
“In die nacht” Fic de Xim_Alien
Capítulo 30
Domingo. Despertamos y pasamos una mañana como cualquier otra, en la que empiezo por hacer el desayuno pero en de un minuto a otro él llega por atrás de mí para abrazarme y terminar distrayéndome de mi tarea inicial, si a veces lo dejo continuar terminaremos haciéndolo ahí mismo, aprovechando que mamá no está. Al terminar el desayuno ambos subimos para cambiarnos, Tom me acompaña a casa de Andy para realizar el trabajo pendiente de la canción para la presentación. Lo único que llevo es mi cuaderno especial, donde escribo mis canciones.
—Vengo cuando termines.
—¿A dónde vas?
—A pagar esta mierda.
—¿Irás solo?
—Sí y por ninguna razón dejaré que vayas ahora, así que ocúpate de lo que tengas que hacer con Andy y yo vendré por ti, mándame un texto cuando termines.
—Cuídate, por favor.
—Lo haré, no te preocupes.
—No me pidas eso. Por favor, cuídate y cualquier cosa llámame.
—Está bien.
—Dime que lo harás, promételo.
—Tendré cuidado y cualquier cosa que pase te llamaré. ¿De acuerdo?
—Mejor.
—Te amo.
Me acerco a él para besarlo en la boca de manera tierna y duradera. Sentir su lengua es lo mejor de besarlo, me hace sentir un calorcito subiendo desde la boca del estómago hasta mis mejillas y recorre todo mi cuerpo. Le doy una última sonrisa y una última mirada, me quito el cinturón de seguridad y bajo de la camioneta.
Sabía perfectamente que lo que le hice decir lo terminó diciendo para mi tranquilidad, pues ambos sabíamos que pasara lo que pasara no iba a llamarme. Aún así lo veo irse, cuando desaparece de mi vista en la próxima esquina, me acerco a la puerta de la casa de Andy, toco el timbre y abre él precisamente después de unos segundos.
—Hola, no pude venir ayer.
—No hay problema, pasa.
Me abre paso y entro a su casa. Una casa en tonos cafés por dentro, con unas escaleras de madera color café chocolate, es una casa verdaderamente hermosa, acogedora y muy cálida. Dos plantas además de la planta baja, el salón es grande, a mi derecha está un paso que da a la pequeña sala, puedo escuchar el televisor encendido y a mi izquierda al fondo pienso que se encuentra la cocina, justo a mi izquierda están esas escaleras.
—Por aquí.
Me indica y le sigo, vamos a la sala de mi lado derecho. Hay tres sofás en color café muy claro, hay una pantalla de plasma en la pared, hay muchos cuadros en la pared de grandes pintores, pero reconozco a mi favorito, hay tres cuadros de Dalí.
—Bill, él es Zack, mi novio; Zack él es Bill, mi amigo —anuncia a Zack, quien viene entrando a la sala con dos vasos de jugo en la mano. Los pone en la mesita de centro y alarga la mano para estrecharla con la mía.
—Hola, mucho gusto, por fin conozco al famoso Bill.
—¿Famoso? El gusto es mío. –Estrecho su mano.
—Andy me habla mucho de ti, ya hasta te sentía familiar. —Me hace sonreír nervioso—. Siéntate, Bill, estás en tu casa. Yo los dejo. Estaré en la cochera, amor.
—Sí, amor —contesta Andy. —Bueno, siéntate. ¿Qué tienes pensado? —pregunta viendo mi cuaderno que lo he puesto sobre mis piernas.
—Pues tengo pensado en la primera canción que escribí, bueno no es la primera, pero es la más especial y la escribí para… —Me detengo de repente, no debo decir nada.
—Perfecto, no hace falta que me des explicaciones. Trabajemos en ella. ¿Puedo verla?
—Claro.
Abro mi cuaderno en la hoja donde la he escrito y se lo entrego. Esa canción es la mejor, es para él y la escribí justamente cuando quería estar con él, el primer día que llegué a España. La tristeza me estaba consumiendo el alma y no podía dejar de pensar en él, así que aproveché la soledad, mi imaginación y busqué las palabras que le hubiera dicho si lo hubiera tenido enfrente. Aproveché mejor esa depresión para sacar esa letra y para mí significa todo, todo lo que siento.
