
Fic TOLL de lyra
Capítulo 112
Media hora después Louise entraba de nuevo al vestidor para colocar las prendas que llevaba en las manos y echaba un vistazo a su alrededor, no sabía cuánto tiempo llevaban allí metidos pero empezaba a sentirse hambrienta y pensaba que había llegado hora de tomarse un merecido descanso.
—¿Qué hacemos? ¿Seguimos colocando ropa o lo dejamos para más tarde? —preguntó mirando a Bill—Yo voto por lo segundo, bajamos a comer algo y luego continuamos.
—Vale, vayamos a comer —contestó Bill asintiendo—No creo que terminemos hoy de colocarlo todo.
—Y aún queda la ropa de Tom —añadió Louise señalando cuatro cajas con su nombre escrito—Seguro que no le importa que se la organicemos nosotros.
—Preferirá hacerlo él, así decide qué deja aquí y qué se lleva —murmuró Bill.
—¿Qué se lleva a dónde? —quiso saber Louise visiblemente intrigada— ¿No va a vivir aquí contigo?
—Mi padre le ha cedido su apartamento en Potsdam para que viva allí —explicó Bill sin darle demasiada importancia.
—¿Tu padre tiene un apartamento en Potsdam? —repitió Louise mirándolo fijamente.
Se sentía completamente perdida, no entendía de qué le hablaba y cada respuesta que Bill daba solo aumentaba su confusión.
—Cuando mi madre nos echó de casa, mi padre no lo dudó y nos ofreció quedarnos en su apartamento —empezó a explicar Bill—Yo tampoco sabía que lo tenía, al parecer era donde se ha estado viendo a escondidas con David. Ayer estuvimos hablando y mi padre le dijo a Tom que puede quedarse aquí el tiempo que quiera pero que le gustaría cedérselo para que viva allí si lo prefiere, para que tenga un espacio solo para él… para los dos cuando queramos pasar tiempo a solas. Y como David se va a quedar aquí pues ya no lo necesitan.
Louise asintió lentamente, empezando por fin a comprender la situación.
—Seguro que pasaréis más tiempo en el apartamento —comentó sin poder contenerse.
—Tendremos más intimidad que aquí sí, pero esa no es la idea —aclaró Bill—Mi padre es muy distinto a mi madre, enseguida le ha abierto las puertas de esta casa a Tom e incluso nos va a mandar de viaje todo el mes de agosto.
Louise se le quedó mirando sin aliento esperando que siguiera explicándose.
—No quiere que esté aquí mientras se resuelve el divorcio, seguro que la prensa se hará eco y ya sabes lo dañina que puede ser a veces —explicó Bill suspirando—Prefiere que me vaya y que Tom cuide de mí, estaremos dos semanas en las Maldivas y luego otra en París.
—¡París! —repitió Louise muy emocionada—Aún me acuerdo del viaje que hicimos con la clase, lo triste que me puse al saber que tu madre no te dejaba venir y lo mucho que lo disfruté compartiendo un viaje así con Georg. Hay tantos sitios que ver y tantas tiendas que arrasar… te haré un plano bien detallado.
—¿Por qué no venís vosotros también? —preguntó Bill entusiasmado—Podríamos pasar unos días todos juntos en París.
La idea le encantó a Louise, siempre había querido volver y qué mejor ocasión que aquella.
—No querríamos molestaros en vuestras vacaciones, iremos el fin de semana si eso —aclaró.
—Para nada seréis una molestia —dijo Bill con firmeza—Luego lo hablamos en la comida y concretamos fechas.
Louise asintió con la cabeza y siguieron colocando la ropa dejándola bien doblada y organizada en el vestidor mientras hacían planes para ese fin de semana. El ambiente era tranquilo y relajado, y por un momento a Louise le sorprendió lo fácil que resultaba estar en la nueva casa con Bill, como si llevaran años compartiendo ese tipo de rutinas.
Y no era la única, minutos después Tom y Georg aparecieron por la puerta con gesto cansado. Llevaban casi dos horas ayudando a cargar cajas y otros enseres, Tom tampoco podía colaborar demasiado por culpa de su mano y se sentía inútil viendo cómo Georg levantaba cajas pesadas como si no le costara ningún esfuerzo.
—Vaya, el vestidor parece otro con la ropa colgada —comentó Georg asomándose.
—Aún quedan cajas por abrir, pero ya será por la tarde —murmuró Bill suspirando—Bajemos a descansar y a comer.
