In sex to 8

In sex to 8

«In Sex To» Fic de Xim_Alien

Capítulo 8

Al día siguiente, Bill despertó con una molestia en su cuerpo. No había nadie en el otro lado de la cama, se levantó y fue hasta la cocina, donde encontró a Luk mirando su celular.

—Buenos días —saludó Bill, sin explicarse el porqué estaba viendo su móvil.

—Tom te ha llamado un centenar de veces. Deberías hablar con él.

—No sé, tal vez quisiera decirme, ¿por qué estás revisándolo?

—Bueno, acaba de marcar y no sabía si responder o no.

—¿Respondiste? —preguntó Bill, acercándose a Luk y tomando de sus manos lo que le pertenecía.

—Sí, le dije que estabas dormido, que en cuanto despertaras te diría que te llamó.

—¿Para qué llamó?

—Quiere hablar contigo sobre tu mamá, dice que es urgente y que será mejor que se vean. Yo digo que si vas, deberé ir.

—¿Qué? —preguntó totalmente extrañado—. Ahora también quieres ser una especie de cuidador o algo.

—Seamos honestos, Bill, en cuanto lo veas querrás ir con él a la cama y no creo que sea algo de lo que no te arrepentirás después.

—Estás totalmente equivocado. Es lo último que podré pensar al verlo. Además, no iré. Si quiere hablar de mamá será mejor que él venga.

Dos meses después.

Tom llegó al Sun Vacancy cuando afuera aún hallaba un poco de sol. Fue directo a la barra y ahí, preguntó al barista sobre un chico llamado Bill. Dimitri se sorprendió, ya que el inglés de Tom no era muy fluido y se escuchaba el alemán en sus palabras. ¿quién y por qué estarían buscando a Bill?

—Está cambiándose en los vestidores. Acaba de llegar y no ha salido de ahí —respondió Dimitri.

—Gracias.

—¿Te sirvo algo mientras lo esperas?

—Sí, por favor. Un Escocés.

Dimitri sirvió la bebida y la puso frente a Tom. Este la tomó y enseguida, dio un sorbo. Cuando vio a Bill salir por su derecha, no evitó dar un respingo al verlo.

—Es todo un placer verlo en esas condiciones, ¿no es cierto?

—No, claro que no. Es mi hermano y no tiene por qué estar trabajando bajo esas condiciones.

Se levantó de su lugar en la barra y fue hasta él. Le tomó del brazo y de ese modo, lo sacó del bar. La gente afuera los veía, sin explicarse el porqué un chico vestido de ese modo, discutía con un hombre de traje.

—¿Por qué usas eso?

—¿Tú madre no te enseñó a saludar primero? Eres muy grosero.

—Te hice una pregunta.

—No me digas que ahora estás indignado, te recuerdo que así trabajaba antes y no había ningún problema.

—Pero mírate, pareces una vulgar prostituta.

Bill aproximó su mano a la mejilla de su hermano, tan rápido que el sonido se intensificó, dejando como resultado, una marca severamente roja.

—Di lo que has venido a decir y vete. No tengo tu tiempo.

—No te hablaré de tu madre vestido así. Quiero que te cambies, te pongas algo normal y hablaremos.

—Entonces pierde tu tiempo. Salgo a las 12:00 e iré a revolcarme con alguien, como la vulgar prostituta que soy.

Bill entró al bar nuevamente dejando a Tom en la calle, mientras la gente seguía pasando y mirándolo fijamente. Tom pensaba que todos sabían la conversación que había sostenido con su hermano, pero todos veían la decepción que emanaba de su rostro.

Sin poder evitarlo, Tom entró al bar y ahí, pudo observar lo que Bill hacía y lo que llamaba «trabajo».

Sin poder creer lo que Bill hacía, siguió su camino hasta el bar, donde pidió otro escocés a Dimitri. Este lo atendió y, pensando en las palabras adecuadas, acabó con la poca paciencia de Tom.

—Algo grave ha de estar pasando ese chico, ¿no?

—¿Por qué lo dices?

—Bueno, comenzando con que es nuevo en la ciudad, pasando por el hecho de que Travis se está aprovechando de él y terminando con que un extranjero está buscándolo.

—¿Quién es Travis? —preguntó Tom, haciendo un gesto de desagrado debido al último gran trago de su bebida, mismo que quemó en su trayecto.

—Es ese que está con él —señaló Dimitri con una mirada—. Bill es un niño bueno, está estudiando, trabajando y lo he visto hacer las compras con su madre. Este lugar no es para él; tampoco Travis.

Esas palabras, le hicieron tomar una decisión. Sin un atisbo de duda, se levantó de la barra y fue hasta donde Bill. Le tomó del brazo con firmeza y a rastras, lo sacó del establecimiento.

—¡Suéltame, idiota! —Bill se soltó del agarre de Tom y así, intentó regresar al bar.

—¡Si entras a ese bar de nuevo…! —gritó Tom amenazante.

—¿Qué? —interrumpió Bill en su brusca amenaza—. ¿Vas a casarte con Lea? Oh espera, ¡eso ya lo hiciste! Ya sé, ¿vas a elegir quedarte con tu hijo? No, ¡eso ya también lo hiciste! Vamos, dime qué harás. ¿Dejar de amarme? —preguntó sin recordar que era su plan desde el principio. Le molestaba, estaba matándolo—. Es lo que quiero.

Tom vio a Bill entrar de nuevo al bar. Caminó hasta la dirección que sabía de memoria y que no había visitado porque según la dueña, había vendido la propiedad. Sin embargo, encontró una sorpresa al ver luz por todas las ventanas. Se aproximó a la puerta y llamó al timbre. Enseguida, abrió la misma mujer que había conocido a los ocho años de edad.

