Incomplete 113

Incomplete 113

Fic TOLL de lyra

Capítulo 113

El club del estaba en plena ebullición cuando David llegó, el turno de las de comidas siempre era un caos organizado y él lo sabía mejor que nadie. Y por eso quería estar presente para asegurarse que no hubiera problemas.

Dejó el coche bien aparcado y entró al club usando la puerta que comunicaba directamente con la cocina donde encontró a Rose ante los fogones junto a Anouk.

— ¿Todo en orden?—preguntó David cerrando tras él la puerta.

—Como siempre—contestó Rose acercándose al horno donde estaba David—Te dije que no hacía falta que vinieras.

Hablaba en voz baja, solo ella sabía el motivo de su ausencia y sabía que David quería total discreción hasta que lo suyo con Jörg dejara de ser un secreto.

—Hay mucho trabajo y tú no puedes encargarte de todo—murmuró David.

—No estoy sola—le recordó Rose—Melissa no ha salido para nada de tu despacho, Andreas se encarga del embarcadero y Víctor de la barra. Además de enseñar a los camareros nuevos aunque no hace mucha falta, tienen experiencia de sobra.

David sonrió al escucharlo, el club funcionaba como era debido mientras él se había dedicado esa mañana a ayudar a Jörg con la mudanza.

—Si necesitas más manos aquí solo tienes que decirlo—dijo David echando un vistazo a la cocina.

Rose asintió con la cabeza y regresó a su trabajo dejando que David saliera por la puerta que comunicaba con el club. Allí fue recibido por otro ambiente, las mesas ya estaban todas ocupadas y tras la barra Víctor no paraba en compañía de Lukas y Christine.

—David, no sabía que estabas aquí.

Se volvió y vio a Melissa salir del almacén con la tablet en la mano.

—¿Ocurre algo? —preguntó con gesto preocupado.

—Nada, todo bajo control —contestó sonriendo Melissa—Además de los pedidos para la próxima semana ya está todo preparado para la barbacoa de mañana. La carne llegará esta tarde y mañana traerán leña del camping para las hogueras.

—¿Están avisados todos los camareros? —quiso saber David.

—Todos ya sabes que ninguno quiere perdérselo —aseguró Melissa.

—Perfecto. Ahora necesito que imprimas un cartel anunciando que cerramos a las cinco —informó David—Hay que avisar a los clientes de que mañana no se servirán cenas y que están invitados a unirse a la barbacoa, podrán usar las instalaciones del club pero no habrá servicio de camareros. Además, quiero que todos estéis a esa hora porque el señor Kaulitz quiere comunicaros algo.

Melissa frunció el ceño al escucharlo, el padre de Bill rara vez aparecía por el club y nunca había pedido reunirse con los camareros. Normalmente era David quien transmitía las novedades o instrucciones pero jamás Jörg Kaulitz en persona.

—¿Ha pasado algo? —preguntó sin poder contenerse.

—No te preocupes, todo está bien —contestó David evitando entrar en detalles—Solo asegúrate de avisar a todos y que no falte nadie, incluidos los nuevos camareros.

Melissa asintió y regresó al despacho para cumplir con lo que le había pedido.

De nuevo a solas, David se quedó observando el club. En ese momento Andreas entraba por la puerta seguido de Marie y ambos se dirigieron a la barra con sus bandejas repletas hasta arriba de vasos y platos usados. Lukas fue el encargado de atenderles y entonces David se dio cuenta de un detalle, según los rumores que corrían entre el personal Víctor y Andreas estaban juntos pero en esos momentos apenas se dirigían la palabra y mucho menos la mirada.

Arrugó la frente sin poder evitarlo, no era asunto suyo con quién saliera cada uno pero no podía evitar preocuparse. Andreas junto con Melissa era de los mejores empleados que tenía y los consideraba casi amigos.

Esperó a que Andreas quedara libre y entonces fue a su encuentro.

—Andreas, si tienes un momento me gustaría hablar contigo—pidió David.

Andreas asintió y tras dejar a Marie a cargo de sus mesas en el embarcadero salió del club siguiendo los pasos de David.

