
Fic TOLL de lyra
Capítulo 102
Fue el primero en abrir los ojos, se dio la vuelta en la cama encontrándose con la espalda de Andreas. Se le quedó estudiando atentamente, sabía que no dormía por la tensión en sus hombros y por la manera en la que respiraba, demasiado contenida.
Sabía que estaba pensando en Tom, imposible no hacerlo tras lo que habían descubierto la tarde anterior. Por más que le había pedido que no le llamara pensando que quizás podría molestarle, Andreas había insistido en hacerlo varias veces antes de irse a dormir.
Primero lo hizo con discreción y luego con creciente inquietud pero no obtuvo la respuesta que buscaba ya fuera en forma de mensaje o llamada. Y aunque Andreas sabía que Tom no era de pasarse todo el día pegado al móvil esa vez era distinto, esa vez tenía que contestar.
Víctor había intentado que viera que existían otras posibilidades, algo que no alimentara ese miedo que creía dentro de él con cada minuto que pasaba escuchando como al otro lado del teléfono nadie contestaba.
—Puede que simplemente no tenga ánimos para coger el móvil —le había dicho con voz suave—Bill lo necesita y Tom quiere estar a su lado sin que nada ni nadie los interrumpa.
Andreas había negado con la cabeza sin querer darse por vencido ignorando sus palabras.
—O lo más lógico es que no tenga el móvil con él—había continuado diciendo Víctor intentando mantener un tono tranquilo—Que lo haya dejado cargando o en otra habitación, por eso no atiende tus llamadas ni te manda un mensaje para tranquilizarte. Seguro que cuando vea todas las llamadas perdidas te escribe de inmediato diciendo que están bien y que hablaréis mañana.
Y Andreas tuvo que conformarse con esa posibilidad, que Tom no le estuviera ignorando a propósito como él se estaba imaginando. Solo entonces dejó el móvil sobre la mesilla y se acostó sintiendo a Víctor a su lado buscando su cuerpo, pero no tenía los ánimos necesarios para hacer nada ni para darle un simple abrazo.
Dio media vuelta en la cama y pasó toda la noche en vela dándole la espalda hasta que amaneció y sólo entonces le sintió moverse a su espalda pero una vez más le ignoró.
—¿Has podido dormir algo? —preguntó con suavidad Víctor sin querer presionarlo.
—Un poco —mintió Andreas sin mucha convicción.
Víctor extendió una mano y le acarició con suavidad la espalda en un gesto tranquilizador.
—Andreas… —llamó en un susurro—Estás muy callado.
Andreas cogió aire y se volvió por primera vez en toda la noche. Víctor vio en su rostro esa mezcla de preocupación y culpa que llevaba arrastrando desde el día anterior.
—No puedo dejar de pensar en Tom—confesó Andreas en voz baja—Lo tiene que estar pasando muy mal y solo quiero que sepa que puede contar conmigo…con todos nosotros.
—Estoy seguro de que lo sabe—dijo Víctor tratando de conservar la calma—Ahora mismo Bill le necesita en cuerpo y alma y en cuanto vea que puede dejarle sin miedo a que se rompa cogerá el móvil y verá tus llamadas.
Andreas cerró los ojos respirando profundamente, como si intentara contener algo que amenazaba con desbordarse.
—Tengo un mal presentimiento —admitió con voz temblorosa—Como si… como si fuera a pasar algo que lo va a alejar para siempre de mi lado.
Víctor sintió cómo aquellas palabras le atravesaban más de lo que habría querido admitir. No era la primera vez que Andreas hablaba de esa manera. con ese miedo visceral a perder a Tom, pero cada vez que lo hacía le dolía un poco más. Porque él estaba a su lado sosteniéndolo y cuidándolo, intentando ser un refugio y aun así Andreas parecía no querer verlo.
Cerró los ojos unos segundos, no quería que notara el dolor que le había hecho escuchar esas palabras porque hablaba de Tom como si fuera el centro de su mundo mientras que él llevaba desde el primer día que empezaron a salir juntos intentando mantenerlos a ambos a flote.
