Incomplete 105

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Fic TOLL de lyra

Capítulo 105

Llegaron al club casi en silencio aún con la tensión de la mañana pegada a la piel, lo primero que les llamó la atención fue la ausencia de David y que en su lugar estuviera Rose fuera de la cocina con el delantal puesto y una libreta en la mano dando instrucciones rápidas al resto de sus compañeros que las obedecían sin rechistar.

Cuando los vio acercarse soltó un suspiro de alivio.

—Menos mal que habéis llegado —dijo acercándose a ellos—David no vendrá esta mañana y me ha dejado a cargo.

Todos intercambiaron miradas sorprendidas, David nunca faltaba y menos un día con personal nuevo.

—¿Va todo bien? —preguntó Melissa aunque su tono dejaba claro que no esperaba una respuesta completa.

—No lo sé exactamente pero confío en que sí—contestó por encima Rose—Solo me dijo que tenía que ocuparse de algo importante y que me encargara yo de todo con ayuda tuya y de Andreas.

Melissa asintió al momento con la cabeza mientras le daba un ligero codazo a Andreas que parecía distraído y no prestaba atención a sus palabras.

—Necesito que uno de vosotros se encargue de revisar los pedidos y comprobar que todo esté en su sitio como hacía Bill—pidió Rose—Y el otro que se encargue de enseñar a los nuevos para que no se pierdan, hoy no podemos permitirnos caos.

Melissa asintió enseguida, entrando en modo trabajo.

—Sin problema, yo me ocupo de los pedidos y de revisar el almacén—se ofreció Melissa.

—Y yo me encargo de los nuevos —murmuró Andreas intentando sonar más centrado de lo que se sentía.

Rose sonrió agradecida y luego se dirigió a su hija.

—A ti te necesito en la cocina, necesito un par de manos más y tú eres la única que no se asusta cuando ve una olla hirviendo.

—Mientras que no me pongas a cortar cebolla, te hecho una mano en lo que sea—dijo Anouk soltando una risa suave, la primera de la mañana.

—Iros a cambiar con rapidez y empecemos a trabajar—dijo Rose con firmeza echando a andar hacia el embarcadero—Ya hace calor y esto se va a llenar de clientes sedientos en unos minutos.

Todos se dieron prisa en obedecer mientras que Víctor se quedaba rezagado, se había dado cuenta de que su madre había estado asignando las tareas y a él no le había dicho nada. Como si no tuviera nada que ofrecer o como si los demás fueran mejores camareros que él.

Andreas se dio la vuelta al notar que no lo seguía.

—¿Estás bien? —preguntó con suavidad acercándose un poco.

Víctor intentó recomponerse pero la molestia seguía ahí, atravesándole el pecho.

—No—admitió bajando la mirada—Mi madre no me ha dicho nada, a todos os ha dado algo importante que hacer menos a mí. Parece que no confía en que pueda hacer nada bien.

—Víctor, sabes eso no es así—dijo Andreas frunciendo el ceño.

—Pues es lo que parece—murmuró Víctor mirándole fijamente —Siempre es igual, tanto David como mi madre piensan que tú y Melissa sois los únicos capaces de llevar el club cuando él falta, y desde que volvió Anouk es como si yo no trabajara aquí. A mi madre le encanta trabajar con ella codo con codo en la cocina, yo lo intenté una vez y me echó diciendo que solo le estorbaría…

Andreas lo escuchaba en silencio, incapaz de interrumpirlo. Cada palabra revelaba algo que él no había visto o quizá algo que no había querido ver. Víctor no solo luchaba por salvar su relación, también estaba peleando por dejar de sentirse invisible a los ojos de su madre.

—Víctor… —empezó a decir con cautela acercándose un poco más—No sabía que te sentías así.

—Porque nunca lo digo —soltó Víctor sin poderse contener— ¿Para qué? Nadie lo nota.

Andreas negó lentamente con una expresión seria que pocas veces mostraba.

—Soy tu novio, deberías haberme hecho saber que te sentías así en casa—dijo mirándole con firmeza—Y te aseguro que no eres invisible para nadie, todos te tienen mucho aprecio y David valora mucho tu trabajo y también tu madre.