—Es hermosa, de verdad.
—¿En serio?
—Sí, nunca he escuchado algo igual. Esto es de otro nivel.
—Bueno… —digo con miedo a seguir explicando. —Gracias.
—Bien, pues… ¿Qué te parece si me dejas esta hoja y yo compongo la música?
—¿Seguro?
—Claro, a no ser que tengas pensada ya la melodía, o quizás una parte, el coro o no sé.
—Pues no, no tengo idea de la melodía. Pero sin problema te puedo ayudar con eso.
—No, ya hiciste la mayor parte, escribir no es tan fácil, ya sólo nos falta la música y Zack puede ayudarme.
—Genial, sí claro.
—De acuerdo, es más, te estaré llamando para que escuches cómo va.
—Estoy de acuerdo.
—Perfecto, entonces así quedamos.
—Eh… Tom fue a hacer algo, vendrá por mí en cuanto termine. No pensé que fuéramos a terminar antes.
—No te preocupes.
—¿Tom, Tom Kaiulitz? –pregunta Zack con un semblante de enojo en la cara. Viene entrando nuevamente a la sala con las manos engrasadas, como si estuviera trabajando en un auto.
—Sí, es mi hermano.
—Ese idiota y sus amigos le han hecho daño a Andy.
—Tom ha hablado con Andy y pagará su cuenta defendiéndolo de Aaron.
—Sí, Zack, ya habíamos hablado de esto, Tom es diferente.
Zack hace una mueca de incredulidad pura, da medía vuelta y regresa sobre sus propios pasos.
—Lo siento, es muy rencoroso. Sabes que yo ya estoy bien con Tom.
—Sí, no te preocupes. Además yo estaría igual. Lo entiendo a la perfección. —contesto a la vez que mando el texto a Tom para que pueda venir a recogerme en cuanto pueda.
Y sin lugar a dudas estaba más que enfadado, estaba enojado y hecho una furia con las personas que habían lastimado a Tom. Cuando lo vi de la cara sentía morir, pero quería matar primero a todos esos hijos de puta. Así que entiendo a Zack.
Pasan los minutos mientras seguimos hablando de Andy, de la casa que sus papás les han dejado porque ellos fueron a vivir a las afueras, ya que el padre de Andy necesitaba ayudar a esa comunidad por su empleo, un doctor pediatra muy reconocido. En un par de segundos se escucha el timbre.
—Debe ser él, nos vemos pronto.
—Claro.
Andy se levanta y me acompaña a la puerta, gira la perilla y ahí está, en una pieza y sin un rasguño además de las cicatrices del otro día, suelto un suspiro de alivio.
—¿Nos vamos? —me pregunta mirándome con una sonrisa en la cara. —Hola, Andy.
—Hola, Tom.
—Nos vemos mañana en clase —me dirijo a Andy después de bajar el primer escalón de una serie de más o menos unos siete escalones.
—¿Tom Kaulitz? Tanto tiempo sin verte —Zack viene desde atrás de Andy y da un paso hasta estar frente a él.
—Zack. ¿Qué me cuentas? —responde Tom amigable y se acerca a él.
Pero en ese movimiento que Tom se acerca a Zack para estrecharle la mano, veo como Zack levanta la mano y Tom de la reacción y del golpe cae al piso y en un sólo movimiento, en un segundo, ocurre todo.
—¡Amor! —grito asustado corriendo hacia Tom para tomarlo de la cintura haciendo que se reincorpore y apoyándolo en mí.
—Estoy bien. Me lo merecía.
—No quiero enterarme una vez más que le pones las manos encima, Kaulitz.
—Te entiendo y sé que me lo merezco, pero estoy arrepentido de verdad Zack, ya le ofrecí mis disculpas a Andy. Andy, lo siento muchísimo.
—¿Y crees que con eso se arregla todo?
—No, pero ya no dejo que mis amigos lo agredan, eso me parece que es lo correcto.
—Estás advertido, Thomas.
—No hace falta. Andy, de verdad lo siento.
—Vámonos, Tom.
Aún con mis manos rodeando la cintura de Tom, lo dirijo a la camioneta para ya irnos, pero antes vuelvo a ver a Andy, pues he analizado lo que he dicho y está impresionado viéndonos, observando cada movimiento.
Ya lo sabe.
Continúa…