Incomplete 117

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Fic TOLL de lyra

Capítulo 117

Caminaban en silencio por la orilla del lago dejando que el sonido del agua y el crujido suave de la arena bajo sus pies llenara los huecos que ninguno de los dos se atrevía a ocupar con palabras. La brisa fresca de la mañana les daba en la cara, y aunque la escena era tranquila, ambos llevaban la tensión agarrada al pecho.

Andreas fue el primero en detenerse, se quedó mirando el reflejo del sol sobre el agua como si allí pudiera encontrar las palabras que llevaba días intentando ordenar.

—Gracias por venir —volvió a decir sin mirarlo directamente.

—Tenía que hacerlo, no podíamos seguir así—murmuró Víctor parándose a su lado.

Andreas tragó saliva con esfuerzo, sabía que tenía razón. Habían pasado días evitando tener esa conversación, esquivándose en el club y cuando estaban juntos fingiendo que todo estaba bien cuando no lo estaba.

—No quiero que pienses que te he estado evitando porque no me importas —empezó a decir Andreas en voz baja—Es solo que necesitaba tiempo para entender qué estaba sintiendo.

Víctor respiró profundamente, no era la primera vez que le escuchaba decirlo pero esa vez dolía menos, quizá porque por fin estaban hablando de verdad.

—Yo también necesitaba tiempo —admitió suspirando—Pero no para alejarme de ti, sino porque no quería presionarte. No quería que sintieras que tenías que tomar ya una decisión que sé que te está costando mucho.

Andreas le dirigió por primera vez la mirada desde que habían salido del club, había cansancio en sus ojos pero también sinceridad.

—No quiero perderte —confesó con firmeza.

Víctor sintió un nudo en la garganta, era lo que llevaba días deseando escuchar pero también sabía que no bastaba con eso.

—No tienes por qué perderme —dijo con calma—Pero tampoco puedo ser tu refugio cuando estás confundido y desaparecer cuando no lo estás. Necesito saber dónde estoy contigo.

—Lo sé, y lo siento mucho—se disculpó con firmeza Andreas bajando la mirada—No he sabido manejar nada de esto.

—No tienes que saberlo todo —murmuró Víctor dando un paso para estar más cerca—Solo tienes que ser honesto conmigo, y sobre todo contigo.

—Lo estoy intentando con todas mis fuerzas, te lo prometo—dijo Andreas cogiendo aire profundamente—Quisiera poder empezar de nuevo contigo, como si nada hubiera pasado…

—¿Cómo si Tom no hubiera vuelto a aparecer en tu vida? —preguntó Víctor sin poder contenerse.

—Si él no hubiera vuelto, tú y yo no estaríamos juntos —contestó Andreas en un susurro.

—Quién sabe… quizás sí —dijo Víctor suspirando—Siempre me has gustado, pero no me atrevía a decirte nada.

—Hasta que Tom volvió, y con él todo mi atormentado pasado —murmuró Andreas—Volví a sentirlo todo, a estar mal conmigo mismo y bajé la guardia dejando que me vieras vulnerable.

—No tiene nada de malo sentirse vulnerable —susurró Víctor suspirando.

—No quiero que pienses que solo acudí a ti porque me sentía roto—soltó Andreas sin aliento.

—Jamás lo he pensado—dijo con firmeza Víctor —Pero sí pensé que estabas asustado, y que no sabías qué hacer con todo lo que sentías.

—Sigo sin saberlo —replicó Andreas—Estoy hecho un lío con todo lo que siento. No puedo olvidar a una persona del pasado que fue muy importante para mí, y tampoco puedo ver con claridad que a mi lado tengo a alguien maravilloso dispuesto a darme todo el tiempo que necesite para recuperarme.

Víctor bajó la mirada unos segundos para contener la emoción que le provocaban esas palabras, cuando volvió a alzarla su expresión era suave y comprensiva.

—No tienes que elegir entre pasado y presente como si fueran enemigos—dijo con calma—Lo que viviste con Tom forma parte de ti, y no tienes por qué avergonzarte de eso.

Andreas apretó los labios, sintiendo cómo el nudo en su pecho se aflojaba apenas un poco.

—Pero me pesa —admitió en voz baja—Me pesa no poder darte lo que te mereces y sentir que te hago daño sin querer.