—Greta nos ha preparado un aperitivo delicioso —explicó Tom sentándose en el suelo junto a él—Ha pensado que nos gustaría tomarlo en el porche y la hemos estado ayudando a poner la mesa y llevarlo todo.
—Yo hoy necesito ración doble —apuntó Georg sonriendo—En la vida he hecho tanto ejercicio.
—Pues vamos, que nos merecemos un buen descanso —dijo Louise suspirando.
Salió del vestidor seguida de Georg dejándolos a solas, Bill y Tom aprovecharon para tener un momento de intimidad después de haber pasado media mañana separados.
—¿Ya lo tenéis todo colocado? —preguntó Tom observando el vestidor con interés.
—No llevamos ni la mitad —contestó Bill resoplando—Son muchas cajas y parece que no se acaban nunca, y ahí tienes las tuyas para que decidas qué dejas aquí y qué te llevas a tu apartamento.
—A nuestro apartamento —corrigió Tom con una sonrisa—He pensado que de momento dejaré todo aquí, David y tu padre tienen cosas en el apartamento y esperaré a que tengan tiempo para llevárselas. Luego me mudaré con calma, no hay prisa.
Bill sonrió al escucharlo, aquello significaba que sus primeros días en la casa nueva los pasarían juntos. Se pusieron en pie y salieron del vestidor, sentándose a los pies de la cama que iban a compartir esa noche y todas las demás que vinieran.
—Se te ve cansado —murmuró Tom pasando un brazo por sus hombros.
Bill se acomodó contra él suspirando y segundos después ya estaba recostado en la cama entre los brazos de Tom.
—Son muchas novedades de golpe… me cuesta procesarlo todo —confesó Bill con los ojos cerrados—Me cuesta admitirlo pero echo de menos mi vida anterior, con sus horarios y sus normas. Ahora soy yo quien decide qué hacer y cuándo, y me siento abrumado.
—Necesitas tiempo para acostumbrarte a esta libertad que siempre te han negado —murmuró Tom estrechándolo un poco más.
—Es como si no supiera qué hacer con mi vida —dijo Bill en voz baja.
—Pues de momento estás poniendo un poco de orden —empezó a decir Tom tratando de sosegarle—Y no hablo solo de tu habitación, tenemos muchos planes por delante empezando por la hoguera de mañana, terminar la mudanza y preparar las maletas porque la próxima semana nos vamos de viaje.
Bill sonrió al escucharlo. No le gustaba la idea de dejar solo a su padre justo cuando más lo necesitaba, pero pensar que en unos días estaría tomando el sol en una isla paradisíaca con Tom a su lado le hacía temblar de emoción.
—Le he contado a Louise lo del viaje y también que iremos a París —dijo Bill sintiéndose algo más animado—Y le he dicho también que vengan ella y Georg, aunque sea un fin de semana.
—Es una buena idea —murmuró Tom acariciándole la espalda—Seguro que en cuanto mencionaste París, Louise ya se imaginaba yendo de compras contigo.
Bill se echó a reír sin poderse contener porque eso era exactamente lo que había pasado.
—Vosotros os iréis de compras y Georg y yo disfrutaremos de la comida francesa mientras—dijo Tom entre risas.
Mientras hablaba sus manos seguían recorriendo la espalda de Bill atrayéndolo cada vez más hacia él. Bill se dejó llevar acomodándose contra su pecho suspirando, levantó la cara y segundos después Tom ya lo estaba besando. Cerró los ojos dejándose envolver por el beso mientras se imaginaba caminar por París cogido de su mano y pasar las noches en un hotel con vistas a la torre Eiffel mientras hacían el amor suavemente.
—¿Quieres bajar a comer o nos quedamos aquí…descansando? —preguntó Tom contra sus labios sacándole de sus sueños.
La invitación era tentadora, pero sus amigos los estaban esperando y si no bajaban enseguida sabrían perfectamente qué estaban haciendo allí arriba. Bill negó con la cabeza suspirando y se incorporó en la cama.
—Lo dejamos entonces para otra ocasión —dijo Tom con una sonrisa mientras se levantaba también de la cama.
—¿Te importa esperarme abajo? —preguntó Bill con la respiración entrecortada—Necesito unos minutos para arreglarme.
Tom asintió sin poder evitar fijarse en el rubor que teñía sus mejillas. Salió de la habitación, dándole el espacio que necesitaba para recomponerse después de ese beso que le había robado el aliento.
