
Fic TOLL de lyra
Capítulo 108
Abrió los ojos lentamente sintiéndose por unos segundos desorientado. El colchón era más nuevo, la colcha más suave y el silencio mucho más amable. Además, entraba una luz suave por la ventana que tenía a su derecha pero no debía estar allí, y entonces fue cuando recordó donde se hallaba. No era su antigua habitación, estaba en la nueva casa que su padre había comprado y en la que ya era su nueva habitación.
Se volvió en la cama y entonces vio a Tom acostado a su lado mirándolo con una sonrisa tranquila.
—Hola, dormilón —susurró Tom acariciándole con suavidad el pelo— ¿Qué tal has dormido?
Bill se estiró un poco aún medio aturdido por esa larga y confortable siesta.
—Bien… creo—contestó carraspeando— ¿Cuánto tiempo he estado dormido?
—Un buen rato —dijo sonriendo Tom—Te hacía falta.
Bill miró a su alrededor, como si quisiera asegurarse de que no estaba soñando.
—Es raro despertarme aquí—murmuró suspirando—Pero me gusta.
Tom sonrió, feliz de verlo tan animado.
—Estuve hablando con tu padre mientras dormías—empezó a decir con voz suave—Quiere que nos vayamos de viaje casi todo el mes de agosto.
—¿Cómo que… de viaje?—repitió Bill despertándose del todo.
—A las Maldivas —dijo Tom estudiando su reacción—Dos semanas.
Bill abrió la boca, incrédulo. ¿En serio su padre les mandaba allí? ¿Seguro que no estaba aún soñando?
—Y después nos vamos a París—siguió diciendo Tom divertido por su expresión.
Bill se quedó completamente sin habla, sus ojos se llenaron de brillo especial como si no pudiera procesar toda la información que le estaba dando a la vez.
—¿París? —repitió en un susurro— ¿De verdad?
—De verdad —confirmó Tom—Tu padre prefiere que estés lejos mientras dura el divorcio, y además quiere compensarte por todo lo que ha pasado para que descanses y que por fin puedas ver los sitios que siempre has querido ver.
Bill se llevó una mano a la boca intentando contener la emoción. Por un lado no quería marcharse cuando su padre más le necesitaría pero por otro…estaba haciendo realidad uno de sus sueños.
¡Iba a viajar por fin a París!
—Mi madre no me dejó ir el año pasado—comentó suspirando—Pensé que pasarían años hasta que pudiera hacer un viaje así.
—Pues nos vamos en unos días— murmuró Tom cogiéndole de la mano.
—No debería dejar solo a mi padre con el divorcio— dijo Bill con pesar—Me va a necesitar a su lado dándole mi apoyo.
—Tiene a David, no estará solo— le recordó Tom—Y tu padre quiere mantenerte lejos de todo, quiere que disfrutes del viaje y que vivas cosas bonitas. Que tengas recuerdos buenos… lejos de todo lo que te ha hecho daño.
Bill tragó con esfuerzo sintiendo un nudo en la garganta.
—Tengo que darle las gracias —dijo con determinación.
Se levantó de la cama y Tom lo siguió. Bajaron juntos al salón pero allí no encontraron al padre y entonces decidieron buscarlo por la casa aprovechando también para explorarla con más calma. Justo al lado del salón descubrieron una habitación amplia, con estanterías llenas de libros y en el centro de ella una mesa de billar perfectamente iluminada.
—No sabía que mi padre supiera jugar —murmuró Bill sorprendido.
—Quizás le guste jugar con David—comentó Tom con una sonrisa.
Siguieron avanzando hasta salir al jardín, allí descubrieron una piscina más pequeña que la que había en la otra casa pero eso a Bill no le importaba ni le arrancaba una pizca de nostalgia. Esa casa era mucho más diferente, tenía algo distinto que ya la hacía sentir suya.
Y entonces lo vio.
Su padre estaba sentado en el borde de la piscina con los pantalones remangados y los pies sumergidos en el agua. Se quedó quieto un instante, era la primera vez que veía a su padre acercarse a una piscina. En la otra casa nunca la había usado pero allí todo parecía diferente, le veía ahí sentado disfrutando del momento y no dudó en descalzarse y sentarse a su lado suspirando.