Y parecía que Andreas no se daba cuenta del daño que le provocaba ni el gran esfuerzo que estaba haciendo.
Respiró profundamente y se obligó a suavizar la expresión antes de hablar.
—Entiendo que tengas miedo —empezó a decir lentamente eligiendo cada palabra con cuidado—Pero no puedes vivir esperando que todo se rompa ni puedes cargar tú solo con lo que crees que puede pasar.
—Es que… si lo pierdo, no sé qué voy a hacer—confesó Andreas en un susurro con los ojos brillantes por la angustia.
Ahí fue donde a Víctor se le apretó el pecho. Porque Andreas no se daba cuenta de que él también estaba ahí, de que él también estaba sufriendo por verlo de esa manera. De que estaba luchando con todas sus fuerzas para que esa relación no se hundiera.
Se acercó un poco más y tomándole de la mano entrelazó los dedos con los suyos con firmeza.
—No vas a perderlo y tampoco estás solo—dijo con calma, aunque por dentro le temblara algo— Estoy a tu lado, llevo contigo desde el primer día que decidimos empezar una relación a pesar de que todo parezca desmoronarse a nuestro alrededor.
Andreas bajó la mirada, como si empezara de repente a recordar que Víctor estaba a su lado y que había estado ahí todo el tiempo.
—Lo sé… —susurró, aunque sonaba más a disculpa que a certeza.
Víctor apretó su mano, no para reclamar nada sino para anclarlo.
—Vamos a esperar a que Tom conteste —continuó diciendo esbozando una sonrisa con esfuerzo—Y cuando lo haga, verás que no ha pasado ni va a pasar nada como piensas que os va a separar. Tom solo necesita tiempo y espacio en estos momentos, para poder estar al lado de Bill que es quien más le está necesitando.
Andreas asintió en silencio sintiéndose algo más tranquilo, aunque aún con la sombra del miedo aún creciendo en sus ojos.
Víctor lo atrajo hacia él y lo estrechó entre sus brazos sintiendo con alivio que Andreas no le rechazaba sino que buscaba refugio en su abrazo. Dejó escapar un hondo suspiro sin poder ocultar ni esconder lo mucho que necesitaba ese contacto también.
Porque aunque Andreas no lo quisiera ver, él estaba luchando con todas las fuerzas que le quedaban por no perderlo.
&
El amanecer lo sorprendió sin haber logrado conciliar el sueño, frente a él el gran ventanal mostraba las vistas espectaculares de Potsdam pero no había tenido tiempo ni ganas de detenerse a mirarlas.
Entonces desde el dormitorio le llegó un sonido leve, algo que rompió el silencio.
Levantó la cabeza de inmediato con el corazón acelerándose sin permiso escuchando como la puerta se abría lentamente y unos pasos suaves recorrieron el pasillo. Segundos después, Bill apareció en el salón con los ojos hinchados y rojos, señal de que había pasado la noche entera sollozando en silencio.
Se incorporó de golpe como si alguien hubiera tirado de un hilo invisible atado a su pecho sintiendo que la manta se caía de sus piernas cuando se enderezó en el sofá.
Bill se le acercó caminando lentamente y descalzo con la camiseta arrugada. Tenía los hombros encogidos con los brazos pegados al cuerpo, como si intentara hacerse más pequeño. Y aun así, en cuanto vio a Tom, su expresión cambió apenas un milímetro pasando del miedo y la vergüenza al alivio y la necesidad.
Tom se quedó donde estaba sin apartar de él la mirada, con miedo de hacer algún movimiento brusco que lo asustara.
—Bill… —llamó en un susurro.
Bill tragó con esfuerzo pero no dijo nada. Solo se quedó de pie ante él respirando de forma entrecortada, como si hubiera estado conteniendo el aire toda la noche.
—¿No podías dormir?—preguntó Tom desde el sofá.
Bill negó con la cabeza, un gesto mínimo casi infantil. Y entonces, como si ese simple movimiento hubiera roto algo dentro de él, sus ojos se llenaron de nuevo de lágrimas haciendo que Tom sintiera que el corazón se le partía en dos.
