
Fic TOLL de lyra
Capítulo 107
Estaban terminando de comer cuando vieron acercarse a Gustav y Natalie, ambos caminaban lentamente como si les estuvieran buscando con la mirada y al verlos sentados en una mesa del embarcadero fueron directamente a su encuentro.
—Sabíamos que os íbamos a encontrar aquí —dijo Gustav tomando asiento sin esperar ser invitado.
Louise y Georg intercambiaron una silenciosa mirada, sabían que tarde o temprano irían a hablar en persona de lo sucedido no porque estuvieran realmente preocupados sino para sacarles algo más de información.
—¿Sabéis algo de Bill? —preguntó Natalie sin rodeos tomando asiento al lado de Gustav.
—No sabemos nada—contestó Louise con sinceridad—No hemos querido molestarle con mensajes o llamadas, ya hablaremos con él cuando se haya recuperado y tenga las fuerzas necesarias.
—Sólo queremos saber si está bien—insistió Gustav frunciendo el ceño—Aunque no lo parezca estamos preocupados por él.
Louise cogió aire antes de hablar, no quería entrar en detalles pero tampoco mentirles.
—Está recuperándose, ayer fue un día complicado—murmuró carraspeando.
Gustav y Natalie se miraron entre ellos, estaba claro que no les iban a sacar ninguna información nueva. Se les veía incómodos con su presencia, como si estuvieran en alerta para no decir más de lo que pudieran. Como si no confiaran en que ellos mantendrían en secreto lo que le había pasado a Bill la tarde anterior.
Permanecieron los cuatro en un tenso silencio por unos minutos más hasta que Natalie se cansó y decidió soltar la bomba que llevaba horas queriendo soltar.
—Mi madre se ha enterado de que ayer por la tarde ingresaron a Alexander en una clínica, aunque ignora lo que le ha hecho a Bill—soltó casi sin aliento.
Louise y Georg se la quedaron mirando en silencio sin saber que decir, ellos ya sabían del ingreso de Alexander y Natalie lo había soltado como un cuchicheo más del que se había enterado y estaba deseosa de comentar. A su lado, Gustav se volvió en su asiento y se quedó mirándola en silencio sin poderse creer lo que acababa de decir.
—Seguro fue todo idea del padre de Bill —continuó diciendo Natalie encantada con la atención recibida—Sabe que denunciarlo solo haría que Bill tuviera que pasar por un juicio largo y todo el mundo se enteraría al final de lo que le había hecho Alexander y ha preferido hacerlo de esa manera pensando sólo en lo frágil y débil que es Bill.
—Bill es mucho más fuerte de lo que piensas—interrumpió Louise dolida—Su padre habrá pensado que era la mejor forma de evitarle más daño y alejarlo del escándalo.
—Alexander no ha podido defenderse —murmuró Natalie fulminándola con la mirada—Lo han ingresado a la fuerza.
—¿Aún lo defiendes después de lo que ha hecho? —preguntó Louise incrédula.
Natalie se la quedó mirando en silencio, no lo estaba defendiendo pero tampoco podía evitar sentir que algo no encajaba. Alexander había hecho cosas terribles, sí, pero ingresarlo sin previo aviso y sin permitirle despedirse de nadie…ni siquiera se sabía dónde estaba o si podía recibir visitas y eso ya le parecía demasiado.
—Creo que merece un juicio justo —dijo al fin en voz baja—No ser condenado sin poder contar su propia versión de lo sucedido.
—No puedo permanecer más tiempo aquí sentada escuchándote—soltó Louise levantándose de golpe sin poderse contener—Si eso es lo que piensas, nuestra amistad termina aquí para siempre.
Georg asintió poniéndose también en pie. No dijeron nada más, simplemente se marcharon dejando la comida a medias sintiendo que se les había cerrado el estómago.
Mientras tanto Gustav permanecía en silencio con las manos temblorosas sobre la mesa mirando fijamente a Natalie quien ni se había inmutado con la marcha de sus amigos.
— ¿Por qué no me lo has dicho a mi antes?—preguntó Gustav con más dureza de la que pretendía,
Natalie se encogió de hombros antes de hablar.
