
Fic TOLL de lyra
Capítulo 111
La mañana se le estaba haciendo eterna. Mientras colocaba mesas, revisaba cubiertos o explicaba a la nueva camarera dónde estaban las cosas, la mente de Andreas no dejaba de dar vueltas. Cada silencioso gesto de Víctor, la distancia que mantenía con él y la forma en que evitaba mirarlo más de lo necesario le pesaba como una piedra en el pecho.
Intentaba concentrarse pero cada vez que entraba al club y se acercaba a la barra para dejar la bandeja Víctor le ignoraba a propósito haciéndole sentir un pinchazo de miedo en su pecho, y esa vez el miedo a perderlo era real.
No sabía qué más decir o hacer para que no se rindiera con él, cada idea parecía insuficiente y torpe, demasiada pequeña para reparar todo el daño que él mismo había causado.
En un momento de la mañana mientras plegaba unas cajas vacías en el almacén sintió que le faltaba el aire y tuvo que parar de hacer lo que estaba haciendo quedándose muy quieto con la frente apoyada en una estantería. Cogió aire profundamente tratando de ordenar sus pensamientos.
«No puedo seguir así»—pensó sin poderse contener—»No puedo dejar que lo mío con Víctor termine de esta manera sin luchar por él, se merece más que mis silencios y mis fantasmas. Merece que yo esté presente y que lo elija a él»
Cuando sintió que ya podía respirar con normalidad dejó las cajas en su sitio para ser recicladas y salió del almacén viéndolo de nuevo tras la barra de donde no pensaba salir en toda la mañana revisando unos albaranes del inventario. Dudó por uno segundos, pero esa vez no se dejó vencer por el miedo y echó a andar hacia él con paso firme y el corazón latiendo con fuerza en su pecho.
—Víctor… —llamó en voz baja, deteniéndose a su lado.
Víctor levantó la mirada pero su expresión seguía siendo fría y profesional, como si Andreas fuera un compañero más y no la persona con la que había compartido noches, risas y besos.
—¿Necesitas algo? —preguntó sin dureza pero sin cercanía.
Andreas tragó saliva.
—Hablar contigo—contestó Andreas tragando con esfuerzo—No ahora si no puedes, pero antes de que termine el día.
—Estamos trabajando —murmuró Víctor sin mirarlo volviendo la mirada a los albaranes que tenía entre manos.
—Lo sé —susurró Andreas tratando de no perder la calma—Solo quiero que me dejes explicarme una vez más, no quiero que esto termine sin que me quieras escuchar…no quiero perderte sin intentarlo al menos una última vez…
Por un instante creyó ver un leve temblor en las manos de Víctor como si sus palabras hubieran atravesado esa coraza que se había puesto, pero fue solo por un segundo. Víctor asintió con la cabeza dejando los albaranes dentro de su carpeta.
—Podemos hablar cuando termine el turno —murmuró con una voz que no era cálida pero tampoco tan distante como antes.
Andreas sintió un pequeño alivio, frágil pero real. No era una reconciliación ni un perdón, pero era una oportunidad y él la pensaba aprovechar. Regresó al trabajo sintiéndose un poco más animado, algo que Anouk notó enseguida cuando se cruzó con él en el embarcadero.
—¿Va todo bien? —preguntó sin poderse contener.
Andreas asintió con la cabeza, estaba convencido de que en cuanto hablara con Víctor lograría hacerle cambiar de opinión. Solo necesitaba un poco más de tiempo para cerrar esa herida que seguía abierta, y confiaba en que Víctor terminaría por entenderlo.
—¿Qué te parecen los nuevos? —quiso saber Anouk observándolo con atención.
Los nuevos camareros, Lukas y Marie, habían sido todo un acierto. Tenían experiencia, aprendían rápido y no hacía falta estar todo el tiempo encima de ellos. Andreas se había encargado de enseñarle a Marie que en ese momento atendía con soltura una de las mesas del embarcadero mientras que Lukas estaba tras la barra bajo la supervisión de Christine y Víctor.
—Son buenos chicos y vienen con ganas de trabajar —respondió Andreas con sinceridad—Gracias a ellos tenemos manos de sobra y así hoy Melissa puede dedicar toda la mañana a trabajar en el despacho ya que hoy también parece que David no vendrá hasta más tarde.
