Incomplete 109

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Fic TOLL de lyra

Capítulo 109

La casa se había quedado sumida en un silencio absoluto tras la marcha de Bill y Tom. Jörg permaneció un rato más en el despacho después de hablar con Gordon hasta que finalmente decidió levantarse. Salió de la estancia y recorrió la casa en silencio hasta llegar a la cocina donde encontró a Greta terminando de preparar la cena.

—Buenas noches, señor Kaulitz —saludó ella al verle entrar—La cena estará lista en diez minutos, y les he dejado algo más preparado en la nevera por si les apetece para más tarde.

Jörg no pudo evitar sonreír al escucharla, Greta ya hablaba en plural sin problema alguno. Había tenido tiempo de explicarles tanto a ella como a Arthur que además de Bill en esa casa viviría otra persona que llevaba mucho tiempo formando parte de su vida, sabía que podía confiar en ambos ya que la discreción era parte esencial de su trabajo.

Y cuando les reveló que se trataba de David vio el brillo de sorpresa en sus ojos pero ninguno hizo un comentario fuera de lugar, simplemente asintieron en silencio aceptando sin reservas su nueva situación sentimental.

—Gracias, Greta. Puede retirarse a descansar en cuanto termine —dijo Jörg con un gesto agradecido— ¿A qué hora llegarán los de la mudanza?

—Sobre las diez —contestó Greta—Yo misma me encargaré de indicarles dónde va cada cosa siguiendo las indicaciones que me dio.

—Mañana nos espera un día duro —murmuró Jörg suspirando— ¿Ya se ha instalado en su habitación? ¿Le gusta?

—Mucho, señor Kaulitz. Es más amplia y luminosa que la que tenía en la otra casa —admitió Greta con una sonrisa contenida.

Jörg sonrió al escucharla, se había preocupado de que tanto ella como Arthur tuvieran habitaciones cómodas y a su gusto.

La dejó continuar con su trabajo y salió de la cocina recorriendo aquella casa que aún olía a nueva. Subió las escaleras y se dirigió a su nueva habitación, encendió la luz y se quedó un momento observando lo vacía que estaba imaginando cómo sería verla llena con sus cosas y las de David.

Imaginando cómo sería empezar una nueva vida a su lado sin tensiones, sin discusiones y sin tener que medir cada paso.

Pensar en David le hizo coger el móvil y marcar su número, no quería pasar aquella noche solo en la casa nueva.

—¿Jörg? —la voz de David llegó entremezclada con el ruido del club de fondo.

—¿Estás ocupado? —preguntó Jörg intentando sonar casual.

—Lo de siempre. ¿Ha pasado algo? —no pudo evitar preguntar David temiendo que algo hubiera ido mal.

—Solo quería saber si te gustaría pasar la noche aquí conmigo, en la casa nueva —soltó Jörg casi sin aliento.

—¿No está Bill? —preguntó con cautela David.

Sabía que tarde o temprano tendrían que convivir bajo el mismo techo, y lo último que deseaba era incomodarlo. No quería que Bill sintiera que estaba invadiendo su espacio o arrebatándole tiempo con su padre en esos momentos que por fin habían dejado atrás tantas tensiones.

—No, se ha ido a pasar una última noche con Tom al apartamento, mañana se instalará en su nueva habitación —explicó Jörg sacándolo de sus pensamientos—Tenemos la casa para nosotros solos. Greta está terminando de preparar la cena y luego se va a retirar a su habitación y he pensado que podríamos inaugurar el jacuzzi.

David soltó una risa suave. En su voz se adivinaba una sonrisa pero también algo más, una ternura que pocas veces dejaba ver.

—¿El jacuzzi…? —repitió divertido—Y yo que pensaba que lo que más te había gustado de tu nueva habitación eran las cortinas.

Jörg se echó a reír al escucharle mientras tomaba asiento a los pies de la amplia cama que había en mitad de la estancia.

—Las cortinas están bien, pero el jacuzzi es otra cosa —admitió en voz baja—Y estoy deseando estrenarlo contigo.

David guardó silencio un instante como si esas palabras le hubieran calado más hondo de lo que esperaba.

—Se te nota muy emocionado —susurró con una mezcla de sorpresa y cariño.