—¿Has descansado bien? —preguntó Jörg sin apartar la vista del agua.
—Sí, y Tom ya me ha contado lo del viaje —contestó Bill con una amplia sonrisa—Muchas gracias.
—No tienes que dármelas —dijo Jörg con suavidad.
—Pero no me gusta irme justo ahora, en pleno divorcio—apuntó Bill—No quiero que te quedes solo.
—No estaré solo, y prefiero que no estés presente—murmuró Jörg suspirando—Tu madre ha aceptado todas las condiciones, pero podría haber algo que la haga perder los nervios. No quiero que lo veas ni que te afecte.
—Pero… estaremos fuera casi todo agosto—insistió Bill bajando la mirada—Es cuando más trabajo hay en el club y no podemos faltar tanto tiempo.
—No debes preocuparte por el club —dijo Jörg con firmeza—Hay camareros nuevos y contrataré más para cubrir vuestros puestos. Los dos estáis de baja y necesitáis ese viaje, y cuando regreséis me temo que llegaréis justo a tiempo para ver cómo cierro el club.
—¡No puedes hacer eso! —exclamó Bill incapaz de contenerse.
Jörg se levantó y fue a sentarse en una de las tumbonas mientras que Bill se quedaba en el suelo con la respiración agitada y Tom permanecía de pie observando la escena con los brazos cruzados.
—Voy a hacer reformas —explicó Jörg para su tranquilidad—Sé que mi divorcio llenará el club de rumores y quiero evitarlo. Además, también saldrá a la luz mi relación con David y eso hará que mucha gente deje de venir. Tú mismo lo hablaste con Georg, el club se queda pequeño y lo más urgente es ampliar la cocina.
Bill lo escuchaba sin parpadear sintiendo que el nudo que había sentido en la garganta se deshacía y podía volver a respirar con normalidad.
—Ya lo he hablado con su padrastro —continuó diciendo Jörg—Está trabajando ya en los planos, cerraremos tras el verano y reabriremos en Navidad cuando todo se haya calmado.
Bill soltó un profundo suspiro de alivio, no era el cierre lo que le dolía sino el cambio. Pero entonces entendió que su padre no estaba destruyendo nada, sino todo lo contrario.
— ¿Y qué hay de los camareros? —preguntó Tom interviniendo en la conversación por primera vez.
—Ninguno será despedido ni se quedará sin sueldo mientras dura la reforma —contestó con firmeza Jörg—Os necesito a todos, habrá que retirar lo que estorbe y cuando haya terminado habrá que colocarlo todo de nuevo y limpiar. No pienso dejaros desamparados, quiero que os impliquéis y os sintáis parte del proyecto desde el primer momento.
—Yo también quiero ayudar —dijo Bill con convicción poniéndose en pie—Cuando me lo permitan los estudios quiero seguir echando una mano a David, necesita un ayudante con tantos albaranes que se le acumulan sobre la mesa
—Habrá muchos cambios y ese será uno de ellos—explicó Jörg negando con la cabeza—David me ha hablado muy bien de Melissa y de Andreas, y entre los dos cubrirán ese puesto a tiempo parcial con una subida de sueldo. Y Rose necesitará un ayudante, aunque sé que Anouk está siguiendo sus pasos y si sigue así se convertirá en una gran cocinera pero le gusta más trabajar sirviendo mesas y podrá echar una mano a su madre cuando sea necesario.
Bill lo escuchaba en silencio sorprendido por sus palabras. No solo eran buenas noticias, era la primera vez que le veía tan informado no sólo sobre lo que pasaba en el club sino de la gente que trabajaba allí. Conocía los nombres de todos, sus situaciones personales, sus preferencias y sus necesidades.
Sabía, por ejemplo, que Melissa y Andreas vivían en el camping pero que éste cerraba en invierno, y tenían que buscarse otro alojamiento algo más lejos, gastando más en alquiler y gasolina. Y su padre había pensado en ello al subirles generosamente el sueldo.
Y luego estaba Rose, ella era quien más sufría la falta de personal en las horas punta. Si no fuera por Anouk, la cocina habría tenido que cerrar más de una vez.