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Necesitaba dar un paseo que la calmara, la conversación con Melissa le había dejado un mal cuerpo que no conseguía sacudirse. No le gustaba discutir con ella, aunque aquello no había sido exactamente una discusión, pero cada vez que hablaban de Andreas y Víctor era inevitable que cada una apoyara a quien más le importaba defendiéndolo con uñas y dientes.
Tenían que dejar que ellos dos arreglaran las cosas por su cuenta y mantenerse al margen, o mucho se temía que de seguir así su propia relación acabaría resentida.
—¡Anouk!
Se volvió para ver quién la llamaba y descubrió a Gustav caminando por la orilla. Venía solo, algo extraño en él ya que casi siempre iba siguiendo los pasos de Natalie como un perrito faldero.
—¿Has visto a Louise y a Georg? —preguntó cuando llegó a su lado.
—Me he pasado toda la mañana metida en la cocina, no sé nada de ellos —contestó Anouk buscando con la mirada a alguno de sus compañeros—Patrick, ¿has visto a Louise y a Georg?
Patrick negó con la cabeza y siguió su camino bandeja en mano.
—Pues ahí tienes la respuesta —murmuró Anouk echando a andar de nuevo.
—Espera —pidió Gustav sujetándola del brazo.
Anouk se volvió y se le quedó mirando, tenía muy mala cara sin se aire de superioridad que solía acompañarlo.
—¿Estás bien? —preguntó sin poder evitarlo—Tienes un aspecto horrible.
—Estoy pasando una mala racha—admitió Gustav en voz baja.
Aquello la puso en alerta, no era la primera vez que Gustav acudía a ella con una idea fija rondándole la cabeza.
—Sabes que ya no paso nada, y menos en el club —explicó en un susurro Anouk—Y no pienso jugarme el trabajo llamando a nadie, David ya me lo ha dejado bien claro.
—No te estoy pidiendo una raya —se defendió Gustav al momento—Es solo que… me siento solo, y me vendría bien hablar con alguien.
Se le veía derrotado, y algo se aflojó dentro de Anouk. Asintió y caminaron juntos alejándose de las tumbonas donde los clientes tomaban el sol ajenos a sus dramas.
—Ayer me enteré de que Alexander está ingresado en una clínica y no saldrá en una buena temporada —soltó Gustav sin poder de contenerse más tiempo—Natalie lo soltó como si nada, como si fuera un cotilleo más sabiendo lo mucho que me iba a afectar. Le dio igual cómo me pudiera sentir, como siempre ha hecho y ayer… ya no pude soportarlo más y decidí dejarla.
Anouk escuchaba en silencio, no era la primera vez que oía que Gustav había dejado a su novia para luego verlos juntos como si nada. Pero esta vez había algo distinto, lo veía muy decidido y esa decisión lo había dejado hecho polvo.
—¿Es definitivo? —quiso saber.
—Sí, han pasado muchas cosas de las que me arrepiento y sé que debí haberla dejado hace tiempo pero no me veía capaz —contestó con firmeza Gustav —Con todo lo que ha pasado no entiendo que siga defendiendo a Alexander, no me alegro de que esté en la clínica pero es lo que necesita para curarse y quizás salga algún día aunque no será pronto. Estoy seguro de que el padre de Bill hará todo lo posible para que permanezca allí el mayor tiempo posible y cuando salga pedirá una orden de alejamiento sin dudarlo.
Gustav hablaba sin darse cuenta de que estaba revelando más de lo que debía, pero Anouk ya sabía lo ocurrido con Bill y empezaba a encajar las piezas gracias a los detalles que él dejaba caer.
—No puedo evitar sentir mucha lástima por Alexander —confesó Gustav suspirando—Llegué a sentir algo muy fuerte por él y jamás pensé que lo nuestro iba a terminar alguna vez y mucho menos de esa manera.
—Bueno, así son las relaciones —murmuró Anouk—Ahora solo tienes que mantenerte firme, si Natalie no te convenía no vuelvas con ella solo porque te sientes solo. Hay más gente en el mundo, y seguro que tarde o temprano encontrarás a alguien.
—Ahora mismo no estoy para eso, buscaba a mis amigos para despedirme porque me voy una temporada —dijo Gustav para su sorpresa—Quería hacerlo en persona pero como no están les mandaré un mensaje.
—¿No te quedas a la hoguera de mañana? —preguntó Anouk—Seguro que los ves allí.
—No, salgo de viaje esta misma tarde—contestó Gustav suspirando—Me vendrá bien cambiar de aires y pensar qué hago con mi vida
Anouk se le quedó mirando sintiendo la suave brisa que los acariciaba revolviendo el pelo de Gustav, que parecía más vulnerable sin esa coraza que solía llevar puesta.