—Víctor y Lukas han congeniado muy bien —comentó Anouk sin poder evitarlo.
Desde donde estaban se veía perfectamente la barra, ambos dirigieron hacia allí sus miradas comprobando que Lukas estaba demasiado cerca de Víctor, debía estar diciéndole algo muy gracioso porque Víctor se había echado a reír con ganas con una risa abierta y sincera, la primera que Andreas le escuchaba en toda la mañana.
Sintió una punzada en el pecho, un dolor agudo y repentino. Había algo en Lukas y en su desparpajo y su facilidad para conectar con Víctor que lo hacía ponerse en alerta.
—Ten cuidado o terminarás perdiéndolo del todo —murmuró Anouk clavando la mirada en él.
Las palabras le cayeron como un jarro de agua fría. No eran una amenaza ni un reproche, eran simplemente un aviso que se acercaba demasiado a la verdad.
Y por primera vez en mucho tiempo Andreas sintió un miedo auténtico.
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La mudanza parecía interminable, a las diez en punto habían llegado varios camiones a la nueva casa cargados de muebles y de buena parte de la ropa y los enseres de Bill y su padre. Greta tomó el mando en cuanto los vio llegar y comenzó a indicar con precisión dónde quería que colocaran cada cosa siguiendo las indicaciones de Jörg.
En su habitación Bill se ocupaba personalmente de organizar la ropa en su nuevo vestidor con la ayuda de Louise, mientras que Georg y Tom echaban una mano a Greta en la planta inferior, y Jörg y David supervisaban la colocación de los muebles y pertenencias que irían en la que ya era la habitación de ambos.
A Louise se le hacía extraño cruzarse con el padre de Bill, no podía evitar desviar la mirada no por incomodidad sino por el recuerdo que se le había quedado grabado de él y David paseando por el jardín y besándose con total naturalidad frente a los rosales.
¿Sabrían que los habían visto desde la casa?
¿Les daba igual que su relación saliera a la luz?
Por lo que Bill le había contado no querían esconderse más y empezarían a comportarse como una pareja enamorada poco a poco y ante gente de más confianza. Aun así, a Louise le costaba tenerlos cerca sabiendo ya su secreto.
—No pensé que tuviera tanta ropa—comentó Bill resoplando sacándola de sus pensamientos.
Louise sacudió la cabeza apartando de su mente a David y Jörg y volvió a centrarse en lo que tenía entre manos.
—Alice ha hecho un buen trabajo, ha empaquetado la ropa bien ordenada y solo hay que colocarla—murmuró Bill mirando todas aquellas cajas repletas—Pero hay tanta…creo que podría abrir una tienda con todo lo que tengo
—Quizá haya cosas que no vayas ya a ponerte —dijo Louise revisando una caja llena de camisas bien dobladas y ordenadas—Podrías donarlas o dárselas a alguien que las quiera…
Bill se la quedó observando unos segundos notando cómo se quedaba mirando una camisa de seda negra y no dudó en ofrecérsela.
—Puedes coger lo que quieras —dijo con una sonrisa—Suerte que tenemos la misma talla.
—Es un préstamo —aclaró Louise con firmeza—Es que creo que me gustaría llevarla a la hoguera de mañana.
—¿Tú y Georg vais a ir? —preguntó Bill en voz baja.
—Vamos todos los años, ¿no te acuerdas? —respondió ella—Pero si no tienes fuerzas para ir podemos quedarnos aquí, terminar de colocar la ropa y luego ver una película Incluso podríamos pedir unas pizzas, como cuando teníamos catorce años y te quedabas a dormir en mi casa.
Bill no pudo evitar sonreír al recordarlo, aquellas pocas veces en que su madre cedía y le permitía romper su estricto horario solo porque se trataba de Louise y su madre y ella eran amigas. Consideraba a Louise una compañía apropiada y si ella pedía con amabilidad que Bill pasara la noche en su casas siempre terminaba aceptando aunque haciéndose primero de rogar.
En esas noches Bill sentía que podía ser libre comiendo pizza con las manos sentado en el suelo y viendo alguna película que su madre jamás habría aprobado. Sabía que Louise jamás diría nada porque entendía lo mucho que él necesitaba esos pequeños respiros.
