Incomplete 106

Incomplete 106

Fic TOLL de lyra

Capítulo 106

Terminaron de desayunar sin prisa alguna disfrutando todo lo que podían de ese pequeño remanso de calma antes de enfrentarse al día que les esperaba. Bill se encargó de dejarlo todo recogido mientras que Tom se daba una ducha rápida y una vez hecho fue al dormitorio a coger el móvil y llamar a Arthur, que no tardó en responder.

—Buenos días Arthur, ¿podrías venir a buscarnos? —pidió Bill acercándose a la ventana—Necesitamos que nos lleves a la clínica del doctor Listing, Tom tiene que hacerse las curas de su mano

—Por supuesto, salgo ahora mismo —dijo Arthur sin dudar.

—Gracias, te esperamos abajo—se despidió Bill.

Colgó justo cuando Tom salía del baño con una toalla ajustada en su cintura mientras se secaba el pelo con otra con esa expresión tranquila que solo mostraba cuando estaba con él.

—Estaba hablando con Artur—explicó Bill dejando el móvil sobre la mesilla—Vendrá a llevarnos a la clínica.

—Pues vamos a vestirnos—murmuró Tom abriendo el armario.

Escogió la ropa que se iba a poner mientras que Bill entraba en el baño, aparte de la ropa Arthur le había llevado su neceser y aunque no tenía muchas ganas de arreglarse decidió aplicarse un ligero maquillaje para disimular las ojeras que lucía para así disimular el no haber dormido nada esa noche.

Mientras Tom se daba prisa en vestirse para dejarle el dormitorio libre, no quería que Bill se sintiera incómodo al tener que cambiarse de ropa con él allí. Estaba sentado a los pies de la cama intentando ponerse los playeros sin mover demasiado la mano vendada cuando Bill salió del baño y se le quedó observando un instante viendo cómo luchaba por atarse los cordones sin hacerse daño.

—¿Te ayudo? —preguntó acercándose.

Antes de que Tom pudiera contestar Bill ya se había arrodillado frente a él con naturalidad y empezado a atarle los playeros con cuidado, como si fuera lo más normal del mundo. Tom se quedó observando en silencio sorprendido por la ternura del gesto.

—Bill… —llamó en un susurro.

Bill levantó la mirada y Tom sintió que el aire se le atascaba un segundo. Había algo en esos ojos cansados, algo vulnerable y decidido a la vez, que lo desarmaba por completo.

—No tenías que hacerlo —murmuró Tom, aunque sonaba más agradecido que incómodo.

Bill terminó de atarle el último cordón y se incorporó lentamente apoyando una mano en la cama para levantarse.

—Tú me has ayudado, y ahora es mi turno—dijo con suavidad.

Tom se le quedó mirando en silencio y moviendo con cuidado la mano vendada rozó con suavidad su mejilla apenas unos segundos como si temiera que el gesto fuera demasiado. Pero Bill no se alejó de su contacto, de hecho inclinó un poco la cabeza como si ese contacto mínimo le confirmara más de lo que ambos se imaginaban.

Se quedaron mirando en silencio hasta que Bill sintió que se sonrojaba y fue el primero en moverse.

—Vamos, Arthur está a punto de llegar—murmuró carraspeando.

Tom se levantó de la cama y salió de la habitación para darle la intimidad que sabía que querría para quitarse el albornoz y empezar a vestirse. Una cosa era lo que habían compartido esa mañana en el sofá y otra que Bill tuviera ya las fuerzas necesarias para volver a mostrarse sin ropa ante él.

Aún faltaba mucho tiempo para eso y Tom lo sabía.

Una vez ambos estuvieron listos, salieron del apartamento. Arthur ya esperaba abajo, puntual como siempre, y media hora después llegaron a la clínica del doctor Listing. Una enfermera recibió a Tom con una sonrisa amable y lo acompañó a la sala de curas con Bill quien no quería separarse de su lado.

La enfermera trabajó con toda la suavidad posible, retirando la venda anterior y revisando la herida con atención antes de colocarle una más ligera y menos aparatosa.

—Está todo perfecto —explicó mientras ajustaba el vendaje—Procura no mojarla y cámbiala todos los días. Si ves que no la necesitas, puedes pasar algunas horas sin ella para que la piel respire.