—Ven aquí —pidió en un susurro.
Bill se sentó en el sofá a su lado pero Tom no lo abrazó de inmediato. Se quedó esperando en silencio dándole espacio y ofreciéndole todo el tiempo que necesitara. Y Bill tardó apenas un segundo en acortar la distancia, se dejó caer contra él con un suspiro tembloroso hundiendo la frente en su pecho como si llevara horas deseando hacerlo.
Tom lo envolvió con cuidado como si fuera frágil, como si pudiera romperse con un simple gesto. Bill temblaba de agotamiento, de miedo y de todo lo que había guardado dentro durante la noche.
—Lo siento —se disculpó en un susurro.
—No tienes que pedir perdón por nada—murmuró Tom cerrando los ojos.
Bill suspiró apretando entre los dedos la camiseta de Tom, buscando anclarse a algo real.
—No quería estar solo —admitió con la voz rota.
—Lo sé —respondió Tom acariciándole la espalda con movimientos lentos—Estoy aquí, no voy a ninguna parte.
El amanecer entraba por el ventanal, tiñendo el salón de un tono dorado que contrastaba con la tristeza que los envolvía.
Pero por primera vez en toda la noche, Bill no estaba solo.
Y Tom aunque estaba destrozado por dentro, sentía que al menos podía darle eso que con tanta ansia necesitaba.
Un lugar seguro donde poder respirar.
Permanecieron abrazados por unos minutos que se les hicieron eternos, respirando lentamente como si el mundo se hubiera reducido a ese abrazo tembloroso. Bill tenía la frente apoyada en su pecho y Tom sentía cada una de sus inhalaciones irregulares, cada pequeño estremecimiento que aún no se atrevía a convertirse en llanto.
Permanecieron en completo silencio sin hablar, no hacía falta.
Cuando Bill pareció calmarse un poco, Tom aflojó el abrazo solo lo justo para poder mirarlo a los ojos.
—Ven —murmuró con suavidad—Túmbate conmigo en el sofá, a ver si conseguimos dormir un poco.
Bill dudó un instante como si temiera ser una carga pero Tom ya estaba guiándolo con una mano en la espalda. Recogió la manta del suelo y se acomodó primero en el sofá haciéndole hueco. Bill se acostó a su lado con movimientos lentos y agotados, dejando que Tom lo atrajera de nuevo a su lado con cuidado hasta que su cabeza quedó apoyada sobre su pecho.
Entonces echó la manta sobre sus cuerpos y ambos se acomodaron bajo ella, sintiendo Bill que ese era único lugar donde por siempre quería estar.
Sintió como Tom pasaba un brazo por encima para cubrirle mejor con la manta y ese gesto le hizo soltar un suspiro y cerrar los ojos.
Nadie hablaba y nadie se movía, solo se quedaron acostados escuchando el amanecer filtrarse por el ventanal, el sonido lejano de la ciudad despertando y el latido constante de sus corazones.
Y por primera vez desde que todo había ocurrido, Bill dejó que su cuerpo se relajara un poco. Era eso lo que había necesitado esa noche para poder tratar de descansar, era compañía y seguridad.
Tom apoyó la mejilla sobre su pelo y cerró los ojos también, sin intención de dormirse pero agradeciendo que hubiera salido del dormitorio para ir a buscarlo.
A veces, el silencio era la única forma de decir «estoy a tu lado».
Llevaba varios minutos así, con el peso cálido de Bill sobre su pecho y el amanecer filtrándose por el ventanal cuando algo lo hizo abrir los ojos de golpe.
Bill había levantado la cabeza.
Sus miradas se encontraron en silencio.
Y Tom se quedó inmóvil.
Había un brillo en los ojos de Bill que nunca le había visto antes. No era miedo ni dolor, ni siquiera cansancio. Era algo más profundo, más vulnerable y más desnudo. Como si estuviera buscando en él una respuesta que no sabía formular con palabras. Como si, por primera vez en toda la noche, se permitiera sentir algo distinto al miedo.
Tom no se movió, no quiso romper ese momento tan frágil.