—No me haces daño por sentir —murmuró Víctor—Me harías daño si me estuvieras mintiendo pero no lo estás haciendo y nunca lo has hecho, ha sido honesto conmigo desde el primer momento y aquí estás diciéndome todo lo que estás sintiendo aunque te dé miedo perderme por el camino.

Andreas tragó saliva con esfuerzo, la sinceridad de Víctor siempre lo desarmaba. Se le quedó mirando fijamente y acortando la distancia que los separaba se atrevió a darle un abrazo sintiéndose aliviado al ver que no lo rechazaba.

Víctor se dejó envolver entre sus brazos sintiendo que había echado mucho de menos sus abrazos, se aferró a su cuerpo con ambas manos y levantando la cara esperó en silencio hasta que Andreas se movió de nuevo y le besó suavemente en los labios.

—Tengo miedo de perderte —confesó Víctor con firmeza tras el beso.

—Y yo tengo miedo de perderte a ti —dijo Andreas sin dudar—Pero el miedo no puede decidir por nosotros, no debemos dejar que…

El sonido de su móvil lo interrumpió, por un instante pensó en ignorarlo y dejar que sonara hasta apagarse pero recordando que podía ser Tom quien le estuviera llamando soltó a Víctor de inmediato dejándole de abrazar sintiendo que la conversación que habían mantenido segundos antes se desvaneciera de su cabeza como si nunca hubiera existido.

Se apresuró a coger el móvil con rapidez descubriendo con desasosiego que no se trataba de Tom sino de un número desconocido que no pensaba coger. Frunció el ceño y cortó la llamada resoplando de frustración, pero entonces vio que tenía sin leer un mensaje de Tom y sintió cómo el corazón se le aceleraba mientras lo abría.

«Pasaremos el día en el club, ¿te busco y hablamos?»

—Tom pasará el día en el club —explicó en voz alta incapaz de ocultar la ilusión que le hacía saberlo.

Había otro mensaje suyo que leyó conteniendo el aliento.

«Perdóname por no haberte contestado antes, espero que lo entiendas.»

Víctor lo observaba en silencio como miraba el móvil con una expresión en la cara que lo decía todo. Era una mezcla de alivio, de esperanza y de algo que a Víctor le dolió reconocer.

Ilusión.

—Andreas… —empezó a decir en voz baja.

Pero Andreas no le escuchaba, seguía mirando la pantalla como si cada palabra de Tom fuera un salvavidas lanzado desde un pasado que aún no sabía soltar o no quería hacerlo.

—Al fin me ha escrito —murmuró más para sí mismo que para Víctor—Dice que quiere que nos veamos para que hablemos.

Víctor cogió aire profundamente, sabía que desde lo ocurrido a Bill Tom había desaparecido y Andreas estaba muy preocupado por él pero no podía evitar sentirse herido por la ilusión que sentía en esos momentos por volver a verle olvidando todo lo que se habían dicho minutos antes, como si esa conversación nunca hubiera existido ni el beso que habían compartido.

—¿Y tú quieres verlo? —preguntó tratando de que su voz no sonara como un reproche.

Andreas levantó la mirada del móvil sorprendido por esa pregunta tan directa, tardando unos segundos en responder.

—Tengo que verlo—admitió—Una parte de mí lo desea con toda mi alma, necesito saber que está bien y necesito también cerrar cosas con él para poder avanzar contigo si eso es lo que quiero.

Víctor asintió lentamente, una vez más Anderas estaba siendo honesto con él y aunque le doliera era mejor que cualquier mentira amable.

—Si tienes hablar con él hazlo, no te lo puedo impedir—murmuró suspirando.

—Gracias por entenderlo—dijo Andreas suspirando.

—No lo entiendo—apuntó con dolor Víctor—Pero sé que lo necesitas, solo espero que al fin encuentres las respuestas que estás buscando y cuando lo hayas hecho me busques para decirme la decisión que hayas tomado.

Pero Andreas parecía no escucharle, mientras que él hablaba escribía muy emocionado un mensaje a Tom sin poder evitar sonreír con cada palabra.

«Estoy deseando volver a verte.»

