In the dark

In the dark

Notas: Regresé al fandom luego de años de abandono. Dedicado a Julie Kaulitz.

«In the dark» Fic de Acuario25

Capítulo 1

Para Budapest, la guerra no era ninguna desconocida. A lo largo de los prolongados y sanguinarios siglos, la capital de Hungría había sido escenario de batalla y objeto de conquista para una serie de invasores: hunos, godos, magiares, turcos, habsburgos, nazis y Soviéticos. Antes de reclamar por fin su independencia en la última década del siglo XX. Pero todos estos conflictos, meramente Humanos, eran pasajeros en comparación con la guerra secreta y Eterna que se estaba librando en las calles y callejones iluminados por La luz de la luna de la ancestral ciudad.

Una guerra que tal vez, por fin, estuviera llegando a su conclusión.

Una fuerte lluvia azotaba los tejados mientras el viento del otoño arrastraba en su aullido un atisbo del mordisco del invierno. Había una grotesca gárgola de piedra, negra como el petróleo y empapada de lluvia, sentada sobre la ruinosa cornisa del antiguo Palacio Klotid, un imponente edificio de apartamentos de cinco pisos decorado y elaboradamente al estilo barroco español. El edificio, que contaba ya con un siglo de antigüedad y cuyo primer piso albergaba en la actualidad una galería de arte, un café y varias boutiques elegantes, dominaba la Plaza Ferenciek, un bullicioso centro de tráfico rodado y pedestre cerca del corazón de Pest. Los autobuses, coches y taxis, los pocos que se atrevían a salir bajo la torrencial tormenta, pasaban a toda velocidad por las calles pavimentadas de adoquines.

Otra figura se acurrucaba detrás de la gárgola petrificada, casi tan silenciosa y petrificada como ella: un atractivo chico, ataviada de brillante cuero negro, con una larga cabellera mas negra que la noche misma y piel de alabastro. Ajeno a la tormenta y a su precaria posición en lo alto de la estrecha cornisa, contemplaba la calle con aire sombrío. Mientras sus fascinantes ojos castaños se clavaban en las abarrotadas calles que tenía debajo, sus sombríos pensamientos pasaban revista a los siglos de guerra sin tregua.

—¿De veras es posible, —pensaba Bill —que la guerra esté a punto de terminar? —Su elegante rostro, tan pálido y hermoso como la diosa de la luna a la que le debía el nombre, era una máscara de concentración y sangre fría que no relevaba el menor rastro de las inquietudes que la preocupaban.

Si lo que la información que le pasaron la noche anterior obtenida a un alto preció por los agentes infiltrados era verdad, los licanos estaban dispersados, desorganizados y su numero iba en descenso a cada día que pasaba.

Tras incontables generaciones de combate brutal, parecía que por fin las odiosas bestias se habían convertido en una especia de en peligro de extinción, un pensamiento que llenaba a Bill de contradictorios:

Por un lado, estaba impaciente por terminar de asesinar a los Hobre-Bestia de una vez y para siempre.

Después de todo para eso había vivido todos esos años. El mundo seria un lugar mejor cuando los huesos de la última bestia estuvieran blanqueándose al sol. Y a pesar de eso…

Bill no podía evitar sentir una sensación de aprecian al pensar en que al fin su larga cruzada para alguien como él, el fin de los lobos significara el cierre de una era. Pronto como las armas desechadas de siglos `pasados…igualmente él seria obsoleto.

—Una pena, —pensó mientras seguía el pulido contorno de sus colmillos. Buscar y matar lobos había sido su única fuente de satisfacción durante décadas y…al parecer pronto dejaría de disfrutar— ¿Qué are cuando la guerra termine? No puedo vivir sin un propósito? que soy yo salvo un ejecutor de bestias?—Su celular sonó por milésima vez enfureciéndolo. — ¿Es que no tiene nada mejor que hacer que acosarme? —Observo su celular y por un momento el impulso de aventar su teléfono y hacerlo trisas le resultaba muy tentador. —Aun si lo hiciera mandaría a buscarme. —tomo su celular y se dispuso a atender.

—¡¿Dónde te encuentras?! —La voz de Tom Kaulitz sonaba furiosa y autoritaria.

—Regresare ahora. —Contesto con voz neutra mientras colgaba. La furia de quien se hacia llamar a si mismo (su dueño) no le interesaba en lo mas mínimo.

—Disfrutas hacerlo cabrear, ¿no es cierto? —A su espalda se encontraba Jared , un chico de ojos azules , cabello rubio, pálido y de buen cuerpo, vestido con ropa similar a la suya.

