Incomplete 101

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Fic TOLL de lyra

Capítulo 101

Se hallaba ante un edificio moderno y discreto donde su padre tenía ese apartamento del que al parecer nadie sabía nada pero Bill intuía que usaba para verse con discreción con David. Arthur les había dejado ante el y sin decir nada les había entregado unas llaves antes de regresar a casa con la misma discreción con la que les había llevado.

El trayecto había transcurrido en completo silencio, había permanecido en todo momento con la cabeza apoyada en el hombro de Tom sintiéndose agotado por la discusión mantenida con su madre. No había llorado en ningún momento pero le había costado respirar con normalidad, como si cada inhalación fuera una batalla.

Y mientras tanto Tom había permanecido a su lado cogiéndole con suavidad de la mano como si temiera que pudiera desvanecerse si lo soltaba.

Subieron al apartamento y al entrar les recibió con una calma que contrastaba brutalmente con la tormenta que acababan de dejar atrás. Era amplio, luminoso incluso a esas horas del atardecer y con una decoración sobria pero elegante en tonos neutros, muebles modernos, cuadros discretos en las paredes y una sensación de orden que hablaba de alguien que necesitaba refugios silenciosos.

Bill se detuvo apenas cruzar el umbral sin soltar la mano de Tom, echando un vistazo al espacio que le rodeaba con una mezcla de sorpresa y desconcierto.

El salón era grande con un sofá gris claro, una alfombra suave y una estantería llena de libros perfectamente alineados. Las luces cálidas encendidas nada más entrar ellos por la puerta daban al lugar un aire acogedor y casi íntimo. Había una mesa de comedor de madera clara, una cocina abierta impecable y al fondo una gran chimenea de piedra junto a un ventanal enorme que dejaba ver las luces lejanas de Potsdam.

—Vaya… —dijo Tom cerrando la puerta con suavidad y mirando alrededor—Tu padre tiene buen gusto.

Bill asintió aunque su expresión seguía tensa, como si no supiera si tenía derecho a sentirse a salvo allí.

—Nunca me habló de este sitio —explicó en un susurro.

—Quizá porque lo guardaba para momentos como este —murmuró Tom acercándose un poco más—Para cuando le hiciera falta un lugar donde sentirse seguro y en paz.

Bill tragó saliva. El silencio del apartamento era extraño, como si el mundo se hubiera detenido para que él pudiera respirar por primera vez.

—Vamos a echar un vistazo—dijo Tom intentando darle un poco de calidez al momento—Veamos qué hay en la nevera que podamos preparar para cenar.

—No tengo hambre… —murmuró Bill dejando escapar un suspiro cansado.

—Tienes que tomarte el antibiótico, y no puedes hacerlo con el estómago vacío —le recordó Tom con suavidad—Comes un poco lo que puedas y después te acuestas. Hoy ha sido un día muy largo.

No lo decía con autoridad sino con ese tono firme y protector que Bill ya empezaba a reconocer como un refugio. Asintió lentamente sin ganas pero sin fuerzas para discutir. Tom le apretó con suavidad la mano guiándolo con una paciencia que parecía infinita.

La cocina del apartamento era amplia y moderna con superficies limpias y una luz cálida que hacía que todo pareciera más tranquilo de lo que Bill sentía por dentro. Tom abrió la nevera y encontró varios recipientes perfectamente ordenados dónde encontró de todo. Había sopas, pasta, verduras asadas e incluso un par de postres caseros.

Todo indicaba que ese apartamento se usaba más de lo que ambos se imaginaban.

Enseguida se puso manos a la obra sacando un par de recipientes que calentó en el microondas mientras que Bill lo observaba todo sentado a la mesa que había en una esquina desde donde lo observaba moverse con destreza. Si fueran otras las circunstancias se hubiera levantado a echarle una mano pero se sentía totalmente abatido y sin fuerzas para hacer nada.

Minutos después disfrutaban ambos de una cena improvisada, a pesar de haber dicho que no tenía apetito fue probar un par de bocados y darse cuenta de que no era sí, el nudo que sentía en el estómago se fue deshaciendo poco a poco y aunque no se lo comió todo sí lo hizo con ganas.