—No sabía cómo hacerlo —se defendió—Me enteré esta mañana y sabiendo lo que sientes por él no quería que te preocuparas.
—¿Y decides que el mejor momento de soltarlo es aquí, delante de Louise y Georg? —estalló Gustav visiblemente molesto— ¿O es que sólo quería ser una vez más el centro de atención?
Natalie abrió los ojos herida por sus palabras, no esperaba que reaccionara de esa manera. No era el Gustav y manipulable callado que ella conocía.
—No estoy intentando llamar la atención de nadie—se defendió con frialdad—Solo pensé que debíais saberlo, nada más.
—Siempre haces lo mismo —murmuró Gustav sintiéndose frustrado con ella una vez más—Te guardas las cosas importantes para soltarlas de golpe cuando nadie lo espera sin importarte las consecuencias.
—Perdóname si me he bloqueado —estalló Natalie con la voz quebrada—No sabía cómo contarte lo de Alexander sin que te ofendieras. Solo pensaba en lo mal que te sentirías al saberlo sabiendo lo que aún sientes por él.
—No siento nada ya por Alexander —murmuró Gustav poniéndose en pie—Solo me da mucha pena, igual que tú ahora mismo.
—¿Qué haces?—preguntó Natalie levantándose también— ¿A dónde vas?
—Te dejo, Natalie—dijo Gustav con una firmeza que ni él mismo sabía que tenía—Es algo que debería haber hecho hace mucho tiempo, estoy cansado de ir detrás de ti como un perrito faldero en silencio esperando que algún día me tengas en cuenta.
— ¡No puedes hacerme esto!—gritó Natalie perdiendo el poco control que le quedaba— ¡Después de haberte perdonado que te acostaras con Alexander, no puedes dejarme tirada!
El murmullo del club se apagó de golpe y varias cabezas se giraron hacia ellos. La frase había caído como un trueno en mitad del embarcadero.
Gustav se la quedó mirando fijamente sin sentirse intimidado ni por unos segundos.
—Gracias por dejarme en evidencia una vez más, pero ya me da igual —dijo con una calma que dolía más que sus gritos—Tú también te acostaste con él, y aun así no dije nada porque… porque ya no siento nada por ti. Solo mucha lástima.
Y sin añadir una palabra más dio la vuelta y se marchó dejando a Natalie sola, temblando y convertida en el centro de todas las miradas.
Justo como a ella siempre le había gustado ser.
Solo que esta vez… no había nada de glamour en ello.
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La comida había terminado, aunque ninguno de los tres había prestado demasiada atención a los platos. Había sido una conversación dura, necesaria y en esos momentos el ambiente era frágil.
Jörg se levantó primero y desapareció por unos segundos del comedor para regresar llevando de la mano una carpeta azul.
—Tom —dijo con suavidad, ofreciéndosela—Aquí tienes tu nueva documentación en regla, incluyendo un pasaporte.
Tom la cogió con cuidado, como si fuera algo demasiado valioso para tocarlo sin miedo.
Era la primera vez en su vida que tendría papeles que no lo atarían a nadie, papeles que lo hacían sentirse una vez más libre.
—Gracias… —murmuró, sin saber cómo expresar lo que sentía.
—No tienes que agradecérmelo, era lo que debía hacer—respondió Jörg centrando su mirada en Bill— ¿Quieres ver el resto de la casa? Tu nueva habitación está en la primera planta y estoy seguro de que te gustará.
—¿Mi… habitación?—repitió Bill parpadeando como si saliera de un trance.
—Tu habitación—repitió sonriendo Jörg—Si vas a vivir aquí, necesitarás tu propio espacio.
Bill se puso en pie sintiendo un nudo en la garganta, no recordaba la última vez que alguien había pensado en él de esa manera. Tom se levantó también aún sosteniendo la carpeta contra el pecho y Jörg les hizo un gesto para que lo siguieran.
Salieron del comedor y subieron lentamente las escaleras como si cada peldaño marcara el inicio de una etapa nueva. Por el camino Bill no podía dejar de fijarse en lo que le rodeaba, sintiendo que esa nueva casa era más luminosa y alegre que la otra. Un contraste absoluto con todo lo que habían vivido hasta esos momentos.
