
«In Sex To» Fic de Xim_Alien
Capítulo 4
La boda estaba por dar inicio, la casa se sentía más sola que nunca aunque estaba ocupada con los amigos más cercanos a Tom y a Lea. Ya que ellos ayudaban con el traje del novio y con el vestido de la novia.
—¿Estás seguro de hacer esto?
—Georg, no le preguntes eso, claro que está seguro.
Tom hizo una mueca para que Georg no le dijera nada a Gustav, pues era de los dos, el que no sabía nada de lo que pasaba entre Tom y Bill. Sin embargo, Georg necesitaba ayuda.
—Tom se enamoró de Bill, por eso Bill se fue. No juzgues a nuestro amigo, no ha cambiado, sólo que se enamoró de alguien que no debía.
—¡Eres un bocón! —gritó Tom molesto.
—No juzgo a nadie y no hizo falta que Georg lo dijera. Tom, eran tan obvios que hacías muchas cosas sin darte cuenta; a cualquier lado que iban no le quitabas la mirada de encima; si alguien más lo miraba tú matabas a ese alguien con los ojos; cuando iban a un lugar lleno de hombres, hacías cosas tan gay que los demás apartaban la mirada de Bill. En serio, no me sorprende.
—¿Ves? ¿Por qué vas a casarte con alguien a quien no cuidas como cuidas a Bill? —preguntó Georg desesperado.
—Porque será mamá, de mi hijo. No puedo simplemente abandonarla.
—Pero es que no estás enamorado de ella. ¿Quieres una vida así? ¿Cómo vas a darle una familia así a ese bebé? —trató Gustav de intentarlo.
—Gracias, amigos. Gracias por querer hacerme entrar en razón pero no puedo. Bill se ha ido por una razón, para que podamos hacer nuestras vidas y dejar esa relación enfermiza a un lado. Si no me caso, su huída será en vano.
—Bien, haz lo que quieras, pero te saldrá caro cuando te divorcies —amenazó Georg.
—Sí, yo también me apunto. Te saldrá muy, muy caro.
—Bien, ya entendí. ¿Podemos ahora ir al registro civil? Se supone que no debo verla antes.
Los chicos llegaron primero, era el plan. Entraron al registro civil y esperaron a que Lea llegara, lo que les llevó quince minutos. Cuando llegó, el notario comenzó con la sencilla ceremonia. Ninguno de los amigos de Tom se detuvo a inmortalizar el momento de las firmas en fotografías, sólo las amigas de Lea fueron quienes lo hicieron, como si no hubiera un mañana.
—¿Se hacen o no se dan cuenta de la farza? —susurró Georg en el oído de Gustav.
—Creo que no se dan cuenta, Tom es un caballero y parece que trata muy bien a Lea. Como sea, cállate. Están sus papás.
—Señor, Gustav Schäfer —el notario lo solicitó para firmar como padrino de Tom. Luego Georg hizo lo mismo.
Después de la ceremonia, todos asistieron a la recepción. Sólo Georg y Gustav sabían lo que en realidad pasaba con la pareja. Resultaba gracioso para ambos, pues todos los invitados abrazaban y felicitaban a los recién casados. Todos les deseaban una vida larga en familia y los amigos, sentados en un rincón del bello jardín, apostaban por cuan menor sería el tiempo en pareja.
—Apuesto 100€ que no pasan más de seis meses —sentenció Georg.
—Tom esperará a que el bebé tenga un año.
—Hecho.
—¿Qué hacen, chicos? Por allá hay mucho de donde escojer.
—Tienes razón, dejaré las apuestas para otro momento. Adiós.
—¿Cuál apuesta?
—Apostamos el tiempo que durarán ustedes dos juntos.
—¿Cuánto tiempo apostaste?
—Dije que esperarás a que el bebé cumpla un año.
—Lo intentaré.
Ambos tomaban una cerveza sentados en una silla de jardín. Georg había ido al centro del lugar, donde habían instalado una especie de pista de baile. En seguida lo vieron hablar con un chico, parecía un chico inteligente y bien parecido.
—¿Cuándo le vas a decir? —aventuró Tom.
—No le diré nada. Es Georg, dime cuándo podría fijarse en un cuatro—ojos, obeso como yo.
—No te subestimes. Eres un chico encantador.
—Gracias —respondió apenado—, pero es cierto, míralo, va en busca de los chicos esbeltos y enclenques.
—Tonterias. Anda, ve a invitarle algo. No sabes, tal vez él también siente algo por ti pero le da miedo dar el primer paso.
—¿Creés?
—Anda. Tú puedes.
Gustav se levantó de la silla y fue directamente donde estaba Georg, con aquél muchacho de figura esbelta. Se puso a su lado y preguntó con un susurro a su oído si podía hablar con él. Georg le pidió un segundo a aquél chico, ambos se separaron de la multitud y Gustav comenzó con nerviosismo.
—Quiero decirte algo.
