Incomplete 115

Incomplete 115

Fic TOLL de lyra

Capítulo 115

La cena transcurrió con cierta normalidad, era la primera que compartían en familia y Greta se había esmerado en preparar un menú cuidado que consistía en una ensalada templada de queso de cabra para abrir el apetito, salmón al papillote con verduras como plato principal y de postre unas natillas caseras que sabía que a Bill le encantaban.

Mientras cenaban apenas hablaban hasta que Jörg preguntó cómo les había ido a los nuevos camareros en su primer día y David empezó a hablar del club aunque Bill y Tom apenas le escuchaban estando cada uno perdido en sus propios pensamientos.

Ninguno conseguía apartar de la mente el incidente del baño, Tom seguía sintiéndose muy culpable por haber destapado recuerdos dolorosos y más aún al ver la expresión de Bill al bajar a cenar. Era evidente que había estado llorando y había entrado en el comedor con un brazo de Jörg sobre sus hombros como si necesitara su apoyo para mantenerse en pie.

—Me he fijado en que aún os quedan cajas por abrir en vuestra habitación —comentó Jörg de repente tratando de atraer la atención de su hijo.

Bill se puso tenso sin poder evitarlo, apenas había estado escuchando y mucho menos comiendo entreteniéndose con la comida empujándola de un lado a otro del plato con el tenedor rezando para que nadie lo notara ni dijera nada.

Pero sabía que no sería así, era su madre quien siempre estaba pendiente de cualquier detalle para soltar algún comentario frío que lo ridiculizara o reñirle por la mínima tontería.

Su padre era bien distinto, no lo expondría delante de todos y si lo consideraba necesario se lo llevaría a un lado después de la cena para asegurarse de que todo estuviera bien y preguntándole el motivo por el que no había cenado.

Pero es que simplemente no podía hacerlo, tenía un nudo en el estómago y aunque se había obligado a dar un par de bocados sentía que no podía comer más.

—¿Bill? —llamó Jörg al ver que no respondía.

—Louise y Georg han sido de mucha ayuda —contestó Tom por él—Y el vestidor ya parece otro con toda esa ropa colocada en su sitio.

Bill le agradeció en silencio haberle regalado unos minutos más para recomponerse y se unió a la conversación procurando que su voz sonara natural.

—El domingo seguiremos con la mudanza —empezó a decir mirando a su padre—Mañana hemos quedado con Louise y Georg para pasar el día en el club, y luego tenemos la hoguera.

—No te preocupes por la habitación, mañana vendrá Alice a echar una mano —anunció Jörg.

—Pensaba… pensaba que estaría muy ocupada con las cosas de mamá —murmuró Bill.

Le costaba volver a llamarla así, no era su verdadera madre y nunca la había sentido como tal.

—Tu madre solo ha querido llevarse lo imprescindible de momento a casa de Gordon y Eleonore —explicó Jörg—Dice que no tiene fuerzas para ponerse a recoger todas sus cosas, que lo irá haciendo poco a poco.

Bill guardó silencio mientras procesaba sus palabras, agradecido por la ayuda de Alice y preguntándose si el malestar de su madre era real o simplemente otra de sus exageraciones. Sabía de sobra que a le encantaba hacerse la víctima, convirtiéndolo en el hijo desconsiderado que no se había preocupado por ella después de dos días sin verla y ni siquiera llamarla.

Por suerte también sabía que tanto Gordon como Eleonore no compartían la visión de su madre, entendían por todo lo que estaba pasando y si pudieran hablar con él sin despertarle malos recuerdos lo harían sin dudarlo de inmediato.

—Ya está todo preparado para la hoguera—comentó David cambiando de tema con naturalidad—La carne para la barbacoa llegó a primera hora de la tarde y ya le dije a Melissa que avisara a todos los camareros para que estuvieran en el club a las cinco, así podrás hablar con ellos.

—Perfecto, espero que todos asistan —comentó Jörg.

—Lo harán —aseguró David con una sonrisa—Están muy ilusionados con la hoguera y con poder disfrutar de las instalaciones del club al menos por un día.

Jörg asintió en silencio cogiendo su copa para dar un sorbo pequeño haciendo que el tintineo del cristal fue casi lo único que rompiera el ambiente espeso que se había instalado alrededor de Bill.