—¿Bill? —lo llamó Louise sacándole ella también de sus pensamientos.
—No hace falta cambiar los planes—murmuró Bill pestañeando—Tom y yo asistiremos a la hoguera, mi padre nos lo ha pedido porque tiene que dar una noticia al resto de los camareros.
—¿Hablas de la reforma del club? —preguntó Louise en voz baja—Philip nos contó algo a Georg y a mi pero prometimos no decir nada, aunque imagino que tu padre ya te lo habrá contado.
—Cerrará el club mientras duren las obras, pero nadie será despedido —explicó Bill—Quiere reabrir en Navidad, tiempo suficiente para que todo esté terminado y para que el escándalo de su divorcio se haya calmado.
—Pues me parece una idea estupenda —dijo Louise asintiendo con la cabeza—El club necesita una ampliación y una renovación. Y no creo que pierda muchos clientes. Georg y yo seguiremos yendo todos los días, y te aseguro que Peter y sus amigos también.
Bill sonrió al escucharla, sabía que siempre podía contar con Georg y con ella. Esa certeza le aflojó un poco los hombros, como si de pronto el peso de los últimos días sele hiciera más llevadero.
— Mi padre está preocupado por cómo reaccionará la gente cuando se sepa lo suyo con David—explicó Bill suspirando—Pero creo que le vendrá bien empezar de cero con todo, primero con una nueva casa y luego con un club renovado.
Louise cerró la caja que tenía delante y se incorporó sacudiéndose las manos.
—Tu padre es fuerte, y os tiene a ti y a David—comentó con suavidad observándolo de reojo—Y tiene mucha más gente a su alrededor que lo aprecia más de lo que él se imagina, no debe sentir que le van a dejar solo por mostrarse tal y como es.
Bill asintió en silencio, sabía que iba a llevar mucho tiempo que su padre pudiera sentirse cómodo siendo el centro de atención allá donde fuera. Cogió una pila de camisetas bien dobladas y se acercó al vestidor seguido de Louise para que le ayudara a colocarlas en las baldas.
—Creo que lo de mañana te vendrá muy bien—comentó Louise—No debes pasarte todo el tiempo encerrado en casa, debes salir y retomar tu vida donde la habías dejado. Y para ayudarte nos tienes a Georg y a mi, y a Tom por supuesto. Ya verás que con el tiempo lográis volver a ser los de antes…ya sabes…
Si, Bill sabía a lo que se refería. Hablaba de su relación con Tom que Louise creía que en esos momentos estaba en pausa tras lo ocurrido y solo trataba de animarlo para que tuviera paciencia mientras se recuperaba.
—Cuando menos te lo esperes, volveréis a estar juntos en todos los sentidos—dijo Louise con firmeza.
—Anoche nosotros…quiero decir que ya estuvimos…juntos—murmuró Bill carraspeando.
No se atrevía a terminar la frase pero no hacía falta que lo hiciera, Louise esbozó una amplia sonrisa al escucharle.
— ¿Qué tal fue?—preguntó sin poderse contener.
—Mágico—contestó Bill suspirando—Al principio me sentía algo extraño pero Tom siempre sabe cómo hacer que me relaje y me sienta cómodo entre sus brazos y cuando quise darme cuenta ya estábamos haciéndolo y fue maravilloso, llevábamos mucho tiempo sin estar a solas y ambos lo necesitábamos.
Louise no podía evitar sonreír mientras lo escuchaba, no había rastro de tristeza o dolor en su voz. Era todo lo contrario, hablaba con una energía nueva casi contagiosa y la ilusión con la que hablaba de Tom dejaba claro que aquella noche que habían pasado juntos había significado mucho para él y que estaba deseando repetirla en cuanto pudiera.
—Mi primera vez con Alexander fue horrible—confesó Bill de repente en un susurro—No me sentía preparado y siento que me forzó a hacerlo, no supe cómo negarme para que no se sintiera decepcionado conmigo y cedí solo para no perderle.
Louise le escuchaba en silencio, nunca jamás le había hablado de cómo habían sido sus relaciones con Alexander y aunque le hacía mucho daño escucharle hablar de esa manera sabía que necesitaba sacarlo fuera y que alguien le escuchara.