Bill parpadeó lentamente como si dudara de si debía hablar o no. Sus labios temblaron apenas, pero no dijo nada. Solo lo miraba con ese brillo extraño e intenso que parecía pedir algo y al mismo tiempo temerlo.
Tom tragó saliva sintiendo cómo el corazón se le aceleraba sin que pudiera evitarlo.
—Bill… —susurró, sin saber muy bien qué decir.
Pero Bill no respondió. Solo siguió mirándolo como si fuera el único punto firme en un mundo que se le había desmoronado.
Y en ese silencio, algo entre ellos cambió, aunque ninguno de los dos supiera todavía ponerle nombre.
— ¿Necesitas algo?—preguntó Tom carraspeando.
—Que me vuelvas a tocar—contestó para su sorpresa Bill—Ha pasado mucho tiempo desde la última vez y te echo mucho de menos.
—Pero…no quiero traerte malos recuerdos…—empezó a decir Tom moviéndose en el sofá.
Había sentido como se le acercaba más hasta pegarse del todo a su cuerpo y su primera reacción fue la de alejarse todo lo que podía de él en tan reducido espacio.
—Tom…tócame de nuevo—suplicó Bill tendiendo una de sus manos.
Cogió con firmeza su muñeca y le hizo llevar la mano hasta su entrepierna, soltando un jadeo por sus labios al volver a sentirle en tan deseado lugar. Empezó a mover su mano contra su sexo, arqueando la espalda contra ella desesperado.
—Bill…me estás pidiendo demasiado—susurró Tom entre jadeos.
Podía sentir su dureza a través de la tela del pantalón que llevaba y el calor que emitía, era como si empezara a quemar con cada caricia suya recibida.
—Quiero volver a tener un orgasmo estando contigo—confesó Bill en voz baja—El último que tuve fue con él, y quiero recordar como son todos y cada uno de los que he tenido contigo. Quiero que me hagas volver a sentirme desmayar entre tus brazos una y otra vez…
No pudo seguir hablando, Tom había tomado el control de la situación y movía la mano con avidez contra su sexo arrancándole pequeños gritos de placer. Sentía que se iba a derramar de un momento a otro, y bajando la cabeza escondió la cara en la curva de su cuello respirando pesadamente contra él dejando su cálido aliento marcado en su piel.
Y cuando no pudo reprimirse por más tiempo se dejó llevar y se derramó en su ropa interior al tiempo que separaba los labios y emitía pequeños jadeos de puro placer.
Tom sonrió al escucharlo, una sonrisa pequeña pero llena de algo nuevo, cálido y profundo. En ese instante lo supo con una certeza que le atravesó el pecho, después de eso que acababan de compartir, después de que Bill lo mirara de esa manera y le suplicara que volviera a tocarle para recordarle como era, ya nada podría separarlos.
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Permanecieron varios minutos más abrazados respirando al mismo ritmo, dejando que el silencio hiciera por ellos lo que las palabras no podían. La tensión que Jörg había arrastrado toda la noche empezaba por fin a aflojarse bajo el calor del cuerpo de David.
Hasta que levantó la cabeza.
David se le quedó mirando sorprendido por la intensidad de esos ojos cansados pero decididos. Separó los labios, dispuesto a decir algo pero no llegó a pronunciar nada. Jörg se había inclinado hacia él para apoderarse de sus labios en un beso firme, urgente y cargado de todo lo que no había sabido expresar en voz alta.
David se dejó besar sin dudar llevando una mano a la nuca de Jörg para acercarlo más a él. El beso se hizo más profundo y se dejaron llevar por las emociones que estaban viviendo en ese momento.
Jörg se movió haciéndole quedar bajo su cuerpo y David separó las piernas para que se acomodara sobre él. Sus labios permanecían juntos mientras que con sus manos se fueron desnudando apartando de ellos la fina tela que los separada.
Segundos después Jörg entraba en su cuerpo empezando a embestirle una y otra vez con demasiada fuerza quizás pero David no emitió protesta alguna, solo dejaba escapar pequeños gemidos de placer que resonaban en sus bocas. Sabía que necesitaba desahogarse y él quería darle todo el apoyo que necesitara, le dejó tomar el control de la situación para que fuera él quien marcara el ritmo y minutos después le sintió derramarse en su interior con más intensidad que nunca.