Tom se encontraba a su lado sin presionarlo, simplemente acompañándolo. De vez en cuando le rozaba la mano o el brazo, un recordatorio silencioso de que no estaba solo. Observaba en silencio cómo comía, y una pequeña chispa de alivio le cruzó el rostro al ver que casi terminaba el plato.

— ¿Te encuentras mejor?—preguntó Tom cuando ambos terminaron.

—No puedo dejar de pensar en todas esas cosas horribles que me ha dicho mi madre—contestó Bill sin poderse contener—No puedo creer que haya podido decir todo eso sin inmutarse, que nunca se quiera poner de mi parte pensando siempre que yo soy el culpable de todo lo malo que pasa, como si en el fondo me lo mereciera.

—Porque no te conoce en absoluto y nunca quiso conocerte—dijo Tom con firmeza—Pero ya se acabó y no estás solo. Me tienes a mí, a Louise, a Georg y también a Andreas y a todos los demás.

—No quiero que lo sepan —pidió Bill en un susurro—Sé que mi comportamiento les va a parecer raro, pero no quiero que sepan lo que Alexander me hizo. Al menos… no ahora mismo.

—Ya se lo contarás cuando tú quieras y cuando estés preparado —murmuró Tom—Y si te ven mal y me preguntan algo podemos decir una parte de la verdad, que estás así por el divorcio de tus padres. Esa noticia no se podrá ocultar, tarde o temprano correrá por el club como la pólvora.

Bill asintió suspirando, sabía que esa noticia sería imposible de ocultar.

Terminada la cena decidieron irse a descansar. Tom se encargó de recogerlo todo y dejar los platos usados en el fregadero pensando en limpiarlo todo al día siguiente, en esos momentos su mayor prioridad era el bienestar de Bill.

Se dirigieron al dormitorio pero al llegar Bill se detuvo en seco sin llegar a cruzar el umbral. Se quedó mirando la cama como si fuera un lugar ajeno, cargado de recuerdos que no le pertenecían. Sabía que su padre había compartido allí momentos felices con David y la idea de ocupar ese espacio le resultaba extraña y casi invasiva.

—Bill… —lo llamó Tom en voz baja.

Bill tragó saliva antes de hablar.

—¿Puedes hacerme un favor? —pidió viendo a Tom asentir con paciencia— ¿Te importa dejarme pasar la noche a solas?

Tom no lo dudó ni un segundo, entendía perfectamente lo que Bill le estaba pidiendo. Tiempo y espacio, un respiro.

No era rechazo, era necesidad.

—Por supuesto—respondió con suavidad—Lo que necesites.

Y en ese gesto de aceptación sin condiciones Bill sintió que Tom lo estaba cuidando incluso desde la distancia que él le estaba pidiendo.

&

Dejando que su mujer recapacitara sobre todo lo que habían discutido, Jörg se dirigió a su despacho con paso firme sin mirar atrás para nada arrepentido de todo lo que había dicho.

Cerró la puerta del despacho con un clic suave, como si necesitara aislarse del veneno que aún flotaba en el ambiente de la casa. Encendió la lámpara del escritorio y la luz cálida iluminó el espacio ordenado y sobrio que allí reinaba, casi demasiado silencioso.

Se acercó a la caja fuerte, marcó el código con manos sorprendentemente firmes y la abrió. Dentro había todo tipo de documentos que guardaba alejados de las manos de su mujer y que llevaba semanas preparando. Toda la documentación referente a la adopción de Bill, la investigación que había prometido llevar para averiguar el paradero del hermano de Tom y los primeros resultados de ADN que hiciera y que aún no terminaba de poder creerlos.

Cogió todos los documentos y tras revisarlos los guardó en su maletín de cuero sintiendo que cada papel que allí guardaba era un paso más lejos de Simone y uno más cerca de proteger a Bill.

Dejó bien guardados los documentos y sacó otra carpeta más delgada donde guardaba el borrador del divorcio ya firmado por él y los acuerdos de bienes. En ellos se detallaba la pensión que su mujer recibiría y las condiciones bajo las cuales podría perderla. La primera cláusula era la más importante, dejaba absolutamente claro que bajo ningún concepto volvería a tratar a Bill como lo había estado haciendo todo ese tiempo.