—Entonces… supongo que esto es un adiós por ahora —dijo con suavidad.
—Gracias por escucharme—murmuró Gustav sonriendo con esfuerzo—No sabía a quién acudir.
—No tienes que darme las gracias —dijo Anouk apoyando una mano en su brazo—Solo… cuídate, ¿vale? Y no huyas de ti mismo, a veces cambiar de aires ayuda pero lo importante es lo que haces cuando vuelves.
—Lo intentaré—prometió Gustav con firmeza.
—Te deseo mucha suerte, de verdad —añadió Anouk con calidez—Ojalá esta temporada lejos te sirva para encontrarte un poco.
Gustav cogió aire profundamente, como si esas palabras le dieran un pequeño impulso.
—Gracias, Anouk. Significa más de lo que crees.
Se separaron con un gesto breve y Anouk se le quedó observando alejarse por la playa, una figura solitaria que el sol iba difuminando poco a poco. Cuando ya estuvo lejos, siguió con su camino de vuelta al embarcadero sintiendo que por primera vez en días el aire parecía un poco más ligero.
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Por mucho que disfrutara de ese tiempo junto a Jörg, el deber lo llamaba. Tras unos minutos despidiéndose de él, David salió de la que ya era su habitación para dirigirse al club. Recorrió el largo pasillo que llevaba a las escaleras y allí se encontró con Bill que igual que él acababa de salir de su habitación situada en el extremo opuesto. Esperó a que llegara a su altura y lo saludó con una cálida sonrisa.
—¿Ya has colocado todas tus cosas? —preguntó David con interés.
—Llevo la mitad, gracias a Louise —respondió Bill suspirando— ¿Y tú, ya te has instalado?
—Aún no, estoy ayudando a tu padre con sus cosas y yo empezaré a traer las mías con calma. No quisiera que… que mi presencia te incomodara —confesó David en voz baja.
Bill se le quedó mirando sin comprender. ¿Cómo iba a incomodarle? David era una de las personas que mejor lo había tratado en toda su vida.
—No quisiera interponerme entre tú y tu padre —se explicó David al ver su expresión—Ahora que vuestra relación ha mejorado no puedo evitar sentir un intruso en esta casa, creo que debería daros más tiempo antes de venir a vivir aquí.
—Para nada eres una molestia —dijo Bill con firmeza—Mi padre te necesita más que nunca a su lado, lleváis muchos años viviendo vuestro amor en secreto y ahora ha llegado el momento de aprovechar cada minuto que podáis para estar juntos.
—Como tú y Tom —apuntó David con una sonrisa—Se os ve muy enamorados.
—Y a ti y a mi padre —apuntó a su vez Bill, devolviéndole la sonrisa.
David bajó la mirada, no terminaba de acostumbrarse a hablar tan libremente de su relación con Jörg con nadie. De momento las únicas personas que lo sabían eran Bill y Rose, aunque estaba seguro que esa mañana mientras esperaban a los de la mudanza habían sido vistos desde casa cuando paseaban por el jardín y Jörg no dudó en besarle apasionadamente ante los rosales.
—No sabes lo que significa para mí que me digas eso —murmuró suspirando—He pasado tantos años queriendo estar a su lado sin poder hacerlo que ahora que ahora que por fin somos libres para ser nosotros mismos me da mucho miedo por el qué dirán y por sentirme un extraño en esta casa.
—David, esta casa también es tuya—dijo Bill con firmeza sorprendido por la vulnerabilidad en su voz—Nunca había visto a mi padre mirar a nadie como te mira a ti, no sé como no me di cuenta antes de lo vuestro.
—Supongo que aún me cuesta creer que ya no tenemos que escondernos—admitió David sonriendo con esfuerzo—Y creo que a tu padre le pasa lo mismo, hay veces que todavía nos cuesta creer que esto esté pasando y que sea real.
—Pues ve acostumbrándote, porque quiero verte por aquí todos los días—dijo Bill apretándole el brazo con cariño—Me gusta ver a mi padre de esta manera, se le ve muy feliz a tu lado como si fuera otra persona. Antes estaba… no sé, como más solo. En cambio ahora irradia mucha felicidad.
David bajó la mirada como si aquellas palabras le golpearan más hondo de lo que esperaba, cuando volvió a levantarla tenía una expresión mezcla de alivio y emoción contenida.
—Tu padre siempre ha sido feliz conmigo pero nunca había podido demostrarlo—confesó en voz baja—No así, no tan… libremente.