Sus labios se había separado y Jörg jadeaba contra los suyos mientras le embestía por una última vez hasta quedar saciado del todo. Había ocurrido muy rápido para el gusto de ambos, siempre les gustaba alargar el momento pero esa vez había sido muy diferente debido a todo lo que estaban viviendo.
David permanecía en silencio recuperando el aliento con Jörg aún en su interior agotado para salirse. Él no había terminado, no había obtenido su orgasmo pero no estaba molesto porque lo único que quería era que Jörg estuviera bien sin importar su propio bienestar.
Y como si le hubiera leído el pensamiento Jörg llevó una mano abajo y tomando su sexo entre los dedos empezó a acariciarle de arriba abajo mientras volvía a embestirle esa vez con más suavidad atreviéndose a llegar hasta lo más profundo de David, hasta ese punto que con solo rozarlo con varias embestidas logró hacer que se derramara en su mano soltando un profundo gemido de placer.
Jörg sonrió al verle en ese estado, jadeando con los ojos cerrados preso aún del orgasmo. Sus labios entreabiertos trataban de recuperar el aliento temblando sin poderlo evitar y entonces se apoderó de ellos dejándole un apasionado beso mientras salía con suavidad de su cuerpo.
Cuando se separaron apenas unos centímetros Jörg apoyó la frente contra la de él respirando profundamente como si ese momento que habían compartido fuera lo único que necesitaba para darle las fuerzas que necesitaba para poder enfrentarse a todo eso que sabía que le esperaba.
David sonrió con esa ternura tranquila que siempre lo desarmaba.
—Ha estado muy bien —susurró sin perder la sonrisa.
—Lo necesitaba —admitió Jörg dejando escapar el aire como si por fin pudiera hacerlo sin que le doliera el pecho.
David deslizó los dedos por su mejilla en un gesto lento casi reverente.
—Ambos lo necesitábamos—apuntó—Hacía mucho tiempo que no te dejabas llevar, siempre con tantas preocupaciones llenando tu cabeza. He podido sentir como por un momento las dejabas a un lado y te concentrabas solo en ti.
Jörg cerró los ojos unos segundos dejándose sostener por esa calma que solo David parecía ser capaz de darle. Cuando volvió a mirarlo había algo más suave en su expresión, una vulnerabilidad que rara vez permitía que nadie viera.
—No sé qué habría hecho sin ti a mi lado esta noche —confesó.
David apoyó su frente contra la de él respirando lentamente.
—Sabes que siempre voy a estar a tu lado, pase lo que pase—prometió con firmeza.
Jörg tragó saliva sintiendo cómo esa certeza le aflojaba un nudo que llevaba demasiado tiempo apretado.
—Gracias por todo—susurró.
David sonrió de nuevo con esa sonrisa cálida que siempre le hacía bajar la guardia. Y por primera vez en mucho tiempo, Jörg dejó que esa sonrisa lo envolviera sin miedo, sin resistencia y simplemente aceptándola como lo que eran. Un lugar seguro donde poder al fin descansar.
Y entonces cerró los ojos dejándose sostener por primera vez en mucho tiempo sin miedo a caer.
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Continuaba abrazándolo intentando transmitirle calma pero también buscando un poco de consuelo para sí mismo. Sentía a Andreas algo tenso aún, había dejado que lo estrechara entre sus brazos disfrutando de ese contacto con los ojos cerrados hasta que no se pudo contener y bajando la cara rozó suavemente su mejilla con los labios, un gesto más cargado de necesidad que de deseo.
Andreas se quedó quieto sorprendido por el beso y cuando Víctor volvió a acercarse para besarlo esa vez en los labios volvió la cara con suavidad.
—Víctor… no —murmuró intentando apartarse un poco.
Pero Víctor lo sostuvo por los hombros con una desesperación contenida.
—No te alejes de mi—susurró, casi suplicando—No en estos momentos.