Cuando cerró el maletín, respiró hondo y dejando la carpeta sobre el escritorio sacó el móvil. Marcó el número de David sin pensarlo demasiado, no había tiempo para dudas.

David respondió al segundo tono.

—¿Jörg?

Su voz sonaba preocupada, como si hubiera estado esperando esa llamada.

—Lo he hecho, David —dijo Jörg sin rodeos dejándose caer en la butaca—Todo ha estallado esta noche, Simone ya sabe que tengo los papeles del divorcio y que quiero que los firme cuanto antes. Hemos discutido como nunca imaginé que lo haríamos… y me temo que me he dejado llevar descubriéndote antes de tiempo.

Habían ensayado mil veces lo que diría cuando llegara el momento de poner fin a su matrimonio. Ambos coincidían en que lo más prudente era que Simone no supiera con quién se había estado viendo hasta que los papeles estuvieran firmados, por si reaccionaba con venganza. Pero después de lo ocurrido esa tarde, todo el plan cuidadosamente construido se había desmoronado. La escena que Jörg llevaba meses imaginando había tomado un rumbo completamente distinto, inesperado y caótico.

—Pero… ¿qué ha pasado? —quiso saber David preocupado.

Sabía que algo realmente grave debía haber ocurrido para que Jörg perdiera esa calma casi inquebrantable que mantenía incluso en los juicios más tensos a los que cada día se enfrentaba.

—Simone ha dudado de la palabra de Bill —respondió Jörg apretando el puño con rabia contenida—Cree que se lo ha inventado todo, que está arrepentido de haberse dejado llevar por sus emociones con Alexander y que lo dice solo para no afrontar la verdad o para que Tom no lo dejase. Se niega a creer nada de lo que hemos intentado explicarle.

Hizo una pausa, respirando hondo.

—Bill no ha podido más con la situación y por primera vez en su vida se ha enfrentado a ella—continuó diciendo—Yo he llegado al final de la discusión, justo cuando Bill decía que se iba de casa con Tom y he apoyado su decisión. Ahora mismo están en nuestro apartamento de Potsdam, no quería que pasara ni una noche más en esta casa y yo… yo tampoco puedo hacerlo.

David entendió al instante.

—Ven a mi piso—dijo sin dudar, con una calidez que atravesó incluso la distancia del teléfono—. Es pequeña pero acogedora, no debes pasar ni un minuto más ahí.

La frase era una invitación sincera, un refugio ofrecido sin condiciones. Y Jörg lo sintió así, como si de pronto alguien hubiera encendido una luz en medio de un pasillo demasiado largo y oscuro. Cerró los ojos un momento, sintiendo cómo se aflojaba un nudo que llevaba años apretándole el pecho.

—Eso haré —murmuró asintiendo con la cabeza.

La decisión ya estaba tomada, y por primera vez en toda la noche sintió que el suelo bajo sus pies dejaba de temblar.

La voz de David, cálida incluso a través del teléfono, pareció sostenerlo un instante más.

— ¿Quieres que vaya a buscarte?—preguntó al momento David.

—No, no hace falta—contestó Jörg—Tengo que terminar de recoger unas cosas y en cuanto regrese Arthur le diré que me lleve.

Se despidió de David y cortó la llamada guardándose el móvil en el bolsillo interior de la chaqueta. Se quedó unos segundos mirando el despacho, ese espacio había sido durante años su refugio, el lugar donde resolvía problemas propios y ajenos con una calma que en esos momentos sentía resquebrajarse.

Pero esta vez no estaba resolviendo un caso.

Estaba salvando a su hijo.

Y, quizás por primera vez, también a sí mismo.

Cogió aire, apagó la luz y salió del despacho sin mirar atrás decidido a no volver a cruzar esa puerta como el hombre que había sido hasta esa noche.

Mientras se dirigía a su habitación, un pensamiento le cruzó fugazmente por la cabeza. Nunca antes había estado en el piso de David, había adquirido el apartamento para verse con discreción sin llamar la atención de los vecinos y esa noche iba a conocer una parte de David que hasta esos momentos había permanecido completamente fuera de su alcance.

