In die nacht 15

In die nacht 15

“In die nacht” Fic de Xim_Alien

Capítulo 15

Estando en mi habitación, repaso cada movimiento almacenado en mi mente ahora, veo como si fuera el recuerdo de una película lo que hice, lo que le dije, cada palabra y cada movimiento, y a modo de análisis también repaso todo lo que él hizo y dijo. Me peleo conmigo mismo y me hago añicos cuando pienso que pude hacerlo diferente, pude haber dicho mucho más o mucho menos. Hasta ahora aparecen pensamientos en mi cabeza, emociones y los sentimientos que traía atascados en la boca del estómago desde que se fue, nada de eso le dije y me pregunto qué hubiera dicho o cómo hubiera reaccionado de habérselo contado todo.

En fin, voy a la cama después de quitarme por completo la ropa y quedarme únicamente con mis boxers. Viendo al techo recuerdo ahora la textura de sus labios, el aroma de su cabello, y pienso que este último es diferente, sí, su cabello huele diferente cuando estás lo suficientemente cerca para notarlo. Y como una especie de cachetada, tras recordar el cómo rodeó mi cuello con su dos brazos, la vida se encarga de bajarme de esa nube en la cual me gustó subirme, y es que había, claramente, un problema en esto. ¿Qué pasaría ahora fuera de estas cuatro paredes?

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Despierto con los rayos del sol entrando por la ventana, mis pupilas se contraen cuando abro los ojos por error, mi vejiga me hace levantarme y voy rápidamente a mi baño. Luego de ese llamado a las necesidades fisiológicas de cualquier ser humano, salgo de mi habitación y veo su puerta, sonrío recordando todo y avanzo hasta asomarme y ver que no hay nadie dentro de esa pieza.

Regreso rápidamente a mi habitación y tomo lo primero que encuentro, unos pantalones cómodos de algodón y una camiseta con un agujero que le hice gracias a un cigarrillo. Bajo las escaleras de dos en dos con ansias de verlo otra vez, el corazón me late fuerte, lo puedo sentir en la garganta y cuando piso el suelo de la sala, me detengo en seco al pensar cómo debo hablarle ahora, es decir, cómo deberé saludarle en la mañana y despedirme en las noches, cómo deberé hablarle de ahora en adelante. ¿Será prudente sacar mi lado cursi como cuando estoy con una chica? Quizás sea mejor mantener mi actitud normal de estar con Bill, mi hermano. Joder, no pensé que esto iba a ser así de difícil.

Luego de hacerme añicos la cabeza avanzo hasta la sala, supongo que está ahí en el sofá pero tampoco, sólo hay un tazón de cereal en la mesita, junto a la lámpara, siempre fue ese su lugar, la esquina junto a la lámpara, siempre que nos sentábamos en el sofá, elegía ese lugar, recuerdo entonces cuando bajaba con un libro y se ponía a leer en esa misma esquina, a la hora que o entraba más luz de sol, encendía la lámpara y continuaba leyendo. Entro entonces hasta la cocina, ahí está por fin, dándome la espalda, tiene puesto el pantalón de pijama, un pantalón azul cielo con nubes blancas y una playera blanca entallada, mientras que su cabello lo ha amarrado en una coleta alta. Su imagen desde atrás me hace perder un poco la razón y el suelo, haciendo que mis primeros pensamientos de cómo actuar se queden clavados en el fondo de mi historial de pensamientos, mis pies me conducen hasta él, mis manos se mueven solas y lo rodeo por la cintura, él se estremece al principio y luego echa su cabeza para atrás, sacude sus manos en el fregadero y se voltea por completo entre mis brazos para quedar de frente a mí, le gusta hundir su rostro en mi cuello y yo no lo detengo, me gusta también que haga eso.

—Hola —me saluda.

—Hola, amor —contesto sin pensar.

—Despertaste muy tarde —me reclama dejando un beso sobre mis labios, mismo que no esperaba pero me alegró mucho que lo hiciera.

—Lo siento, los fines de semana son así para mí después de trabajar hasta media noche en el bar.

—Entiendo.

—¿Qué hora es? —pregunto al notar que hay mucho sol, raro en Alemania.

—Las dos de la tarde —contesta y se voltea para seguir lavando los trastos.

—¿Quieres salir y hacer algo? —pregunto y él sonríe asintiendo.

—Bien, comeré algo rápido y nos vamos.

Voy a la sala por el tazón de cereal, está vacío y lo lleno rápidamente, le pongo algo de fruta picada y leche, Bill me mira sonriendo y cuando termina me hace una seña para que vayamos a la sala. Reparo en el televisor y veo la escena de Alicia, lista con la armadura y la espada en la mano. Bill se sienta en la esquina del sofá, justo como recordaba, con las piernas cruzadas arriba del sofá. Yo a su lado no podía poner atención a la película, y es que cuando la reina blanca sale, no puedo voltear a ningún lado, la diferencia ahora era que Bill me correspondía. Eso era algo increíble, imposible, pero claro, él lo hacía posible.

—¿Qué? —pregunta sonriendo y volteando para mirarme.

—Nada.

—No me mires, me tienes temblando.

—Es que no puedo creer que esté pasando esto. No creí que sintieras lo mismo por mí.

—Acostúmbrate.

—Trataré de que eso sea rápido.

—Bien.