—Este sábado informaré al resto de los camareros antes de la hoguera —continuó diciendo Jörg.
Bill se le quedó mirando como si no hubiera entendido bien, su padre casi nunca iba al club y mucho menos a la hoguera que celebraban todos los veranos. Pero entonces empezó a comprender por qué había estado tan ausente, su madre jamás habría aprobado que un abogado de prestigio asistiera a un «simple club» a orillas del lago aunque fuera el dueño.
Y además, su padre había evitado levantar cualquier sospechas sobre su relación con David. Alguien podía notar que se miraban de una manera muy íntima o quizás se le escapaba alguna sonrisa que les traicionara.
—¿Vas a asistir a la hoguera? —preguntó Bill alzando una ceja.
—David me ha invitado —contestó Jörg sintiendo que se le escapaba una leve sonrisa—Y me gustaría que asistierais vosotros también, seguro que vuestros compañeros tendrán dudas después de mis explicaciones y se sentirán más cómodos hablando con vosotros. Y no solo por eso… quiero que paséis una noche agradable en compañía de vuestros amigos y que os divirtáis.
Bill se quedó pensativo, una parte de él sentía que era demasiado pronto para volver al club pero otra parte mucho más fuerte deseaba regresar Quería recuperar su antigua vida, su rutina y sus amigos.
No pensaba permitir que Alexander le arrebatara también eso.
Tom lo observaba en silencio esperando su decisión.
Bill cogió aire y asintió con la cabeza sintiendo que por primera vez desde hacía mucho tiempo que era él la única persona capaz de tomar las decisiones que afectaban a su propio destino.
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Sintiéndose con más fuerzas gracias al deliciosos té que Rose le había preparado y a uno de sus bollitos de canela, Louise decidió que era hora de abandonar ese refugio que había encontrado en la cocina del club y enfrentarse al mundo. Sus manos ya no temblaban y el color había vuelto poco a poco a sus mejillas, a su lado Georg la observaba con atención sin presionarla, simplemente permaneciendo a su lado como siempre hacía.
—Creo que ya me encuentro mejor —dijo Louise cogiendo aire con firmeza.
— ¿Quieres que te lleve a casa?—preguntó Georg con una sonrisa suave
—No, prefiero tomar un poco de aire para despejarme—contestó Louise mirándole—Un paseo por la orilla del lago me vendrá bien.
Georg asintió y ambos se levantaron para agradecerle a Rose lo bien que los había tratado, además de disculparse por haberse adueñado de su cocina.
—Cuando queráis volver, mi puerta está siempre abierta —aseguró Rose con firmeza.
Salieron por la puerta trasera de la cocina y fueron recibidos por la brisa fresca que recorría el parking. Louise cogió aire profundamente como si por fin pudiera llenar los pulmones y tras cogerse de la mano de Georg echaron a andar hacia la playa.
El lago estaba tranquilo, con el agua reflejando los últimos tonos dorados del atardecer. Caminaron en silencio unos metros escuchando solo el crujido de la grava bajo sus pies y el murmullo lejano de las voces del club.
—Siento mucho haberme puesto así —se disculpó Louise rompiendo el silencio—No debería perder los nervios de esa manera sobre todo con Natalie.
—No tienes que disculparte de nada—dijo Georg con firmeza—Lo que dijo era injusto y tú solo estabas defendiendo a Bill.
—Es que no soporto que lo trate como si tuviera la culpa de lo que le ha sucedido o haya hecho algo para merecerlo—estalló Louise de nuevo sin poder contenerse—Bill es una buena persona y ya ha sufrido demasiado.
—Y tú siempre has estado ahí para él, eso dice mucho de ti—dijo Georg tratando de calmarla.
Louise bajó la mirada sintiéndose avergonzada de volver a ponerse de esa manera por culpa de Natalie pero no podía pensar en ella sin que la rabia que sentía explotara y le hiciera volver a hablar del tema.
—Solo hago lo que creo que es correcto—murmuró suspirando—Siempre estaré del lado de Bill, y sé que tú también. Tiene mucha suerte de tener amigos como nosotros, nunca se ha sentido solo.
