
«Imposible» Fic de Earisu
Capítulo 6
Esperé unos segundos, hasta que oí pies arrastrarse y el cerrojo abrirse. Bill no abrió la puerta. Pero volví a oír sus pies restregarse contra la madera, ahora alejándose.
Fui yo el que abrí y entré cerrando la puerta tras de mi.
Bill estaba sentado en el suelo, frente a su ventana que dejaba pasar los rayos del sol : Él estaba dándose un baño en ellos, con Scotty acostado como un sultán frente a él mientras que mi hermano le cepillaba el pelo, quitándole posibles nudos.
No sabía ni por dónde empezar. Tenía que ser cuidadoso. Escoger las palabras adecuadas.
En esas estaba cuando Bill giró la cabeza para mirarme. Su rostro serio, dolido.
-…¿Qué? – Soltó sin más.
-…Mmmm…Acabo de hablar con mamá. Bueno, más bien ella ha hablado conmigo…Está preocupada por…
Bill volvió a centrar su atención en Scotty, tras resoplar. Me hizo parar en seco.
-O sea, que has venido a hablar conmigo por que mamá te ha obligado.
Bien. Sólo una frase y ya la había cagado.
-…Tampoco es eso. – No se me ocurrió otra cosa mejor.
-Ya.
Y siguió cepillando a Scotty.
Yo volví a hacer un intento. No podía irme de allí sin haber conseguido nada.
-…Bill…Está preocupada por ti…Deberías hacer un esfuerzo por…
De nuevo, me interrumpió, pero ésta vez hablaba con la vista clavada en el perro.
-…Debería hacer un esfuerzo por, ¿qué? ¿Por animarme?… No puedo, Tom. Pero entiendo que mamá te haya apretado las tuercas así que, ¿qué quieres? ¿Que hagamos el paripé?… No te preocupes, delante de ella volveremos a ser la pareja de hermanos ideal que la gente ve en las portadas de todas las revistas. ¿Te vale con eso?…
Cada palabra era una estacada en mi corazón.
-Me vale… – Pero me hice el duro, de nuevo.
Me dispuse a salir de esa habitación ahora que había conseguido llevar a puerto un casi trato que tranquilizaría a mamá, y que no me comprometía en exceso con Bill justo en un momento crítico donde necesitaba mantenerme alejado de él por nuestro bien.
Cuando iba a agarrar el pomo de la puerta, Bill volvió a hablar.
-…Tú…Tú me juraste que no me iba a despertar…
Me detuve en el acto. No sé cómo tuve el valor de girarme para mirarle tras oír el quiebre de su voz…
Bill tenía el pelo cubriéndole la cara como una cortina, pero sus lágrimas iban cayendo a el suelo, gota a gota.
Tuve que darme la vuelta de nuevo y agarrarme a la puerta para no ir hacia él, cogerle de la mano, pedirle que no llorara, que él tenía razón en todo lo que me dijo ese día y llevármelo lejos. Lejos a un lugar perdido del mundo donde nadie pudiera encontrarnos o reconocernos, donde no fuera delito el quererle como le quiero…Y no permitirle jamás que volviera a derramar una lágrima.
A un lugar donde no fuera imposible.
Sacudí mi cabeza.
No iba a cometer el mismo error de meses atrás. El de engañarme a mi mismo. El de hacer oídos sordos ante una verdad a gritos…El de no aceptar la realidad.
…Ese lugar no existe.
&
Otra habitación de hotel, en alguna otra parte del globo que soy incapaz de recordar.
Bill y yo estábamos tirados en la enorme cama. Yo boca arriba, él a mi izquierda boca abajo.
No llevábamos camiseta, pero sí pantalones para dormir. Una sábana blanca nos cubría medio cuerpo.
Yo estaba semi sentado, con la cabeza apoyada en un montón de almohadones contra el cabecero, y Bill sosteniendo la suya con una mano, el codo clavado en el colchón.
Los últimos rayos de sol de la tarde teñían de naranja la estancia.
No parábamos de acariciarnos, de besarnos por todas partes, de entrelazar nuestras manos, nuestros dedos, y de mirarnos sin hablar. Bill soltaba alguna risita si tras besarle en alguna zona especialmente sensible le había cosquillas…Era música para mis oídos.