—Porque lo estoy —admitió Jörg con firmeza—Todo lo que ha pasado estos días me ha hecho ver la vida de otra manera, no tengo por qué tomármelo todo tan en serio. Quiero hacer eso que siempre me has pedido, relajarme y dejar de vivir siempre a la defensiva. Quiero disfrutar al máximo de mi nueva vida empezando por pasar mi primera noche en esta casa contigo y todas las que vengan después.

David cogió aire al escucharle, era la primera vez que le oía hablar de esa manera. Ya podían permitirse algo tan sencillo como compartir una noche sin tener que esconderse, sin mirar por encima del hombro y sin miedo a ser vistos.

—Voy para allá —dijo sintiéndose muy ilusionado—No tardaré mucho.

—Te espero —murmuró Jörg colgando antes de que la emoción terminara por quebrarle la voz.

Dejó el teléfono sobre la cama y se levantó para entrar en el baño contiguo. Se quedó un instante observando el jacuzzi antes de empezar a prepararlo, sintiendo cómo un escalofrío le recorría el cuerpo.

Esperaba con ansias la llegada de David a la que ya era también su casa.

&

Después de cortar la llamada Bill dejó el móvil sobre la encimera soltando un suspiro largo, como si por fin pudiera relajarse. A su lado Tom estaba sacando la cena que Greta les había preparado para que tuvieran algo decente que cenar.

—¿Todo bien? —preguntó mientras abría uno de los recipientes y un aroma delicioso empezó a llenar la cocina del apartamento.

—Sí… —contestó Bill sonriendo, aún con un brillo suave en los ojos—Louise está muy emocionada con lo de la casa nueva.

—Claro que lo está, siempre lo está con todo lo bueno que te pase a ti—murmuró Tom con una media sonrisa—Seguro que ya está planeando cómo colocarte la ropa en el vestidor o decorarte la habitación.

Bill soltó una risa breve, la primera auténtica desde hacía horas.

—No lo digas muy alto, que es capaz —dijo suspirando mientras sacaba dos platos del armario—Ya le he dicho que mañana venga para ayudarme a colocar todo.

—Pues mejor —asintió Tom sonriendo—Así no tengo que cargar yo solo con tus montañas de ropa.

—Exageras, no es para tanto—dijo Bill lanzándole una mirada divertida.

—Bill, tienes un modelo diferente para cada día del año —replicó Tom abriendo el microondas para calentar la comida—Y eso sin contar con los complementos como gorras, gafas de sol, anillos..

—Las gorras son importantes también—dijo Bill con fingida seriedad.

Tom sacudió la cabeza sonriendo y empezó a calentar la cena penando en cómo le gustaba verle así de animado. El zumbido del microondas llenó el silencio mientras ambos se movían por la cocina con una naturalidad que solo se tenía cuando ya se ha compartido mucho.

—Louise está muy ilusionada de que la casa esté cerca de la suya —añadió Bill sin poder dejar de hablar de su amiga—Creo que eso le ha dado un respiro, cuando le cogí el teléfono pude notarle por la voz que estaba muy preocupada pero según íbamos hablando de la casa su estado cambió.

—Normal, ha pasado un día horrible viéndote así—dijo Tom con suavidad sin poderse contener—Todos lo hemos pasado, pero ahora parece que las cosas empiezan a mejorar y te vemos más animado que nos contagias tu felicidad.

—Gracias a todos vosotros estoy superándolo—murmuró Bill bajando la mirada—No hay un momento en que pueda pararme a recordarlo porque siempre hay algo que hacéis o decís que hace que centre mi atención en otra cosa y logre borrarlo por unos segundos de mi memoria.

Tom se le quedó mirando en silencio, sabía que le iba a llevar mucho tiempo tratar de olvidarlo porque ya no era el hecho en si, era lo que Alexander había llegado a significar una vez. Había sido su primer amor, el primer chico con el que había estado y ese tendría que ser un bonito recuerdo que no debería ser olvidado pero viendo como habían terminado lo mejor sería borrarlo de su memoria para siempre.

El microondas pitó rompiendo el tenso momento, Tom abrió la puerta y el aroma de la comida caliente se extendió por la cocina.

—Greta se ha pasado con la cena—comentó Tom en un tono más animado—Entre ella y Rose van a lograr que engordemos diez kilos.

Bill sonrió agradecido por la normalidad y por la compañía, por no tener que pensar demasiado.

Se sentaron a la mesa, y por primera vez en mucho tiempo, Bill sintió que el futuro no le daba tanto miedo. Todo lo contrario, no podía dejar de pensar en lo que iba a pasar al día siguiente y los días que vinieran.