—¿Qué tal los nuevos camareros? —preguntó David, intentando no ir directo al tema que realmente le preocupaba.

—Se desenvuelven bien —contestó Andreas.

David esperó a que añadiera algo más, pero Andreas estaba más callado de lo habitual. Aquello era una señal clara de que había algo rondándole por la cabeza.

—¿Va todo bien entre tú y Víctor? —preguntó finalmente.

Andreas soltó un suspiro sin poderse contener, no le gustaba que sus asuntos personales fueran tema de conversación y menos aún los relacionados con su todavía novio.

—Sea lo que sea sabes que puedes contármelo —dijo David con tono conciliador.

—Es que… perdona David, pero no quiero hablar del tema —murmuró Andreas desviando la mirada.

Su reacción confirmó las sospechas de David, algo había ocurrido entre ellos y Andreas estaba más afectado de lo que quería admitir.

—¿Sabes algo de Tom? —preguntó de repente Andreas—No sé nada de él desde ayer, le mandé un mensaje y ni siquiera lo ha leído. Le llamo y tiene el móvil apagado.

—Está bien, no te preocupes —contestó David mirándolo fijamente.

Andreas parecía más preocupado por Tom que por Víctor, y eso le dio a David otra pista sobre lo que realmente pasaba.

—Entiendo que quiera estar al lado de Bill ahora mismo, es su novio y lo respeto, pero yo soy su mejor amigo y solo quiero saber si está bien —soltó Andreas incapaz de contenerse por más tiempo— ¿Tanto le cuesta mandarme un mensaje para tranquilizarme?

David lo escuchaba con atención, sus palabras dejaban claro que sabía lo que le había ocurrido a Bill y solo esperaba que no fueran muchos los que se hubieran enterado.

—¿Cómo sabes lo que le ha pasado a Bill? —quiso saber muy preocupado.

—Escuchamos a Gustav y Natalie hablar el otro día y… no lo dijeron claramente, pero nos hicimos una idea —explicó Andreas por encima.

—¿Y quién más lo sabe? —quiso saber David.

—Melissa, Anouk, Víctor y yo —contestó Andreas—Y no vamos a decir nada a nadie, puedes estar tranquilo. Es algo muy personal y entendemos la situación, Bill puede confiar en nosotros.

—Gracias —murmuró David.

Era inevitable pensar que Gustav o Natalie habían sido quienes iniciaron el rumor, no eran precisamente discretos cuando hablaban. Además, David sabía que ambos eran muy amigos de Alexander y que seguramente se habían enterado por él.

—¿Has visto a Tom? —insistió Andreas volviendo a su mayor preocupación.

—Está con Bill, cuando lo vuelva a ver le diré que te llame —prometió David—De todos modos, lo verás mañana en la hoguera ya que asistirán los dos.

Andreas asintió con la cabeza y regresó al trabajo con resignación. Tom pasaba de él, ya no le importaba lo más mínimo. Había pasado página… ¿qué demonios hacía pensando en él todo el tiempo?

Tom jamás volvería a su lado porque en realidad nunca lo estuvo, lo suyo habían sido solo un par de polvos esporádicos carentes de sentimientos que Andreas guardaba como bonitos recuerdos mientras que Tom parecía haberlos olvidado por completo desde que Bill apareció en su vida robándole toda la cordura.

&

El sol del medio día caía sobre la piscina haciendo brillar el agua con destellos turquesa, Louise flotaba boca arriba dejándose llevar mientras Georg nadaba cerca de ella salpicándole suavemente para llamar su atención.

Al otro lado de la piscina Bill descansaba entre los brazos de Tom tras haber estado nadando un poco.

—Hoy ha sido un día largo —comentó Tom apoyándose en el borde de la piscina—Y aún nos queda mucho trabajo por delante.

—Tardaremos unos días en tener la casa completamente colocada —murmuró Bill suspirando dejándose caer un poco más contra él.

—No hay prisa, no debes agobiarte por eso—susurró Tom acariciando su desnuda espalda intentando aliviarle la tensión.

Bill sonrió apenas, .