&

Les había costado abandonar el vestidor, y minutos después compartían una ducha agradable que pareció no tener fin. Entre besos, caricias y sonrisas constantes, el tiempo bajo el agua se volvió casi irreal.

Cuando por fin decidieron darla por terminada cerraron el grifo y se apresuraron a secarse y vestirse, era la primera vez que ninguno de los dos mostraba verdadera prisa por ponerse a trabajar. Antes no era así, Jörg solía encerrarse en su despacho de casa o en el bufete desde primera hora mientras que David era siempre el primero en llegar al club y el último en marcharse.

Pero las cosas habían cambiado, y con ellas su rutina.

—Rose me va a matar —murmuró David resoplando mientras terminaba de calzarse—No puedo dejar que se encargue sola de la cocina y del club, y ya van dos días.

—No dirá nada —apuntó Jörg de pie frente al espejo.

Llevaba puesto un traje oscuro de Armani y solo le faltaba anudarse la corbata, estaba en ello cuando David apareció a su lado dispuesto a ayudarle.

—Nunca dice nada, la pobre —comentó suspirando David—Trabaja durísimo y jamás le he oído una queja.

Mientras hablaba tomó la corbata entre sus manos y la anudó con la precisión de quien lo ha hecho cientos de veces, a pesar de que él mismo rara vez había llevado una.

—Se te da muy bien —murmuró Jörg observando el resultado en el espejo—Siempre tan detallista, nunca me dejas salir de casa con la corbata torcida o el pelo revuelto.

—Porque me gusta que mi novio vaya impecable —comentó David sonriendo—Para que la gente te vea pasar suspire al quedarse con las ganas sin saber que nunca podrán tenerte… porque eres mío.

—Solo tuyo —apuntó Jörg estrechándole entre sus brazos.

Empezó a besarle suavemente y David se dejó hacer respondiendo a cada uno de sus besos, pero tras el tercero se separó suavemente sonriendo.

—Vamos, que tenemos trabajo —murmuró sin aliento.

Jörg asintió resoplando y cogió la americana para ponérsela mientras que David recogía de la mesilla su móvil y el reloj que le había regalado las navidades pasadas. Le dio la vuelta antes de ponérselo como hacía cada día para leer la inscripción grabada en la parte de atrás.

«Por los buenos tiempos».

—Vas a desgastarlo de tanto leerlo —comentó Jörg sonriendo al verle hacerlo.

—Quiero llevarlo otra vez a grabar —dijo David con firmeza mientras se colocaba el reloj—Cuando seamos de dominio público quiero que tu nombre esté grabado también para llevarte siempre contra mi piel.

—Mejor eso que el tatuaje del que hablaste cuando te lo regalé —recordó Jörg sin perder la sonrisa.

—¿Y por qué no? —replicó David—Ya podemos hacerlo, en unos meses no tendremos que escondernos.

—¿Cuándo has visto a un abogado de renombre lleno de tatuajes? —preguntó Jörg entre risas.

—Solo sería uno, discreto y en un sitio donde solo yo pueda verlo —insistió David mirándole fijamente—Sería un buen regalo de Navidad.

—Lo pensaré —dijo Jörg no del todo convencido mientras abría la puerta de la habitación—De aquí a Navidad tendrás mi respuesta.

—Siempre dices que lo pensarás cuando en realidad es un no rotundo —murmuró David saliendo el primero por la puerta—Menos mal que soy muy bueno haciéndote cambiar de idea, ya verás como el año que viene los dos llevamos un tatuaje que nos recuerde cuánto nos amamos.

—No necesito un tatuaje para eso —dijo Jörg pasando por su lado y tomándole de la mano—Me basta con verte cada día a mi lado.

Llevó su mano a los labios y se la besó antes de echar a andar por el pasillo. Al llegar a las escaleras su mirada se desvió hacia la habitación de Bill, estaba preocupado por él porque apenas había cenado la noche anterior y después del episodio que le había contado quería asegurarse de que estuviera bien antes de que se fuera a pasar el día al club con sus amigos.

Esperaría a que se levantara para poder hablar con él a solas, mientras tanto aprovecharía para desayunar en compañía de David antes de que sus caminos se separaran debido al trabajo.

Bajaron las escaleras y solo se soltaron de la mano cuando entraron en el comedor, ocupando sus sitios en la mesa que Greta ya tenía perfectamente preparada.

