Incomplete 118

Incomplete 118

Administración: Sólo quiero contarles que lyra ya terminó el fic, tiene 133 capítulos, así que estamos prácticamente en la recta final, por tanto disfruten la lectura. Y no olviden dejar su amor en los comentarios 😉

Fic TOLL de lyra

Capítulo 118

Sentía que flotaba en una nube, solo había bastado un simple mensaje suyo para que todo lo demás dejara de existir incluido Víctor quien había sido muy comprensivo en dejarle a solas al ver que necesitaba un momento para reflexionar y aclarar sus ideas.

Había regresado solo al club dejándole a él de pie a orillas del lago sintiendo la brisa fresca de la mañana acariciar el rostro. Cerró los ojos disfrutando de esa calma repentina sin poder evitar esbozar una sonrisa , estaba tan absorto en su propio mundo que no se dio cuenta de la persona que se acercaba por la playa con paso firme.

—¿Se puede saber a qué juegas con mi hermano?

Abrió los ojos de golpe, Anouk estaba a su lado mirándolo fijamente, esperando una respuesta que él no tenía preparada.

—Ya está bien Andreas, no puedes seguir jugando con sus sentimientos —soltó Anouk sin darle opción a responder—No puedes estar intentando arreglar las cosas y luego cambiar de idea nada más recibir noticias de Tom. Le estás haciendo mucho daño, entiendo que no estés pasando por un buen momento pero no deberías arrastrar a mi hermano contigo.

—No es tan fácil… —empezó a decir Andreas.

—Sé que no lo es, pero tampoco puedes llevarte a los demás por delante—dijo Anouk con un tono algo más calmado—Sé que amas a mi hermano y también sé que no puedes evitar seguir amando también a Tom, pero él ya ha pasado página. Está con Bill y a ti hace tiempo que te ha olvidado, debes aceptarlo de una vez.

Sentía mucho ser tan dura con Andreas, pero era la única manera de que abriera los ojos y entendiera el daño que estaba provocando.

—Necesito tiempo para pensar… —murmuró Andreas suspirando.

—Víctor ya te ha dado todo el que necesitabas, no puedes pedirle que te de más tiempo mientras que por otro lado estás intentando volver con Tom ya algo que jamás va a suceder—dijo Anouk con firmeza—Es cruel que juegues así con los sentimientos de mi hermano, tienes que dejar de hacerlo.

—¿Y cómo lo hago? —estalló Andreas sin poderse contener— ¿Me lo puedes decir tú? ¿Sabes alguna manera de sacarte de la cabeza a esa persona que amas con todo tu ser?

Anouk se le quedó mirándolo sin saber qué responder. No era fácil, tal y como él mismo había dicho segundos antes. Lo tenía de pie frente a ella mirándola fijamente esperando su respuesta tras confesarle sin filtro alguno que seguía amando a Tom sin poder evitarlo.

—Yo no… no puedo darte ninguna solución, lo siento —susurró Anouk tragando con esfuerzo—Es algo que debes resolver tú mismo, nadie puede ayudarte… excepto Tom. Si lo hablas con él pídele que se vaya bien lejos, por mi hermano y sobre todo por tu propio bien.

—Es inútil —dijo Andreas negando con la cabeza—Ya me alejé todo lo que pude de él intentando así olvidarle y no funcionó, y tenerlo de nuevo en mi vida solo ha hecho que vuelvan los sentimientos con mas fuerza que nunca.

—Debes luchar contra ellos—insistió desesperada Anouk—Debes ser fuerte por ti y por Víctor, expulsa a Tom de tu cabeza de una maldita vez y céntrate sólo en la persona que tienes a tu lado antes de perderla del todo por no saber cómo aclarar tus ideas.

Andreas guardó silencio, las palabras de Anouk resonaban en su mente como un eco incómodo. Era un consejo sensato que no sabía si sería capaz de seguir.

—No te prometo nada… pero lo intentaré con todas mis fuerzas—murmuró sintiendo que su voz no transmitía demasiada convicción.

—Es lo que quería oír —dijo Anouk suspirando con cierto alivio.

Dio media vuelta y regresó al club dejándolo de nuevo a solas. Andreas se quedó donde estaba sintiendo cómo la brisa fresca de la mañana que segundos antes era como una suave caricia en su rostro arañaba esa vez su piel.