Se levanta del sofá y vuelve a la cocina, lo dejo hacer lo que piensa hacer y me quedo en el sofá, hasta terminar mi cereal. Entonces sí voy a la cocina, cuando entro ya tiene preparados dos platitos con pan tostado y jalea, dejo el tazón en el fregadero mientras él deja ambos platos sobre la mesa para cuatro. De pronto lo veo dirigirse directo a mí, me rodea del cuello y hunde su boca en la mía y lo único que puedo hacer es rodearlo de la cintura para acercarlo más a mí. Su lengua y la mía ya no tienen ningún temor, se sienten de lo mejor y no hay nada que las detenga, sólo el deseo de ver sus ojos y él los míos, nos separamos lo suficiente para dejar por último ese beso pequeño sobre los labios, ese encargado de cerrar triunfal la primera parte hasta la siguiente. Ambos sonreímos cómplices.

Él se dirige a una de las sillas de la misma mesa, pero le detengo, lo sujeto por la cintura sin pensarlo y me siento yo primero en una silla, tomo su mano y lo jalo hacia mí para lograr que se siente en mis piernas. Así comemos las tostadas con jalea.

—Lo bueno es que aún tenemos una semana de vacaciones.

—Sí —responde con un dejo de nervios, lo relaciono con el hecho de estar sentado en mis piernas.

—¿Has pensado en mamá?

—No si te tengo así.

Sabía perfectamente a qué se refería, no quería tener que preocuparme así tan rápido, así que traté de aligerar la pregunta con una respuesta como esa. Él sonrió entendiendo, pero la cosa era seria en todos aspectos y en muchos niveles.

—Sí. Algún día se va a dar cuenta. No creo que quieras decirle antes, ¿o sí? —niega con la cabeza viendo su tostada.

—Nos querrá ver separados.

—No va a pasar. No te dejaré. Quizás nos eche de la casa, pero esta vez me iré yo. Tú te quedarás con ella y seguiremos juntos a pesar de la distancia.

—No —dice alarmado.

—Mira, te propongo que pasemos ese puente cuando estemos frente a frente. Mientras, dejemos que esto fluya. Si nos preocupamos desde ahora no pasaremos mucho tiempo disfrutando tiempo perdido.

Estaba complacido con mi respuesta y con mi plan. Voltea hacia mí y vuelve a dejar un beso sobre mis labios, antes de que se separe de mí abro mi boca y él me sigue el beso otra vez largo, profundo, lleno de sentimientos que antes no nos atrevimos a expresar.

—¿Por qué te enamoraste de mí? —pregunta en medio de nuestro beso.

—Por todo —respondo separándome de él—, me vuelve loco tu forma de ser, tu forma de pensar y tu forma de vestir, eres único y doy gracias a Dios por tenerte tan cerca y porque me correspondas. Además, tu mirada, siempre me mató y sigues haciéndolo, me hipnotizas, lo peor es que usas esa mirada sin darte cuenta de sus efectos —sonríe—. Esa sonrisa tuya sin duda me eleva, me dejas con las piernas sin firmeza, y cuando sale ese rubor en tus mejillas es el fin para mí, no sé cómo decírtelo sin sonar burdo porque aún no conozco las palabras precisas para hacerte saber todo lo que me dejas y haces sentir. No puedo simplemente apartar la mirada de ti, mis pensamientos y ahora que lo pienso con calma, siempre he soñado contigo.

Eso último lo mantiene con la vista fija en mí, ambos sabíamos de la existencia de esos sueños. No hacía falta entrar en detalle con eso, era obvio y más que perfecto.

—¿Qué hay de ti? —pregunto con emoción de escuchar su respuesta ahora.

—Bueno, tú creciste y yo…

—¿Qué?

—Es que, siempre estabas conmigo, siempre estábamos juntos, me daba cuenta de tus cambios, de ti en todos los aspectos.

—¿Te fijabas en mí desde entonces?

—Sí. Me enamoré de cómo me protegías en la escuela, me enamoré de ti y de tu forma de ser conmigo, y la primera vez que sentí celos de ti no quería matarte ni a ellas, a veces sólo quería ser otra chica para gustarte igual.

—Nunca, no pienses eso otra vez ni por error. ¿Y luego?

—Cuando empezaste a crecer no podía ver a otro lado. Siempre que escuchaba la regadera me hacía miles de imágenes en mi cabeza.

—¿Qué imaginabas?

—Tu cuerpo empezó a tomar más forma que el mío y te imaginaba rodeándome —explica con las mejillas enrojecidas—, ambos bajo el chorro de agua. Luego empezaste a hacer deporte y…

—¿Y?

—¿Quieres que lo diga explícitamente?

—Con cada una de sus letras, por favor.

—Me gusta mucho tu cuerpo. Tu pecho, tu abdomen, tus piernas. Tú.

Posó una de sus manos en mi pecho y fue entonces cuando pude sentir mi corazón y el suyo en la misma frecuencia, la excitación de ambos, las mismas corrientes eléctricas atravesando nuestras espinas. Sin duda la conexión entre nosotros no era fácil de sobrellevar. Ambos volvemos a caer en un beso pasional, más que profundo, ahora podía irse nuestras vidas en ello y no importaría. Se sentía más que genial, más que placentero, más en paz que cualquier sueño profundo.

Continúa…

por Xim_Alien

Escritora del Fandom

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