Bill asintió lentamente comprendiendo mejor que nadie lo que significaba vivir escondido.
—Pues ahora puede —dijo con suavidad—Y tú también.
Caminaron juntos unos pasos por el pasillo sin prisa, como si la conversación necesitara ese ritmo lento para asentarse. David cogió aire profundamente, como si por fin se permitiera soltar un peso que llevaba demasiado tiempo cargando.
—A veces me pregunto si merezco todo esto —soltó sin poderse contener—Una casa, una familia que me acepta…un lugar donde no tengo que fingir.
—David, tú has estado a su lado cuando nadie más lo hacía—dijo con firmeza Bill sorprendido de que aún dudara— Le has dado compañía, cariño y estabilidad. Has sido su refugio durante años, ¿cómo no ibas a merecer estar aquí?
David esbozó una sonrisa pequeña pero sincera, de esas que nacen cuando alguien escucha justo lo que necesitaba oír.
—Gracias, Bill. De verdad.
—No me las des —murmuró Bill restándole importancia—Solo digo la verdad.
Siguieron caminando y bajaron las escaleras hasta detenerse en el amplio vestíbulo, donde la luz que entraba por los amplios ventanales iluminaba el suelo pulido.
—¿Te vas al club? —preguntó Bill cambiando de tema.
—Empieza el turno de las comidas y es cuando hay más trabajo —contestó David suspirando—Sé que he dejado el club en buenas manos, pero llevo dos días ausente y el deber me llama.
—Mañana iremos a la hoguera —explicó Bill—Mi padre quiere que vaya y yo también tengo muchas ganas, llevo mucho tiempo diciéndome que quiero recuperar mi vida desde donde la dejé y quiero hacerlo asistiendo a la hoguera como he hecho todos los años con mis amigos. Quiero divertirme con ellos como si nada hubiera pasado y terminar el día tumbado en la playa viendo las estrellas.
David sonrió al escucharlo, aquello era exactamente el plan que él tenía con su padre. Sabía que Jörg asistiría a la hoguera sobre todo para informar de los cambios del club pero también que cuando cayera la noche ambos la pasarían a orillas del lago como tantas veces habían soñado y tan pocas habían podido permitirse.
—Suena perfecto —dijo finalmente—Creo que todos necesitamos un día así, sobre todo tú Bill. Te lo mereces, has pasado por demasiado en muy poco tiempo.
Bill bajó la mirada un instante, como si aquellas palabras le tocaran un punto sensible.
—Por eso quiero ir —susurró—Quiero sentir que vuelvo a ser yo, que puedo reírme con mis amigos y puedo estar al lado de Tom sin sentir que estoy haciendo algo mal.
—No estás haciendo nada mal—dijo con firmeza David poniéndole una mano en el hombro, firme pero cálida—Estás viviendo, y eso es lo que deberías haber podido hacer siempre.
Bill asintió en silencio sintiendo que, por primera vez en mucho tiempo, el futuro no le pesaba tanto.
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Tras la marcha de Gustav, Anouk regresó a la cocina dispuesta a seguir ayudando a su madre con las comidas. La encontró exactamente donde la había dejado, frente al horno vigilando que no se quemara el bizcocho mientras en una enorme olla hervía la pasta y media bolsa de patatas seguía sin pelar sobre la encimera.
Se colocó de nuevo el delantal y tras lavarse las manos cogió un cuchillo y empezó a pelar patatas en silencio sumida en sus pensamientos.
—Al bizcocho le quedan diez minutos —comentó Rose incorporándose—La pasta está casi lista y solo me falta la salsa.
Anouk asintió sin levantar la vista trabajando en silencio y Rose lo notó enseguida. Su hija siempre hablaba mientras cocinaban o ponía la radio para escuchar música, pero aquella vez no había pronunciado palabra ni encendido la radio.
—¿Va todo bien, Anouk? —preguntó colocándose a su lado.
—Sí, es que… hay mucho trabajo —contestó Anouk intentando que su voz no la delatara.
—Es el mismo trabajo de todos los días —replicó Rose—No es eso lo que te preocupa, hay algo más y sabes que no voy a parar hasta averiguarlo.
Anouk resopló al escucharla, sabía que su madre no dejaría de insistir hasta averiguar aquello que la estaba atormentando.
—Estoy preocupada por Víctor —soltó al fin casi sin aliento—Creo que va a romper con Andreas porque no puede olvidar a Tom.
Rose suspiró al escucharlo, su hijo nunca conseguía una relación estable que durara más de dos semanas y había pensado que con Andreas sería distinto.