Andreas bajó la mirada incapaz de sostener la intensidad de esos ojos que lo buscaban como si fueran a romperse si él daba un paso atrás.
—No es por ti —empezó a decir Andreas con la voz quebrada—Es que… no puedo, no así. No cuando tengo la cabeza en otra parte.
Víctor tragó saliva sintiendo cómo algo se le encogía por dentro.
—Lo sé —admitió en voz baja—Sé que estás preocupado por Tom y que no te lo puedes sacar de la cabeza pero no me apartes como si yo no te importara. Estoy aquí contigo, Andreas. Llevo a tu lado mucho tiempo sufriendo en silencio.
Andreas cerró los ojos dolido por la verdad que había en esas palabras.
—No quiero hacerte más daño —susurró.
—Entonces no me empujes fuera —murmuró Víctor con una vulnerabilidad que pocas veces dejaba ver—Déjame estar contigo aunque sea solo sea para sostenerte y darte un mínimo de consuelo.
Andreas respiró profundamente sintiendo que estaba temblando un poco, y finalmente apoyó la frente en el pecho de Víctor suspirando sin atreverse a tocarle pero tampoco sin querer alejarse.
Víctor lo abrazó de nuevo lentamente como si temiera que cualquier movimiento brusco lo hiciera desaparecer.
—Es lo único que te estoy pidiendo—suplicó en un susurro—Que no me apartes de tu lado cuando estás sufriendo y puedo hacer algo para remediarlo, lo que tú quieras…
Andreas alzó la mirada y entonces vio la súplica en esos ojos llenos de lágrimas. Algo se rompió en su interior y viendo lo mucho que le necesitaba Víctor en esos momentos alejó a Tom de sus pensamientos y moviéndose en la cama se apoderó de sus labios haciéndole quedar bajo su cuerpo.
Víctor cerró los ojos y dejó que le besara al mismo tiempo que sentía como sus manos le iban lentamente desnudando. Permitió que lo hiciera, que se deshiciera de cualquier prenda que impedía que sus cuerpos conectaran y cuando le volvió a sentir acomodarse sobre su cuerpo esa vez piel sobre piel, permitió que entrara en él y se saciara porque era lo que más estaba necesitando en esos momentos.
Y así lo hizo Andreas, empezó a embestirle suavemente hasta que cerrando los ojos se dejó de llevar una y otra vez acelerando la velocidad de sus embestidas sin pensar que pudiera estar haciéndole daño o no estuviera él también disfrutando.
No podía pensar con claridad porque en su cabeza solo flotaba la cara de Tom sonriéndole ampliamente mientras le animaba a continuar. Y así lo hizo hasta que segundos después sintió que no podía contenerse más y se derramó dentro de Víctor con un profundo jadeo que le hizo sollozar.
Víctor cerró los ojos al sentir su calidez recorrerle por dentro dejándole a él vacío sin sentimientos. Se había dejado utilizar para que Andreas pudiera desahogarse en él derramando toda esa ansiedad que Tom le provocaba mientas que él sentía que se iba a echar a llorar.
Porque sabía que jamás podría ocupar su lugar.
Tom era esa persona de la que Andreas seguía profundamente enamorado y aunque sabía que lo suyo jamás iba a poder ser, no lo lograba superar. Tom seguía instalado en su cabeza condicionando cada uno de sus sentimientos y nublándole la vista hasta el punto de no ver a quien tenía justo a su lado, alguien que estaba sufriendo por él mucho más de lo que Andreas parecía imaginar.
Le sintió salir de su cuerpo con cierta brusquedad incorporándose hasta quedar sentado en la cama dándole de nuevo la espalda. Sus hombros subían y bajaban con una respiración entrecortada, recuperando el aliento después del orgasmo que había recorrido de arriba abajo su cuerpo y como si cada palabra que estaba a punto de decir le costara un mundo.
—Lo siento… —murmuró entre jadeos sin atreverse a mirarlo.
Víctor permaneció inmóvil donde estaba con el pecho agitado y los ojos llenos de lágrimas que no sabía si debía dejar caer o contener un poco más.
