
«In Sex To» Fic de Xim_Alien
Capítulo 9
Bill salió de la casa de Madeleine sin saber exactamente a dónde iba a ir. Estuvo a punto de ir al aeropuerto, tenía un pie en esa dirección y el otro, apuntaba hacia la calle que le llevaba a casa de Luk. No conocía otra dirección, más que a la universidad y a casa de Dimitri. Sin embargo, sabía que esta última no podía ser una opción, pues aunque Dimitri le haya ofrecido su ayuda a cambio de nada, no podía ir sin pensar en alterar su vida de casado, Dimitri tenía derecho a una vida tranquila y no sería él quien se la quitara.
Sin reconocer sus pasos, llegó a una casa en específico. Tocó el timbre y en seguida, salió un hombre con una toalla en la cintura.
—Creí que te había dejado en tu casa.
—Ya no es mía. ¿Puedo quedarme?
—Claro. Pero Bill, espera.
Luk adelantó el paso y entró antes de que Bill pudiera hacer lo mismo. Este comenzó a tomar cosas de la sala, de la cocina y de los otros rincones de la casa. Subió rápidamente las escaleras y en seguida, bajó un chico de unos veinte años por máximo, sin camisa y sin pantalones, sólo con su bóxer.
—Oye, no tienes que irte —habló Bill al chico, pero Luk apareció nuevamente.
—Tiene que irse. Lo siento, Bill.
—No, no lo hagas. No somos nada. Necesito unos días y me iré. Nada más.
—De acuerdo. Puedes dormir arriba o aquí, como tú quieras.
—Déjame aquí, no quiero molestarte y mucho menos, mover tus planes o tus muebles.
—Cómo quieras. Ah, si quieres hacer algo, sube y lo haremos.
—Gracias, lo tomaré en cuenta.
Luk subió las escaleras dejando a Bill en la sala otra vez. Este se sentó en el sillón y Luk volvió segundos después, con las manos llenas de mantas. Las ofreció a Bill y este pudo taparse del frío que entraba por alguna parte de la casa.
—Gracias —dijo Bill—. Ya puedes ir a dormir.
—¿Sabes? Apareces tú en mi línea de visión y de repente la sangre me hierve. Me excitas mucho.
—No lo haré, acabas de hacerlo con ese chico.
—Dijiste que no importaba.
—No, es decir, no tenemos una relación como para pedirte explicaciones de por qué no tenía ropa, pero tampoco estoy aquí para que me ocupes como un juguete sexual.
—De hecho, Bill… Sí lo eres. Aceptaste venir a mí en el momento que te fuera indicado, aceptaste el trato, ahora cúmplelo.
Luk lo tomó por la cintura, lo arrojó con un golpe suave al sofá, ahí le desprendió los pantalones únicamente en hizo a un lado su ropa interior, era todo lo que necesitaba para poder penetrarlo las veces que quisiera. Al menos hasta que llegara su orgasmo.
—Hasta mañana.
Bill permaneció en el sofá, desnudo de la cintura para abajo y no pudo hacer más, no tenía fuerzas en su cuerpo y fue la primera vez, en la que quiso nunca irse de Alemania. En lo que venía el sueño, imaginó lo que hubese podido hacer para quedarse en su ciudad natal. Hubiera peleado por Tom, hubiera peleado por no sentir vergüenza a pesar de saber que lo que sentía estaba mal, hubiera luchado contra todo el mundo porque lo que sentía era bueno, hubiera peleado contra Lea, contra sus miedos, en contra de la memoria de su madre, en contra de lo semejante que era su sangre con la de Tom, hubiera peleado.
Hubiera peleado.
Años después.
Cansado por pintar la pared de la sala de su apartamento, sentado en el sofá de segunda que pudo comprar, observó el cielo a través de una gran ventana. No pudo sumirse por más tiempo porque en la puerta, al otro lado, había alguien que le llamaba insistente. Bill se acercó a la puerta y dejó sobre una mesita, su botella de cerveza. Al abrir la puerta se dio cuenta de que era el portero del edificio, un muchacho de 28 años más ó menos.
—Hola —saludó—, acaba de llegar un paquete para ti.
Bill lo recibió y rápidamente identificó la estampilla de Alemania.
—Gracias.
Era un sobre de veinte por quince. Ahí mismo junto a la puerta lo abrió, sacó del sobre una carta y una caja muy plana. El sobre de la carta contenía una hoja tamaño carta, con la caligrafía perfecta de Tom aunque un poco apretada, haciéndola difícil de leer.
«Hola, Bill.
Espero que estés bien porque yo no, estoy muy seguro de que quieres saber acerca de mi vida hasta ahora. Te lo diré aunque trates de mentir diciéndote que no te interesa, que no quieres saberlo.