En la primera planta recorrieron un largo pasillo hasta detenerse ante una puerta blanca que Jörg abrió.
—Aquí es —anunció.
Bill entró primero. La habitación era grande y acogedora con una cama amplia en mitad de ella, un escritorio junto a la ventana y estanterías vacías esperando ser llenadas.
No era una habitación improvisada, era una habitación pensada para él.
Tom se quedó en el umbral, observando cómo Bill recorría el espacio con los ojos muy abiertos, como un niño que ve algo que nunca creyó posible.
—Papá… —susurró Bill, sin volverse—Es preciosa.
—Es tuya —dijo con firmeza Jörg apoyándose en el marco de la puerta—Y quiero que la sientas como tal, puedes decorarla a tu gusto y como podrás ver si abres las puertas que tienes a tu derecha cuentas con un amplio vestidor.
Bill se acercó con curiosidad y abrió las puertas que su padre le había indicado. Lo que encontró al otro lado le arrancó una sonrisa que no pudo contener, tenía ante él un vestidor vacío, luminoso y con espacio de sobra para organizar ropa, zapatos y accesorios. Un lugar pensado para él.
Su padre sabía lo mucho que disfrutaba de la moda, de vestirse bien y de expresarse a través de su estilo. Y esa vez no había límites, ni críticas, ni la mirada fría y calculadora de su madre juzgando cada prenda que elegía.
Por primera vez Bill tenía libertad absoluta para llenar ese espacio con lo que quisiera y le hiciera feliz.
Tom lo observaba desde la puerta, viendo cómo los ojos de Bill brillaban con una mezcla de sorpresa y alivio. Jörg, detrás de ellos, sonreía con discreción satisfecho de haber acertado.
Era un gesto sencillo, pero para Bill significaba muchísimo más.
Tom entró lentamente y se acercó a Bill, que seguía mirando la habitación como si temiera que desapareciera.
—Parece un sueño —murmuró Bill volviéndose.
—No lo es —dijo Tom cogiéndole de la mano y sonriendo—Estás por fin en casa.
Jörg los observaba en silencio con una mezcla de orgullo y alivio. Por primera vez en mucho tiempo sentía que había hecho lo correcto, no había más que ver lo feliz que era su hijo.
Decidió dejarles a solas rearándose con una sonrisa discreta.
—Explorad la casa con calma, no hay prisa —murmuró antes de cerrar la puerta tras él.
Bill y Tom se miraron unos segundos como si necesitaran confirmar que todo aquello estaba pasando de verdad. Luego se sentaron juntos en la cama, hundiéndose un poco en el colchón nuevo.
Solo entonces Tom se atrevió a abrir la carpeta que aún sostenía en su manos y juntos fueron hojeando su nueva documentación.
—Hay algo que no entiendo —murmuró Bill cogiendo uno de los documentos—Según mi padre tú y yo nacimos el mismo día, pero… ¿por qué en tu nueva documentación aparece otra fecha?
—¿Qué fecha pone?—preguntó Tom inclinándose hacia él.
—El uno de septiembre —contestó Bill frunciendo el ceño—Según esto, cumplirás los dieciocho dentro de un mes pero yo todavía no.
—Supongo que tu padre lo habrá hecho así para no levantar sospechas —murmuró Tom intentando ordenar sus ideas—Por si alguien decidiera investigar mis papeles y encontrara extraño que tuviera la misma fecha que tú, no sé. Además, en mi partida de nacimiento que resultó ser falsa ya venía el uno de septiembre como mi día de nacimiento y tu padre habrá querido seguir manteniéndolo. Y ya le has oído, quiere que recupere la libertad que tenía antes y que no me sienta obligado a vivir aquí si no es lo que quiero.
—¿Y no quieres?—preguntó Bill mirándole fijamente.
Tom sonrió, suave, sincero.
—La verdad, no me importaría vivir en una casa como esta siempre que tú estés conmigo—contestó Tom sonriendo.
Bill sintió un calor agradable en el pecho y dejó que le cogiera de la mano dejando a un lado la carpeta con su documentación bien guardada dentro de ella.