—Pues no lo parece—insistió Víctor cruzándose de brazos.

—Debes entender que tu madre ha echado mucho de menos la época en la que Anouk trabajaba aquí en el club —empezó a decir Andreas tratando de mantener la calma—Y ahora que ha vuelto quiere recuperar ese tiempo con ella y quizás no se da cuenta de que tú te sientes desplazado pero lo hará y cuando lo haga moverá cielo y tierra para remediarlo. Y no deberías pensar que no le importas a nadie porque a mí me importas mucho.

Víctor lo escuchaba en silencio con el corazón encogido. Una parte de él no podía evitar pensar que si de verdad le importara tanto como decía dejaría de pensar en Tom todo el tiempo y se daría cuenta del daño que le hacía.

—El club no sería lo mismo sin ti —continuó diciendo Andreas sin apartar de él la mirada—Eres el que siempre está haciendo bromas y el que cuenta chistes malísimos para levantarnos el ánimo cuando llevamos horas de pie y estamos agotados. Cuando tú no estás, el club se siente más vacío y más triste.

—Soy el payaso del club —murmuró suspirando Víctor, como si la frase le pesara más de lo que quería admitir.

Andreas negó con la cabeza al momento esbozando una sonrisa suave que no buscaba burlarse de sus sentimientos sino apoyarlos en esos momentos que tanto lo necesitaba.

—Eres el alma del club —corrigió con calidez—Y David te aprecia muchísimo por eso. ¿Sabes que el otro día no podía dejar de reírse con uno de tus chistes? Con lo serio que es… intentaba mantener la compostura pero le fue imposible, tuvo que encerrarse en el despacho para que nadie lo viera.

Víctor levantó una ceja sorprendido por sus palabras sin poder evitar que se le escapara una tímida sonrisa, nunca habría imaginado algo así viniendo de alguien tan serio y reservado como lo era David. Era como si esas palabras le hubieran encendido una luz por dentro, una que llevaba días apagada.

—¿De verdad? —preguntó en un susurro ya sin la amargura de antes.

—De verdad—contestó Andreas asintiendo con la cabeza—Y no solo él, todos adoran trabajar contigo porque haces el trabajo más ameno. Todo es más ligero más fácil….más nuestro.

Víctor sintió un calor extraño en el pecho, una mezcla de alivio y algo que no se atrevía a nombrar. Por un instante esa sensación que tenía de no encajar quedó en segundo plano porque Andreas lo estaba mirando como si de verdad lo viera, como si no fuera invisible y como si importara.

Y eso, para Víctor, lo cambiaba todo.

— ¿Quieres ayudarme con los nuevos?—le pidió Andreas.

— ¿No te molestará que me pase toda la mañana pegado a ti?—preguntó Víctor sin poderse contener.

Andreas se quedó sin aire como si la pregunta lo hubiera pillado con la guardia baja, carraspeando antes de contestarle.

—No, no me molestará —respondió al fin con un tono más suave—He pensado que así pasaremos más tiempo juntos y si tenemos un hueco podríamos hablar.

Víctor asintió en silencio sintiéndose mal por haber estallado como lo había hecho.

—Solo quiero asegurarme de que estás bien y no hacer nada que te incomode hoy—murmuró intentando sonar casual, aunque la vulnerabilidad se le escapaba entre las palabras.

Andreas tragó con esfuerzo y se le quedó mirando. Había algo en su expresión… una mezcla de cansancio, culpa y un agradecimiento silencioso que no sabía cómo poner en palabras.

—Sé que solo estás preocupado por mi pero te aseguro que nada de lo que haces me incomoda—dijo con firmeza—Venga, vamos a cambiarnos de ropa cuanto antes. Los nuevos nos esperan y tenemos mucho trabajo por delante.

Víctor asintió y le siguió hasta el almacén manteniendo una distancia prudente pero lo bastante cerca como para que Andreas supiera que estaba ahí, sin exigir nada, sin presionarlo, solo acompañándolo.