Sabía que Anouk tenía razón, pero también sabía que su corazón seguía siendo un territorio que no controlaba.

Alzó la vista hacia el cielo como si allí pudiera encontrar la respuesta que buscaba, pero no la encontró. Solo se encontró con el mismo nombre que se repetía una y otra vez en su cabeza.

Tom.

Y por primera vez comprendió que si no hacía algo pronto no solo perdería definitivamente a Víctor, también se perdería a sí mismo.

&

Una vez a solas tras la marcha de Tom, Jörg se volvió hacia su hijo para poder hablar más seriamente con él.

—Me gustaría que acudieras a mi siempre que te pase algo parecido—dijo Jörg sin soltar la mano de su hijo—Me gustaría poder ayudarte también a superarlo.

—Nada más sufrir la crisis fui corriendo a tu habitación dispuesto a contártelo, pero cambié de idea en el último segundo—explicó Bill sin atreverse a mirar a su padre.

—¿Por qué no lo hiciste?—quiso saber Jörg frunciendo ligeramente el ceño.

—Porque no quería preocuparte—contestó Bill suspirando—Estaba a punto de llamar a tu puerta cuando te escuché con David… y entonces entendí que en cuanto supieras lo que me había pasado lo dejarías todo de lado para ayudarme incluyendo a David y no podía permitirlo, lleváis demasiado tiempo manteniendo vuestra relación en secreto y no quiero ser yo quien lo arruine todo por culpa de… por mi debilidad.

Mientras su hijo hablaba, Jörg no podía evitar sentir un nudo en la garganta.

Debilidad.

Si algo había demostrado su hijo era precisamente lo contrario.

Había soportado más de lo que él mismo sabía que podía soportar, había sufrido en silencio para no cargar a nadie con su dolor intentado ser un hijo del que sentirse orgulloso incluso cuando el mundo se le venía encima.

No, no era débil.

Era fuerte, más fuerte de lo que él mismo se permitía creer.

—Siempre me preocuparé por ti—dijo Jörg con firmeza apretando con suavidad su mano—Es algo que jamás podré evitar, necesito saber si estás mal y su puedo hacer todo lo que esté en mi mano para ayudarte a superarlo.

—Ya lo estás haciendo—susurró Bill mirándole con los ojos ligeramente humedecidos.

—Pero quizá con mi ayuda y la de Tom no es suficiente —murmuró Jörg mirándolo fijamente.

—Lo sé —admitió Bill con calma—Por eso he tomado la decisión de acudir a terapia cuando regresemos del viaje.

Jörg no pudo evitar dejar escapar un un suspiro cargado de alivio, sabía que no podía obligarlo a empezar terapia en ese mismo momento por más que lo deseara. Su hijo tenía que dar ese paso por sí mismo cuando estuviera preparado, acababa de hacerlo y escucharle decirlo le quitaba un enorme peso de encima.

Sabía que lo que más necesitaba en esos momentos no era presión sino espacio. Alejarse de todo por unos días para poder respirar lejos de la rutina, de los recuerdos y de las tensiones. El viaje era un respiro necesario, un paréntesis para recomponerse y Tom estaría a su lado, lo que le daba una mayor tranquilidad ya que si volvía a venirse abajo sabría como levantarle.

Cuando regresaran, Bill lo haría con fuerzas renovadas para poder enfrentarse a todo lo que se le pusiera por delante con ayuda profesional y con el apoyo de quienes lo querían.

Jörg estaba convencido de ello.

—Me parece una buena decisión —dijo con una serenidad que no siempre lograba mostrar—Y cuando llegue el momento, estaré contigo en cada paso.

Bill asintió lentamente, como si esas palabras le aflojaran un nudo interno.

—Vas a salir adelante—aseguró con firmeza Jörg—Y no tienes que hacerlo solo, lo sabes.

—Lo sé —susurró Bill con más convicción que nunca.

Cerró los ojos por unos segundos cuando sintió el brazo de su padre rodearle los hombros y atraerlo hacia su pecho. No se resistió, dejó que su cuerpo se relajara y se apoyó contra él como si por fin pudiera soltar un peso que llevaba demasiado tiempo cargando solo.

La conversación que acababan de tener seguía flotando en su mente, pero ya no le oprimía sino todo lo contrario, le daba una sensación nueva de calidez y seguridad casi desconocida.