Bill escuchaba cada indicación con absoluta concentración, no quería depender de la clínica para algo que él mismo podía hacer por Tom. Observó cada movimiento y cada gesto, memorizando la forma correcta de curar la herida y colocar la venda.

Cuando terminaron, salieron juntos al pasillo y allí se encontraron con el padre de Georg que esperaba apoyado en la pared con los brazos cruzados.

—¿Qué tal va esa mano? —preguntó con una sonrisa cordial.

—Mucho mejor, gracias —respondió Tom—Apenas me duele y pronto estaré como nuevo.

El hombre asintió satisfecho antes de volverse hacia Bill.

—¿Y tú qué tal estás?—preguntó en voz baja.

—Mejorando poco a poco—contestó Bill sin dudar.

—Se nota —dijo el doctor Listing asintiendo con la cabeza—Tienes mucho mejor aspecto.

Bill bajó la mirada un instante, casi avergonzado por el cumplido, pero Tom lo miró de reojo con una pequeña sonrisa como si también él lo hubiera notado.

—Gracias —respondió Bill con sinceridad.

—Me alegro de veros así —añadió el doctor Listing—Si necesitáis lo que sea, ya sabéis dónde encontrarme.

—Gracias por todo —dijo con firmeza Tom.

El hombre les dio una palmada suave en el hombro a cada uno antes de despedirse.

Cuando se quedaron solos de nuevo, Bill soltó un suspiro que llevaba rato conteniendo.

—Vamos —dijo Tom, rozándole el brazo con la mano sana—Demos ese paseo por Potsdam como habíamos quedado y luego vemos dónde comemos.

Bill asintió y ambos salieron de la clínica. Arthur salió del coche en cuanto los vio y se apresuró a abrirles la puerta.

—Su padre quiere que se reúnan con él —informó en voz baja dirigiéndose directamente a Bill.

Bill simplemente asintió con la cabeza y subió al coche seguido de Tom dejando que Arthur cerrara la puerta tras ellos.

—¿Cambio de planes? —preguntó Tom mientras se acomodaba en el asiento.

—Mi padre quiere vernos—contestó Bill suspirando—Solo espero que mi madre no esté presente

Arthur arrancó el coche y se incorporó al tráfico. Pasaron unos minutos en silencio hasta que Bill frunció el ceño al mirar por la ventanilla. No se dirigían a casa como él pensaba, y se incorporó en el asiento muy inquieto haciendo que Tom se le quedara mirando preocupado al notar su estado.

—¿Estás bien? —preguntó procurando no sonar alarmado, pero claramente atento.

Bill tragó con esfuerzo, no sabía si era nervios o miedo, o simple incertidumbre pero sentía un nudo en el estómago que le impedía respirar con normalidad.

— No sé dónde vamos —murmuró sin apartar la vista del camino.

Tom no conocía en absoluto donde estaban, para él todo era nuevo. Vio como el coche tomaba un desvío hacia una zona residencial tranquila, rodeada de árboles y casas modernas. Bill reconoció el barrio al momento, Louise vivía allí al igual que Georg y por un momento pensó que iba a casa de uno de sus amigos pero Arthur tomó una calle diferente y al doblar la esquina la vio.

Ante sus ojos apareció una casa de piedra blanca, luminosa, con un pequeño jardín delantero y grandes ventanales. Era una casa que no había visto antes y Arthur detuvo el coche frente a ella haciendo que sintiera cómo el corazón le daba un vuelco.

—¿Qué… es este lugar? —preguntó en un susurro.

Tom no tenía la respuesta, solo miraba la casa con la misma mezcla de sorpresa y desconcierto que Bill lucía.

Arthur bajó del coche y les abrió la puerta.

—El señor Kaulitz los está esperando dentro—explicó con serenidad.

Bill bajó del coche con cierta cautela, como si temiera que el suelo pudiera moverse bajo sus pies, no sabía qué hacía su padre allí ni lo que se iban a encontrar.

Pero algo en su interior le decía que esa casa iba a cambiarlo todo.

&

El club estaba lleno. A la hora de las comidas siempre lo estaba, pero aquel día había un murmullo distinto, una mezcla de curiosidad y expectación que flotaba entre las mesas.