—Podríamos estrenar la cama una noche de estas—empezó a decir Tom con un tono más íntimo—Cuando tú estés preparado, claro.
Bill no pudo evitar sonrojarse con sus palabras, volver a compartir cama con Tom de manera íntima era algo que deseaba con todas sus ganas pero aún no estaba preparado y Tom no lo decía con intención de presionarlo, le estaba dando todo el tiempo y el espacio que necesitaba.
—Me gusta cómo suena eso pero de momento tendremos que conformarnos con dormir abrazados—susurró Bill suspirando apoyando la cabeza en su hombro—O quedarnos así como estamos.
—Eso también me gusta —murmuró Tom pasándole un brazo por la espalda y atrayéndole con cuidado.
Permanecieron unos minutos de esa manera, abrazados en la cama nueva, en la habitación nueva y en una vida nueva que recién empezaban a construirse por primera vez sin sentir miedo alguno.
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Caminaba por el embarcadero con paso rápido casi sin ver por dónde iba, tras ella iba Georg procurando mantenerse cerca. En cuanto puso un pie en el parking, la rabia y la impotencia que había estado conteniendo se le desbordaron de golpe, se llevó las manos a la cara y rompió a llorar sin poderlo evitar.
—No lo entiendo… —susurró entre sollozos—No puedo entender cómo Natalie sigue defendiendo a Alexander después de lo que le ha hecho a Bill. ¿Cómo puede…? ¿Cómo?
Georg no lo dudó ni un segundo, la rodeó con los brazos y la atrajo hacia él dejándola llorar contra su pecho.
—Lou, tranquila —murmuró, acariciándole la espalda—No merece la pena que sufras por ella, ya la conoces. Nunca ve lo que realmente pasa ante sus ojos o no quiere verlo. Natalie solo ve el mundo a su manera, según le convenga en ese momento.
—Pero tratándose de Bill…ya sabes que siempre está haciendo lo que sea para vengarse de él por haberle roto el corazón—dijo Louise entre lágrimas echándose a temblar de rabia— Lo que le han hecho es imperdonable, ¿cómo puede ponerse del lado de Alexander? ¿Cómo puede justificarlo? No la reconozco.
Georg la abrazó con más fuerza tratando de consolarla y protegerla de las miradas curiosas de la gente que se dirigía al club y los miraba extrañados de verlos abrazados en mitad del parking. Louise respiraba entrecortadamente intentando calmarse, pero cada vez que pensaba en las palabras y la actitud de Natalie en la mesa las lágrimas volvían a brotar.
En ese momento, una voz conocida sonó a unos metros.
—¿Va todo bien?
Era Andreas, había salido por la puerta trasera del club y se quedó paralizado al verlos. Louise llorando desconsoladamente y Georg intentando consolarla.
—¿Qué ha pasado? —preguntó acercándose sin apartar de ellos la mirada.
—Ha sido una discusión… nada grave, pero necesita un momento—explicó Georg por encima.
Andreas se quedó observando a Louise unos segundos, no podía dejar de llorar y su cuerpo temblaba. Entonces echó un vistazo a su alrededor como si estuviera decidiendo qué podía hacer por ella para que sintiera mejor.
—Venid conmigo—dijo con decisión—Vayamos a la cocina por la puerta trasera, allí podréis sentaros y Rose le preparará un té.
Georg asintió con la cabeza y sin dejar de abrazar a su novia se dirigieron a la cocina siguiendo los pasos de Andreas. Nada más entrar en ella el calor y el olor a pan recién hecho los envolvieron como una manta.
En esos momentos se hallaba solo Rose sacando una bandeja de sus deliciosos bollos del horno, se volvió para mirarlos cuando escuchó que se abría la puerta de la cocina.
—¿Qué ha pasado?—preguntó sin poder apartar de Louise la mirada.
—Rose, ¿puedes prepararle un té caliente para Louise, por favor? —pidió Andreas.
—Claro que sí, cariño—contestó Rose sin pensarlo dos veces tras dejar la bandeja sobre la encimera— Que tome asiento mientras lo preparo.