Durante años había creído que su padre lo estaba ignorando, que no veía su dolor y que no estaba realmente ahí. Pero en esos momentos, sintiendo la fuerza tranquila de ese abrazo, comprendía que lo mucho que se había equivocado.

Cuando más lo necesitaba su padre era capaz de entregarse por completo en cuerpo y alma para sostenerlo.

Por primera vez en mucho tiempo, Bill sabía con la certeza más absoluta que no estaba solo y que jamás lo estaría.

&

Entró de nuevo en el club sintiendo sobre los hombros un peso tan grande que apenas le permitía caminar con normalidad, se dirigió hacia la cocina dando tumbos y se dejó caer en una de las sillas que había bajo la ventana con un golpe seco.

Rose se volvió al escucharlo y casi dejó caer la bandeja de bollitos de canela que acababa de sacar del horno, la dejó con cuidado sobre la encimera y no dudó en acercarse a su hijo para comprobar si estaba bien.

—¿Víctor? —lo llamó conteniendo el aliento.

Le vio levantar la mirada y pudo ver con un nudo en el pecho que tenía los ojos llenos de lágrimas. Al final la conversación con Andreas no había dado el resultado que ella esperaba, y en esos momentos tenía delante a su hijo completamente abatido y muy pálido.

—¿Qué ha pasado? —preguntó cogiéndole las manos con suavidad.

—Que es inútil, mamá —contestó Víctor sintiendo que estaba a punto de echarse a llorar—Todo iba bien hasta que recibió un mensaje de Tom y entonces todo lo que habíamos hablado quedó en el olvido. Andreas está muy ilusionado de volver a verle y yo… me rindo no sé que más puedo hacer nada por nosotros…

—Debes seguir luchando —dijo Rose con firmeza—Le amas con toda tu alma, me lo has confesado más de una vez y Andreas también está muy enamorado de ti pero…

—Pero también lo está de Tom —susurró suspirando Víctor.

—Y Tom lo está de Bill —apuntó con suavidad Rose —Forman una pareja muy sólida a pesar de llevar poco tiempo, se les ve muy enamorados y eso es algo que Andreas no va a poder romper. Tiene que aceptar de una vez que jamás volverá a tener a Tom y tratar de seguir adelante con tu ayuda y la sus amigos.

—No sé si podremos lograr que lo olvide… y yo ahora mismo no tengo fuerzas para nada más —murmuró Víctor dándose por vencido.

Quiso ponerse en pie, quería salir de la cocina y buscar un rincón solitario donde poder desahogarse sin que nadie le viera pero en cuanto se movió sintió un ligero mareo golpeándole con fuerza y tuvo que dejarse caer de nuevo en la silla.

—¿Has desayunado? —preguntó Rose alarmada al ver su palidez.

—No… al final ninguno de los dos lo hicimos —contestó en un susurro Víctor.

—Y ayer tampoco cenaste, no sé cómo te mantienes en pie —murmuró Rose frunciendo el ceño—No te muevas, respira despacio mientras te preparo algo de comer.

Víctor cerró los ojos y se quedó donde estaba respirando de forma pausada intentando no pensar en aquello que tanto le atormentaba mientras sentía moverse por la cocina mientras le preparaba algo de comer y ponía agua a calentar para hacerle un té.

Cuando lo tuvo todo listo lo colocó en la mesa frente a él y tomó asiento a su lado.

—Come algo, lo que puedas —pidió Rose con suavidad.

—Apenas tengo hambre… tengo el estómago revuelto —explicó Víctor en voz baja.

—Al menos un poco de té, ayudará a que te centres un poco —insistió Rose—Y cuando termines le digo a Anouk que te acompañe al bungalow de Melissa para que te puedas recostar un poco y descansar.

—No puedo, debería estar ya trabajando y no encerrado en la cocina llorando por alguien que no se merece mis lágrimas—no pudo evitar decir Víctor con rabia.

—Anouk y Melissa pueden cubrir tu turno —dijo Rose sin dudar—No tenían que entrar hasta las once, pero ya que estaban aquí las he puesto a trabajar.

—Pero cuando venga David y vea que no estoy… —empezó a decir Víctor.

—David no va a decir nada —aseguró Rose—Tenemos manos de sobra con los camareros nuevos.