Tom lo observaba de reojo viendo como seguía rígido en su asiento con los hombros tensos y la mirada fija en el plato como si este pudiera tragárselo y sacarlo de allí. El tenedor descansaba entre sus dedos, inmóvil, y la comida seguía intacta.

—Será una buena noche —añadió David ajeno a la tensión—Hace mucho que no organizábamos algo así, deberíamos hacerlo más a menudo.

—Espero que no haya problemas con el fuego —comentó preocupado Jörg—Ya sabes cómo son algunos jóvenes cuando se emocionan demasiado.

—Todo está bajo control, Jörg—aseguró con firmeza David—No habrá incidentes, no los ha habido ningún año.

Mientas hablaban Tom aprovechó para darle un leve toque con la rodilla a Bill bajo la mesa, un gesto pequeño casi imperceptible pero suficiente para hacerle levantar la mirada un instante. Le dedicó una sonrisa suave, intentando transmitirle que estaba allí y recordarle que no estaba solo.

Siguieron cenando hasta que llegó la hora de retirarse, Bill apenas había probado bocado pero nadie comentó nada y su padre solo le dedicó una mirada comprensiva que decía más que cualquier palabra.

Cada uno se marchó a su habitación y ya a solas Bill dejó que Tom usara el baño primero mientras que él se refugiaba en el vestidor con la excusa de preparar la ropa del día siguiente aunque lo único que necesitaba eran unos minutos para ordenar sus sentimientos. Se reprochaba a sí mismo haberse mostrado tan distante y callado junto a Tom, como si quisiera recordarle que era el culpable de su estado.

Escuchó la puerta del baño abrirse y solo entonces salió del vestidor obligándose a recomponer el gesto para que Tom dejara de sentirse mal por lo ocurrido.

—¿Quieres… que te deje a solas esta noche? —preguntó Tom sin poderse contener—Puedo dormir en la habitación de invitados, de verdad que no me importa…

—Quiero pasar página —contestó Bill negando con la cabeza—Quiero que te quedes a mi lado… y quiero que me perdones por mi actitud.

—No hay nada que perdonar —dijo con firmeza Tom—Solo quiero que sepas que si necesitas tiempo o espacio lo tendrás sin que yo me pueda sentir molesto.

—No necesito espacio —murmuró Bill—Solo tiempo… y que tengas mucha paciencia conmigo.

—Quizá te vendría bien hablarlo con alguien… alguien especializado, quiero decir—se atrevió a decir Tom tras pensarlo por unos segundos.

—Eso mismo me ha dicho mi padre cuando le conté lo ocurrido —admitió Bill suspirando—Me vio antes de bajar a cenar y supo al momento que algo iba mal y se lo tuve que contar todo. Quiere que me tome mi tiempo para pensarlo pero que después del viaje le dé una respuesta sobre si quiero o no acudir a terapia. No me está obligando como hacía mi madre, me está dando la opción de elegir por mí mismo.

—¿Y qué piensas? —quiso saber Tom preocupado.

—Que necesito sacarlo todo fuera —contestó con firmeza Bill—Me hace bien hablarlo contigo o con Louise, pero apenas os he contado nada de lo que me ha pasado y sé que guardármelo solo va a hacer que un día explote por toda la tensión que llevo encima.

—Sabes que puedes contarme lo que sea cuando lo necesites—le recordó con suavidad Tom.

Bill asintió, en ese momento sentía que debía explicarse mejor y que Tom también necesitaba entender lo que había ocurrido en el baño.

—Hay cosas que…que siento que no debería contarte porque son demasiado íntimas—explicó en voz baja—O que no tengo fuerzas para hacerlo, todo lo que me hizo Alexander está grabado en mi memoria y sé que algún día lograré olvidarlo, pero no sé si debería sacarlo fuera. Como cuando me abrazaste…

—No tienes que disculparte de nuevo por eso —lo interrumpió Tom sin poderse contener.

—Déjame seguir, por favor —pidió Bill cogiendo aire.

Tom esperó en silencio recordando las palabras que le había dicho apenas segundos antes de que podía contarle de lo que fuera cuando lo necesitara. Y por lo visto en ese momento necesitaba desahogarse y él debía escucharle.

—Tu abrazo no fue lo que lo desencadenó todo—empezó a decir Bill—Fue el gesto que vino después… cuando abriste mi albornoz con una mano, Alexander hizo lo mismo exponiendo mi desnudez y ahí mi mente… estalló. Volví a sentirlo todo, el miedo de saber lo que iba a venir después y no pude hacer otra cosa que alejarme de ti cuanto antes.