—Hola, Madeleine.

—¿Por qué has venido? —interrogó molesta.

—Quiero hablar con Bill pero no es el mismo.

—Claro que no, cometieron un error grave y él trata de dejarlo atrás. De olvidarlo. Será mejor que te vayas. Le estarías apoyando de una manera en la que no imaginas.

—No vine a hablar de eso contigo, Madeleine, sólo quería decirle que mi madre ha dejado su testamento. Pude sacarle una copia así que, quisiera que lo revisaran ustedes, juntos.

—¿Por qué los dos? —preguntó Madeleine, tomando una carpeta de la mano de Tom.

—No lo sé, mi mamá dejó cosas para ti y algo que concierne a California. Es todo lo que pido Madeleine, que lo revisen y… Por favor, que me llame, es urgente que hablemos del tema.

Madeleine no respondió ni afirmando, ni negando. Vio a Tom retirarse y entró a la comodidad de su hogar. Sentada en su sofá favorito junto a la ventana de la sala, leyó el folio, deteniéndose donde especificaba lo siguiente «… y que se le entregue íntegro el dinero a Madeleine…». Dinero proveniente de las joyas y vestidos que Jörg había regalado en su tiempo.

Quería ir por Tom para discutir aquello, no podía creer que esa mujer, aún enferma, le diera motivos para avergonzarla. Pero, lo peor era lo último, Simone quería que sus cenizas fueran dispersas en Santa Mónica, a 100 kilómetros de su casa.

Después de que leyó la copia del testamento de Simone, por décima vez, se quedó sentada, junto a la ventana. No sabía qué estaba haciendo o qué haría, pero ahí se encontraba, estática frente a la ventana, aunque no sabía si esperaba a Bill para hablar de lo sucedido o, veía a la gente pasar, como las aves buscaban un árbol para pasar la noche o cómo los autos recorrían las calles para llegar a su destino. Quizá simplemente veía el tiempo pasar.

No se dio cuenta de en qué momento se hizo oscureció la calle, tampoco pareció darse cuenta de que Bill se despedía de Luk afuera de su auto, ni de la pequeña palmada que Luk propinó en el cuerpo de Bill. Sólo se percató de todo cuando el cerrar de la puerta interrumpió sus pensamientos, mismos que la llevaron 15 años atrás, cuando Bill y Tom aún podían ser unos chiquillos, simples niños que no pensarían en hacer cosas de las que después, podrían arrepentirse.

—¿Qué haces ahí, Madeleine? —preguntó Bill, acercándose a ella y sentándose en el sofá contrario al que ocupaba Madeleine.

—Estuvo aquí —respondió fría. Tan fría que Bill dudaba el seguir la conversación.

—¿Quién? —preguntó confundido, aunque tenía una idea, aun así, quería escucharlo.

—Estuvo aquí y parecía tan triste. Nunca había visto los ojos de un hombre triste como él. Algo le hace falta y sería una hipócrita si te dijera que no sé qué es. Sería una maldita mentirosa si te digo que no le haces falta en su vida. Dejo esto —expresó sin quitar la mirada de la ventana.

Extendió su mano y en ella, la misma copia que Tom le había dado hace unas horas. Bill la tomó con manos temblorosas, recordando la incómoda conversación que habían tenido afuera del bar. Leyó cuidadosamente cada línea, sin poder procesar las palabras, a pesar de que eran muy claras y precisas.

Levantó la mirada y Madeleine seguía como en un principio, una perfecta estatua inanimada.

—¿Por qué te deja esto a ti? —preguntó finalmente Bill, haciendo a un lado la idea de compartir la casa con su hermano.

—Porque —volvió la mirada al otro lado de la calle—… Antes de conocerlos a ustedes, una doctora me dijo que jamás podía ser madre. Que me olvidara de intentarlo y que sería mejor adoptar. Siempre tuve la ilusión de tener un bebé, de sentir sus movimientos dentro de mí. Conocí a Jörg en un bar en San Diego, él había venido por su trabajo y nos encontramos. Esa noche me invitó a salir y comenzamos una relación. Él me dijo que tenía una familia, pero que habían algunos problemas con tu madre. Luego de un tiempo me llevó a Alemania y los conocí. Ese día creí que por fin sería mamá.

»Sin embargo, aunque mi mente quería plantar en mí la idea de que yo podría ser una perfecta madre para ustedes, sabía que eso no iba a ser real, ustedes tenían una madre y no era yo. Cuando por fin tus papás se divorciaron, pensé que podría pelear por ustedes. Busqué ayuda y nada estaba a mi favor. Hasta hace unos años, cuando tú mismo me dijiste que Simone estaba un poco más grave. Hoy estás aquí, haciéndome sentir como una madre vieja que no puede dar mucho ya, me haces sentir inservible y a la vez, siento mucha vergüenza por lo que hiciste con Tom. Es lógico que tu madre quiera hacerme sentir peor, por todo lo que intenté hacer mientras tenía salud. Deberías irte, no quisiera saber que además de hacerle tanto daño a tu madre, también sé lo que ustedes hicieron y no hacer nada al respecto.

—No quiero irme, Madeleine. No tengo a donde ir.

—¿Qué tal si vas donde ese chico? De todas formas, duermes las noches enteras con él, ¿no?

Bill subió hasta su habitación, sin dirigirle una palabra más y con la copia del testamento de su madre en la mano.

Durmió pensando en si debía volver y reclamar lo que su madre había dejado para él o ir con Luk, sabiendo que quizá, la oportunidad de enamorarse nuevamente, no se presentaría jamás.

Continúa…

por Xim_Alien

Escritora del Fandom

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