David había regresado hacía apenas unos minutos y ya podía sentir las miradas curiosas de sus camareros clavadas en él. Nunca faltaba a su puesto y aquella ausencia de toda la mañana había levantado sospechas. Algo pasaba y todos lo intuían, se notaba en el ambiente como una corriente eléctrica que nadie se atrevía a nombrar.

Pero David no podía decir nada.

Se dirigió directamente a la cocina para saludar a Rose y preguntar cómo había ido todo en su ausencia. Allí encontró también a Anouk concentrada en su trabajo, le hizo una señal discreta a Rose y ella la entendió al instante.

—Vigila el horno unos minutos, Anouk—le pidió a su hija.

Salió por la puerta trasera, seguida de David y una vez fuera se le quedó mirando fijamente.

—¿Va todo bien?—preguntó muy preocupada.

—Sí —respondió David al momento—Gracias por cubrirme, me surgió un asunto personal y tuve que atenderlo de inmediato.

—¿Tiene algo que ver con Bill?—preguntó Rose sin poderse contener.

Era una pregunta que llevaba toda la mañana rondando por su cabeza y nada más formularla vio como David se la quedaba mirando en silencio, evaluando cuánto sabía realmente.

—¿Qué sabes? —preguntó al fin devolviéndole la pregunta con suavidad pero también con cautela.

—Poca cosa, pero corren rumores por el club —respondió Rose visiblemente preocupada—Alguien vio a Bill entrar ayer en la clínica del doctor Listing con Louise, y dicen que tenía muy mal aspecto. También vieron llegar a Tom más tarde acompañado de Georg y ya sabes cómo es la gente… enseguida empiezan a especular y sacan conclusiones precipitadas.

David soltó un suspiro de frustración, en ese lugar no se podía dar un paso sin que alguien lo comentara.

—No te estoy pidiendo que me cuentes qué ha pasado —añadió Rose con voz suave—Solo dime si Bill está bien.

—Lo está —aseguró David con firmeza—Tuvo un pequeño incidente en su casa y necesitó atención médica y Tom se hizo daño aquí en el club, Georg fue muy amable al acompañarlo y ahora mismo ninguno de los dos está en condiciones de volver al trabajo pero pronto lo estarán.

—Es todo lo que necesitaba escuchar—dijo Rose suspirando más aliviada— Y espero que ese asunto personal tuyo no haya sido nada grave.

—No lo ha sido, gracias por preocuparte Rose—contestó David con una sonrisa agradecida— ¿Qué tal todo por aquí? ¿Los nuevos camareros se desenvuelven bien?

—Sí, se nota que tienen experiencia y no hay que estar encima de ellos —contestó Rose recuperando su tono habitual—Andreas se ha encargado de guiarlos junto con Víctor, y Melissa no ha salido de tu despacho hasta hace un rato. Te ha dejado preparados los pedidos de mañana, solo tienes que revisarlos y darles el visto bueno. Ahora mismo está en la barra, ya sabes que es quien mejor se mueve allí cuando hay tanto trabajo.

—Seguro que los pedidos están perfectos, Melissa es muy meticulosa en su trabajo—comentó David sonriendo—Y nosotros deberíamos volver al nuestro, los clientes están hambrientos y no debemos hacerles esperar.

—¿Con todo lo que ha pasado no deberíamos anular lo del sábado? —preguntó Rose antes de regresar a la cocina.

—No —respondió David con calma—El señor Kaulitz sabe que los camareros llevan todo el año esperando que llegue ese día y no quiere defraudarlos. Además, hay una cosa que hablar con ellos antes de la hoguera y quizás lo haga el señor Kaulitz en persona.

Rose asintió lentamente sin apartar la mirada de él, esa insistencia silenciosa hizo que David se sintiera muy incómodo y que sus mejillas se sonrojaran sin poder evitarlo.

—¿Ocurre algo? —preguntó carraspeando.

—¿Cuándo dejarás de llamarle «señor Kaulitz»? —preguntó Rose con una sonrisa traviesa.

David se quedó sin palabras sintiendo cómo el rubor se le extendía por toda la cara. A
Rose nunca se le escapaba nada y parecía ser la única en todo el club que había atado todos los cabos sueltos sobre su relación con Jörg.

