
«In Sex To» Fic de Xim_Alien
Capítulo 3
Cuando Bill despertó notó que estaba en la cama, notó que tenía puesta la misma ropa con la que había llegado y, vio sus tres maletas al pie de la cama, abiertas. Talló sus ojos un momento, no recordaba cómo había llegado a la cama si estaba frente a la ventana, tampoco reconocía el contenido en una de esas maletas. Se levantó rápidamente y se tambaleó teniendo los pies en el suelo. ¿Había visto bien? Era una silla. Una silla junto a su cama, misma que el día anterior no estaba.
Dejó a un lado la silla para comenzar a buscar una explicación de porqué no conocía el contenido de una de sus maletas. Revisó la ropa y cada compartimento. Todas las pequeñas bolsas estaban vacías, pero había algo que le recordó a alguien. El estilo de la ropa que guardaba la maleta era el mismo estilo de alguien. Luk.
La única explicación era que se habían confundido de maleta. Le temblaron las piernas cuando razonó en que debía ponerse en contacto con él. Lo primero que recordó de él, fue cada detalle de lo que había pasado en el baño de un avión. Pronto, sus poros dejaron ver pequeñas gotas perladas. Bajó rápidamente las escaleras y vio a Madeleine en la cocina, preparando el desayuno.
—Buenos días, Madeleine.
—Buenos días, cariño. Hay un mensaje en la contestadora. Creí que estaba equivocado y luego dijo tu nombre.
—Perdí mi celular y le di tu número, pero ahorita mismo le hablo para decirle que no use más tu número.
—Ten. Te lo iba a mandar esta navidad. También tengo uno para Tom.
—Que oportuna, Madeleine.
La besó en la frente y tomó una pequeña caja con un envoltorio navideño. Sacó su nuevo celular y lo encendió, no tenía mucha batería pero alcanzaba perfectamente para una rápida llamada. Escuchó el mensaje en la contestadora y marcó tan rápido como pudo el número.
—¿Bueno? —respondió Luk.
—Hola, soy Bill —No sabía por qué, pero su voz sonaba realmente nervioso a comparación con la de antes.
—Estaba esperando tu llamada.
—Es que… creo que tienes mi maleta —explicó Bill cada vez más nervioso.
—¿Sí? ¿Por qué no vienes por ella? Te doy la dirección.
Bill la anotó en una esquina de una hoja que estaba junto al teléfono de Madeleine. Después de un «Llega ya», finalizó la llamada con la respiración entrecortada.
—¿Te encuentras bien, cariño? —aventuró Madeleine.
—Sí, debo salir.
—¿A dónde?
—Ayer conocí a alguien, hablamos y creo que tiene mi maleta y yo la de él. Tengo que ir.
Subió por la maleta en cuestión y salió tan rápido de la casa, que Madeleine no pudo decirle que el desayuno estaba listo.
Tomó un taxi fuera de la casa, entregó la dirección al conductor y este lo llevó hasta la dirección dada. Llamó a la puerta del domicilio y salió Luk, sin playera. Lo único que traía puesto era un traje de baño.
—Me tenías preocupado.
—¿Por qué? —preguntó Bill, tratando de no ver directamente el abdomen de su amigo.
—Creí que jamás iría a verte. Pero estás aquí. Por favor, pasa.
Bill entró y dejó la maleta a un lado de la puerta. Luk subió las escaleras y ordenó a Bill que hiciera lo mismo. Ambos entraron a una habitación muy grande. En ella, se podía ver una cama bien arreglada, encima de la cama estaba algo que congeló a Bill, era el uniforme que usaba en su antiguo trabajo y, una maleta reclamando la atención del dueño.
—¿Por qué está esto aquí? —preguntó con el enojo anudado en la garganta. Dio unos cuantos pasos y lo tomó en sus manos, aferrándose a él como una reliquia memorable.
—Quería saber de quién era la maleta y lo encontré. Luego llamaste para decírmelo y se me ocurrió algo. No te irás de esta casa hasta que podamos estrenar esa cama y en el acto, probar ese bonito traje.
—Estás loco si crees que aceptaré.
—No. Bueno, tal vez, pero es tu culpa.
—¿Mi culpa?
—Sí, mírate. Seduces a cualquiera sólo con caminar.
Nuevamente se congeló, aquello lo había mencionado Tom un par de veces. Se trataba de su hermano. Había seducido a su hermano. Sí parecía ser su culpa.
—Mira, el baño fue incómodo y quisiera probar esta cama. No he podido dormir así que es un buen pretexto para estrenarla. Me saldré para que te cambies y volveré preparado.
Luk salió de la habitación sin agregar nada más, entonces Bill lo sopesó. Repasó sus opciones y se deprimió cuando se dio cuenta que estas solo eran dos. Quedarse e intentar olvidar a Tom con él; o huir con el riesgo de que pueda seguirlo hasta casa de Madeleine.