Entre Georg y Andreas ayudaron a Louise a sentarse ante la mesa que había bajo la ventana, donde solían comer los camareros en su descanso. Louise se dejó caer en la silla aún con los ojos rojos y húmedos, y Georg tomó asiento a su lado cogiéndole de la mano.
Andreas salió con sigilo de la cocina regresando a su trabajo dejándolos en las buenas manos de Rose.
—Aquí estás a salvo—dijo Rose mientras ponía una tetera al fuego—Tómate tu tiempo y respira con calma.
Y por primera vez desde que salió del embarcadero, Louise sintió que podía hacerlo.
—Siento mucho las molestias—murmuró con la voz tomada.
—Mi cocina siempre está abierta para quien lo necesite—dijo Rose esbozando una cálida sonrisa—Y si quieres contarme tus problemas, se me da muy bien escuchar.
Louise se pasó las manos por la cara, intentando recomponerse.
—Es que…no sé por donde empezar—susurró Louise.
No podía hablarle de lo que le había pasado a Bill, no sabía si estaba enterada y no era algo que se pudiera ir contando.
—No hace falta que me des todos los detalles—dijo Rose animándola a hablar—Sólo cuéntame qué te ha pasado para que estés en ese estado.
Louise asintió con la cabeza, empezaba a sentirse mejor en compañía de Rose. La cocina era un lugar muy acogedor y el tono de Rose le estaba ayudando a tranquilizarse.
—Ha sido… horrible —empezó a decir—No puedo entender cómo Natalie sigue defendiendo a Alexander después de lo que ha pasado, es como si nada le importara.
Rose escuchaba en silencio, conocía a casi todos los clientes que iban al club y el nombre de Natalie había sido nombrado en más de una ocasión entre los camareros. No tenían muy buena opinión de ella, era una chica muy caprichosa y algo maleducada. Sabía que solía juntarse con Bill y sus amigos, y salía con uno de ellos.
—Ha sido muy injusta —añadió Georg sin soltarle la mano a Louise—Y Gustav como siempre ha permanecido en silencio sin decirle nada, pensaba que había cambiado pero veo que sigue siendo el mismo de siempre.
—Pero es que no es solo eso—insistió Louise olvidándose por un momento que Rose estaba allí—Es la forma en que lo ha dicho, como si Bill fuera culpable de algo y Alexander la víctima. Me da tanta rabia…me siento impotente…
—Natalie siempre ha tenido una visión muy… selectiva de la realidad —murmuró Rose con cautela—Y cuando alguien no quiere ver la verdad, no hay discusión que la haga cambiar.
—Pero es Bill—dijo Louise con voz temblorosa— ¿Cómo puede ponerse del lado de alguien que le ha hecho tanto daño? ¿Cómo puede justificarlo?
—Porque no quiere aceptar que se equivocó con Alexander —contestó Georg—Ha tratado de ayudarlo cuando más lo necesitaba fracasando en el intento, y siente que si lo admite significaría reconocer que no quiso proteger a Bill cuando debía hacerlo.
—A veces la gente prefiere aferrarse a una mentira antes que enfrentarse a su culpa—sentenció Rose.
Louise tragó con esfuerzo sintiendo que las palabras le calaban hondo.
—No es justo —repitió en un susurro.
—No lo es —confirmó Rose suspirando—Pero tú sí siempre has estado ahí para Bill y Georg también, y eso es lo único que importa.
—Bill tiene a mucha gente que lo quiere—dijo Georg esbozando una sonrisa—No está solo y tú tampoco.
Louise se le quedó mirando con los ojos brillantes y apoyó la frente en su hombro dejando que Georg la abrazara con suavidad.
Rose se acercó entonces con una taza humeante y un platito con un par de bollos recién hechos.
—Toma, cariño —dijo con una sonrisa cálida—Te va a sentar bien.
Louise tomó la taza entre las manos dedicándole una mirada de agradecimiento.
—Gracias por todo—murmuró sonriendo con esfuerzo—Sobre todo por escucharme.
—Para eso estamos—dijo Rose devolviéndole la sonrisa—Podéis quedaros aquí todo el tiempo que necesitéis, nadie os molestará.
