
Fic TOLL de lyra
Capítulo 11
Sentado en la hamaca del porche, Tom fumaba con los ojos cerrados, dejando que el humo se deslizara lentamente entre sus labios mientras pensaba que su primer día de trabajo había sido un autentico desastre por culpa del maldito Alexander y esa capacidad que tenía de convertir cualquier tipo de situación en una batalla de egos en la que era él quien siempre ganaba.
Suerte tenia de que David le hubiera devuelto el trabajo, había comprendido que él no había tenido toda la culpa pero debía saber contenerse y no dejarse llevar por sus impulsos, por esa rabia que a veces le nublaba el juicio y le hacía decir cosas que no pensaba, o hacer cosas que luego lamentaba.
Como con Bill, debía olvidarle costara lo que le costara.
Dio una última calada al cigarro y lo apagó en el cenicero que tenía sobre el pecho. Lo dejó en el suelo suspirando. Pensar en Bill era como fumarse un cigarro, una calma momentánea que al final solo dejaba cenizas.
Estar cerca de él le hacía perder la concentración, y necesitaba centrarse en lo que más le importaba en esos momentos.
Encontrar a su hermano gemelo.
Y con el recuerdo de su hermano ausente cerró los ojos de nuevo y se dejó llevar por el sueño. Lo necesitaba ya no por cansancio sino porque en sueños encontraba a veces la respuestas que buscaba.
Y quería encontrar alguna relacionada con su hermano, alguna pisa que le llevara donde él se encontraba. Ya se imaginaba que tras contarle la historia de su madre su hermano reaccionaría dándole un fuerte abrazo.
Era como si pudiera sentirlo, incluso escucharle llamándolo en la lejanía…
—Tom…
Pero no abrió los ojos.
Porque si era un sueño, quería seguir escuchando.
Su hermano estaba en algún lugar y Tom lo iba a encontrar aunque tuviera que seguir soñando para saber por dónde empezar.
— ¿Estás dormido, Tom?
La voz lo sacó de golpe del sueño.
Abrió los ojos con brusquedad como si acabara de regresar de un lugar lejano y de pie frente a él estaba Andreas con una expresión confusa en el rostro, como si no supiera si había hecho bien en interrumpir su sueño.
—Perdona, no quise despertarte—se disculpó Andreas esbozando una tímida sonrisa—Se te veía en calma durmiendo.
Tom se incorporó lentamente en la hamaca frotándose los ojos con una mano.
—Soñaba con mi hermano—murmuró sin poder contenerse.
Andreas suspiró al escucharle, era normal que soñara con encontrarle.
— ¿Ya has terminado de trabajar?—preguntó Tom deseando cambiar de tema.
—David me ha dejado salir antes, al doblar turno y después de lo que te ha pasado ha sido muy generoso por su parte—explicó Andreas sentándose en los escalones del porche—Y no he venido solo.
Tom alzó la mirada y vio a Víctor y a Melissa tras su amigo. No había reparado en su presencia al despertar de su esperanzador sueño, y fijo que le habían escuchado decir que había estado soñando con su hermano gemelo.
—Hemos venido a ver qué tal estás—dijo Melissa dando un paso en su dirección.
—Y a tratar de animarte un poco—apuntó Víctor con ese entusiasmo que parecía no apagarse nunca.
Tom se encogió de hombros, la mirada perdida en algún punto del horizonte.
—No estoy para muchas fiestas—murmuró sin intención de sonar cortante pero sin fuerzas para fingir entusiasmo.
—Eso dice Andreas muchas veces, y al final termina bailando encima de los altavoces —soltó Víctor entre carcajadas.
La imagen de su amigo desatado moviéndose al ritmo de la música como si no hubiera un mañana logró arrancarle a Tom una sonrisa por primera vez en horas.
—Fue sólo una vez—se defendió Andreas, satisfecho de la sonrisa de su amigo—Y porque algo me sentó mal… o demasiado bien, según se mire.