—¿Es de la apuesta? No aceptaré bajar el precio.
—No, no es eso.
—¿Entonces? No me digas que le dijiste a Tom de la apuesta.
—No…
—No, Gus. Ahora sí la cagaste. ¿Por qué le dijiste?
—No es…
—Ah, seguramente le dijiste para que trate de durar con ella un año y llevarte los 100€. Eres un…
Gustav no soportó una palabra más. Georg estaba mareándolo con toda la palabrería que estaba escupiendo como un loco, así que lo único que pudo hacer para callarlo, era poner sus labios contra los suyos y dejarlos ahí hasta que sintiera su corazón en su garganta.
Ambos se quedaron ahí, en un rincón del jardín parados, alejados de la multitud y en un lugar donde el ruido de la música no los alcanzaba. Cuando Gustav se separó, pudo ver a Georg que seguía un poco aturdido. Nunca se imaginó a Gustav con él.
—¿Qué fue eso, Gus? —preguntó Geo.
—Es que yo… No dejabas de hablar y no sabía cómo decírtelo, luego estaba por arrepentirme y… fue una acción sin pensar. No lo siento porque fue genial, pero siento haberte tomado por sorpresa.
—Es que no me molesta eso. Me molesta que seas tú. Eres mi mejor amigo, te quiero pero…
—Pero no me verías como algo más —terminó la frase que Geo no pudo terminar.
—Perdóname, no quiero hacerte daño. En verdad, te quiero muchísimo.
—Olvídalo, ¿sí?. Seguimos siendo amigos. Iré por pastel.
Gustav se alejó despacio, tratando de no correr pero tampoco de soltar las lágrimas que amenazaban con salir disparadas cual fuente.
Llegó al baño del salón de fiestas, se encerró y lloró un poco. Salió cuando alguien tocó a la puerta, pues no quería vomitar en el suelo, así que tuvo que salir limpiando sus lágrimas de sus mejillas. Iba a salir al jardín de nuevo, pero no pudo, porque vio a Tom y a Geo hablando. Parecía que discutían.
—¿Por qué le dijiste eso?
—¡Yo qué iba saber! Le gustas desde que íbamos en la secundaria.
—Maldito mentiroso.
—¿Cómo explicas que siempre te cubre en el trabajo? Siempre vas de fiesta y él se queda doble turno. ¿Recuerdas el examen final de química en noveno grado? Fue él. Hizo la guía para ti, no Bill. ¿Recuerdas quién se echó la culpa del accidente de la ventana en primer año en la universidad? Fue él. No digo que te enamores de él ahora, digo que le des una oportunidad. Quizá sí sea tu tipo.
—Es mi amigo, no puedo verlo de otra manera.
—Podrías si lo intentas. Es un excelente chico. Invítalo a salir. Anda.
Georg buscó a Gustav a su alrededor, lo vio con intención de irse del lugar, pero corrió hacia él y alcanzó a tomarle el brazo antes de que saliera.
—Vamos a salir, ¿sí?
—No lo hagas porque te lo ha pedido —dijo señalado a Tom con un movimiento.
—No lo hago porque me lo haya pedido, lo hago porque quiero intentarlo. ¿Quieres ir a cenar mañana? Conozco un restaurante que seguramente va a encantarte.
—Bien.
—Paso por ti a las 7:30.
—Genial.
A kilómetros de ahí, Bill ayudaba a Madeleine con la cena, cortaba algunos vegetales para la guarnición cuando el timbre sonó y Madeleine tuvo que ir a atender.
—Hola, ¿se encuentra Bill? —saludó estirando la mano para saludarla. Ella no hizo ningún movimiento.
—¡Cariño! Te buscan.
Bill salió y se sorprendió al verlo ahí, se suponía que iba a llamar, pero no fue así. Estaba ahí, parado afuera de la casa de Madeleine. Ella regresó a la cocina para dejarlos solos.
—Es muy dulce tu madre.
—Ella no es… Es como mi madre —salió de la casa y ambos se quedaron en el porche.
—¿Qué haces aquí? Se suponía que ibas a llamar.
—Tengo a un par de amigos en el auto. ¿Vienes?
—¿Quieres prostituirme?
—No, tan sólo se me antojó ver porno en vivo y a todo color.
—No quiero dejarla sola…
—Dile que te llevo a una entrevista de trabajo. En un bar. Trabajabas en un bar.
—Espérame.
Bill le explicó eso a Madeleine. Salió de la casa y subió al auto de Luk, junto a él. Los otros dos chicos iban atrás, mientras uno hacia sexo oral al otro.
Luk condujo con cuidado, lanzando miradas a los de atrás. Cuando llegaron a casa de Luk, el climax llegó para uno de los que viajaban atrás.
—No dejes que eso se desperdicie —ordenó Luk a Bill. Se pasó al lugar de atrás de un salto y recogió con su lengua el residuo blanco que caía de las bocas de ambos chicos.