Llegó a su habitación y preparó una maleta con rapidez. Su plan era volver otro día cuando Simone no estuviera para recoger el resto de sus cosas o pedirle a Arthur que lo hiciera por él. Además estaban también las pertenencias de Bill y las de Tom, que tendrían que trasladarse en algún momento.

Con la maleta en la mano bajó al vestíbulo donde encontró a una Greta temblorosa recibiendo a Arthur.

—Greta, no debe sentirse culpable por lo sucedido esta tarde —dijo Jörg con firmeza—Ha tratado a Bill con más cariño y respeto que su propia madre y usted también, Arthur. Como ya sabrán voy a divorciarme, me iré a vivir a una nueva casa y me gustaría seguir contando con su servicio. Si están conformes, vayan preparando sus cosas. En breve podremos instalarnos en un nuevo hogar.

—Puede contar con nosotros, señor —respondió Arthur por los dos.

—¿Bill llegó bien a su destino? —preguntó Jörg, incapaz de ocultar la preocupación.

—Estuvo en silencio todo el trayecto —informó Arthur—Tom no se separó de su lado, le sostuvo la mano en todo momento. Está siendo el apoyo que necesita ahora mismo.

Jörg sonrió al escucharlo, sabía que Arthur siempre observaba con discreción para luego informarle sin necesidad de entrar en detalles innecesarios.

—Necesito que me lleves a un último sitio antes de retirarte a descansar y dejes esta carpeta donde mi mujer la pueda ver—pidió Jörg viendo a Arthur asentir—Y Greta, vaya a preparar la cena sin preocuparse por lo que pueda decir mi mujer. No está despedida y no ha hecho nada malo.

—Sí, señor… muchas gracias por su confianza —susurró Greta aún visiblemente afectada y aliviada.

Jörg le dedicó una sonrisa breve. Luego cogió profundamente aire y salió de la casa con la cabeza bien alta, dejando atrás un hogar que ya no lo era o que quizás nunca lo había sido.

&

La noche empezaba a caer sobre el lago cuando por fin dieron por terminada su jornada laboral. Se cambiaron con rapidez de ropa y tras pasar por la cocina donde Rose ya les había preparado una cesta con algo de cena en ella salieron por la puerta que comunicaba con el parking decidiendo cenar en la orilla opuesta del lago donde sabían que no serían molestados ni escuchados por nadie.

Mientras caminaban en silencio por el sendero que bordeaba el club alejándoles del embarcadero podían sentir como el bullicio del día se iba apagado y solo tenían ante ellos las luces reflejadas en el agua y el sonido suave de los grillos.

Anouk iba unos pasos por detrás observándolos con creciente inquietud. Andreas caminaba con las manos en los bolsillos y la mirada clavada en el suelo, Víctor avanzaba rápido como si quisiera llegar cuanto antes y Melissa, en medio de los dos, parecía contener la respiración.

Cuando alcanzaron la orilla opuesta donde apenas llegaba la luz del club y solo se escuchaba el agua golpeando suavemente se detuvieron. Era un lugar tranquilo, apartado, perfecto para lo que tenían que decir.

—Vale —dijo Anouk cruzándose de brazos—Ya estamos aquí y ahora sí podéis hablar. ¿Qué les ha pasado a Bill y a Tom?

Melissa intercambió una mirada con Andreas, quien asintió dándole permiso para empezar mientras que él se quedaba un poco atrás apoyado en un tronco, como si necesitara algo sólido para no venirse abajo.

—Anouk… —empezó a decir Melissa en voz baja—Lo que te vamos a contar no puede salir de aquí jamás. En serio, ni una palabra.

—Lo prometo—susurró con firmeza Anouk frunciendo el ceño.

—Es sobre Bill —empezó a decir Melisa respirando profundamente—Alexander le ha hecho algo muy grave.

El silencio que siguió fue tan profundo que hasta el lago pareció detenerse.

Anouk separó los labios pero no salió ningún sonido. Miró a uno y luego a otro buscando una pista, una explicación o algo que le dijera que no era tan terrible como sonaba. Pero las caras de sus amigos lo confirmaban todo.

—¿Qué… qué significa «algo muy grave»? —logró decir al fin con la voz temblorosa.

Andreas levantó la mirada por primera vez desde que llegaron. Sus ojos estaban rojos, cargados de rabia contenida.