—Y ahora tiene a Tom—añadió sonriendo Georg—Por fin tiene a su lado una persona que le va a respetar y cuidar como se merecer. Y se les ve muy enamorados, nosotros nos dimos cuenta en cuanto vimos a Tom por primera vez. Ambos conectaron y había que estar ciego para no verlo.
Louise sonrió al recordar el momento, tanto ella como Georg notaron que existía una atracción entre ellos que ambos negaban y estaban muy satisfechos de que hubieran terminado juntos.
Siguieron caminando por la orilla del lago dejando que el agua les mojara los pies y la brisa les acariciara el rostro, disfrutando de esa agradable tarde y tratando de dejar atrás el mal rato que habían pasado.
—Gracias por quedarte a mi lado—murmuró Louise al cabo de unos segundos—No sé qué habría hecho si me hubiera tenido que enfrentar yo sola a Natalie.
—Jamás vas a quedarte sola, no mientras yo pueda impedirlo—dijo Georg con firmeza.
Louise sintió un calor suave en el pecho. No era romanticismo ni tensión, era algo más profundo. La certeza de que siempre podía contar con él para todo lo que necesitara. Como Bill podía hacer con Tom desde ese momentos.
Continuaron caminando bordeando el lago dejando atrás el ruido del club y la sombra de la discusión. El aire fresco les acariciaba la cara y el sonido del agua golpeando suavemente contra la orilla les ayudaba a relajarse.
Cuando llegaron a la zona donde se alquilaban las lanchas y las motos acuáticas, vieron a David agachado junto a una de las motos revisándola. El sol del atardecer iluminaba la escena y tan concentrado estaba David en su tarea que parecía no haber notado su presencia.
Pero en cuanto levantó la cabeza los vio acercarse y se incorporó de inmediato limpiándose las manos en un trapo.
— ¿Dando un agradable paseo?—preguntó con una sonrisa suave, aunque sus ojos se detuvieron un segundo más en Louise evaluando su estado— ¿Te encuentras mejor?
Louise asintió un poco avergonzada de que ya estuviera enterado de lo que le había pasado, pero como Bill siempre decía David tenía ojos en todos lados y estaba segura de que Rose le habría informado de inmediato, pero jamás se lo tendría en cuenta.
—Sí, ya estoy mejor —contestó con sinceridad—Solo necesitaba desahogarme y tomar un poco el aire.
—Me alegro de que te encuentres mejor—dijo David esbozando una comprensiva sonrisa—Y caminar por el lago ayuda mucho a despejar la mente.
Louise respiró profundamente agradecida por la normalidad que David le transmitía.
—Eso es verdad, aquí fuera todo parece menos complicado—murmuró devolviéndole la sonrisa.
— ¿Problemas con el motor?—intervino Georg señalando la moto.
—Nada grave —contestó David—Solo una pequeña revisión rutinaria, cada día vienen más clientes y debemos tenerlo todo a punto.
—El lago es uno de mis lugares favoritos—dijo Louise suspirando—Desde niña, para mi el verano no sería igual sin venir a nadar al lago.
David sonrió al escucharla, le parecía extraño que ellos mismos pudiendo pasar el verano donde quisieran eligieran un club a orillas del lago donde venir todos los días no solo a nadar y tomar el sol, pasaban el día entero rodeados de sus amigos comiendo allí mismo.
—Es bonito estar aquí —comentó Georg con una sonrisa tranquila.
—Lo es, y más a esta hora —coincidió David, asintiendo con la cabeza—Por cierto… ¿asistiréis el sábado a la hoguera?
La pregunta los pilló completamente desprevenidos, Louise y Georg se miraron entre ellos sin saber muy bien qué responder. La hoguera era una tradición del club, una noche especial para los trabajadores y ellos nunca faltaban. Pero después de lo ocurrido apenas un día antes ninguno se sentía con ánimo de fiesta, incluso habían pensado que el padre de Bill la cancelaría de inmediato.
—Quién sabe… quizás asista Bill —añadió David como leyendo la preocupación en sus caras.
Ambos lo miraron fijamente, era evidente que David estaba enterado de lo sucedido.