—Lo sé… pero quiero que la habitación esté colocada antes de irnos de viaje—dijo Bill sonriendo bajos sus caricias con esa mezcla de cansancio y emoción que sentía desde que había empezado la mudanza—Y mañana tenemos que ir al club así que no avanzaremos mucho más.

—Mañana será especial—murmuró Tom inclinando la cabeza para rozar su frente con la de Bill— La casa puede esperar un poco, tú necesitas descansar y desconectar.

Bill cerró los ojos unos segundos disfrutando del contacto, no podía evitar sentirse muy nervioso cada vez que pensaba en el día siguiente. Sentía que llevaba dos días viviendo dentro de una burbuja protegido del mundo exterior y viendo solo a las personas que más quería, pero al día siguiente tendría que volver al mundo real enfrentándose a miradas, preguntas y rutinas.

Y aunque no había dejado de repetir que deseaba recuperar su vida desde donde la había dejado, en el fondo esa idea le aterraba.

Y Tom lo notó al momento, podía sentir cómo se estremecía entre sus brazos no por placer que le producía sus caricias sino por el miedo que estaba sintiendo en esos momentos. Su respiración se volvió más tensa al igual que su cuerpo, Tom lo conocía demasiado bien como para ignorar esa señales de que en esos momentos no se sentía bien.

—Eh… —susurró acariciándole de nuevo la espalda con suavidad—No pasa nada, estoy aquí.

Pero Bill no respondía a sus caricias, se sentía aún atrapado en sus pensamientos. Tom sabía que necesitaba sacarlo de ese estado y devolverle un poco de calma, y solo conocía una única manera de hacerlo.

Se inclinó lentamente buscando sus labios y los rozó con un beso suave y cálido pensado para anclarlo al presente. No era un beso apasionado, sino uno que transmitía seguridad y le pedía que respirara lentamente con él.

Y Bill así lo hizo, separó los labios dejándose besar mientras respiraba contra los suyos como si ese simple gesto hubiera aflojado el nudo que llevaba dentro haciéndole olvidar por unos segundos todo ese miedo que estaba sintiendo.

Tom sonrió al notar el cambio y siguió con el beso colocando una mano en su nuca para atreverse a entrar en su boca robándole el aliento. Bill se aferró a su cuerpo al sentirle besarle tan profundamente cerrando los ojos para sumergirse en ese mundo al que le llevaba cada vez que le estrechaba entre sus brazos como si no existiera un mañana.

Y mientras ellos se dejaban llevar por la intensidad del momento, Louise y Georg los observaban desde el otro lado de la piscina incapaces de apartar la mirada.

—¡Menudo beso! —exclamó Georg en voz baja sin poderse contener.

—No deberíamos estar mirando… —murmuró Louise carraspeando con cierta incomodidad.

Pero era imposible no hacerlo, había algo en ellos que irradiaba una ternura especial, una conexión que se sentía incluso a esa distancia. Después de todo lo ocurrido Louise no podía evitar sentirse aliviada y feliz de ver a Bill de esa manera, tranquilo y receptivo dejando que Tom lo amara sin sentir una pizca miedo.

—¿Te acuerdas cuando estaba con Alexander y no le gustaba que lo besaran en público? —preguntó Georg de repente.

Louise asintió con la cabeza, lo recordaba perfectamente. Cuando Bill estaba con Alexander parecía sentirse avergonzado cada vez que alguien podía verlos besarse y lo evitaba siempre que podía. Louise jamás pudo entender por qué lo hacía ni se atrevió a preguntarle algo tan personal, pero en esos momentos lo veía con total claridad.

No era vergüenza lo que Bill había estado sintiendo al lado de Alexander, era incomodidad porque no era la persona adecuada para él y en cambio Tom sí lo era.

Con él Bill no tenía que esconder nada y podía mostrarse tal y como era. No había tensión, dudas ni miedo.

Solo un profundo amor.

Minutos después Tom dio el beso por finalizado y ambos se quedaron mirando a los ojos sin decir nada esbozando una sonrisa muy amplia.