Tom se quedó inmóvil unos segundos como si las palabras de Bill le hubieran atravesado el pecho, no era rabia lo que sentía y ni siquiera culpa, era un dolor profundo mezclado con de ternura y desgarro al imaginar lo que le había hecho revivir en aquel instante.

—Bill… —murmuró, dando un paso hacia él con una cautela como si temiera romperlo.

No lo tocó de inmediato, se detuvo a su lado dejándole que decidiera si quería o no ese contacto. Bill levantó la mirada sintiéndose vulnerable y agotado pero no hizo amago de apartarse.

—No tenía ni idea —continuó diciendo Tom en voz baja—Y ojalá pudiera borrar ese recuerdo de tu cabeza, ojalá pudiera hacer que nunca hubiera pasado.

Bill sintió un nudo en la garganta, pero esta vez no era miedo sino alivio, era la sensación de que por primera vez en mucho tiempo era escuchado sin sentirse juzgado, sin que nadie le presionada o le exigiera ser fuerte.

—Me duele haber reaccionado así contigo porque no tienes la culpa de nada—confesó Bill en un susurro—Y estás haciendo todo lo que está en tus manos para que me sienta mejor y lo supere.

Tom asintió lentamente con la cabeza llevando una mano al rostro de Bill pero sin tocarlo todavía.

—No hiciste nada malo, nada—le recordó una vez más—Tu cuerpo reaccionó porque te asustaste, no porque yo te hiciera daño. Sabes que yo jamás te lo haría y yo sé que lo sabes.

Bill cerró los ojos por unos segundos dejando que esas palabras le llegaran a lo más hondo de su alma, y cuando abrió los ojos de nuevo dio un pequeño paso hacia Tom, lo suficiente para que sus frentes casi se rozaran.

Tom entendió el gesto y llevó la mano hasta su mejilla para acariciarle con suavidad como si temiera que un movimiento brusco pudiera romper el momento. Bill no se apartó, dejó que le tocara e inclinó ligeramente la cabeza disfrutando de su contacto.

—Gracias —murmuró suspirando—Por entenderme y no alejarte.

—Nunca podría alejarme de ti —dijo Tom con una sinceridad que hacía que le temblara en la voz.

Bill apoyó la frente en su hombro buscando un refugio que llevaba necesitando desde que todo había ocurrido, Tom lo rodeó lentamente con los brazos dándole espacio para retirarse si lo necesitaba pero Bill no lo hizo, se acomodó entre sus brazos respirando profundamente y dejando que lo envolviera sin sentir miedo esta vez.

Permanecieron así durante unos segundos disfrutando de ese silencio cálido y reparador.

—Tom… —llamó Bill en un susurro aún apoyado en él— ¿Podemos… quedarnos así un rato más?

—Todo el tiempo que necesites—contestó Tom cerrando los ojos mientras lo sostenía con una delicadeza casi protectora.

La tensión del día empezó a deshacerse poco a poco entre sus brazos, como si por fin ambos pudieran respirar sin sentir que el mundo se les venía encima.

&

Se despertó cuando los primeros rayos de sol se colaron por la ventana. Se dio la vuelta en la cama quedándose de espaldas y cogió aire profundamente antes de soltarlo en un suspiro. A su lado Melissa dormía plácidamente mientras que ella apenas había podido conciliar el sueño, no podía sacarse de la cabeza a su hermano sabiendo que lo estaría pasando muy mal con su dilema con Andreas.

Sabía que no había nada que pudiera hacer para tratar de ayudarlo, había barajado varias opciones incluso la absurda idea de hablar a solas con Tom para obligarle a marcharse lejos. Pero sabía que eso sería imposible, estaba con Bill y jamás lo iba a abandonar, y mucho menos después de todo lo que le había pasado.

Dejó escapar otro suspiro y se dio la vuelta en la cama de nuevo cerrando los ojos con cansancio, o tenía claro cómo iba a actuar cuando tuviera a Tom delante. ¿Debería hablar con él? ¿O mantenerse al margen, ya que era un asunto que solo concernía a su hermano?

—¿Has podido dormir?

La voz de Melissa la sacó de sus pensamientos. Anouk abrió los ojos pero no se volvió hacia ella quedándose como estaba dándole la espalda.

—Apenas… ¿te he molestado? —preguntó preocupada.