—Tan rápido me encontró la niñera a cargo. —pensó con ironía.

—Tiene a todos buscándote.

—Supongo que no me dejaras faltar , o al menos no verlo en dicho evento.

—Supones bien. —sonrió.

&

La mansión, conocida durante mucho tiempo como Ordoghaz(«Casa del Diablo»), un gran edificio gótico que databa de los tiempos en que los señores feudales regían Hungría con puño de hierro, se erguía amenazante frente a ella. Sobre sus colosales muros de piedra se alzaban afiladas agujas y almenas y su suntuosa fachada estaba adornada con arcos de medio punto y majestuosas columnas. El tenue brillo de las velas podía verse al otro lado de las estrechas y lancetadas ventanas, lo que sugería que las actividades nocturnas de Ordoghaz seguían todavía en plena ebullición. Una fuente circular, situada al otro lado del paseo desde la amplia arcada de la puerta, lanzaba un chorro de agua espumosa y blanca al frío aire de la noche.

—Hogar, dulce hogar, — pensó Bill sin demasiado entusiasmo.

Luego de que Jared aparcara junto a la entrada principal, el moreno subió a toda prisa los escalones de mármol y cruzó las pesadas puertas de roble. Unos criados vampiros que esperaban junto a la puerta se ofrecieron a hacerse cargo de su gabardina pero Bll los apartó sin contemplaciones, lo único que deseaba era no tener que toparse con Tom.

El vestíbulo era tan impresionante como el exterior de la mansión.

Tapices y óleos de incalculable valor colgaban de las lustrosas aredes forradas de roble. Los mosaicos de mármol cubrían el suelo hasta el pie de una majestuosa escalera imperial que ascendía a los pisos superiores de Ordoghaz. Una inmensa lámpara de cristal resplandecía sobre el regio salón y dio la bienvenida a Bill al llegar de la noche.

Tras apartar un tapiz colgante, entró a paso vivo en el gran salón, que estaba decorado con sumo gusto en suaves tonos rojos y negros y un rico marrón nogal. Había candelabros ligeros colgados den las paredes y del techo y su brillo iluminaba una alfombra de lana de color rosa con un diseño floral. Sobre las antiguas mesas de caoba y bajo las molduras de elaborada talla que corrían a lo largo de los bordes del techo descansaban lámparas ornamentales con pantallas opacas de color negro. Las ventanas estaban cubiertas por gruesas cortinas de terciopelo de un color borgoña muy intenso que mantenía a raya a cualquier ojos que hubiesen logrado atravesar la cancela y pretendiesen espiar desde el exterior de la casa.

Una bandada de elegantes vampiros perdía el tiempo en estos lujosos escenarios, tendidos con aire indolente sobre divanes forrados de terciopelo, cuchicheando en los rincones o intercambiando risillas y chismes. El trino de las agudas carcajadas se mezclaba con el suave tintineo de las copas de cristal llenas de tentador líquido carmesí. Por entre las sonrisas hastiadas de elegantes vampiros y vampiresas,ataviados con los últimos diseños de Armani y Chanel, asomaban colmillos tan blancos como perlas.

El rostro de Bill se endureció. No tenía demasiada paciencia para quienes eran como aquellos. Aunque sin duda vampiros, aquellos presuntuosos no eran Ejecutores, sino meros diletantes y libertinos no muertos, más interesados en sus propios placeres epicúreos que en la interminable batalla contra los odiados licántropos.

—¿Es que no saben que hay una guerra?, —se preguntó, puede que por millonésima vez. —apretó sus manos e ignoro a todos, solo quería llegar a su habitación sin ser molestado.

—S.r Bill , el amo pidió que lo fuera a ver tan pronto llegara.

—Por mi que se pudra en el infierno—su voz denotaba ira, odiaba a Tom , solo a ese inmaduro se le podía ocurrir dar una fiesta en esos momentos.

—Pero…

—No molestes. —dijo apenas audible mientras caminaba por la decadente atmósfera hedía a perfume caro y plasma humeante pero, a pesar de los numerosos cuerpos que llenaban el salón, la temperatura seguía siendo agradablemente fresca. Los vampiros eran criaturas frías por naturaleza.

Su repentina aparición no llamó demasiado la atención. Unas pocas cabezas curiosas se volvieron hacia él y examinaron al empapado Ejecutor con ojos aburridos y carentes de todo interés antes de continuar con entretenimientos más sugerentes. Apenas causó una onda en el flujo de cuchicheos sofisticados y réplicas ingeniosas que recorría de un lado a otro la lujosa cámara.

—No importa, — pensó Bill, —con suerte serán devorados por los hombre-bestia muy pronto.