—No sabía que Tom y Andreas habían estado juntos —comentó sin poderse contener.
—Fue hace mucho pero Andreas no logra sacárselo de la cabeza—explicó Anouk suspirando—Por mucho que lo ha intentado y por mucho que le guste Víctor, Tom tiene algo que es difícil de olvidar.
—Y tener que verle todos los días no ayuda —apuntó Rose.
—Víctor ya está cansado de la situación—continuó diciendo Anouk—De que un día Andreas sea el novio perfecto y al siguiente esté sumido en sus dudas haciéndole mucho daño sin querer. Ahora mismo se han dado un tiempo, y mientras Andreas intenta encontrar una solución Víctor se lo está pasando genial con Lukas. Y he de admitir que hacen buena pareja.
—Anouk, cariño… tú siempre te preocupas por todos, pero esta vez pareces más afectada de lo normal—murmuró Rose mirando fijamente a su hija—Es algo que tiene que solucionar Víctor y tú no puedes hacer nada.
—Es que… no quiero que vuelva a sufrir—confesó Anouk bajando la mirada hacia las patatas—Y tampoco quiero que se quede atrapado en algo que no le hace feliz.
—A veces, lo único que se puede hacer es estar ahí—dijo Rose poniendo una mano sobre el hombro de su hija—No decidir por ellos ni empujarles, solo acompañarles.
Anouk asintió en silencio, sabía que su madre tenía razón pero aun así no podía quedarse de brazos cruzados viendo sufrir a su hermano.
—Y si Lukas le hace reír… quizá sea una señal —añadió Rose.
—¿Y Andreas? ¿Qué pensará al verlos juntos cuando él aún no ha tomado una decisión? —preguntó Anouk mirando a su madre.
—Andreas debe comprender que Víctor no va a esperarlo siempre —contestó Rose con calma—Y debería dejarle marchar si ve que lo suyo no puede ser, aunque le duela.
—A veces pienso que lo mejor sería que Tom no estuviera —confesó Anouk sin poderse contener—Lleva dos semanas en el club y lo ha puesto todo patas arriba rompiendo la paz que había… siento decirlo así, pero es la verdad.
—Es cierto que todo ha cambiado desde que Tom está aquí, pero muchas cosas han cambiado para bien —admitió Rose—Si no mira a Bill, gracias a Tom ha salido de una relación que no le convenía en absoluto.
—Y mira el precio que ha pagado —se le escapó en voz baja a Anouk.
—Bill es más fuerte de lo que todos creemos —dijo Rose con firmeza—Saldrá adelante, sobre todo con la ayuda de Tom. Alexander no le convenía en absoluto y lo que le ha hecho es imperdonable.
Anouk asintió suspirando, por sus palabras podía deducir que su madre ya estaba enterada de lo ocurrido aunque nadie se lo hubiera contado. Siempre parecía saberlo todo y eso a veces le daba miedo, lo último que quería era que descubriera en qué se habían metido ella y Víctor para llevar dinero a casa pero parecía no saberlo o de lo contrario ya les habría dicho algo.
—Me he encontrado con Gustav hace unos minutos —continuó diciendo Anouk dejando sus inquietudes a un lado—Por lo visto Alexander está ingresado en una clínica y no saldrá en una buena temporada, el padre de Bill se asegurará de que pague por lo que ha hecho.
Rose apretó los labios al escucharlo, no era el final que se había esperado para alguien tan joven como Alexander pero debía ser castigado y solo rezaba para que pudiera tener allí la ayuda que necesitaba para poder recomponerse y si alguna vez salía pudiera hacerlo sabiendo que lo que había hecho estaba mal y debía pedir perdón.
—Era cuestión de tiempo —comentó Rose acercándose a la olla y removiendo la pasta—El comportamiento de Alexander siempre ha sido destructivo, tanto para él como para quienes le rodean y cuando haces daño de esa manera la vida te pasa factura tarde o temprano.
Anouk asintió dejando a un lado las patatas ya peladas y cogiendo una cebolla empezó a picarla con movimientos automáticos concentrándose en la tabla para no pensar demasiado.
—No me da pena —confesó en voz baja—Siempre ha sido repulsivo… y lo tiene merecido.
—Piensa en cómo estarán sus padres —dijo suspirando Rose—Ellos no tienen la culpa de lo que ha hecho su hijo, pero cargarán con las consecuencias toda la vida. Yo me sentiría devastada si uno de mis hijos hiciera algo imperdonable, no sé cómo podría seguir adelante como si nada… suerte que tengo de que seáis unos hijos maravillosos, no habéis dudado en echar una mano en casa cuando ha sido necesario y siempre os estaré muy agradecida.
