Incomplete 1

Incomplete 1

Fic TOLL de lyra

Capítulo 1

Tras casi dos horas de viaje en moto desde Leipzig y con el rugido del motor aún resonando en sus oídos Tom Trümper llegaba al final a su destino.

O eso creía, siempre quiso vivir en una ciudad como Berlín con elegantes edificios y rascacielos, nada comparado con las pequeñas casas familiares de Leipzig. Pero se hallaba en un camping ubicado en la costa norte del lago Krossinsee en Brandemburgo, no era precisamente lo que siempre había soñado pero tras gastar parte de sus escasos ahorros en el viaje no tenía más opción de alojamiento que ese camping.

Apagó el motor y se quitó el casco mientras echaba un vistazo a su alrededor. El lugar tenía su encanto, era un buen sitio en el que pasar una temporada si estabas de vacaciones y era paz y tranquilidad lo que buscabas.

Había un bosque de pinos rodeando la zona y por un camino de tierra se accedía al lago en el que había una pequeña playa con un embarcadero con lanchas y motos acuáticas para poder alquilar.

Y en sus orillas se alzaba el Club del Lago, uno de los locales más exclusivos de Brandemburgo al que solían acudir los hijos de las mejores familias a pasar el día sin nada más que hacer que tomar el sol, beber y echarse unas risas sintiéndose los amos del mundo con sus altivas miradas.

Y ahí era donde Tom había encontrado trabajo gracias a su amigo Andreas que además había sido muy generoso al ofrecerle alojamiento también en el mismo camping donde él llevaba viviendo cierto tiempo.

Había dejado su preciada moto bien aparcada ante el bungalow de madera donde vivía su amigo y que se iba a convertir en su nuevo hogar. No era muy grande pero no le importaba, estaba acostumbrado a vivir en sitios peores como habitaciones compartidas y colchones tirados en el suelo, y en esos momentos a él le parecía todo un castillo.

Tenía un pequeño porche rodeándolo y en el había una hamaca. Tom ya se imaginaba recostarse en ella al final del día viendo cómo el sol se fundía lentamente sobre el lago allá en el horizonte mientras fumaba y se tomaba una cerveza fría tratando de poner en orden sus pensamientos, de recopilar toda la información que podía sobre su hermano gemelo.

Porque ese era el verdadero motivo de su viaje.

No solo escapar de Leipzig.

No solo buscar trabajo.

Sino encontrar a alguien que, hasta hacía bien poco, ni siquiera sabía que existía.

— ¡Tom!

La voz de Andreas le sacó de sus pensamientos. Se volvió extrañado al verle salir de otro bungalow que tenía justo a su espalda, no pudiendo evitar echar una mirada para descubrir una chica tras su amigo que solo llevaba puesta una camiseta blanca de manga corta que le llegaba hasta los muslos. Llevaba el pelo revuelto, señal de que se acababa de levantar y no había que ser muy perspicaz para saber que debajo de esa camiseta no llevaba puesto nada más y que su amigo había pasado la noche con ella.

Se quedó quieto con la respiración agitada, observando en silencio mientras Andreas se volvía hacia la chica con una familiaridad que dolía para despedirse en condiciones de ella rodeando su cintura con una mano y atrayéndola hacia sus labios con la otra que llevó hasta su nuca. No fue un beso rápido de despedida, fue algo más profundo e íntimo que Tom se sintiera algo incómodo por estar a escasos metros sin poder apartar la mirada de su amigo.

Quería apartar la mirada, pero no podía. Algo en él se había removido, como si ese beso le recordara todo lo que había perdido o todo lo que no se había atrevido a desear.

Cuando Andreas se separó de ella, lo hizo con una sonrisa amplia casi triunfal. Le susurró algo en su oído que Tom no alcanzó a escuchar, y luego se giró para reunirse con él como si nada hubiera pasado.

Tom le vio bajar los escalones del porche que rodeaba también ese bungalow y echar a andar en su dirección esbozando una cálida sonrisa de bienvenida al tiempo que le tenía una mano que se apresuró a estrechar, pero segundos después ya le estaba dando un fuerte abrazo al que había sido su mejor y único amigo de la infancia.

— ¿He interrumpido algo?—preguntó Tom en voz baja.

Mientras abrazaba con fuerza a su amigo sintiendo el calor que su cuerpo despedía no pudo evitar mirar a la chica que los los observaba desde el umbral de su bungalow. Su expresión era difícil de comprender. No había celos, pero sí una especie de incomodidad contenida, como si hubiera presenciado algo que no terminaba de entender.

Tom seguía mirándola sin poder evitarlo hasta que vio que daba media vuelta y entraba en el bungalow desapareciendo tras la puerta que cerró con un golpe seco que resonó más fuerte de lo necesario como si quisiera dejar claro que no le estaba gustado lo que estaba viendo en esos momentos.