Víctor le dio una palmada en la espalda, encantado de ver a Tom más animado.
—Pues a ver si pasa más a menudo —dijo con tono firme—Mis amigos creen que eres un muermo, pero cuando te sueltas no hay quien te pare. Te conviertes en el alma de la fiesta.
— ¿Vais a empezar a discutir otra vez por eso?—intervino Melissa con cansancio—Os recuerdo que hemos venido para llevarnos a Tom de fiesta, no para montar otro debate.
—No hace falta, de verdad—dijo Tom recuperando su seriedad—Ya me encuentro mucho mejor, pero esta noche no me apetece salir.
—Pues lo vas a hacer—dijo con firmeza Víctor—Ya he quedado con mis amigos a las 10 en el Sisyphos. No hay marcha atrás.
— ¿Tan pronto?—protestó Andreas, frunciendo el ceño.
—Siempre hay una cola interminable —apuntó Víctor suspirando—O quedamos a esa hora o amanece y aún estamos haciendo cola.
—Tenemos tiempo de sobra para arreglarnos y cenar algo —añadió Melissa con tono conciliador.
—Aún no he dicho que vaya a ir—les recordó en vano Tom, sabiendo que sus palabras eran ignoradas.
—Vas a venir—dijo con firmeza Víctor—Te vas a pillar un buen pedo, vas a encontrar una tía muy buena con la que follar…o un tío, eso como tú veas, y vas a olvidar el desastre de primer día que has tenido. Y mañana volverás al trabajo luciendo una amplia sonrisa que ni David se la va a creer.
Tom suspiró, sabiendo que resistirse era inútil. Con amigos así, la fiesta no era una opción. Era una obligación. Y aunque no lo admitiera en voz alta, una parte de él lo agradecía.
Iría de fiesta al Sisyphos con Andreas y sus nuevos amigos, bebería hasta perder el control y todo se volviera borroso.
Por unas horas fingiría que todo estaba bien.
Pero sabía que al día siguiente inevitablemente volvería a ver a Bill. Y todo lo que estaba intentando olvidar regresaría con más fuerza.
Que tenía que olvidarse de él.
Que sus planes eran encontrar a su hermano perdido, no enamorarse de la primera persona que se le cruzaba en el camino.
Aunque sabía que por mucho que intentara convencerse, sabía que Bill no sería fácil de olvidar.
—Voy a darme una ducha —anunció para alegría de sus amigos.
Entró al bungalow mientras sus amigos seguían discutiendo sobre cómo llegar al Sisyphos esa noche, si debían pillar un taxi o ir todos en un mismo coche, lo que implicaba que uno de ellos no podría probar ni una gota de alcohol y al parecer nadie quería ceder.
Les dejó decidiendo qué hacer y entró al baño para darse una ducha más que merecida. Se desnudó dejando la ropa sobre el lavabo, corrió la mampara de la diminuta ducha y abrió el grifo entrando en ella. El agua templada comenzó a deslizarse por su espalda y cerrando los ojos dejó escapar un suspiro largo.
Los pensamientos se agolparon sin permiso en su cabeza. Su hermano, el nuevo trabajo, el desastre con Alexander… y Bill.
Siempre Bill.
Como una sombra que no se disipaba.
Negó con la cabeza, intentando sacarlo de su mente. No quería pensar en él en esos momentos mientras el agua recorría su piel desnuda. Sabía lo que podía pensar si continuaba teniéndole en sus pensamientos, su cuerpo reaccionaría como tantas otras veces había hecho buscando alivio en la fantasía. Recordaba perfectamente como era su sonrisa, como un gesto serio le recorría la cara cuando pensaba que nadie le miraba y esa mirada que parecía querer desnudarle sin tocarle.
Si seguía así sabía con certeza que terminaría masturbándose con rabia sin dejar de pensar en él hasta obtener un profundo orgasmo muy necesario que después dejaría su cuerpo totalmente relajado y eso era precisamente lo que más necesitaba.