Y aunque ninguno de los dos lo quería decir en voz alta, ambos sintieron que ese gesto tan simple y cotidiano era un paso más hacia algo que aún no sabían nombrar.

&

Terminó de poner la mesa y estuvo esperando probando alguna que otra cosa hasta que escuchó el agua de la ducha cortarse. Un minuto después Bill salió del dormitorio secándose el pelo con una toalla, llevando un albornoz blanco y un aire mucho más fresco que antes.

—¿Ha llegado ya? —preguntó, acercándose.

Tom señaló la mesa sonriendo viendo como Bill se quedaba sin habla al ver lo que había sobre ella.

—¿Pero… qué es todo esto?

—Según el restaurante, lo que siempre pide tu padre —contestó Tom encogiéndose de hombros—Y por lo visto ya había llamado al restaurante diciendo que tenía invitados en el apartamento y que todo lo que pidieran fuera cargado a su cuenta.

—Ya has oído a Arthur, mi padre no quiere que nos falte de nada—murmuró Bill acercándose a la mesa—Y no sé cuanto tiempo vamos a permanecer aquí.

Se quedó en silencio inspeccionando detenidamente cada plato con una mezcla de sorpresa y nostalgia.

—Mi padre y David habrán compartido más de un desayuno aquí en el apartamento—comentó en un susurro.

—Siéntate —pidió Tom—Vamos a aprovechar que hoy no tenemos prisa.

Bill obedeció, y Tom tomó asiento frente a él. Durante unos segundos ninguno habló, solo se miraron con esa complicidad silenciosa que había vuelto a nacer entre ellos sin necesidad de explicaciones.

Bill fue el primero en bajar la mirada, no por incomodidad, sino porque la emoción le apretó el pecho de una forma inesperada. Tom lo notó y esbozó una sonrisa tranquila y cálida.

—Todo huele increíble —murmuró Bill señalando el desayuno.

—Y sabe aún mejor—respondió Tom sirviéndole un poco de café—Vamos, prueba algo. Los croissants están recién hechos y huelen deliciosos.

Bill tomó la taza entre las manos dejando que el calor le templara los dedos, dio un sorbo y cerró los ojos un instante como si ese gesto simple le devolviera un pedazo de normalidad que creía perdido.

—Gracias —dijo de pronto, sin levantar la mirada.

—¿Por el café?—murmuró Tom dejando el suyo a un lado.

—Por todo—aclaró Bill negando suavemente con la cabeza—Por no soltarme y por no tener miedo de tocarme de nuevo.

Tom se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en la mesa.

—Tuve miedo al principio, es cierto—admitió Tom mirándole fijamente—No quería despertarte dolorosos recuerdos pero una vez te tuve entre mis brazos supe que lo necesitabas para pasar página.

—Quería hacerlo cuanto antes—confesó Bill en voz baja—Porque una vez más Alexander me hizo pensar que lo que acababa de pasar entre nosotros yo también lo estaba deseando.

Tom se quedó en silencio escuchándole hablar, era la primera vez que tocaba ese tema y sabía que Bill lo debería hablar con alguien aunque quizás era demasiado pronto y él no le quería presionar.

—No pude hacer nada por evitarlo—siguió diciendo Bill en voz baja—Alexander no dejó de tocarme hasta llevarme al orgasmo solo para demostrarme de esa manera que lo estaba disfrutando cuando era todo lo contrario. Por eso quise que tú volvieras a tocarme, quería que borraras ese momento recordándome lo seguro que me siento a tu lado y lo mucho que disfruto con tus caricias.

—Pronto volverás a ser el de antes—prometió Tom con firmeza—Olvidarás lo pasado y a partir de ahora nada ni nadie va a separarnos.

Bill levantó la mirada y en sus ojos había algo nuevo. Una mezcla de alivio, cariño y una confianza que llevaba tiempo rota.

—Entonces… —susurró—Supongo que hoy empieza una nueva vida.

—Sí, empieza una nueva vida y la vamos a vivir juntos—dijo Tom asintiendo lentamente sin apartar la mirada de él.