Una vez más el desayuno era de lo más variado y suculento, y ambos lo disfrutaron con calma. Greta entraba y salía de la cocina para servirles y asegurarse de que todo estuviera perfecto con su eficiencia habitual, aunque no podía evitar lanzar sutiles miradas cómplices cada vez que regresaba al comedor sintiendo que el ambiente que los rodeaba no tenía nada que ver con la frialdad que reinaba en la otra casa.

Ajenos a sus miradas David y Jörg intercambiaban sonrisas discretas como si aún conservaran en la piel el eco de la intimidad compartida minutos antes.

David tomó un sorbo de su café y dejó la taza sobre el plato mientras se secaba los labios con la servilleta. Se había fijado en como antes de bajar por las escaleras los ojos de Jörg se habían dirigido a la habitación de Bill y también se había fijado que la noche anterior había estado de lo mas silencioso y ausente.

Una vez a solas en la habitación Jörg le había explicado lo ocurrido con Tom y aunque sabía que le iba a llevar tiempo superar lo de Andreas no podía evitar sentirse muy preocupado por su hijo a cada momento.

—¿Piensas en Bill?—preguntó sin poderse contener.

Jörg asintió lentamente antes de contestar.

—Quisiera hablar con él antes de que fuera al club—contestó Jörg frunciendo el ceño—Asegurarme que está bien después de lo ocurrido ayer.

David asintió suspirando, Jörg le había informado de lo sucedido la tarde anterior y estaba muy preocupado de que a Bill le estuviera costando superarlo.

—Seguro que lo está—susurró apoyando una mano sobre la suya—Seguro que solo necesitaba descansar un poco.

Jörg apretó suavemente su mano, a veces sentía que se preocupaba en exceso de su hijo pero en esos momentos era lógico después de lo que le había pasado.

—No le quitaré los ojos de encima en el club, y si lo veo mal te lo haré saber de inmediato —prometió con firmeza David .

—Sé que lo harás —murmuró Jörg suspirando—Solo quiero que pueda relajarse y pasar un día agradable con sus amigos como antes… que se divierta un poco, se lo merece.

David asintió lentamente comprendiendo perfectamente la preocupación que asomaba en la voz de Jörg.

—Lo hará —dijo con suavidad—Bill es fuerte, solo necesita tiempo y rodearse de la gente que lo quiere.

Jörg sonrió con esfuerzo ante sus palabras aunque la inquietud seguía ahí, silenciosa pero persistente. David le dio un leve toque en la rodilla con la suya, un gesto pequeño pero lleno de apoyo.

—Verás que con el tiempo volverá a ser el de antes—susurró sin apartar de él la mirada—Y tiene a Tom a su lado que no dejará que le pase nada.

Jörg le sostuvo la mirada unos segundos, agradecido por esa seguridad que siempre lograba transmitirle sin esfuerzo.

—Lo sé —murmuró—Sé que he tomado la mejor decisión.

El ambiente en el comedor seguía siendo cálido, pero la sombra de la preocupación por Bill flotaba entre ellos, suave pero presente. Aun así, ambos sabían que el día debía continuar y que cada uno tenía trabajo que hacer.

Siguieron desayunando en silencio cada uno sumido en sus propios pensamientos, cuando terminaron Jörg acompañó a David hasta la puerta y allí se despidieron con un beso suave, una caricia breve que decía más que cualquier palabra, quedando en verse en el club después de la comida.

Jörg lo observó mientras subía al coche y arrancaba, y solo cuando el vehículo desapareció de su vista cerró la puerta con calma. La casa quedó en un silencio que no le pesaba pero que sí le recordaba lo que aún tenía pendiente.

Respiró profundamente y se dispuso a esperar a que su hijo bajara a desayunar, necesitaba verlo con sus propios ojos para asegurarse de que realmente estaba bien.

&

No podía evitar que su mirada se desviara una y otra vez hacia la puerta de la cocina, como si así pudiera ver a través de ella lo que estaba ocurriendo dentro. Y no era la única, desde la barra Melissa hacía exactamente lo mismo mientras intentaba explicarle a Marie cómo colocar los vasos limpios para que ocuparan el menor espacio posible.