—Te preguntará por qué me he ido, y aunque no quieras decirle la verdad estoy seguro de que sabe lo mío con Andreas —insistió Víctor—Y ya sabes que una de las reglas del club es que están prohibidas las relaciones entre empleados para evitar situaciones tensas que afecten a nuestro trabajo.

—Pues David tendrá que cambiar las reglas—sentenció Rose con firmeza—Porque ya sois tres las parejas que trabajáis aquí y más que surgirán porque es inevitable que pase cuando se conviven tantas horas juntos.

Víctor no pudo evitar suspirar al escuchar sus palabras, eso mismo era lo que le había pasado con Andreas. Después de tantas horas trabajando a su lado le había sido imposible no terminar sintiendo algo tan fuerte por él y eso era lo que más lo miedo le daba, el tener que seguir trabajando en el club fingiendo que nada había pasado entre ellos, tratando de ignorar su presencia y la de Tom cuando se reincorporara, y sobre todo fingir que no veía esas miradas desesperadas que Andreas le lanzaría a Tom a la espera de que se las devolviera como si eso fuera a cambiar algo.

No, no podía seguir trabajando en el club de esa manera sintiendo su corazón latir acelerado cada vez que Andreas se le acercaba o respiraba cerca. Le dolía mucho tener que admitirlo pero en el fondo sabía que lo más sensato sería marcharse, buscar otro trabajo bien lejos de Andreas y de todo aquello que lo desbordaba y no sabía cómo contener.

Porque quedarse significaba seguir rompiéndose en silencio.

Y marcharse quizás sería la única manera posible que había de poder volver a respirar con cierta normalidad.

&

Minutos después de ese abrazo tan reconfortante, Bill se separó de su padre cogiendo aire. Le había venido muy bien hablarlo todo con él dejando claro que lo que más le importaba era su bienestar incluso por encima del suyo propio.

—¿Te encuentras mejor? —preguntó Jörg mirando fijamente a su hijo.

—Sí… hablarlo contigo me ha ayudado mucho, y un abrazo tuyo era justo lo que más necesitaba—contestó suspirando Bill.

—Son pocos los abrazos que te he dado desde que eras un niño—murmuró Jörg con dolor—Tu madre no lo veía con buenos ojos, decía que así solo te haría más débil y viendo que cada vez que lo hacía ella te castigaba dejé de hacerlo sin ver cuanto los necesitabas.

Bill escuchaba en silencio, eran escasos los abrazos que su padre le había dado y los de su infancia más temprana habían quedado en el olvido por culpa de su estricta madre.

—No hablemos del pasado —dijo Jörg esbozando una sonrisa—Siempre que necesites un abrazo mío ya sea para sentirte mejor o simplemente porque sí, solo tienes que venir a mí porque te lo daré sin dudarlo.

Bill le devolvió la sonrisa al tiempo que asentía con la cabeza. Permanecieron unos segundos en silencio mirándose fijamente el uno al otro hasta que el sonido del móvil de Jörg interrumpió el momento.

Se apresuró a sacarlo del bolsillo y al ver quién llamaba frunció el ceño decidiendo no contestar, no quería que nada rompiera esa calma y la persona que le llamaba tendría que esperar.

—Cógelo si es importante —dijo Bill.

—Luego le llamo —murmuró Jörg rechazando la llamada.

Pero Bill había alcanzado a ver el nombre reflejado en la pantalla y sabía perfectamente quién estaba llamando a su padre a esas horas tan tempranas.

Gordon Vandael.

Y eso solo podía significar que se trataba de algo relacionado con Alexander o quizá con su madre.

Volver a pensar en Alexander hizo que Bill reflexionara sobre todo lo ocurrido sintiendo que esa vez, para su sorpresa, lo hacía sin miedo. En su lugar apareció un sentimiento nuevo, uno que jamás habría imaginado volver a tener hacia él.

Lástima.

—¿Qué tal está Alexander?—no pudo evitar preguntar en voz baja.

Jörg se le quedó mirando unos segundos antes de responder, no se sentía molesto porque se hubiera visto en su móvil quién lo estaba llamando pero la pregunta lo había pillado desprevenido.

Su hijo preocupándose por alguien que tanto daño le había hecho.

Aunque eso era algo que no debería sorprenderle, Bill siempre había demostrado ser una buena persona y a pesar del dolor y las heridas, en su corazón nunca había habido espacio para el rencor.