—No he hablado con él desde ayer —confesó Louise con dolor sintiendo un nudo en la garganta—Sé que está en buenas manos y que necesita tiempo para recuperarse, no hemos querido molestarle con llamadas o mensajes pero me gustaría saber cómo está.
—Podríamos acercarnos a verle después del paseo—sugirió Georg tratando de animarla.
—Bill no está en su casa—les informó David en voz baja—De hecho no va a volver a ella.
Louise y Georg se quedaron sin aire al escuchar sus palabras sorprendidos por la firmeza con la que las había dicho. David sabía que tarde o temprano todos se iban a enterar de todo como el resto de la gente y sabiendo que eran muy cercanos a la familia pudo hablar con total libertad.
—Los padres de Bill se van a divorciar—empezó a explicar—Su padre ha comprado una casa nueva, y es allí donde Bill va a vivir a partir de ahora.
Louise se quedó en silencio procesando toda la información recibida, conociendo de primera mano lo que ocurría en esa casa sabía que en el fondo era lo mejor que podían hacer los padres de Bill.
—Entonces… ahora mismo estará en su nueva casa —murmuró aún procesándolo todo.
—Su padre estaba impaciente de que la viera, sobre todo después de lo ocurrido con su madre—se le escapó sin querer a David.
Louise y Georg se le quedaron mirando fijamente, David sintió la fuerza de sus miradas y supo al instante que quizá había hablado más de lo que debía pero la rabia que le provocaba lo que Simone había hecho siempre le hacía hablar de más cuando estaba con gente de confianza.
Y no podía dejarlo pasar con ellos, tenía que explicar sus palabras.
—Ayer pasaron muchas cosas —empezó a decir suspirando—Hubo una discusión cuando su madre se enteró de lo que había pasado y terminó echando a Tom de casa, y Bill se fue con él sin pensárselo dos veces.
No necesitaba añadir nada más, Louise y Georg entendieron al instante que la madre de Bill al igual que Natalie veían en él al único culpable de lo que le había pasado. Y una vez más la madre había reaccionado de la peor manera posible como era habitual en ella.
Louise sintió un nudo en la garganta.
—Tengo que hablar con Bill —dijo con la voz quebrada notando cómo los ojos se le llenaban de lágrimas otra vez—Necesito saber que está bien.
—Los dos están bien, de verdad —intentó tranquilizarlos David—Jörg no iba a dejarles marchar sin tener dónde ir. Y su madre… bueno, ya sabéis cómo es.
Se arrepintió al momento de haber hablado tanto, Louise se había vuelto a romper delante de él y eso le dolía más de lo que quería admitir.
Georg se acercó a Louise rodeando sus hombros con un brazo atrayéndola hacia él, sintiendo como buscaba refugio en su cuerpo.
—Regresemos a casa —murmuró con suavidad—Puedes llamarle en el coche.
Louise asintió en silencio secándose las lágrimas con la mano. Se despidieron de David con un gesto silencioso y dieron media vuelta caminando de regreso al club.
David los siguió con la mirada mientras se alejaban con el corazón encogido, rezaba para que pudieran sentirse mejor al hablar con Bill, sobre todo Louise. Sentía mucho haber tenido que darles otra mala noticia después del mal rato vivido minutos antes pero todos estaban con los nervios a flor de piel y había sido inevitable.
Regresó al trabajo suspirando concentrándose en ese motor que tenía entre manos sintiendo que su mente estaba lejos de allí. Sabía que en cuanto hablaran con Bill verían las cosas desde otra perspectiva y poco a poco empezarían a sentir lo mismo que él con alivio estaba sintiendo.
Que a pesar lo que había ocurrido, todas las piezas empezaban a colocarse en su sitio.
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Horas después Bill se despedía de su padre con un fuerte abrazo como si necesitara agradecerle todo lo que había hecho por él sin necesidad de decirlo en voz alta. Cuando le soltó vio como su padre le tendía la mano a Tom quien se la estrechó con firmeza para luego recibir una palmada en el hombro, un gesto sencillo pero lleno de respeto.