En ese momento aprovecharon Louise y Georg para acercarse a hablar con ellos.

— ¿Qué os parece si mañana pasamos todo el día en el club?— preguntó Louise mirando a Bill muy emocionada— Como en los viejos tiempos, vamos temprano y nos quedamos ya hasta que termine la barbacoa.

— Hay que aprovechar el poco tiempo que nos queda antes de que os vayáis de viaje y desaparezcáis del mapa—apuntó Georg sonriendo ante su exageración.

—No vamos a desaparecer—apuntó Bill a su vez entre risas.

—Bueno, casi —replicó Georg—Y cuando volváis el club ya estará cerrado por obras así que… ¿qué mejor despedida que pasar el día entero allí? Tomar el sol a orillas del lago, comer en el embarcadero, disfrutar de una hoguera al caer la noche…

Antes de poder contestar Bill se volvió interrogando a Tom con la mirada, quien asintió sin dudar.

—Me encanta la idea, será como… cerrar un ciclo—murmuró Tom.

—Exacto —dijo Georg asintiendo con la cabeza—Hablaré con mi primo, seguro que se apunta a nuestro plan porque sé de fijo que asistirá a la hoguera.

—Y seguro que Melissa y los demás también querrán acompañarnos cuando puedan— añadió Louise.

—Yo hablo con ellos— propuso Tom— De hecho debo hacerlo, Andreas me preguntó por…por mi mano y aún no le he contestado. Será mejor que lo haga en cuanto pueda.

—Entonces está decidido —dijo Georg sonriendo—Mañana, día completo en el club antes de que lo cierren.

Louise asintió también sonriendo y decidió salir ya de la piscina para tomar el sol en una de las tumbonas. Georg la siguió dejando a la pareja a solas en la piscina sin poder apartar los ojos el uno del otro.

—¿Estás seguro de querer pasar todo el día en el club? —preguntó Tom muy preocupado en voz baja.

—No lo sabré hasta que lo intente—contestó Bill suspirando—Y si sintiera que no puedo, sé que estarás a mi lado para sostenerme.

—Siempre— susurró Tom estrechándole entre sus brazos.

Bill apoyó la cabeza en su hombro dejándose abrazar mientras cerraba los ojos suspirando.

—Mañana será un buen día —susurró.

—Mañana será perfecto—dijo Tom sin dejar de abrazarle.

Permanecieron en silencio durante unos segundos, escuchando solo el canto lejano de algún pájaro que desde un árbol los observaba. Bill respiraba profundamente sintiendo cómo el pecho se le aflojaba poco a poco, el miedo seguía ahí escondido en algún rincón pero Tom lo hacía más llevadero.

Abrió los ojos y se le quedó mirando con esa mezcla de vulnerabilidad y cariño que solo él conocía. Y Tom, sin decir nada más, lo atrajo un poco más hacia él como si quisiera recordarle que pasase lo que pasase al día siguiente o cualquier otro día, no tendría que enfrentarlo solo.

Desde las tumbonas Georg y Louise los observaba discretamente dándoles espacio sin interrumpir la magia del momento mientras que la luz del mediodía los envolvía en un resplandor cálido que parecía hecho a medida para ellos.

&

El turno de comidas se estaba haciendo interminable, o al menos así le parecía a David. Tenía la mente en otra parte y no podía evitar sentir que estaba distraído, era inevitable porque no dejaba de pensar en que al terminar la jornada subiría al coche y pondría rumbo a esa casa que ya empezaba a sentir como suya. Pasaría por el apartamento para recoger algunas cosas imprescindibles y dejaría el resto para cuando el club cerrara.

Trató de centrarse en su trabajo observando lo bien que se devolvían de Lukas y Marie, que ya no necesitaban a nadie a su lado para supervisarlos. Después dirigió su atención en Víctor y Andreas que seguían sin hablarse ni cruzarse siquiera una mirada. No le gustaba verlos en esa situación y esperaba que cuando el club reabriera tras la reforma las cosas hubieran cambiado para bien.