No habría pasado por alto todas las visitas clandestinas de Jörg ni todas las veces que él había tenido que ausentarse por motivos personales.

Rose tomó su silencio como una confirmación y, sin añadir nada más, regresó a la cocina antes de que Anouk se agobiara con todo el trabajo que se habría acumulado.

David se quedó unos segundos más fuera respirando pausadamente intentando recomponerse.
Luego volvió al bullicio del club, sabiendo que Rose guardaría su secreto como siempre había hecho.

&

La casa era luminosa, elegante, con líneas limpias y un jardín pequeño pero cuidado. Nada que ver con la frialdad de la mansión donde Bill había crecido.

Arthur cerró el coche con un gesto automático y echó a andar hacia la entrada sacando una llave del bolsillo y abriendo la puerta con total familiaridad, un detalle que Bill observó con el ceño fruncido. Les dejó pasar primero y cuando ambos entraron él también lo hizo cerrando la puerta tras ellos con un clic firme que resonó por toda la casa.

Fueron recibidos por un silencio cálido. Desde donde estaban podían ver un salón amplio con luz natural entrando por los ventanales decorado con escasos muebles en tonos suaves. En una de sus paredes había una chimenea moderna parecida a la del apartamento y ante ella una mullida alfombra invitaba a sentarse sobre ella.

Todo olía a madera recién instalada y a pintura fresca.

Tom lo observaba todo muy impresionado y a su lado Bill no podía dejar de mostrarse muy nervioso recorriendo cada detalle como si intentara descifrar un mensaje oculto. No entendía qué hacían en esa casa… ¿dónde estaba su padre?

Entonces escucharon pasos, Jörg apareció por un pasillo llevando una carpeta en la mano y el rostro cansado pero sereno. Cuando vio a Bill se detuvo mirándole fijamente sin decir nada, como si necesitara asegurarse de que estaba bien y que por fin estaba allí.

—Papá… ¿qué es este lugar?—preguntó Bill sintiendo un nudo en la garganta.

—Es nuestra nueva casa —contestó Jörg esbozando una sonrisa—La compré hace unos días cuando tomé la firme decisión de divorciarme de tu madre. Quería que tu nuevo hogar fuera diferente, más tranquilo y más sano.

Bill parpadeó, confundido.

—¿Esta casa es nuestra? —repitió sin comprender del todo viendo a su padre asentir con la cabeza— ¿Y mamá lo sabe?

—Como ya le dije a tu madre, quiero que se quede con la otra casa para ella —empezó a explicar Jörg—Sabe que he comprado una nueva, aunque no sabe dónde. Y me gustaría que vivieras aquí conmigo… y con David.

Bill sintió que toda la información recibida se le acumulaba abrumándole, su respiración se volvió más agitada y Jörg lo notó al momento.

—Vayamos a comer primero —propuso con suavidad—Mientras tanto os pondré al día de todas las novedades, Greta nos ha preparado uno de sus mejores platos.

—¿Greta está aquí? —preguntó Bill sorprendido.

—Ella y Arthur seguirán trabajando para nosotros —contestó Jörg señalando una puerta con la mano.

Echaron a andar y al abrirla se encontraron con un comedor amplio, luminoso y sorprendentemente acogedor. Una mesa de madera clara ocupaba el centro de la estancia ya preparada con una vajilla nueva y un aroma delicioso que flotaba en el aire, cálido y familiar.

Bill dio un par de pasos dentro y entonces Greta apareció por otra puerta luciendo una sonrisa suave, esa sonrisa que dedicaba a Bill desde que era niño siempre y cuando su madre no mirara. Bill sintió cómo algo se le aflojaba por dentro, no había esperado verla allí y no pudo evitar ir a su encuentro fundiéndose en un abrazo.

Greta lo envolvió con sus brazos fuertes, esos que siempre habían sido más maternales que los de su propia madre. Le acarició la espalda con ternura, como cuando era pequeño y se escondía en la cocina para escapar de las hirientes palabras de su madre.

—Qué alegría verte, Greta—dijo Bill sin poder contenerse con la voz temblorosa.