—No lo está llevando muy bien—contestó Jörg suspirando—No quiere reconocer lo que te ha hecho y mucho menos afrontar las consecuencias de sus actos. La primera noche tuvieron que sedarlo para que se calmara, y me imagino que seguirán haciéndolo hasta que logren estabilizarlo…

Dejó de hablar al ver la expresión preocupada de su hijo, lo último que quería con sus palabras era desatar en él una nueva crisis cuando hacía poco tiempo de la última.

—No debería haberte dado tantos detalles —se disculpó en un susurro—Solo debes saber que está en un lugar del que no saldrá en una buena temporada y no podrá volver a hacerte daño. Yo me encargaré personalmente de eso.

—Lo sé —murmuró Bill suspirando—Sé que se lo merece y que ha tenido mucha suerte de acabar ahí y no entre rejas, pero aun así… no puedo evitar sentir lástima por él, a pesar de todo lo que me hizo.

—Porque eres una buena persona, Bill —dijo Jörg con firmeza—Eres el mejor hijo que podría haber tenido, y estoy muy orgulloso de ti.

Bill no podía evitar sentirse abrumado por sus palabras, sentía de nuevo los ojos llenos de lágrimas pero esta vez eran de felicidad. Escuchar a su padre decir esas cosas tan bonitas sobre él le había llegado a lo más profundo de su alma.

—Y hoy quiero que disfrutes de este día—siguió diciendo Jörg poniéndose en pie—Vamos, tus amigos y Tom te están esperando. Ve al baño a arreglarte un poco y luego quiero que te vayas con ellos y te lo pases muy bien porque te lo has ganado.

Bill también se levantó y sin poder contenerse dio un paso hacia su padre para abrazarle con fuerza.

—Gracias por haberme adoptado—susurró en su oído—Eres el mejor padre que podría haber tenido.

Jörg sintió que se estremecía al escucharle, nunca antes se habían dicho algo así y eran unas palabras muy hermosas.

Permanecieron abrazados unos segundos más antes de separarse saliendo de la cocina con paso decidido sintiendo que aquella brecha que siempre había existido entre ellos por fin se había cerrado y que jamás volvería a abrirse separándolos.

&

Llegó al club y tras aparcar bajo la sombra no pudo evitar coger el móvil para comprobar la hora. Eran casi las diez, demasiado tarde para su gusto. Salió con rapidez y, como hacía siempre, entró por la puerta que comunicaba con la cocina para buscar a Rose y disculparse una vez más por ausentarse parte de la mañana y dejarla a solas con todo el trabajo, aunque sabía que nunca le iba a reprochar nada pero él sentía la necesidad de hacerlo.

Pero al cruzar el umbral se quedó paralizado al ver la escena, Rose consolando a su hijo quien tenía la cabeza inclinada y parecía totalmente abatido.

—¿Ha pasado algo? —preguntó David preocupado.

—Mal de amores —contestó Rose suspirando—Víctor necesita un descanso para recomponerse, como Melissa y Anouk han llegado antes de su hora espero que no te importe que cubran su turno.

—Por supuesto que no —dijo David sin dudar.

—Solo necesito unos minutos más y volveré al trabajo como si nada hubiera pasado —murmuró Víctor intentando sonar firme.

Pero el temblor de su voz y su palidez lo delataban, y David no podía pasar por alto esos detalles.

—Ve a descansar, no quiero verte de nuevo por el club hasta las cinco —ordenó con suavidad pero con firmeza—Como ya sabes el señor Kaulitz quiere hablar con todos vosotros, asiste a la reunión y si te ves con ánimo para la barbacoa y la hoguera espero que asistas también. Te lo mereces.

—Pero antes come algo —insistió Rose acariciando la mejilla de su hijo con ternura—Apenas has probado el suculento desayuno que te preparé.

Tras decirlo se puso en pie, el horno se puso a pitar anunciando que la última hornada de bollitos de canela ya estaba lista. Se dio prisa a abrirlo, obligándose a volver a su trabajo cuando lo único que deseaba era quedarse al lado de su hijo para consolarle.

—Rose, perdona si molesto pero los del camping ya han traído la leña para las hogueras y…—anunció Melissa entrando en la cocina.

Dejó de hablar al sentir el tenso ambiente que reinaba en la cocina, echando un vistazo a su alrededor descubriendo a un abatido Víctor y como David no podía dejar de mirarle con una expresión preocupada en su cara.