Sabía que su presencia no era necesaria y que podría hablar con Rose para pedirle de nuevo que se quedara a cargo de todo, pero no podía hacerlo sabiendo que en esos momentos se hallaba sumergida en su trabajo junto con Anouk quien no parecía echar de menos atender mesas.

En el fondo David estaba convencido de que seguiría los pasos de su madre y acabaría convirtiéndose en una gran cocinera.

Y mientras que él se debatía entre quedarse o marcharse, Melissa dio por terminada su jornada en el despacho y salió para ocupar su puesto tras la barra sustituyendo a Christine mientras se tomaba un pequeño descanso para luego seguir trabajando en el embarcadero.

—¿Todo bien por aquí? —preguntó mientras se ajustaba el delantal.

—Nos estamos quedando sin bebidas frías en las cámaras —contestó resoplando Víctor—Hoy hace muchísimo calor y se nota.

—¿Por qué no vas un momento al almacén a por más? —sugirió Melissa echando un vistazo alrededor.

Había visto a Andreas entrar en esos momentos al almacén, era una oportunidad perfecta para que ambos pudieran hablar a solas y tratar de arreglar lo suyo.

—¿Quieres que le eche una mano? —se ofreció al momento Lukas.

—No hace falta, además…siempre tiene que haber dos personas tras la barra —contestó sonriendo Melissa para no sonar brusca.

Lukas asintió y volvió a su tarea mientras Víctor salía de la barra y se dirigía al almacén para reponer las bebidas ajeno a la mirada que Melissa le dedicaba esperando que ese encuentro terminara como ella deseaba.

Entró en el almacén y se dirigió directamente a la gran cámara frigorífica del fondo donde guardaban las bebidas de reserva para no quedarse sin existencias en días de calor. No esperaba encontrar allí a Andreas pero allí estaba, revisando una de las estanterías con gesto concentrado.

Justo entonces le vio volverse haciendo que su brazo golpease sin querer una pila de manteles perfectamente doblados que tenía a su derecha haciéndoles caer.

Víctor reaccionó al instante sin poderse contener, echó a correr hacia él y logró sujetarlos justo antes de que terminaran tirados por el suelo. El golpe suave del tejido contra sus manos rompió el tenso silencio que recorría el almacén y cuando levantó la vista Andreas estaba apenas un paso de distancia mirándolo con una mezcla de sorpresa y algo que no supo descifrar.

—Gracias… —murmuró Andreas.

Víctor lo ayudó a colocar los manteles de nuevo en su sitio, pero sus movimientos lo delataban. Si fueran otras las circunstancias, aquel incidente habría sido la excusa perfecta para soltar una broma, rozarse las manos sin querer e incluso robarse un beso rápido aprovechando ese pequeño respiro en mitad del trabajo.

Pero ya no.

En lugar de eso sus gestos eran rápidos casi bruscos, como si ambos intentaran mantener una distancia que ninguno deseaba realmente. Cada vez que sus dedos se rozaban al acomodar los manteles Andreas tensaba la mandíbula y cada vez que Víctor se inclinaba un poco más de la cuenta el aire entre ellos parecía vibrar.

Había tanto que querían decirse… y tanto que ninguno se atrevía a pronunciar.

Víctor podía sentir cómo el aire entre ellos se volvía cada vez más denso y no era solo por el calor del día, era algo que llevaba semanas sin resolverse.

Andreas evitaba su mirada pero segundos después se atrevió a mirarle fijamente a la cara como si no pudiera contenerse.

—Siempre estás pendiente de mi—confesó en un susurro.

Pero esa frase sonó más a un reproche cuando era todo lo contrario.

—Y tú siempre sales corriendo —susurró Víctor sin poderse contener.

—No es tan fácil —admitió Andreas bajando la mirada pero sin retroceder.

—Nunca lo es —asintió Víctor dando por fin un pequeño paso hacia él, lo justo para que sus hombros casi se rozaran.

El sonido lejano del club quedaba amortiguado por las paredes del almacén, allí dentro solo existían ellos dos respirando demasiado cerca y con demasiadas cosas aún por decir.