Tom observaba en silencio la escena con una sonrisa leve, sabía lo importante que era para Bill tener a alguien así en su vida.

Jörg permanecía a un lado respetando el momento, aunque en su mirada había un brillo de gratitud. Sabía que Greta era un pilar para su hijo, uno que él mismo no había sabido ser durante demasiado tiempo.

Bill se separó un poco limpiándose discretamente los ojos.

—¿Entonces vas a trabajar aquí con nosotros? —preguntó todavía sorprendido.

Greta asintió mientras le acariciaba la mejilla con suavidad en un gesto lleno de cariño. Le conocía muy bien, sabía lo frágil que estaría en esos momentos después de tantos cambios y lo mucho que necesitaba un punto de estabilidad después de lo que le había pasado.

Su presencia allí no era casual, el señor Kaulitz se lo había pedido pero ella también lo había deseado porque Bill siempre había sido «su niño».

—Vamos, que se enfría la comida —murmuró carraspeando para disimular la emoción que se le escapaba en la voz.

Bill sonrió apenas, sintiendo cómo algo dentro de él se aflojaba. Por primera vez desde que todo había empezado, una parte de su mundo volvía a tener sentido.

Ocuparon sus asientos y Greta se aseguró de que no les faltara nada antes de regresar a la cocina dejándolos en un silencio cómodo apenas roto por el tintinear de los cubiertos.

—¿Qué tal tienes la mano, Tom? —preguntó Jörg mirándolo con sincera preocupación.

—Mejor, gracias —respondió Tom—Hemos estado en la clínica para las curas y todo va bien.

Jörg asintió con la cabeza, no necesitaba que le diera más detalles porque el doctor Listing ya le había informado de la visita de esa mañana y de que había visto a Bill con mucho mejor aspecto. Aquello le había dado un pequeño respiro en medio del caos.

Bill se quedó mirando a su padre con una mezcla de curiosidad, cautela y un leve atisbo de esperanza que Jörg no veía desde hacía mucho tiempo.

—Me alegra que estéis bien los dos, es lo único que me importa en estos momentos—dijo Jörg con una suavidad que los sorprendió.

Bill bajó la vista incómodo por la intensidad del momento sintiendo a Tom acariciarle la pierna por debajo de la mesa, un gesto discreto para tranquilizarlo.

Jörg lo notó pero no dijo nada, por primera vez no apartó la mirada ni se puso tenso. Simplemente aceptó lo que veía.

—Hay varias cosas que debo hablar con vosotros—empezó a decir apoyando los codos sobre la mesa—Y prefiero hacerlo con calma mientras comemos.

—¿Tiene que ver con mamá? —preguntó Bill tragando con esfuerzo.

—En parte —contestó Jörg—Pero también tiene que ver con vosotros dos y con vuestra relación. Con decisiones que he tomado y con lo que quiero que pase a partir de ahora si ambos estáis de acuerdo.

El silencio que siguió fue denso, pero no hostil. Era el silencio de alguien que estaba a punto de decir la verdad después de años de evitarla.

Bill cogió aire profundamente mientras que Tom le apretaba la mano sobre la mesa, y Jörg por primera vez en mucho tiempo parecía dispuesto a hablar sin esconderse.

&

No tenían planeado acudir al club a comer como si fuera un día más y nada hubiera pasado, pero fueron con la esperanza de ver allí a Bill. No sabían nada de él desde la tarde anterior, no habían querido agobiarlo con mensajes ni llamadas y aunque sabían que estando con Tom su amigo estaba en buenas manos, no podían evitar sentirse muy preocupados desde que se habían despertado.

—¿Crees que vendrá? —preguntó Louise en voz baja echando un vistazo a su alrededor.

—No lo sé —respondió Georg recorriendo también el local como si pudiera encontrarlo escondido entre las mesas—Pero si viene debemos estar aquí.

Se acercaron a la barra donde Melissa trabajaba sin descanso pero aún así al verlos llegar les dedicó una sonrisa cansada pero sincera.

—¿Qué os apetece tomar? —preguntó dejando a un lado sus preocupaciones.

—Hemos venido a comer, pero esto está lleno —comentó Louise echando un vistazo a su alrededor.