—Con él solo era sexo, quitando un par de veces en las que me sentí cómodo todas las demás no fueron de mi agrado—siguió diciendo Bill suspirando—En cambio con Tom todo es mucho más diferente, me hace el amor de una manera muy tierna y suave preocupándose de que disfrute yo también y cada vez que estoy con él es como si lo volviera a hacer por primera vez.
—Debes concentrarte en eso y olvidar el pasado—dijo Louise con firmeza—Alexander se ha ido y donde está no puede volver a hacerte daño.
Bill asintió con la cabeza, sabía que allí donde estaba Alexander le sería imposible volver a hacerle daño y eso era lo que le ayudaba a dormir cada noche. El sentirse a salvo y lejos de su alcance.
—Natalie ya se ha enterado—soltó Louise de repente—Estábamos ayer comiendo en el club con la esperanza de verte y aparecieron ella y Gustav, se sentaron con nosotros y lo soltó como si fuera un simple cotilleo. Una vez más se puso de su lado diciendo que se merecía un juicio justo donde poder defenderse y contar su verdad. Me enojé con ella, no podía quedarme más tiempo escuchándola y Georg y yo nos fuimos cortando para siempre nuestra amistad.
—Y Gustav se quedaría callado, como siempre—murmuró Bill frunciendo el ceño.
—Si, pero vi algo en sus ojos que no había visto antes—dijo Louise mirándole fijamente—Vi decepción, él no sabía nada de lo que le había sucedido a Alexander y se estaba enterando en ese mismo momento. No sé que pasó con ellos, estaba tan afectada que al llegar al parking me derrumbé, Andreas nos vio y nos hizo pasar a la cocina del club donde Rose cuidó muy bien de mi.
—Rose es un encanto—comentó Bill sonriendo—Siempre tiene una palabra amable que decirte, una sonrisa y sabe escuchar y dar muy buenos consejos. He visto como se preocupa de todos los chicos que trabajan en el club como si fueran sus propios hijos, y Tom me contó que el primer día que la conoció le hizo sentirse muy cómodo y bienvenido. Después de todo lo que ha pasado en su vida, dar con una persona como Rose es un gran alivio.
Louise le escuchaba en silencio viéndole sonreír como cada vez que pasaba cuando hablaba de Tom, veía como irradiaba una felicidad inmensa que le iluminaba la cara haciendo que todo lo pasado quedase olvidado.
—Me alegra mucho verte de esta manera—murmuró Louise con firmeza—Echaba mucho de menos verte tan animado.
—No lo habría logrado sin la ayuda de Tom, ni la vuestra—admitió Bill mirándola fijamente—Siempre te estaré muy agradecido por todo lo que has hecho y por estar aquí hoy.
Louise esbozó una sonrisa suave mientras volvía a concentrarse en lo que tenía entre manos, ayudarle a ordenar la ropa en aquella casa que aunque era más pequeña que la anterior desprendía una calidez nueva casi íntima que la hacía sentirse sorprendentemente acogedora.
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Por otro lado, David y Jörg veían con otros ojos el que ya era su dormitorio. Jörg tenía allí su ropa y algunos muebles que había querido traer y, al igual que Bill, contaba con un vestidor propio donde iban colocándolo todo.
—¿Cuándo traerás tus cosas? —preguntó Jörg sin poderse contener.
—En cuanto pueda —contestó suspirando David—Ya sabes que con el club apenas tengo tiempo libre, a no ser que delegue y llevo dos días dejando todo en manos de Rose, pero no puede ausentarse demasiado de la cocina.
—Lo sé… —murmuró Jörg—Puedes traer lo más necesario y cuando se cierre el club por la reforma, el resto.
David dejó la camisa de Jörg que tenía entre sus manos bien colgada en una percha y entonces Jörg se le acercó abrazándole por detrás suspirando.
—Me gusta tenerte aquí —confesó besándole en el cuello—En la otra casa me derrumbaba cada vez que entraba en mi habitación y no había nadie, en cambio ahora va a ser muy diferente. Será entrar por la puerta y tú estarás.