Un buen rato después me decidí a romper el silencio.
-…Menudo día de descanso nos estamos pegando, no nos hemos movido de la habitación.
-…¿Y?… – Hizo un pucherito, y pegó su nariz a la mía suavemente.
-…Nada. Pero ahora tengo hambre… – Y me levanté para rebuscar algo en la neverita de la suite. Cuando lo hice , Bill empezó a hacer una imitación como de cachorro que se quejaba por que me había ido.
En la nevera encontré una tarrina grande de helado de fresa y la cogí sin pensármelo dos veces.
-Helaaaaado…¿Quieres? – Y fui con el postre y una cuchara de nuevo a mi sitio.
-…No. – En cuanto me acomodé, Bill se abrazó a mi cintura y reposó su cabeza en mi regazo.
-Ya no puede uno ni comer helado a gusto… – Pero no estaba protestando en serio.
Bill empezó a reírse, pero no se despegó un centímetro de mi.
Yo como pude, empecé a comer un poco de helado. Entre que estaba un poco derretido y mi poca libertad de movimiento, derramé un poco en mi pecho.
-¿Ves? Si es que… – Pero tampoco me quejaba en serio. No acabé el reproche por que acto seguido , Bill alzó la cabeza y lamió el rastro del dulce en mi piel y se me fue de la cabeza de un plumazo lo que fuera a decir.
Después me miró relamiéndose despacio. Entre eso y que llevaba el pelo un poco ensortijado, me recordó a…
-Pareces un gatito.
Sonrió ampliamente y la sonrisa se le extendió a los ojos también, que le brillaban. Al parecer, le hizo gracia el comentario.
-¿Miau?… – Hizo eso y me empezó a nublar la mente. No sé si actuaba de un modo deliberado o no…Pero desbordaba sensualidad , tanta que estoy seguro de que nadie sobre la faz de la Tierra podría mantenerse en sus casillas durante mucho tiempo y resistirse a él.
Yo llevé otra cucharada a mi boca para no resultar tan evidente.
-A los gatitos Miau les gusta que le toquen por aquí… – Y me señaló la parte de atrás de su cuello, justo por el nacimiento de su pelo.
Yo obedecí su orden subliminal, pero no sin contestarle…
-Los gatitos Miau no hablan.
Sonrió mientras se regocijaba con mi pequeño masaje. Cerraba los ojos disfrutándolo y haciendo soniditos de aprobación de cuando en cuando.
Entonces decidí hacerle rabiar un poco y parar para volver a comer de mi helado.
Él achinó la mirada y gruñó tal y como haría un felino.
Me reí pícaro.
-Para ser un gato que me he encontrado en la calle, estás muy consentido.
Bill se puso de rodillas entre mis dos piernas y después se acostó boca abajo apoyando sus dos brazos y su barbilla en mi estómago. Estaba aguantándose la risa, pero intentó seguir con su mirada ‘furia felina’.
Yo ya empezaba a tener mucho, mucho calor… Y no sería por la temperatura ambiente.
Intenté ignorarle mientras seguía con mi helado.
-Tendré que ponerle un nombre al gatito.
-¿Miau?… – Estaba claro que a Bill le estaba gustando este improvisado juego.
-Mmmm…Déjame pensar…Te llamaré…
-¡Miau, miau! – El ‘gatito’ parecía expectante y empezó a bailotear sin abandonar su posición, al parecer muy contento por que iba a tener un nombre.
-¡Ya lo tengo! Te llamaré Bolita…Sí, Bolita es un nombre perfecto para ti.
Bill se paró en seco y me miró con los ojos muy abiertos, poniéndose serio al instante.
-¿Bolita por qué?… ¿Me estás llamando gordo? – Y me dio un pellizco en un costado.
Yo me empecé a partir de la risa, y él un poco también aunque haciéndose el ofendido.
Se puso de rodillas de nuevo.
-Bueno, gordo no es la palabra… – Le pinché… – Quizá la palabra sea… Rechoncho. Jajajaja… – Por supuesto, Bill es un palillo, sólo quería picarle…
-¡¡¡AHORA VERÁS, IDIOTA!!! – Y se tiró encima de mi para empezar a forcejear conmigo.
-¡Bill! ¡El helado, que lo tiras! ¡AH!