Pero no con sus amigos al otro lado de la puerta esperándoles para llevárselo de fiesta.
Así que abortó sus planes y apoyó la frente contra los azulejos fríos intentando calmarse. El deseo era una bestia que sabía disfrazarse de consuelo, pero él no quería consuelo. Quería respuestas.
Quería encontrar a su hermano.
Quería dejar de sentirse tan perdido.
Cortó con rabia el agua, salió de la ducha y cogiendo una toalla se secó sin mirarse al espejo para luego ponérsela ajustada con determinación mientras pensaba que aunque no tuviera ganas para fiestas iba a salir y a tratar de divertirse.
Porque a veces, fingir que todo estaba bien era lo único que podía hacer.
Salió del baño encontrándose a Andreas esperándolo en el pasillo apoyado contra la pared.
—No tienes que ir si no quieres —dijo con voz baja—Pero si vas, hazlo por ti. No por nosotros.
Tom asintió agradecido por la comprensión. A veces Andreas parecía entenderle mejor que él mismo.
—Solo quiero una noche sin pensar—confesó en un susurro.
—Entonces vamos a conseguirte eso—respondió Andreas con una sonrisa cómplice.
Tom se la devolvió y siguió su camino entrando en el dormitorio de su amigo. No se molestó en cerrar la puerta mientras se vestía, entre ellos había total confianza y dejando caer la toalla al suelo se movió desnudo por la habitación mientras abría uno de los cajones que Andreas le había cedido y cogía una muda limpia que se puso con rapidez consciente que a su espalda Andreas probablemente lo observaba en silencio.
No por morbo, sino por esa nostalgia que a veces se colaba entre los dos sin pedir permiso.
No quería recordarle viejos tiempos ni hacerle daño por eso se dio prisa en cubrir la desnudez de su cuerpo.
No tenía la ropa adecuada para salir de fiesta, esperaba que no le pusieran ninguna pega a la hora de entrar en el Sisyphos. Pensó en ir todo de negro, un color que no le hiciera destacar ni llamar la atención. Cogió una simple camiseta de algodón de manga corta y sus mejores vaqueros. Se calzó unas playeras del mismo color como si así pudiera fundirse con la noche sin dejar rastro alguno.
Recogió su pelo aún húmedo en una cola baja, y al salir del dormitorio, comprobó que Andreas ya no estaba en el pasillo. Lo agradeció en silencio. A veces, la mejor forma de cuidar a alguien era desaparecer justo a tiempo.
Sus amigos estaban en la cocina del bungalow preparando la cena, Tom no había reparado en la bolsa que habían llevado de la que estaban sacando hamburguesas y patatas fritas recién hechas procedentes de la cocina club. Aún no había pisado ese lugar y sospechaba que David lo enviaría allí al día siguiente para mantenerlo alejado de Bill y sus amigos.
—¿Una cerveza?—le ofreció Víctor al verlo aparecer.
Tom asintió con la cabeza y tomó el botellín que le ofrecía dando un largo trago que le refrescó más de lo esperado. Tomó asiento ante la barra americana y al momento Melissa puso ante él un plato con su hamburguesa y una montaña de patatas.
—A ver si te convence la nueva receta de Rose —dijo Melissa con una sonrisa amplia.
—¿Quién es Rose?—preguntó con curiosidad Tom.
—Mi madre —respondió Víctor para su sorpresa—Y la mejor cocinera que vas a conocer… modestia aparte, claro.
Tom sonrió al escucharle, se notaba el gran cariño que le tenía. Seguro que la conocería pronto, quizás al día siguiente. Y esa noche conocería a su hermana Anouk, el camarera del Sisyphos de la que Víctor ya le había hablado.
—¿Y tu padre?—preguntó Tom sin pensarlo demasiado.