—Pasaremos la noche en el apartamento y mañana volvemos con nuestras cosas—explicó Bill antes de subir al coche.
—Os estaré esperando —dijo Jörg con una sonrisa cansada pero sincera—Voy a pedir unos días en el despacho para terminar de arreglar las cosas y ayudarte a instalarte.
Bill asintió sonriendo y cogiéndose de la mano que Tom le tendía subieron al coche que ya les esperaba con el motor en marcha. Arthur ocupó su asiento y se alejaron por el camino desapareciendo entre los árboles.
Y entonces, por primera vez desde que la casa era oficialmente suya, Jörg se quedó completamente solo. El silencio era distinto al de la otra casa, más liguero y sin esa sensación de asfixia constante.
Pero aun así, le recordó que tenía aún demasiadas cosas pendientes.
Entró de nuevo en la casa y dejando la puerta bien cerrada caminó lentamente por el pasillo hasta llegar al que sería su nuevo despacho. Aún olía a pintura fresca y apenas estaba amueblado, solo con una gran mesa y una butaca tras ella. Las estanterías estaban vacías esperando a ser llenadas con libros, carpetas y vida. Se sentó en la butaca, apoyó los codos en la mesa y respiró profundamente antes de sacar el móvil.
Sabía que tenía que hacer esa llamada y sin dejar pasar más tiempo marcó el número de Gordon. El tono sonó dos veces antes de que su amigo respondiera.
—¿Jörg? —saludó con cansancio Gordon.
Se le notaba agotado, como si no hubiera dormido en varios días.
—¿Cómo está Alexander? —preguntó Jörg sin rodeos.
Hubo un silencio breve, denso.
—Muy mal —admitió Gordon al fin—No está llevando bien estar ingresado, ha pasado la noche sedado y esta mañana ha tenido varios episodios de agresividad y lo han tenido que volver a sedar.
—Lo siento mucho, Gordon—murmuró Jörg con sinceridad.
—No tienes que disculparte —dijo Gordon suspirando—Sé que era necesario. Pero… verlo así… es duro. No quiere reconocer lo que ha hecho, está convencido de que fue de mutuo acuerdo. Está como ido, creo que toda esa cocaína que se ha estado tomando le ha afectado más de lo que pensábamos, le cuesta pensar con claridad… está perdido.
Jörg apoyó la frente en la mano, sentía un nudo en el pecho no solo por Alexander sino también por Gordon y Eleonore, por los padres que estaban pagando las consecuencias de algo que nunca debió ocurrir.
—Ojalá pudiera ayudarte más a ti y a Eleonore—murmuró Jörg.
—Ya has hecho bastante —dijo con firmeza Gordon—Si no hubieras hablado primero conmigo y decidido no denunciarlo no sé qué habría pasado, quizás hubiera terminado igualmente en la clínica o pasaría una temporada en la cárcel donde allí se perdería del todo. Sé que hice lo correcto pero me duele mucho verle de esa manera porque nunca dejará de ser mi hijo, Jörg.
La voz se le quebró y tuvo que dejar de hablar para coger aire y poder respirar. Jörg le escuchaba jadear a través del móvil tratando de no echarse a llorar sintiendo un nudo en el estómago.
—Lo sé —dijo con suavidad carraspeando—Y siento mucho que hayas tenido que llegar a esto pero era necesario. Por Bill… y por Alexander también.
Gordon no respondió de inmediato y cuando lo hizo, su voz era apenas un susurro.
—Gracias por no darle la espalda a mi hijo a pesar de lo que ha hecho.
—No se trata de darle la espalda —dijo con firmeza Jörg—Se trata de evitar que vuelva a hacer daño a él mismo o a los demás.
—Lo sé—murmuró Gordon suspirando—Ahora cuesta verlo de esa manera pero era la única solución posible.
Jörg asintió con la cabeza, sabía que con el tiempo tanto él como Eleonore verían que era en esa clínica donde debía estar Alexander desde hacía mucho tiempo.
—¿Y qué tal está Bill? —preguntó entonces con cautela Gordon.