Después de que su padre le hablara de cerrar el club una temporada para luego abrirlo mucho más renovado no podía dejar de pensar en qué podía hacer él para echar una mano. Quería verse involucrado, el club no era solo un negocio para él y sus amigos, era como un segundo hogar y querían preservarlo.

—Esto está delicioso—dijo Tom tras el primer bocado—Tu padre debería incluir en el menú del club algunos platos de Greta.

—Pues sería una buena idea—murmuró Bill mirándole fijamente—Estaba pensando qué hacer para echarle una mano con el club a mi padre, podríamos hablar con él para que mientras dure la reforma invite a Rose a casa para que ella y Greta intercambien recetas, seguro que aprenden mucho la una de la otra. Y Anouk por supuesto también estaría invitada, por mucho que lo quiera negar se le da muy bien la cocina y siempre es bueno tener unas manos de más por su son necesarias.

—Es una buena idea—dijo Tom asintiendo con la cabeza—Seguro que tu padre no se niega y verá que te estás involucrando en el club como si fuera tuyo.

—Porque lo siento así—confesó con firmeza Bill—Y más después de haber trabajado unos días allí, he visto como es por dentro y me ha gustado mucho. Incluso pienso en qué carrera poder estudiar para poder llevar en un futuro un club así.

—Si todo va bien se podría incluso abrir otro—murmuró Tom—Uno parecido al Sisyphos, un club nocturno que sería el más famoso de todo Brandemburgo.

Bill siguió cenando pensando en esa idea que cada vez le iba gustando más y más.

&

Después de terminar la conversación con Jörg colgó el teléfono y permaneció inmóvil unos segundos intentando procesar todo lo que acababa de escuchar. Luego se movió con rapidez, dio un último vistazo al club para asegurarse de que todo estuviera en orden y se dirigió a la cocina.

Rose trabajaba sin descanso, había pasado toda la tarde preparando las cenas de esa noche con ayuda de Anouk que en esos momentos ya había terminado el turno y estaba descansando.

—¿Te falta mucho? —preguntó David preocupado.

—Solo terminar los postres —respondió Rose mientras abría el horno para comprobar el bizcocho de chocolate.

—Tiene una pinta increíble —murmuró David inclinándose un poco.

—Te he hecho uno para ti —añadió Rose con una sonrisa— Está enfriándose sobre la encimera.

David le devolvió la sonrisa agradecido, Rose siempre tenía el detalle de dejarle la cena lista antes de que se marchara o prepararle algo delicioso como aquel bizcocho.

—Me malcrías, Rose —dijo suspirando—Y me estás haciendo engordar.

Ella soltó una carcajada mientras cerraba el horno y lo observaba con atención. No necesitaba decir nada más, podía leerlo en sus ojos.

—¿Te vas? —preguntó sin poder contenerse.

—Sí, Jörg me ha invitado a cenar…y a pasar juntos nuestra primera noche en la casa nueva —contestó David intentando sonar natural.

Rose se le quedó mirando por unos segundos y luego le guiñó un ojo con complicidad.

—Me alegro mucho por los dos —dijo con firmeza—Y por Bill, sé que tu presencia en esa casa le va a hacer mucho bien.

David esbozó una sonrisa sintiéndose un poco avergonzado, a partir de ese momento podía hablar con más libertad sobre su relación con Jörg sobre todo con Rose que siempre tenía una palabra amable y un buen consejo que dar.

—Siento tener que dejarte sola otra vez con todo el trabajo —empezó a decir David mirándola fijamente—Mañana vendré temprano y me encargaré de todo.

—No te preocupes —dijo Rose haciendo un gesto despreocupado con la mano—Disfruta de la noche, y no hace falta que vengas tan pronto mañana ya sabes que con Melissa y Andreas todo está bajo control. Empieza a delegar y piensa más en ti, ya te toca vivir un poco.

Las palabras de Rose le aceleraron el corazón. Como siempre, había dado en el clavo. Y tenía mucha razón, había llegado el momento de dejar de cargar él solo con el peso de todo el club y centrarse en lo que realmente importaba.

Jörg.

Ya no tenían que esconderse, podían empezar por fin a construir una vida juntos.