David sonrió estremeciéndose entre sus brazos, bajando la mirada un instante para ocultar lo evidente que le afectaban esas palabras.
—Quiero que todas las noches que llegue tarde de trabajar me estés esperando metido en la cama—susurró Jörg sin dejar de besarle en el cuello.
David se dejaba besar con los ojos cerrados imaginándose esa escena que se iba a repetir todas las noches ya que desde ese mismo día no pensaba volver a su apartamento a no ser que fuera para coger lo que iba a necesitar en la que ya consideraba su casa.
—Deberíamos seguir colocando cosas—murmuró David suspirando—Si seguimos así dudo que terminemos hoy con la mudanza.
Jörg gruñó como respuesta y tras darle un último beso le soltó y siguió con lo que estaba.
—Quiero que esta habitación sea tan tuya como mía—dijo con firmeza.
—Ya lo es —respondió David sin dudar.
Siguieron trabajando en un cómodo silencio, de ese que solo existe cuando dos personas se entienden sin necesidad de hablar. Jörg abrió uno de los cajones del vestidor y empezó a colocar su ropa interior en el.
—Cuando esté todo terminado tenemos que celebrar en condiciones que por fin vivimos juntos—comentó mirando de reojo a David—Aunque sea con una cena sencilla.
—Conociéndote, no será nada sencilla—dijo David sonriendo.
—Bueno…quizás sea un poco especial—murmuró Jörg encogiéndose de hombros.
David se acercó por detrás y al igual que había hecho él le rodeó con los brazos apoyando la barbilla en su hombro.
—Cualquier cosa contigo ya es especial—susurró en su oído.
Jörg cerró los ojos disfrutando del abrazo, sintiendo que cada vez que lo hacía tenía ese efecto cálido y tranquilizador que le aflojaba los hombros y le borraba cualquier preocupación.
—Podía permanecer abrazado a ti el resto del día—susurró suspirando David—Es poco el tiempo que hemos podido disfrutar juntos que cuando no estabas te echaba mucho de menos.
—Eso va a cambiar a partir de hoy—aseguró con firmeza Jörg—Nada ni nadie nos va a volver a separar nunca más.
David sonrió contra su cuello poniendo los labios sobre su piel haciendo que hizo que Jörg cerrara los ojos un instante. No era un beso, pero casi. Un gesto íntimo y sencillo que decía más que cualquier palabra.
—Nunca más —repitió David en un susurro.
Jörg se volvió lentamente para quedar frente a él, se quedaron mirándose fijamente a los ojos con esa mezcla de cariño y complicidad que habían construido sin darse cuenta. David levantó una mano y le acarició con suavidad la mejilla, un gesto tan íntimo que hizo que a Jörg se le encogiera el pecho.
Acortaron la distancia y segundos después ya se estaban besando, no habían dejado de hacerlo desde que habían puesto un pie en esa casa sabiendo que era un refugio donde nadie les iba a juzgar por amarse.
—Prometo que traer mis cosas lo antes posible —dijo David tras el beso sonriendo—No quiero volver a separarme nunca más de tu lado.
—Ni yo que lo hagas—susurró Jörg devolviéndole la sonrisa.
Permanecieron unos segundos más abrazados compartiendo el mismo aliento que cada vez que sentía entrar en sus cuerpos les hacía estremecer sin poderse contener, hasta que Jörg cogió aire profundamente y dio por finalizado el abrazo.
—Venga, que aún hay muchas más cosas que colocar—murmuró suspirando.
—Es casi la hora de comer —informó David arrugando la frente—Tengo volver al club, estará hasta arriba de trabajo y debo echar una mano.
—Tienes que empezar a delegar —replicó Jörg mirándole fijamente—Buscar cuanto antes un segundo encargado, me dijiste que Andreas o Melissa podrían ocupar ese puesto. Cuando el club vuelva a abrir quiero que haya alguien preparado para sustituirte porque voy a empezar una nueva vida contigo y quiero que pasemos más tiempo juntos. Yo también bajaré el ritmo en el bufete, antes iba tanto para no pasar más tiempo del necesario en casa discutiendo con Simone, que era lo único que hacíamos cada vez que nos veíamos.