Anouk soltó un suspiro y continuó preparando las mesas que pronto sería ocupadas por los primeros clientes de la mañana. Desvió la mirada hacia los ventanales del club divisando la playa y el lago y entonces los vio pasar.

Andreas y Víctor caminando juntos por la orilla del lago.

Esbozó una sonrisa sin poder evitarlo mientras pensaba que al menos estaban hablando intentando arreglar lo suyo, solo esperaba que lo consiguieran y que no volvieran a tener problemas.

Se dio la vuelta y caminó con rapidez hacia la barra para informar a Melissa de lo que estaba pasando.

—Los he visto —anunció con emoción—Están paseando por el lago.

—Eso ya es todo un avance —murmuró Melissa un poco más aliviada—Ojalá se solucione todo.

—Lo hará si Andreas pone de su parte —apuntó Anouk sin poder contenerse.

—Lo está intentando con todas sus fuerzas, pero no es fácil—apuntó Melissa a su vez—Tom deja una huella imborrable allá por donde pasa…

Se interrumpió de inmediato, no era justo mencionar a Tom en ese momento y mucho menos recordar lo que había compartido con él delante de Anouk. Fue solo una sola noche pero tan intensa que aún permanecía grabada en su memoria.

—Lo siento… no debería haber dicho eso —se disculpó al momento bajando la mirada.

Anouk aceptó sus disculpas sin dudar, no podía exigirle que borrara de su memoria a todas las personas con las que había estado antes de que ellas dos decidieran estar juntas. Y eso, inevitablemente, incluía a Tom.

—No pasa nada —murmuró carraspeando con suavidad—Todos tenemos un pasado.

Melissa asintió en silencio, aunque la incomodidad de su torpeza seguía haciendo que sus hombros siguieran tensos y Anouk notó al instante su incomodidad.

—Hey, no te pongas así—pidió apoyándose en la barra para estar más cerca de ella—El pasado no importa, lo que cuenta es lo que construyamos juntas.

Melissa levantó la mirada sorprendida por la firmeza tranquila en la voz de Anouk y una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios haciendo que el ambiente se aligerara como si una nube negra hubiera pasado de largo.

—A veces me da miedo que no sea tan fácil —admitió Anouk en voz baja—Que lo que fui… todo lo que hice vuelva a perseguirme.

—Eso quedó en el pasado—apuntó con firmeza Melissa—Has decidido ser una persona nueva y lo estás logrando conmigo a tu lado.

—Gracias —susurró Anouk—A veces me cuesta creer que merezco algo bueno.

—Pues créelo—dijo Melissa rozándole con suavidad la mano—Porque yo no pienso irme a ninguna parte.

Anouk soltó un profundo suspiro, se sentía muy afortunada de poder tener a su lado a alguien como Melissa que le había ayudado a ser mejor persona.

—Vamos, regresemos a nuestro trabajo antes de que tu madre nos vea y cumpla su amenaza de ponernos a cortar cebollas toda la mañana—dijo Melissa esbozando una sonrisa resignada.

Anouk asintió y siguió preparando las mesas, a sus mesas, y estaba con la última cuando vio regresar a Víctor por el embarcadero. Venía solo, y su expresión no presagiaba nada bueno.

No lo dudó ni un segundo, salió del club y fue directamente hacia él.

—¿Qué ha pasado? —preguntó muy preocupada— ¿Dónde está Andreas?

—Ha recibido un mensaje de Tom y… —murmuró Víctor sin saber bien qué decir.

—¿Y? —insistió Anouk animándolo a continuar.

—Deberías haber visto su cara —soltó Víctor sintiéndose derrotado—Tan ilusionado por tener noticias suyas que parece que ha olvidado todo lo que nos hemos dicho. Sé que lleva dos días sin saber nada de él y que estaba desesperado por tener noticias suyas, pero… no podía quedarme a su lado viéndolo así sin sentirme un completo idiota.

Anouk sintió un pinchazo en el pecho. Conocía a Andreas, conocía sus heridas y también sabía lo mucho que su hermano había puesto de su parte.

—Víctor… —le llamó en un susurro.

Pero Víctor negó con la cabeza antes de que pudiera decir más.

