la paciencia. Había incluso recurrido a meter su mano por debajo de mis boxers… Pero no funcionaba. No lograba tener una erección.

Me había llevado a la morena a un descampado. Sé que es cutre, pero muy socorrido.

-…No lo sé. – Y me incorporé – Lo siento, Martha.
-Sara. – Apuntilló. – ¿Es que no te gusto? – Y se abrazó a mis espaldas, quizá haciendo un último intento.
-No es eso…¡Qué va! – Mentí. – Pero es que…Creo que he bebido… Demasiado.
-…Tom…
-Lo siento, no puedo. Venga, te llevo… A tu casa… – Me costaba hablar con normalidad por que era cierto que había bebido por seis.
-Pfff…Tanta fama que tienes, tanto Tom Kaulitz, Tom Kaulitz, y luego mira…Eres un mierda.

Ni siquiera me molesté con ella. No podía sentirme ofendido tampoco.
Por que tenía razón. Sabía que tenía razón.
…Un mierda. Eso es lo que soy.
Un mierda que destroza todo lo que toca…Y no quedan a salvo ni las personas que le quieren.

&

Llegué a casa a las cinco de la mañana. Estuve en la puerta como tres minutos, intentando encajar la llave en la cerradura, y no había manera. En mis venas había alcohol y luego ya sangre si eso.
Cuando logré abrir casi me caigo de la impresión.
Ahora ya sólo tenía que subir las escaleras y…
Pff…Cuando vi las escaleras me di cuenta de que iba a ser una proeza.
-¿Tom?

Miré hacia arriba, por que en ese momento estaba apoyado a la barandilla. Era Bill, con un vaso de agua en la mano, que acababa de salir de la cocina.
-¡Deja de mover la casa! – Le regañé sin saber lo que decía.
-¿Mover la casa? ¿Crees que soy Hulk? – Y soltó el vaso en la mesilla del salón. Después vino a agarrarme de la cintura e hizo que le pasara un brazo por los hombros. Empezó a ayudarme a subir las escaleras y a llevarme a mi cuarto. No le fue del todo fácil, claro. Aunque por mi ropa engañe, yo soy algo más corpulento que él.
-¿Desde cuando tenemos escaleras mecánicas?
-¡Pssst! Como se despierte mamá, verás…

Bill consiguió meterme en la cama después de pasar muchas fatigas. A mi me entró vértigo y empecé a temblar.
-Joder, Tom, y habrás sido capaz de venir hasta aquí conduciendo…¿Qué coño quieres, matarte? – Me recriminó mientras me arropaba. Estaba realmente enfadado.
Yo ya no estaba en un estado como para poder contestar.

&

El día siguiente empezó para mi a las cuatro de la tarde.
Algo después estaba tirado en el sofá viendo la tele aunque sin pensar demasiado en el contenido de lo que estaban poniendo.
Mi madre vino y se sentó junto a mis rodillas, que estaban alzadas.
No la estaba mirando, pero notaba sus pupilas clavadas en mi. Me quemaban casi. Intenté hacerme el loco…Pero siguió con su táctica, y al final sucumbí. La miré.
-Lo siento, no volveré a llegar tan tarde mientras viva bajo tu techo.
-…
-…Y no beberé tanto.
-…
-…Mamá ,por dios, deja de mirarme así. ¿Qué más quieres que te diga?
-…

Sé que mi madre estaba más preocupada por Bill que por mi, por lo que sé qué quería oír, pero no podía contarle la verdad, eso era impensable.
Así que procuré hacerme el duro, y mirar de nuevo la pantalla.
-Si sabéis que tarde o temprano me enteraré… – Y con ésto, se levantó y se fue.

Me dio un escalofrío sólo de plantearme la posibilidad de que ella de verdad se enterara algún día.