David lo sabía, Jörg le había contado más de una vez que bastaba con que pusiera un pie en casa para que Simone buscara un motivo con el que iniciar una discusión. Por eso pasaba más horas de las debidas en el despacho, aunque muchas veces esa era solo la excusa que daba cuando tenían algún plan juntos y no quería que Simone sospechara.
Pero todo eso había quedado atrás, a partir de entonces tenían por delante todo el tiempo del mundo para disfrutar de su mutua compañía.
—Vayámonos de viaje —soltó Jörg de repente sin poderse contener—Cuando empiece la reforma, Philip se encargará de todo y tú y yo nos iremos donde tú quieras.
—A Roma —dijo David sin tener que pensarlo mucho—Quiero ver la Fontana di Trevi, pasear por el puente de Sant’Angelo y ver el atardecer desde el Gianicolo.
Jörg lo escuchaba en silencio sonriendo, se notaba que David lo tenía todo pensado como si hubiera imaginado ese viaje más de una vez, esperando el momento adecuado para hacerlo realidad junto a él.
—Iremos entonces a Roma —dijo Jörg asintiendo con firmeza.
David sonrió al oírlo y lo abrazó de nuevo con más fuerza deseando que llegara el día en que pudieran pasear cogidos de la mano por Roma como lo que eran, una pareja de enamorados disfrutando de una de las ciudades más bellas del planeta.
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Decidió tomarse un descanso. Llevaba toda la mañana encerrada en el despacho de David trabajando y sentía que necesitaba salir a tomar un poco de aire fresco. Con la tablet en la mano, Melissa se levantó y salió del despacho encontrándose en el almacén con Víctor que le estaba enseñando a Lukas cómo estaban colocadas las bebidas. Les dedicó una sonrisa al pasar por su lado y continuó su camino.
Salió del almacén y al momento se vio envuelta por el ambiente que flotaba en el club, casi lleno a esas horas al igual que las mesas del embarcadero. En breve comenzaría el turno de comidas y pronto no quedaría ni una mesa libre.
Y David aún no había regresado ni llamado para preguntar si todo iba bien, últimamente parecía distraído como si tuviera la cabeza en otra parte. No era propio de él, siempre tan dedicado al trabajo, tan presente y sin ausentarse más de lo imprescindible. Pero en los últimos días ya era la segunda vez que llamaba de repente diciendo que no vendría por un asunto personal.
Y Melissa no se atrevía a preguntarle, siempre había sido muy celoso de su intimidad y nadie sabía nada de su vida privada, si se veía con alguien o si estaba soltero.
—Melissa, mi madre me ha pedido que te recuerde que la carne para la barbacoa de mañana llegará esta misma tarde —interrumpió Anouk sacándola de sus pensamientos—Ella misma llamó a primera hora para dejarlo todo encargado y el camping nos proporcionará la leña para las hogueras.
—No sé si están los ánimos para muchas fiestas —murmuró Melissa asintiendo—No puedo sacarme de la cabeza lo que le ha pasado a Bill.
—Su padre no ha cancelado la fiesta, así que si él lo cree apropiado pues lo será —dijo Anouk, echando un vistazo al club.
Había pasado casi toda la mañana metida en la cocina ayudando a su madre con la comida, y había salido solo para tomarse un merecido descanso antes de volver.
—Espero que Bill asista, le hará mucho bien —susurró suspirando Melissa.
—Y a Víctor también —añadió Anouk—Sé que lo suyo con Andreas pende de un hilo ahora mismo y deseo que lo arreglen, pero he de admitir que entre él y Lukas hay mucha química.
—No sabemos si a Lukas le gustan los chicos —apuntó Melissa—Por si acaso no te hagas ilusiones además que Víctor todavía está con Andreas, aún no han roto.
—Andreas jamás olvidará a Tom —sentenció Anouk con firmeza.
—Eso no significa que no quiera a Víctor —dijo con calma Melissa no pudiendo evitar defender a su amigo con uñas y dientes—Andreas ha pasado por mucho y aun así está intentado sacar adelante su relación, no es justo que digas que está condenado a repetir el pasado.
—No digo que no quiera a mi hermano pero eso no siempre es suficiente—murmuró Anouk— Víctor ha sido muy paciente, ha estado a su lado incluso cuando Andreas se ha cerrado en banda. ¿Cuántas veces más tiene que demostrarle que está dispuesto a luchar por su relación?