Con esa idea en mente salió de la cocina por la puerta trasera acordándose de coger el bizcocho que Rose había preparado para ellos. Subió al coche y arrancó, sintiendo que cada metro que avanzaba lo acercaba un poco más a su nueva vida. Sabía que Jörg lo estaría esperando, y esa certeza le llenaba el pecho de una mezcla de nervios y felicidad que no recordaba haber sentido en años.

No tardó en llegar a la nueva casa y entró usando su propia llave. Lo recibió un silencio acogedor y sintiéndose ya como en su hogar subió las escaleras con paso decidido. La habitación que iba a compartir con Jörg estaba en la primera planta igual que la de Bill aunque en el extremo opuesto del pasillo para que todos pudieran disfrutar de la intimidad que necesitasen.

Se dirigió hacia ella y abrió la puerta con sigilo solo para encontrarla vacía. Frunció el ceño por unos segundos hasta que vio entreabierta la puerta que comunicaba con el baño y de donde salía una luz tenue.

Dejó el bizcocho sobre una mesa y se acercó al baño. Al asomarse encontró a Jörg ya instalado en el jacuzzi disfrutando de un baño cálido y relajante mientras escuchaba música clásica y bebía una copa de vino.

—¿Interrumpo algo? —preguntó David sonriendo mientras apoyaba un hombro en el marco de la puerta.

—Llegas en el momento adecuado —respondió Jörg devolviéndole la sonrisa—He puesto algo de música y abierto un chardonnay que tanto te gusta.

David avanzó unos pasos, sintiendo cómo el vapor cálido del baño le envolvía, la luz tenue hacía que todo pareciera más íntimo y más suyo. Jörg lo observaba desde el agua, con esa mezcla de tranquilidad y expectación que siempre lograba desarmarlo.

—Vaya recibimiento —murmuró David dejando el móvil y las llaves sobre el mueble del lavabo—Así da gusto llegar a casa.

Sin dejar de sonreí Jörg le tendió su propia copa invitándolo a reunirse con él.

—Ven —pidió en un susurro—Te estaba esperando.

David se acercó lentamente como si quisiera grabar cada detalle en la memoria con la luz tenue reflejada en el agua, el leve rubor en las mejillas de Jörg por el calor que hacía y la forma en que sus ojos brillaban al verlo.

Cogió la copa que le tendía y tomó un sorbo notando en sus labios el dulce sabor afrutado del vino. Cerró los ojos para saborearlo dejando que el vino se deslizara por su lengua con una calidez lenta y agradable. La música clásica que sonaba de fondo llenaba la habitación con una serenidad que parecía envolverlo todo.

—No sabes cuánto necesitaba esto —confesó David en voz baja abriendo los ojos.

Se arrodilló en el suelo junto al borde del jacuzzi dejando la copa a un lado para poder cogerle de la mano. Jörg entrelazó sus dedos con los suyos apretándolos con una ternura que le desarmó el pecho.

—Yo también lo necesitaba—confesó en voz baja—Llevamos mucho tiempo buscando poder disfrutar de momentos como este sin prisa alguna y sin tener que escondernos nunca más.

David sintió un nudo en la garganta debido a toda esa emoción que sentía contenida durante demasiado tiempo. Se inclinó un poco más acercándose al rostro de Jörg y vio como levantaba la mano libre para acariciarle lentamente la mejilla con la yema de los dedos, como si temiera romper algo precioso.

—Es extraño —murmuró David suspirando—Llevo toda la vida imaginando un momento como este y ahora que estoy aquí, me parece incluso mejor de lo que imaginaba.

—Porque ahora es real —susurró Jörg sonriendo—Porque estamos al fin juntos.

David cerró los ojos unos segundos dejándose llevar por la calidez de la mano de Jörg, por la cercanía y por la certeza de que esa casa era ya su hogar.

—Entonces, vamos —dijo abriendo los ojos de golpe y sonriendo—Inauguremos el jacuzzi como es debido.

— ¿Piensas hacerlo vestido?—preguntó Jörg mirándole fijamente.

— ¿Qué quieres que haga?—preguntó David a su vez.

—Quiero que te quites toda la ropa—pidió Jörg en un susurro—Y quiero que lo hagas muy lentamente…

David sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo, tanto él como Jörg sentían que por primera vez en mucho tiempo no estaban dejando a atrás nada importante sino que estaban avanzando hacia todo lo que siempre habían querido.

—Desnúdate y ven aquí conmigo —dijo Jörg de nuevo suplicándole con la mirada.