&

Dejamos el plato con las cucharas en el suelo para seguir luchando sin obstáculos de por medio.
La cama de matrimonio era enorme y Bill muy escurridizo, pero se puede decir que íbamos empatados.
En un momento dado le cogí de las muñecas, forcejeamos, y acabé tumbándole, y yo encima de él.
-¿Te rindes? – Le pregunté sin soltarle. Él abrió la boca como si le estuviera insultando.
-¡Ja! Por supuesto que no.
-Tú lo has querido. – Con una sola mano inmovilicé sus muñecas y con la otra empecé a hacerle cosquillas.
-¡AAAH! ¡NO! Jajajajaja…¡Eso es un truco rastrero!
-¿Te rindes? – Repetí, y paré para mirarle.
-…No. – En sus ojos estaba implícita una provocación.

Yo respondí a esa provocación esta vez inclinándome hacia él y besándole, mientras aún le tenía sujeto.
Recorrí con mi lengua sus labios, atrapé el inferior entre mis dientes, y tiré lentamente.

Cuando me separé de su boca, el silencio se hizo en la habitación. Nos pusimos serios de golpe.
La respiración irregular de Bill era lo único que se oía en el cuarto.
Seguía teniéndole sujeto, y entre eso y la mirada que me echó me hizo arder.
Volví a besarle con ganas…Como si fuera alguien que llevaba días perdido en un desierto y de repente encontrara agua para poder calmar su sed.
Ya sea por la postura , o por la intensidad del momento, noté como algo dentro de mis pantalones empezaba a crecer…Y no fui el único: Bill también lo sintió por que estaba pegado a su estómago. Mi reacción fue la de, pudoroso, apartarme de ahí con discreción, por no incomodarle…Mientras nuestras lenguas seguían rozándose, hice bajar mi cintura, pero justo me fui a topar con su entrepierna…Y él también estaba muy excitado.
Gimió contra mis labios y eso hizo que me empezara a sentir incluso mareado de las ganas.

Pero me las apañé para detenerme, soltarle y quedarme observándolo incrédulo.
Por que sí…No me lo podía creer.

Es cierto que habíamos empezado ‘algo’, y que en los últimos días habíamos estado más cerca que nunca…Que nos habíamos besado, que nuestro grado de complicidad se salía de lo común ahora…
…Que estábamos compartiendo cosas muy íntimas estaba claro…
Pero en cierto modo, no dejaba de ser algo ‘inocente’. Simplemente, nos sentíamos bien el uno junto a el otro.
Pero eso es un tema…Y otro muy distinto es que de repente ahora empezara a sentir deseo, deseo sexual, provocado por mi propio hermano.
Por Dios bendito…¡Pero si a mi nunca me habían gustado los hombres siquiera!

Bill se sentó en la cama.
-Al final, te he ganado – Me dijo, intentando bromear. Sé que se había dado cuenta de que me había quedado en estado de shock.
Como también supe lo que pensaba en verdad. Bill es un libro abierto, sólo tienes que prestar un poco de atención para leer claramente en sus ojos las cosas que no se atreve a decir.
Lo que se estaba pensando es que me había separado tan brusco de él por que me había dado asco.

Y yo podía estar sintiendo el suelo temblar bajo mis pies y la habitación dar vueltas, pero me daba igual: No quería que él creyera eso. Por que además era mentira.
-…Bill…Es que…
-…Déjalo, no pasa nada.
-No, escúchame… Es que yo…Yo nunca…He…Estado con un…chico antes…Y… Pues no me esperaba todo esto y me he quedado descolocado…Choca un poco… Pero no es por…Ti…Ni…

Descubrí que entonces Bill empezaría a aguantarse la risa, para explotar un poco después.
-¡Joder, Bill, no te rías…!
-Lo siento…Es que… – Me tomó de la cara, y me dio un pequeño beso. Después me sonrió con ternura. – Ay…- Suspiró , pero no con tristeza. – Eres tan tonto…

Me sentí aliviado por que aunque había tenido que pasar un rato de bochorno, Bill había quedado conforme con mi explicación…
Continúa…

por Earisu

Escritora del Fandom

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