Melissa asintió y buscó a Andreas con la mirada, cuando lo localizó le hizo una señal para que se acercara.

—¿Hay alguna mesa libre para Louise y Georg? —preguntó.

—En unos minutos quedarán varias libres en el embarcadero —respondió Andreas dirigiéndose a la pareja— ¿Mesa para dos?

—Para cuatro —corrigió Louis intentando sonar natural—Quizá tengamos invitados inesperados.

Andreas asintió en silencio sin dejar de estudiarlos con la mirada. No hacía falta que dijeran nada más, solo con verles las caras era evidente lo que pasaba por sus cabezas. Ellos también estaban inquietos, sabían todo lo que había ocurrido la tarde anterior y sospechaban que más de uno en el club ya se había enterado.

Y siendo él el mejor amigo de Tom, Louise y Georg tenían claro que Andreas era uno de los primeros en haberse enterado.

—¿Sabes algo de Tom? —preguntó Louise incapaz de contenerse.

—No contesta a mis llamadas ni a mis mensajes —contestó Andreas en voz baja.

—¿Bill está bien? —intervino Melissa, también sin poder contener la preocupación.

—Físicamente sí —contestó Louise con un suspiro—Lo otro… con el tiempo lo estará.

—¿Lo sabe más gente? —quiso saber Georg.

—Víctor y Anouk, pero nadie más —respondió Melissa.

—Nos enteramos de casualidad —explicó Andreas—Ayer por la tarde vinieron Gustav y Natalie, y les escuchamos hablar. Sacamos nuestras propias conclusiones y… bueno, parece que acertamos.

—Cuanta menos gente lo sepa, mejor para Bill —dijo Louise con firmeza—Ahora mismo no necesita ser el centro de los rumores que van a correr por el club.

—Ya están corriendo —apuntó Melissa suspirando—Por lo visto alguien te vio acompañarlo a la clínica del padre de Georg y luego vieron llegar a Tom. Nadie sabe exactamente qué ha pasado, pero ya sabes cómo es la gente… se inventarán lo que sea hasta dar con la versión correcta.

En ese momento apareció David, y tanto Melissa como Andreas regresaron a sus tareas de inmediato. Louise y Georg se quedaron en la barra esperando a que quedara una mesa libre, por suerte no tuvieron que esperar demasiado y unos minutos después Andreas los acompañaba hasta el embarcadero donde ya había una mesa limpia y preparada para ellos.

Ocuparon sus asientos y antes de que Andreas se marchara le pidieron algo ligero para comer, ambos tenían un nudo en el estómago que les impedía pensar en platos más contundentes. Cuando se quedaron a solas permanecieron en silencio con las manos entrelazadas sobre la mesa sin poder apartar la mirada de la zona del aparcamiento.

Esperaban ver aparecer a Bill en cualquier momento.

Necesitaban comprobar con sus propios ojos que estaba bien.

Necesitaban creer que, de algún modo, todo volvería a ser más o menos como antes.

&

La comida avanzaba despacio, más por los nervios que por el hambre. Jörg sabía que tenía que hablar pero no encontraba el punto exacto por donde empezar. Había demasiadas cosas pendientes y demasiados silencios acumulados. Al final decidió abordar primero aquello que sabía más inquietaba a su hijo, su madre.

—Bill , tu madre va a quedarse unos días con Gordon y Eleonore—empezó a decir con voz serena—No se siente con fuerzas para vivir en casa y quiere ponerla a la venta cuanto antes, pero podrás ir a recoger tus cosas sin problema. Hay tiempo para eso.

Bill asintió en silencio dejando escapar un suspiro que llevaba horas reteniendo. Saber que su madre estaba lejos y en buenas manos le quitaba un peso enorme de encima. No habría más presiones, ni chantajes emocionales, ni amenazas veladas de volver a ingresarlo.

—¿Está bien? —preguntó al fin incapaz de contenerse.

A pesar de todo el daño, seguía siendo su madre. La única que había tenido.

—Lo estará —respondió Jörg suspirando—Firmará los papeles del divorcio en cuanto pueda, Eleonore la ayudará a buscar una casa nueva y a instalarse. No la va a dejar sola.

Bill volvió a asentir sintiéndose mucho más tranquilo, era extraño sentir alivio por su madre… pero lo sentía.