David se incorporó lentamente para hacer lo que le había pedido, empezó a quitarse cada prenda de ropa que llevaba dejándola caer al suelo bajo su atenta mirada. Cuando no tuvo nada más que quitarse se sentó en el borde del jacuzzi cogiendo de nuevo su mano haciéndose rogar. Bajó la mano que tenía libre y la metió dentro sintiendo el agua caliente rozarle la piel, y por un instante se quedó simplemente observándolo como si aún no terminara de creerse que estaban allí juntos.

—Has tenido un día largo —murmuró Jörg deslizando suavemente el pulgar sobre la mano de David—Quiero que esta noche sea solo para ti, para nosotros.

David sintió cómo se le aflojaba el pecho, como si esas palabras hubieran deshecho un nudo que llevaba demasiado tiempo apretado. Se inclinó un poco más acercándose al rostro de Jörg y apoyó la frente contra la suya. El contacto era casi inocente pero cargado de una ternura que lo desbordó.

—No sabes cuánto significa esto para mí —susurró Jörg mirándole fijamente—Estar aquí contigo, sentir que por fin puedo respirar.

Jörg cerró los ojos unos segundos disfrutando de la cercanía.

—Llevas mucho tiempo cuidando de todos los que te rodean —dijo David con firmeza—Ahora debes dejar que alguien cuide de ti también.

Jörg abrió los ojos para mirarlo, había en esa mirada una mezcla de calma y devoción que hizo que David sintiera que el mundo se detenía un segundo.

—Eres increíble —dijo David sin poderse contener.

—Tú también —susurró Jörg con una sinceridad que le calentó el alma.

David se inclinó y rozó sus labios en un beso que hablaba de promesas nuevas, de confianza y de un futuro que por fin podían imaginar juntos. Cuando se separaron Jörg llevó la mano a la mejilla de David y se la acarició con suavidad sonriendo.

—Quédate conmigo —pidió en voz baja—No solo esta noche, quédate para siempre.

David sintió que el corazón le daba un vuelco, pero esta vez no de miedo sino de una felicidad tan profunda que casi dolía.

—No pienso irme a ninguna parte —dijo con firmeza acariciando su mano—Estoy aquí, contigo.

Jörg entrelazó sus dedos de nuevo, tirando suavemente de él hacia el agua.

—Entonces ven —susurró—Quiero que este sea el primero de muchos momentos como este.

David se dejó llevar, se metió en el jacuzzi acomodándose al lado de Jörg quien le estrechó entre sus brazos mientras se apoderaba de nuevo de sus labios. David cerró los ojos dejándose besar sintiendo el pecho lleno de una calidez nueva, dejó que Jörg lo guiara sabiendo que por primera vez en mucho tiempo estaba exactamente donde quería estar.

&

Terminada la cena recogieron los platos usados y los limpiaron entre los dos sin dejar de hablar del club como habían hecho en toda la cena, habían cogido un cuaderno y apuntado en el todas las ideas que se les había ocurrido y que querían comentarle al padre de Bill en cuanto pudieran.

Una vez todo limpio y recogido se dirigieron al dormitorio, esa noche la iban a pasar juntos. Mientras que Bill estaba en el baño Tom se quedó mirando la cama, era mucho más grande que una normal y se veía de lo más cómoda. Se quitó toda la ropa quedándose en bóxers y retirando a un lado las sábanas se metió en la cama comprobando que efectivamente era muy cómoda.

Había dejado sobre la mesilla el móvil, no había contestado aún el mensaje que le había mandado Andreas. Estaba centrado solo en poder ayudar a Bill que ni se había acordado de su amigo pero sabía que en cuanto hablara en persona con él entendería por todo lo que estaban pasando y no se sentiría molesto o desplazado.

Cogió el móvil y decidió apagarlo, no quería que nada les interrumpiera o despertara esa noche. Incluso decidió guardarlo, abrió el cajón de la mesilla y lo metió dentro. Entonces sus ojos vieron algo que Jörg o David tenían allí guardado y decidió tenerlo a mano por si acaso sabiendo que no les importaría ya que al cederles el apartamento sabían que podrían utilizar lo que necesitaran y aunque eso era algo demasiado íntimo y personal Tom sabía que dadas las circunstancias podía tomar prestado para esa noche.