Me he divorciado de Lea, hace un año exactamente, Georg tenía razón después de todo, no iba a funcionar, al menos no por mucho tiempo, aunque creo que hice ganar a Gustav en una apuesta que ellos dos hicieron. Charlotte, así se llama tu sobrina, claro, si la quieres ver como tal, entendería si no. Es muy bella, se parece a Lea pero tiene mis ojos, nuestros ojos y nuestras orejas. ¿Recuerdas que mamá mandó a perforarte una oreja? Por cierto, tenemos que hablar. Mamá ha muerto y quisiera que vengas, no quiero estar solo y aunque trates de convencerte de no querer venir, sé que lo deseas, al menos no por nosotros, por ella.
Volviendo al tema de Charlotte, quisiera que la conozcas, quisiera que ella pudiera conocerte a ti. Eres mi hermano gemelo después de todo y no quisiera que, ya sabes, sigamos estando separados. Además, Charlotte comienza a notar cosas, ya ha visto fotos tuyas y me pregunta si eres su tío, no sé qué responderle porque sé que vas a regresar en cualquier momento y, sabemos lo que va a pasar, porque quiero que pase, ¿quieres que pase?
Debo decirte que te extraño, quisiera saber que eres feliz con alguien porque así debería ser, desearte lo mejor y continuar, pero sería hipócrita si te lo dijera, no quiero que te vaya bien porque eso significaría que no volverás, no quiero que te quedes un segundo más allá, no sé si sigues estando con ese Travis, no sé si sigas trabajando en ese bar, tampoco sé si sigas estudiando como me lo dijo ese barista hace tiempo. Pero no quiero que te vaya bien, no quiero saber que alguien trata de hacerte feliz porque ese alguien debo ser yo. Aún siento cosas y me muero al despertar porque entonces compruebo que todo ha sido un maldito sueño.
Quiero que vengas, quiero que nos veamos y comenzar de nuevo lo que una vez nos atrevimos a comenzar, quiero terminar esto hasta que no podamos más, quiero y te necesito. Nunca me imaginé que dolería tanto, pero cada día duele más y, en nuestro cumpleaños es insoportable.
Te pido lo pienses, te pido que consideres estar conmigo otra vez, te ruego lo pienses y te ruego lo aceptes. Se ha ido nuestra madre y no la has visto a pesar de que te lo pedí muchas veces, se fue y no he podido dejar de pensar en qué sería de mí si no estás conmigo en mi lecho de muerte. Me iría arrepentido. Arrepentido de no detenerte, por dejar que te fueras, por dejar que hicieras lo que hiciste y no retenerte conmigo. Me arrepentiría porque te amo.
Hablando de amor, ¿sabías que Georg y Gustav están felices juntos? Son pareja desde que te fuiste. Gustav quiere un bebé pero Georg dice que están bien por ahora, adoptaron un perrito de la calle y lo están cuidando. Al parecer lo hacen bien porque el perrito sigue vivo.
Bueno, hoy viene Charlotte, cada fin de semana viene y la tengo conmigo hasta el domingo en la noche. Tengo que ir por ella a la escuela y listo.
En la cajita hay algunas fotos mias con Charlotte, otras de gusta con Georg y el perrito, otra de la casa en remodelación y otra de tú y yo cuando éramos pequeños, esa es para que veas lo mucho que Charlotte se parece.
Cuídate por favor, Bill.
Te ha amado siempre, Tom».
Bill abrió la cajita después de leer la carta, tomó las fotos y hasta ese momento, necesitó de su sofá de segunda mano.
Cada foto le hacía sentir un escalofrío en la espina. Cuando llegó a la foto de Charlotte, donde tenía el cabello recogido y el lente de la cámara enfocaba su oreja derecha, instantáneamente, Bill tocó su oreja, la misma que estaba perforada. Luego de eso tuvo que dejar a un lado las fotos y la carta.
Todo era una especie de lluvia ácida que quemaba una parte de su memoria. De su pasado.
La puerta se abrió y por ella, entró Luk, hasta ese momento recordó un nombre en la carta. Travis, si no era un error, con el único chico que habló Tom esa vez fue con Dimitri.
—Hola, amorcito —saludó Luk, como siempre lo hacía. Bajó sus pantalones y se quitó la camisa—. Estaba pensando en que podríamos hacer algo nuevo.
—¿Vendrás cada fin de semana. Buscarme por sexo?
—Pues sí —respondió Luk haciéndolo obvio.
—No, ya no. Sé que lo dije muy seguro hace tiempo pero ya no. Lo siento.
—Prometiste algo, Bill.
—Lo sé, pero no firmé nada. Además, Travis, si es que así te llamas en realidad, el otro día olvidaste tu anillo de matrimonio. Digo, por si lo quieres seguir usando para mentirle a alguien. Has lo que quieras con el apartamento, es tuyo al fin de cuentas.
—¿Regresas con él?
—Sí, debí hacerlo hace mucho.
Continúa…