—Mucho mejor —respondió Jörg suspirando—Se le ve más animado y la casa nueva le hará mucho bien. Hoy se la he enseñado y le he contado los planes que tengo para él, no quiero que esté cerca cuando estalle lo del divorcio así que en unos días él y Tom se irán de viaje.
—Le vendrá bien cambiar de aires —dijo Gordon con firmeza—Y aunque ahora no lo vea, le haría mucho bien hablar con alguien sobre lo que le ha pasado. No dejes que se lo guarde dentro, llévalo a un psicólogo para que pueda ayudarle a cerrar la herida del todo.
—Lo haré —prometió Jörg—Y entiendo que con Alexander así no estás en condiciones de recibir a nadie.
—No lo digo solo por eso —admitió Gordon con un suspiro cansado—Imagino que lo último que quiere Bill es que nada ni nadie le recuerde lo sucedido. Y yo… no he sido precisamente de mucha ayuda.
Jörg frunció el ceño, sorprendido por la dureza con la que Gordon hablaba de sí mismo.
—¿A qué te refieres?—quiso saber.
—Sabía que algo iba mal entre ellos desde el principio—confesó Gordon en voz baja—Podía notarlo en las sesiones cada vez que Bill se derrumbaba hablando de lo complicadas que eran sus relaciones con Alexander…
Se detuvo de golpe apretando los labios, consciente de que había cruzado una línea peligrosa. No podía traicionar la confidencialidad de su consulta, por mucho que quisiera ayudar o aliviar su propia culpa.
—Perdona —dijo finalmente recuperando la compostura—No debería haber dicho eso.
Por mucho que le costara Jörg decidió no insistir, entendía demasiado bien lo que significaba cargar con una información que no se podía compartir. Y también entendía el dolor de un padre que empezaba a ver demasiado tarde ciertas señales que siempre ignoró o prefirió hacerlo.
—No te preocupes —respondió con suavidad—Sé que estás haciendo lo mejor que puedes y sé que esto no es fácil para ti tampoco.
—Ojalá hubiera visto antes lo que estaba pasando —murmuró Gordon dejando escapar un suspiro tembloroso— Ojalá hubiera podido detener a Alexander a tiempo.
—Lo importante es que ahora está recibiendo ayuda y que Bill está a salvo—dijo Jörg con firmeza—Y nosotros debemos dejar de torturarnos con lo que podíamos haber hecho, debemos seguir adelante ayudando a nuestros hijos en todo lo que podamos.
Gordon asintió en silencio, de nada servía lamentarse cuando el daño ya estaba hecho.
—Hablamos mañana, ¿vale?—dijo dando la conversación por finalizada—Necesito ir a ver como está Eleonore, tiene suerte de que Simone esté en casa. Se están ayudando mutuamente a salir adelante.
—Mantenme informado de Alexander—pidió Jörg antes de colgar—Y también de Simone.
Gordon se lo prometió y cortó la comunicación. Durante unos segundos Jörg se quedó mirando fijamente el móvil como si el silencio pudiera darle esas respuestas que aún no tenía.
Luego se recostó en la butaca y dejó escapar un suspiro largo y profundo. Sentía mucha lástima por Gordon, por ese padre que había tenido que tomar una decisión tan difícil.
También sentía mucha lástima por Alexander, el hijo que se había perdido en un camino oscuro.
Pero lo que más le pesaba era por todo lo que había que tenido que pasar su propio hijo.
Sabía que había hecho lo correcto, por primera vez en mucho tiempo estaba actuando como debía haberlo hecho desde el primer momento.
Y aunque la nueva casa estaba en silencio, por dentro Jörg no se sentía tan solo y desesperado como antes.
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Nada más sentarse en el coche, Louise sacó de su bolso el móvil con las manos temblorosas. El corazón le latía con fuerza y tenía la sensación de llevar horas conteniendo el aliento.
—¿Qué hago? ¿Le llamo o le mando un mensaje? —preguntó incapaz de decidirse.
—Necesitas oír su voz —respondió Georg mientras arrancaba el coche.
Louise asintió, reunió valor y marcó el número de Bill. No tuvo que esperar demasiado; contestó al tercer tono.
—¡Lou!
La voz de Bill sonó suave, algo cansada pero sin rastro de angustia haciendo que Louise cerrada los ojos sintiéndose aliviada de escucharla.