&

No por vez primera, Tom, él rey momentáneo (Solo hasta que su padre Gordón despertara en el próximo siglo que le faltaba) dio gracias a los dioses oscuros por el hecho de que, al contrario de lo que aseguraban el mito y el folclore, los vampiros fueran perfectamente capaces de admirar su imagen en los espejos.

Estaba posando con el pecho desnudo frente al espejo triple de v su suntuosa suite privada, que antaño había pertenecido al propio Gordón (Su padre). El vestidor tenía el tamaño de un pequeño apartamento y estaba lujosamente decorado con elementos elegantes de calidad y diseño superlativos. Un armario de proporciones colosales contenía el considerable guardarropa del regente, mientras que una intrincada alfombra persa protegía la fina pedicura de sus pies. Una lámpara de Tiffany hecha a medida brillaba sobre su cabeza ofreciéndole la luz que necesitaba para admirarse a sí mismo.

El espejo de cuerpo entero ofrecía tres visiones igualmenEl espejo de cuerpo entero ofrecía tres visiones igualmente Sobre cogedoras del cuerpo de Adonis del señor de los vampiros. Una melena de bucles ensortijados que crecían hasta los hombros le proporcionaba el aire romántico de un Heathcliff o un Byron mientras que su pecho y bíceps de proporciones perfectas resultaban impresionante hasta un vampiro. Unos cafés y penetrantes ojos, complacidos por lo que estaban viendo, le devolvían la mirada desde el espejo central. Sólo el tono rosado de la piel, más claro de lo que era normal en un vampiro, sugería los siglos de indulgencia que se había concedido.

—No está mal para setecientos y pico, — se dijo con admiración.

Dos atractivas vampiresas, ni siquiera con una vida a sus espaldas cada una de ellas y por consiguiente menos para él que criadas y tan hechizadas aparentemente por su perfección física y aparente masculinidad como él mismo, lo atendían con toda diligencia.

Arrodilladas a su lado, lo ayudaron a ponerse unos pantalones de seda hechos a medida. Primero un pie y luego el otro, sus fríos y ansiosos dedos trazaron los contornos hinchados de su esculpida musculatura mientras se los subían hasta las piernas y a continuación procedían lentamente a abrocharle los botones desde arriba, centímetro a centímetro. Tras intercambiar una mirada de soslayo, se echaron a reír como colegialas perversas. A Tom le complacía la adoración de las criadas.

—Que se diviertan, — pensó con magnanimidad. ¿Por qué no iban a sentirse privilegiadas de poder poner las manos sobre el amo y señor de la mansión? ¿Acaso no era el vampiro más importante de todo el continente?

Las puertas de sus aposentos se abrieron de par en par y lo sacaron a la fuerza de sus dichosas ensoñaciones. Se volvió y vio a su hermano, él menos privilegiado Jared , irrumpiendo en la privacidad de sus habitaciones.

—Lo he traído de regreso, pero esta sumamente furioso. En estos momentos a pedido que nadie lo moleste, al parecer revisara los datos de la misión que tenemos que cumplir mañana en la noche.

—¿Le dijiste que quería verlo?

—Si y como siempre dijo que fueras al demonio. —Tom apretó los puños molesto. Estaba arto de la indeferencia de SU Bill. — De no ser por que lo elegido para gobernar a mi lado eternamente, si no lo amara tanto ya lo hubiese asesinado, —pensó con amargura.

—Yo nunca me atrevería a tratares así— dijo con voz seductora, mientras le acariciaba el brazo con un dedo, una invitación obvia a cualquier cosa que él pudiera desear.

Tom volvió la mirada hacia la rastrera vampiresa. De hecho, había olvidado por completo la presencia de sus dos sirvientes, pero ahora miró con más atención a la solícita doncella que tenía a su lado. Era una criatura esbelta y pelirroja , de ojos verdes y una figura de sílfide que apenas cubría su vestido negro de lentejuelas y sus largos guantes del mismo color. Una gargantilla de encaje de color negro rodeaba su cuello y ofrecía una velada imagen de la yugular.

—¿Cómo se llamaba…?, — pensó Tom ausente. Recordaba vagamente haberla iniciado en una discoteca de Piccadilly, menos de Treinta años atrás. — Ah, sí… Ria.

La muchacha apretó su delicado cuerpo contra el suyo, deleitada por su mera atención. Sus ojos adoradores prometían devoción y obediencia absolutas, en cuerpo y alma.