Bill esbozó una sonrisa pequeña pero luminosa y cogió un trozo de fruta como si ese gesto marcara el primer paso de esa «nueva vida». Y entonces estiró la mano por encima de la mesa para rozar los dedos de Tom que él no dudó en entrelazarlos.

—Quiero salir a dar un paseo después del desayuno —dijo Bill cambiando de tema visiblemente más animado— ¿Conoces Potsdam? Podríamos ir a ver el Palacio de Sanssouci, era la residencia de verano de Federico el Grande y es muy famoso por sus terrazas de viñedos y su interior rococó.

Tom lo escuchaba con una sonrisa suave, muy feliz de verlo hablar con entusiasmo, casi como si fuera un guía turístico describiendo su lugar favorito.

—Podemos ir otro día —murmuró carraspeando—Tengo que pasar por la clínica del doctor Listing para que me hagan las curas y revisen cómo tengo la mano.

—Aún no te he preguntado cómo pasó —comentó Bill mirándolo con preocupación.

—Georg vino al club a contarme lo que te había ocurrido —explicó Tom sin adornos bajando la mirada hacia su vendaje—Y no pude contenerme tras escucharle y golpeé una pared de la rabia que estaba sintiendo, quería ir a casa de Alexander y matarlo con mis propias manos por lo que te había hecho.

Bill le escuchaba en silencio sorprendido por la crudeza de sus palabras, no porque no entendiera su rabia sino porque nunca lo había visto admitir algo así tan abiertamente.

—Tom… —le llamó en voz baja sintiendo que los ojos se le llenaban de lágrimas.

Tom notó al instante su cambio de ánimo y sin soltar la mano que aún sostenía con delicadeza la apretó con un gesto cálido y casi protector.

—No debería habértelo dicho así —se disculpó en voz baja—Fue lo que sentí en esos momentos, cuando Georg me contó lo que te había hecho ese cabrón perdí la cabeza y no pensé en nada, solo reaccioné.

Bill se quedó observando la mano vendada de Tom, la forma en que la protegía sin darse cuenta y sintió un nudo en el pecho. No era culpa suya, pero aun así se sentía muy responsable.

—No quiero que te hagan daño por mi culpa —pidió en un susurro.

—No fue culpa tuya—dejó Tom bien claro—Alexander es el único culpable, fue por él y por la impotencia de no haber estado allí para evitarlo.

Bill bajó la mirada hacia su plato, empujando con el tenedor un trozo de tostada sin apetito.

—No quiero que te metas en problemas por mi culpa—suplicó en un susurro.

Tom se inclinó un poco hacia él buscando su mirada.

—Solo necesitaba sacar la rabia de alguna forma—explicó con una calma que contrastaba con la intensidad de sus palabras—Y créeme, golpear una pared fue la opción más sensata que tuve en ese momento.

—Aun así… —insistió Bill—No quiero que te pase nada.

—Lo único que me importa es que tú estés bien —dijo Tom mirándole con una mezcla de ternura y dolor.

Bill tragó con esfuerzo sintiendo cómo esas palabras le aflojaban algo en el pecho que llevaba desde el día anterior sintiendo que le apretaba haciendo que le costara respirar.

—Estoy mejor —dijo con firmeza—Contigo a mi lado sé que estaré mejor.

Tom esbozó una sonrisa pequeña pero sincera, de esas que solo le salían cuando Bill decía algo que lo tocaba de verdad.

—Después de la clínica si aún quieres dar ese paseo por Potsdam lo damos—dijo retomando la conversación anterior —O vamos donde quieras, no me importa el sitio siempre que estemos juntos.

Bill sintió un calor inesperado subirle a las mejillas.

—Entonces iremos —murmuró intentando sonar casual—Pero primero pasamos por la clínica, tu mano es más importante en estos momentos.

Tom asintió, y por un momento, el silencio entre ellos no fue incómodo. Fue cálido y seguro.

Y mientras terminaban el desayuno Bill no podía evitar pensar que pese a todo lo que había perdido en los últimos días, había algo y alguien que estaba empezando a ganar.