Comenzó a pensar en cosas buenas y se cambió tan rápido como pudo. Le gustaba usar ese uniforme y saber que vendrían las mejores propinas. En esa ocasión nada de dinero vendría después, tampoco una sesión romántica con su hermano, más bien daría paso a un loco depravado. Aunque le gustaba recordar lo que había pasado entre ambos anteriormente.
Diez minutos después Luk entró y Bill trató de ocultar sus piernas, cosa que no pudo hacer con éxito. En cuanto Luk se percató de aquello, no resistió acercarse a Bill y tomarle de la cintura para besar sus labios.
—¿Te excita usar ese traje? —preguntó Luk sin dejar de dar pequeños besos en el cuello de Bill.
—Lo uso en el trabajo, era una forma de obtener más propinas.
—Ya veo, tus clientes son gays de clóset.
—No, más bien son viejos oficinistas que no saben diferenciar un hombre de un hombre vestido de mujer.
—Pues me encanta, está genial y a mí sí me excita. Ven.
Luk lo atrajo aún de la cintura, se sentó en el borde de la cama para hacer que Bill se sentara sobre él. Así siguieron besándose para que ambos pudieran alcanzar una respetable erección y poder continuar con la tarea.
—¿Quién es Tom? —preguntó Luk de pronto.
—¿En serio estás preguntando eso en este momento?
—Quiero saber si usaste este traje con él.
—Pues sí. ¿Te molesta?
Luk negó, sonriendo, como si le hubiera molestado esa insinuación.
—¿Qué te hizo para que me dieras su nota de amor con tu número? —preguntó, recordando la nota donde Bill escribió el número de Madeleine.
—Es mi hermano. Sácalo de mi mente, por favor —soltó, sin reparar en lo que Luk pudiera hacer después. No pensó en si sentiría asco o vergüenza.
Luk detuvo los pequeños besos que no dejaba de propinar al cuerpo de Bill, había sido una confesión intrigante, interesante y un poco shokeante. Bill lo notó y no se arrepintió de haberlo dicho, creyó que había sido lo mejor para que se olvidara de él, pero quiso probar algo más y saber si en verdad estaba asqueado de él. Trepó a la cama y se recostó bocabajo, mostrando lo que podía ofrecerle.
—¿Vas a seguir o me visto?
No lo pensó un segundo más y comenzó a besarlo de nuevo mientras preparaba su cuerpo para poder entrar, luego su miembro y, con bestialidad entró. Bill no pudo reprimir unas lágrimas. Sabía que no era Tom, sabía que no iba a ser dulce, pero quería que se fuera, quería que saliera de su mente. De cualquier forma, lo que Luk estaba haciendo era inútil, le lastimaba y a la vez, le hacía sentir que nadie iba a tratarlo mejor que Tom.
Entró y salió de su cuerpo una y otra vez, golpeaba su cuerpo y le pedía gritar. Bill entendió que sólo quería darse placer, Luk jamás intento darle placer a él. Así que puso de su parte y Luk terminó pronto.
—¿Quieres terminar? —preguntó, terminando de correrse en la espalda descubierta de Bill. Este se negó—. Anda, pero te diré cómo lo harás.
Llevó una de sus manos a su espalda y lo hizo tomar sus restos. La misma mano, la dirigió a su miembro y con ella, comenzó a frotarse. Bill terminó el trabajo por sí mismo, pensando en que un día, había hecho lo mismo con los restos de Tom, cosa que había pasado con mucha diferencia.
Luk pidió a Bill que tragara los restos en combinación, este último lo dudó un poco pero lo hizo al final. Ambos se quedaron en la cama, en lo que recuperaban el aliento. Luego de un par de minutos, Bill rompió el silencio.
—Debo irme.
—Te llevo.
Luk encendió el coche y siguió las instrucciones de Bill, quien estaba sentado en el lugar del copiloto y, ambos con ropa casual.
—Así que tu hermano —aventuró Luk, Bill sólo pudo asentir—. ¿Por qué? Es decir, ¿no es muy… extraño?
—A veces lo extraño es mejor que lo normal. Si me dieras a elegir entre él y tú, lo elijo a él. Pero va a casarse y a tener un bebé, así que te elijo.
—Vaya, qué honor.
Sólo tardaron unos minutos y Luk se estacionó frente a la casa de Madeleine.
—¿Te veré después? —preguntó Luk cuando Bill iba a abrir la puerta del auto.
—Sí. Fue genial lo de hoy. Llámame cuando quieras.
—Ah, se me olvidaba. No te ilusiones, no quiero compromisos.
—Me queda claro, no tenías que mencionarlo.
—Tenía que hacerlo. He tenido malos entendidos.
—No los tendrás conmigo.
—Genial. Adiós.
Bill salió del auto y tomó su maleta de la cajuela. Se despidió de Luk con la mano y se acercó a la casa de Madeleine. Ella no estaba, en su lugar había una nota, donde le avisaba que había ido de compras. Utilizó el momento para limpiar la habitación que Madeleine le había dado y desempacar. Se preguntaba si Tom extrañaría ese uniforme.
Continúa…