Sintió que se abría la puerta del baño y se apresuró a meterlo con rapidez bajo la almohada. Entonces vio como Bill salía del baño llevando ya puesto su pijama, de la mano llevaba la ropa que se había quitado y se entretuvo en dejarla bien colgada en el armario.

No podía apartar los ojos de él atento a cada movimiento suyo y Bill le descubrió de esa manera cuando se volvió dispuesto a acostarse en la cama a su lado.

—¿Qué miras? —preguntó sin poderse contener.

Tom pestañó como si saliera de un sueño y sintió que se sonrojaba, se había perdido en sus pensamientos y Bill le había pillado.

—Nada… solo pensaba que esta cama es enorme—murmuró carraspeando.

Bill se acercó lentamente con esa calma que siempre lo desarmaba y se metió a su lado en la cama.

—Pues mejor, así no tendremos que pelearnos por el espacio—dijo sonriendo.

Tom soltó una risa al escucharle sintiendo como de repente el ambiente había cambiado, tenía tan cerca a Bill que podía sentir el calor que desprendía su cuerpo.

No hizo falta decir nada, el silencio se volvió cómodo e íntimo.

Bill apoyó su cabeza en su hombro y Tom respondió rodeándolo con un brazo, no había prisa alguna. Solo la tranquilidad de estar juntos compartiendo ese momento que hablaba más que cualquier gesto atrevido.

Permanecieron unos minutos en silencio, abrazados el uno al otro.

—Debes estar cansado —dijo Tom rompiendo el silencio—Ha sido un día lleno de emociones. La casa nueva, saber que tu padre cerrará el club unos meses, pensar en la mudanza de mañana…

Bill dejó escapar un suspiro suave y aflojó un poco el abrazo solo para mirarlo mejor.

—Sí, han sido muchas emociones y las que me esperan—admitió—Pero ahora que estamos aquí juntos siento que puedo al fin respirar.

Tom sonrió al escucharle con esa sonrisa tranquila que solo le salía cuando estaba realmente en paz mientras acariciaba la espalda de Bill con movimientos lentos casi automáticos, como si su cuerpo supiera exactamente lo que el otro necesitaba.

Bill levantó la cara y se le quedó mirando fijamente sin decir nada, y ese gesto sencillo bastó para que el ambiente se volviera aún más íntimo. No necesitaban decir nada más, la forma en que se miraban y la manera en que sus manos se buscaban hablaba por ellos.

Tom sintió un calor suave en el pecho, llevó una mano a la cara de Bill y acarició con suavidad su mejilla. Le vio cerrar los ojos unos segundos dejándose llevar por la calma que le transmitía ese simple contacto y cuando volvió a abrirlos la mirada que le dedicó era tan sincera que casi lo desarmó.

—No sabes cuánto me ayuda tenerte aquí a mi lado—confesó Bill en un susurro.

Tom se inclinó sobre él rozando sus labios apenas con los suyos, no quería hacer nada que le trajera malos recuerdos o ir más rápido de lo que Bill quería. Se quedó muy cerca de sus labios pero sin atravesarse a rozarlos, respirando su aliento sintiendo como entraba en su cuerpo.

Bill llevó su mano hasta su mejilla y se la acarició con suavidad, como si quisiera asegurarse de que estaba ahí y de que no se iría.

—Estoy contigo —susurró Tom como si le hubiera leído el pensamiento—Y no pienso irme a ningún lado.

Bill esbozó una sonrisa tranquila e íntima de esas que solo le dedicaba a él. Bajó la cara y se acomodó sobre su pecho sintiendo los latidos de su corazón y escuchando el ritmo pausado de su respiración. Tom lo rodeó con ambos brazos envolviéndolo en un abrazo cálido que parecía hecho a medida, y así permanecieron unos minutos hasta que Bill se movió de nuevo.

Se incorporó en la cama colocándose encima de Tom quien se dejó hacer sintiéndole separar los labios y empezar a besar cada centímetro de su piel que fue encontrando a su paso mientras se movía lentamente sobre su cuerpo.

Sabía donde se dirigía y lo que le quería hacer, y por primera vez Tom se lo permitió porque sabía lo mucho que lo estaba necesitando en esos momentos y él solo quería que estuviera bien.

Cerró los ojos y bajó los brazos dejándolo sobre la cama mientras le sentía descender por su cuerpo, podía sentir su lengua recorrer su estómago haciéndole estremecer mientras que sus manos ya estaban bajándole la ropa interior.