Algo que le había molestado.

Tom lo intuía, aunque no podía estar seguro de qué. Tal vez había visto en ese abrazo que él y Andreas aún se estaban dando algo más que afecto. Tal vez Andreas le había hablado de ese pasado que tenían en común, de lo que habían sido y de lo que, en cierto modo, aún seguían siendo.

Dos amantes esporádicos.

No eran pareja, nunca lo habían sido.

Pero tampoco eran solo amigos.

—En absoluto—contestó Anderas sacándole de sus pensamientos mientras al fin le soltaba—No veas cuánto te he echado de menos.

La voz de Andreas tenía un tono cálido, casi vulnerable. Y Tom lo sintió en el pecho, como una punzada suave que le recordaba que por mucho que intentaran dejar atrás lo que habían vivido, seguía ahí latente esperando.

—Vamos, que te enseño donde vas a vivir—dijo Andreas señalando su bungalow con una mano.

Le miraba con una sonrisa amplia casi forzada como si intentara suavizar el momento incómodo que acababan de compartir. Ambos abrazados fuertemente después de tanto tiempo sin verse ante los ojos de su novia, amante o lo que fuera esa chica.

—No sabes cuánto te agradezco lo que has hecho por mi—se apresuró a decir Tom con sinceridad.

—No es nada—murmuró Andreas volviéndose—Vamos, coge tus cosas.

Echaron a andar hacia el bungalow recogiendo por el camino las pocas pertenencias que Tom había llevado consigo. Su mochila desgastada y su vieja guitarra. Subieron los escalones que llevaban al porche y Andreas abrió la puerta entrando él primero dejando que Tom lo siguiera, como si aquel gesto marcara el inicio de algo que ambos sabían que no iba a ser nada fácil.

—No es muy grande como puedes comprobar—empezó a explicar Andreas suspirando—Solo lo uso para dormir, paso casi todo el tiempo en el club incluso como y ceno la mayoría de los días allí.

Tom recorrió el espacio con la mirada. El bungalow era modesto, pero acogedor. Había algo en el desorden ordenado de Andreas que le resultaba familiar, casi reconfortante.

— ¿Y qué tal es el ambiente?—preguntó Tom con mucho interés, aunque en el fondo temía su respuesta.

—Bueno, ya lo verás esta tarde—contestó Andreas carraspeando—Como ya te dije por teléfono suele estar lleno de niños pijos que te miran por encima del hombro como si les tuviéramos que agradecer que se gasten la fortuna de sus padres en alcohol y demás caprichos.

Tom le escuchaba arrugando la frente, no estaba en condiciones de aguantar a ningún mocoso malcriado y arrogante de sonrisa fácil y mirada vacía. No después del viaje, no con la cabeza llena de preguntas sobre un hermano que no conocía, y menos aún con el corazón revuelto por el reencuentro con Andreas.

—Pero tú pasa de ellos—continuó Andreas con un tono despreocupado—Sé educado, atiéndelos con tu mejor sonrisa y podrás ganarte generosas propinas. Venga, que te enseño donde vas a dormir.

Tom no tuvo que caminar mucho, en mitad del pequeño salón justo frente a la ventana había un sofá cama destinado para él.

—Lo siento, el bungalow solo tiene un dormitorio—se disculpó Andreas.

—Me apañaré con el sofá, no te preocupes—dijo Tom con firmeza.

—A tu derecha está la cocina—señaló Andreas, una estancia separada del salón por una barra americana—Por el pasillo se va a mi habitación y al baño. Puedes dejar tu ropa en mi armario, te he hecho hueco y vaciado un par de cajones.

Tom asintió con la cabeza, tampoco es que tuviera mucha ropa que guardar. Y Andreas lo sabía.

—Si necesitas algo puedes coger lo que sea—dijo Andreas al momento—Suerte que tenemos la misma talla aunque cada uno tenga su estilo y no sé si mis camisetas estrechas serán de tu gusto.

Tom sonrió al escucharle, era verdad que no podían ser más diferentes. Andreas era rubio y llevaba el pelo cortado al milímetro, vestía ropa adecuada a su talla y le gustaba ir muy arreglado incluso alguna vez se había hasta maquillado.

En cambio Tom era todo lo contrario, moreno de pelo largo recogido en una cola baja medio deshecha por el viaje y con una barba de varios días. Le gustaba vestir ropas anchas, un par de tallas más grandes que la suya.