Louise respiró profundamente dejando que el aroma del té la fuera calmando poco a poco sintiendo como esa opresión que sentía en el pecho se iba desvaneciendo.
Viendo que Louise ya estaba más calmada, Rose volvió a su trabajo. Apenas unos minutos después Anouk regresaba de su merecido descanso y se quedó paralizada al ver invitados en la cocina. Miró a a su madre interrogándola con la mirada y Rose le hizo un gesto rápido para que no dijera nada dejándola a cargo de todo mientras se quitaba el delantal y salía de la cocina.
Necesitaba hablar con David y sabía que le encontraría a esas horas en su despacho. Se dirigió hacia el y lo encontró con la puerta entreabierta trabajando concentrado frente al ordenador.
—¿Tienes un minuto? —preguntó entrando sin esperar respuesta.
Cerró la puerta detrás de ella y David levantó la vista de inmediato.
—¿Ha pasado algo?—preguntó con tono preocupado.
—Sí, y me imagino que ya lo sabes—contestó Rose clavando la mirada en él.
David se recostó en la silla observándola con atención, sabía que Rose estaba siempre al tanto de los rumores del club y que tarde o temprano escucharía algo relacionado con Bill y lo que le había hecho Alexander.
—¿Qué has escuchado exactamente? —preguntó con cautela.
—Nada—admitió Rose—Pero tengo a Louise totalmente derrumbada en la cocina por algo que le ha pasado a Bill y el culpable es Alexander. Y si te soy sincera, solo se me ocurre una cosa y no me gusta nada.
—Bill está bien, te lo prometo—murmuró suspirando David.
Rose sintió que el aire se le atascaba en la garganta y que necesitaba tomar asiento. Así lo hizo frente a David quien no podía apartar de ella la mirada.
—Entonces… ¿es cierto? —preguntó casi sin voz.
David asintió lentamente viendo cómo la expresión de Rose cambiaba pasando de una profunda tristeza a una rabia silenciosa.
—Pobrecito… —murmuró Rose llevándose una mano al pecho—Ha debido ser horrible.
—Ahora está en buenas manos —dijo David con firmeza—Tom cuidará de él y Jörg no permitirá que Alexander vuelva a hacerle daño nunca más.
—Lo habrá denunciado, claro—murmuró Rose apretando los labios.
—Habló con el padre de Alexander y decidieron que lo mejor era ingresarlo para que recibiera la ayuda que necesita—explicó David negando con la cabeza—Así Bill no tendrá que pasar por todo de nuevo en un juicio ni tendrá que enfrentarse a la prensa.
Rose cerró los ojos unos segundos asimilando toda la información recibida.
—Hicieron lo correcto —dijo al fin—Bill no se merece lo que le ha hecho ni tener que volver a recordarlo de nuevo.
David asintió totalmente de acuerdo con sus palabras, sabía que no hacía falta que le pidiera que fuera discreta con toda la información que le había proporcionado porque sabía que lo sería, nunca jamás contaría nada ni siquiera a sus hijos.
Rose respiró profundamente recuperando un poco de su compostura y se puso en pie dispuesta a regresar al trabajo.
—Volveré con Louise, quiero asegurarme que se encuentra mejor—murmuró suspirando.
—Gracias por cuidarla —dijo sonriendo David—Y por preocuparte por Bill.
Rose asintió con la cabeza y antes de abrir la puerta se volvió para mirarle fijamente.
—Siempre me preocuparé por Bill—dijo con firmeza—Es un buen chico, demasiado bueno para todo lo que le ha tocado vivir.
Y salió del despacho dejando a David a solas con la mirada perdida y un peso silencioso en su agitado pecho.
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Sintiéndose agotados por tantas emociones vividas y gracias a la sensación de seguridad que por fin los envolvía, se recostaron en la cama y minutos después Bill se quedó dormido sin darse cuenta acomodado sobre el pecho de Tom quien se le quedó mirando con ternura antes de moverse con suavidad para no despertarle.
Lo arropó con una manta ligera que había a los pies de la cama quedándose unos segundos observando su respiración tranquila. Era la primera vez en mucho tiempo que le veía dormir sin tensión en el rostro.