Se quedaron mirando sin saber qué decir, ambos se echaban mucho de menos aunque ninguno lo quisiera admitir en voz alta. Todavía había una herida abierta entre ellos que no terminaba de cerrar, de un modo u otro Tom seguía interponiéndose entre los dos aunque él ni siquiera fuera consciente.

—Yo… he venido a por más bebidas —murmuró carraspeando Víctor—Debo darme prisa, me están esperando.

—¿Quieres que te ayude? —se ofreció Andreas al momento.

Víctor asintió y caminaron juntos hacia la cámara frigorífica, dentro había varias cajas de refrescos ya fríos que fueron sacadas antes de colocar otras en su lugar para que empezaran a enfriarse.

Andreas cogió dos cajas y se detuvo un segundo observando cómo Víctor cogía con esfuerzo las otras dos.

—¿Puedes bien con ellas? —preguntó preocupado.

—No soy tan débil como piensas —contestó con brusquedad Víctor sin poderse contener.

—Nunca he dicho que lo fueras —replicó Andreas dolido.

Víctor cerró los ojos un instante, arrepentido al momento de la contestación que le había dado.

—Lo siento… no quise decir eso—se disculpó al momento.

El silencio volvió a instalarse entre ellos, pesado e incómodo pero también necesario. Andreas se quedó observando a Víctor durante unos segundos como si estuviera debatiéndose consigo mismo, al final dejó las cajas en el suelo suspirando para aprovechar ese momento y tratar de hablar con él de nuevo.

—No quería que las cosas fueran así entre nosotros—confesó sin aliento.

Víctor se quedó donde estaba todavía sujetando sus cajas sin atreverse a moverse.

—Yo tampoco —admitió casi en un susurro.

—Sé que te he hecho mucho daño y sé que no puedo pedirte que trates de entenderme—dijo Andreas con voz temblorosa—Sé que debo superarlo y que te cueste creerme, pero…te echo de menos, mucho más de lo que crees.

Víctor sintió un vuelco en el estómago, no podía evitar sentir lo mismo pero tenía que mostrarse fuerte ante esas palabras que le hacían derretirse.

—No tienes que decir nada —siguió diciendo Andreas levantando una mano—Solo necesitaba que supieras que no te estoy evitando por gusto, solo es porque no sé cómo manejar todo esto sin sentir que lo estropeo todo otra vez.

Víctor dejó también sus cajas lentamente en el suelo como si cualquier movimiento brusco pudiera romper el momento.

—No eres el único que no sabe cómo manejarlo —confesó suspirando cruzándose de brazos—Pero no podemos seguir así, debes tomar una decisión y yo te daré todo el tiempo que necesites.

Andreas asintió en silencio, sabía perfectamente que se refería a que debía olvidar a Tom y sacárselo de una vez de la cabeza, tenía que dejar de aferrarse a algo que ya no tenía sentido aunque le costara más de lo que quería admitir.

—¿Me vas a dar todo el tiempo que necesite? —preguntó, utilizando sus mismas palabras.

Víctor asintió sin dudar y Andreas cogió aire profundamente sintiéndose aliviado con su respuesta.

—Entonces… ¿no hay nada entre tú y Lukas?—no pudo evitar preguntar.

El rubor subió de inmediato a las mejillas de Víctor traicionándolo antes incluso de separar los labios para contestar y esa reacción fue la respuesta que Andreas buscaba aunque no fuera exactamente la que se esperaba.

—He de admitir que me gusta—confesó Víctor bajando la mirada—Y me río mucho con él, pero no hay nada entre nosotros.

Andreas apretó los labios intentando que su expresión no revelara demasiado.

—Tú estás primero —continuó diciendo Víctor mirándole fijamente para que no hubiera dudas—Y hasta que no hayas tomado tu decisión debo respetar lo que aún hay entre nosotros.

Las palabras quedaron suspendidas entre ellos, cargadas de un peso que ninguno sabía cómo sostener. Andreas sentía un nudo en la garganta mientras que Víctor respiraba agitadamente tras esa confesión, era la primera vez que hablaban con tanta claridad y aun así lo más importante seguía sin decirse.