—Significa que ha abusado de él—explicó procurando mantener la calma—No sabemos todos los detalles, solo que en esos momentos estará destrozado. Tom está a su lado y su padre habrá denunciado a Alexander de inmediato.

—No… no puede ser…—murmuró Anouk llevándose una mano a la boca, horrorizada— ¿Cómo le ha podido pasar algo así a Bill? No se lo merece, nadie se lo merece… ¿estáis seguro de haberlo entendido bien?

Estaba en shock, normal tras recibir una noticia así difícil de creer. Melissa dio un paso hacia ella y la tomó del brazo con suavidad.

—Nadie nos ha dicho nada en concreto, pero hemos escuchado hablar a Gustav y a Natalie—explicó por encima—Han dicho lo suficiente para sacar nuestras propias conclusiones y saber que Bill está pasando por algo muy duro y que tenemos que estar ahí para lo que necesite.

Anouk asintió con la cabeza sintiendo como sus ojos se le llenaban de lágrimas.

—Claro que sí —susurró—Por supuesto que puede contar con nosotros.

—Yo estuve hablando con David y le noté más serio de lo normal —explicó Andreas frotándose la nuca—Seguro que él sabe todos los detalles, pero jamás dirá nada. Incluso estaba dispuesto a cancelar la hoguera del sábado pero al final no lo ha hecho, dice que nos la merecemos a pesar de lo que ha ocurrido… que ninguno de nosotros tiene la culpa de nada.

—No creo que estén los ánimos para mucha fiesta —murmuró Víctor suspirando.

Melissa negó despacio, con una lógica fría que contrastaba con el temblor de sus manos.

—Debemos asistir para no levantar sospechas —dijo con firmeza—Nadie debe saber lo que le ha pasado a Bill si él no quiere que se sepa y si faltamos a la hoguera podemos levantar rumores. Todo el mundo sabe que últimamente pasamos tiempo con Bill y sus amigos y si de repente ninguno asiste no creo que piensen que no hemos querido ir cuando llevamos un año entero hablando de ello, van a pensar que ha pasado algo grave.

—El club se llenará de rumores—murmuró Víctor frunciendo el ceño—Y acabarán llegando a oídos de Bill haciéndole más daño.

—Exacto —dijo Melissa asintiendo con la cabeza.

Andreas cogió aire profundamente cerrando los ojos por unos segundos. La idea de ir a una hoguera, sonreír y fingir normalidad le revolvía el estómago. Pero sabía que Melissa tenía razón.

—Entonces iremos —murmuró con firmeza—Aunque nos cueste y no tengamos ganas de estar ahí.

—Tenemos que hacerlo por Bill—dijo Melissa mirando a su amigos fijamente.

Víctor asintió también, aunque su expresión seguía sombría.

—Por Bill —repitió.

Y durante un instante se quedaron en silencio unidos por la misma certeza amarga, proteger a su amigo significaba seguir fingiendo que nada había pasado y que todo estaba bien.

El aire fresco de la noche les erizaba la piel pero ninguno se movió. Era como si, por primera vez, comprendieran el peso real de lo que había ocurrido.

Y allí, en la orilla opuesta del lago lejos de miradas curiosas hicieron un pacto silencioso.

Proteger a Bill, apoyarle en todo lo que necesitara y no dejar que Alexander volviera a hacerle daño.

&

Cerró la puerta del dormitorio con suavidad casi sin hacer ruido, como si temiera que incluso el clic del pestillo pudiera herir a Bill. Se quedó un segundo apoyado en el marco respirando profundamente, le había pedido pasar la noche a solas y lo entendía con cada fibra de su cuerpo pero eso no hacía que doliera menos.

Cruzó el pasillo y llegó al salón donde pasaría la noche en el sofá que allí había, siendo mucho más amplio y cómodo que el del bungalow de Andreas. En sus manos llevaba la almohada que había cogido del dormitorio y sobre el respaldo del sofá había una manta a cuadros doblada con la que taparse. La extendió con un gesto automático pero en cuanto se acostó supo que no iba a poder dormir.

No esa noche.

No con el silencio del apartamento pesándole en el pecho.