—¿Y cuántas veces tiene que demostrar Andreas que está intentando sanar? —replicó Melissa sin poderse contener—No todos se recuperan al mismo ritmo. Tú ves a tu hermano sufrir y lo entiendo, pero yo también he visto a Andreas esforzarse por no arrastrar a nadie a su dolor.
—Solo digo que si Víctor y Lukas conectan, no me sorprendería en absoluto y no sería culpa de nadie—replicó con firmeza Anouk.
—Sería consecuencia de rendirse demasiado pronto —apuntó muy seria Melissa —Y Andreas no se merece que lo dejen atrás justo ahora.
—Lo que tiene que hacer es comprender de una maldita vez que ha perdido a Tom, que ahora está con Bill —soltó Anouk casi sin aliento, como si llevara rato guardándose esa frase.
—¿Vamos a pelearnos entre nosotras? —preguntó Melissa intentando rebajar la tensión que se había instalado entre ambas.
Anouk no respondió de inmediato, se quedó mirando hacia el embarcadero mientras cogía aire profundamente y luego volvió a fijar la mirada en Melissa.
—Siempre vas a ponerte de su lado, ¿verdad? —inquirió con una mezcla de terquedad y afecto, como si ya supiera la respuesta.
—Y tú siempre vas a ponerte del de tu hermano —replicó Melissa con una sonrisa cansada—Eso nos convierte en buenas amigas que solo quieren lo mejor para las personas más importantes de sus vidas.
—Supongo que sí, aunque a veces me gustaría que Andreas dejara de complicarlo todo—murmuró Anouk soltando una risa resignada.
—Y yo a veces desearía que Víctor no fuera tan impulsivo —admitió Melissa—Pero así son y los queremos igual.
Se quedaron en silencio mirándose fijamente a los ojos, tomándose una pausa sabiendo que nada de lo que dijeran podría hacer de cambiar de opinión a la otra.
—Solo quiero que mi hermano sea feliz, y últimamente no lo es—dijo Anouk suspirando.
—Yo también quiero que Andreas lo sea —replicó con suavidad Melissa —Y créeme, está intentando no perderse a sí mismo otra vez.
—Ojalá encuentren el camino—murmuró Anouk asintiendo lentamente como si procesara cada una de sus palabras—Juntos o separados, pero sin hacerse daño.
—En eso estamos de acuerdo —dijo Melissa acariciándole el brazo con un gesto conciliador.
La tensión terminó por disiparse como si ambas hubieran soltado un peso que no sabían que cargaban pero del que necesitaban liberarse antes de permitir que los problemas de su amigo y hermano acabaran afectando a su propia relación.
—Sigamos trabajando, la vida del club no se detendrá por nuestros problemas —dijo Melissa suspirando con cansancio.
Anouk asintió y se dirigió hacia el embarcadero, necesitaba despejarse así que bajó a la playa donde el ambiente contrastaba con esa tristeza que sentía que la envolvía. En el fondo le daba mucha pena que Andreas estuviera de esa manera, atrapado en un amor del pasado al que tenía que ver todos los días.
La única solución posible parecía ser que Tom se marchara bien lejos al menos por una temporada para que Andreas pudiera aclarar sus sentimientos, aunque cuando regresara nadie podía saber si todo volvería a repetirse y Andreas se vería de nuevo en mitad de un dilema que parecía no querer terminar nunca.
Melissa la vio marcharse y enseguida buscó a Andreas con la mirada. Lo encontró terminando de recoger una de las mesas y caminando hacia la barra con la bandeja llena seguido de Marie mientras le iba pidiendo que cogiera platos y vasos limpios para dejar todo listo para los siguientes clientes.
Se acercó a la barra y le ayudó con la bandeja.
—¿Te tomas un descanso conmigo? —preguntó Melissa.
—Estamos hasta arriba y en nada empieza el turno de comida —contestó en voz baja Andreas.
—Cinco minutos al menos, Marie puede encargarse de todo mientras —insistió Melissa.
Andreas resopló, dejó la bandeja sobre la barra y finalmente asintió con la cabeza. Siguió los pasos de Melissa hasta el embarcadero y allí buscaron un rincón apartado para poder hablar sin interrupciones.