—Por supuesto que no lo harías —le informó con voz seca. Su tono desdeñoso golpeó a la enamorada vampiresa como un bofetón en plena cara. —¡Pensar que tiene la audacia de ofrecerme la obediencia ciega que ya me pertenece por derecho! Su orgullo herido extrajo cierto consuelo de la expresión aplastada y escarmentada del rostro de la necia zorra. —Al menos hay alguien a quien puedo poner en su lugar, — pensó amargamente. Se quitó de encima el brazo de la muchacha con frialdad. —Y ahora corre y asegúrate de que MI futuro esposo , Bill este Convenientemente vestido y preparado para la llegada de nuestros importantes invitados, ve con Andrej y dile que se asegure que Mi Bill se ponga el traje cuidadosamente seleccionado para el. Chantelle tu ve a la cocina.

Ría se alejó mansamente, mientras se le atragantaba un sollozo descorazonado. Tom la observó mientras bajaba sumisamente las escaleras en compañía de su menos presuntuosa hermana en la servidumbre.

—Ojalá Bill pudiera ser tan sumiso, — fantaseó. — En todos los sentidos.

&

Ría se encontraba caminando a un lado de Andrej peig , un rubio andrógeno , anteriormente modelo, que Tom inicio en la inmortalidad hace 27 años con la esperanza de darle celos a Bill.

—¿Cómo a podido Tom tratarme de esa manera?, —pensaba amargada, —No sabe que yo aria cualquier cosa por él? —Apretó sus manos fuerte mente— ¡Pero a él, solo le importa ese monstruo sin corazón, Bill!

&

El cuarto que Bill tenía en la mansión era casi tan espartano. Aunque la elevada posición que ocupaba en el aquelarre la hacía acreedora a una suite completa, con un balcón que daba al jardín delantero, el mobiliario era más bien escaso. Una mesa de acero de aspecto moderno le proporcionaba un sitio para trabajar, mientras que un diván ricamente tapizado le permitía descansar la cabeza cuando decidía hacer una parada. El retrato de una familia humana, formada por un padre, una madre, dos hijos y un par de gemelas, ocupaba un lugar de honor en la mesa. La foto enmarcada servía como recuerdo y como inspiración, y recordaba a Bill por qué odiaba a los hombres-lobo.

Como si le fuera posible olvidarlo. La luz de la luna entraba en su cuarto por la ventana del balcón y proyectaba pálidas sombra azules sobre la severa alfombra blanca que cubría el suelo. La persistente lluvia golpeteaba contra los cristales de la ventana.

Bill se encontraba sentado el balcón de su ventana observando a la nada. El pensamiento de que pronto su existencia seria un estorbo para Gordón, aquel al que le debía su renacer…lo lastimaba.

—Mirando a la nada, he, ¿Trumper? —escucho la molesta voz de los sirvientes.

—No tenía idea de que los sirvientes de más bajo nivel pudiesen entrar sin permiso en mi habitación. –dijo molesto mientras les apuntaba en la cabeza con su arma.

—Lord Tom nos a mandado a ayudarte a vestir. –hablo Ria tratando de ocultar su miedo.

—-Díganle que se olvide de mi presencia en ese lugar.

—Gordon hubiese querido que fueras, él siempre dice que eres como un hijo, su mayor orgullo después de Tom. –Hablo con recelo el rubio.

—Además…Tu siempre estas diciendo que Tom es un idiota, —pronuncio con cierta molestia la pelirroja. –que Jared es quien debe estar al mando.

—¿Qué con eso? –se volvió para mirarlos.

—Sabes quién tendremos de invitados, –El ejecutor negó con desinterés. – La familia evanescence y a lady Amy lee—Bill abrió los ojos sorprendido y una sonrisa burlona apareció. Amy lee era una vampiresa muy importante y una mas de sus acosadoras , pero esta era diferente. Tom no podría asesinarla como al resto que se le había declarado en el pasado.

—Asistiré—.sonrió mientras entraba a su habitación para darse un baño.

&

El rubio vampiro se acerco al espejo de marco de un cromo que colgaba de una severa pared blanca. Poso delante del espejo, sosteniendo un elegante traje negro delante de su cuerpo.

—Ooooh, si—Dijo con tono adolescente—Definitivamente tienes que ponerte este. Es perfecto—dio una elegante vuelta. –Quizás demasiado perfecto—añadió entre dientes celoso.

—En alguien como Tu, si, en alguien como mi Bill, créeme que él opaca la perfección de ese traje o de cualquier otra cosa.

—No soy tu Bill, —hablo molesto olvidándose de que solo se encontraba en una toalla.

—-Largo de aquí plebeyos—. Ordeno. —Quisiera hablar con Bill a solas.

Continúa…

Gracias por leer.

por Acuario25

Escritora del Fandom

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