Los cuatro fueron directamente a la habitación de Luk. Este tomó de la cintura a Bill para besarlo y comenzar a manosear su trasero y terminar por desnudarlo. Uno de los chicos, el que había recibido sexo oral subió a la cama, mientras el que había dado empezó a hacer lo mismo con Bill, quien se mantuvo de pie frente a la cama. El chico en la cama no se sentía satisfecho del todo, así que comenzó a preparar su miembro y cuando estuvo lo suficientemente erecto, hizo que Bill se sentara sobre su falo, mientras el otro seguía con su trabajo. Luk sólo veía, quería besar a Bill pero parecía cómodo. Se bajó los pantalones y empezó a masturbarse, mientras que con la otra mano, masturbaba al chico que seguía dando sexo oral a Bill.
Los jadeos de los cuatro chicos iban aumentando considerablemente. Ninguno de los cuatro se detenían y Bill sólo pensaba en Tom, en qué haría si lo viera en aquella situación. Ojalá se sumara, porque aquello era una especie de paraíso.
Cuando uno de los chicos, el que había entrado en Bill, terminó, se quitó el condón y fue a depositarlo en la basura. Los cuatro quedaron exhaustos, respiraban con dificultad pero se veía venir una continuación.
—Bill, ¿cierto? —Bill asintió—. ¿Quisieras ponerte en cuatro para mí?
Bill, lo pensó un momento, ya estaba ahí y quizá sería bueno tener otro round de sexo. Bill lo obedeció y trepó a la cama. El otro chico hizo lo mismo pero para tener ocupado a Luk. Sin embargo, Luk no bajó la guardia y observó cómo estaban poseyendo el cuerpo de Bill. Sin pensar, sacó su miembro del cuerpo del chico y lo hizo a un lado.
—Vete —ordenó. Pero no cedió—. ¡Déjalo ya, te digo! ¡Váyanse! ¡Largo de mi casa!
Los dos se fueron aterrados, como un par de gatitos ahuyentados por un perro gigantesco.
—¿Qué te pasa? —preguntó Bill, desconcertado.
—Se terminó la diversión para ellos. Es todo.
Fue él quien trepó a la cama y comenzó a entrar en el cuerpo de Bill, este ya no estaba de espaldas a él, por lo que los pensamientos de Bill fluyeron y le trajeron todos los bellos momentos que pasó a lado de Tom. Cada vez que le hacía el amor. Recordó sus caricias, sus besos, su atención y cuidado. Todo era perfecto. Luk terminó después de un par de minutos, Bill no culminó. Ambos se quedaron recostados en la cama, mirando el techo. Uno pensaba en que había sido una locura, el otro reprimía las lágrimas porque seguramente, no iba a experimentar la frase hacer el amor, nunca más.
Todo se terminó cuando Bill sintió la necesidad de irse. Se levantó de la cama y buscó su ropa, por lo que hizo un ruido al golpear uno de los muebles.
—¿A dónde vas? —escuchó la voz de Luk adormilado.
—Tengo que irme.
—Yo te llevo.
Ambos salieron de la casa sin hablar, subieron al auto y Luk lo puso en marcha. Así hasta que llegaron a casa de Madeleine.
—Gracias.
Fue lo único que pronunció. Salió del auto con afán de no voltear para despedirse. Pero Luk no iba a dejarlo así.
—¡Bill! —gritó Luk, alcanzándolo del brazo.
—Debo irme.
—Quiero que seas mío. Sólo mío.
—¿Qué?
—Quiero que siempre estés a mi disposición, quiero que cuando te busque estés para mí. Para nadie más, únicamente para mí.
—Estás loco.
—Sí, quizás lo esté. Mañana vendré por ti. Qué tengas dulces sueños.
Confundido, aterrado y somnoliento, Bill entró a casa sin hacer ningún ruido, puso un pie en el primer escalón pero algo le detuvo a seguir subiendo.
—Bill, ven por favor —pidió Madeleine con una voz que se tornó escalofriante en medio de una oscura y silenciosa casa. Bill se sentó frente a ella—. No voy a decir: Si vives en esta casa, será bajo mis reglas porque no soy tu madre. Sin embargo, te quiero como a uno. Ese chico que vino por ti, no es para ti, cielo. Vas a decirme que yo no lo conozco, pero entonces tú tampoco, porque, ¿qué puedes conocer de una persona en un par de días? Tú y yo sabemos que no fuiste a una entrevista de trabajo. Así que por favor, piensa lo que estás haciendo. No sé porqué te peleaste con Tom. Si él te viera.
Bill sonrió con amargura al imaginar un Tom protector. Se levantó de la silla y besó a Madeleine en la frente para irse a dormir.
—Hum, báñate, hueles a… a él.
Avergonzado, subió las escaleras tan rápido como pudo. Entró a la ducha y ahí tardo varios minutos, tratando de recordar lo pasado, a diferencia de la compañía. La ausencia de Tom lo estaba matando.
Continúa…