—No quiero que me consueles—murmuró suspirando—Solo… necesitaba coger aire y alejarme antes de decir algo de lo que me después me arrepintiera.

Dejó de hablar pasándose una mano por el pelo claramente frustrado.

—Yo pensé que estábamos avanzando, ¿sabes?—dijo con voz temblorosa—Que por fin me estaba escuchando, me ha dado un abrazo y nos hemos besado pero ha bastado un mensaje de Tom para que todo se desvanezca como si no hubiera pasado.

Anouk respiró hondo, tratando de ordenar sus ideas.

—Quizá solo está confundido —aventuró con cautela—No es fácil cerrar una historia que ha marcado tanto.

—Lo sé —dijo Víctor suspirando—Pero tampoco puedo ser siempre su salvavidas mientras él sigue mirando hacia otro lado.

—¿Quieres que hable con él? —se ofreció Anouk.

—No lograrías nada —replicó Víctor negando con la cabeza—Debo asumir de una vez que jamás va a superar a Tom y seguir adelante intentando olvidarle.

Pasó junto a ella sin añadir nada más y entró en el club dejándola sola en el embarcadero. Anouk lo siguió con la mirada sintiendo cómo la sangre le hervía, no podía quedarse de brazos cruzados viendo cómo herían a su hermano una y otra vez.

Y con esa idea en mente dio media vuelta y fue en busca de Andreas antes de que pudiera arrepentirse. Recorrió el embarcadero y bajó a la playa, caminaba con paso firme por la arena sabiendo que no sería una conversación fácil.

Andreas no manejaba bien las emociones intensas, y Tom siempre había sido su punto débil.

&

Se dieron prisa en vestirse, se habían entretenido más de lo previsto en la ducha compartiendo besos, abrazos y miradas que lo decían todo sin necesidad de palabras.

Estaban profundamente enamorados y ese amor era la fuerza que Bill necesitaba para ayudarle a superar todo lo que se le pusiera por delante y le hiciera tambalear.

—¿Te falta mucho? —preguntó Tom entrando de nuevo en el baño.

Allí Bill se hallaba frente al espejo terminando de retocarse ante el espejo, sobre el lavabo tenía abierto su neceser de maquillaje del que había sacado algo para tratar de cubrir esas ojeras que delataban que apenas había podido descansar y también una barra de cacao que en esos momentos se estaba pasando por los labios para hacerlos brillar.

Un gesto que nunca antes se le habría ocurrido hacer en presencia de su madre, quien no toleraba ni una gota de maquillaje que le recordara que su único hijo había salido diferente a los demás.

—Ya he terminado—contestó mirando a Tom a través del espejo—Bajemos a desayunar, se nos ha hecho muy tarde.

—Echo de menos los desayunos con Rose en su cocina —comentó Tom sin poder contenerse—Levantarme al amanecer, ir a nadar al lago antes de trabajar y luego disfrutar de sus bollitos de canela en el club mientras charlamos.

Bill lo escuchaba en silencio, la vida de Tom había cambiado por completo desde que descubrieran que era menor de edad. Desde entonces vivían bajo el mismo techo y aunque no le faltaba nada Tom no podía evitar añorar el modesto bungalow de Andreas, con su sofá incómodo y aquella ducha diminuta donde había compartido un maravilloso momento con Bill.

—Pero no quiero que Greta se sienta mal si nos vamos sin probar su desayuno—siguió diciendo Tom—Me tomaré al menos un café con una tostada.

—Sí… yo también—murmuró Bill carraspeando.

Se había quedado sumido en sus pensamientos recordando una época no tan lejana en la que ambos habían sido felices sin tantas comodidades. Pero no era culpa suya haber terminado en una familia adinerada, había sido afortunado de los padres que le habían tocado que aunque no fueran los biológicos le habían dado todo lo que necesitaba.

Nunca le había faltado nada… salvo sentirse completamente amado.

Aun así, no era momento para reproches. Ya conocía toda la verdad sobre su adopción y aunque su madre jamás le había mostrado ni la más mínima muestra de cariño, el afecto de su padre compensaba todos aquellos años en los que creyó que lo ignoraba cuando en realidad había sido todo lo contrario.