Decidió dejarlo descansar y salió de la habitación sin hacer ruido. Decidió dar un paseo por la casa comprobando lo amplia y luminosa que era, con ese olor a nuevo que aún no había sido reemplazado por el de una familia viviendo allí. Bajó lentamente las escaleras explorando sin prisa, hasta que llegó al salón y se encontró con Jörg sentado en una cómoda butaca tomando un vaso de whisky.
—¿Bill está bien? —preguntó Jörg al ver que venía solo.
—Se ha quedado dormido—contestó Tom—Está aún agotado, anoche apenas pudo dormir.
Jörg asintió, como si se lo hubiera imaginado.
—Me alegra que pueda descansar aquí, es lo que más necesita en estos momentos—murmuró Jörg suspirando.
Tom entró del todo en el salón y tomó asiendo en otra butaca a su lado, negando con la cabeza cuando Jörg le señaló el mini bar invitándole a tomarse algo.
—Arthur se está encargando de recoger tanto tus cosas como las de Bill—empezó a decir Jörg—He contratado una empresa de mudanza para que se encargue de todo, no quiero que Bill tenga que volver a poner un pie en la otra casa si no es necesario.
Tom asintió con la cabeza conforme con sus palabras, sabía que Bill había crecido en esa casa pero habían ocurrido allí demasiadas cosas que no se olvidarían con facilidad.
—La mudanza llevará su tiempo y mientras quiero que te lleves a Bill de viaje parte del mes de agosto —dijo de repente Jörg—Por eso tienes un pasaporte nuevo con tu documentación, quiero mantenerlo lejos mientras estalla el escándalo del divorcio.
—¿Tan grave será?—preguntó Tom arrugando la frente.
—Levantará mucho revuelo—admitió Jörg suspirando—Y no quiero que Bill tenga que soportar ni un solo comentario, mirada o titular. Quiero que esté lejos y a salvo contigo.
Tom asintió lentamente, era un honor que Jörg confiara en él de esa manera.
—Cuidaré muy bien de él—prometió con firmeza.
—Ya lo tengo todo planificado—dijo Jörg sonriendo— ¿Has oído hablar de las Maldivas?
Tom negó con la cabeza sintiendo mucha curiosidad.
—Son unas islas paradisíacas —empezó a explicar Jörg—Con playas de arena blanca, agua turquesa y cabañas sobre el mar. Un lugar perfecto para desconectar del mundo.
Tom se quedó sin palabras al escucharlo, no podía imaginar un lugar como las Maldivas y mucho menos que él pudiera viajar allí. Era demasiado bonito para ser real, era…como un sueño hecho realidad.
—Estaréis allí un par de semanas —continuó diciendo Jörg—Luego vuestro siguiente destino será París.
—¿París?—repitió Tom sin aliento.
—Bill siempre ha querido ir —explicó Jörg con un deje de culpa en la voz—El año pasado toda su clase realizó un viaje en las vacaciones de Pascua allí pero mi mujer no dejó que fuera con la excusa de que sus notas habían bajado y no se había esforzado lo suficiente. Bill quedó destrozado… y yo… no hice nada. Por eso ahora quiero recompensarle por todo.
—Bill no le guarda rencor —dijo Tom con firmeza—Entiende por todo lo que ha pasado y le aseguro que hace tiempo que le ha perdonado.
—No creo que sea suficiente todo lo que estoy haciendo por él —admitió Jörg suspirando—Le he fallado demasiadas veces.
Tom se quedó en silencio, no sabía qué decirle a un padre que estaba intentando reconstruir algo tan roto.
—¿Sabes que le gusta diseñar en secreto?—murmuró Jörg.
—¿Diseñar?—repitió Tom alzando una ceja.
—Es un apasionado de la moda como ya habrás notado por su armario—explicó Jörg—Simone no tiene ni idea pero Alice encontró una carpeta con varios bocetos debajo de su colchón y me la enseñó sin que mi mujer supiera nada prometiendo no delatarle. Es muy bueno, tiene mucho talento.
Tom sonrió sin poder evitarlo, claro que Bill era muy bueno en todo lo que hacía con pasión.