Las palabras golpearon a Anouk más fuerte de lo que esperaba, sintió cómo los ojos se le llenaban de lágrimas pensando que si su madre supiera la verdad…si supiera lo que ella y Víctor habían tenido que hacer para llevar dinero a casa no estaría tan orgullosa de ellos en absoluto.
Rose se volvió en ese momento observando a su hija parpadear con los ojos enrojecidos.
—¿Estás bien? —preguntó con suavidad.
—Es… la maldita cebolla —respondió Anouk, sacudiendo la cabeza y apartándose un mechón del rostro.
Siguió cortándola mientras hacía creer a su madre que nada malo le pasaba, que la vida era maravillosa cuando por dentro se debatía en si algún día podía contarle la verdad o lo mejor era no decir nunca nada para evitarle un sufrimiento que a ella le esta comiendo por dentro.
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Se despidió de David y tras verlo subir al coche para irse al club a trabajar cerró la puerta y dio media vuelta, recorriendo aquella casa que aún le resultaba extraña. Se dirigió al porche donde todos estaban sentados ya comiendo y esbozó una sonrisa antes de tomar asiento junto a Tom.
—Tardas un poco más y Georg no te deja ni las migas —bromeó Louise entre risas.
—La culpa es de Greta, estas tostadas de salmón están buenísimas —se defendió Georg llevándose otra a la boca.
—Hoy ha trabajado mucho, déjale que coma lo que quiera —intervino Bill con una sonrisa.
Se sentía increíblemente a gusto allí sentado con su novio y sus amigos disfrutando del buen tiempo, de la comida y de la compañía. Hacía mucho que no experimentaba esa sensación de calma y la había echado mucho de menos.
—He oído que nos vamos a París un fin de semana —comentó Georg mirando fijamente a Bill con una amplia sonrisa—Ya puedes llevarte una maleta extra para toda la ropa que vas a comprarte, Bill.
—¡Qué exagerado! —soltó Bill entre risas.
—Louise, dile lo que pasó cuando estuvimos allí —pidió Georg ignorando la fulminante mirada de su novia—Tuve que meter toda mi ropa apretada en una sola maleta para dejarle una de las mías porque no le cabían todos los vestidos que se compró, incluso juraría que aún hay alguno sin estrenar.
—¿Sabes lo que es pasear por la Avenue Montaigne y ver todos esos escaparates? —se defendió Louise buscando apoyo en Bill con la mirada—Dior, Chanel, Louis Vuitton… ¿cómo iba a pasear delante de esas tiendas sin entrar en ellas?
—Suerte que queda cerca de los Campos Elíseos —comentó Georg dirigiéndose a Tom—Podemos ir a verlos mientras arrasan las tiendas y luego comer en La Cour Jardin, en el Hotel Plaza Athénée.
—Tiene una terraza preciosa y unos jardines elegantísimos —añadió Louise con entusiasmo.
—No recuerdo nada de eso, solo sé que comimos allí una ensalada de langosta y un pollo asado con trufa que estaban de muerte —continuó Georg sonriendo—Y de postre, una crème brûlée para chuparse los dedos.
—Y eso fue exactamente lo que hiciste sin el menor rastro de vergüenza —dijo Louise poniendo los ojos en blanco—Todavía recuerdo la cara del camarero cuando te vio hacerlo, no sabía dónde meterse y yo intentando disculparte como podía mientras tú seguías tan tranquilo chupándote los dedos.
—Pardonne mon copain, il pense qu’il est au McDonald’s —recordó Georg entre carcajadas.
Tom los escuchaba en silencio sintiéndose un poco fuera de lugar, hablaban con total naturalidad de viajes, restaurantes y tiendas de lujo como si fuera lo único que hacían en su tiempo libre. Habían visto mundo, se notaba en cada detalle como que hablaban francés con una facilidad que a él lo dejaba completamente perdido cuando pronunciaban palabras que a él le sonaban extrañas mientras que todos incluido Bill parecían entenderse sin esfuerzo.
Bill se dio cuenta de ello, mientras que Georg y Louise seguían hablando animadamente de restaurantes, jardines y postres franceses, pudo sentir cómo Tom se encogía un poco en su asiento mientras que su su mirada se perdía y su sonrisa se volvía más tensa.