—Siento mucho utilizarte siempre que lo necesito sin pensar en lo que tú también estás sintiendo—siguió diciendo Andreas con la voz rota.
Aquello le atravesó no porque fuera una acusación, sino porque era exactamente lo que Víctor llevaba tiempo temiendo que Andreas por fin reconociera.
Víctor tragó con esfuerzo intentando que su voz no temblara demasiado cuando habló.
—No eres injusto por necesitar a alguien en momentos así como el que estamos viviendo—dijo con suavidad aunque por dentro se estaba viniendo abajo—Pero duele mucho cuando solo me buscas para tu propio beneficio y luego te alejas como si yo no sintiera nada.
Andreas apretó los puños sobre las sábanas, inclinándose un poco más.
—No es mi intención hacerte daño—susurró.
—Pero me lo haces igualmente—admitió Víctor, sin reproche, solo con una honestidad cansada—Porque yo sí estoy aquí, yo sí te veo. Y a veces siento que tú no puedes verme a mí.
Andreas cerró los ojos, como si esas palabras fueran demasiado pesadas.
Víctor se incorporó en la cama y se acercó lentamente sin atreverse a tocarlo, solo lo suficiente para que Andreas sintiera su presencia detrás.
—No te estoy pidiendo que me quieras como a él porque sé que eso jamás va a suceder—continuó diciendo con un hilo de voz—Solo… que no me apartes como si yo no te importara.
Andreas respiró profundamente sintiendo que estaba temblando, y aunque no se volvió para mirarle sintió que su cuerpo se iba poco a poco relajando como si por fin permitiera que la verdad lo alcanzara.
La distancia entre ellos seguía ahí, pero por primera vez en mucho tiempo, Andreas no la estaba ampliando. Estaba sentado, se sentía vulnerable y estaba escuchando a Víctor quien aunque se sentía una vez más herido por él permanecía a su lado intentando no romperse del todo.
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Se quedaron un rato más en la cama recuperando el aliento hasta que la luz que entraba por la ventana les recordó que el día no iba a esperar por ellos. Jörg fue el primero en moverse pasando una mano por su rostro cansado. David lo observó en silencio, dándole espacio pero sin alejarse.
—Deberíamos levantarnos ya—murmuró Jörg suspirando—Tienes que ir a abrir el club y yo quiero ir a ver si Bill está bien, necesito comprobarlo con mis propios ojos.
—Te acompaño—dijo David sin dudar—Quiero estar a tu lado.
—No tienes por qué hacerlo, Bill es mi hijo y mi problema…—empezó a decir Jörg negando con la cabeza.
—Conozco a Bill desde que era un niño—lo interrumpió David con suavidad—Lo he visto crecer, he estado pendiente de él cada vez que entraba por la puerta del club cuidándole como si fuera mi propio hijo. Quiero acompañarte porque yo también estoy preocupado por él, porque es importante para mí también y porque no quiero dejarte pasar por todo esto a ti solo.
Jörg bajó la mirada conmovido por esa lealtad tranquila que David siempre le ofrecía sin pedir nada a cambio. Asintió, incapaz de decir más.
—Le mandaré un mensaje a Rose para que se encargue de todo—explicó David cogiendo el móvil que tenía en la mesilla—Le diré que pasaré toda la mañana fuera porque tengo un asunto personal que atender, ella se encargará de organizar a los camareros y con ayuda de Melissa y Andreas sé que dejo el club en buenas manos.
Jörg se le quedó observando con una mezcla de gratitud y cansancio mientras escribía el mensaje y lo enviaba, recibiendo al momento la contestación de Rose.
«No te preocupes por nada, yo me encargo de todo en tu ausencia. Espero que no sea nada grave»
—Rose es un encanto de persona —comentó David tras leer el mensaje—Y muy trabajadora, ya te hablé de su situación personal y de lo mucho que se desvive por el club. Se merece otro aumento y alguien que la ayude en la cocina, cada día tenemos más clientes y no damos abasto…
—Quizá debería cerrar el club—dijo Jörg de repente.
—¿Por qué dices eso?—preguntó David mirándole fijamente.