Sacudió la cabeza para alejar esa melancolía que sentía recorrerle y salió del baño. Sobre la cama había dejado una bolsa preparada con lo que se quería llevar para pasar todo el día en el club y guardando en ella su neceser la cerró y dejó que Tom cargara con ella.

Salieron de la habitación y bajaron al comedor donde descubrieron que la mesa estaba siendo retirada por Greta, quien al verlos entrar no pudo evitar sonrojarse avergonzada.

—Lo siento, imaginé que por la hora que era ibais a desayunar en el club —se disculpó volviendo a dejar sobre la mesa lo que tenia en las manos—Ahora mismo vuelvo a dejar la mesa como estaba.

—No es necesario Greta, gracias—dijo Bill al momento—Podemos tomarnos algo rápido en la cocina.

—Nos hemos quedado dormidos y casi no nos da tiempo a desayunar en condiciones—explicó por encima Tom ayudándola a recoger los platos—Pero estoy oliendo a café recién hecho y me apetece uno.

—Ahora mismo se lo traigo aquí —insistió Greta.

Pero Tom no se dejó intimidar por su formalidad, sabiendo que sin la presencia de Simone Kaulitz se respiraba un ambiente mucho más relajado se dirigió a la cocina para echarle una mano seguido de Bill. Greta desistió de detenerlos, sabía que sería inútil.

—Es una pena que con lo grande que es esta cocina y con esa mesa tan bien dispuesta junto a la ventana no se aproveche tanto como debería—comentó Bill mientras observaba con más determinación el lugar.

—Si no te importa, Greta, los días que pase en esta casa me gustaría desayunar aquí todas las mañanas—pidió Tom al momento—Y estoy seguro de que a Bill piensa como yo.

—Estoy de acuerdo—dijo Bill asintiendo con la cabeza.

—Pero… no es adecuado —murmuró Greta—Su madre siempre quiso que se usara el comedor, jamás puso un pie en la cocina si no era para hablar del menú del día o comprobar que todo estaba a su gusto. Era muy estricta con el orden y los horarios, no deberían cambiarse…

—Casa nueva, reglas nuevas—dijo Bill con firmeza esbozando una sonrisa para suavizar sus palabras—Y seguro que mi padre no pondrá ninguna objeción a que Tom y yo usemos la cocina.

Greta asintió con la cabeza y enseguida empezó a preparar la mesa de la cocina para que pudieran desayunar en ella con su ayuda, dejando que Tom sirviera dos tazas de cafés y Bill abriera la nevera para sacar de ella una jarra de zumo de naranja recién exprimido.

Minutos después ambos estaban sentado saboreando el primer café del día junto con una tostada untada con mantequilla.

—También hay tortitas con nata—explicó sonriendo Greta dirigiéndose a Bill—Sé lo mucho que te encantan y que solo podías comerlas en contadas ocasiones, pero a partir de ahora podrás hacerlo siempre que quieras.

—Muchas gracias, Greta—murmuró Bill devolviéndole la sonrisa—Está todo muy delicioso, y me he levantado hambriento.

—Pues ahora te pongo un plato hasta arriba de tortitas—dijo Greta al momento—Y si te apetece alguna cosa más solo tienes que decirlo, puedo prepararte una tostada con aguacate o si lo prefieres mejor…

Se interrumpió al escuchar pasos en el comedor y segundos después la puerta que comunicaba con la cocina se abrió y por ella entró Jörg, quedándose parado en el umbral al ver esa escena tan familiar.

—Buenos días —saludó Tom de inmediato poniéndose derecho en su asiento.

—Buenos días—murmuró Jörg mirando fijamente a Bill.

—¿Le apetece otro café, señor Kaulitz? —preguntó Greta al instante.

—No, muchas gracias Greta—respondió Jörg esbozando una sonrisa mientras le dirigía una significativa mirada.

No hizo falta que dijera nada más, Greta comprendió de inmediato la silenciosa orden y salió de la cocina para que pudieran hablar a solas.

—¿Qué tal has dormido, Bill?—preguntó Jörg yendo directo al asunto.

—No muy bien, la verdad—contestó Bill.

A su lado Tom prestaba atención a sus palabras, se imaginaba que el padre estaría al corriente de lo sucedido la tarde anterior y también habría notado que en la cena Bill apenas había probado bocado y se había mostrado muy ausente.