Sin decir nada deslizó su mano sobre la de Tom apretándosela suavemente para tratar de tranquilizarle en silencio, no quería interrumpir la conversación ni llamar la atención de sus amigos dejando quizás a Tom en evidencia delante de ellos Solo quería hacerle saber que estaba allí y que no tenía por qué sentirse menos que nadie.
Tom levantó la vista sorprendido por su gesto y Bill le dedicó una sonrisa pequeña pero llena de intención, como si le dijera sin palabras todo lo que le quería decir en esos momentos y no podía por dónde estaban.
Louise y Georg seguían enfrascados en su debate sobre cuál era el mejor postre de París completamente ajenos a la tensión que Tom intentaba disimular, y Bill agradeció ese despiste que le daba espacio para sostenerlo sin que nadie lo notara.
Tom cogió aire profundamente dejando que el contacto de Bill lo tranquilizada. No entendía de restaurantes de lujo ni de boutiques parisinas, pero entendía perfectamente el significado de esa mano entrelazada con la suya y en esos momentos era lo único que importaba.
Que Bill hubiera notado su malestar y se concentrara en consolarle sin llamar la atención de nadie dejando bien claro lo mucho que le importaba.
—¿Nos damos un baño y estrenamos la piscina? —soltó Georg de repente rompiendo el mágico momento.
Tom pegó un bote en su asiento sin poder contenerse desviando la mirada de Bill como si lo hubieran sorprendido haciendo algo que le era prohibido. Bill sin embargo no soltó su mano, solo aflojó un poco el agarre para que no resultara tan evidente recordándole con su gesto que no estaba solo.
—¡Por fin dices algo sensato! —dijo Louise entre risas levantándose de la silla—Con este calor lo que menos me apetece es volver al vestidor, hoy ya hemos avanzado mucho, sigamos otro día.
Georg se levantó también y juntos se dirigieron hacia la piscina, ambos llevaban puestos los bañadores bajo la ropa y la dejaron sobre una de las tumbonas antes de zambullirse en el agua siendo observados por Bill y Tom que aún continuaban sentados.
—¿Vamos con ellos? —preguntó Bill en voz baja, mirándolo de reojo para asegurarse de que estaba bien.
Tom asintió con una sonrisa tímida agradecido por la interrupción que le permitía recomponerse sin que nadie lo notara.
—Pero come algo primero, apenas has tocado nada —pidió ofreciéndole otra tostada.
Bill la cogió con la mano libre y se la llevó a la boca sin apartar la mirada de Tom, acariciando con suavidad su mano sobre la mesa.
—Siento mucho que te hayamos hecho sentir abrumado con nuestro entusiasmo —se disculpó tras darle un bocado.
—Es un mundo nuevo para mí, solo tengo que acostumbrarme — murmuró Tom restándole importancia.
—¿Te sientes mejor? —insistió Bill, esta vez con un tono más suave.
—Estoy bien —contestó Tom mirándolo directamente a los ojos con una sonrisa amplia—Contigo a mi lado siempre estaré bien.
Bill sintió cómo un ligero rubor cubría sus mejillas, cada vez que Tom hablaba soltaba esas frases tan profundas que le tocaban el alma y hacían que su corazón se agitara latiendo con fuerza en su pecho.
—Entonces vamos con ellos —dijo carraspeando poniéndose en pie—Vayamos a ponernos los bañadores y dejemos la mudanza por hoy.
Tom asintió con la cabeza y se levantó también entrelazando sus dedos con los de Bill mientras caminaban hacia la casa. Dentro había cajas aún cerradas esperando ser abiertas y colocadas desprendiendo ese olor a cartón nuevo que siempre acompañaba a los nuevos comienzos.
—¿Sabes? —dijo Tom apretando suavemente su mano—A veces pienso que no merezco tanta suerte.
Bill se detuvo justo antes de empezar a subir las escaleras y se le quedó mirando con una mezcla de sorpresa y ternura, recordando que David le había dicho esas mismas palabras al referirse a su padre minutos antes.
—¿Suerte? —repitió ladeando la cabeza—Tom, eres tú quien hace que todo esto tenga sentido. Si no fuera por ti me sentiría perdido.
Tom sintió que algo se aflojaba dentro de él, como si la tensión que llevaba días arrastrando por fin se disolviera y sabía que a Bill también le pasaba lo mismo.
Empezaron a subir por las escaleras rumbo a la que ya era su habitación mientras que pensaban que quizás esa mudanza era el primer paso hacia algo que por fin se sentía como un verdadero hogar.
Continúa…
Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 🙂