Se incorporó al cabo de unos minutos incapaz de quedarse quieto. La ansiedad le recorría los brazos, las piernas y la mandíbula. Necesitaba hacer algo, lo que fuera.

La cocina estaba casi a oscuras iluminada solo por la luz tenue que entraba desde la calle con los platos de la cena en el fregadero tal y como los habían dejado cuando decidieron retirarse a descansar.

No se lo pensó dos veces y se dirigió a la cocina. Abrió el grifo y cogiendo un plato empezó a frotarlo con movimientos lentos y mecánicos. El sonido del agua, el roce de la esponja, el tintineo del cristal… todo eso lo ayudaba a mantenerse en pie, a no pensar demasiado.

Pero aun así, pensaba.

Pensaba en Bill, en su voz temblorosa y en la forma en que había evitado mirarlo a los ojos.

Pensaba en cómo sentía que se encogía sin poder evitarlo cada vez que intentaba abrazarlo.

Pensaba en el miedo, en la vergüenza y en la rabia que había visto asomarse en su mirada antes de que buscara refugio bajo las sábanas.

Apretó los dientes y dejó el plato en el escurridor con más fuerza de la necesaria.

—Ojalá pudiera hacer que te sintieras a salvo—murmuró para sí sin esperar respuesta.

Lavó otro plato y luego otro, y también los cubiertos y los vasos que habían dejado a medio beber. Cada gesto era una forma de mantenerse entero, de no romperse.

Cuando terminó apoyó las manos en el borde del fregadero y cerró los ojos. El apartamento estaba tan silencioso que podía escuchar su propia respiración. Regresó al sofá al cabo de unos minutos y se tumbó de nuevo atento a cualquier sonido que viniera del dormitorio, preparado para entrar si escuchaba un llanto o una pesadilla.

Pero no escuchó nada.

Quizás Bill estaba despierto igual que él incapaz de conciliar el sueño, disfrutando de esa soledad que había pedido casi suplicando y que él había respetado.

Desde el sofá vio pasar las horas deseando desesperadamente fumarse un cigarro. No tenía ninguno a mano y además seguro que a Jörg le molestaba que fumara en el apartamento. Así que se limitó a respirar profundamente y pasar una larga noche en vela.

&

Llevaba horas despierto, aunque la habitación seguía sumida en la penumbra suave del amanecer. Había intentado dormir en vano cambiando de postura y respirando profundamente pero nada había funcionado. Cada vez que cerraba los ojos la preocupación por su hijo volvía a golpearle el pecho con la misma fuerza.

Se giró por enésima vez en la cama provocando un leve movimiento en el colchón. A su lado se hallaba David tratando también de descansar pero imposible hacerlo preocupado como estaba también por Bill y con él despertándole de vez en cuando cada vez que cambiaba de posición en la cama.

— ¿No puedes dormir? —preguntó con voz ronca suspirando.

No había reproche en su tono, solo una ternura cansada.

—Lo siento, no quería despertarte—se disculpó Jörg frustrado consigo mismo.

David se movió en la cama buscándole, se le acercó por detrás y deslizó un brazo alrededor de su cintura pegándose a su espalda con un gesto natural, íntimo y lleno de confianza. Apoyó la frente en su desnuda espalda respirando contra su piel.

—No tienes que disculparte —susurró—Estamos preocupados, es normal que ninguno haya podido dormir esta noche.

Jörg cerró los ojos unos segundos, ese íntimo contacto lo había desarmado más de lo que esperaba. Había pasado la noche entera intentando mantenerse firme, racional y fuerte pero en cuanto sintió el abrazo de David toda esa fachada se resquebrajó un poco.

—No puedo dejar de pensar en Bill—admitió en la voz baja sintiendo que se le quebraba—En si él también habrá pasado la noche en vela, si estará bien, si necesita algo, si… si hice lo correcto dejando que se fuera con Tom…

David apretó un poco más el abrazo, como si quisiera sostenerlo desde dentro.

—Hiciste lo que él necesitaba en esos momentos—dijo con calma—Estar con Tom y no sentirse solo.

Jörg tragó con esfuerzo, la tensión en sus hombros seguía ahí pero el calor del cuerpo de David contra su espalda empezaba a suavizarla.