—¿Algún problema con la leña? —quiso saber David.

—Ninguno—contestó carraspeando Melissa—Solo quieren saber si empiezan ya a preparar las hogueras y si van en los mismos sitios del año pasado.

—Si, diles que serán siete pero que necesitaré un poco más de leña —contestó David—Que me la dejen junto a la caseta de alquiler de lanchas, al final de la playa.

—Y Melissa cariño, si ves a Anouk dile que cuando termine lo que esté haciendo venga a llevarse a Víctor—añadió Rose— No se siente bien y necesita descansar el resto de la mañana, espero que no te importe que utilice tu bungalow.

—En absoluto —dijo Melissa dedicándole una sonrisa cálida a Víctor—Estás en tu casa, ya lo sabes.

Víctor solo asintió en silencio mientras se tomaba con pequeños sorbos el té que su madre le había preparado, con una ración extra de azúcar para ayudarle a recuperarse del mareo repentino que le había provocado la última humillación de Andreas.

Melissa salió de la cocina para encargarse de lo que le habían pedido y viendo que Rose apagaba el horno, David le dirigió una mirada invitándola a seguirlo hasta el parking donde podrían hablar con más tranquilidad.

Rose asintió con la cabeza y fue tras él dejando a su hijo solo por unos minutos.

—¿Qué le ha pasado? —preguntó David en cuanto estuvieron fuera.

—Había quedado con Andreas para intentar arreglar lo suyo, pero no ha podido ser —contestó Rose suspirando—Estaban a punto de conseguirlo pero ha sido recibir un mensaje de Tom y Andreas lo ha echado todo a perder.

—Ayer hablé con Tom—admitió David—Le dije que había visto muy preocupado a Andreas por no tener noticias suyas y que quizás debería llamarlo o mandarle un mensaje. Me siento culpable, tal vez no debería haber dicho nada sabiendo que hoy él y Bill vendrían a la hoguera y podrían verse.

—Nadie tiene la culpa de nada —replicó Rose con firmeza—El amor es así, unos son felices y otros sufren. Víctor lo superará con el tiempo, y Andreas… solo tiene que abrir los ojos de una vez.

David asintió en silencio, estaba completamente de acuerdo con sus palabras.

—Tienes buena cara —comentó de repente Rose cambiando de tema—Se nota que tu nueva vida te está yendo incluso mejor de lo que esperabas.

No pudo evitar sonrojarse al escucharla, era imposible que no se le notara lo feliz que era desde que él y Jörg por fin podían convivir bajo el mismo techo como pareja sin tener que andar escondiéndose de nadie. Poco a poco harían pública su relación y solo entonces podrían recuperar todo ese tiempo que habían pasado ocultando un amor que muchos no habrían visto con buenos ojos.

—Y me imagino que esa leña que has pedido que te apartaran es para preparar tu hoguera particular con Jörg—añadió Rose con una sonrisa de complicidad.

—Queremos buscarnos un rincón solitario y tener una pequeña celebración—explicó David devolviéndole la sonrisa—Jörg va a llevar mi vino favorito y nos tomaremos la botella entera viendo las estrellas.

—Espero que no lo hagáis con el estómago vacío, sino mañana los dos lo lamentaréis—advirtió Rose no pudiendo evitar adoptar el papel de madre preocupada—Y en cuanto a la hoguera os recomiendo la orilla opuesta del lago, es el lugar al que suelen ir los camareros a bañarse en su tiempo libre para no molestar a los clientes pero hoy todos estarán en el club disfrutando de la velada. Aprovechad que estarán concentrados en la barbacoa, nadie se moverá de las hogueras mientras estén comiendo y así tú y Jörg podréis disfrutar vuestro momento de intimidad.

David asintió lentamente tomando nota mental de su sugerencia, sintiéndose muy agradecido por la complicidad de Rose.

—Gracias por todo —dijo con una sonrisa sincera—Ahora regresa al lado de Víctor, te necesita más que yo en estos momentos. Y no te preocupes por él, con el tiempo lo superará. De los momentos malos también se aprende.

Rose asintió suspirando aliviada por sus palabras y tras dedicarle una mirada llena de gratitud regresó a la cocina.

David la observó marcharse pensando sin poder evitarlo en lo complicado que era a veces el amor, cómo podía romper a unos y al mismo tiempo reconstruir a otros.