—Un poco, no has dejado de moverte y suspirar en toda la noche —contestó Melissa abrazándola por la espalda— ¿Estás preocupada por Víctor?

—Es mi hermano pequeño, no puedo evitar preocuparme siempre por él —contestó Anouk suspirando.

—Estáis muy unidos, y eso es muy bonito—comentó Melissa dejando un beso en su hombro—Pero debes dejar que tome sus propias decisiones, sobre todo en lo que respecta a Andreas. Tenemos que quedarnos a un lado y dejar que sean ellos quienes decidan porque si nos entrometemos podríamos hacer que todo salte por los aires… y salir nosotras perjudicadas. Y yo no quiero perderte, eres lo mejor que me ha pasado.

Anouk sonrió al escucharla. Melissa tenía mucha razón, por más que se preocuparan por su amigo y por su hermano ambas sabían que no podían hacer nada para solucionarlo. Solo podían estar a su lado cuando más las necesitaran si al final tomaban caminos separados.

Se volvió en la cama y se la quedó mirando alargando la mano para apartar con delicadeza un mechón rebelde que caía sobre su cara. Sus dedos rozaron su mejilla con una suavidad que hizo estremecerse a Melissa.

—No hablemos más de ellos —pidió ella cerrando los ojos disfrutando de su caricia—Hoy es un día especial, es la hoguera y quiero disfrutar cada momento contigo.

—Prometido —dijo Anouk con firmeza—Aunque nos cueste, hoy dejaremos a un lado los problemas que nos atormentan y nos centraremos en pasar una velada agradable.

Melissa asintió y abriendo los ojos acortó la distancia entre ambas para apoderarse suavemente de sus labios sellando de esa manera la promesa. Después se quedaron mirándose a los ojos diciéndose en silencio todo eso que no necesitaban hacerlo con palabras.

Se amaban con toda el alma, y en ese instante era lo único que importaba.

Mientras, en el bungalow de al lado Andreas se desesperaba. Con el móvil en la mano leía una y otra vez el nombre de Tom en la pantalla, preguntándose por qué no lo llamaba. Solo quería saber cómo estaba, llevaba casi dos días sin tener noticias suyas y aunque David le había asegurado que estaba bien y que si volvía a verlo le pediría que se pusiera en contacto con él, Andreas no podía quitarse de encima la sensación de que algo grave había ocurrido para justificar el no tener noticias suyas.

Algo relacionado con Bill, ya que era la única persona capaz de hacer que Tom se olvidara de su mejor amigo de la noche a la mañana. Lo tenía completamente absorbido, viviendo en una mansión llena de lujos que parecía borrar de su memoria aquella época en la que ambos sobrevivían como podían en un hogar de acogida donde solo se tenían el uno al otro.

Apretó el móvil con rabia.

¿Tan fácilmente había olvidado Tom todo aquello?

¿Todo lo que había hecho por él?

Siempre había estado a su lado incluso cuando sabía que le estaba haciendo mucho daño cuando Tom lo buscaba cuando más lo necesitaba pasando la noche juntos disfrutando el uno del otro, y al día siguiente Andreas tenía que ver cómo se arrepentía de lo sucedido disculpándose sin atreverse a mirarle a la cara y prometiéndole que nunca más volvería a pasar.

Pero siempre terminaba olvidando su promesa buscándole de nuevo, y Andreas nunca se negaba aunque después terminara tirado en el suelo, retorciéndose por dentro mientras veía a Tom alejarse sin volver la mirada atrás.

Andreas jamás había rechazado pasar una noche con él porque era un momento muy especial para él donde al menos por unas horas podía sentirse amado y deseado por la persona de la que irremediablemente se había enamorado.

Y aún lo estaba.

A pesar de estar con Víctor, Tom seguía ocupando su cabeza y su corazón.

Le torturaba tener que verlo cada día porque una vez más no había podido negarse cuando le había pedido ayuda, y aunque sabía el dolor que le provocaría volver a tenerlo delante había dicho que sí porque nunca había sabido cómo decirle que no.

Y en esos momentos Tom lo estaba ignorando por completo. Debería estar furioso, pero en lugar de eso se había pasado toda la noche mirando el móvil como si con solo observarlo pudiera hacer que le llamara o enviara un maldito mensaje diciéndole que estaba bien.