—Tuve otra crisis esta mañana—explicó Bill antes de poder arrepentirse de sus palabras.

Tal y como se imaginaba la expresión de su padre cambió por completo, le vio entrar del todo en la cocina y sentarse a su lado.

—Pero Tom me ayudó a superarla—añadió Bill tratando de tranquilizar a su padre—Y ya me siento mejor, y sé que si me vuelve a dar Tom no se moverá de mi lado.

Jörg dejó escapar un suspiro largo sin poder evitarlo, fruto de tanta preocupación acumulada. Sabía que su estado no podía regañarle por no haber acudido a él, solo apoyó su mano sobre la de su hijo para mostrarle así todo su apoyo. Se le quedó observando con firmeza por unos segundos, como si tratara de descifrar algo en su rostro.

—¿Cómo fue esa vez? —preguntó con cautela, sin querer presionar pero dejando claro que quería entenderle para poderle ayudar.

Bill tragó saliva con esfuerzo, no le gustaba hablar de ello pero sabía que esconderlo solo podía empeorar las cosas.

—Rápido —contestó suspirando—Como si… como si me hubieran apagado por dentro. Me quedé sin aire y sin poder pensar, pero Tom me abrazó con fuerza y me estuvo hablando hasta que la superé.

Jörg asintió lentamente procesando cada palabra, sabía que hablar del tema le resultaba difícil pero era necesario.

Antes de que pudieran seguir hablando el timbre de la puerta resonó en toda la casa. Eran Louise y Georg, Tom se puso en pie para ir a recibirlos dejando que siguieran hablando a solas padre e hijo.

Salió de la cocina y al llegar al vestíbulo vio que Arthur ya había abierto la puerta para dejar pasar a los recién llegados. No hizo falta que dijera nada, la expresión en su rostro hablaba por él. Louise y Georg lo siguieron en silencio hasta el salón donde Arthur cerró la puerta para que pudieran hablar a solas.

—¿Bill está bien? —preguntó Louise sin poderse contener.

—Ayer tuvo otra crisis y otra más esta mañana—contestó Tom suspirando

—¿Fue muy fuerte?—preguntó Georg en un susurro.

—Lo suficiente para que se viniera más abajo—admitió Tom—Logré que la superara, ha pasado una mala noche y ahora está hablando con su padre.

—¿Podemos hacer algo? —preguntó Louise sin poder ocultar la angustia en su voz.

—Quizá deberíamos suspender lo de hoy —propuso Georg mirando fijamente a Tom.

—Bill quiere ir al club —dijo Tom negando con la cabeza—Recibí un mensaje de Andreas diciéndome que todos ya saben lo ocurrido y tuve que contárselo, y aun así quiere ir. Dice que si se queda escondido en casa nunca tendrá el valor necesario para enfrentarse al mundo.

Louise apretó los labios, luchando entre el instinto de protegerlo y el de respetar su voluntad.

—¿Y tú crees que está preparado? —preguntó, aunque la respuesta ya se intuía en su cara.

—No sé si está preparado, pero sé que lo necesita—contestó Tom— Quiere demostrar que puede seguir adelante, que no va a dejar que el miedo lo mantenga encerrado y yo voy a estar a su lado, no pienso dejarle solo ni un segundo.

Georg intercambió una mirada con Louise, ambos estaban tensos pero también sabían que Bill llevaba demasiado tiempo sintiéndose frágil, roto y dependiente.

Tal vez este paso era necesario.

—Si él quiere ir, entonces debemos respetar su decisión—murmuró Louise más para sí misma que para los demás.

—No lo dejaremos solo—dijo Georg con firmeza.

—Solo quiero que esté bien —susurró Louise llevándose una mano al pecho para tratar de calmar esa inquietud que sentía subirle por la garganta..

—Lo estará —dijo Tom con más firmeza que nunca—Y si no lo estuviera, le ayudaremos a que vuelva a estarlo.

Louise y Georg asintieron de acuerdo con sus palabras, como si fueran un ancla en medio de la incertidumbre. No era solo lo que Tom decía, sino cómo lo decía con esa convicción que les hacía creer que, pasase lo que pasase, con ellos a su lado Bill volvería a ser el de antes.

Continúa…

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 🙂

por lyra

Escritora del Fandom

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