&

Llevaba ya mucho tiempo trabajando en el despacho como si fuera un centro de operaciones improvisado. Tenía varios documentos abiertos sobre la mesa, el portátil encendido y el móvil pegado a la oreja. David lo observaba desde el sofá que había en una esquina sin interrumpirlo pero con el ceño fruncido, cada llamada que hacía Jörg parecía más seria que la anterior.

—Sí, necesito que lo tramiten todo hoy mismo—decía Jörg al teléfono con ese tono firme que solo usaba cuando no aceptaba un «no» por respuesta—Documentación completa incluyendo nuevo pasaporte, DNI y certificado de nacimiento a nombre de Tom Trümper…por supuesto que tengo autorización, necesito tenerlo todo lo antes posible. Gracias.

Colgó y soltó un suspiro largo, apoyando las manos en la mesa. David se incorporó un poco en el sofá.

—¿Nueva documentación? —preguntó con cautela sin querer sonar acusador.

Jörg no respondió de inmediato, se pasó una mano por el pelo respirando profundamente y marcó otro teléfono en el móvil.

—Buenos días, soy Jörg Kaulitz. Necesito realizar una modificación en una tutela temporal que solicité a favor de Tom Trümper. Se trata de circunstancias excepcionales…lo entiendo, es urgente y cuanto antes se empiece a tramitar mejor. Gracias.

Colgó y se quedó quieto mirando un punto fijo en la pared, como si estuviera reuniendo fuerzas.

—Jörg… ¿qué estás haciendo exactamente?—preguntó David levantándose del sofá.

Jörg cerró los ojos un instante cogiendo aire.

—Lo que tengo que hacer —contestó con la voz baja pero firme—Bill no puede volver a esa casa después de lo que le ha pasado y no voy a permitir que legalmente Tom quede desprotegido.

—¿Para eso toda la nueva documentación?—interrogó David mirándole con una mezcla de preocupación y admiración.

—Si Tom ya no quiere seguir viviendo bajo mi mismo techo va a necesitar una documentación nueva y necesito que todo esté en regla —explicó Jörg volviendo a su tono práctico—No puedo dejar cabos sueltos, además que iba a necesitar la nueva documentación tarde o temprano. Yo solo estoy acelerando el proceso porque creo que es necesario.

David asintió lentamente empezando a entenderlo todo.

—¿Y lo del la modificación en la tutela?

—No se sabe con certeza la edad que tiene, puede cumplir los 18 en breve y entonces dejará de estar a mi cargo—contestó Jörg mirándole con ojos cansados pero decididos—Le estoy devolviendo la libertad que tenía antes para vivir donde quiera, no sé que va a pasar con mi divorcio o qué armas legales querrá usar Simone. Quiero protegerle legalmente ya que Tom no está en condiciones de hacerlo solo y Bill menos aún.

—Jörg, pero esto que estás haciendo no es del todo legal—murmuró David tragando con esfuerzo.

—Lo sé, pero es necesario hacerlo—replicó Jörg con una sinceridad que lo sorprendió incluso a sí mismo—Solo quiero protegerlos, ya han sufrido bastante y se lo merecen.

David sintió un nudo en la garganta. Se acercó un poco más sin invadir su espacio pero lo bastante cerca para que Jörg sintiera su presencia.

—Estoy contigo —dijo con firmeza—En todo.

Jörg asintió respirando profundamente y volvió a coger el móvil.

—Aún me quedan un par de llamadas —murmuró suspirando—Esto solo acaba de empezar.

Pero antes de que pudiera hacer otra llamada, su móvil empezó a sonar. Jörg se quedó inmóvil un segundo sorprendido al ver el nombre en la pantalla.

Gordon Vandael.

Se apresuró a contestar, aún tenía muchas cosas pendientes pero después de lo ocurrido el día anterior con Alexander quizás Gordon necesitaba hablar.

—Jörg, perdona que te moleste pero quería que supieras que Simone está en mi casa —dijo Gordon sin rodeos.

—¿Qué hace ahí? —preguntó Jörg frunciendo el ceño.