Sintió el móvil vibrar entre las manos y del susto se le resbaló sin poder evitarlo, se incorporó de golpe en la cama palpando entre las sábanas hasta dar con el y cuando por fin lo encontró vio que había recibido un mensaje.

Pero no era de Tom como él tanto deseaba.

Era de Víctor.

Se quedó mirando fijamente su nombre en la pantalla, en ese momento no tenía ganas de hablar con nadie y mucho menos con él. Solo quería saber de Tom, quien le estaba ignorando sin imaginar todo el daño que le estaba causando.

Un nuevo mensaje de Víctor le hizo dar un bote en la cama. No tuvo más remedio que leer ambos mensajes porque no quería hacerle lo mismo que Tom le estaba haciendo a él, ignorarle por completo dejándole sumido en su sufrimiento.

El primer mensaje eran apenas dos palabras:

«¿Estás despierto?»

El segundo le hizo ponerse tenso.

«Me gustaría hablar contigo, quisiera que ambos tomásemos una decisión antes de que termine el día.»

No sabía qué contestarle.

Aún no quería tomar ninguna decisión sin ver antes a Tom o al menos saber algo de él. Pero Víctor había dado el primer paso hacia una posible reconciliación o hacia la ruptura definitiva, y él sentía que le debía la oportunidad de hablar las cosas con calma y sin dar más rodeos. Había llegado el momento de aclararlo todo de una vez y responder a una pregunta tan sencilla y al mismo tiempo tan dolorosa como era la de saber si debían seguir juntos o no.

Cogió aire profundamente y escribió un mensaje rápido antes de poder arrepentirse de sus palabras.

«Hablamos cuando quieras, yo tampoco quiero posponer más tiempo mi decisión.»

Esperó unos minutos con el móvil entre las manos hasta que llegó la respuesta de Víctor.

«¿Desayunamos juntos en el club?»

No pudo negarse, ninguno de los dos tenía que estar en el club hasta las once y no podía dejar pasar esa oportunidad, además que no entraba en sus planes pasarse media mañana metido en la cama dándole vueltas al mismo asunto una y otra vez.

Quedaron en verse en el club sobre las nueve, podrían desayunar en la cocina en compañía de Rose y después dar un paseo por el lago en busca de un rincón tranquilo donde hablar y por fin dejar las cosas claras de una maldita vez.

&

Vio amanecer desde la cama con una sonrisa amplia en los labios, le resultaba imposible no sentirse así de feliz al despertar y encontrar a David dormido plácidamente a su lado. Pensar que así serían todas sus mañanas a partir de entonces lo hacía sentirse el hombre más afortunado del mundo.

Escuchaba su respiración tranquila, prueba de que seguía profundamente dormido y aunque sabía que debería dejarlo descansar, la necesidad de abrazarlo y compartir ese momento con él le pudo más. Se volvió buscando su cuerpo con suavidad y lo atrajo entre sus brazos dejando un rastro de besos cariñosos en su cuello.

No necesitó muchos para despertarlo, David abrió los ojos a los pocos segundo con una sonrisa que iluminó la habitación.

—Buenos días —saludó ahogando un bostezo.

—Y tan buenos —murmuró Jörg sin despegar los labios de su piel— ¿Has dormido bien?

—Mejor que nunca, esta cama es comodísima —contestó David estremeciéndose.

Sentía a Jörg besando su piel una y otra vez y no podía evitar estremecerse bajo su contacto.

—No puedo evitar pensar en la hoguera de esta noche —dijo David con voz ronca—Quiero que todos disfruten de ella tanto como lo haremos nosotros, se lo merecen.

Jörg sonrió y levantando la cara abandonó su cuello para dejar un beso suave en su sien, otro en su mejilla y otro en sus labios como si cada uno fuera una respuesta.

—Va a salir perfecto —susurró bajando de nuevo hasta su cuello—Todo lo que organizas siempre acaba siendo especial.

—Especial porque tú asistirás—murmuró David acomodándose en la cama.

Sentía a Jörg moverse haciéndole permanecer acostado sobre su espalda mientras que se iba inclinando sobre él para seguir besándole con suavidad su cuerpo, bajando por su pecho y queriendo ir más abajo.

No podía evitar disfrutar de ese instante sintiendo en el que el mundo parecía haberse reducido a la tenue luz que entraba por la ventana y al calor compartido por los dos en esa cama.

—Entonces será un día perfecto —dijo Jörg siguiendo con sus besos—Dame cinco minutos más… y prometo que luego nos levantamos.