&

No quería marcharse del club, no después de haberse ausentado toda la mañana pero le resultaba imposible concentrarse en el trabajo. No dejaba de pensar en lo emocionante que sería volver a esa casa que pronto se convertiría en su hogar junto a la persona que más amaba, y ese pensamiento lo mantenía más distraído de lo habitual.

Nadie parecía haberse dado cuenta, pero Rose sí. Había estado observando cada uno de sus movimientos desde la ventanita que comunicaba la barra con la cocina y al ver cómo servía por segunda vez una consumición equivocada decidió intervenir. Dejó a Anouk a cargo de la cocina y salió para llamar a David con discreción.

Él asintió y tras dejar a Lukas en su lugar se reunió con ella.

—¿Ha ocurrido algo? —preguntó preocupado.

—Necesito tomarme un pequeño descanso y pensé que te gustaría acompañarme —contestó Rose—Vamos al parking, a los dos nos vendrá bien un poco de aire fresco.

Antes de que David pudiera negarse, Rose ya lo había tomado del brazo y lo guiaba hacia el almacén para salir al parking por la puerta trasera. Una vez fuera, caminaron buscando una zona de sombra.

—Rose, hay mucho trabajo en el club… —empezó a decir David.

—Y tú no estás poniendo mucho de tu parte y los clientes lo están notando —replicó Rose con firmeza.

David guardó silencio al escucharla, era la única persona que podía hablarle de esa manera.

—Es normal, David —empezó a decir Rose sonriendo—Tienes la cabeza en otro sitio y han pasado muchas cosas, necesitas un pequeño descanso y no pasa nada por pedirlo. Además, estás en plena mudanza y te corresponden un par de días libres.

—No en esta época del año, cuando tenemos tanto trabajo —murmuró David suspirando.

—Ahora mismo tenemos manos de sobra —empezó a decir Rose con firmeza—Los camareros nuevos se están desenvolviendo solos muy bien, Melissa ha terminado de poner las facturas al día y tú… perdóname que te lo diga así, sólo estás estorbando.

David no pudo evitar sonreír, su tono era amable pero no dejaba de decirle las cosas tal y como eran.

—Vete a casa, Jörg te estará esperando—dijo Rose mirándole fijamente—El turno de comida ya ha terminado y ahora esto se va a relajar un poco. Seguro que aún tienes mucho que hacer en tu casa nueva, recoge tus cosas y corre a empezar a disfrutar de tu nueva vida. Te lo has ganado después de tantos años sufriendo en silencio.

No quería hacerlo pero en el fondo lo deseaba, había pasado casi dos días pegado a Jörg y cuando se separaban aunque fuera unos minutos ya empezaba a echarlo de menos. Y estaba seguro de que a él le ocurría lo mismo.

—¿Cuándo lo supiste? —quiso saber David sin poderse contener.

—Desde antes que comenzara—contestó Rose esbozando una sonrisa—Cuando Jörg compró el club ya me sorprendió que un abogado de su reputación quisiera invertir en un local a orillas del lago. Estuvo viniendo varios días antes de tomar la decisión y entonces me fijé en cómo no podía dejar de mirarte… como si quisiera desnudarte con la mirada. Supe que entre vosotros iba a pasar algo, y no me equivoqué, ¿verdad?

David negó con la cabeza sonriendo mientras recordaba cómo se sintió cuando Jörg se le declaró. Era de noche, él había ido al club para comprobar unos datos y solo tenía libres esas horas. Jörg le pidió que lo acompañara por la orilla del lago mientras le explicaba el funcionamiento del alquiler de lanchas y motos acuáticas y al llegar al final de la playa reunió el valor suficiente para invitarlo a tomar una copa en otro lugar… «un lugar algo más discreto», fueron sus palabras exactas.

David se quedó sin habla, nunca se había fijado en él de esa manera porque sabía que estaba casado y asumía que era hetero. Pero aquella invitación y la forma en que lo miraba decían todo lo contrario, aceptó sin dudarlo un segundo y esa misma noche se dieron su primer beso comenzando así una relación clandestina que estaba a punto de salir a la luz en cuestión de tiempo.