—No puedo evitar sentir que debería ser yo quien estuviera a su lado en estos momentos—confesó en voz baja.

—Y estarás —murmuró David—En cuanto él esté listo pero ahora mismo la única persona que más le puede ayudar es Tom, y lo mejor que puedes hacer es confiar en ellos y tratar de descansar un poco.

Jörg dejó escapar un suspiro largo y agotado. David deslizó la mano por su brazo en un gesto lento y tranquilizador para que supiera que estaba a su lado y no debía pasar solo por todo ello.

—Ya es de día—dijo Jörg de nuevo suspirando—Si no voy a tratar de seguir durmiendo mejor me levanto, tengo muchas cosas que hacer…

Quiso hacerlo, pero David le retuvo en la cama.

—No te levantes, es muy temprano aún—murmuró David acercándose más—Quédate un poco más conmigo, trata de respirar y de descansar.

Jörg obedeció sin protestar, se dejó envolver de nuevo por su abrazo cálido y por la seguridad tranquila que siempre sabía darle. Poco a poco su respiración empezó a acompasarse con la de él. No trató de dormir, por primera vez en toda la noche dejó de luchar contra el insomnio alejando los problemas de su cabeza. Se permitió simplemente estar ahí, sostenido, acompañado y sin tener que ser fuerte.

Y David, sin soltarlo, le dejó un beso suave en su hombro, un gesto silencioso que decía más que cualquier palabra.

— ¿Mejor?—preguntó David.

—Un poco—admitió Jörg suspirando.

David se movió y le hizo volverse en la cama para que le mirara. No hizo falta decir nada, acortó la distancia y volvió a besarle esa vez en los labios con una delicadeza que contrastaba con todo el torbellino que Jörg llevaba dentro. No era un beso para distraerlo ni para encender nada, era un gesto lento, firme y lleno de calma.

Cuando se separaron David apoyó su frente contra la de él respirando lentamente.

—No tienes que ser fuerte todo el tiempo —murmuró—No conmigo.

Jörg cerró los ojos dejando que esas palabras lo atravesaran. Había pasado tantos años sosteniendo un matrimonio vacío, manteniendo apariencias, tragándose el miedo al escándalo, al qué dirán, a la prensa, a los socios del bufete… y en esos momentos en que todo se había derrumbado en una misma noche no sabía cómo dejar de estar tenso.

—No es solo Bill, es todo—admitió al fin con la voz ronca—El divorcio, la prensa, el escándalo… Sé lo que va a venir y que no va a ser fácil. Y te vas a ver en medio de todo ello…

—Lo sé —susurró David acariciando con suavidad su mejilla para que le mirara—Pero también sé que llevas años viviendo con un peso que no te correspondía y que por primera vez estás eligiendo algo que te hace bien. Eso no es un escándalo, Jörg. Es libertad.

—La libertad siempre tiene un precio—comentó Jörg suspirando.

—Y tú ya has pagado demasiado —replicó David sin apartar de él la mirada—Déjame ayudarte a llevar lo que queda.

Jörg sintió cómo algo dentro de él cedía, como si una cuerda demasiado tensa por fin se aflojara. David lo atrajo hacia él acomodándolo contra su pecho y Jörg apoyó la cabeza allí, dejando que el abrazo lo envolviera por completo.

—No sé si voy a poder con todo —confesó en un susurro.

—No tienes que poder solo —dijo David acariciándole la espalda con movimientos lentos y constantes.—Me tienes a mi de tu lado y Bill también lo está.

Jörg respiró profundamente por primera vez en toda la noche sintiendo que podía hacerlo sin que le doliera el pecho.

David lo abrazó más fuerte, como si quisiera anclarlo al presente, a ese espacio seguro que habían construido entre los dos.

—Quédate así un momento —pidió Jörg en voz baja.

—Todo el tiempo que necesites —murmuró David sin dudar.

Y allí, en la quietud de la mañana, con el mundo aún sin despertarse del todo, Jörg permitió que alguien lo sostuviera. Por primera vez en mucho tiempo, no tuvo que fingir que estaba bien.

Y David, sin soltarlo, se convirtió en el único lugar donde podía descansar sin sentir miedo alguno.

Continúa… 

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 🙂

por lyra

Escritora del Fandom

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