—Aún me acuerdo de cuando te dio por hacerte las rastas—dijo de repente Andreas sonriendo— ¿Cuántos años tenías? Creo que 12 y te gustaba vestir ropa que te quedaba enorme junto con tu inseparable gorra que no te quitabas ni para dormir…

—Y tú ibas siempre de negro —recordó Tom devolviéndole la sonrisa—Te maquillabas, te pintabas las uñas… Parecías sacado de una película gótica.

—Aún lo sigo haciendo cuando tengo tiempo—dijo Andreas suspirando—Suerte que David no es tan estricto.

David Jost, encargado del Club del Lago y jefe de Andreas. Y desde esa tarde también de Tom.

Pero en ese momento, más que pensar en el trabajo, lo que Tom sentía era una extraña mezcla de nostalgia y cercanía. Como si, a pesar de los años y las diferencias, Andreas siguiera siendo ese chico que lo entendía sin necesidad de explicaciones.

—Hablando de David…será mejor que aproveches el tiempo antes de ir a trabajar—dijo Andreas consultando la hora en su móvil—Debes estar agotado del viaje y David te espera a primera hora de la tarde.

—Me gustaría darme una ducha y luego dormir un poco—murmuró Tom.

—Claro, estás en tu casa—dijo Andreas sonriendo—Tienes toallas limpias en el armario del baño y te he dejado sábanas y una manta sobre el sofá. Si tienes hambre la nevera está llena, no te cortes y coge lo que quieras. Yo tengo que irme a trabajar ya, David me dio permiso para llegar más tarde y poder así recibirte. Tú descansa y a las 3 te veo en el club. Búscame, te presentaré a David.

Tom asintió con la cabeza y acompañó a su amigo hasta la puerta. Le hubiera gustado seguir recordando viejos tiempos con Andreas, pero su amigo parecía tener de repente mucha prisa. No había más que ver cómo se movía con cierto nerviosismo, la rapidez con la que cogió su chaqueta y se la puso desviando la mirada como si quiera evitarle.

Tom sabía que lo hacía no solo para ser puntal en el trabajo, lo hacía para protegerse. Porque revivir el pasado, aunque fuera bonito, también dolía.

Y Andreas lo sabía.

—Tom, por cierto —dijo Andreas, deteniéndose justo antes de salir—Que bueno… sabes que si necesitas hablar de lo que sea… se me da bien escuchar.

—Lo sé Andreas y te lo agradezco mucho—murmuró Tom suspirando—Pero la verdad es que ahora mismo no me apetece hablar del tema.

No quería sonar brusco.

Solo estaba agotado y emocionalmente desbordado.

Por suerte Andreas lo entendía, tenía que haber sido muy duro descubrir que llevaba toda la vida pensando que se había quedado solo en el mundo tras la muerte de su madre y resultaba que no era así.

Tenía un hermano gemelo del que no sabía absolutamente nada y al que quería encontrar aunque no sabía a quien preguntar ni por donde empezar.

Andreas no insistió. Solo asintió con suavidad, y bajó la mirada suspirando él también.

—Perdona, no quiero ser grosero contigo—se disculpó Tom al momento.

—Te entiendo, solo quería que supieras que siempre me tendrás a tu lado para lo que necesites—dijo con firmeza Andreas.

Tom asintió con la cabeza, eso lo sabía desde siempre. Andreas era la única persona en la que podía confiar y sabía que jamás le iba a traicionar. Lo podía ver en sus ojos, los mismos que en esos momentos le estaban mirando fijamente de una manera que Tom sintió que se removía algo en él.

Algo que no era nuevo, pero que había estado dormido.

Y entonces, sin pensarlo demasiado, Tom dio dos pasos acortando la distancia que los separaba para estrecharle con fuerza entre sus brazos y se apoderarse de sus labios suspirando. Ese beso no era solo físico, era memoria y necesidad, todo lo que no se habían dicho en un año de distancia.

Andreas cerró los ojos y respondió al beso poniendo todo su sentimiento mientras que ambos se sumergían en unos recuerdos que les transportaron a una época en la que eran más jóvenes y alocados, en la que empezaban a experimentar con el sexo.

Tom tendría unos 15 años y empezaba a salir con chicas perdiendo a esa tierna edad su virginidad. A pesar de la diferencia de edad solía salir de fiesta con Andreas y fue él quien le enseño a beber y a fumar. Incluso a besar, hasta que se dieron cuenta que entre ellos había algo más que una bonita amistad y decidieron probar.

Se habían acostado juntos unas cuantas veces comprobando que podían hacerlo sin llegar a sentir nada más profundo entre ellos. O al menos eso creían. Dejaron de ser amigos para pasar a ser amantes esporádicos que se buscaban cuando alguno de los dos sentía una gran necesidad.

Como en esos momentos, tras casi un año separados ambos se sentían necesitados y celebraron su encuentro con un profundo beso cargado de recuerdos y deseo que solo fue interrumpido cuando sintieron la necesidad de recuperar el aliento.