—Nos abandonó hace años—contestó Víctor encogiéndose de hombros—No sé donde está ni me importa.
Tom se quedó en silencio con la botella de cerveza entre las manos. La respuesta de Víctor le había pillado por sorpresa, y una punzada de incomodidad le recorrió el pecho. No había querido hurgar en una herida, solo había preguntado por curiosidad pero en esos momentos ya se arrepentía.
Culpa suya por haber preguntado.
—Lo siento—murmuró sin levantar la mirada.
El gesto de Víctor había cambiado. No sonreía y parecía haber perdido su entusiasmo.
—No pasa nada—dijo suspirando—Es lo que hay.
—Las familias son complicadas —añadió Melissa mirando fijamente a Tom—Todos tenemos alguna historia que preferimos no contar.
Tom le devolvió la mirada sintiendo cómo se le tensaban los músculos del cuello. ¿Melissa sabía algo? ¿Andreas se lo habría contado? Pasaron juntos la noche anterior, su amigo estaba muy nervioso por su llegada y era normal que le abriera a Melissa su corazón compartiendo con ella lo que llevaba tanto tiempo guardando.
Pero no entendía porqué le lanzaba esa indirecta a la cara. No quería pensar mal de Melissa, pero tampoco podía ignorar el tono con el que había hablado. No había sido una frase casual, había alguna intención tras ella.
—Nadie se libra—siguió diciendo Melissa—Ni tú, ni yo o Andreas. Todos arrastramos algo.
Sentado a su lado Andreas se removió en su asiento, pero no dijo nada. Y ese silencio fue aún más revelador.
Tom lo notó al instante, su incomodidad no pasaba desapercibida. Ya hablaría con él a solas. No era momento de reproches ni de preguntas delante de los demás. Necesitaba comprobar si tal y como sospechaba había compartido su secreto con Melissa. La búsqueda de su hermano gemelo era un asunto demasiado frágil y personal como ir contándolo a completos desconocidos, por muy bien que le cayeran.
Víctor y Melissa le habían recibido con calidez haciéndole sentir parte de algo aunque fuera por unas horas. Pero Tom había aprendido a no confiar tan rápido y a protegerse guardando lo importante bajo llave.
Su estancia en Brandemburgo no era una aventura ni una escapada.
Era una misión.
Una búsqueda que le consumía por dentro.
Se llevó de nuevo la cerveza a los labios fingiendo que todo estaba bien.
Que no le dolía la posibilidad de que Andreas hubiera hablado más de la cuenta.
Que no le importaba que Melissa le lanzara frases que parecían tener doble filo.
Pero lo cierto era que sí le importaba.
Y mucho.
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Terminaron de cenar y se pusieron en marcha. Al final irían en el coche de Melissa ya que al día siguiente tenía turno de mañana y prefería trabajar sin una resaca de campeonato. Los demás entraban a las 3 a trabajar y sabiendo que ella tenía que madrugar quedaron en cogerse ellos un taxi de vuelta dejando que Melissa se fuera pronto a descansar.
Melissa abrió el coche y se puso al volante con Andreas sentado a su lado mientras que Tom y Víctor ocupaban los asientos traseros.
—¿Listos para perder el control?—preguntó Víctor con una sonrisa traviesa.
Melissa y Andreas contestaron con gritos de alegría como si la sola idea de la fiesta les insuflara vida. Melissa puso el coche en marcha y de paso la radio que resonó a todo volumen mientras salían del camping rumbo al Sisyphos.
Tom se acomodó en el asiento trasero bajando un poco su ventanilla para que el aire nocturno se colara fresco y cargado de promesas. A su lado Víctor hablaba sin parar contando anécdotas del club, de sus amigos, de noches que terminaban viendo amanecer desde el lago y resacas que duraban dos días.
Pero Tom apenas escuchaba, su mente estaba en otro lugar. No podía dejar de pensar en su hermano y en Bill. En todo lo que intentaba dejar atrás por unas horas.