—Aunque me gustaría que siguiera mis pasos y fuera abogado, sé que tengo que dejarle estudiar la carrera que él quiera—dijo Jörg con firmeza—Y apoyaré su decisión sea cual sea.
Tom se le quedó mirando con una mezcla de respeto y alivio al escuchar sus palabras, imaginándose que la madre ya habría planificado su futuro de principio a fin y esperaba de él que fuera abogado como su padre.
Se iba a llevar un gran disgusto cuando Bill viera que tenía la posibilidad de elegir él mismo cuál iba a ser su futuro…
—Eso significa mucho para él —murmuró sonriendo—Más de lo que imagina.
—Quiero que tenga una vida distinta a la que ha tenido hasta ahora—dijo con firmeza Jörg— Y tú formas parte de esa vida nueva, por eso confío en que lo vas a saber cuidar y proteger. Sé que sabrás hacerle muy feliz.
Tom sintió en silencio sintiendo un nudo en la garganta, no estaba acostumbrado a que nadie le hablara de esa manera o que alguien confiara en él de verdad.
—Lo haré —prometió con firmeza—Siempre.
—Entonces, sé que he tomado la decisión adecuada —dijo Jörg sintiéndose muy aliviado y satisfecho.
Tom se le quedó mirando sin entender del todo esa frase. Había algo en la manera en que la que la había dicho como si hubiera una segunda interpretación, algo que él no alcanzaba a ver pero prefirió no preguntar para no parecer irrespetuoso.
Además intuía que Jörg hablaría de ello cuando fuera el momento si es que tenía alguna explicación más que dar.
Jörg notó la confusión en sus ojos y no pudo evitar ponerse tenso.
—Tom, sé que todo esto es mucho para ti—dijo con un tono más suave—La casa nueva, el apartamento de Potsdam, tu documentación, el viaje… y ahora confiarte a Bill de esta manera pero créeme cuando te digo que no lo haría si no confiara plenamente en ti o si no estuviera completamente seguro.
—¿Seguro de qué?—repitió Tom tragando con esfuerzo.
Jörg lo observó unos segundos, como si evaluara cuánto decir.
—De que eres el mejor novio que Bill podrá jamás tener—contestó Jörg mirándole fijamente—Nunca lo creí de Alexander porque había algo en él que no me gustaba y en el fondo esperaba que Bill se diera cuenta cuanto antes y cortara esa relación. Contigo es muy feliz, y se siente seguro y protegido, y eso es lo único que debe importar.
Tom bajó la mirada sintiendo un calor extraño en el pecho, no estaba acostumbrado a que nadie dijera esas cosas de él y mucho menos el padre de Bill.
—Yo solo… —empezó a decir, pero Jörg levantó una mano para detenerlo.
—No tienes que darme ninguna explicación de nada, lo veo en la manera en la que tratas y miras a mi hijo—dijo Jörg sin apartar de él la mirada—Y por eso sé que he tomado la decisión adecuada y que jamás podré arrepentirme.
Tom asintió en silencio aunque seguía sin comprender del todo qué decisión era esa.
¿Confiar plenamente en él?
¿Dejar que Bill eligiera su propio camino?
¿Aceptar su relación sin condiciones?
Quizás era un poco de todo.
Jörg se levantó de la butaca y le dio una palmada suave en el hombro.
—Regresa a la habitación y descansa tú también un poco—le pidió—Bill querrá tenerte a su lado cuando despierte.
Tom asintió de nuevo y poniéndose en pie salió del salón. Subió las escaleras en silencio y al llegar a la habitación encontró a Bill exactamente como lo había dejado, acostado en la cama profundamente dormido y arropado con la manta.
Se acercó lentamente a la cama y se acostó a su lado con cuidado de no despertarlo para quedarse observándolo con una mezcla de ternura y alivio.
—No sé exactamente qué decisión ha tomado tu padre pero espero estar a la altura—prometió en un susurro acariciando con suavidad su mejilla.
Bill no respondió pero su respiración suave llenó la habitación de una paz que Tom no había sentido nunca.
Y así, en silencio, se quedó a su lado como si ese fuera el lugar más maravilloso del mundo.
Continúa…
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