—Tómate el tiempo que quieras —susurró David sonriendo—Yo siento que estoy flotando en las nubes.

Jörg sonrió al escucharle, se inclinó más sobre él bajando por su cuerpo al tiempo que llevaba las manos hasta el borde de su pijama y bajaba arrastrando también su ropa interior. Escuchó el gemido que se le escapó a David y tomándolo como una rotunda aceptación fue directo a su objetivo. Separó los labios y segundos después le engullía por completo en su boca sintiendo como se estremecía bajo su contacto, como alzaba una pierna para darle mejor espacio y acomodándose mejor sobre él empezó a succionar con suavidad mientras pasaba lentamente una mano por su desnudo muslo.

Cerró los ojos sumergiéndose en esas sensaciones, pensando que por primera vez en su vida podía hacer lo que realmente sentía en su propia casa y que siempre había deseado despertar a su lado cada mañana

David se dejaba hacer también con los ojos cerrados centrándose en esa lengua que sentía recorrerle de arriba abajo, no podía evitar retorcerse de placer y procurar no gemir muy alto acordándose de que al otro extremo de ese pasillo tan largo descansaban Bill y Tom, y lo último que deseaba era que le escucharan.

Pero era inevitable que sus gemidos fueran cobrando intensidad al sentir a Jörg succionar con avidez y como la mano que sentía acariciarle el muslo se fue perdiendo bajo sus nalgas y segundos después dos dedos le penetraban hasta lo más profundo.

Entonces no pudo contenerse por más tiempo y se dejó llevar tratando de que Jörg le soltara pero parecía reacio a hacerlo, quiso salir de su boca para no terminar en ella y por primera vez Jörg no le dejó haciéndole explotar de puro placer mientras que él tragaba su cálida esencia.

Se le escapó un pequeño grito seguido de una risa incontrolada mientras terminaba de derramarse entre jadeos sintiendo como Jörg usaba su lengua para ayudarle succionando con avidez al mismo tiempo que tragaba. Sentía que se quedaba sin aire y soltando un profundo suspiro se recostó en la cama todo lo que pudo mientras su respiración se calmaba.

Solo entonces le soltó Jörg una vez saciado del todo y se incorporó para apoderarse de sus temblorosos labios para besarle profundamente. David se dejó besar sintiendo en sus labios su propio sabor y sonrió sin poder evitarlo.

— ¿Te ha gustado?—preguntó Jörg dando por finalizado el beso.

Se separó apenas unos centímetros para observarle atentamente mientras que ambos recuperaban el aliento, no pudiendo evitar fijarse en sus mejillas sonrosadas y en el brillo que sus ojos desprendían. Se le veía muy feliz, y él también lo estaba por saber que así iban a ser todas la mañanas teniéndole a su lado en la cama.

—Me ha encantado—contestó David suspirando—Ahora necesito un poco más de tiempo para reponer fuerzas, me has dejado exhausto.

—Tenemos todo el tiempo del mundo—murmuró Jörg acomodándose a su lado—Descansemos un poco, ambos nos lo hemos merecido.

David asintió con la cabeza y buscando refugio en sus brazos se acomodó junto a él recostándose sobre su pecho sintiendo con los ojos cerrados como el corazón de Jörg latía con fuerza por él.

&

Sentía que apenas había podido dormir en toda la noche, no podía evitar sentirse muy preocupado por Bill y despertarse escuchando sus silenciosos sollozos no ayudaba en absoluto.

No quería molestarle, si necesitaba desahogarse no quería que su presencia lo incomodara y tampoco debía agobiarle con preguntas absurdas como que si estaba bien cuando era evidente que no lo estaba. Bill intentaba mostrarse fuerte, pero solo en la intimidad de la noche se había permitido liberar todo ese sufrimiento que le estaba atormentando por dentro.

Esperó muy quiero sin apenas moverse unos minutos dejándole desahogarse pero cuando sintió que ya no podía contenerse por más tiempo se dio la vuelta en la cama para mirarle fijamente con la preocupación brillando en sus ojos.

—Bill… —llamó en voz baja.

Por un momento llegó a pensar que se iba a hacer el dormido pero no fue así, apenas unos segundos después de pronunciar su nombre vio cómo se volvía y dejaba de darle la espalda, como había hecho durante toda aquella larga noche.