—Ha venido muy alterada, le ha contado a Eleonore que anoche echó a Bill de casa y que tú le has pedido el divorcio —explicó por encima Gordon.

—Bill se fue porque no puede seguir viviendo bajo el mismo techo que ella, y tú lo sabes —respondió Jörg con firmeza.

—Por supuesto que lo sé —se apresuró a decir Gordon—Le ha contado a Eleonore que en una discusión que estaba manteniendo con Bill se entrometió Tom y tuvo que echarlo de casa por todo lo que se atrevió a decirle. Fue entonces cuando Bill se rebeló y se fue de casa con él, y que tú le pidieras el divorcio ha sido la gota que ha colmado el vaso. Quería retrasarlo como pudiera incluso venía dispuesta a que le echara una mano con Bill, me imagino que otra vez planeaba ingresarlo a la fuerza en una clínica a lo que yo obviamente me habría negado en rotundo.

Jörg guardó silencio.

¿Hasta dónde pensaba llegar su mujer para seguir haciéndole daño a Bill con tal de retenerlo?

—Eleonore ha estado hablando con ella intentando hacerla entrar en razón —continuó diciendo Gordon—Cuando ayer supo lo que Alexander había hecho pensé que iba a reaccionar mal pero lo aceptó de inmediato, dijo que era lo que deberíamos haber hecho hace tiempo. Le expliqué lo que le había hecho a Bill y eso la ha dejado conmocionada, ya sabes cuánto lo quiere y por eso está totalmente de acuerdo con el ingreso de Alexander.

—Es una gran mujer —murmuró Jörg.

—Y ha conseguido que Simone cambie de parecer —añadió Gordon aliviado—Firmará los papeles del divorcio pero dice que no quiere volver a esa casa, está muy abatida y la hemos invitado a quedarse con nosotros mientras dure el proceso. Quiere poner la casa a la venta, dice que está llena de recuerdos dolorosos y ya le hemos pedido a Alice que empiece a empaquetar todas sus cosas. No debes preocuparte por ella, nosotros la cuidaremos.

—Gracias por todo, Gordon—murmuró Jörg suspirando—Y perdona las molestias… sé que vosotros también lo estáis pasando muy mal.

—Sabes que todo lo hacemos por Bill —dijo con firmeza Gordon—Cuidaremos de Simone y le buscaremos un nuevo hogar.

Jörg volvió a darle las gracias y colgó la llamada. A su lado, David había escuchado parte de la conversación y por primera vez en horas ambos sintieron que podían respirar un poco más aliviados.

—Simone ha ido a ver a Gordon para intentar que hiciera algo con Bill, solo para vengarse de mí por pedirle el divorcio —comentó Jörg con un suspiro cansado—Entiendo que lo esté pasando mal, pero que vuelva a atacar a Bill… tengo que hacer lo que sea para protegerlo.

—Pero ha cambiado de idea —apuntó David—Y va a quedarse a vivir con Gordon y Eleonore una temporada, ellos sabrán frenarla si vuelve a intentarlo. Me dijiste que quieren a Bill como si fuera su propio hijo, no van a permitir que le haga daño.

—Eso espero, porque no puedo soportar la idea de que lo vuelva a utilizar solo para hacerme daño—murmuró Jörg, llevándose una mano al rostro—Nunca lo ha querido de verdad, nunca le ha importado su bienestar… y yo lo he estado permitiendo durante demasiado tiempo.

David se le quedó observando en silencio unos segundos sintiendo el peso de esas palabras. Había visto a Jörg cargar con culpas que no le pertenecían, con responsabilidades que no eran suyas y con un dolor que llevaba años acumulándose.

—No eres responsable de lo que ella ha hecho pero ahora estás haciendo lo correcto—dijo finalmente con una calma firme—Estás protegiendo a Bill y eso es lo que importa.

Jörg asintió, aunque la culpa seguía asomando en su mirada.

—Debí haber reaccionado antes —susurró suspirando—No debí permitir que las cosas llegaran tan lejos.

David se acercó un poco más sin necesidad de tocarlo para transmitirle su apoyo.