Minutos después Melissa giró por una calle estrecha y el coche se adentró en una zona más industrial. El Sisyphos no era un club cualquiera, era un universo aparte donde no existían reglas y cada noche podía convertirse en una historia que nadie contaría igual.
Tom respiró hondo.
Estaba a punto de entrar en ese mundo.
Y aunque no lo supiera aún, esa noche cambiaría algo dentro de él.
—Ya hemos llegado—anunció Melissa cruzando unas verjas altas de metal que daban acceso al Sisyphos.
El coche se adentró lentamente en el recinto donde las luces de neón comenzaban a parpadear entre las sombras y la música electrónica se filtraba desde algún rincón del lugar. El aire olía a una mezcla de verano y alcohol derramado.
Encontraron un lugar donde aparcar en el abarrotado y amplio parking que rodeaba al Sisyphos y salieron del coche con cierta impaciencia. Tom se quedó observando el lugar que parecía más un refugio que un club con las paredes llenas de grafitis, estructuras industriales reconvertidas en arte y grupos de gente que ya comenzaban a perderse en el ritmo de la noche.
—Recordad lo pactado—dijo Melissa con tono firme—Yo me voy antes así que no me busquéis cuando estéis borrachos.
—¿Y si te echamos de menos?—preguntó Víctor haciendo un puchero.
—Entonces os aguantáis—respondió con firmeza Melissa.
Andreas se acercó a Tom dándole un leve codazo.
—¿Listo para perderte un rato?—preguntó con una amplia sonrisa.
Tom no respondió de inmediato. Miró hacia la entrada del club donde la música parecía llamarlo como un canto lejano. No sabía si estaba listo pero sí sabía que no quería seguir pensando.
Y eso era suficiente por el momento.
—Vamos, que todavía tenemos que esperar por lo menos una hora en la cola—anunció Víctor resignado.
— ¿No nos podía colar tu hermana?—preguntó Andreas resoplando.
—No, la otra vez casi la pillan y no quiere meterse en problemas por nuestra culpa—contestó Víctor con firmeza—Dice que bastante tiene con aguantar a los borrachos de cada noche.
Echaron a andar a la puerta del club, ante la que había ya una larga cola donde la gente que había en ella hablaba, reía y fumaba. Algunos ya estaban en otro mundo y ni siquiera habían entrado.
Se colocaron al final de la cola y se dispusieron a esperar pacientemente.
—¿Sabéis que hay gente que se queda aquí toda la noche sin querer entrar?—comentó Melissa mirando alrededor—Solo por el ambiente.
—Pues yo quiero entrar—dijo con firmeza Víctor—Esta noche va a ser épica.
—Dices lo mismo todas las noches que venimos—apuntó riendo Andreas.
—Cada noche es diferente, siempre hay algo que la hace más especial que la anterior o la siguiente—murmuró muy serio Víctor.
Andreas soltó una carcajada mientras se acomodaba en la cola cruzando los brazos como si se preparara para una larga espera.
—Eso dices hasta que acabamos comiendo un triste bocadillo a las cinco de la mañana sentados frente al lago y sin saber cómo llegamos allí—le recordó.
—Y aún así, lo volvería a hacer—replicó Víctor guiñándole un ojo a Melissa.
Ella sacudió la cabeza divertida mientras sacaba de su bolso un pequeño frasco de perfume y se lo aplacaba en el cuello justo en el hueco entre la clavícula y la garganta, como si supiera exactamente dónde dejar su rastro. Había tenido el tiempo justo de cambiarse de ropa y lo había aprovechado bien. Llevaba un vestido ceñido que marcaba sus curvas con descaro, con un amplio y provocador escote. Era consciente de que no pasaría desapercibida. Calzaba tacones cómodos y en el coche tenía preparadas unas deportivas para cuando lo cogiera de vuelta a su bungalow.