Se separaron con esfuerzo y se quedaron mirando fijamente a los ojos jadeando contra los labios de su contrario. No hacía falta decir nada, ambos sabían lo que ese beso significaba.

Y también que no podían permitirse que pasara de nuevo porque la herida aún no había cicatrizado, y ambos tenían miedo de volver a sentir demasiado.

Tom bajó la mirada por un instante, como si se estuviera arrepintiendo de lo que acababa de ocurrir. Andreas lo vio claramente en su gesto pero no dijo nada. Solo respiró hondo, como si intentara guardar ese momento en algún rincón seguro de su memoria.

—No hace falta que duermas en el sofá, podemos compartir mi cama—susurró Andreas con los ojos velados.

Tom negó con la cabeza soltando un suspiro largo mientras se soltaba lentamente del abrazo.

—Perdóname, no he podido controlarme—se disculpó carraspeando—Quizás lo mejor es que me busque otro alojamiento.

Andreas lo miró en silencio por un segundo, como si sus ojos intentaran alcanzar algo que las palabras no podían. Luego sonrió, con esa mezcla de humor y resignación que usaba cuando no quería mostrar que algo le dolía.

—Solo te lo decía porque el sofá es muy incómodo—trató de bromear Andreas.

Tom logró sonreír, había sido un momento algo tenso entre los dos pero ya se estaba pasando y volvían a ser los viejos amigos de antes.

—Y mi cama es lo suficientemente grande para los dos—siguió con la broma Andreas—Si cambias de opinión, ya sabes. Siempre serás bienvenido en mi cama.

Su tono era de broma, pero no del todo. Había algo en la manera en la que le miraba, como si le estuviera suplicando una nueva oportunidad pero no le salieran las palabras.

Y Tom lo podía ver en sus ojos.

— ¿Y qué hay de esa chica?—preguntó Tom sin poderse contener.

Porque después de ese maravilloso beso que habían compartido, tenía que aceptar que su amigo besaba mejor que nadie y le había nublado el juicio por un momento, volvía a pensar con claridad y recordaba verle salir del bungalow de al lado donde habría pasado la noche con esa chica que había visto en la puerta y la mirada que les había dirigido antes de dar un portazo.

— ¿Melissa? Es sólo una compañera de trabajo—explicó Andreas por encima—Nos enrollamos de vez en cuando pero no hay nada entre los dos. Como tú y yo…

Tom asintió con la cabeza, aunque en el fondo sabía que su amigo había terminado sintiendo algo por él y ese fue el motivo de que decidiera poner algo de distancia entre los dos cuando la situación se fue volviendo cada vez más intensa.

Fue Andreas quien tomó la decisión de alejarse, no por falta de deseo sino por amor.

Porque le dolía ver que sus sentimientos no eran correspondidos y Tom se odiaba por hacerle sentir así cada vez que se acostaban juntos. Por darle falsas esperanzas, aunque no fuera su intención. Y Andreas había sido capaz de tomar la drástica decisión de alejarse antes de que siguiera haciéndole tanto daño.

Y en esos momentos tenían que volver a compartir techo porque él necesitaba que le ayudara, y Andreas había accedido sin pensárselo dos veces aún sabiendo que se abrirían viejas heridas y la única manera de poder sobrellevarlo era bromeando del tema como si no pasara nada cuando Tom sabía que el corazón de Andreas latía por él con mucha fuerza, y que la noche anterior había tenido que recurrir a una amiga que le hiciera olvidar por unas horas que al día siguiente se volvería a encontrar con una persona que para él seguía siendo especial.

—Será mejor que me de prisa o llegaré tarde al trabajo—murmuró Andreas carraspeando, sacando a Tom de sus pensamientos—Estás en tu casa, nos vemos más tarde.

Tom asintió con la cabeza y Andreas dio media vuelta saliendo con rapidez del bungalow como si necesitara escapar de allí antes de que el corazón de nuevo le traicionara. Echó a andar hacia el club, no pudiendo evitar sentir que los ojos se le llenaban de lágrimas.

Sabía que en cuanto viera de nuevo a Tom volvería a sentir algo que no debía por él pero que no podía evitar. Por más que se había prometido a sí mismo no tratar de empezar algo que no podría ser por el miedo a perderle, por mucho tiempo que hubieran pasado separados, no había noche que no se fuera a la cama sin pensar en su mejor amigo de la infancia del que se había enamorado perdidamente sin poder evitarlo.

Y Andreas sabía que por mucho que bromeara, por mucho que fingiera que podía con ello… sabía que al final no sería así y terminaría con el corazón roto de nuevo.

Continúa… 

Gracias por la visita  😉

por lyra

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!