Tom se dejó hacer, esa noche Bill llevaría el control y segundos después sintió como sus manos temblorosas alcanzaban su objetivo. No pudo evitar estremecerse al sentir sus labios sobre su sexo lamiendo y besando esa zona tan íntima antes de ser engullida en su boca.

Separó los labios y dejó escapar un gemido de auténtico placer cuando le notó empezar a moverse haciéndole entrar y salir de su boca sin despegar la lengua de su piel. Llevó las manos abajo y las puso sobre su cabeza guiando sus movimientos para que fuera más despacio, no quería terminar con demasiada rapidez.

Tenía que admitir que le estaba gustando mucho, no podía dejar de retorcerse bajo él llegando incluso a alzar las caderas contra su boca en más de una ocasión si poderse contener. Y así permanecieron varios minutos hasta que no lo pudo soportar más, salió de su boca y Bill levantó la cara mientras se pasaba una mano por los labios. Se le quedó mirando con la respiración entre cortada mientras que Tom le interrogaba con la mirada y entonces Bill esbozó una sonrisa al tiempo que asentía con la cabeza.

Entonces se movió haciéndole quedar bajo su cuerpo y mientras que Bill se deshacía de la ropa que le se interponía entre ellos cogía con discreción lo que había guardado bajo su almohada que resultó ser un tubito de lubricante que esa noche iba a ser muy necesario porque no quería hacerle daño.

Cogió un poco y viendo que Bill ya le estaba esperando desnudo del todo se acomodó sobre su cuerpo apoderándose de sus labios mientras llevaba una mano abajo. Bill se dejó besar poniendo en esos besos toda su atención sin sentir cómo sus dedos acariciaban con suavidad su entrada lubricándola y solo interrumpió el beso cuando le sintió empezar a entrar en su cuerpo.

No pudo evitar ponerse algo tenso, pero ahí estaba Tom ayudándole a relajarse con sus caricias. Había enterrado la cara en la curva de su cuello y empezado a lamer y succionar su piel mientras trataba de entrar con total delicadeza en su cuerpo.

Bill sintió que se iba relajando poco a poco bajos sus caricias y cuando quiso darse cuenta ya estaba siendo embestido con suavidad. En su cabeza no había rastro alguno de lo sucedido la tarde anterior con Alexander, era como si lo hubiera eliminado del todo de sus recuerdos concentrándose solo en el placer que estaba experimentando gracias a Tom en esos momentos.

Separó los labios dejando escapar pequeños jadeos sintiendo los de Tom abandonar su cuello, se quedaron fijamente mirando a los ojos y sin apartar la mirada del otro continuaron moviéndose lentamente hasta que minutos después Tom empezó a sentir los primeros espasmos que precedían al orgasmo.

Se movió con rapidez y llevando una mano abajo se apoderó del sexo de Bill y no paró de acariciarle hasta sentir su calidez resbalar lentamente entre sus dedos. Solo entonces se dejó ir también apoderándose de sus labios embistiéndole una y otra vez hasta quedar del todo saciado antes de salir con suavidad de su cuerpo.

Se le quedó mirando entre jadeos, los ojos de Bill tenían un brillo diferente esa noche y lucía una amplia sonrisa.

— ¿Estás bien?—preguntó muy preocupado.

—Mejor que nunca—contestó Bill suspirando.

Tom sonrió al escucharlo y se movió quitándose de encima de él. Se acostó a su lado y antes de que pudiera decir nada Bill fue a su encuentro acomodándose suspirando sobre su pecho. Se quedó muy quiero sin hacer ningún movimiento brusco, solo respirando profundamente mientras que dejaba que Bill encontrara su sitio y una vez hecho le sintió suspirar de nuevo.

Se le notaba cansado no solo por el maravilloso momento vivido, la noche anterior no había podido conciliar el sueño y en esos momentos con él en la cama parecía sentirse seguro a salvo de poder cerrar los ojos y tratar de descansar.

Tom también lo necesitaba y cerrando los ojos se dispuso a dormir con una amplia sonrisa en sus labios.

El apartamento quedó en silencio, iluminado solo por la luz de la luna que se colaba por la ventana. Fuera, la ciudad seguía su ritmo pero dentro, por primera vez en mucho tiempo, Bill sentía que podía cerrar los ojos sin miedo.

Continúa…

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 🙂

por lyra

Escritora del Fandom

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