—Lo que a mí me preocupa no es cómo acabamos, sino con quién—dijo con tono enigmático.
Tom la miraba de reojo sin saber si aquella frase iba dirigida a alguien en particular o si simplemente era parte de un juego. Melissa tenía esa forma de hablar que parecía esconder siempre una segunda intención. Y aunque no la conocía bien, empezaba a intuir que no decía nada por casualidad.
Había estado escuchando en silencio la banal conversación de sus amigos, su entusiasmo era contagioso pero él seguía sintiendo esa punzada de inquietud en el pecho. Como si la noche por muy épica que prometiera ser escondiera algo más.
—Eso depende de lo que estés buscando esta noche —dijo Víctor alzando una ceja.
Melissa no respondió. Solo se volvió hacia la entrada del club donde la cola seguía avanzando muy lentamente y Tom se quedó pensando que había algo en el ambiente que había cambiado.
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Mas de una hora después seguían atrapados en la cola desesperados. Apenas avanzaban y cada vez que el portero reconocía a algún cliente vip lo dejaba entrar al reconocerlos al momento ignorando las quejas que venían de los mortales que tenía que que esperar pacientemente, como si no les llegaran ni a la suela de los zapatos.
Tom empezaba a perder la paciencia. El murmullo constante, el olor a perfume mezclado con tabaco, la música que se filtraba desde dentro como una promesa lejana… todo le resultaba abrumador.
Necesitaba aire.
Necesitaba silencio.
—Voy a dar una paseo—murmuró sacando el paquete de tabaco del bolsillo trasero de sus vaqueros.
—Te acompaño—se ofreció Andreas, dando un paso hacia él.
—Prefiero estar a solas—replicó Tom con cierta brusquedad.
Andreas se quedó inmóvil sorprendido por el tono pero no insistió. Asintió en silencio respetando el espacio que su amigo necesitaba.
Tom echó a andar alejándose de la cola mientras cogía un cigarro y lo encendía. Dio una profunda calada exhalando el humo lentamente, tratando así de calmar el torbellino que llevaba dentro.
No era solo la espera, era todo. Su primer día, el trabajo, Bill, su hermano… La sensación de estar buscando algo que no sabía si iba a encontrar. Y la certeza de que aunque se rodeara de gente seguía sintiéndose solo.
Se apoyó contra una valla metálica mirando hacia el cielo. Las estrellas apenas se veían entre las luces de la ciudad pero sabía que ahí estaban.
Como su hermano.
Estaba en algún lugar esperándolo.
El sonido de varios coches entrando a toda velocidad le hicieron volverse interrumpiendo así la calma y el silencio que había buscado con su cigarro. La música retumbaba desde uno de los coches mezclada con gritos y risas que parecían anunciar la llegada de una tormenta.
Tom frunció el ceño al reconocer a uno de los conductores, era Alexander y sentado a su lado iba Bill.
O al menos eso creía Tom. Bastó una mirada rápida para que el corazón se le acelerara.
Pasaron tan cerca que pudo hacerle un repaso de arriba abajo. Bill vestía todo de negro al igual que él aunque se imaginaba que sus ropas eran del mejor diseñador que pudiera existir. El pelo lo llevaba suelto perfectamente liso y cayendo hasta los hombros con una elegancia que parecía estudiada.
Pero lo que más le impactó fue su rostro.
Nada que ver con la imagen fresca y natural que había lucido esa tarde en el lago. Iba maquillado con una sombra oscura que enmarcaba sus ojos castaños lo que les hacía parecer más intensos y un toque de brillo en los labios le daba un aire provocador y casi desafiante.
Tom se quedó quieto con el cigarro entre los dedos olvidando incluso que estaba encendido. Si antes ya le parecía guapo, esa noche le parecía absolutamente irresistible.
Sabía que por mucho que intentara convencerse a sí mismo de que debía olvidarlo, su cuerpo y su mente parecían tener otros planes.
Continúa…
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