Demasiado tarde. Un buen chorreón del helado se derramó por mi torso y tripa. Me dio un escalofrío ante la helada sensación.
Abrí la boca teatrero y negué con la cabeza.
-Tttch, tchh…Eres un gatito muy malo.
Bill agachó la cabeza poniendo morritos y cara triste.
-Y ahora, ¿qué? – Seguí yo como regañándole y dejé el helado en la mesita de noche.
-Mmmm…Miau… – Su voz ahora era muy pequeñita.
Me empujó con delicadeza para que me quedase tumbado de nuevo, y sin más, empezó a lamer el estropicio…
No sé cómo los pantalones de ese pijama no reventaron en ese momento por las costuras…
La lengua de Bill, su piercing, la manera en que a veces alzaba la mirada para mirarme profundamente mientras que me repasaba de abajo a arriba, estaban haciendo que me quedara sin oxígeno, y tenía la dolorosa sensación de que toda la sangre de mi cuerpo estaba concentrada en una misma parte…Y necesitaba un desahogo como nunca.
Cuando mi cuerpo estuvo limpio, Bill con la respiración revuelta buscó mi boca. La suya sabía a fresa…Después mi cuello…Y después bajó un poco más.
Dirigió sus manos a la cintura de mi pantalón y tiró de ellos, pero sin moverlos de su sitio. Mi erección no pasaba en absoluto desapercibida, la tela del pijama era traicionera, y que él hiciera ese gesto me puso en estado de ebullición. ¿Estaba esperando mi aprobación o algo así?
-¿Qué? – Le pregunté. Mi voz sonó ronca.
-El gatito Miau necesita ayuda.
Fui a bajarme los pantalones, pero antes me vi obligado a hacer un estúpido comentario.
-No tienes que hacer…Eso…Si no quieres…
No me respondió, pero me instó a seguir. Así que me quité los pantalones y los boxers.
Bill agarró con sumo cuidado la base de mi miembro, y tras eso se agachó y comenzó a lamer de base a punta por un lado, con una lentitud que tuve que morderme la lengua para no gritar de la desesperación. Utilizaba su piercing como otra arma a su favor.
Tras dibujar circulitos con él en el extremo, volvió a retroceder pero esta vez para soplar muy delicadamente el rastro de su saliva que había dejado detrás.
Se me erizó la piel y arqueé la espalda mordiéndome ahora el labio.
No había ni empezado y ya estaba haciendo verdaderos esfuerzos por no correrme… Era simplemente impresionante.
No es que fuera la primera vez que recibía sexo oral… En realidad muchas groupies habían estado dispuestas, movidas por la motivación de complacerme a mi…A su ídolo.
Sin embargo, la gran mayoría eran chicas que no sabían ni dónde se estaban metiendo.
Bill sabía lo que hacía…Lo sabía exactamente…No estaba experimentando, o probando a tientas… Sabía qué teclas tocar para hacer que me retorciera, y ésto es literal.
Tras hacerme sufrir un poco más y por sorpresa, Bill se la metió entera en la boca, y cuando vi que mi sexo comenzaba a aparecer y desaparecer dentro de ella cada vez con más rapidez tuve que agarrarme de las sábanas y cerrar los ojos para ser capaz de soportarlo.
Sin embargo esto tampoco ayudaba mucho…La experiencia seguía siendo intensa, bestial…
Mi espalda empezaba a sudar, así como mi frente, mientras que distintas violentas descargas de placer me asestaban de pies a cabeza.
Lo único que se oía en la habitación era mi respiración fuerte, mis agonizantes jadeos, y el sonido húmedo de la hambrienta y experta lengua de Bill contra mi piel.
Cuando noté que mi orgasmo estaba a punto, avisé a Bill para que se apartara, como estaba acostumbrado a hacer siempre.
Alucinado, contemplé como Bill no se detuvo y mantuvo su ritmo pero ahora más feroz hasta el final…
Bill se incorporó, limpió con sus dedos una comisura de sus labios y después se los llevó a su boca, para chuparlos. Volvió a relamerse como había hecho con el helado y volvió a echarse en mi regazo.
-…¿Ya has perdonado a el gatito? – Me preguntó.
Yo estaba aún sin aliento.
Continúa…
es muy dificil escribir con solo una mano jajaja