—Lo estás haciendo ahora —insistió—Y Bill lo está viendo, estás a su lado cuando más lo necesita.

Jörg cerró los ojos unos segundos dejando que esas palabras lo sostuvieran. Por primera vez en mucho tiempo, sentía que estaba haciendo lo correcto por una vez en su vida.

—¿Ya tienes toda la documentación necesaria? —preguntó David cambiando de tema.

—Sí —respondió Jörg carraspeando—Ya podemos irnos del despacho, tú deberías volver al club y yo tengo que hablar con Bill y con Tom cuanto antes.

—¿Quieres que me quede?—preguntó David mirándole fijamente.

—Llevas media mañana fuera del club—contestó Jörg con una mezcla de cariño y cansancio—Ve a trabajar y luego te cuento cómo ha ido.

David asintió aunque no parecía del todo convencido, no quería dejarlo solo en un momento tan delicado pero conocía a Jörg lo suficiente como para no insistir.

—Está bien —dijo finalmente—Llámame en cuanto termines.

—Lo haré —prometió Jörg dedicándole una sonrisa leve casi triste— ¿Puedes dejarme en nuestra casa? Me gustaría hablar allí con Bill… y que la viera.

David asintió sin dudar, aunque por dentro algo se le encogió.

Nuestra casa.

Aún le costaba creer que esas palabras fueran reales.

Mientras le veía ponerse en pie y guardar en su maletín toda la valiosa documentación que había recopilado, David no pudo evitar pensar en lo que ese lugar significaba. La casa que Jörg había comprado para ellos dos y para Bill también, por supuesto. Un hogar pensado para empezar de cero lejos de secretos, de miradas juzgadoras y de la vida que Jörg había llevado durante tantos años.

Era algo más pequeña que la mansión que había cedido a Simone pero eso no importaba en absoluto, lo que importaba era lo que representaba. Un espacio donde por fin podrían amarse sin esconderse, sin puertas cerradas y sin miedo a ser descubiertos.

David sintió un calor extraño en el pecho, mezcla de ilusión y vértigo. Habían esperado tanto tiempo ese momento que casi parecía irreal.

—Vamos —dijo Jörg sacándolo de sus pensamientos.

David asintió carraspeando y echó a andar tras Jörg, quien le abrió la puerta para que saliera primero. Y mientras salían juntos del despacho, por primera vez en mucho tiempo ambos sintieron que estaban caminando hacia algo que por fin les pertenecía.

Jörg caminaba a su lado respirando profundamente mientras se preparaba para lo que iba a venir a continuación. Hablar con su hijo y con Tom no iba a ser fácil, pero era necesario.

Y esa vez, no pensaba esconderse ni huir.

Era el momento de afrontar las consecuencias y de empezar a reparar lo que aún podía salvarse.

&

Horas después salió del despacho de David con la tablet en la mano estirándose un poco después de haber permanecido media mañana revisando albaranes mientras se preguntaba como podía hacerlo Bill sin sentir que no podía respirar encerrado entre esas paredes. Recorrió el almacén y entonces vio a Víctor ordenando bebidas sin demasiado interés. Estaba demasiado callado, demasiado metido en su cabeza.

Demasiado Víctor preocupado.

Se acercó sin pensarlo por más tiempo.

— ¿Estás bien?—preguntó en voz baja para no sobresaltarlo—Llevas toda la mañana como si no estuvieras aquí.

Víctor no pudo evitar ponerse tenso, había estado esperando que nadie lo notara pero era inevitable no hacerlo cuando siempre estaba alegre y en esos momentos parecía estar en un funeral.

—Estoy bien —murmuró, aunque el tono lo desmentía por completo.

Melissa apoyó la carpeta en una caja y cruzó los brazos.

—No, no lo estás—insistió Melissa cruzándose de brazos—Te conozco, ¿qué ha pasado esta vez?

Víctor tragó con esfuerzo dudando en contarle todo eso que sentía apretarle el pecho, y al final decidió hablar porque sentía que no podía guardárselo dentro por mas tiempo sin estallar.