—Hacéis muy buena pareja —comentó Rose suspirando—Siempre me pareció un hombre muy serio y distante, pero las pocas veces que lo he visto en el club hablando contigo veo cómo se le suaviza el gesto, incluso más de una ocasión os he visto rozaros las manos con discreción.

—Ha sido muy duro vivir así —confesó David en voz baja—Con miedo de que nos descubrieran y de que Jörg tuviera problemas, sus padres nunca sospecharon nada y él lamenta muchísimo que murieran sin poder contarles quién era realmente. Heredó una buena fortuna y eso era lo único que Simone veía en él, poder y dinero. Por eso no quería soltarlo, lo mantenía a su lado con amenazas sobre Bill y haciéndole todo el daño que podía porque sabía que Jörg lo considera su hijo y lo quiere como tal. Y Jörg se arrepiente mucho de cómo ha permitido que Simone le tratara y ahora solo quiere compensarlo.

Rose escuchaba en silencio, no conocía esa parte de la historia y la estaba descubriendo porque David confiaba plenamente en ella. Nunca había tenido a nadie con quien hablar de esos problemas que tanto lo atormentaban.

Y empezaba a comprender por qué se sentía así cada vez que veía a Bill, ese impulso que le nacía en lo más hondo de su corazón de protegerlo de todo lo que lo rodeaba y de ayudarlo en todo lo que estuviera en su mano.

Bill desprendía una melancolía profunda, y ya sabía cuál era su origen.

—Pero ahora ha cambiado, es una persona nueva —continuó diciendo David sonriendo—Quiere darme el lugar que me corresponde sin importarle lo que digan los demás y yo… no podría amarlo más de lo que ya lo hago.

—Pues no le hagas esperar —dijo Rose mirándolo con firmeza—Ve con él, en estos primeros días te va a necesitar más que nunca a su lado. El club está en buenas manos , si surge algún problema siempre puedes resolverlo por teléfono.

—Mañana es la hoguera, le invité a venir y ha aceptado—explicó David—Primero quiere hablar con todos los camareros de ciertas novedades que se van a producir pero después vendrá a la hoguera conmigo y será una noche inolvidable.

—Será una noche inolvidable —repitió Rose asintiendo con una sonrisa cómplice—Y tú deberías estar descansado para entonces, no agotado de llevar el peso del mundo sobre tus hombros como siempre haces.

David bajó la mirada sintiendo cómo la tensión que llevaba acumulada desde hacía días empezaba por fin a aflojarse. Rose tenía razón, siempre la tenía en todo.

—Gracias —murmuró suspirando—Por escucharme y por entenderlo todo sin que tenga que dar más explicaciones.

—Para eso estoy —dijo Rose con suavidad—Y porque te quiero ver feliz, David. Te lo mereces más que nadie.

David cogió aire profundamente como si por primera vez en mucho tiempo pudiera llenar los pulmones sin sentir un peso encima. Dirigió la mirada hacia el club, hacia la puerta por la que había salido minutos antes y luego hacia el camino que lo llevaría de vuelta a su nueva casa y al lado de Jörg.

—Me voy—murmuró con una sonrisa tímida pero sincera.

—Eso es lo que quería oír—dijo sonriendo Rose dándole un pequeño empujón en el brazo—Y no vuelvas hasta mañana por la tarde, que no se te ocurra aparecer por aquí antes de la hoguera. Yo me encargo de todo, ahora lo organizo con Melissa y Andreas.

David asintió con la cabeza sonriendo, se sentía más relajado y sabiendo que dejaba el club en buenas manos empezó a caminar hacia su coche. Con cada paso se sentía más ligero, como si la conversación hubiera despejado algo dentro de él.

—Rose—llamó volviéndose antes de abrir la puerta—De verdad… gracias por todo.

—Ve con él —dijo Rose simplemente—Y sé feliz.

David asintió y subió al coche, arrancó el motor y se marchó del parking sintiendo el corazón acelerado, deseando llegar cuanto antes a ese lugar que por primera vez en su vida podía llamar hogar.

Continúa…

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 🙂

por lyra

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!