—¿Estás bien? —preguntó preocupada Melissa.
—Estaría mejor si dejarais de hablar de mí tú y Anouk —contestó Andreas sin poder contenerse.
—Solo estamos preocupadas por ti y por Víctor —se explicó Melissa—No nos gusta veros así.
—A mí tampoco, pero es lo que hay —murmuró Andreas encogiéndose de hombros—Le he perdido a él también.
—Aún no le has perdido, no deberías rendirte —dijo con firmeza Melissa—Lucha por él, demuéstrale cuánto le amas.
Andreas guardó silencio tras sus palabras, claro que le amaba pero no conseguía sacarse a Tom de la cabeza.
—¿Todavía no has podido hablar con él? —preguntó Melissa sabiendo perfectamente en quién estaba pensando.
—No ha contestado a mi mensaje ni me ha llamado —suspiró Andreas—Será que no quiere saber nada de mí.
—Bill le necesita a su lado ahora mismo, ya verás que en cuanto pueda se pondrá en contacto contigo —dijo Melissa intentando animarlo.
Andreas bajó la mirada intentando mantener la compostura pero Melissa le conocía demasiado bien, ese silencio era el preludio de que algo dentro de él estaba cediendo.
—No puedo más, Mel… —murmuró al fin con la voz rota.
—Andreas—llamó Melissa dando un paso hacia él.
—Es que… siento que todo se me escapa de las manos—confesó Andreas apretando los puños—Perdí a Tom, estoy a punto de perder a Víctor…no sé qué hacer ni cómo arreglarlo. Estoy cansado de intentar ser fuerte y de hacer como que estoy bien cuando no lo estoy.
Melissa le puso una mano en el brazo, suave, firme.
—No tienes que fingir conmigo —dijo con calma—Ni con nadie que te quiera.
Andreas negó con la cabeza respirando hondo, pero la respiración se le quebró. Melissa vio cómo sus hombros se hundían, cómo la tensión que llevaba días acumulando por fin encontraba una grieta por donde escapar.
—Es que… —empezó a decir sintiendo que la voz se le quebraba—No quiero perderles a ninguno de los dos, y siento que ya lo he hecho.
Melissa lo abrazó sin pensarlo, le veía a punto de derrumbarse y eso era lo último que quería. Andreas tardó un segundo en corresponder pero cuando lo hizo se aferró a ella como si necesitara algo que le anclara.
—No los has perdido —susurró Melissa contra su hombro—Estás asustado y dolido, es normal. Pero no estás solo y ellos tampoco te han soltado, aunque ahora mismo no puedas verlo.
Andreas dejó escapar un sollozo ahogado que llevaba demasiado tiempo guardándose. Melissa le acarició la espalda, paciente, sin prisa.
—Tom está pasando por algo muy duro —continuó diciendo—Y Víctor te quiere más de lo que crees. Esto no es el final de nada, solo es un momento difícil.
—¿Y si los he perdido a los dos? —preguntó Andreas en un susurro.
—Entonces lucharás por recuperarlos—contestó con suavidad Melissa—Pero no desde el miedo, Andreas. Desde el amor. Y tú tienes mucho de eso, aunque ahora mismo te duela.
Él respiró hondo tratando de recomponerse aunque aún tenía los ojos brillantes.
—No sé por dónde empezar —admitió en voz baja.
—Por dejar de castigarte —dijo Melissa separándose un poco para mirarlo a los ojos—Por permitirte sentir y por confiar en que las cosas no siempre se rompen para siempre.
Andreas asintió lentamente como si esas palabras necesitaran un espacio dentro de él para asentarse. Melissa le apretó el brazo con cariño y él dejó escapar un suspiro que parecía arrastrar parte del peso que llevaba encima.
Durante un instante simplemente permanecieron en silencio, dejando que la brisa fresca del lago les calmara. Cuando Andreas levantó la mirada ya no estaba del todo roto, solo cansado pero un poco más en pie. Melissa le dedicó una sonrisa pequeña, de esas que sostienen, y juntos emprendieron el camino de vuelta, paso a paso, como quien empieza a recomponerse sin darse cuenta.
Continúa…
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