Cogió aire profundamente antes de entrar de nuevo en el club usando esa vez la puerta que comunicaba con el almacén para no molestar a Víctor. Por el camino no podía dejar de pensar en todo lo que quedaba aún por preparar en ese día que iba a ser tan especial para todos, sobre todo para él y para Jörg.

Quería encender la hoguera donde le había sugerido Rose, en ese pequeño rincón junto al lago que iba a compartir con Jörg y mientras ese pensamiento flotaba en su cabeza no podía evitar sentir que por primera vez en mucho tiempo el tener que enfrentarse al futuro no le daba nada de miedo.

&

Una vez fuera de la cocina Bill se dirigió en silencio al baño de invitados que se hallaba en la planta baja para arreglarse tal como su padre le había pedido, imaginaba que tendría los ojos rojos después de tantas lágrimas acumuladas en ellos y no quería presentarse en ese estado ante sus amigos que bastante preocupados estaban ya por él como para añadirles más angustia.

Entró en el baño llevando en sus manos la bolsa que había preparado para ese gran día donde tenía su neceser de maquillaje dispuesto en aplicarse lo necesario para disimular la mala cara que llevaba. Jörg se quedó observando como entraba y cuando hubo desaparecido de su vista se dirigió al salón donde sabía que Tom estaría esperando junto a Louise y Georg.

Allí lo encontró de pie en mitad de la habitación intercambiando miradas preocupadas, Louise y Georg ya estarían enterados por Tom de que Bill había tenido una crisis y en sus caras se reflejaba la preocupación que estaban sintiendo mientras esperaban noticias de su hijo.

—No os preocupéis, Bill está bien—dijo Jörg para tranquilizarlos—Ahora mismo necesita unos minutos más para terminar de recomponerse.

—Podemos suspender los planes de hoy —propuso al momento Georg—Nos quedamos aquí con él a pasar el día.

—No es necesario, quiero que Bill rehaga su vida y lo de hoy es importante para todos—explicó Jörg negando con la cabeza—Sé que no hace falta que os lo pida, pero quisiera que estuvierais muy pendiente de el y al menor rastro de una nueva crisis me llamáis de inmediato.

—No me moveré de su lado —prometió Tom con firmeza.

—No dejaremos que nada le afecte —añadió Louise—Imagino que medio club sabrá ya lo ocurrido o al menos una parte, evitaremos conversaciones incómodas y no dejaremos que se acerque nadie que pueda desestabilizarlo.

A su lado Georg asintió con determinación sabiendo perfectamente que Louise hablaba de Gustav y Natalie, grandes expertos en hablar sin filtros y en soltar comentarios sin pensar en el daño que podían causar sus palabras.

—Sé que lo dejo en buenas manos —dijo Jörg sonriendo con gratitud.

En ese momento escucharon abrirse la puerta del baño y salieron todos al vestíbulo donde Bill se reunió con ellos sabiendo que era imposible actuar como si nada hubiera pasado, sus amigos estaban ya enterados de lo que le había ocurrido y en sus caras era evidente la preocupación que sentían por él.

—Bill… —llamó en voz baja Louise avanzando hacia él con cautela, como si temiera que un movimiento brusco pudiera romperlo.

—¿Estás bien? —preguntó preocupado Georg.

Bill asintió con la cabeza sintiéndose algo abrumado por toda esa atención recibida pero con una serenidad nueva que no había tenido esa mañana.

—Sí, lo estoy—contestó en voz baja.

Louise y Georg se miraron en silencio, ambos sabían que lo que necesitaba en esos momentos era pasar página y, tal como había dicho su padre, rehacer su vida. No podían quedarse de pie en el vestíbulo todo el día compadeciéndose de él porque eso no era lo que Bill quería, debían seguir adelante como si nada hubiera ocurrido porque solo así podría salir de ese bucle constante de melancolía en el que parecía sumirse cada vez que sufría una de sus crisis.

—Si ya lo tenéis todo, poneos en marcha —intervino Jörg, dedicándole a Georg una mirada cargada de intención—No os retraséis.

Georg le entendió al instante, lo que le estaba pidiendo era que dejaran a un lado la preocupación que no podían evitar sentir por su hijo y actuaran con total naturalidad como si la crisis de esa mañana no hubiera sucedido. Bill necesitaba pasar página, y eso era lo único que realmente importaba.