—Cuando se sepa lo del divorcio y salga a la luz nuestra relación, mucha gente me dará la espalda —contestó Jörg suspirando con cansancio—Y eso repercutirá en el club, no querrán que sus hijos vayan a un sitio regentado por alguien como yo.
David negó con firmeza, casi indignado.
—El club siempre ha sido un refugio para esos chicos —empezó a decir—Y no hablo solo de los clientes, me refiero a los camareros que vamos a dejar en la calle si se cierra el club. Trabajan sin quejarse cuando les pido doblar turno, nunca han dado un problema y ahora tendrán que ver cómo se cierra su única fuente de ingresos.
Jörg lo escuchaba en silencio, atrapado entre la culpa y la preocupación.
—El club va mejor que nunca —insistió David desesperado por hacerle ver la realidad—Has visto las cuentas, hemos tenido que contratar camareros extra porque no damos abasto. No podemos cerrarlo y dejar a esos chicos sin nada.
Jörg respiró hondo, como si buscara una salida.
—Hay otra opción —dijo al fin—Cerrar una temporada, solo hasta que se calmen los ánimos y aprovechar ese tiempo para hacer reformas. El padrastro de Georg Listing me llamó el otro día, al parecer Bill y él estuvieron hablando de que quizás al club le vendría bien algunas obras como por ejemplo ampliar la cocina. Podríamos hacer eso, cerramos unos meses, hacemos obra y reabrimos de cara a Navidad.
David se quedó pensativo.
—Me parece una buena idea, pero… ¿y mis camareros?—quiso saber.
—No serán despedidos —respondió Jörg con firmeza—Seguirán cobrando su sueldo a pesar de que esté cerrado. Y sé que, cuando llegue el momento de reabrir, estarán encantados de ayudar a ponerlo todo en marcha.
—Si esto es definitivo, entonces hablaré con ellos el sábado, antes de la hoguera —propuso David más aliviado con esa opción—Estarán todos presentes y podré resolver sus dudas.
Jörg le tomó la mano agradecido por su claridad y su calma. El día apenas había empezado pero por primera vez desde hacía semanas sentía que estaban tomando decisiones que no destruían nada sino que abrían un camino nuevo.
—Siento que estemos hablando del club después de todo lo que le ha pasado a Bill —murmuró David—No debería haber sacado el tema hoy, tendría que haber esperado unos días.
—Te desvives por el club y por tus camareros —empezó a decir Jörg con una sonrisa suave—Solo estabas pensando en su bienestar, te ven como una figura paterna así que es normal que hayas salido en su defensa en cuanto has imaginado que podían tener problemas.
—Gracias por entenderlo… —susurró suspirando David.
Jörg se le acercó y apoyó la frente en su hombro, solo un instante, como si necesitara ese punto de apoyo para no venirse abajo.
—Gracias a ti por estar siempre a mi lado—susurró a su vez.
David le pasó un brazo por la espalda, sosteniéndolo con la misma naturalidad con la que respiraba.
—Vayamos a ver a Bill—dijo sonriendo—Y lo que venga después, lo enfrentamos juntos.
Jörg asintió en silencio dejando que esas palabras lo sostuvieran. No sabía qué encontrarían al llegar, si Bill había logrado superar esa noche tan difícil estando al lado de la persona que más amaba o si por el contrario se habría derrumbado incapaz de soportar todo lo que le había pasado.
Tenía miedo de lo que podía encontrarse cuando abriera la puerta del apartamento, pero la única cosa que sabía con certeza era que su hijo no estaba solo y que entre todos lograrían sacarle de ese pozo en el que se hallaba sumido.
David fue le primero en moverse, se levantó de la cama lentamente como si no quisiera romper la calma frágil que había entre ellos. Jörg lo imitó un segundo después cogiendo aire profundamente intentando dejar atrás la tensión que había llevado con él desde que saliera por la puerta de su casa.
David le tomó de la mano y le dedicó una sonrisa tranquila y juntos echaron a andar hacia el baño dejando atrás sus dudas por un momento y preparados para lo que el destino les tuviera preparado.
Continúa…
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