—Es Andreas —confesó al fin—Estoy preocupado por él, aunque no quiere decirlo en voz alta sé que está fatal por no poder hablar con Tom y que no puede dejar de pensar en él.

—Otra vez Tom—dijo suspirando Melissa— ¿Cuándo aceptará que está con Bill y lo suyo no puede ser?

—Nunca lo va a poder superar—susurró con firmeza Víctor—Andreas sigue enganchado a él y creo que lo mejor para mí sería dejarle antes de que me haga más daño.

—Pero…si estás muy enamorado de él—dijo Melissa con suavidad mirándole fijamente.

Víctor apretó los labios evitando su mirada.

—No importa lo que yo sienta —dijo suspirando—Lo que importa es que Andreas está sufriendo, yo no puedo hacer más de lo que ya hecho para tratar de consolarlo y Tom… Tom no está en condiciones de darle nada. Ni ahora ni quizás nunca.

Melissa dio un paso más cerca, bajando la voz.

—Víctor… no puedes decidir por él. Ni protegerlo de lo que siente. Solo puedes estar ahí.

Él negó con la cabeza, desesperado.

—Verlo así me mata—confesó en un susurro—Y sé que si sigue esperando algo de Tom va a romperse del todo y yo…no quiero verlo romperse y tampoco quiero que me siga haciendo daño.

Melissa se le quedó observando unos segundos con esa mezcla de ternura y claridad que solo ella sabía manejar.

—Entonces no lo dejes solo, pero tampoco decidas por él—suplicó—Habla con él cuando puedas, no tengas miedo de hacerlo y déjale las cosas bien claras.

Víctor respiró profundamente como si esas palabras le dolieran y al mismo tiempo le dieran un poco de aire.

—Lo intentaré de nuevo—murmuró suspirando.

—Hazlo cuanto antes—dijo Melissa apretándole el brazo con cariño—No dejes que su obsesión por Tom te arrastre a ti también.

Melissa lo dijo con una calma que no restaba ni un ápice de contundencia. Era una frase suave, pero con filo. Víctor sintió cómo le atravesaba porque no era un reproche, era una advertencia hecha desde el cariño.

—No es una obsesión —murmuró, aunque ni él mismo estaba seguro de creerlo—. Solo es… que le importa mucho.

Melissa ladeó la cabeza, observándolo con esa claridad que siempre la caracterizaba.

—Le importa, sí—admitió con firmeza— Pero tú también le importas y ahora mismo está tan atrapado en lo que siente por Tom que no ve nada más. Ni siquiera a sí mismo. Y tú estás ahí, intentando sostenerlo sin romperte.

Víctor apretó la mandíbula. No quería admitirlo, pero Melissa llevaba razón. Andreas estaba perdido en un dolor que no sabía gestionar, y él estaba demasiado cerca y demasiado dispuesto a absorberlo todo.

—No quiero dejarle—admitió al fin, en voz baja—Pienso que sería lo mejor pero en el fondo no quiero hacerlo.

—No tienes que hacerlo —dijo Melissa acercándose un poco más—Solo asegúrate de que no te pierdes tú también. Habla con él, dile lo que ves y lo que temes y necesitas.

—Ya hemos hablado varias veces y creo que si insisto de nuevo se puede enfadar—explicó Víctor con voz temblorosa— No quiero que piense que le estoy presionando a tomar una decisión en estos momentos después de lo que ha pasado.

—Andreas no se enfadará contigo por decirle la verdad—dijo Melissa sonriéndole con ternura—Se enfadará consigo mismo por no haberla visto antes. Pero eso… también es parte de sanar.

Víctor asintió en silencio, sentía la cabeza a punto de explotarle.

—Hazlo cuanto antes —repitió Melissa, esta vez más suave—Que se enfrente de una vez a lo que siente por Tom y vea que es imposible.

Víctor asintió lentamente, no porque estuviera listo sino porque sabía que tenía que hacerlo.

Y porque en el fondo, temía que Melissa tuviera razón, si seguía callando, no solo perdería a Andreas… también podría perderse a sí mismo.

Continúa… 

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por lyra

Escritora del Fandom

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