Jörg aprovechó ese pequeño respiro para continuar.

—Quiero que vivas aquí conmigo —repitió con firmeza—Y Tom también es bienvenido, por supuesto. Las puertas de mi casa siempre estarán abiertas para ti.

Tom se irguió un poco, sorprendido.

—Muchas gracias, señor Kaulitz —dijo con respeto.

—No lo digo porque sigas bajo mi tutela—aclaró Jörg negando suavemente con la cabeza—Lo digo porque sé que eres muy importante para mi hijo.

Tom bajó la mirada sonrojado, pero no apartó la mano que Bill le acariciaba distraídamente con suavidad sobre bajo la mesa.

—En cuanto a la tutela, he estado trabajando para que legalmente quedes libre de ella—continuó diciendo Jörg— No sabía si Simone iba a intentar algo contra ti, así que decidí prepararlo todo para que recuperases la libertad que tenías antes.

Tom se le quedó mirando fijamente sin parpadear, no esperaba algo así viniendo de él.

—Entiendo que no quieras separarte de mi hijo pero también comprendo que quizás no te sientas cómodo viviendo aquí—dijo Jörg mirándole fijamente—Por eso quiero que te quedes con mi apartamento de Potsdam. Bill aún es menor de edad y debe terminar sus estudios pero quiero que tengáis un lugar para vosotros, para cuando queráis estar solos y sin presiones.

Bill y Tom se miraron al mismo tiempo y una sonrisa se dibujó en ambos rostros, el apartamento les había parecido acogedor desde el primer momento y en ese momento Jörg se lo estaba ofreciendo para tener un lugar donde poder compartir momentos de intimidad.

Bill sentía un nudo en la garganta y Tom lo sabía, apretó su mano con cariño para tratar de tranquilizarlo, ambos sentían que por primera vez en mucho tiempo, el futuro no les daba miedo.

—No sé qué decir… —murmuró Tom sintiéndose completamente abrumado.

—La vida no te ha tratado bien, Tom, y no te lo mereces —dijo Jörg sin apartar de él la mirada—Y ahora… me temo que debo darte malas noticias sobre tu hermano.

Tom sintió cómo el estómago se le encogía.

—¿No lo ha encontrado? —preguntó tragando con esfuerzo.

—Me temo que sí lo he encontrado—contestó Jörg suspirando—Pero… lo siento mucho, Tom. Tu hermano no llegó a sobrevivir más de ese día.

Tom se quedó sin aire al escuchar sus palabras, como si le hubieran golpeado en el estómago dejándole sin aliento.

—Como ya sabías, estaba muy débil al nacer y pasó sus primeras horas en la unidad de cuidados intensivos—continuó diciendo Jörg sintiendo mucho tener que darle esas malas noticias—Pero no pudieron hacer nada por él y murió a las pocas horas de nacer.

Tom cerró los ojos sintiendo que el aire se le escapaba del pecho, había albergado una mínima esperanza de que estuviera vivo, de poder encontrarlo, de hablar con él y saber que no estaba tan solo en el mundo como siempre había sentido.

Pero todas sus esperanzas se habían desvanecido en un chasquido.

Bill le tomó la mano con suavidad sintiendo cómo los ojos se le llenaban de lágrimas por él.

—¿Está seguro? —susurró Tom abriendo los ojos—En ese hospital han pasado muchas cosas que se han encubierto, me dijeron que decidieron quitárselo a mi madre para que pudiera tener una oportunidad y que lo dieron en adopción a una buena familia de Berlín y ahora me estás diciendo que mi hermano está muerto… ¿cómo puede estar seguro de que todo lo que ha descubierto es verdad?

—Porque hice varias pruebas de ADN para confirmarlo —contestó Jörg con calma—Cogí tu cepillo de dientes para comparar tu ADN con los registros del hospital, descubrí que el día que naciste hubo siete nacimientos más siendo tres niñas y cuatro niños. Dos de esos niños quedaron descartados al momento y del tercero no se sabía nada. Comparé tus resultados con los que tenían de ese bebé… y resultó ser tu hermano.

—¿Por qué quedaron descartados los otros dos niños? —intervino Bill incapaz de contenerse.