Se quedaron mirándose en silencio, como si ninguno se atreviera a ser el primero en romperlo.

—Estoy bien —susurró Bill al ver la expresión preocupada de Tom.

— ¿Has pasado toda la noche llorando?—preguntó Tom con dolor.

—Lo necesitaba —contestó Bill en un susurro sintiendo que regresaban las lágrimas—Siento mucho preocuparte y darte tantos problemas.

Tom no pudo contenerse más y se acercó para abrazarlo con fuerza.

—No me das ni un solo problema —dejó bien claro besándole el pelo—Solo quiero que estés bien.

—Es que… no sé si algún día lo estaré —confesó Bill entre sollozos incontrolados—Me muestro fuerte ante ti y ante los demás pero cuando algo me recuerda todo lo que me ha pasado no puedo evitar venirme abajo.

Tom se apresuró a estrecharle con fuerza entre sus brazos dejándole que se desahogara sabiendo que le haría bien porque en el fondo lo necesitaba, llorar amargamente para sacarlo todo fuera.

—Necesitas tiempo… y ayuda —murmuró con firmeza—Y creo que no deberíamos irnos de viaje, no estás en condiciones y…

—Y tienes razón —susurró Bill alzando la cara.

Se le quedó mirando con los ojos brillantes por todas esas lágrimas derramadas y aunque sentía que el labio inferior le temblaba cogió aire profundamente para seguir hablando rezando para que la voz no le temblara.

—Todo esto me ha superado y lo último que debo hacer es fingir que estoy bien cuando claramente no lo estoy—soltó casi sin aliento— Hablaré con mi padre, debe saber lo mal que lo estoy pasando y buscarme ayuda cuanto antes.

Tom lo escuchaba en silencio, se sentía impotente por no poder hacer más por él pero al menos podía ofrecerle sus brazos, su consuelo y su presencia incondicional.

—Sé que es muy temprano, pero necesito hablar con él antes de que me arrepienta —dijo Bill con una determinación nueva.

Parecía otra persona, una vez tomada la decisión había dejado atrás el llanto y antes de que Tom pudiera decir nada se movió y abandonó la cama. Caminó descalzo por la habitación y salió de ella dispuesto a recorrer el largo pasillo que lo separaba de la habitación de su padre.

Caminaba con paso firme sintiendo una fuerza renovada en su interior, incluso las manos habían dejado de temblarle pero cuando estaba a pocos pasos de la puerta se detuvo al escucharlo.

Un pequeño grito seguido de una risa incontrolable.

Era David.

Por un momento se le había olvidado que a partir de esa noche iba a vivir también en esa casa y que en ese instante estaba disfrutando de la compañía de su padre. No podía interrumpirlos, era un momento íntimo que merecía ser respetado y no solo eso.

¿De verdad iba a entrar a contarle a su padre lo mal que lo estaba pasando?

¿Justo en esos momentos cuando por fin era feliz?

Le destrozaría saberlo, lo dejaría todo a un lado de inmediato para ayudarlo y eso incluía a David.

No podía hacerle eso a su padre, él y David habían pasado años amándose a escondidas sin poder hacerlo libremente y cuando por fin habían logrado dar un gran paso él iba él a arruinarlo todo porque una vez más se sentía débil por no lograr superar que Alexander le hubiera vuelto a hacer daño.

Cogió aire con fuerza y se quedó mirando fijamente la puerta, casi pudiendo sentir lo que ocurría al otro lado. Su padre amando a David con toda su alma, sintiéndose libre al fin de hacerlo en su propia casa empezando una nueva vida donde no tendría que esconderse ni mentir a nadie pese a todo lo que eso implicaría cuando su relación saliera a la luz.

Era muy valiente por afrontar las consecuencias que sabía que tanto él como David tendrían que enfrentar y él debía mostrarse igual de valiente que su padre haciéndole creer que estaba bien y que no debía preocuparse por él, que solo tenía que vivir esa vida que el destino le había negado durante tantos años.

Y con esa idea en mente dio media vuelta y regresó a su habitación donde Tom lo estaba esperando dispuesto a darle toda la ayuda que necesitara. Se apoyaría en él cuando sintiera que las fuerzas le fallaban, disfrutaría de aquel maravilloso viaje que su padre les había regalado y cuando regresaran buscaría ayuda profesional si aún creía que la necesitaba.

Continúa…

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 🙂

por lyra

Escritora del Fandom

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