—Bill… —susurró Louise, sintiendo cómo la voz se le quebraba— ¿Estás bien?
—Estoy bien, de verdad —respondió Bill con sinceridad—Perdóname por no haberte dicho nada antes.
—Necesitabas tiempo, lo entiendo —dijo Louise con firmeza—Es solo que… acabamos de hablar con David y nos ha contado lo que te hizo tu madre, y que vas a vivir en una casa nueva, y sé cómo debes sentirte ahora mismo y necesitaba escuchar tu voz.
Bill se sentía abrumado, aunque no podía permitirse mostrárselo. Por el tono de Louise notaba lo angustiada que estaba por él, y después de cómo se había portado la tarde anterior sin separarse de su lado ni un instante sentía que había llegado el momento de que el se preocupara también por quienes le rodeaban. Empezando por consolar a su amiga que tan mal lo estaba pasando por su culpa.
—Mi madre ha sido muy desagradable, como siempre, pero no te preocupes por eso —pidió Bill con suavidad—Ya no puede hacerme nada, no pienso volver nunca a esa casa. Mi padre ha comprado otra muy bonita y tranquila, y está cerca de la tuya.
—¿Cerca de la mía? —repitió Louise sorprendida.
—Justo en la calle de al lado —explicó Bill—Seguro que mi padre lo tuvo en cuenta al buscar un nuevo hogar, quería que estuviera en un sitio donde me sintiera seguro y sabe lo unidos que estamos. Seguro que en cuanto vio que había una casa en venta cerca de la tuya lo tuvo en consideración.
—Me alegra muchísimo oír eso —dijo Louise llevándose emocionada una mano al pecho—Entonces… ahora somos vecinos. Voy para casa, si quieres nos vemos y hablamos.
—Es que no estoy allí ahora mismo —explicó Bill por encima—Anoche mi padre me dio otro alojamiento después de la discusión con mi madre, y Tom y yo pasaremos aquí la noche. Pero mañana ya me instalaré, y podrías echarme una mano para colocarlo todo. Tengo un vestidor enorme en la habitación y mucha ropa, ¿recuerdas?
—Seguro que te sobra vestidor, habrá que llenarlo yendo de compras una tarde de estas —dijo Louise mucho más animada.
—Bueno, tendré que dejarle algo de sitio a Tom —apuntó Bill con una sonrisa.
—Fijo que le dejas un par de cajones nada más —siguió Louise con la broma.
Le gustaba verlo tan animado, la emoción por la nueva casa parecía estar ayudándolo a dejar atrás aunque fuera por unos instantes todo lo que le había pasado.
—Bueno, tampoco quiero que me eche de mi propio vestidor —dijo Bill entre risas.
Louise se recostó en el asiento entre risas dejando que la conversación la envolviera, era la primera vez en todo el día que sentía un alivio real, como si la voz de Bill hubiera aflojado un nudo que llevaba horas apretándole el pecho.
—Me alegra mucho escucharte así , te hacía falta—confesó suspirando.
—Me hacía falta escucharte a ti, mucho más de lo que pensaba—dijo Bill con sinceridad—Muchas gracias por llamar, de verdad.
—No tienes que darme las gracias —dijo Louise con suavidad—Siempre podrás contar conmigo para lo que sea.
Bill asintió en silencio, sabía que siempre podría contar con Georg y con ella.
—Ahora te dejo descansar un poco, mañana será un día largo—dijo Louise dando la conversación por finalizada—Dale recuerdos a Tom de mi parte.
—Y tú a Georg de la mía —pidió Bill—Nos vemos mañana.
—Hasta mañana —se despidió Louise antes de colgar.
Bajó lentamente el móvil dejando escapar un suspiro que llevaba horas reteniendo, Georg la observó de reojo mientras conducía sin decir nada pero con una sonrisa tranquila.
—¿Mejor?—preguntó poniendo una mano sobre su rodilla.
—Mucho mejor—contestó Louise con una sonrisa tranquila.
Y mientras el coche avanzaba la tensión del día empezaba por fin a deshacerse.
Continúa…
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