—Porque esos dos niños sois tú y Alexander —explicó Jörg mirando fijamente a su hijo—Los tres nacisteis en el mismo hospital y el mismo día, la primera prueba de ADN que pedí fue para descartarte a ti como el hermano perdido de Tom y por eso le pedí a David que os mantuviera alejados hasta tener los resultados. Pasé esos días con un miedo terrible porque si el ADN decía que erais hermanos, habría tenido que separaros de inmediato.

Bill sintió un escalofrío recorrerle la espalda, se revolvió en su asiento y Tom se le quedó mirando sintiendo que se estaba poniendo pálido. Cada cosa que Jörg les decía era como un puñetazo dado a su estómago, les costaba respirar.

Jörg lo sabía, odiaba tener que hacerles pasar por ese mal trago pero debían saber toda la verdad y no perder más tiempo con evasivas.

—Pero por suerte no fue así —continuó diciendo desviando la mirada de ellos—Por eso pedí una segunda prueba que ha confirmado la identidad del bebé que falleció.

Bill y Tom se quedaron mirándose en silencio pensando que había existido una mínima posibilidad real de que hubieran sido hermanos. Una posibilidad que habría destruido todo lo que eran, todo lo que sentían y todo lo que estaban empezando a construir juntos.

Y aun así…ambos sabían, sin necesidad de decirlo, que ni siquiera eso habría logrado separarlos.

Tom apretó la mano de Bill con fuerza como si necesitara anclarse a él para no desmoronarse.
Bill se inclinó un poco hacia él apoyando la cabeza sobre su hombro buscando su apoyo sin necesidad de palabras.

Jörg los observaba en silencio, sabía que toda esa información que les acababa de dar les había destrozado pero también sabía que por una vez en su vida estaba haciendo lo correcto.

—¿Sabes dónde está enterrado mi hermano? —preguntó Tom con voz temblorosa.

—En una fosa común, me temo —contestó Jörg con pesar—Ni siquiera le pusieron nombre, nadie se molestó en hacerlo.

Tom apretó los puños, sintiendo cómo la rabia y el dolor se mezclaban en su pecho.

—Porque no le importaba a nadie —escupió con amargura—Era hijo de una drogadicta, normal que muriera con la vida que llevó siempre mi madre. Suerte he tenido yo de estar vivo y no gracias a ella que nunca se preocupó por mi.

—Tom, por favor, no digas esas cosas de tu madre —le pidió Bill con suavidad incorporándose—. Seguro que en el fondo siempre te quiso, hizo lo que pudo con los pocos recursos que tenía.

Tom cerró los ojos unos segundos respirando con dificulta, no sabía si Bill tenía razón. No sabía si quería creer sus palabras.

—Tu madre estaba muy enferma, Tom y nadie la ayudó cuando más lo necesitaba—apuntó Jörg tratando de calmarle— Eso no justifica lo que viviste, pero sí explica muchas cosas.

Tom tragó saliva, sintiendo que las palabras le pesaban como piedras.

—Yo solo… —empezó a decir en un susurro—Solo quería saber que no estaba solo en el mundo.

—No lo estás —dijo Bill con firmeza entrelazando los dedos con los suyos—No lo has estado desde que llegaste aquí, tienes a tus amigos y me tienes a mi.

Tom se le quedó mirando con los ojos brillantes sin saber qué decir, siendo observado fijamente por Jörg antes de continuar hablando con una sinceridad que pocas veces había mostrado.

—Tom, tu hermano no tuvo una oportunidad pero tú sí—dijo con firmeza—Y no pienso permitir que vuelvas a sentirte abandonado, no mientras yo pueda evitarlo.

Tom bajó la mirada abrumado por la mezcla de dolor y gratitud sintiendo que Bill volvía a apoyar la cabeza en su hombro ofreciéndole un refugio silencioso. Y por primera vez desde que había empezado esa conversación, Tom dejó que una lágrima resbalara por su mejilla hasta sus temblorosos labios.

No lloraba por su hermano, ni siquiera por su madre.

Lloraba por él mismo, por todo lo que había perdido y por todo lo que inesperadamente, había ganado.

Continúa… 

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 🙂

por lyra

Escritora del Fandom

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