—Pues entonces nos vamos —dijo Georg rompiendo el tenso momento—Peter y sus amigos deben de estar esperándonos, y yo me muero de hambre.

Le guiñó un ojo a Louise al decirlo y ella asintió en silencio, aquella última frase era perfecta para iniciar una conversación lo más natural posible y, de paso, arrancarle una sonrisa a Bill.

— ¿Ya tienes otra vez hambre?—preguntó desesperada Louise siguiendo la broma—Pero si no hace ni media hora que has desayunado .

—Necesito un segundo desayuno, como los hobbits—se defendió muy serio Georg dándose golpecitos en el brazo—Estos músculos no se mantienen así por sí solos

—¿A eso llamas músculos? —intervino Tom siguiéndoles el juego—Si quieras echamos un pulso ahora mismo.

—Por favor, no pienso quedarme a presenciar una pelea de gallitos para ver quién es más fuerte —murmuró Louise resoplando—Bill y yo os esperamos en el coche, salid cuando os canséis de competir entre vosotros.

Se puso en marcha sin dar opción a réplica y enlazó su brazo con el de Bill quien no pudo evitar esbozar una sonrisa pequeña pero real, como si aquella simple escena tan absurda y cotidiana le hubiera aflojado un poco el nudo que sentía en el pecho.

—Será mejor que dejemos lo del pulso para más tarde—murmuró Georg echando a andar tras ellos.

Tom fue el último en moverse, quedándose un instante en el vestíbulo observando cómo Georg abría la puerta dejando que pasaran primero Louise y Bill. A su lado estaba Jörg quien había presenciado esa absurda conversación destinada solo a suavizar esa dura mañana, viendo cómo los amigos de su hijo habían dejado a un lado toda esa preocupación que sentían por él para lograr arrancarle una sonrisa.

—Bueno, parece que lo hemos logrado—comentó Tom suspirando.

Jörg asintió lentamente con una mezcla de cansancio y gratitud en los ojos.

—Bill es muy afortunado de tener los amigos que tiene—empezó a decir mirándole fijamente—Y también de tenerte a ti.

Tom tragó con esfuerzo sorprendido por la seriedad del comentario, se sentía algo incómodo sin saber muy bien qué hacer con un elogio tan directo.

—Yo solo intento estar a su lado cuando más me necesita —confesó en un susurro.

—Y sé que siempre lo estarás —dijo con firmeza Jörg—Ahora ve con ellos y disfrutad del día, todos os lo habéis ganado.

Tom asintió en silencio sintiendo cómo aquellas palabras aflojaban un poco toda la tensión que sentía en su pecho acumulada. No era un elogio vacío, Jörg hablaba desde el amor de un padre que sabía reconocer a la persona que sostenía a su hijo cuando él no podía hacerlo por sí mismo.

Mientras caminaba hacia el coche vio a Bill apoyado en la puerta con Louise a su lado quien le mostraba sus nuevas gafas de sol y que justo ese día estrenaba. Bill levantó la mirada al oír sus pasos y al momento esbozó una sonrisa sincera que hizo que Tom se derritiera al verla sintiendo que el ambiente se había vuelto de repente de lo más relajado y natural.

—¿Preparado?—preguntó Tom colocándose a su lado.

—Siempre, contigo—contestó Bill sonriendo más ampliamente.

—Pues vámonos antes de que Georg se desmaye del hambre—pidió Louise resoplando.

—Pues como se caiga al suelo, a ver quien lo levanta luego—intervino Bill sonriendo.

Tom soltó una carcajada al escucharle mientras que Georg fingía sentirse ofendido por sus palabras.

—Os estoy oyendo, ¿sabéis?—replicó entrando en el coche.

Se puso al volante sin poder evitar que se le escapara una amplia sonrisa. Louise ocupó su asiento a su lado acomodándose con un suspiro de satisfacción mientras que Bill y Tom se sentaron muy juntos en la parte de atrás del coche con sus manos entrelazadas sobre el asiento sin necesidad de decir nada, solo bastaba mirarse fijamente a los ojos para decírselo todo.

La crisis había quedado atrás y podía por fin respirar tranquilos sin preocuparse porque hubiera otra, y de haberla sabían que juntos podrían superar cualquier cosa que se interpusiera en su camino.

Continúa…

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 🙂

por lyra

Escritora del Fandom

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